Lógica moderna, o Arte de hallar la verdad, y perficionar la razón
Andrés Piquer

Nam si singulas disciplinas percipere magnum est; quanto magis omnes? Quod facere iis necesse est, quibus propositum est veri reperiendi causa, et contra omnes Philisophos, et pro omnibus dicere, cujus rei tantae, tamque difficilis facultatem consequutum esse me non confiteor, secutum esse prae me fero.
Cicer. de Nat Deor. lib. I. cap. 9. pag. 198.
Al excelentissimo señor don Joseph de Carvajal, y Lancaster, Decano del Consejo de Estado del Rey nuestro Señor don Fernando Sexto, Governador del Supremo Consejo de las Indias, Presidente de la Real Junta de Comercio, y Moneda, y Superintendente General de las Estafetas, y Postas de España, &c.
EXC.mo SEÑOR.
Señor.
No ay cosa entre los hombres, que sea mas apreciable que la rectitud del juicio, porque con ella alcanzan lo verdadero, y aman lo bueno; y sin ella confunden la bondad con la malicia, y la verdad con el engaño. El designio que me he propuesto en esta Obra ha sido el mostrar, de què manera podràn los hombres conseguir la rectitud del juicio; y la ofrezco à V.E. porque entiendo que se halla en V.E. un juicio muy atinado, y un entendimiento sumamente exercitado en distinguir lo verdadero de lo falso, y lo bueno de lo malo. Assi que con el ofrecimiento que hago à V.E. desta Obra, logro yo autorizar la doctrina que en ella propongo, con un exemplo el mas singular, y mas visible, que pueda proponerse à mis letores, porque el nombre de V.E. estampado en la frente del libro, serà la prueba mas calificada de las maximas que en èl se enseñan. Sigo en esto el exemplo de aquellos Escritores, que trabajaron en manifestar las grandezas, y hazanas memorables de algunos Heroes, ò Varones famosos, para que los demàs se moviessen à imitarlos. Assi Xenophonte escriviò la vida de Ciro Rey de los Persas; Plutarco, las de muchos Varones ilustres en las Armas, y en las Letras; Cornelio Nepote las de algunos insignes Griegos, y Romanos; y Laercio la vida, hechos, y doctrina de los Filosofos mas celebres de la Grecia: y no ay duda que el fin principal que tuvieron estos famosos Escritores fue proponer los Varones insignes como exemplos para la imitacion, mostrando las excelsas prerogativas con que resplandecieron en el Valor, y en las Letras. No podrè yo aqui proponer por menor todos los merecimientos, y loores de V.E. y tal empresa requeria otra pluma mas bien governada que la mia; pero no puedo dexar de hacer patente a todos mis letores, que en V.E. reyna como especial caracter aquella rectitud de juicio, que intento formar con las reglas desta Logica; y que la inspeccion atenta de lo que V.E. piensa, y executa, mostrarà practicamente à todos su juicio solido, y atinado, y su razon libre de los errores que pudieran escurecerla.
Prueba muy clara desto es la eleccion que ha hecho de V.E. nuestro esclarecido Monarca el Señor DON FERNANDO SEXTO (que Dios guarde) para el govierno de los principales negocios del Estado. Apenas este gran Rey ascendiò al Trono de la Monarquìa de España, como deseava con mucho ardor hacer dichosos à sus vasallos, escogiò à V.E. como Ministro, que sabe practicar los medios conducentes para establecer la solida, y verdadera felicidad de los Pueblos: porque el alto nacimiento de V.E. su politica refinada, su experiencia en los negocios; y por decirlo de una vez, su grande, y acertado juicio, asseguravan à S.M. la consecucion de sus soberanos fines. Y la experiencia ha mostrado el acierto de tan buena eleccion, siendo notorio que el animo de un Rey justo, que sabe perfectamente las obligaciones de un Principe, y que desea satisfacerlas, descansa en V.E. como instrumento que llena enteramente sus altos designios. Y si es maxima cierta, que los hombres no son conocidos hasta que estàn empleados en negocios, donde se descubra su prudencia, y su jucio; tambien es cierto, que à V.E. le ve todo el mundo en la ocupacion mas ardua, y en los negocios mas intrincados, desembarazarse à satisfaccion de un Monarca sabio, prudente, y juicioso. El que considere quantos negocios ocurriràn, y quan graves en los dilatados dominios de una Monarquìa tan vasta; quien contemple el infeliz estado de la Europa, muchos años oprimida con una guerra, en que tiene gran parte nuestra España; quien piense las dificultades que han de ofrecerse para conciliar los intereses de las Naciones estrañas, con los de la nuestra, y llevarlas à una paz verdadera, y durable; y por otra parte considere tambien, que todas estas cosas las dirige V.E. con sumo juicio, y las endereza à los fines de un Monarca tan sabio, y tan justo: conocerà que V.E. logra un entendimiento de vastissima extension, y el mas à proposito para tratar los negocios à satisfaccion del Rey, y utilidad de la Monarquia. Quando considero yo esto, y contemplo que V.E. no obstante tan grandes ocupaciones, se emplea algunos ratos en la letura de libros dotrinales, y provechosos, creo que en V.E. andan iguales la aplicacion à las cosas utiles, y capaces de ilustrar un animo grande, y el juicio con que se aprovecha loablemente de los frutos de su aplicacion. Ni son menester exageraciones para ponderar el trabajo, y aun el afan, conque siempre se ha empleado V.E. en imaginar los medios mas conducentes para el aumento, y esplendor desta Corona. Muchos años ha visto España à V.E. meditando en los modos de hacer florecer en ella el Comercio, y la Agricultura, y aora logran los Españoles la dicha de tener à V.E. por Protector de los que cultivan estas artes, las mas utiles, y aun necessarias para la conservacion, y aumento del Estado. Las Compañias, que con la proteccion de V.E. se han establecido en varias Ciudades de España, para adelantar el Comercio, y las demostraciones que da V.E. de querer que se aumente el cultivo de los campos, y que se saquen de madre los rios para hacer fecundas tantas campañas esteriles, que oy tiene esta Peninsula, muestran evidentemente el generoso animo con que V.E. emplea los medios mas utiles, y conducentes al lustre, y provecho de la Nacion; y sin lisonja osarè decir, que andando el tiempo, quando logremos el ver à V.E. desembarazado de los cuidados de la guerra, ha de hacer à nuestra Nacion tan floreciente, que han de tenerla embidia las estrañas.
Luego que he visto à V.E. declarado Mecenas de los hombres de letras, he creido firmemente que han de bolver à nuestra Patria aquellos felices tiempos, en que las Musas parece que la avian escogido para su habitacion; à lo menos la España, abundante de ingenios, con la proteccion de V.E. verà florecer el buen gusto en las letras, y aumentarse el cultivo de las artes, y ciencias: y en esto muestra V.E, su singular juicio, porque es certissimo que nada puede aver bien ordenado, donde reyna la ignorancia; y si èsta no se destierra, se haràn impracticables qualesquiera maximas, aun las mas solidas, y bien fundadas, porque no puede ser estimado el bien, quando no es conocido. Con la aplicacion que V.E. ha tenido à las letras desde sus primeros años, ha ilustrado el juicio grande, de que le dotò la naturaleza; y es bien sabido, que V.E. entiende perfectamente ambas Filosofias Antigua, y Moderna, el Derecho de gentes, la Jurisprudencia Civil, la Politica, y Economica, y tiene un grande conocimiento de la antiguedad, y de todas las buenas artes que ilustran al entendimiento, y le perficionan; y esto demàs de ser notorio à todos los que han visto à V.E. y le han tratado en la esclarecida Universidad de Salamanca, es patente à quantos tienen la fortuna de comunicar familiarmente con V.E. y sus operaciones en el govierno son testimonios claros de la extension con que V. E. possee todas estas ciencias: y por esso, siendo assi que cada qual piensa tener razon en lo que hace, ò executa, de V.E. lo piensan todos, porque à todos es manifiesta la justicia que resplandece en las deliberaciones de V.E. y la prudencia con que dirige sus acertadas resoluciones; y aunque es facil que cada uno se engañe pensando de sì mismo ventajosamente, pero es muy dificil que todos se engañen, quando lo afirman de otros. Esta perfeccion del juicio, que V.E. se ha adquirido con la carrera de los Estudios, no solamente hace à V.E. sabio, è inteligente en todas las cosas, sino en todas maneras ilustre, porque con ella ha hecho que anduviesen juntos con la calidad de su sangre los merecimientos personales. Todo el mundo sabe que V.E. es nacido de una de las mas ilustres, y, antiguas familias de España; y siendo assi que esta sola circunstancia da dilatado campo para elogiar à V.E. no me detengo en ella, porque nada podria decir en alabanza de su nobleza, que no lo supiessen todos los Españoles, y aun los Estrangeros que leen nuestras historias; pero no puedo dexar de mostrar, que si V.E. es ilustre por la nobleza heredada, lo es igualmente por la adquirida, y en esto ha hecho resplandecer su grande entendimiento, porque es menester un juicio rectissimo para mantener la gloria adquirida de los passados, è ilustrarla con los propios merecimientos.
Viendo pues que V.E. ha mostrado un juicio solido, y atinado en la aplicacion grande que ha tenido à las letras; en la proteccion con que favorece à los hombres literatos; en la meditacion continua, y aplicacion à buscar los medios conducentes para hacer floreciente à su Patria; en dar nuevo lustre con sus propios merecimentos à la calidad de sangre heredada; y en fin en el modo con que llena el animo de un Rey sabio, y prudente: me ha parecido que daria à mis lectores el mayor exemplo para la imitacion, proponiendo à V.E. en la frente de un libro, cuya dotrina solamente se endereza à perficionar el juicio; y sabiendo yo que V.E. se avia dignado de leer mi primer Tomo de Fisica Moderna, era tambien preciso ofrecer à V.E. esta Logica, como demostracion de mi agradecimiento, y muestra de la inclinacion que tengo à su persona, y del respeto con que miro sus procedimientos. Puede V.E. creer, que à este mi ofrecimiento acompaña una constante voluntad, con que ruego al Altissimo conserve la Persona de V.E. y la llene de felicidades para aprovechamiento comun, y gloria de nuestra Monarquia. Valencia, y Noviembre 6. de 1747.
Exmo. Señor
B. L. M. de V. E.
u mas rendido Servidor
Dr. Andres Piquer.
De don Gregorio Mayàns i Siscar por Comision del Ordinario Eclesiastico
M. I. S.
El asunto de otras Censuras suele ser solamente manifestar la utilidad, o daño, que pueden causar los libros censurados: pero el de èsta deve estenderse tambien a su mismo titulo por la novedad que causa la Inscripcion de Logica Moderna; i mas siendo su Autor el Dotor D. Andres Piquèr, Cathedratico de Anatomia, i Examinador de Medicina en la Universidad de Valencia, tan justamente acreditado por los aciertos de su profession, i escritos. Porque luego que qualquiera lea tal titulo, quizà pensarà que esta Logica intitulada Moderna se opone a la Antigua, i que su Autor intenta novedades, que merezcan examen mui particular. Mas no es assi; pues bien examinada su Logica, es Aristotelica, a la qual añade el modo de explicarla, que es el que le da el atributo de Moderna. Esta verdad se conocerá mejor haciendo una induccion de todo lo que trata. Enseña el origen de las Ideas, los medios naturales de adquirirlas, o por los sentidos, o el puro conocimiento; distingue las Potencias del Alma unida al cuerpo, i teniendo con èl una mutua incomprensible correspondencia; trata del Juicio, i del Razonamiento; de la Verdad, i de los diferentes modos de conocerla; de la Ignorancia, Opinion, i Cepticismo; de los Errores ocasionados del no bien examinado egercicio de los sentidos; i de los que ocasiona la Imaginacion con sus trampantojos; el puro Conocimiento con sus preocupaciones; el Ingenio con la precipitacion; la Memoria no siempre fiel; el Juicio mal informado, i muchas veces engañado de los Sofismas, cuyas causas enseña diligentemente. Todo lo qual vemos disputado, examinado, i averiguado en la Logica Antigua especialmente de Aristoteles, que hizo dos partes de la suya: una Analitica, i otra Topica, atribuyendo a la Analitica quatro Libros, dos de Silogismo, i otros dos de Demonstracion, de los quales hizo un cuerpo; i a la parte Topica, nueve libros, ocho de los Topicos, i uno de los Elencos, de los quales hizo otros cuerpo; i a estas dos partes añadieron los antiguos Peripateticos otra que llamaron Elementaria, porque abraza los elementos de la Logica; i a èsta atribuyeron dos partes, una de las Categorias, que son el principio de la Logica, i parte suya; otra de Interpretacion, cuyo libro, aunque Andronico de Rodas negò ser de Aristoteles, Alejandro Afodriseo, i los demàs Peripateticos creyeron, i afirmaron ser suyo. Pero, aunque es verdad que el Autor desta Logica ha desfrutado la Aristotelica, cosa que deve hacer qualquiera que desee escrivir bien, se le deve, que, como buen Fisico, ha explicado fisicamente las operaciones del Entendimiento, acomodandose casi siempre a las opiniones modernas, o nuevamente renovadas, i ha hecho su Logica civilmente practica. De ninguna manera pues se opone a la Antigua: i los que lo han intentado hasta hoi, han manifestado no averla entendido, ni aun estudiado. Porque deve distinguirse la Logica de sus abusos, que ningun hombre juicioso, i erudito ha negado jamàs: siendo notorio, que los Anti-Socraticos la hicieron sofistica, los Estoicos espinosa, los Epicuros casi muda, los Lulistas vanamente ostentosa, los Escolasticos destos ultimos siglos Metafisica, i pueril, los Ramistas Gramatica; Francisco Bacono, i Renato Cartesio, quisieron anonadarla, i darle nuevo ser: i los demàs Modernos entre tantas opiniones andan variando Sistemas, sin llegar a determinar què instrumento de saber es èste, que deviendo ser cierto, se trata con tanta incertidumbre: i el Mundo Literario no acaba de entender, que como quiera que se trata la Logica, se sigue la Antiguedad; i que lo que conviene es, renovar, aclarar, i perficionar la Aristotelica, desarraigando sus abusos, como utilissimamente lo persuadiò, i quanto estuvo de su parte lo practicò, nuestro sabio Valenciano Juan Luis Vives. I es cosa mui notable, que el mismo Francisco Bacono Baron de Verulamio inventor de su Nuevo Organo de las Ciencias en la Prefacion que hizo a èl, confessò que la Dialectica recibida (esto es la antigua) se aplica mui bien a las cosas Civiles, i a las Artes que consisten en la habla, i en la opinion: i solamente negò que aproveche para conocer la sutileza de la Naturaleza, siguiendo en esto a Ciceron en su segundo libro de las Questiones Academicas. Decir lo contrario, negando la utilidad de la Logica, es oponerse al constante, i universal parecer de los hombres mas cientificos, que ha tenido el Mundo, i la naturaleza misma de la Logica; porque siendo èsta una Arte de usar bien de la razon, es manifestissima su utilidad: pues teniendo presentes las reglas de èsta Arte, nos certificamos del uso, o abuso de la Razon, examinando la verdad, o falsedad, de nuestras ideas, juicios, i discursos; i corrigiendo, o variando, mejoramos nuestros pensamientos, i los ordenamos devidamente. Por ultimo la Logica hace conocer los cinco vicios de la Razon humana, que son, pensar fuera de proposito, o con obscuridad, o con ambiguedad, o falsedad, o inconsequencia; i enseña el modo de convertir estos vicios en virtudes, siendo el oficio de la Logica apartar las cosas agenas que no son del saso, explicar claramente las obscuras, distinguir las ambiguas, convencer las falsas, i quitar las inconsequentes. Decir que todo esto no es util, i aun necesario, es lo mismo que negar el buen uso de la Razon humana. Por èsta causa los Epicureos fueron antiguamente tenidos por ignorantes en quanto se manifestavan despreciadores de la Logica, contentandose con pocas reglas della; siendo assi que el uso de aquellas devia persuadirles la necesidad que tenian de saber, i practicar otras muchas no menos utiles. Porque siendo propio de la Filosofia enseñar las causas de las cosas por la razon; i siendo èsta tal, que, si no se ayuda del arte, se desvia muchas veces de la verdad, i cae en el error; se colige claramente, que antes de aprender la Filosofia es necesario el conocimiento de un Arte, que dirija la Razon, especialmente en dos cosas: la primera pertenece a cada una de las que se quieren buscar; la otra a cada una de las Ciencias. En lo que se quiere buscar devemos atender dos cosas, es a saber, la Explicacion de la question, i la Prueva. Una, i otra se comprehenden en la question de la manera con que las cosas se han de considerar, i tratar. La consideracion es necesaria para venir en conocimiento de las cosas que no sabemos, lo qual no puede conseguirse sin usar del Silogismo, i de la Induccion. La manera de tratar, que los Escritores Griegos suelen llamar Economia, enseña a disponer las partes de alguna Ciencia, i los Theoremas. Por estos dos respetos llamó Aristoteles a la Logica Modo de la Ciencia: i es cierto que el modo de conseguirla se ha de saber antes que ella, si no quiere uno exponerse a muchos errores, i a perder el tiempo aprendiendo lo que despues deve desaprender.
