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Las traducciones de Séneca de Alonso de Cartagena

Georgina Olivetto





Con el único antecedente conocido de una traducción anónima del De ira en tiempos de Sancho IV1, la decisión de contar con las obras de Séneca en lengua castellana surgió en el siglo XV de mano del rey Juan II, quien encargó esta labor a uno de los intelectuales más destacados de su tiempo, Alonso de Cartagena2.

Luego de una primera experiencia sobre los textos de Cicerón3 y siguiendo el mandato real, don Alonso se dedicó a la traducción, directamente del latín, del corpus Senecanum. Mas conviene precisar que el corpus llegado a manos del traductor no fue en esencia diferente del consultado por Luca Mannelli un siglo antes, sobre todo en su composición heterogénea que, a pesar de algunos cuestionamientos autorizados como el de Petrarca, ni en la Castilla cuatrocentista ni en la Europa de años posteriores despertó fuertes dudas sobre la autenticidad de sus contenidos.

La obra de Séneca pasó las fronteras del mundo antiguo y llegó a la Edad Media en seis unidades principales, según la clasificación de Reynolds: Apocolocyntosis, De beneficiis y De clementia (ambas en un solo núcleo), Diálogos, Epístolas, Naturales Quaestiones y Tragedias4. De ellas, cuatro recibieron copias en el siglo IX y luego se eclipsaron hasta los siglos XII y XIII: De beneficiis y De clementia, transmitidas de manera conjunta, las Epístolas en sus dos tradiciones (1-88 y 89-124), la Apocolocyntosis y las Naturales Quaestiones. Las dos restantes, los Diálogos y las Tragedias, no conocieron el renacimiento carolingio y las copias más antiguas tuvieron lugar solo a fines del siglo XI, tal el caso del códice Ambrosianus (C. 90 inf. = A) de los Diálogos5 y del Codex Etruscus (Laur. 37.13 = E) de las Tragedias6. Cada unidad siguió su propio camino de transmisión, hasta que el siglo XII vio un rápido acrecentamiento del interés por Séneca y, de este modo, una mayor demanda de copias de su obra.

El auge del autor latino, según Meersseman, se debió a la grandísima estima suscitada por su doctrina moral en la filosofía y teología escolásticas del siglo XII -que por entonces desconocían la Ética aristotélica-, junto con su condición de maximus morum philosophus y maestro de espiritualidad entre los reformistas monásticos, que encontraban en Séneca una preceptiva, una visión concreta del comportamiento humano, un cultivo de la virtud y una renuncia de lo superfino que mucho lo acercaban a la ascesis monástica y lo apartaban de las rigideces, los tecnicismos filosóficos y el estilo complejo de teóricos como Cicerón7. El cambio que impuso el siglo XII en los estudios liberales, afirmando el predominio de la gramática sobre la retórica y ampliando el comentario de los poetas al de los prosistas morales, también favoreció el ingreso de Séneca en los programas de enseñanza y aseguró la difusión de sus escritos8. Tal florecimiento tuvo consecuencias en la transmisión de su obra:

From this time onwards, as texts became more readily available, they gradually joint together to form a corpus. There is often a fair admixture of spurious works, some of them abbreviated and reworked from Seneca himself, and these did much to enhance his reputation in the Middle Ages9.



El corpus Senecanum comenzó entonces a cohesionarse y a cobrar identidad en el siglo XII, pero no solo a partir de obras auténticas sino también de textos apócrifos. Un mismo códice y bajo el mismo nombre de Séneca podía albergar textos de procedencia y categoría diversas10:

Monaci cistercensi e canonici regolari copiavano anche antichi trattati compilati (almeno in parte) con massime senechiane: De IV virtutibus, Proverbia Senecae, De minibus, De remediis fortuitorum, e ne componevano di nuovi: De copia verborum, De paupertate. Altri riunivano opuscoli del genere in un corpus senechiano; altri ancora raccoglievano sentenze di Seneca in florilegi detti excerpta, excerptiones, extractiones, deflorationes, sententiae, breviarium, scarpsum11.



Este variado repertorio de tratados originales y anónimos, compilaciones y florilegios, fue el que recibieron los siglos siguientes y en especial el siglo XIV, mareado por un resurgimiento senequista durante el Pontificado de Aviñón y una más frecuente presencia de los Diálogos entre los textos del corpus, tal como se observa en los códices ingresados a la biblioteca aviñonense en el siglo XIV, donde al menos ocho contenían total o parcialmente esta obra. Fontán supone incluso la existencia de un centro de estudio y preparación de códices de Séneca en el sur de Francia, dato que podría explicar mejor la disponibilidad de materiales para la elaboración de una obra como la de Mannelli en el seno de la corte papal de Aviñón12.

La habitual disposición del corpus senequiano puede apreciarse en algunos códices latinos conservados en bibliotecas españolas, como Esc. N-III-16 del siglo XIII, Esc. S-II-3 y Q-I-8 del siglo XIV, o BNM 10238 de la primera mitad del siglo XIV13. En ellos se registran tanto las obras auténticas De beneficiis, De clementia, Epistulae ad Lucilium (en general solo 1-88), Naturales Quaestiones y los tratados De vita beata, De brevitate vita, De providentia, De constantia sapientis, De tranquillitate animi, De otio, De ira y De consolatione ad Martiam, ad Helviam y ad Polybium; como las apócrifas De remediis fortuitorum, De septem liberalibus artibus, De quattuor virtutibus, De moribus, De legalibus institutis, De copia verborum, De declamationibus, Proverbia y Epistulae Senecae ad Paulum et Pauli ad Senecam. Algunos poseen también, a modo de accessus a la correspondencia apócrifa con San Pablo, la mencionada vita Senecae de San Jerónimo.