No niego yo que sin èsta ayuda del arte con sola la luz de la razon natural se puede saber mucho: como en efeto supieron admirablemente tantos, i tan eminentes hombres que florecieron no solo entre los Griegos, sino tambien entre las Naciones que ellos tuvieron por barbaras: antes digo que Asdrubal Cartagines, conocido por el nombre de Clitomaco empezasse à escrivir de Logica, i que Parmenides, i Cenon de Elea entre los Griegos fuessen los primeros que redugeron la Dialectica a cierta junta de preceptos, i que Euclides Megarense promoviesse la dotrina de Parmenides, celebrados todos ellos por inventores de la Logica por averlo sido en parte procurando adelantarla cada uno, hasta que despues Aristoteles con la superior luz de la dotrina de Socrates, i de Platon, i la admirable penetracion de su ingenio diò a la Logica mayor extension enseñando a sus Discipulos los medios faciles de señalar, i fijar sus terminos, asunto de que trataria yo de buena gana, si no considerasse que excederia los limites desta Censura. Bolviendo pues a lo que decia yo de la utilidad, i necesidad de la Logica; si bien lo observamos, aun la Filosofia llamada Barbarica se ayudò mucho del Arte Logica, no digo del Arte rigurosamente tal, distinguida de otras, estendida, i ceñida a su propio asunto, que es el buen uso de la Razon; sino de algunas reglas sueltas convenientes para el conocimiento de las cosas, i modo de tratarlas, poniendolas en egecucion en las ocasiones que se les ofrecian. Por esso Ciceron en su no menos critico que erudito Libro, o Dialogo de los Esclarecidos Oradores, hablando con Marco Bruto le dijo ser de parecer, que Cevola, i otros muchos tuvieron grande uso del Derecho Civil; pero que Servio Sulpicio fue el unico que se valiò de arte: cosa que no huviera logrado en la Ciencia del Derecho, si antes della no huviera aprendido el Arte que le enseñàra a distribuir en partes la cosa universal, explicar definiendo la oculta, declarar interpretando la obscura, ver primeramente la ambigua, despues distinguirla, finalmente practicar la regla de hacer juicio de las cosas verdaderas, i falsas, i de observar què cosas son, o no son consiguientes a las propuestas. Todo lo qual enseña la Dialectica, arte de artes, i luz de todas ellas.
Siendo pues esta Logica del Dotor Don Andres Piquer un ramillete de la antigua en que se hallan escogidas, recogidas, i bien ordenadas las flores della sin las espinas de los Estoicos, i sin la hojarasca de Ramillos inutiles; qualquiera hombre de buen discernimiento recibirà mucha recreacion desta Logica, escrita principalmente no para gente de Escuela; pues si se destinàra para ella, no la entenderian los demàs; sino para los que professan la vida activa, i quieren practicar en el trato civil lo mismo que aprenden. El sabio Obispo de Mos, Jacobo Benigno Busuet, ya tuvo antes este pensamiento, i escriviendo al Sumo Pontifice Inocencio XI, dijo averle egecutado; pues refiere, que para instruir al Serenisimo Señor Delfin abuelo del Rei nuestro Señor, compuso una Dialectica de Platon, i Aristoteles, que sirviesse no para una escolastica pelea de palabras, sino para formar el juicio ilustrando la razon, poniendo el principal cuidado en explicar los argumentos Topicos que sirven para la practica de los negocios. Supuesto pues que esta Logica es tan util, i amàs desso està escrita con claridad, amenidad, i limpieza de estilo, fin que en toda ella aya cosa que desdiga de la Religion Christiana, o se oponga a las buenas costumbre; soi de parecer, que V.S. deve dar licencia para que quanto antes salga a la luz publica. Oliva a 2. de Octubre de 1747.
Don Gregorio Mayàns i Siscàr
IHS. Imprimatur
Dr. Medina, Vic. Gen.
Del Dotor D. Josef Nebot i Sanz,
Abogado de los Reales Consejos, i Regidor Perpetuo de la Ciudad de Valencia, al Dr. Andres Piquér, Cathedratico de Anatomia.
Mui Señor mio, doi a v.md. muchas gracias, porque me ha hecho anticipar la letura de su exquisita, i juiciosa Logica, i por aver condecendido a mis instancias en darla luego a la estampa; i para que se conozca que no era lisonja solicitar yo su anticipacion, sino amor al publico, que la necessitava en lengua Española, manifestaré los motivos en esta carta, diciendo libremente lo que siento de su utilidad, no solamente para lo general de todas las Ciencias, sociedad humana, i trato civil; sino para lo particular de mi profession.
Para la Teorica de las Leyes es utilissima, i aun necessaria, para que se conozcan los sofistas, i los sofismas, i se desprecien los libros (que no son pocos) que con el buen nombre, i fama de sutiles, son una continuada cavilacion, los que escuso nombrar, por ser tales sus apreciadores, que no admitirian el desengaño. Este vicio de la vana sutileza trasciende aun a las Escuelas, en donde se oyen muchas veces unas interpretaciones del Derecho comun caprichosas, divinatorias, i de pura imaginacion, haciendo decir a los Jurisconsultos, no lo que ellos pensaron, sino lo que dirian los que las sueñan, si se hallassen en aquel tiempo; i aun usando de distinciones, i de voces barbaras: me seria facil señalar egemplos, sino fueran tan notorios.
Todo esto procede en parte de la falta de Critica, i de los errores nacidos de la imaginacion, para cuya enmienda propone v.md. reglas admirables; pero como esto lo conocen pocos, se confunde de ordinario la verdadera con la mala inteligencia, pues por lo comun el antojo de cada uno es el arbitro de interpretar, siendo assi que para ello ai reglas mui seguras, assi generales, como particulares, que dicta la buena Critica, i trae el Dr. Antonio de Campos de la Universidad de Salamanca, i tambien Eusebio Amort, i Heineccio, que v.md. cita. La falta de Logica causa tambien este desorden, estudiandose de ordinario la de las Escuelas unicamente, siendo assi que si se leyera la verdadera, se conocerian los libros selectissimos de Jurisprudencia, que proponen las reglas para la interpretacion, unas sacadas certeza del arte combinatoria de los textos, especialmente de un mismo libro, por medio de las inscripciones, cuyo trabajo principalmente debemos al incomparable D. Antonio Agustin, Arzobispo de Tarragona, a quien despues han seguido otros Eruditos modernos; otras de la Historia Romana, Cronología, i Filosofía Estoica, de cuya secta ordinariamente eran los Jurisconsultos, i todas estas son las verdaderas fuentes de interpretar, i de las que bevieron algunos celebres Escritores Españoles, i Estrangeros, que han adelantado la Teorica, lo que me sería facil demostrar en la inteligencia de muchos textos, que hasta aora no la han tenido; pero por lo comun no se leen en las Escuelas, porque no traen argumentos en forma silogistica, i de ordinario no se estudian sino otros con que se llena la fantasía de los Estudiantes de lo que llaman obstantes, por falta de principios, i maximas fundamentales, i suelen salir unos entendimientos porfiados, tercos, i cosquillosos: sin que por ello entienda rechazar el uso de la argumentacion, antes sé mui bien quanto aprovecha el arte silogistica, i las merecidas alabanzas que logrò Aritoteles por este ingenioso artificio; pero en los libros es fastidioso este estilo, i el mismo Aristoteles no le practicó en los suyos
No es menor la utilidad de la Obra de v.md. para los que professan la Practica de las Leyes, porque además de evitarse los referidos perjuicios de la Teorica, hace v.md. ver en los nn. 189. i 246. el abuso de tantas citas de Autores (dejandose los textos de ambos Derechos) lo que tiempo hace tengo notado, i advertido en mis Alegaciones, bien que en esto me he acomodado al uso comun, por evitar la nota de la singularidad; i este abuso, por no llamarle vicio, contra el qual se han hecho agrias, i curiosas invectivas, es mas perjudicial en la Practica, que en la Teorica, porque en aquella se han de probar verdades mas utiles, i assi los medios debian ser mas eficaces, i no contentarse con querer probar la proposicion unicamente con una colectanea de Autores, que llaman dotrinas, siendo assi que se tendria por cosa ridicula egecutarlo en la Teorica. I algunos de los Autores de gran credito de esta Ciencia le logran siendo puros copiantes, i otros proponiendo las opiniones sin dicernimiento; i me alegraria que se hiciera critica dellos, como v.md. la hace de algunos de su profession; bien que para este trabajo era menester un ingenio, i juicio no vulgar.
Es importantissima tambien para conocer el ingenio, i juicio de los Autores de Jurisprudencia (las quales cosas de ordinario se suelen confundir) i para no pesar las opiniones por el numero de sus defensores; para descubrir las voluntades de los Testadores, i contrayentes, i el fin proprio de las mismas leyes, en que se debe poner el principal estudio de esta ciencia, i no contentarse con el material, fastidioso, i tumultuario estudio de indices, i diccionarios, pues desta suerte siendo la Jurisprudencia tan dificil, sería mui facil, i qualquiera podria practicarla con poca aplicacion.
Para prueba de los hechos es necessaria la Logica, pues da reglas criticas de la creencia humana, segun la calidad, i circunstancias de las personas, i sucessos, que es el campo dilatado de los pleitos, i assi es consequente que la jurisdicion de la Logica se entienda hasta la Jurisprudencia; i muchas de las reglas que v.md. propone se comprueban con el Derecho Civil.
Es indecible lo que aprovecha para el modo de alegar por ser el metodo una de sus principales partes, pues hallando el entendimiento la trabazon, i conexion de las proposiciones, conoce mejor las verdades, i las retiene, i para el mismo fin aprovecha la Geometria de que v.md. se ha valido, i por defecto destos socorros vemos tantas obras desaliñadas.
El sabio Rey D. Alonso en su grande, i admirable obra de las Siete Partidas, dió bien a entender la importancia de la Logica, pues dice que sirve para distinguir la verdad de la mentira, i assi se convence el estudio que deben hacer los Practicos desta ciencia.
No es de admirar que la Logica aproveche para todo lo dicho, porque trata de ilustrar la razon humana, i assi es necessaria para explicar los principios desta, cuya evidente manifestacion no es otra cosa que el Derecho natural, i su inmediata interpretacion el Derecho de Gentes, estudio necessario para ambas Jurisprudencias, i de que ai libros admirables; pero en este estudio tan importante no suelen detenerse muchos Practicos, contentandose con lo que traen los Interpretes de la Instituta sobre el parrafo del Derecho natural, i de Gentes, siendo assi que sin este estudio no se puede penetrar el Derecho Civil, como es notorio, pues copiosamente contiene principios de uno, i otro Derecho.
No quiero ponderar quanto importa esta Logica para resolver muchas questones en lo moral, porque es cosa de suyo manifiesta, sabiendose que trata de la razon humana por tantos medios como aquella propone; i si a esta obra acompañase una Filosofia moral, o ya traduciendose la del celebre Luis Antonio Muratori, que v.md. cita, o ya componiendose alguna otra por alguna delicada pluma, creo yo que aprovecharia mucho una, i otra obra para el mismo fin, pues por estos principios, por la Sagrada Escritura, Concilios, Derecho Canonico, i Santos Padres se viene en conocimiento de la Theologia Moral, aviendo sido este el medio antiguo de estudiarla, i no los Escritores casuistas.
Aunque prefiero à todas las Logicas la que se dice Moderna, assi por su claridad, como por la mas exacla explicacion de los errores del juicio, i su correccion; con todo no es mi animo escluir la Logica propia de Aristoteles, antes juzgo que es uno de los mejores libros deste Filosofo (assi lo fuera su Fisica) i ojala que se leyesse, i explicasse su texto como se prevenia en las Constituciones desta celebre Universidad del año 1611. fol. 27. mayormente ilustrandose con la de Severino Boecio, i con la declaracion de Pedro Juan Nuñez, i con las precauciones de nuestro insigne Juan Luis Vives; pero juzgo poco provechosa la que comunmente se lee en las Escuelas, que tiene el falso nombre de Aristotelica, por contener questiones inutiles, i no servir mucho para descubrir la verdad.
No ignoro que Aristoteles hizo la Logica Racional, i Pathetica; Pedro Ramos amena; Francisco Otomano legal; Verulamio practicamente discursiva; el Dr. Juan Bautista Corachan (honor de nuestra Patria, i Escuela) Theologica: pero la de v.md. además de servir para todo esto, se acomoda a la practica del trato civil, i de la Medicina por la anatomía, i mecanismo con que esplica v.md. diferentes operaciones sin acogerse a las especies impressas vulgares que equivalen a las qualidades ocultas de muchos de la Escuela, que para nada sirven.
El estilo es propio, natural, i sin afectacion; i sabe v.md. mui bien, que la eloquencia està en los pensamientos, i en la pureza del lenguage, i no en las voces ruidosas, i huecas, con cuyo artificio intentan muchos captar la benevolencia de los ignorantes.
En esta Logica verán los que aborrecen la Critica, i declaman aun contra su nombre, que ignoran lo que impugnan, i que son credulos como el vulgo, i protectores de sus facilidades, i sandezes, quando el Orbe literario tiene exquisitas obras de Critica, que es parte de la Logica, para el convencimiento desta verdad; bastando para su prueba la celebre, juiciosa, i erudita obra de nuestro mui Santo Padre Benedicto XIV. de la Canonizacion de los Bienaventurados, que compuso siendo Cardenal, llamado Prospero Lamberrino, que tiene vista v.md. i contiene una delicada, i primorosa Critica.
Deseo servir à v.md. i ruego à Dios le conserve muchos años la vida para que continúe sus tareas literarias, i pueda dar a luz el segundo tomo de Fisica, i la Medicina Practica. Valencia, y Noviembre 8. de 1747.
B.l.m. de v.md. su mayor apassionado
Dr. D. Josef Neebot i Sans.
Del Dr. Manuel Mañes,
del Claustro de la Universidad de Valencia, y su opositor à las Cathedras de Medicina.
M. P. S.
De orden de V.A. he visto la Logica Moderna, ò Arte de hallar la verdad, y perficionar la razon, escrita por el Dr. Andres Piquer, Medico Titular de la Ciudad de Valencia, y Cathedratico de Anatomia en su Universidad. Conocida es la necessidad que tienen las Ciencias, y Sociedad humana de una Logica practica, que dirija el entendimiento, para que sencillamente, y sin cabilaciones se instruya, y aproveche en las letras, y evite los engaños à que està expuesto el trato humano: y bien se vè, que el Autor de esta Obra nos da en ella reglas con que se consigan tan grandes bienes, y que esto lo hace con gran meditacion, riguroso metodo, singular claridal, erudicion exquisita, y ajustada con pureza de lenguage: circunstancias, que parecen necessarias en un escrito, en que se proponen maximas para que los assumtos se traten con metodo, se expliquen los pensamientos con claridad, se elijan las mejores ideas, apartandolas de las malas, se ilustren con los exemplos mas oportunos, y se declaren nuestros pensamientos con aquellas frasses mas expressivas, breves, y del mas bien recibido uso. Esto es lo que el Autor pretende practiquen todos en el conseguimiento de las letras, y recto uso del trato civil; y esto es lo que se verà conseguido en España con las reglas de una Logica practica, que no se emplea en questiones inutiles, y caprichosas, sino en dirigir el entendimiento para evitar la sofisteria, y el error: sin estos embarazos se perficionaràn las artes, y se lograrà, que en la Medicina se consiga algun adelantamiento, y que sus Professores, con las reglas de esta Logica, trabajen las tentativas, acomodandose mas à la Fisica experimental, y Anatomia, que à las ideas abstraidas de sus soñados sistemas. La Quimica no serà tratada con la violencia del fuego, sino con la blandura de las operaciones mas sencillas, y naturales. La Botanica se adelantarà con el conocimiento claro, y distintivo de cada planta, atribuyendo solo lo que à èsta se debe, y no confundiendo su virtud con la operacion de la naturaleza. Las enfermedades seràn mejor conocidas, no contentandose con esta, ò la otra señal, sino notandose todas aquellas que suelen acompañarlas, y nos dan claras ideas de ellas. Las causas de las enfermedades se averiguaràn con exactitud, y en sus curaciones se procederà con riguroso, y atinado metodo. Para estos fines muestra esta Logica practica reglas con que se eviten las preocupaciones, ò juicios anticipados; se noten los errores à que estàn expuestos nuestros sentidos, para evitarlos; se conozcan las fuerzas de la imaginacion para moderarla; se comprehenda la union, y armonìa del cuerpo, y alma, para atenderla, y admirarla; se huya de la ignarancia, y precipitacion de juicio; se sepa distinguir las percepciones que tenemos por medio de los sentidos, de los obgetos que las ocasionan, y no confundir aquellas con èstos. Podràse examinar lo que es causa, y lo que es efecto, y distinguir èste de aquella, y en todo conseguir la rectitud de juicio tan deseada en el arte de curar bien, y precisa para la perfeccion de las demàs Artes y Ciencias, y buen govierno del trato humano. En èste podrà qualquiera proceder con juicio, porque en esta Logica practica halllarà maximas con que encontrar la verdad, y conocer el engaño: no creerà con facilidad, y precipitacion; sabrà dicernir las noticias verdaderas, de las falsas; no darà lugar al disme, y engaño. Por las ideas de los hombres percibirà sus inclinaciones; no darà credito à las cosas solo por el informe de sus sentidos; no vivirà preocupado con ideas antiguas, y falsas; y finalmente sabrà evitar el engaño, y conocer la mentira, que tanto conturban la quietud de los hombres, y destruyen la felicidad de una Republica bien ordenada. Todo se podrà conseguir con la letura de este libro, que con tan precioso fin, y singular esmero ha trabajado su ingenioso Escritor, de quien no he querido decir nada à V. A. no solo por no exceder el encargo de Censor, sino por creer que la obra ha de ser el mejor panegirico que podrà lograr su Autor; y tambien por pensar, que tal vez por la familiaridad con que le trato, y la ley que le professo haria sospechar, que mi alabanza era solo nacida de alguna lisongera complacencia. La obra pues, por todo lo que tengo dicho, y no contener cosa que desdiga de la Fe, pureza de costumbres, y que se oponga à las regalias de S. M. juzgo que es digna de la luz publica, y que V. A. puede conceder à su Autor la licencia que solicita. Valencia, y Agosto 22. de 1747.
Dr. Manuel Mañes.
Tiene Privilegio de S.M. el Dr. Andres Piquer, Medico de la Ciudad de Valencia, para imprimir el libro intitulado: Logica moderna, ò arte de hallar la verdad, y perficionar la razon, con prohibicion à cualquiera otra persona, para que sin su licencia nadie pueda imprimirle, como mas largamente consta de su original dado en S. Lorenzo el Real à 2. de Noviembre de 1747.
Tassaron los Señores del Consejo el libro intitulado: Logica moderna, etc., su Autor el Dr, Andres Piquer, à seis de maraved. cada pliego, como mas largamente consta de su original dado en Madrid à 26. de Octubre de 1747.
Todos los hombres que desean hallar la verdad, han de cuidar mucho en perficionar el juicio. El ingenio, y la memoria son muy apreciables quando van juntos con un juicio recto, porque el ingenio halla, y descubre las cosas; la memoria las retiene; y el juicio las ordena, y endereza à sus verdaderos fines. La erudicion, y la agudeza son muy poco utiles, si no las acompaña un buen juicio; porque importa poco tener recogidos muchos materiales, sino se sabe hacer buen uso de ellos. Por esto trabajaron tanto los Filosofos en señalar reglas, y maximas para governar bien el juicio, è inventaron la Logica, la qual no es otra cosa, que el Arte de hallar la verdad, y perficionar la razon.
Para conseguir este arte, es preciso entender el modo con que el hombre percibe las cosas, assi corporeas, como espirituales; comprehender la influencia que tiene el cuerpo en las operaciones del alma; y examinar la fuerza razonatoria con que esta deduce unas verdades de otras: y todo esto mostrarèmos en la primera parte desta Logica. Y considerando, que ninguna cosa se opone tanto à la verdad, como el error; por esso en la parte segunda propondremos todos los caminos por donde solemos caer en èl, para que evitandolos, se pueda hallar mas facilmente la verdad. Debo aqui advertir, que la palabra error en todo este escrito la entiendo segun toda su estension, en quanto significa qualquiera juicio opuesto à la verdad, ò en que lo falso se tiene por verdadero, ò lo verdadero por falso; y por cierto lo que es incierto, y al contrario.
Los antiguos Filosofos cultivaron muchissimo esta parte de la Filosofia que llamamos Logica, y Aristoteles especialmente escriviò lo que conduce para hallar la verdad, y manifestarla, en los libros de los Analiticos, que comprenden los de la Demostracion, y del Silogismo, y en el de los Sofismas. Ciceron entre los Romanos fue Logico consumado, y esparcidamente en sus libros Filosoficos prescribe algunas reglas admirables para governar bien el juicio, y perficionar la razon. Ni puede dudarse que los Oradores, y Poetas mas eminentes Griegos, y Romanos practicaron las maximas de la Logica mas perfecta en lo que toca al buen gusto de las artes, y ciencias humanas. Assi que no llamo yo Moderna à mi Logica, porque solamente los Modernos la ayan tratado, sino por el nuevo orden, y metodo que han dado à esta ciencia; y aunque en las maximas fundamentales, no ayan hecho otra cosa los Modernos, que inovar las de los Antiguos (exceptuando algunas pocas que han inventado) pero las han dispuesto con nuevo orden para hacerlas mas comprehensibles.
De las operaciones del alma en general
IEL hombre se compone de dos partes essenciales, es à saber Cuerpo, y Alma. El Cuerpo es substancia material, y sensible, y organizada de modo, que cada una de sus partes contiene un artificio maravilloso, y todas juntas conspiran à producir las acciones especiales que le pertenecen. El Alma es substancia espiritual, inmortal, indivisible criada por Dios, que la introduce en el Cuerpo quando yà èste se halla con las disposiciones, ù organizacion necessaria para recibirla. Mas es de admirar, que siendo de naturaleza tan diferente el Cuerpo, y el Alma, se unen entre sì tan estrechamente mientras dura la vida, que el uno no puede obrar sin dependencia del otro, de suerte, que las cosas que tocan al Cuerpo las percibe el Alma, y èsta comunica especiales movimientos al Cuerpo.
2. Y aunque sea verdad, que no podemos comprehender claramente el modo conque una substancia espiritual se une con otra material, ni de que manera reciprocamente concurren à producir las operaciones; no obstante si atendemos con cuidado lo que passa dentro de nosotros, quando pensamos, o queremos alguna cosa, y reflexionamos en lo que entonces nos sucede, descubriremos con bastante certidumbre la union de estas dos substancias, y el origen de sus principales operaciones.
3. Las acciones que el hombre exercita, ò son materiales, y corporeas, ò espirituales. El Alma es à la verdad la causa principal de todas, pero se diferencian entre sì, porque las primeras se executan, y aun consisten en solo el movimiento del Cuerpo, y las segundas especialmente existen en el Alma. El movimiento del brazo, lengua, y piernas; el del corazon, nervios, y todos los murecillos del Cuerpo proceden del Alma, y con razon se llaman corporeos, porque todos se exercitan con el Cuerpo. Pero el sentir, imaginar, discurrir, juzgar, y por dezirlo de una vez pensar, y querer son acciones espirituales propias del Alma. El examen de las primeras acciones toca à la Fisica, y Medicina, y puede verse en mi Fisica Moderna. La Logica debe examinar, y dirigir las segundas, y esto es lo que nos proponemos en esta Obrilla.
De las operaciones del entendimiento
4. El pensar es cosa propia, y especial del entendimiento; y qualquiera meditando un poco para descubrir lo que passa dentro de sì mismo quando piensa, hallarà que solo ay en el entendimiento tres maneras de pensamientos, es à saber, aprension, ò pura percepcion, juicio, y discurso. Porque si piensa en una cosa suspendiendose, de forma que nada afirme, ni niegue, se llama aprehension, ò simple percepcion; si afirma, ò niega alguna cosa de otra se llama juicio, y, si deduce un juicio de otro se llama discurso.
5. Sea exemplo. Pedro llega à un Jardin que jamàs ha visto, y admirado de la multitud de fuentes por donde salta el agua, se suspende, y se presentan en su entendimiento las imagenes de todas estas cosas con mucha admiracion, pero nada afirma, ni niega, sino que simplemente percibe, y casi se embelesa. Esta percepcion de las fuentes es aprension. Despues considerando que aquella fabrica tan admirable tiene proporcion con lo restante del Jardin, dice dentro de sì mismo, esta Fuente es cosa maravillosa, y agradable, y este pensamiento es juicio, porque afirma ser la Fuente cosa maravillosa, y deleitable. Passa mas adelante, y añade: Estas aguas en tanta abundancia, y velocidad no pueden subir tan altas, sino empujandolas alguna otra cosa; y esto es discurso, porque sin repararlo forma este argumento: las aguas por su naturaleza, y fuerza no pueden subir àcia arriba: las desta Fuente suben con mucha copia, y velocidad: luego no suben por sus propias fuerzas: luego alguna otra cosa las empuja.
6. De ordinario confundimos estas operaciones, porque pensamos exercitando estas tres maneras de pensamientos con suma velocidad; y es cierto, que atendiendo con cuidado hallaremos, que todas las maneras de pensar que usamos, se reducen à las propuestas. Hase de notar aora, que el juicio puede ser afirmativo, y negativo. Este niega una cosa de otra, y lo expressamos con la particula no junta al verbo: como Pedro no es sabio. Aquel es el que assegura convenir una cosa à otra: como Francisco es bueno, corre, ama, y otros semejantes. Assi el juicio afirmativo como el negativo, puede ser verdadero, ò falso, lo que no necessita de explicacion, no pudiendose dar idèa, ni nocion mas clara de la verdad, que aquella con que por sì misma se presenta. Tambien ha de notarse, que el discurso necessariamente ha de tener dos juicios, de tal manera enlazados, que el uno se infiera del otro. No es menester que los dos sean explicitos, porque de ordinario no usamos otro modo de pensar, que de discursos en que solo manifestamos un juicio; pero estàn tan claros los otros de quien èste se deduce, que no ay necessidad de explicarlos, y por esto comunmente los omitimos. Fulano (solemos decir) es grande Orador. Esta proposicion supone todas estas: Fulano estudia los Autores necessarios, tiene natural facundia, y sabe por largo uso la practica de orar, y exercita la Oratoria con perfercion: luego es grande Orador. Todas estas cosas, ù otras semejantes, tenemos presentes quando assi discurrimos, y tal vez no mas que alguna de las sobredichas; pero nunca hacemos aquel juicio de un sugeto, sin motivo antecedente verdadero, ò fingido para formarle. Si lo reparamos bien, de la misma suerte de discursos usamos en el trato civil, y aun en las Artes, y Ciencias.
De las ideas
7. Siempre que pensamos, tenemos presente alguna cosa, que es el objeto de nuestros pensamientos. Y como los obgetos estàn distantes muchas veces de nosotros mismos, no pudiendo acercarse à ellos nuestro entendimiento, es preciso que se embien, ò despidan alguna cosa que inmediatamente se le comunique, porque nunca pueden obrar las causas desde lugares apartados, sin esparcirse, ò passar su virtud por el medio. Esto que los obgetos embian al entendimiento para que los perciba, llaman algunos Filosofos especies; pero no ay necessidad dellas, segun las admiten los Filosofos de la Escuela, porque del modo que mas adelante veremos, facilmente pueden comunicarse las impressiones de los objetos, sin que sea necessario admitir entidades que han fingido algunos Filosofos à su alvedrio. Digno de leerse es Pedro Gassendo, que impugna discretamente estas especies sensibles de los Filosofos Arabes.
8. Mas, como quiera que esto sea, no ay duda que dentro de nosotros se pinta la imagen de las cosas en que pesamos, de modo, que si vemos una Torre, un Palacio, ò un Jardin, y despues queremos pensar en lo que hemos visto, se nos pinta de nuevo la imagen de aquellas cosas, como si las tuvieramos presentes. Estas imagenes de los objetos, ò representaciones, que estàn dentro de nosotros, es lo que propiamente llamamos ideas; y como los objetos de nuestros pensamientos unos son materiales, y otros espirituales, son tambien varias sus ideas. Por esto, algunos con bastante propiedad llaman ideas materiales, y corporeas aquellas imagenes que tenemos de los objetos quando los percibimos por los sentidos; y espirituales aquellas que se hallan en el entendimiento, sin que el objeto se ofrezca à los sentidos, como la idea de Dios, de la verdad, de las relaciones, del alma, de los Angeles, y de los mismos pensamientos. Y aunque es verdad, que aquellas excitan en el alma à èstas, no obstante ay entre ellas notable diferencia, porque las primeras se forman por la aplicacion inmediata de los objetos a los sentidos, y no las segundas.
9. Por esta razon no son igualmente claras estas ideas, pues las que tenemos por los sentidos, y llamamos materiales (8), son claras, y se pintan de modo, que representan con mucha claridad à su objeto, como la idea que tenemos de un Palacio, y otras semejantes; pero las espirituales son mas obscuras, porque no nos pintan con tanta distincion los objetos. No por esto ha de creerse, que las ideas materiales estàn impressas en el cuerpo, y las espirituales en el alma, como ha pensado, uno de los Autores1 mas juiciosos, que han tratado desto, porque à la verdad todas estàn en el alma, y en rigor todas son espirituales; pero para distinguir las que proceden de los sentidos, de las otras, se les dan distintos nombres tomados de sus objetos, y no de su essencia. La razon desto es, porque las ideas, ò imagenes, que nosotros tenemos de las cosas, son las mismas percepciones: de suerte, que la idea del Palacio es la percepcion misma del Palacio, que le comprende con aquella distincion de partes que el Palacio tiene, y assi le concebimos claramente; y la idea que tenemos de Dios es el acto mismo con que le concebimos, y assi de las demàs; y por no concebir à Dios, à los Angeles, y al alma con toda claridad, decimos que tenemos destas cosas idea obscura, que es lo mismo que si dixeramos, que no percibimos estas cosas espirituales con toda aquella claridad que es necessaria para alcanzar su essencia, y atributos. Hallandose, pues, las percepciones de las cosas solamente en el alma, es claro, que en ella sola se imprimen todas las ideas.