Ha llamado la atención de la crítica la composición de Esc. Q-I-814, que coincide exactamente con la descripción del ms. 1541 del inventario papal de 1342 publicado por Ehrle: De remediis fortuitorum, De septem liberalibus artibus, De quattuor virtutibus, Liber declamationum ad Novaturn, Quaestiones naturales, Proverbia, De moribus, De clementia ad Neronum, De beneficiis, De providentia ad Lucilium, Liber secundus ad Serenum (De constantia sapientis), De vita beata ad Gallionem (más el tratado De otio), De tranquillitate animi ad Serenum, De brevitate vitae ad Paulum, De speciebus et remediis irae ad Novatum (tres libros), De consolatione ad Marciam y De consolatione ad Helbiam. En el escurialense solamente se añaden, entre De clementia y De beneficiis, los Excerpta ethicorum aristotélicos (fols. 149r.-150v.)15, pero Fontán estima que los pocos folios que ocupan bien pudieron ser tomados como parte del tratado De clementia por el catalogador. De tratarse del mismo volumen, su llegada a España y concretamente a posesión del Conde-Duque de Olivares, habría seguido el itinerario de Aviñón a Peñíscola y luego, según arriesga Fontán, a la Catedral de Zaragoza con Martín de Alpartil, secretario y cronista de Benedicto XIII, para pasar un siglo después a Zurita y, tras su legado, a la cartuja de Aula Dei y a la biblioteca del Conde-Duque16.

A partir de los contenidos y el origen aviñonense de este códice, Round ha evaluado la posibilidad de que un volumen muy semejante fuera el que se conociera y utilizara en la corte de Juan II17. El hipotético códice provendría de la biblioteca papal de Peñíscola, al igual que Esc. Q-I-S y la Tabulatio de Luca Mannelli, y contaría con la colección de sentencias Excerpta ethicorum, como el escurialense, y De legalibus institutis, como otro códice similar por su dispositio, BNM 1023818. El conjunto de estos materiales permitiría justificar, según Round, el doble núcleo de traducciones producido en la corte castellana durante el siglo XV: un grupo más pequeño a cargo de Pero Díaz de Toledo -los apócrifos Proverbia, De moribus y Excerpta ethicorum19- y uno más amplio asumido por Alonso de Cartagena, responsable además de la Tabulatio de Luca Mannelli.

El propio Cartagena, sin embargo, deja testimonio del empleo de otros repertorios, a la par de un códice del rey don Juan como base de sus traducciones:

doctrina .viij. El que ama mala vez, siempre [siente] pena en jurar [Glosa: El que ama en esta doctrina en latyn esta vna parte escripta de dos maneras cuydo que por error de los escriuanos. ca en el vuestro libro dize uix que quiere dezir mala vez. E segund esta letra paresçe querer dezir que avn que el prometer o jurar de fazer algo es cosa difiçile ca a duro viene omne a se obligar, pero quien ama por alcançar aquello que ama poca pena siente en prometer o jurar. e concuerda con esto el prouerbio comun que dize que el que ama non hay cosa graue. E por esto dize aqui mala vez siente pena en jurar. E segund esta letra fue aqui trasladado. En otro libro esta escripto .ius. que quiere dezir derecho. e segund esta letra deuia se trasladar asi. El que ama el derecho non ha pena en jurar. e asi tresladado paresçe querer dezir que avn que jurar es mala cosa e lo deue omne escusar en quanto pudiere. e concuerda con esto la sancta doctrina del euangelio. Pero quando se faze por guardar justiçia non deue aver pena por ello. E por esto dize non ha pena en jurar commo si dixiese non meresçer aver la pues con deseo de la justicia lo faze. E amas estas letras e sus || entendimientos creo que se pueden Razonable mente mantener. e sostener]20.



Esto no invalida, desde luego, la hipótesis de un volumen centralizador de todos los textos latinos traducidos en la corte castellana, pero debe admitirse al menos la suposición de que algunos títulos pudieran conocerse, romancearse o corregirse según otras fuentes de la misma biblioteca regia o de la librería personal del autor.

El testamento de Alonso de Cartagena21 no incluye un inventario de libros que permita una comprobación directa, pero queda constancia de la calidad de su biblioteca en testimonios contemporáneos como el de Rodríguez de Almela22 o en el posterior elogio del biógrafo de su padre, Cristóbal de Sanctotis, quien menciona las importantes donaciones de Alonso de Cartagena al monasterio de San Juan de Ortega, siguiendo el ejemplo de don Pablo:

Id quod succesor Antistes D. D. Alfonsus de Sancta Maria, paterna insignis charitatis vestigia sequutus, liberali quidem animo prosequendo perfecit, et amplissimis donis tersanctum cœnobium, omni fauore dignissimum, ditauit: inter quae; Bibliotheca splendidissima, multis manu scriptis, et imaginibus preciosis, depictis libris, conuentum in singularis amoris symbolum exornauit. Inter quae; Biblia sacra, propria manu, propriisque Anotationibus scripta, donauit23.



Cantera Burgos supone que buena parte de la biblioteca del obispo pasó a San Juan de Ortega y el mismo Sanctotis nos informa el destino de los libros allí depositados24:

At verò posteri hac nostra tempestate, nescio qua fraude decepti, magna ex parte Bibliothecam distraxerunt. Verùm pietas et religio hactenus integra et perfecta magna cum totius Regni deuotione, ob sancti Ioannis de Vrteca corpus ibi reconditum, perseuerat.