Del origen de las ideas
10. Dos opiniones ay sobre esto. Los que siguen à Aritoteles comunmente defienden, que todas las ideas que se hallan en el entendimiento provienen de los sentidos, de modo, que tienen por universal, y verdadero este axioma: Nada ay en el entendimiento, que antes no aya passado por los sentidos. Si solo se tratàra de las ideas materiales (8), no avria duda ninguna en esto; pero la dificultad està en las espirituales, y los Aristotelicos suponen, que aun èstas proceden de los sentidos, porque dicen, que la idea de Dios la tenemos por la vista, y consideracion de tantas, y tan admirables obras suyas, que ay en este mundo visible. Si un infante se criasse encerrado siempre en una caverna, y alli se le diesse el preciso mantenimiento, sin hablar, ni comunicar con nadie, y sin ver la luz, hasta que fuesse ya adulto, y en esta edad saliesse de repente de la gruta en una noche obscura, y viesse tanto numero de Estrellas, y de alli à algunas horas apartarse la obscuridad, y seguirse la luz del Sol; si despues viesse esconderse este Planeta, y aparecer de nuevo las Estrellas, se admiraria sin duda, y vendria en conocimiento de aquel Ser infinito, que criò aquellos cuerpos, y mantiene sus movimientos con soberana Omnipotencia. Què diria este joven despues quando viesse la tierra llena de flores, los arboles de frutos, el ayre poblado de aves, las aguas en continuo movimiento? Y què, quando veria tanto numero de animales, que sirven al hombre; y consideraria los instrumentos, y maquinas artificiosas, que fabrìca la industria humana? No ay que dudar, que cada una destas cosas, y el enlaze de todas juntas, le excitarian la idea de Dios, excitandole la idea de una causa primera, producidora, y conservadora de tantas, y tan maravillosas obras.
11. Desto infieren, que la idea que tenemos de Dios procede de los sentidos; y del mismo modo piensan, que pueden excitarse las ideas de todas las cosas espirituales: porque ampliando las que se han introducido por los sentidos, combinando, restriñendo, variando, y mudandolas en infinitos modos, resultaràn muchissimas otras distintas de aquellas que llaman materiales, y representaràn à Dios, à los Angeles, y demàs Seres espirituales. Este sentimiento de los Aristotelicos siguen entre los Modernos Gassendo, y Huecio.
12. Platon creyò que avia ideas innatas, esto es, creyò que el alma lleva impressas desde su origen las ideas de las cosas espirituales, de suerte, que estàn en ella contenidas del mismo modo que se contiene el fuego en el eslabon, y en el pedernal; pues assi como en estos cuerpos està preexistente el fuego, y solo se descubre con los golpes que le agitan, y comueven: de la misma manera las ideas de Dios, de la verdad, de lo bueno, y otras semejantes, son innatas en el alma, y no se forman de nuevo, sino que se excitan por las de los sentidos. Por esta razon decia este gran Filosofo, que todo el saber del hombre consiste en acordarse de las cosas, ò que quando se aprenden las ciencias, no se hace mas que bolver à la memoria lo que ya estava en ella, y de nuevo se excita quando se estudia.
13. Cartesio renovò esta opinion, ilustrandola con nuevos argumentos, y satisfaciendo las objeciones, que contra ella propuso Gassendo. Los curiosos pueden leer las Meditaciones de Cartesio, y especialmente la tercera, donde trata con extension de las ideas innatas. Para probarlas, dice este Filosofo, que basta considerar, que el entendimiento no puede concebir las cosas espirituales, è incorporeas, por las materiales, y sensibles, que ni tienen, ni pueden tener comunicacion con ellas. El entendimiento concibe el infinito, y no puede tenerse idea dèl por los sentidos. Tambien tiene idea de la afirmacion, y negacion, que se expressan por las palabras es, no es; y èsta no puede lograrse por los sentidos, ni por ampliacion, restriccion, &c. Demàs desto, la idea de la substancia, esto es, de un Ser, que por sì mismo existe, es innata, porque por los sentidos no se nos comunican sino los accidentes de las cosas, y no obstante con ellos conocemos los Seres en quien existen. Añade, que todas las verdades del Algebra, Geometria, y Arithmetica, las alcanza el entendimiento sin dependencia de los sentidos, porque son puramente abstractas, y no tienen conexion con la materia. Finalmente, quando reflectamos sobre nuestros propios pensamientos, tenemos idea de ellos, la que en manera ninguna puede introducirse por los sentidos, por ser el pensamiento accion propia, y especial del alma, y no tener conexion, ni dependencia de las cosas corporeas. Muchos Modernos siguen en esto à Cartesio, entre los quales son dignos de verse el anonimo Autor del Arte de pensar, y el P. Corsini en su Dialectica.
Proponese nuestra opinion sobre las ideas innatas
14. Siempre he tenido esta famosa question por una de aquellas disputas, que consisten en la equivocacion de las voces. Y creo, que si distinguimos con claridad lo que sucede quando pensamos assi en las cosas corporeas, como espirituales, y declaramos lo que entonces se llama idea, hallarèmos à los mencionados Filosofos conformes en este assumpto.
15. Para mostrarlo, consideremos que el hombre quando viene à este mundo se halla con suma ignorancia de las cosas; y los Filosofos mismos confiessan, que el alma entonces està como un lienzo raìdo. Creyò Cartesio, que la essencia del alma consiste en el pensamiento, y por ello afirmava, que el feto en el vientre de su madre piensa, y que el alma està siempre en actual exercicio de pensar quando el hombre vela, quando duerme, quando ensueña, quando està sano, y quando està enfermo. Mas atendiendo a que cada uno por propia conciencia sabe, que no siempre piensa, y que por experiencia vemos lo contrario de lo que Cartesio establece, por esto ni admitimos esta opinion, ni juzgamos que sea necessario impugnarla. En efecto què pensarà el feto en el vientre de la madre? ¿Y por dònde puede saber Cartesio, que èl mismo en aquel estado pensava? Y si lo sabe, por què no dice en que se ocupavan sus pensamientos? Si piensa un apoplectico, que està como un marmol, por què no dice quando recobra la salud en què pensava durante su enfermedad? Lo que Yo juzgo es, que Cartesio de puro pensar desconcertò el buen orden que debian tener sus mismos pensamientos.
16. Debese pues tener por cierto, que el hombre en su primera infancia no exercita otras acciones, que las que pertenecen à los sentidos, y el Alma entonces solo percibe las impressiones destos sin exercitar otra manera de pensamientos. Percibe pues el infante la dulzura de la leche, el frio, y el calor, y otros objetos, que inmediatamente impressionan à sus sentidos. En todo aquel tiempo se và llenando el Alma, digamoslo assi, de ideas materiales (8) con que percibe los objetos exteriores, y corporeos. En llegando el hombre à la edad proporcionada, ya combina aquellas ideas, y forma juicios, y los enlaza por lo que empieza à rayar la razon. Despues con el uso y muchedumbre de ideas que và combinando, y ampliando, exercita el Alma toda su fuerza, y piensa en las cosas abstractas, y espirituales.
17. Todo ello prueba, que el Alma empieza à exercitar sus facultades por las operaciones de los sentidos, y despues passa à poner en practica las que pertenecen à la razon. El Dr. Conor, Medico del Rey de Polonia, trae el caso de dos hombres que no tenian exercicio de la vista, ni del oido, no sè si por enfermedad ò por falta de comunicacion, y que aviendole conseguido despues, se veian obligados à aprender siendo adultos, lo que solemos ordinariamente enseñar à los muchachos; y no ay que dudar, que si huvieran tenido algunas ideas innatas sin dependencia de los sentidos, huvieran por sus propias fuerzas adquirido las verdades que ignoravan. Por esta razon es cierto, que el Alma no tiene ideas de las cosas espirituales, sino quando es excitada por aquellas que se adquieren con los sentidos externos. Y a la verdad las cosas abstractas que pensamos en las artes, y ciencias, las aprendemos con el estudio, y aplicacion, empezando su exercicio por las operaciones de los sentidos.
18. Por esto convienen casi todos los Filosofos, y no lo niegan aun aquellos que creen en las ideas inatas, que el Alma està tan estrechamente unida con el cuerpo durante la vida, que no puede jamàs exercitar sus operaciones sino con dependencia dèl; de modo, que ay cierta correspondencia entre estas dos substancias, y se executa de suerte, que à determinados movimientos del Cuerpo corresponden ciertas acciones en el Alma, y al contrario. De aqui infieren, que las idèas qualesquiera que sean, se exercitan por los movimietos del Cuerpo, y que la idèa de Dios, del Alma, y demàs cosas espirituales aunque sea inata, necessita de que se excite por otras idèas sensibles, como para manifestarse el fuego que ay en el pedernal, se necessita de los golpes del eslabon.
19. Mas para hacer esto enteramente comprensible, es preciso explicar de què manera se comunican al Alma las impressiones de los objetos exteriores que entran por los sentidos, y la facultad, ò fuerza que tiene el Alma excitada por las idèas materiales dellos para conocer las cosas espirituales. Para entender pues la percepcion que se hace por los sentidos, se ha de saber, que los objetos externos, y corporeos, empujan las partes de nuestro cuerpo, del modo que explicaremos en el capitulo siguiente. Estos cuerpos con su impulso, hacen vibrar los nervios que ay en los organos de los sentidos, y comunicandose esta vibracion hasta el celebro, el Alma en virtud de la union que tiene con el Cuerpo, es determinada à percebir aquel objeto, y esta percepcion es la idea material del mismo.
20. Tambien se ha de suponer, que el Alma tiene fuerza natural, que puede llamarse inata de pensar, y querer, y con esta fuerza piensa, juzga, discurre, y razona assi sobre las cosas corporeas, como sobre las espirituales. Assi mismo es de advertir, que el Alma tiene altamente impressas, y arraigadas en sì misma las semillas de la verdad, justicia, y en una palabra de lo verdadero, y de lo bueno (cosa que conocieron los Gentiles, y Seneca la repite muchas veces en sus Cartas à Lucilio ) y voluntaria, y libremente quiere, ò dexa de querer executar las cosas que penden de su alvedrio. Esto lo explicaremos mejor en adelante.
21. Con estos presupuestos se resuelve facilmente la question. Porque quando el Alma percibe la verdad, el infinito, y otras cosas semejantes, no ay mas que la percepcion, ò acto con que se percibe la verdad, el infinito, &c., y las ideas materiales que excitan al Alma à producir aquella percepcion. De estas cosas ninguna es inata, porque ni lo es la idèa material, ni la percepcion del infinito, &c. La razon es, porque la idèa material todos confiessan que es adquirida, y la espiritual la produce el Alma excitada, y determinada de la idèa material; y si fuera inata la percepcion, no se produciria de nuevo, sino que se descubriria estando antes oculta, y assi el Alma nunca produciria de nuevo acto ninguno, con que es preciso confessar, que solamente es inata en el Alma la fuerza, facultad, y virtud de producir aquella percepcion con que concibe las cosas immateriales.
22. Esto se harà mas perceptible con el exemplo antes propuesto del Joven encerrado en una gruta (10). Quando èste empieza à ver las Estrellas, el Sol, y demàs cuerpos que componen este mundo visible, se vàn formando en su Alma idèas, y percepciones, que son las que llamamos materiales. Pero èstas excitan al Alma de modo, que pone en actual exercicio la inata fuerza que tiene de conocer las cosas incorporeas, y assi conoce à Dios Autor de todo lo que causa su admiracion2. Aqui se vè que no son inatas las ideas materiales que adquirió este Joven por los sentidos, porque ninguno tiene à èstas por tales; ni lo son los actos que produce el Alma excitada por aquellas idèas, con los quales conoce à Dios como à causa primera, y unica de todas las cosas; porque estas percepciones las produce el Alma de nuevo, y solamente lo hace determinada de aquellas ideas corporeas; con que solo serà inata la fuerza que tiene el Alma de concebir las cosas espirituales, y esto nadie lo niega. Si la voz Idea, pues, se toma por esta fuerza del Alma, no ay duda que se avràn de admitir idèas inatas; pero la voz Idèa en el comun modo en que usan della los Filosofos, solo significa la imagen que ay en el Alma quando percibe los objetos, y esta imagen es la misma percepcion, ò acto de pensar en ellos, el qual no es innato. Como Cartesio creyò identificado el pensamiento con el Alma, tal vez por esso tuvo por inatas aquellas ideas, que en la realidad no se distinguen del pensamiento; pero à este modo podria llamar inata al Alma misma, y aun quantas ideas materiales ay en ella, puesto que todas consisten en el pensamiento, ò en las mismas percepciones de las cosas. Resta pues, que las ideas en rigor nunca son inatas, aunque es inata en el Alma la fuerza de producirlas.
De las percepciones de los objetos por los sentidos
Hemos probado en los capitulos antecedentes, que el hombre empieza à pensar excitado de los objetos que impressionan à sus sentidos, y que passa despues à exercitar toda suerte de pensamientos, excitado por las ideas sensibles. Resta aora descubrir de què manera percibe el Alma los objetos que se presentan à los sentidos. Para entender esto se ha de presuponer, que todas las acciones de los sentidos, à las quales llamamos sensaciones, solamente se exercitan en el celebro; de suerte; que la audicion que es el acto de oir, la vision que es el acto de ver, y otras semejantes operaciones, no se hacen en los ojos, ni en los oidos, sino en los sessos3. Esto tal vez causarà novedad à algunos, pero para creerlo basta que consideren que qualquiera cosa que estorba la comunicacion de los organos de los sentidos con el celebro, impide las percepciones de los objetos externos. En la enfermedad llamada guta serena, estàn los ojos sanos; pero por estàr impedida la comunicacion dellos con el celebro por la obstruccion que ay en los nervios opticos, no se exercita la vision. Lo mismo sucede en un paralitico, y apoplectico, que no perciben los objetos que se aplican por desuera, por faltar la debida expedicion que se requiere en el celebro, y los nervios. Assi aunque se aplique ventosas à los apoplecticos, se les hagan sajas, y los atormenten con qualesquiera especie de causticos, nada perciben, y por sola enfermedad del celebro son totalmente insensibles.
24. Quàntas veces acontece estàr un hombre à la vista de una campaña fertil, ò de un Jardin ameno, y no vèr las flores, ni percibir su olor, por estàr casi todo el celebro ocupado de algun otro objeto, de manera que no recibe las impressiones de los que tiene preferentes? Una passion violenta, ò la vehemente aplicacion del entendimiento à algun determinado objeto, suelen à las veces ocupar tanto à un hombre, que no percibe las cosas que tiene preferentes, aunque impressionen mas de cerca à sus sentidos4. S. Agustin dice, que un Presbitero llamado Restituto, algunas veces se abstraia, y yacìa como un muerto de manera, que aunque le punzassen, quemassen, ò de qualquiera fuerte le maltratassen, no sentia dolor alguno5,sin duda porque el celebro no podia recibir las impressiones que los cuerpos exteriores comunicavan à los organos de los sentidos. Por el contrario es cosa certissima, que la idèa de los objetos impressa yà en el celebro, los representa aunque esten distantes, tan vivamente como si estuvieran presente, cosa que experimentan con daño notable los melancolicos, y los muy imaginativos. Aqui pertenece el caso que refiere Cartesio de la mozuela à quien cortaron la pierna, y despues sentia dolor en la pierna que yà no tenia. Algunos miran este hecho como fabuloso, pero es porque no alcanzan hasta donde llegan las fuerzas de la imaginacion. Vendaronla primero los ojos à la enferma, despues le cortaron la pierna, haciendola creer, que solo aplicavan en ella ciertos unguentos, y algunas sajas; con esto no supo, ni pudo entender que se le huviesse cortado la pierna, y à las veces se quexava que tenia dolor en ella, porque el dolor que es percepcion, està solamente en el Alma, y èsta exercita semejante operacion en el celebro, y no en las demàs partes6.
25. Los que son enemigos de los Modernos no creeràn este caso que hemos referido, porque tal vez solo le avràn visto en Cartesio; pero pero se hallaràn forzados à concederle, si leen las Obras del famoso Fabricio Hildano7 Cirujano doctissimo, que escriviò observaciones de Cirugìa, y las propuso con sencillèz, y fidelidad, de suerte que logra general estimacion entre los Professores habiles desta Ciencia. Este Autor8 refiere tres casos enteramente semejantes al de Cartesio, y aun advierte à los Cirujanos que noten esto con cuidado, porque conduce para la curacion.
26. Mas para entender esto perfectamente se ha de notar, que del celebro del hombre salen diez pares de nervios, que se distribuyen en varias partes, y mantienen entres sì reciproca comunicacion. Tambien se ha de saber, que por toda la longitud del espinazo, es à saber, desde la nuca hasta la rabadilla, salen treinta y dos pares de nervios, que se esparcen por todo el cuerpo de modo, que juntandose algunos dellos con los que baxan de la cabeza, y dividiendose otros en subtilissimas hebras, forman telas, vasos, y otras partes de maravillasa arquitectura; pero de modo que conservan siempre comunicacion con el celebro. El diestrissimo Anatomico Raymundo Viussens, Professor de Mompeller, ha hecho dibuxar con tal propiedad, y hermosura el orden, distribucion, y enlazamiento de todos los sobredichos nervios, que hamàs he visto al arte representar mas al vivo los primores de la naturaleza.
27. Consideremos aora, que los nervios estàn con la tension neccessaria, para que vibrandose en un extremo passe la vibracion hasta el otro, al modo que acontece en una cuerda tirante que està atada à dos extremos, pues tocandola con el dedo en uno dellos, passa la vibracion, y se comunica al otro. Deste modo es muy facil que los objetos externos, empujando al extremo de los nervios que està en los organos de los sentidos, hagan comunicar la vibracion al celebro, sin que lo estorben los giros, y circumvoluciones que hacen los nervios por el cuerpo, porque por muy enredados que esten los cabellos, en estirando un pelo desde un extremo se siente en el otro, y el Araña que està en medio de la tela, percibe qualquiera rompimiento que se haga en alguno de sus hilos, no obstante la multitud de sus revoluciones. Es pues cosa averiguada, que del mismo modo se propagan hasta el celebro las impressiones que los objetos comunican à nuestros sentidos por medio de los nervios.
28. El Alma por las leyes de la union que tiene con el cuerpo, es determinada de aquellas vibraciones à percibir el objeto, y como las vibraciones puedan ser muy diferentes, lo son tambien las percepciones que les corresponden. Si un ciego toca con el palo el lodo, le distingue muy bien de la arena, y de la piedra. Esto sucede, porque el palo comunica su vibracion à la mano, y desde èsta se propaga al celebro, donde el Alma percibe que es lodo, ò piedra lo que toca; y como cada uno destos cuerpos comunica diferente impulso al palo, tambien èste causa diferentes vibraciones en los nervios, y las vibraciones diferentes determinan al Alma à distintas percepciones.
29. Por todas estas razones, considerando Cartesio que debia señalarse en el celebro una parte donde el Alma principalmente exercitase estas operaciones, creyò que era la glandula pineal; mas se engañò, porque a ella no vàn à parar los nervios, lo qual era preciso para ser el centro de las vibraciones. Con mas razon estableciò Lancissi, que la parte del celebro donde principalmente exercita el Alma semejantes funciones, es el cuerpo calloso, porque es el lugar donde se halla el origen, y raiz de todos los nervios, y por esta razon con facilidad llegaràn à èl todas las vibraciones que vienen de las demàs partes9. Lo que Yo juzgo es, que no puede saberse fixamente qual sea la parte donde el alma es determinada à percibir los objetos, y tal vez serà todo el celebro, misterio que creo ha de estàr oculto perpetuamente, no obstante las averiguaciones de la mas delicada Anatomìa. Lo que aqui debo advertir es, que en muchissimos libros he visto atribuirse à Cartesio el aver colocado el alma solo en la glandula pineal, y aun he visto declamar contra este Filosofo, y lastimarse de la infelicidad de nuestros tiempos en que se consiente discurrir en cosas Filosoficas con tanta novedad: y lo advierto, porque es cierto que Cartesio no dixo tal cosa, ni aun imaginò decirla, antes bien estableciò lo mismo que establecen los que tanto declaman. En la primera parte de las passiones, articulo 30. dice: Mas para entender mejor estas cosas, el preciso saber, que el alma realmente està unida à todo el cuerpo, ni puede propiamente decirse, que està solamente en una de sus partes, y no en las demàs. El articulo 31. empieza assi: Se ha de saber tambien, que aunque el alma està unida à todo el cuerpo, no obstante ay en èste una parte donde exercita ESPECIALMENTE sus operaciones mas que en las otras.
3ODice pues Cartesio, que el alma està en todo el cuerpo, y que especialmente exercita las operaciones animales en la glandula pineal. Su error en esto fue anatomico, y cada vez que veo la injusticia con que algunos le calumnian, me confirmo en el dictamen de los Diaristas de España10, que asseguran ser muy pocos los que leen las Obras de Cartesio, y ser muchos los que à ciegas las impugnan.
31. De todo lo dicho se colige, que las percepciones de los objetos à las quales llamamos sensaciones, se hacen en el celebro, y no en los organos de los sentidos. Debese aqui advertir, que el celebro no produce la sensacion, ò perecpcion de los objetos sensibles, porque esto es propio del alma; y las fibras de los sessos no hacen mas que recibir las vibraciones que los objetos externos comunican à los nervios, y por ellas se propagan hasta su origen, donde el alma es determinada de aquellas vibraciones à percibir los mismos objetos; y esta determinacion nace de la union que tienen el cuerpo, y alma, y de la reciproca correspondencia en sus operaciones. A la verdad es dificil de comprehender como se haga entre estas dos substancias lo que hemos explicado; pero en el modo que es permitido entre cosas tan arduas, lo hago un poco patente con este exemplo. El General de un Exercito manda à un subalterno suyo, que con una partida de gente guarde un puesto ventajoso, previniendole, que à tal, y tal movimiento del Enemigo, corresponda con tal, ò tal seña, ò con tal, ò tal accion. Para observar el movimiento de los Enemigos, se ponen diferentes centinelas, y atalayas, obligados à comunicar à aquel Gefe los movimientos que observàren. Supongamos aora, que el enemigo hace un movimiento, luego la atalaya mas cercana informa à la otra, èsta à aquella, y assi successivamente và passando, y propagandose la noticia por todas las centinelas hasta el subalterno, el que en virtud de las ordenes recibidas del General, inmediatamente corresponde con aquella operacion en que se han convenido. Figuremonos pues, que Dios queriendo la conservacion del hombre, le ha dado al alma racional atalayas para percibir los objetos que pueden serle utiles, ò dañosos. Estas centinelas son los nervios, y qualquiera movimiento que ellos reciben de los objetos, le propagan hasta el celebro, donde el que preside al cuerpo, es a saber, el alma recibe semejantes impressiones, y alli por las leyes de la union à que està sujeta, es obligada à conocer aquellos objetos, y à corresponder à sus diversos con diversas percepciones. Assi que no es el celebro, ni son los nervios los que tienen las primeras percepciones de las cosas, como creen algunos Modernos, sino el alma determinada de las fibras del celebro.
32. Finalmente en cada una destas percepciones concurren quatro cosas distintas, que no han de confundirse para evitar el error. Es à saber, el objeto externo que aplicado à nuestro cuerpo impele las fibras de los nervios que ay en todas las partes sensibles; la vibracion que reciben estas fibras, y propagan hasta el celebro; el movimiento que reciben las partes del celebro donde el alma principalmente exercira semejantes funciones; y la percepcion, conocimiento, ò idèa de aquellos objetos. De todas estas cosas, la ultima solamente està en el alma, y las otras tres en el cuerpo; pero todas se exercitan con tanta celeridad, que sino se pone ateticion, ay riesgo de confundirlas, y de hecho son muchos los que no las advierten, ni distinguen. De aqui se infiere, que para tratar con perfeccion de los cuerpos que impresionan à los sentidos, se han de considerar, y distinguir las sobredichas percepciones de los objetos que las ocasionan. De aquellas tratamos muchas veces en esta Logica, y destos con mucha extension en mi segundo tomo de Fisica, que, queriendo Dios, luego verà la luz publica.
De la percepcion de los objetos por imaginacion
33. Quando los cuerpos impressionan inmediatamente à los organos de los sentidos, el alma los percibe, y à aquella percepcion llamamos sensacion (23); pero quando ya no tenemos cerca de nosotros los mismos objetos, y los percibimos pintandose en el alma su imagen, los imaginamos, de suerte, que la sensacion es la percepcion de los objetos materiales quando los tenemos presentes, y la imaginacion es la percepcion de los mismos quando estàn distantes, y no impresionan inmediatamente à los sentidos. Por exemplo. Pedro ve un Palacio con muchos jardines, y fuentes. Quando està en el mismo Palacio, percibe todos los objetos que ay en èl por sensaciones ya de la vista, ya del oido. Mas retirado Pedro en su retrete, se le presenta de nuevo la idea de aquel Palacio; y alli le parece que està viendo la hermosura de los jardines, y casi cree que oye el mormullo de las aguas; y sentado en una silla, y suspenso con aquella nueva perspectiva, casi se deleyta de msima manera que quando estuvo en èl. Esta percepcion del Palacio que Pedro tiene en su retrete, se llama imaginacion.
34. Para comprender como imaginamos las cosas, se ha de presuponer, que aquella parte del celebro donde el alma exercita semejantes operaciones (29), es de una substancia blanda, y medulosa, facil de recibir, y mantener las impressiones, que los objetos externos le comunican por medio de los nervios. De aqui es, que las impressiones que recibe de los objetos, las conserva, y como son determinativo del alma para percibirlos (31), cada vez que aquella impression se comueve, el alma por las leyes de la union corresponde con las mismas percepciones. La variedad que ay en los sessos humanos es la causa de la diversidad que se observa en las imaginaciones de los hombres; porque aunque sea verdad que en todos es el celebro dispuesto à recibir las vibraciones que los nervios le comunican, pero no puede negarse, que en unos es mas blando, en otros menos; unos le tienen dispuesto à recibir con facilidad las impressiones, y no à retenerlas, otros al contrario. Algunos se les imprime la vibracion tan fuertemente, que la conservan con suma tenacidad; otros reciben tan levemente las impressiones, que apenas pueden mantenerlas. En resolucion, siendo tan diferentes los sessos humanos, tan distinta su substancia, y tan diverso su temperamento, no ay que estrañar que aya tanta diversidad en las imaginaciones de los hombres. Añadese, que segun fuere la vibracion del celebro, assi es la percepcion del alma como ya hemos visto (28): conque pudiendo variar de infinitos modos la vibracion, tambien seran distintas las percepciones.
35. Por esto ay tanta variedad entre los hombres en aquellas cosas que tocan à la imaginacion. A unos complace la musica, à otros los desazona. Aun aquellos que gustan della no estàn conformes, porque à unos agrada el tono triste, à otros el alegre; à unos atrae un instrumento, a otros los enfada. Del mismo modo parece à unos muy hermoso el objeto, que à otros parece feo; à unos agrada la tela, que à otros disgusta; y assi discurriendo por todas aquellas cosas, que son objeto inmediato de la imaginacion, se hallarà entre los hombres suma variedad. Esta no depende de las almas, que son en todos iguales, segun la mas comun opinion, sino de la diversidad de las partes del cuerpo que las determinan. El Padre Malebranche para explicar estas cosas supone11, que en el celebro quedan huellas, y señales impressas por los objetos, y segun son mas hondas, ò menos las huellas, tanto son mas vivas las percepciones por imaginacion. Este modo de discurrir no se opone con el que hemos sentado, porque no ay duda que las vibraciones pueden ser mas, ò menos fuertes, y las fibras mas, ò menos dispuestas al movimiento, lo que debe causar mucha diversidad en la permanencia, y duracion de las ideas.
36. En los delirantes se observa esto claramente: porque si la enfermedad, ò sus causas impelen las fibras de los nervios, y las hacen vibrar desordenadamente, determinan al alma à producir desconcertadas ideas; y si las fibras con dificultid pierden las vibraciones que han adquirido, ò la causa de la enfermedad continuamente produce otras nuevas, permanece el desorden de las vibraciones, y por consiguiente el de la imaginacion, y el delirio. Por todas estas razones se ha de tener la imaginacion por fuerte en aquellos en quien con mucha viveza se expressan las imagenes de los objetos ausentes, y con dificultad se borran; y por debil en aquellos que con mucha facilidad se les presentan los mismos objetos, pero con igual facilidad se borran sus impressiones. Esto suele ser causa de muchissimos errores que explicarèmos en la segunda parte de esta Logica.
De la percepcion de las cosas por pura inteleccion
37. Hemos explicado hasta aqui las percepciones de los objetos materiales, y sensibles, resta manifestar de què modo percibimos los objetos espirituales; y es de advertir, que assi como à la percepcion de aquellos la nombramos sensacion (23), y imaginacion (33), à la de estos llamamos pura inteleccion. Es cierto que el alma percibe à Dios, à los Angeles, y à sus mismos pensamaientos; y tambien es cierto, que estos no se presentan à los sentidos, y por consiguiente no los percibe por su sensacion, ni imaginacion. Mas no por esso hemos de creer que el alma percibe estos objetos sin dependencia del cuerpo, ni de la imaginacion; antes por el contrario depende en cierto modo de ellos para percibir las cosas espirituales, como hemos ya insinuado hablando de las ideas innatas, y aora haremos ver mas claramente como sucede esto.
38. Es cierto que en el alma ay fuerza de entender, y razonar, y que con esta fuerza alcanza verdades certissimas. El todo es mayor que su parte. Una cosa no puede ser, y no ser à un tiempo mismo. Las cosas que son iguales à una otra, lo son tambien entre sì. Ay una causa primera autora de todas las cosas. Uno añadido à dos, hace tres. Lo bueno se ha de amar, lo malo se debe huir; y otros semejantes axiomas, son verdades clarissimas, que el alma facilmente percibe en empezando à rayar la razon. Estas, y otras muchas que deduce el entendimiento por la fuerza que ay en él de entender, y razonar, son los fundamentos con que despues passa à alcanzar tantas verdades como logra en el exercicio, y estudio de las Artes, y Ciencias. Es tambien cierto que el alma aun estas verdades percibe con dependencia del cuerpo, y nos muestra la experiencia que hasta cierta edad no las alcanzamos, porque tal vez el celebro no està dispuesto à excitarlas. Tambien vemos cada dia perderse el uso de todos estos conocimientos por enfermedad del celebro en los freneticos, y maniaticos. Y en fin las maximas certissimas que dicta la razon natural, no las percibe el alma en la infancia por faltar la disposicion del cuerpo.
39. Juzgo pues que assi como entre las vibraciones del celebro, y percepciones de los objetos sensibles ay cierta correspondencia del modo ya explicado (31); de la misma manera entre cierta vibraciones del celebro, sensaciones, y imaginaciones de las cosas, ay cierta correspondencia con las intelecciones, de modo, que la preferencia de aquellas excita, y determina al alma à èssas. Por exemplo, en el joven, de que hemos hablado en el cap. 4. las Estrellas, el Sol, y demàs cuerpos que se presentan à sus sentidos, ocasionan la percepcion, y sensacion dellos por las leyes de la union del alma con el cuerpo. Despues las mismas vibraciones, y tal vez las sensaciones destos objetos determinan la fuerza de razonar que tiene el alma, y con ella concibe una causa superior à todos aquellos objetos, y producidora dellos. Semejantemente sucede quando pensamos en qualquiera de los objetos que no son sensibles, porque siempre es el alma determinada à conocerlos por las vibraciones que ay en el celebro, y por las sensaciones, ò imaginaciones que las acompañan. Assi puesta en el alma la fuerza de concebir los objetos espirituales, solo ay de parte del cuerpo, y de la imaginacion el determinativo, de aquella fuerza; y como el cuerpo no està en la infancia dispuesto para determinar al alma, ni en aquella edad ay abundancia de sensaciones, ni fuerza de imaginacion para excitarla, por esso en semejante edad no se observa el uso de la razon, ni se perciben los objetos que pueden solamente concebirle por pura inteleccion.