Por su parte, Elisa Ruiz recuerda el ofrecimiento de Cartagena de su última obra, la Genealogia Regum Hispanie, al deán y el Cabildo catedralicio de Burgos, haciendo referencia a la «insignis bibliotheca uestra multitudini librorum abundanter munita»25. Puesto que la mencionada Biblioteca Capitular había sido creada por Pablo de Santa María, don Alonso podría haber confiado sus libros a esta sede, lo que daría explicación a la falta de noticias sobre estos volúmenes en su muy detallado testamento26. Acaso convenga distinguir entre los ejemplares de obras de su autoría, efectivamente confiados por Cartagena a la sede de Burgos, y los que integraban su biblioteca particular, que Sanctotis ubica muy concretamente en San Juan de Ortega. Pero aun así resulta llamativo que en el testamento, dispuesto con mucha anticipación, Cartagena no indicara el destino final de su biblioteca. ¿La habría donado ya o tal destino sería demasiado obvio, como sugiere Elisa Ruiz?

Jeremy Lawrance suma otros datos valiosos para delinear la afición libraria de Cartagena, como el préstamo (no devuelto) de un «libro del 'Fuero' en paper» de la biblioteca capitular de Burgos27, mientras que Pedro Cátedra añade: «buena parte de las piezas importadas de Italia por Nuño [de Guzmán] eran para disfrute personal, otras estaban destinadas, con cartas del propio Decembrio, para Alfonso de Cartagena, e incluso para el rey Juan II»28. Algunos episodios de este intercambio pueden verse en la correspondencia entre Cartagena y Decembrio, donde el obispo hace mención de su biblioteca: «Venit enim in mentem me illam traductionem uidisse; inquirens ergo bibliotheculam meam reperii librum quemdam, qui per sex libellos distinguitur et De República Platonis intitulatur»29. También da testimonio de sus libros, reunidos a lo largo de los años, en la Epistula ad Petrum Fernandi de Velasco30, en los umbrales de la exposición: «ascendit animum aliquanto seriosus quam consueveram bibliothecam meam revidere, et librorum titulos qui in ea inclusi a magno citra tempore erant singilatim inspicere», y más adelante, al mencionar a los «prelati et doctores» comprometidos en la guerra espiritual contra los husitas: «sunt enim adhuc in bibliotheca mea multa ex hiis que hinc inde tunc allegata extitere»31. Por otra parte, el nombre de un autor tan difundido como Séneca no era extraño en bibliotecas particulares de la época, tal es el caso de Juan de Segovia, Íñigo López de Mendoza o, dentro de la misma familia Santa María, Alvar García32. Sabemos además que el interés de don Alonso por la obra del autor latino se anticipó en varios años al mandato real de traducirla, como prueban las numerosas citas que se suceden en sus prólogos al De senectute y De officiis ciceronianos33.

Para apreciar las traducciones de Séneca dentro del contexto de la obra de Cartagena, es preciso acudir a las más tempranas noticias conservadas en la capilla de la Santa Visitación, que el obispo mandó construir en la Catedral de Burgos entre 1440 y 1442 para establecer su sepultura y la de sus familiares eclesiásticos34. Por un lado, su epitafio guarda memoria de algunos títulos, en una selección que parece atender ante todo al perfil público de Alonso de Cartagena, privilegiando sus escritos políticos, históricos y doctrinales:

plures livros ad utilitatem publicam condidit: Defensorium fidei: Oracionale: Memoriale virtutum: Doctrinale militum: Genealogia regum ispaniae: Duodenarium: et de preeminencia sesionis inter Castelle et Anglie reges tractatum edidit et in concilio vasiliensi pro regno Castelle sentenciam derimiit35.



Por otro, sendos inventarios de 1487 y 1488 dan cuidadosa noticia de la dotación de la capilla, incluyendo una colección de copias manuscritas de la obra del obispo, depositada allí por orden testamentaria tras su muerte el 22 de julio de 1456 en Villasandino, al regreso de su peregrinación a Santiago de Compostela en ocasión del Jubileo. El De actibus reverendissimi in Christo patris et domini domini Alfonsi de Cartagena episcopi Burgensis, al que ya nos referiremos con más detalle, proporciona una relación del cumplimiento de esta orden:

Omnia vero predicta librorum volumina Reposita sunt in libraria eclesie burgensis translata et scripta post obitum eius. Quod si forte in ipsis codicibus Inuentum fu[e]rit aliquid nisi bene scriptum inputari magis debet uicio scriptorum quam sibi ipso vide[n]te fu[i]sset quidquam male positum, absque dubio non remansisset incoreptum ipse enim humilitatis causa numquam uoluit se in suis codicibus nominari. sed clientuli || sui et familiares post eius obitum posuerunt nomen eius in tabulis titulorum36.



Son sin duda interesantes la explicación, primero, de los posibles errores contenidos en las copias, que don Alonso habría corregido celosamente de haber estado en su mano, y luego, del anonimato en que dejó sus textos, por la gran humildad que le impidió rubricarlos con su nombre, omisión que tras su muerte debió ser subsanada por su círculo más cercano. Pero aun conscientes de la laudatio que subyace en tales afirmaciones, es lícito retener la información de que los originales de Cartagena no habrían llevado seña de autor, mientras que la repuesta en las tablas de contenidos o de títulos sería obra póstuma y ajena a su voluntad.

El primer inventario, de 1487, ofrece una relación completa de los volúmenes legados a la Catedral de Burgos, los cuales habrían permanecido, sujetos con cadenas, bajo las gradas del altar de la capilla37. Entre los diecinueve items registrados38, el décimo informa:

los libros de Séneca que son [en blanco] Romanceados por el dicho Señor Obispo por mandado del dicho Señor Rey don Juan e con algunos lugares están glosados por el [dicho Señor obispo - letra distinta]39.



Es de suponer que el espacio en blanco debía llevar el número de libros traducidos, que no se poseía en el momento de asentarlos y que no nos ha llegado. Mas esta breve referencia nos permite comprobar que la copia cuatrocentista de la Visitación contenía texto y glosa.

Apenas un año después, el inventario de 1488 localiza los libros en unos armarios delante de la sepultura y, aunque nos permite confirmar la existencia del Séneca con su glosa, advierte:

Séneca Romaneado e glosado furtose del armario e quebraron la cadena e sacaron cartas de excomunión40.



De modo que el manuscrito senequiano fue el primero en llamar a la codicia y propiciar un hurto minucioso, lo que nos habla de su irresistible interés para algún lector o mercader de libros de fines del siglo XV. Morrás sugiere que el ms. BNM 5568, que en el fol. 1v. lleva el escudo de los Santa María (flor de lis de plata sobre campo sinople) en lugar de las armas de su propietario, Antonio de Maluenda, «podría ser el ejemplar depositado originalmente en la Capilla de la Visitación»41. Pero resulta difícil explicar la desaparición del códice en 1488 y su pronta posesión por parte de los Maluenda, considerando sus responsabilidades en la capilla y su relación familiar con los Santa María42.

Igual suerte que el «Seneca Romancado» parecen haber conocido los demás códices a lo largo del tiempo. Nos queda noticia de que el mismo año en que fue inventariado, el volumen n.º 11 correspondiente al Doctrinal de los caballeros sirvió de base a la primera edición de esta obra, como indica el colofón:

Fue imprēso este libro en burgos por maestre fadrique aleman A | rruego del capellán mayor dela capilla dela sancta visitaçion que | fundo y docto el mesmo señor obispo don alonso de cartajena que | es enla iglesia de burgos. Sacado del original do esta en vno con | otros libros por el dicho señor obispo ordenados. Acabose a veyn|te de junio Año de mill E .cccc. & .lxxx.vij.43.



A menos que se hayan realizado copias para la imprenta en la misma catedral (algo improbable), debemos suponer que los originales fueron retirados temporariamente. No hay más certezas del regreso de estos ejemplares que la ausencia de una nota aclaratoria (como la referida al volumen de Séneca) en el inventario de 1488, año que coincide, por otra parte, con el fallecimiento del mencionado capellán mayor y responsable del archivo de la Visitación, Luis de Maluenda44, a quien encontramos citado en el fol. 3r. del testamento de don Alonso conservado en la Visitación, en términos y fechas notablemente similares a los del colofón del Doctrinal:

el qual [libro] fizo compilar e trasladar de sus oreginales, que en diversos lugares halló, Luys de Maluenda, Canónigo en la Iglesia de Burgos, Capellán Mayor de la Capilla de la santa Vesitación, que es en la dicha Iglesia, que fundó e instituyó el dicho sennor Obispo Don Alonso; e le fizo poner en la dicha Capilla en vno con los otros libros, que el dicho sennor Obispo Don Alonso hordenó, año de mil e quatrocientos e ochenta e cinco [corregido arriba siete y luego tachado]45.



Por su parte, Morrás da noticia de que en 1487 el Oracional de Fernán Pérez habría llegado a la imprenta a través del volumen n.º 9 del inventario de la Visitación46, asumiendo la tarea editorial Diego Rodríguez de Almela47. Dado que a continuación del Oracional se imprimen la Apología sobre el salmo «Judica me Deus» y la Declaración sobre San Juan Crisóstomo48, ya unidas a este tratado en la tradición manuscrita (como lo testimonia el ms. 1720 de la Biblioteca Universitaria de Salamanca), es posible pensar que ambas piezas ocuparan también el códice de la Visitación, junto con la Respuesta a la qüestion fecha por el Marqués de Santillana49. De hecho, el n.º 9 del inventario de la Visitación de 1487 no las indexa de manera independiente sino en conjunto: «Oracional y otros tratados en q. está asimesmo una respuesta que dió el Señor Marqués de Santillana a qué jur. son obligados los caballeros»50.

En cuanto a los volúmenes restantes, en el siglo XVIII, el Padre Flórez, «hecha la diligencia» en la Catedral de Burgos51, solo pudo dar con un manuscrito latino en folio, incompleto, que contenía el Comentario de la Lex Gallus (De liberis et postumis instituendis)52, documentación de las sesiones del Concilio de Basilea (años 1431-1435), el Discurso sobre la preeminencia del rey de Castilla sobre el de Inglaterra (Altercatione praeminentia sedium)53 y un repertorio de jurisprudencia; el mismo ejemplar que un de Flórez, Martínez Añíbarro y Rives pudo consultar en la biblioteca catedralicia y describir con más detalle, sugiriendo su carácter de autógrafo54. En suma, el mismo volumen que llegó a nuestros tiempos como único testigo de la donación original, catalogado con la signatura 11 (olim 114) de la Catedral de Burgos55.

Una de las referencias más próximas a la actividad literaria de don Alonso es la de su discípulo Diego Rodríguez de Almela, que en el Valerio de las historias escolásticas (Lib. VIII, Título VI «de estudio e industria») traza una biografía de «El reuerendo don alfonso de cartagena obispo de burgos doctor famoso en sciencia e virtudes». Comienza por enumerar sus libros, donde se advierte un criterio similar al de la inscripción funeraria de la capilla de la Visitación, pues las traducciones tienen un lugar muy secundario con respecto a los tratados de tipo doctrinal o histórico-político. No se mencionan en ningún momento los romanceamientos de Cicerón, y de Séneca apenas se dice:

E torno de latin en nuestra lengua vulgar doze libros de seneca E glosolos enlos logares que conuenia56.