De las inclinaciones del alma
40. Comunmente se dividen en tres las facultades del alma, es à saber, en memoria, entendimiento, y voluntad. La memoria, como despues veremos, no se distingue de la imaginacion, y assi para entender bien las operaciones del alma, basta distinguir, y conocer dos diferentes facultades, es à saber, la de entender, y querer; ò lo que es lo mismo entendimiento, y voluntad. La sensacion, imaginacion, è inteleccion que hemos explicado, pertenecen al entendimiento; à la voluntad toca amar, ò aborrecer los objetos que el entendimiento conoce. Mas para entender perfectamente la naturaleza destas dos facultades, y de sus respectivas operaciones, serà bien presuponer, que ay verdades certissimas que conoce el entendimiento por la luz de la razon, y objetos amables, que quiere, y abraza la voluntad.
41. En quanto à lo primero ya hemos visto que el entendimiento en estando determinado de las ideas materiales, y de las vibraciones del celebro, comprehende, y percibe los objetos espirituales; (39) y de algunos principios ciertos ya combinando, ya componiendo las ideas, ya en diferentes modos enlazandolas, saca consequencias, y razona sobre varios assuntos (38). Assi es comun à todos los hombres, y à todas las Naciones por barbaras que sean12 luego que exercitan la fuerza de razonar, concebir à Dios como Soberano bien. Dirà alguno, que Benito Espinosa, y Pedro Bayle negaron la existencia de Dios quando usaron de toda la fuerza de razonar; mas Yo creo que negò la lengua lo que concedia el corazon, y tengo por muy cierto, que en su interior no podrian resistir à los remordimientos de la razon que se oponia à lo que publicava la voz: Signatum est super nos lumen vultus tui Domine, decia David: Sellada està Señor en nosotros la luz de vuestro semblante. Pueden las passiones, y la imaginacion obscurecer, y perturbar la razon; pueden los impios Atheistas tener ofuscada la idea de Dios, mas no extinguida; porque es de aquellas que necessariamente produce el alma quando es determinada de ciertos objetos, y se halla el cuerpo con disposiciones aptas à excitarla, y no es possible que se presente objeto ninguno à los sentidos, sin que sea motivo bastante de excitar al alma para conocer à Dios.
42. El alma luego que empieza à razonar, no solamente tiene la idea de Dios, sino tambien la de la justicia, la de su felizidad, de la verdad, del bien, y todas aquellas que conocemos por la luz natural. Esto consta clarissimamente, porque si el hombre mas barbaro viesse à alguno que inocentemente quitava la vida à otro, y que le robava, ò que un hijo abofeteava à su padre, ò que mentia, y otras cosas deste genero, no ay duda que las tendria por malas, y sin saber la razon dello las miraria como abominables: por el contrario, si viesse que uno socorria à su proximo, y le ayudava; que hablava siempre con verdad; ò viesse à un criado, que estuviesse resuelto à perder la vida antes que manchar el talamo de su Dueño, es cierto que à estas acciones las tendria por buenas, dictandole la misma naturaleza la bondad, y malicia destas cosas. Estas verdades impressas en el alma, son el fundamento de la Filosofia Moral, y ilustradas con los documentos del Evangelio, y de las santas Escrituras, son la norma segura. para dirigir las costumbres de modo, que puedan los hombres conseguir su eterna felicidad. Con ellas solas, en el modo que las dicta la naturaleza, sin añadirseles la fuerza, y luz superior de la Fè divina, establecieron los Gentiles algunas maximas importantissimas para el buen govierno, y practica de las virtudcs. En Platon, Aristoteles, y otros Griegos, y Ciceron, y Seneca entre los Romanos, se hallan con sola la luz destas verdades algunas maximas morales muy bien fundadas.
43. Esto prueba que ay en todos nosotros la fuerza de conocer estas cosas, la que para ponerse en actual exercicio necessita de la determinacion que pueden dar al alma las ideas materiales de las cosas, las vibraciones del celebro, que como hemos dicho tienen alguna conexion con ellas (39). Mas es de advertir, que aunque la razon descubra la verdad de los propuestos axiomas, y puedan estos servir de basa para alcanzar otras verdades, no obstante es necessario perficionar esta razon para proceder en el descubrimiento dellas con todo acierto, porque las passiones, los sentidos, y la imaginacion suelen à las veces arrebatarla, y obscurecerla. Esta facultad de conocer las cosas abstractas, y de combinar, y deducir unas verdades de otras, es la que sirve, si està bien dirigida, para hallar, y descubrir maximas utiles en el exercicio de las Artes, y Ciencias; y esta misma es la que industriosamente ordena tantos, y tan maravillosos artificios, y maquinas, que sirven para el provecho de los hombres. Por esta razon Plinio el mayor hizo contra la naturaleza una invectiva indigna de tan gran Filosofo. Digo indigna, porque todos los Filosofos antiguos quando hablaron de la naturaleza haciendola sàbia, è inteligente, deben entenderse de Dios como Autor de ella, porque la idea de la naturaleza universal inteligente solo conviene al Hacedor de todas las cosas. Culpava pues Plinio à la naturaleza, porque èsta tratò como madre à las bestias, y à los hombres como madrastra. Nace el hombre, decia, desnudo, y llorando, expuesto à la inclemencia del calor, y del frio, y dispuesto à perecer por falta de alimento, si otro no le socorre; quando por el contrario las bestias nacen con vestido para cubrirse, con organos ya dispuestos para moverse, y con las prevenciones necessarias para buscar el preciso mantenimiento13. Pero debiera aver advertido Plinio, que diò el Criador al hombre la razon, que negò à las bestias, y con ella le diò vestido para cubrirse, y todo lo necessario para mantenerse: porque con esta facultad de razonar que tiene el hombre, deduce una cosa de otra, las combina, y al fin conoce las relaciones, y la verdad, y con la misma examina, y busca quanto es necessario, y provechoso à su conservacion.
44. Pero demás de las facultades ya explicadas, ay en el alma la de querer lo bueno, y aborrecer lo malo, y la llamamos voluntad. De suerte, que Dios quiere la felicidad de los hombres; èsta consiste en la possession del mismo Dios; para que los hombres la consigan, han de amar lo bueno, y aborrecer lo malo, y para esto tiene el alma la facultad de amar, y aborrecer. Por esta razon siempre que el entendimiento concibe un objeto como bueno, la voluntad se mueve à amarlo; y si el entendimiento le concibe como mato, la voluntad se mueve à aborrecerlo: y à estos movimientos de la voluntad, con que se endereza àzia lo bueno, y huye de lo malo, llamamos inclinaciones. Dicen los Filosofos, que la voluntad es potencia ciega, que solamente ama, ò aborrece las cosas segun se las propone el entendimiento. Y es de advertir, que muchas veces el entendimiento propone a la voluntad como bueno à un objeto, que realmente es malo, y por esso la voluntad le abraza, y es causa de muchos desordenes, y pecados. Por esso serà bien que cada uno procure ilustrar al entendimiento, y exercitar la razon, para no errar assi en lo moral, y pràctica de las costumbres, como en el exercicio de las Artes, y Ciencias. Por regla general ha de establecerse, que el sumo bien es Dios. Este ha de ser el objeto principal de todos nuestros conocimientos, y de todas nuestras inclinaciones. Por esso es bueno todo quanto aprovecha, y se endereza à conseguir este sumo bien, y consiguiente lo serà la rectitud de operaciones que dicta la razon, y enseña la Fè, y las Santas Escrituras. Assi para que el entendimiento no padezca error, ni proponga à la voluntad bienes aparentes, serà muy conveniente consultar la razon natural, los documentos de Jesu Christo, la doctrina moral de los Santos Padres, y finalmente todas aquellas cosas que nos muestran palpablemente los errores en que nos precipitamos, y nos enseñan el camino de la verdad.
45. Y bolviendo à nuestro proposito facil es tambien señalar lo bueno, y distinguirlo de lo malo en el exercicio de las artes, y ciencias, mostrando los fundamentos con que el entendimiento ha de dirigirse para hallar la verdad, y evitar el error; y deste modo podrà proponer à la voluntad como bueno lo que lo es realmente, y si esto supieramos hacerlo con buen orden, serìa oy mayor el numero de los sabios, y muchos que piensan serlo tal vez conocerian que no lo son, y que estàn muy lexos de conseguirlo. Desto trataremos largamente en la segunda parte.
De la influencia del cuerpo en las inclinaciones del alma
46. Ya hemos probado, y repetido algunas veces, que el alma es determinada de nuestro de nuestro cuerpo à percibir los objetos, no solo materiales corporeos que se prerentan à los sentidos, sino tambien los espirituales (39). En efecto hemos mostrado, que el cuerpo influye no solo en las ideas que llamamos materiales, es à saber, en la sensacion, è imaginacion, sino tambien en las puras intelecciones. Resta aora vèr, que el alma quando concibe todas estas cosas excita, y comueve al cuerpo de modo, que es reciproca la correspondencia entre estas dos substancias. Las passiones son evidente testimonio desto. En el temor nos bolvemos amarillos, en la verguenza roxos, en la ira inflamados, y assi padece el cuerpo de varias maneras, segun las diversas ideas que ay en el alma. Esto hizo decir à Aristoteles que era impossible mudarse el animo sin experimentar mudanza el cuerpo. La pràctica de la Medicina enseña, que ninguna cosa altera mas el buen orden, de la salud, que las vehementes passiones del alma, y que à cada una dellas corresponden en el cuerpo distintas afecciones14. Es admirable, y digno de leerse el tratado de los caracteres de las passiones escrito por Mr. de la Chambre. Yà en la antiguedad tratò este assunto Theofrasto, y le ha ilustrado en nuestros dias Mr. de la Bruyere, de la Academia Real de las Ciencias. Para entender porque sucede esto, se ha de tener presente lo que hemos dicho de las inclinaciones del alma, es à saber, que èsta se mueve àcia la bueno, y huye de lo malo (44). Tambien se ha de advertir, que la vida es un gran bien, lo es la honra, y lo son aquellas cosas que se consideran necessarias para nuestra conservacion; assi queriendo à èsta, amamos a aquellas. Siguese desto, que quando los objetos se presentan à la voluntad como buenos se mueve à amarlos, y si se concibe grande la bondad, es tambien, grande el amor; y al contrario sucede si se presentan como malos, porque entonces los aborrece. Mas estos movimientos del alma se comunican al cuerpo de modo, que facilmente conocemos en los amantes la passion que los domina, y del mismo modo sucede en los temerosos, è iracundos. El ser unos mas timidos, è irancundos que otros consiste muchas veces en la disposicion del cuerpo, porque su temperamento suele excitar en el alma con mas, ò menos viveza la idea del objeto, como hemos explicado. Galeno compuso un libro de proposito para probar que el temperamento del cuerpo influye en las operaciones del alma, y es digno de leerse por la curiosidad, y erudicion con que està escrito.
47. Pongamos que un melancolico oye à un hombre que le amenaza ha de quitarle la vida. Concibe luego un temor muy grande, porque por su temperamento recibe aquella vibracion con facilidad, y en el celebro hace impression, y huellas hondas; desto se sigue que el alma tiene una idea muy viva de aquel riesgo: y como este objeto, es à saber, el peligro de perder la vida, se presenta à la voluntad como malo, porque priva de un gran bien, el alma por su inclinacion le aborrece, y se mueve à apartarte, lo qual llamamos odio; y si se considera como muy cercano, huye mucho mas, cuya operacion llamamos temor. Pero si el que oyò la amenaza es iracundo, y temerario, no teme, porque la vida la tiene por un ben inferior à la valentia, y la amenaza de perderla no hace en sus fibras la impression que en el melancolico.
48. Es pues cosa certissima, que el temperamento, y disposicion de los organos corporeos influye en las operaciones del alma; y al contrario, las operaciones del alma comueven al cuerpo. No solo comueven al cuerpo las ideas materiales que tiene el alma, sino tambien las espirituales: porque el hallazgo de una verdad excita alegria, y èsta da cierto movimiento à los humores, como suele darle tambien la tristeza. Demàs desto, si los objetos espirituales se presentan como buenos, la voluntad los ama, y se mueve àzia ellos excitando varios afectos de esperanza, de alegria, de deseo, y otros semejantes; y no ay duda que estos causan impression en el cuerpo. De otra manera se conoce esto, porque quando pensamos en Dios, en el alma, y otros objetos espirituales, los nombramos dentro de nosotros con los nombres de Dios, alma, y otros semejantes, y imprimimos la imagen dellos figurandonos algun objeto sensible que los represente; y deste modo despues excitando aquella idea, ò imagen que corresponde à las voces sobredichas, nos acordamos de aquellas cosas. Esto se executa haciendo vibrar en cierto modo al celebro, para que renovandose despues la vibracion, se excite de nuevo la idea, y assi bolvamos aquellos objetos à la memoria. De que se sigue, que las ideas materiales, y las vibraciones del celebro excitan, y determinan al alma à producir las ideas espirituales (38), èstas dexan impresion, y vibracion en el celebro, con que pueden excitarse de nuevo.
49. Por esta razon las verdades abstractas de la Geometria, y Algebra las comprendemos mejor quando las hacemos en algun modo sensibles, explicandolas por lineas, y numeros, porque deste modo quedan las fibras del celebro con cierta vibracion, que les comunica el alma quando percibe aquellas verdades, y despues sirve para excitarlas nuevamente. No puede negarse, que es dificil de comprender còmo las ideas puramente espirituales como la de Dios, del alma, del pensamiento, y otras semejantes, puedan impressionar à una cosa material como es el cuerpo; pero acontece esto en virtud de la union de ambas substancias espiritual, y corporea, y de las leyes con que estàn juntas, y concurren reciprocamente à producir las operaciones; y puede hacerse patente con este exemplo: Dios es infinito: El alma es espiritual: La verdad es buena, son puras intelecciones, cuyos objetos en manera ninguna son materiales, no obstante del entendimiento las traslado al papel, haciendolas en algun modo sensibles, y renovandome las mismas ideas cada vez que leo aquellos nombres escritos. Pues una cosa semejante sucede en el celebro, en quien se excitan vibraciones determinadas quando el alma tiene aquellos pensamientos, y despues renovandose las vibraciones, se renueva la memoria de aquellas intelecciones. De todo esto se sigue, que el cuerpo influye en las operaciones del alma, y el alma comueve al cuerpo; y esto suele ser causa de muchos errores, que manifestaremos en la segunda parte.
Del ingenio, y memoria
50. La influencia que tiene el cuerpo en las operaciones del alma causa muchissima variedad en las percepciones, y circunstancias que las acompañan. Es à la verdad un gran don de la naturaleza un celebro bien dispuesto para comunicar con orden, claridad, y prontitud las vibraciones de los objetos, y para recibir reciprocamente las que se le comunican. Porque ay algunos hombres en quien solo se hace una percepcion obscura de la cosa que se trata, y ay otros que la tienen clara; son unos tardos en comprehender, otros prontos, y assi es suma la variedad, segun la disposicion varia de los sessos humanos. Por ingenio pues entendemos al mismo entendimiento en quanto percibe no una sino muchas ideas, y segun la manera de percibirlas es la indole de los ingenios. Ticio, por exemplo, oye à Cleobulo que habla de un acontecimiento reciente, como de una caida de persona grande, y constituida en dignidad, y al momento se le ofrecen las ideas del sugeto, de la dignidad, y de la grandeza; piensa en alguna vehemente passion que le avrà arrebatado el juicio, le occurren al momento, y casi à un tiempo mismo los motivos antecedentes, las amistades, las expressiones, la inclinacion de aquella persona. Todo esto lo combina, todo lo tiene presente de modo, que como en una ojeada registra hasta las menores circunstancias que pueden aver contribuido à tal acaecimiento; si todas estas cosas digo se le presentan à Ticio con claridad, prontitud, y orden se dirà con razon que tiene buen ingenio. Por el contrario si un sucesso consta de diez partes dignas todas de averiguarse, y su capacidad no llega mas que à dos, ò tres, serà de corto ingenio. Y en el exercicio de las artes, y ciencias no ay que esperar progressos grandes sino de los primeros, es decir, de aquellos ingenios que en una cosa descubren todas sus partes, la miran por todos los lados, y con prontitud, y claridad las ordenan, y combinan.
51. Mas se ha de advertir, que como estas cosas proceden por la mayor parte de la fabrica del celebro, y èste sea diferente en cada sugeto, por esso ay tanta variedad en los ingenios de los hombres. Si las fibras que reciben las impressiones externas son faciles en comunicarlas, son prontas las percepciones; si se vibran diferentemente sin perturbarse las unas à las otras, son claras, y distintas; si la vibracion de las unas excita la de las cercanas, se hacen muchas percepciones en un momento. Aora considere qualquiera quànta es la variedad de las fibras del celebro teniendolas uno gruessas, otro delgadas, uno faciles, otro dificiles à vibrarse? Para dàr un exemplo sensible desto, considerese una tela de seda, como el damasco con muchas flores; vease el enlaze de las hebras, y adviertase que no se confunden unas con otras, antes siendo muchissimas, y de colores diferentes, la industria del Artifice las dispone de modo, que à ciertos movimientos suyos obedecen, y forman una tela maravillosa. Mas pensemos aora lo que sucede en la fabrica del paño, y veremos hilos entretexidos, pero no tan enlazados, ni con tanta facilidad en moverse, ni tan numerosos, ni dispuestos a fabricar una obra tan primorosa como la antecedente. Esta diferencia hallo Yo entre los ingenios, y las fibras de los sessos humanos, pues la multitud dellas, su delgadez, flexibilidad, facilidad y obediencia à los movimientos, y en fin destreza, y prontitud en vibrarse sin confundirse hacen un ingenio agudo, claro, penetrante, pronto, y primoroso; y por el contrario la torpeza en el movimiento, y confussion entre las fibras, le hacen corto, y obscuro.
52. Si La razon de todo esto es, porque las vibraciones del celebro excitan al alma de modo, que segun èstas fueren seràn las percepciones. Demàs desto las ideas del alma se comunican en algun modo al celebro (49), con que si las fibras deste que han recibido tantas, y tan varias impressiones las retienen, si se mueven sin embarazarse unas à otras, si se vibran con facilidad y prontitud, y se ordenan con metodo, y buena harmonia, no ay que dudar que determinaràn al alma à ideas claras, prontas, bien combinadas, y ordenadas con claridad, y assi formaràn un grande ingenio. Esta es la razon por que se muda el ingenio de los hombres con la edad15, pues muchos que en la joventud son ingeniosos, en la vejèz dexan de serlo, no por otra causa, sino porque las edades mudan el temperamento de los sessos, y de sus fibras. Lo mismo hacen à veces las enfermedades, y cada dia vemos, que despues de una grave dolencia se queda estulto el que antes della era ingenioso, porque la enfermedad suele trastrocar la buena harmonia de las partes del celebro.
53. La memoria no es distinta de la imaginacion, porque acordarnos de una cosa es imaginarla de nuevo, ò es bolverse à representar la imagen que tuvimos della, lo qual es propiamente imaginar. Es verdad que nos acordamos no solo de los objetos materiales, ò por decirlo logicamente de las ideas materiales (8), sino tambien de las espirituales; pero es bien advertir, que èstas se imprimen en algun modo en el celebro (49), esto es, se hacen en cierta manera sensibles, y por esso despues nos acordamos dellas del mismo modo que imaginamos estas cosas, porque la imaginacion es solo renovacion de ideas que eran antes sensibles (33). Por exemplo: Concebimos à Dios representandonos alguna forma sensible, ò à lo menos imprimimos en nosotros sensiblemente la voz Dios (48). Percibimos tambien las verdades de la Geometria, pintando las lineas en nuestro celebro. Assi quando nos acordamos despues destas cosas, lo hacemos excitando de nuevo estas imagenes sensibles, y deste modo las percibimos por imaginacion.
54. Como quiera que esto sea, no ay duda ninguna en que para acordarnos de las cosas no es menester mas que vibrarse de nuevo las partes del celebro, y moverse con las mismas vibraciones que antes. Por exemplo: Ve Ticio à Cleobulo que da una limosna: entonces se vibran las fibras nerviosa de Ticio de modo que determinan al alma à percibir aquellas cosas, y combinarlas. Siempre que en Ticio se moveràn las fibras del celebro de la misma manera, se le bolveràn à excitar en el alma las mismas ideas, y assi concebirà los mismos objetos, lo qual es acordarse, ò tener memoria dellos. De otro modo, pero semejante à èste, acontece en la memoria de los objetos espirituales. Pienso yo, por exemplo, en Dios, y entonces imprimo en mi celebro el movimiento, ò vibracion que corresponde à la voz Dios quando la tenemos dentro de nosotros sin proferirla. Siempre que las fibras del celebro tendràn de nuevo la vibracion que corresponde à la voz Dios, que imprimo quando pienso, se excitarà de nuevo en el alma la idea de Dios, y assi se renueva la memoria de Dios. Del mismo modo, quando à solas pienso dentro de mì, y digo: Soy hombre estudioso, corresponden la idea de hombre, y de estudioso, y imprimo en el celebro las huellas de las voces con que los nombro; cosa que explicò muy bien Aristoteles16, y qualquiera conocerà ser assi como quiera meditar un poco sobre lo que lo sucede interiormente quando piensa. Conque siempre que se excitarà la vibracion del celebro correspondiente à las voces sobredichas juntas, y combinadas, me acordarè de aquel pensamiento.
55. Aqui se ha de advertir, que las ideas unas son simples y otras compuestas; y de ordinario quando percibimos una cosa, no la percibimos sola, sino con la adherencia de muchas circunstancias que suelen acompañarla. De aqui es, que para acordarnos de una cosa basta, que nos buelva à la memoria qualquiera de aquellas circunstancias que la acompañavan al tiempo de percibirla. Tambien se ha de notar, que no todas las circunstancias, que acompañan à una cosa, las percibimos con igual claridad, ni nos hacen igual impression, y por esso nos acordamos mejor de unas que de otras. Por exemplo: O he visto, ò me han contado, que en tal sitio huvo una batalla, y que en ella pereciò un grande amigo mio. Siempre que se hablarà de aquella batalla, se renovarà la memoria del sitio, y del amigo, porque se me imprimiò la idea con todas aquellas circunstancias. Del mismo modo si tengo noticia, que tal año falleciò un valedor mio; siempre que me hallo en algun grave negocio, y no puedo salir con èl, me acuerdo del valedor, de su muerte, y del año, porque todas estas cosas estàn juntas quando se imprimen en el celebro, y es muy facil que al vibrarse las fibras, y renovarse los movimientos que imprimieron en ellas los objetos, se vibren tambien las otras que se movieron juntamente con aquellas: al modo que sucede con dos cuerdas que estàn en unisonus, que en tocando la una, por la correspondencia que entre sì tienen, se mueve, y suena la otra.
56. Como todas las cosas suelen tener entre sì mucha travazon, por esso es muy regular percibir algunas dellas juntas, ò con cierta dependencia, y despues acordarnos igualmente de todas. Por esta razon es convenientissimo à los que estudian encadenar las verdades, y principios de las cosas para acordarse mejor dellas, porque el percibirlas juntas es el mejor medio para bolverlas à la memoria. Y este es el motivo porque quando se enseña una ciencia sin metodo, con dificultad se percibe, y con trabajo se retiene. Tambien se ha de notar, que unas ideas, y unas vibraciones excitan à otras con tal que sean semejantes, y en algun modo se parezcan. Si he visto una pintura, ò una estatua que representa à un hombre, y se le parece mucho, luego que se me presenta el un obgeto me acuerdo del otro, porque èste hace vibrar las fibras del celebro que recibieron la impression de aquel; y por este motivo quando estamos en conversacion con hombres entendidos se nos vienen à la memoria infinitas cosas fuera de las que hablamos, porque la semejanza, conexion, y dependencia que reciprocamente tienen entre sì, hace que no pueda excitarse la vibracion de unas, sin moverse la de otras. De aquellas cosas que mas se nos imprimen, mas nos acordamos, porque como dexaron huellas, y señales hondas en el celebro, no se borran sino con dificultad, y facilmente se renuevan. Deste modo se comprenderá lo que sucede quando estamos cerca de acordarnos de una cosa, y no acabamos de caer en ella, y falta tan poco para que nos buelva à la memoria, que si es en la conversacion solemos decir que la tenemos en el pico de lengua. Entonces està obscurecida la idea de que queremos acordarnos, pero como se excitan otras semejantes, se vibran las fibras del celebro casi del mismo modo que si se movieran para excitar la idea principal, por esso decimos que la tenemos en el pico de la lengua, que es decir, que tenemos otras ideas tan semejantes à aquella, que falta muy poco para que nos acordemos della, y en efecto si llega el caso de pensar en alguna de las cosas que estavan atadas, y juntas con la idea principal de que queremos acordarnos, luego èsta se renueva. A este modo pueden entenderse muchas sosas curiosas sobre la memoria.
57. Resta solamente aora advertir una cosa muy conducente para entender lo dicho, y para descubrir algunos errores pertenecientes à este assunto, es à saber, que quando se vibran las fibras del celebro comunican su movimiento al fluido que ay en los nervios, porque es cosa averiguada entre los buenos Anatomicos, que las partes fluidas del cuerpo humano, y en especial el liquor de los nervios, hacen mover à la partes solidas, y fibras, y èstas reciprocamente comunican su movimiento à las fluidas de modo, que esta mutua correspondencia es una de las causas principales de la salud, y de la enfermedad, segun su buen orden, ò destemplanza. Siguese desto, que quando se vibran las fibras del celebro se imprime aquel movimiento à los humores, y que quando èstos se mueven con la misma especie de movimiento, causaràn nueva vibracion en las fibras, y por consiguiente determinaràn de nuevo al alma à acordarte de las cosas. Por esta razon siempre que por qualquiera motivo se muevan los humores, ò liquor que ay en los nervios con aquel mismo movimiento que adquirieron de la vibracion de las fibras quando èstas determinaron al alma à algun pensamiento, se bolveràn à vibrar de la misma manera entonces, y del mismo modo determinaràn al alma à pensar en aquel objeto que excita la vibracion lo qual es acordarse. Tal vez por esto quando nos empezamos à sentir indispuestos, ò quando nuestro cuerpo padece notable alteracion en sus partes, se nos vienen à la menioria las cosas que teniamos olvidadas, porque esta novedad suele poner confussion en las vibraciones, y en los humores, y suelen moverse las fibras del modo que en tiempos passados se movieron excitadas de algun objeto, y quedava casi obscurecida su impression. Por exemplo: Ticio experimentò en su juventud grandes peligros, y en algunas ocasiones estuvo en parage de perder la vida, y la fama, de lo que recibiò grande opression de animo, y mucho temor; pero despues andando el tiempo se viò lleno de felizidades, y las logrò por muchos años olvidando enteramente los trabajos passados. Mas empieza Ticio à sentirse indispuesto, vienele una pesada melancolìa, y luego le buelven à la memoria sus passadas fortunas, sus temores, y perturbaciones, y tal vez esta memoria nueva le atormenta tanto como la passada. Desto tengo en la practica de la Medicina muchos exemplares, y los deben de tener aquellos que olvidados de sus obligaciones viven desordenadamente, y quando caen en la cuenta nada les lleva el animo mas perturbado, que la memoria de sus omissiones, ò de su passado olvido. En la enfermedad de Ticio se empieza à perturbar el orden de los movimientos, assi de las partes solidas, como de las fluidas, y como la impression que hicieron los objetos en la joventud aunque està en su celebro apagada no està del todo extinguida, por esso despues entre tanta confussion facilmente se renueva, y sus mismos humores alterados por la enfermedad sirven para excitarla. Este mismo movimiento de los humores es la causa, de los ensueños, en que parece venirnos à la memoria cosas olvidadas, y alguna veces cosas nunca pensadas, ni imaginadas. Porque los nervios en el sueño, ò por la enfermedad, y si es en estado de salud, por los vapores que pueden comunicarseles, se vibran à veces con bastante orden, otras veces con mucha perturbacion; y como à ciertas vibraciones de las fibras del celebro corresponde el alma con ciertas percepciones (28), por esso entonces vibrandose segun en otro tiempo lo hicieron, excitan la memoria de las cosas passadas de modo, que si ay orden en las vibraciones seràn las percepciones regladas, y al contrario. Mas como falta en el sueño el exercicio de la razon, por esso raras veces tienen los ensueños conexion, ni enlazamiento, y si alguna vez le tienen, es por ser casualmente reglado orden de las vibraciones.
Del juicio
58. Para explicar en què consiste el juicio, se ha de saber, que aunque los hombres tienen inclinacion à la verdad, y al bien, no obstante ay en todos una fuerza libre de consentir, ò no consentir a la verdad, y de amar, ò aborrecer el bien, y esta fuerza es la que llamamos libre alvedrio. Su existencia consta por la Fè divina, y cada uno puede convencerse della por propia conciencia, reflexionando un poco sobre lo que passa dentro de sì quando quiere, ò no quiere una cosa, o quando consiente, ò dissiente à una proposicion. Los Theologos Catolicos tratan largamente del libre alvedrio del hombre, y explican con claridad, y metodo quanto ay que saber en la materia; pero aora por lo que puede servir para evitar el error en las Artes, y Ciencias à que se endereza este escrito, explicarè breve, y logicamente còmo podemos hacer buen uso de nuestra libertad.
59. Ya hemos dicho que el alma tiene inclinacion natural àzia el bien, y que quiere, y ama la verdad como un bien especial. Por esta razon nunca ama, ni quiere ningun objeto si no se le presenta como bueno, ni assiente à una proposicion si no se le ofrece como verdadera, ù à lo menos como verosimil. Tambien hemos notado, que la voluntad es informada del entendimiento sobre la bondad de las cosas, y por consiguiente que ama, y quiere los objetos segun se los presenta el entendimiento (44). Siguese desto, que si el entendimiento en lugar de proponer a la voluntad un bien real, y verdadero, se lo propone aparente, y fingido, èsta le ama, y assi se siguen infinitos defectos en lo moral, porque sucede muchissimas veces no informarse el entendimiento del modo que es necessario para conocer el verdadero bien, ni atender a todas las cosas que debe tener presentes para distinguirle del aparente, y falso, por lo que à la voluntad se lo comunica en el modo mismo, y assi sucede amar èsta como à buena una cosa que solo es buena en la apariencia, y mala en la realidad.
60. La rectitud pues del juicio consiste en no consentir, ni tener por verdadero bien sino al que realmente lo es, y en tener solamente por verdadera la proposicion que lo es en realidad; y quanto mas atinado sea el hombre en distinguir, y conocer estas cosas, tanto tiene mas firme, y mejor el juicio. Para conocer los verdaderos bienes, y distinguirlos de los falsos, se ha de consultar la razon, y luz natural, que Dios ha sellado, è impresso en los corazones de los hombres, se han de practicar los divinos documentos del Evangelio de Jesu Christo, las maximas que dictan las Santas Escrituras, la doctrina que enseñan los Santos Padres, y por decirlo de una vez, lo que enseña la Santa Iglesia Catolica Romana. Con tantas, y tan soberanas luces, y con la gracia de Jesu Christo puede el entendimiento conocer qual sea el verdadero bien, y distinguirlo del falso, y aparente; pero no obstante sucede no pocas veces que las passiones, los apetitos, y los sentidos obscurecen estas verdades, y ocasionan el desorden, y la maldad, representandolas con apariencias del bien: esto es por lo que toca à la moral.
61. En quanto à las Artes, y Ciencias hemos de colocar las verdades en tres classes: unas son evidentes, otras certissimas, otras solamente probables. Los primeros axiomas que el alma conoce quando hace uso de la razon, las verdades de la Geometria, y muchas de las que adquirimos por los sentidos quando hacemos buen uso dellos, son evidentes, y el entendimiento, puesta la atencion necessaria, facilmente las conoce. Las verdades que alcanzamos por la Fè son certissimas, porque son dictadas por Dios, que ni puede engañarse ni engañarnos. Las probables son aquellas que alcanzamos con el trabajo, y estudio, sin tener certidumbre dellas, y son la mayor parte de las que posseemos con el exercicio de las Artes, y Ciencias.