Nueva coincidencia en las glosas que acompañaban a la traducción del obispo y dato distintivo sobre la cantidad de libros romanceados, que puede ponerse en relación con la nota previa dedicada a Séneca en la misma sección del Valerio:

seneca fue muy grand sabio e estudioso natural dela cibdad de cordoua e fue en Roma maestro de nero cruel emperador e compuso muchos libros. Conuiene a saber dos libros de prouidencia e otros dos de clemencia vno delas siete artes liberales e otro dela vida bien auenturada e vno de remedios contra fortuna e otro de amonestamientos e doctrinas e otro libro de diuersos e muchos tractados. otro libro llamado las tragedias. otro dela declinaciones e mas trezientos e cinco prouerbios. E quatro libros sobre titoliuio delas ystorias romanas e en fin las epistolas que embio a sant pablo e otras muchas que embio a lucilo su amigo e a otros. allende destos libros suso dichos fizo e compuso otros muchos libros e diuersos tractados57.



El repertorio se inscribe de manera definida en la tradición medieval, con conocidos apócrifos y falsas atribuciones a los que se suman «quatro libros sobre titoliuio delas ystorias romanas». Muy posiblemente esta referencia se deba al contacto de Almela (o de su fuente) con un volumen como el que Schiff menciona en la biblioteca de Santillana (ms. A de Tito Livio, actual BNM 11245): «Lucii Annei Flori epitoma in Titum Liuium libri quattuor incipiunt»58. Esto es, el Epitome Rerum Romanum de Floro, que desde muy temprano fue relacionado con la gens de Séneca por dos caminos: la coincidencia de praenomen y nomen con los de nuestro autor, y la exposición de la historia romana en cuatro edades como las cuatro edades del hombre, partición que Lactancio (Instit. Divinas VII 15, 14-16) atribuye originalmente a Séneca59. Es del todo posible entonces que Almela fuera víctima de este antiguo malentendido, como seguirán siéndolo Gerardo Vossio y Justo Lipsio en siglos posteriores60.

En cuanto al total de diecisiete títulos que el Valerio asigna a Séneca, Nicholas Round advierte que diez de ellos serían identificables con los citados doce libros de Cartagena. No los enumera, pero suponemos que cuenta: De providentia I-II, De clementia I-II, De septem liberalibus artibus, De vita beata, De remediis fortuitorum, De legalibus institutis («amonestamientos e doctrinas»), De declamationibus (Declamationes de Séneca Rhetor, aquí «declinaciones») y, menos evidente aunque aceptada por Schiff, la Copilaçión («otro libro de diuersos e muchos tractados»)61. Round explica entonces la diferencia numérica: «The reasonable inference is that Almela had seen a manuscript containing those ten works, but knew that Don Alonso was said to have translated twelve»62, ya que el corpus de diez textos, incluyendo la Copilaçión, representaría un tipo frecuente, ligado a la etapa inicial de las traducciones senequianas del obispo, como se verá más adelante63.

Fernando de Pulgar no da más precisiones sobre los títulos cuando en sus Claros varones de Castilla delinea la personalidad de Alonso de Cartagena, aunque confirma que para el momento en que escribía su obra (c. 1485; princeps de Toledo, Juan Vázquez, 1486), los códices con las obras del obispo aún se encontraban en la capilla de la Visitación:

Tornó de lengua latina en nuestra lengua vulgar ciertas obras de Séneca que el rey don Juan le mandó reduzir. Era omme muy estudioso, y deleitáuase en platicar las cosas de sciencia. Ouo una gran disputa con un filósofo e orador grande de Italia, que se llamó Leonardo D'Arecio, sobre la nueua translación que fizo de las Éticas de Aristótiles, en la cual disputa se contienen muchos e muy doctrinables preceptos. Fizo asimesmo algunos tratados de filosofía moral, e de teología, prouechosos a la vida, los cuales están hoy en la capilla do está enterrado en la iglesia mayor de Burgos64.



Mucho más compendiosa es la información que nos proporciona el mencionado De actibus reverendissimi in Christo patris et donimi domini Alfonsi de Cartagena episcopi Burgensis, opúsculo atribuido a Juan Sánchez de Nebreda donde se hallan las primeras noticias biográficas de Cartagena. El texto se conserva en dos manuscritos cuatrocentistas: BNM 7432 (olim T.184), fols. 89r.-92v., y Biblioteca Comunale di Fermo 4 CA 2/77, fols. 54b-6065, en ambos casos copiado a continuación de la Anacephaleosis. Otro testimonio perdido, que perteneció a la biblioteca de El Escorial, citado en el índice general del siglo XVI del Padre Sigüenza, revela esta misma disposición (Anacephaleosis y De actibus) al tiempo que señala lo incierto de su autoría66. El único dato que sugiere el nombre de Sánchez de Nebreda es el colofón de la Anacephaleosis en el códice madrileño, que se revela de su mano67, pero el texto que sigue es necesariamente de fecha posterior (a partir del fallecimiento de Cartagena el 22 de julio del mismo año), su caligrafía dista mucho de coincidir con la del firmante Nebreda y algunos errores de copia, junto con los que pueden leerse en el testimonio de Fermo, indican que no se trata de un original sino al menos de un apógrafo. Así lo sugiere Lawrance en su edición, quien propone además, ante los rasgos que descubren en el autor a un miembro de la schola catedralicia de Burgos y a un buen conocedor de su biblioteca (aunque de vacilantes latines), el nombre de Diego Rodríguez de Almela68.

Dentro de esta pieza, donde se combinan los géneros de la semblanza y las artes bene moriendi, se proporciona una lista de las obras de don Alonso, donde figuran también las traducciones de Séneca:

Transtulit autem dictus dominus || Alfonsus episcopus ad peticionem domine regis de stillo latino In castellanam linga duos libros de clemencia et duos de preheminencia et vnum de vita beata alium quoque de septem liberalibus artibus et alterum de prouerbis senece. librum quoque admonitionum et alium de Remediis contra fortuna. Reliquium vero de diuersis (contra fortuna) tractatibus qui sunt ix libri in vno bolumine et glosauit illos in locis nescessaris ad euidentrare [sic] noticiam contentorum69.



Aun con riesgo de poner en jaque la posible autoría de Rodríguez de Almela, es preciso notar que, a diferencia de la noticia de doce libros del Valerio de las historias, De actibus proporciona un número de nueve libros, glosados y reunidos en un solo códice: De clementia I-II, De providentia I-II («de preheminencia»)70, De vita beata, De septem liberalibus artibus, Proverbia Senecae, De legalibus institutisadmonitionum» = Amonestamientos y doctrinas) y De remediis fortuitorum.

El orden bien podría ser casual, pero conviene advertir que la sucesión de los libros De clementia y De providentia no refleja la habitual disposición de los códices senequianos de Cartagena71, aunque coincide con la constitución del ms. BNM 5568, que queda incompleto en el segundo libro De la providencia. La encuadernación moderna y la falta de foliación antigua impiden hacer comprobaciones ciertas sobre el estado original de esta cuidada copia en pergamino, pero los rasgos externos que indican la propiedad de Antonio de Maluenda y una posible relación de este códice con la capilla de la Visitación72, despiertan el interrogante sobre un eventual conocimiento del autor del De actibus de un volumen de estas características a la hora de enumerar las traducciones del obispo73. Parecen confirmarlo las palabras ya citadas con que el texto cierra la enumeración de las obras de don Alonso:

Omnia vero predicta librorum volumina Reposita sunt in libraria eclesie burgensis translata et scripta post obitum eius74.



Nicholas Round, por cercanos caminos deductivos, apunta otro detalle: «de proverbis senece» podría ser un título alternativo para el Libro de amonestamientos y doctrinas, mientras que «de diversis tractatibus» podría hacer referencia al conjunto de la Copilaçión y las Declamaciones (que no siempre se encuentran diferenciadas en la tradición manuscrita). Esto nos colocaría nuevamente ante un modelo original de diez tratados, aunque en una rama textual específica encabezada por De clementia75. El esquema presenta, sin embargo, un problema de atribución. Los Proverbia que De actibus menciona no pueden confundirse con Amonestamientos y doctrinaslibrum quoque admonitionum») y Remedios contra la fortunaalium de Remedijs contra fortuna»), que se indican por separado, o De quattuor virtutibus, que suele conocerse bajo ese mismo título. Los incontables florilegios difundidos al amparo del nombre de Séneca durante la Edad Media son en sí mismos una explicación para su eventual registro junto a las traducciones de Cartagena. Pero la pregunta es a cuál de ellos podría estar refiriéndose el autor del De actibus. Las posibilidades parecen reducirse a la compilación conocida como Proverbia Senecae o a los menos divulgados Excerpta de vitiorum atque virtutum76.

Como sabemos, los Proverbia se remontan al siglo IX y constituyen una colección alfabética de sentencias, en su gran mayoría procedentes de las Sententiae de Publilius Syrus y, en una proporción menor, de algunos escritos auténticos de Séneca y de los opúsculos pseudo-senequianos De remediis fortuitorum y De moribus. El siglo XV los recibe además con un número importante de aforismos presentes a la vez en el Speculum Doctrinale de Vicente de Beauvais77. Pero el único romanceamiento que nos ha llegado pertenece, como hemos visto, al grupo de traducciones encomendadas por Juan II a Pero Díaz de Toledo78. La obra, junto con el comentario de cada uno de los 365 proverbios recogidos, fue largamente conocida y editada79. No parece ser entonces este texto, de autoría tan definida, el que incluye el opúsculo De actibus.

Habría que volver la vista hacia una obra sobre la que Schiff llama la atención: los Proverbios de Seneca llamados vicios y virtudes. Se refiere a un texto diferente tanto de los Proverbia como de los Amonestamientos, conocido a través de un códice de la biblioteca particular de Francisco de Uhagón80 y del manuscrito Esc. S-II-1381. Pero mientras el escurialense muestra, según Schiff, una traducción completa y de estilo más arcaico, la fragmentaria copia de Uhagón «est mieux écrite et son style présente une analogie réelle avee celui d'Alonso de Cartagena que d'ailleurs le sujet essentiellement moral de ee traite devait intéresser»82. El códice Uhagón, también citado por Blüher, es el que Morrás menciona primero con paradero desconocido pero luego localiza en la biblioteca de Álvarez de Bohorques y Crespí de Valldaura y describe sucintamente, aunque una versión más completa puede verse en Philobiblon83. En esta colección particular también lo menciona Ruiz García84, si bien el códice fue vendido por Crespí de Valldaura a la Biblioteca Nacional de España en 2003 y es allí donde se encuentra actualmente con la signatura 2309085.

Blüher cita otra copia castellana de los Excerpta de vitiorum atque virtutum en el ms. BNM 4515 (fols. 106r.-129v.), dentro de la Floresta de filósofos atribuida a Fernán Pérez de Guzmán, pero aclara, con razón, que el texto del ms. Esc. S-II-13 es considerablemente más extenso que el recogido en la Floresta86. Marie de Meñaca también se ocupa de los Proverbios y se inclina por la posible autoría de Cartagena, pero considera al manuscrito Uhagón (BNM 23090) un fragmento inutilizable y, si bien cita a Schiff, no repara en la diferencia de versiones entre Esc. S-II-13 y Uhagón, dando por sentado que Fernán Pérez «ne donne qu'un résumé de la versión contenue dans le manuscrit de l'Escurial», el cual constituiría simplemente el testimonio más extenso y completo del texto, no otra traducción de diferente estilo87, como de hecho sugiere Schiff. Mas un simple examen de BNM 23090 no solo demuestra que se trata de una redacción distinta y más elaborada respecto del escurialense, sino que únicamente coincide con él, y de modo fragmentario, en la última sección: aquella que corresponde al florilegio de ética extraído de Flores de filosofía, ya identificado por Hugo Bizzarri88.

Los Proverbios de Séneca llamados vicios y virtudes, relacionados tradicionalmente con Cartagena por su afinidad con los contenidos del manuscrito Uhagón, podrían ofrecer alguna respuesta a la referencia de su biógrafo, pero valga esta hipótesis únicamente para explicar la cita del De actibus, no para deducir de ella una improbable autoría del obispo de Burgos.

Otra noticia temprana que suele citarse en relación con Alonso de Cartagena es una Alegación en derecho sobre la familia Santa María, impresa en el año 1596 y resumida por Gallardo, reproducido luego este resumen por Martínez Añíbarro89. Sin embargo no hay allí mención de sus obras, sino una breve alabanza de sus condiciones de «grandísimo Cristiano y Letrado» y de sus triunfos diplomáticos.

Es preciso esperar a las publicaciones de Nicolás Antonio, Enrique Flórez o Rodríguez de Castro para un avance en el conocimiento de la tarea traductora de Cartagena, aunque muy condicionado por el acceso parcial a los testimonios manuscritos que estos autores tuvieron en su época. En la primera edición de su Bibliotheca Hispana Vetas, Nicolás Antonio solo hace una breve referencia al Valerio de las historias en el artículo dedicado a Alonso de Cartagena:

Jussu quoque is Joannis Regis e Latino in vernaculum vertit Senecae aliquot libros (duodecim Almela expressit) locisque opportunis glossas adjunxit90.



La brevedad se explica porque, en el apartado sobre Pero Díaz de Toledo, es a este autor a quien atribuye -además de los Proverbia, De moribus y Excerpta ethicorum de su mano- las Epístolas91 y los Cinco libros de Séneca92:

Sequuntur II. epistolae, Las epístolas. ed ex CXXIV. quibus hodie fruimur, quinque tantùm et septuaginta, et alio quàm nunc eduntur ordineS. III. De la vida bienaventurada. IV. De las siete artes liberales: qui non liber, sed epistola est Senecae octogesima octava. V. De las amonestaciones y dotrinas: qui Senecae non est. Incipit: Non hay cosa tan mortal à los ingenios humanos como la luxuria etc. VI. De la providencia de Dios; inversis tamen capitibus. VII. Libro segundo de la providencia de Dios; cùm unus tantùm exstet Senecae. Non tamen scimus quem intellexerit, cùm ista solúm inscriptione contentos, ad quorumdam fragmentorum interpretationem sese convertat, qua; ex Senecae operibus aliquis antiquus racemator decerpserit. Pertinet autem ad auctoris laudem quod sequitur, hactenus pertingere hanc compilationem, quam primam sive priorem vocat, Senecae dictorum è nostra (ut ait) mag-||na dictorum eius atque doctrina; compilatione depromtam. VIII. Fragmentos de las declamaciones: quas quidem forte existimavit esse eiusdem Senecae, cùm patris Marci sint. Hactenus haec sylloge93.



Como en el comienzo de su artículo se lamenta de los tiempos «cùm nondum critica sagacitas vera opera antiquorum auctorum ab suppositiis, subque magno aliquo nomine sese venditantibus, distinxisset», que habían llevado a Pero Díaz a traducir algunas obras apócrifas, aquí hace algunas distinciones sobre la autenticidad de los textos senequianos. Pero ante todo salva el error del título del Libro II de la providencia y, aunque sin poder identificar al compilador original, reconoce bajo la rúbrica un extracto procedente de diversas obras de Séneca (evidentemente la Tabulatio) y las Declamaciones (de Séneca Rhetor)94, pero siempre como responsabilidad de Díaz de Toledo en la versión castellana.

En virtud del prestigio de la Bibliotheca Hispana, del siglo XVII en adelante diversos códices recibieron alguna anotación confirmando esta autoría y remitiendo a esta fuente95. No obstante, en la reedición de 1788 de la Bibliotheca Hispana Vetus, Francisco Pérez Bayer añadió una nota fundamental a la sección dedicada a Cartagena con el registro de las traducciones de Séneca en la biblioteca escurialense (en base a los actuales mss. Esc. L-II-15, T-III-4, T-III-5, T-III-6 y T-III-7)96. También volvió a ocuparse de la correcta asignación de algunos textos, como las Declamationes a «Marci Patris» y De quattuor virtutibus a «Martini Dumiensis seu Bracarensis», mientras que ciertas imprecisiones, como el nombre de «Proverbia» para los Amonestamientos y doctrinas, o la confusa identidad de la Copilaçión, han de atribuirse a los testimonios disponibles para su consulta. En el primer caso, es evidente que prima la lección de los manuscritos L-II-15 y T-III-4, donde los Amonestamientos reciben por título «libro de las dotrynas e prouerbios», lo que explica la confusión con los Proverbia Seneca «Publilii Syri et Laberii Mimi»97. En el segundo, la rúbrica de T-III-4 (fol. 248r.) «copilaçion de algunos dichos de Seneca sacados de algunos tratados suyos», que Pérez Bayer vuelca al latín como «Dicta Seneca memorabilia», no ayuda a la identificación de la misma obra en T-III-5, por llevar en esta familia el encabezamiento que la liga equivocadamente con el Libro II de la providencia (De constantia sapientis).

El Padre Flórez también acude en principio al listado del Valerio de las historias y, aunque suma algunas sugerencias a la Bibliotheca Hispana y discute la pertinencia de ciertos títulos, no llega a abordar el problema de las traducciones de Séneca98.

Rodríguez de Castro, dentro del artículo dedicado a Pablo de Santa María (R. Selomoh Halevi)99, se refiere por extenso a su hijo Alonso y acude para ello a los comentarios de Esteban de Garibay (Compendio Historial de las Chronicas y universal Historia de todos los Reynos de España, 1571, cap. IIII, lib. XVII) y Gil González Dávila (Teatro Eclesiástico de las Iglesias Metropolitanas y Catedrales de los Reynos de las dos Castillas, 1645, III), pero solo el último da una noticia de los doce libros de Séneca, evidentemente a través de Almela, que Rodríguez de Castro amplía a partir de sus indagaciones personales en la biblioteca de El Escorial. Así describe con cuidado y minucia el ms. Ese. T-III-4, transcribe paleográficamente el Prólogo al Libro I de la providencia y da la indicación de otros tres ejemplares senequianos en el mismo estante: T-III-5, T-III-6 y T-III-7, si bien parece desconocer L-II-15.

El siglo XIX nos acerca las contribuciones de Amador de los Ríos y Martínez Añíbarro y Rives, el primero más general, sobre el estado de las letras durante el reinado de Juan II y la recuperación de los autores clásicos; el segundo puntual y documentado, con un artículo completo dedicado al obispo de Burgos y a su obra100. Amador reserva una nota extensa para los romanceamientos de Cartagena, con la conocida referencia del Valerio, pero también con una información mucho más amplia sobre los apócrifos de Séneca y sobre la «Polyanthea o diccionario», esto es, la Copilaçión como primer encargo real y primera labor de Alonso de Cartagena para su monarca101. En cuanto a Martínez Añíbarro, el apartado sobre las traducciones de Séneca demuestra que ha podido acudir a sus antecesores ilustres y a los conocidos manuscritos escurialenses, pero también a un códice de la Biblioteca Universitaria de Salamanca102 y a los catálogos bibliográficos de Gallardo, Salvá y Brunet103. Esto le permite elaborar una lista de obras traducidas por el obispo, con los lugares donde se conservan y los distintos títulos con que pueden aparecer y, si bien reitera las referencias confusas de la Bibliotheca Hispana, proporciona la nómina más rigurosa hasta su tiempo.

La obra de Schiff abre el nuevo siglo con un caudal de documentación altamente valioso, que permite recrear la convivencia de códices latinos y romanceamientos de Séneca en la librería de un gran señor del siglo XV, don Íñigo López de Mendoza104. Las traducciones de Cartagena se ven iluminadas por las meticulosas descripciones del manuscrito Uhagón (BNM 23090) y los manuscritos BNM 10139, 10155 y 10199105. También por una lista de nueve títulos que, bajo la clásica admonición de Almela, aproxima a doce con la inclusión de las Declamationes del Rhetor, la Copilaçión y, con los cuidados antes mencionados, los Proverbios de Séneca llamados vicios y virtudes.

Marcelino Menéndez Pelayo, en su Biblioteca de traductores españoles, entrega valiosas páginas sobre el obispo de Burgos y se detiene en sus labores senequianas, pero se ocupa preferentemente de los impresos y no aporta demasiadas novedades a la fijación del corpus de traducciones106. Reitera los datos de Pérez Bayer sobre los manuscritos escurialenses L-II-15 y T-III-5, y precisa en algo la identificación de la rúbrica «Libro de Seneca en el qual trata como en el Sabidor non cae ofensa nin injuria alguna» con el tratado De constantia sapientis, aunque no llega a detectar la copia de la Copilaçión bajo el título espúreo de T-III-5. Por fin da breve noticia de otros cuatro testimonios en la Biblioteca Nacional: Q-145, X-169, X-170 y L-l107 y, en «Adiciones», describe un quinto códice: Bb-74, actual ms. 9180.

Decisivos resultan los trabajos de Luciano Serrano y Francisco Cantera Burgos, al amparo de sus ingentes investigaciones de archivo sobre la familia Santa María. No es que Serrano otorgue un gran espacio al tema de los romanceamientos, pero se distingue por la recuperación, luego de siglos de olvido, del testimonio atribuido a Juan Sánchez de Nebreda, el De actibus, y en él se basa para precisar los libros de Séneca, aunque sin polemizar demasiado con este documento108. Por su parte, Cantera Burgos recuerda el ejemplar sustraído de la capilla de la Visitación, para citar luego otros manuscritos que sí se han conservado, como 201 y 1813 de la Biblioteca Universitaria de Salamanca109, los escurialenses descritos por Martínez Añíbarro y los de la Biblioteca Nacional también conocidos por Menéndez Pelayo: 5568 (que repite en el item c), 817, 8830 y 8241. Añade a la lista BNM 12172 (del siglo XVI) y observa que un volumen de De vita beata figuraba en la biblioteca de Batres, según el ms. BNM 5938110.

Llegamos de esta manera a los grandes estudios de nuestro tiempo. Las obras específicas de Karl Blüher, María Morrás, Morrás con López Casas, Nicholas Round y Elisa Ruiz García, más los aportes parciales de Olga Impey, Louise Fothergill-Payne y Luis Fernández Gallardo, dan el paso definitivo en la fijación del corpus de traducciones de Séneca, la datación de los textos y la localización de los testimonios que los conservan, tres puntos que examinaremos atentamente bajo su guía111.





 
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