62. Todas las verdades indubitables, ya sean adquiridas por la Fè, ya sean de suyo evidentes, son principios fundamentales sobre que se edifica la fabrica de las Artes, y Ciencias, y en èstas seràn mas conformes à la verdad aquellas máximas que fueren mas conformes à los sobredichos principios. Las verdades que llamamos experimentales tienen por fundamento la practica, y buen uso de las cosas que se presentan à los sentidos, la qual llamamos experiencia, y para bien establecerla se ha de saber, no solo el modo de percibir los objetos sensibles, sino tambien los errores en que caemos por hacer mal uso de semejantes percepciones; y como estos errores consisten en el juicio, por esso aun en estas ciencias es necessario dirigirle con acierto; y es cosa certissima, que assi en estas cosas como en qualesquiera artes, y estudios la rectitud del juicio consiste en no tener por bien verdadero al que es falso, ò aparente, ni por verdad lo que no lo es. Ay ciertas cosas en que es dificil alcanzar la verdad, porque Dios ha querido que fuessen ocultas como son las causas17 de las operaciones de la naturaleza, porque nos basta de las cosas sensibles el uso que podemos hacer dellas, y no nos es necessario el conocimiento de sus causas. Quando se trata dellas por lo ordinario, nos contentamos con la verosimilitud, y èsta consiste en la semejanza de la verdad. Pero es de notar, que aun en semejantes ciencias se han de sentar principios verdaderos, que sirvan de basa, y fundamento para deducir otros, y assi se han de combinar las cosas las quales seràn tanto mas verosimiles, quanto mas se acerquen a aquellos principios; y en su exercicio serà de mas recto juicio el que dè su assenso solamente à aquellas ideas, que sean conformes à los principios ciertos, y en ningun modo se opongan à verdades yà conocidas, ò de qualquier modo averiguadas. Mas sobre esto puede verse lo que he escrito en el tratado proemial de mi primer Tomo de Fisica.
63. Siguese de todo lo dicho, que para governar bien el juicio, y hacer buen uso de nuestra libertad, debemos ilustrar la razon natural, recoger quantas verdades ciertas pueda adquirir el entendimiento, y en todas las cosas combinar dichas verdades, atender à todas, y no determinarse sino quando ya se vea la conformidad de lo que se busca con ellas. Afirmar las cosas sin examinarlas mas que por un lado, es propio de ingenios credulos, que caen con mucha facilidad en el error. Y como es tanta la extension de cosas que debe tener presente el que juzga, y son tan pocos los que aplican el trabajo necessario para saberlas, por esto se ven tantos juicios hechos con temeridad, y precipitacion. Ilustraremos mas esto en el capitulo siguiente.
De la proposiciones, y su afirmacion, y negacion
64. De qualquiera manera que perciba el entendimiento las cosas, sea por sensacion, imaginacion, ò inteleccion, siempre las conoce por la simple percepcion, por el juicio, ò por el discurso (4). La simple percepcion quando yà el hombre empieza a razonar, nunca, ò muy raras veces se halla sola en el entendimiento, porque no solemos percibir una cosa sin afirmar, ò negar della alguna otra. El discurso se compone de juicios enlazados entre sì; con que el modo mas comun, y frequente de pensar en las cosas es por proposiciones, que no son otra cosa que juicios. Los que enseñan la Logica en las Escuelas ordinariamente distinguen muchas suertes de proposiciones, y las dividen en universal, y particular; de materia necessaria, ò contingente; en simples, ò compuestas, y en otras muchas especies que no necessitan de explicacion, porque con mediana atencion las conocen muy bien aun aquellos que no frequentan las Aulas.
65. Lo que me parccc mas digno de saberse en las proposiciones es la naturaleza de la afirmacion, y negacion. Siempre que los dos extremos de la proposicion se juntan con el verbo, ser, se tiene èsta por afirmativa, y si se separan por las voces non est, ó no es por negativa (6). En esto assi generalmente entendido no ay duda ninguna; pero es menester explicar lo que quiere decir afirmacion, para no caer en el abuso de las disputas verbales. Afirmar significa, como hemos dicho, juntar en el entendimiento dos ideas por el verbo ser, ù otro que puede reducirse à èste. Afirmar significa tambien assegurar una cosa consintiendo en ella. Quando juntamos en el entendimiento las ideas de monte, y de oro, diciendo: El monte es oro, afirmamos en el primer modo, y no en el segundo, porque aunque tengamos juntas estas ideas, no assentimos à semejante proposicion. Lo mismo ha de entenderse desta proposicion: Pedro es piedra, la qual es afirmativa en el primer modo, mas no afirmamos en ella ser Pedro piedra en el segundo. Esta diferencia consiste, en que la afirmacion con que solo juntamos los extremos qualesquiera que sean, es obra del ingenio, ò de la imaginacion, mas la afirmacion con que assentimos à una proposicion es obra del juicio. Y sucede muchissimas veces hallarse en el entendimiento muchas combinaciones de ideas diferentes, sin aprobarlas el juicio, porque èste assiente à la verdad de una proposicion, quando ya ha visto la conexion que tiene con los principios, y axiomas (62);assi quando decimos Pedro es piedra, en la idea de Pedro considera el juicio la de hombre, la de viviente sensitivo, y racional; y en la idea de la piedra concibe la de un cuerpo duro, è incapaz de vida, y sentimiento, y no pudiendo juntar, ni combinar estas ideas, no assiente à semejante proposicion.
66. Por esto serà bien advertir, que tenemos muchas percepciones de las cosas sin assentir à ellas, y por consiguiente, que no es lo mismo pensar, que consentir. Muchos de conciencia delicada se equivocan en esto, porque no se paran à meditar lo que les sucede en la variedad de sus pensamientos; pero si reflexionan un poco conoceràn claramente, que las percepciones que tenemos por los sentidos, puesta la buena disposicion de sus organos, no pueden dexar de seguirle à las vibraciones que reciben los nervios, y se propagan hasta el celebro en virtud de las leyes de la union del alma con el cuerpo (28). Las percepciones que tenemos por imaginacion, y por memoria, deben tambien seguirse à ciertas vibraciones de las fibras del celebro, que tienen cierta conexion con ellas, como hemos explicado (34). Son pues propiamente libres el assenso, y dissenso, que pertenecen al juicio.
67. Mis como este assumpto sea importantissimo, serà bien declararle con algunos exemplos. Presentase Ariston delante de un arbol, ò de un jardin, y si tiene los ojos sanos, y bien dispuestos, no puede dexar de ver aquellos objetos. Estarà à la verdad en su alvedrio algunas veces ponerse delante del jardin, ò del arbol; mas ya puesto, y aplicado à mararlos, no puede evitar el verlos. Si el arbol es grande, ò pequeño, y el jardin ameno, y divertido, luego acompañarà à la vision dellos el juicio afirmativo: El jardin es ameno, el arbol es grande, y estas proposiciones son en todas maneras afirmativas, porque al tiempo que junta al arbol la idea de grande, por el uso, y experiencia de las cosas, sabe que le conviene, y assi lo afirma, y lo consiente; y lo mismo sucede quando la idea de la amenidad la apropia al jardin. Supongamos aora, que Ariston es curioso en las cosas naturales, y luego su curiosidad le mueve à saber què arbol es el que tiene por grande. Aqui no hallandose con bastantes noticias experimentales para asegurarlo, queda dudoso, ò suspende su juicio, y esta suspension sin afirmar, ni negar no es otra cosa, que el exercicio de su libertad, con la qual consiente, dissiente, ò suspende el assenso, y dissenso à su alvedrio. Mas ya Ariston examinando las partes del arbol, su forma externa, su figura, y todas las demàs cosas necessarias, combinandolas con otras de que tiene ciencia, y experiencia cierta, assiente à que el arbol grande es almendro. No ay que dudar, que quando Ariston averiguava què arbol era el que veìa, tendria dentro de sì varios pensamientos con que le compararia hasta encontrar con aquèl que tenia entera conveniencia con el que buscava, y assi interiormente diria: Este arbol parece sauce, y afirmava en el primer modo en quanto juntava la idea de sauce à la de aquel arbol; mas no en el segundo, porque no hallando entre el arbol presente, y el sauce la relacion necessaria que debia corresponder à su experiencia, no assentia à que lo fuesse. Del mismo modo pensaria en otros arboles, y de ninguno lo afirmaria con assenso hasta llegar al almendro.
68. De otro modo le sucede à Ticio, que paseando con serenidad de animo, ve à Crisias su mayor enemigo, que quiso tal vez en otro tiempo quitarle la vida, y la fama. Luego que Ticio le descubre, percibe à Crisias, y junta la idea de enemigo, diciendo dentro de sì: Crisias es mi enemigo; Crisias me quiso quitar la vida; Crisias intentò quitarme la fama. Pero al mismo tiempo se le excita à Ticio la memoria del agravio, y maldad de Crisias, y los afectos de ira, de odio, ù de venganza. Ello le executa en Ticio tan aprisa, que casi lo mismo es ver à Crisias, que suceder todo lo referido. La primera percepcion de Crisias, que tuvo Ticio, no fue voluntaria, puesta la aplicacion en el modo dicho. Tampoco lo fue la memoria del agravio, y de la ofensa. Lo son solamente los juicios, ò proposiciones propuestas, y los son mucho mas los juicios que suelen seguirse à los afectos, como si Ticio llevado de la ira dixesse: He de vengarme, y otros semejantes. Aqui se han de distinguir los afectos, è inclinaciones que se excitan en Ticio quando ve à Crisias, de los juicios que de ordinario suele Ticio juntar con ellos, porque el primer movimiento de aversion àzia Crisias, excitado de la primera percepcion que aquèl tuvo deste, no es voluntario, y los Filosofos le llaman motus primo primus; pero los juicios que suelen acompañar aquellos movimientos, son voluntarios, y puede Ticio, y debe apartarlos, y en algunas ocasiones aplicar todas sus fuerzas para reprimirlos.
69. Siguese de lo dicho, que los errores estàn en el juicio, y que debemos trabajar en dirigirle con acierto para proceder con rectitud, en el examen de la verdad. Tambien es de notar, que han de distinguirse las operaciones libres del alma, de las que no lo son, porque este conocimiento importa mucho para poder hacer buen uso de nuestra libertad. Algunos Modernos hacen actos de la voluntad, y no del entendimiento, al assenso, y dissenso, y por consiguiente al juicio; y lo fundan en que à nuestro alvedrio consentimos en las proposiciones, ò dissentimos à ellas quando queremos, lo que parece propio de la voluntad. Esta question la tengo por poco util para hallar la verdad, y evitar el error en las Artes, y Ciencias. Lo que Yo juzgo es, que en el alma no son potencias distintas el entendimiento, y voluntad, sino que son el alma misma en quanto piensa, y quiere, y que estas denominaciones, y distinciones de potencias solo se toman de los diversos actos que exercita; y assi siempre que piensa, ya sea imaginando, ya sintiendo, ya acordandose de las cosas, ya hallandolas, ya combinandolas, lo hace el alma por una fuerza que llamamos entendimiento; y siempre que ama, ù aborrece, assiente, ò dissiente à las proposiciones, lo hace el alma misma, y aquella fuerza con que libremente exercita estos actos llamamos voluntad.
Del raciocinio
70. Suele el entendimiento percibir facilmente la verdad de los primeros axiomas, pero apenas empieza à exercitar la razon, quando todas las verdades algo dificiles las averigua por el raciocinio. Esta facultad, ò fuerza de razonar que tiene el hombre, es la que le distingue de los brutos, y con ella inventa tantas, y tan prodigiosas obras como cada dia halla, la industria humana. Siempre que al entendimiento se le presentan algunos objetos para assentir, ò dissentir à la identidad dellos, necessita del razonamiento, y aquella operacion del alma que hemos llamado juicio con la qual afirmamos, ò negamos las cosas assintiendo à la verdad, ò la falsedad della (65), es siempre una proposicion que razonando deducimos de otras. No ay ningun hombre por insensato que sea, que no piense tener razon quando afirma, ò niega una cosa de otra, porque no ay ninguno que no funde su assenso en algunas premissas. Hasta los niños deducen unas cosas de otras luego que empiezan à comunicar con las gentes. Es verdad que no se hace esto poniendo proposiciones en forma filogistica, como lo hacemos ya adultos, y enseñados, pero se executa por un raciocinio natural, y con natural Logica de que todos gozan, y con que concluyen una cosa de otra. Por exemplo. A un niño se le pregunta, por què no va à la escuela? Y responde: Porque el Maestro castiga a los muchachos que no saben la leccion. Esta respuesta incluye dentro de su entendimiento estas razones: El Maestro castiga à los que no saben la leccion: yo no la sè: luego me castigarà; ò estas otras: El Maestro castiga à los que no estudian: luego sino estudio me castigarà: Yo no quiero estudiar porque quiero roholgarme, pues no voy à la Escuela. Del mismo modo razona un adulto cuando ha de assentir, ò dissentir à una cosa, de suerte que siempre antecede, ò acompaña al assenso aquel numero de proposiciones, y coordinacion que se requiere para convencerse.
71. De aqui se infiere, que el error en las premissas induce error en la proposicion que se deduce de ellas. Y es digno de consideracion, que casi siempre erramos por assentir à las premissas, y por no examinarlas como es necessario para enterarnos de la verdad. Por exemplo. Se propone à Ariston una gran dignidad peligrosa para la conciencia, y util para conseguir la vana ostentacion del mundo. Hace varios discursos sobre si le convendrà, ò no admitirla, y se resuelve à esto, porque dice: La dignidad que se me presenta me engrandece, me hace rico, me coloca en superior grado respeto de los demàs hombres, me dispone para engrandecer mis parientes, me da ostentacion y me da autoridad; todas estas cosas me convienen: luego esta dignidad me conviene. Pongamos aora que Ariston fuesse uno de aquellos hombres que conocen enteramente los engaños del mundo, y presentandole la dignidad diria: Quanto mas alto estuviere, mayor serà mi caìda, mayores mis obligaciones, menores mis fuerzas para cumplirlas. Los cuidados que lleva consigo esta dignidad son grandes, mi flaqueza es mucha. El tener riquezas, ostentacion, grandeza, y comodidades hincha el amor propio, despierta las passiones, empeora la condicion: què serè yo pues en aquella dignidad sino un hombre grande, y sossegado al parecer, pero muy pequeño, y abatido en la realidad? Y por estas razones desprecia el cargo. No ay hombre que no razone desta, ù otra manera semejante para juzgar, y hacer las cosas. Si yerra, comunmente yerra en las premissas tomando por bueno lo que no lo es, ò teniendo por verdadero lo que es falso. Piense cada uno un poco con lo que le sucede en el trato civil del Mundo, y verà como en esto digo verdad.
72. Alguna vez està el error en la consequencia, pero muy pocas, porque con sola la Logica, y razon natural conocen los nombres si los juicios tienen entre sì conexion. Por esto los hombres comunmente caen en el error, por ser faciles en assentir à las premissas, y muy raras veces por las malas consequencias. La consequencia no es otra cosa, que la conexion, ò enlace necessario que tiene una proposicion con otra, de que nos aprovechamos para probarla. Esta conexion es tan clara, que el alma con la fuerza de razonar facilmente la conoce. El P. Feijoò dice, que todo hombre de buena razon al momento que sobre materia que tiene estudiada se le propone un silogismo vicioso, sin atencion à regla alguna, y aun sin memoria, y estudio della, conoce que es defectuoso, sin duda porque conoce que no ay conexion entre la proposicion ultima, y las antecedentes. No obstante como en las Escuelas se tratan materias dificiles, y es muy loable el estilo de averiguarlas con la forma silogistica, tengo por buena la practica, y costumbre de mostrar à los principiantes las reglas de silogizar, bien que me consta por experiencia, que con el uso, y exercicio se aprenden mejor que con tanta baraunda de reglas, y modos como se suelen enseñar, los quales si se reduxeran à una medida reglada, serian mas utiles.
73. Pero como yo no escrivo esta Logica pira los que siguen el curso de las Escuelas, ni con el fin de hacer los lectores contenciosos, y porfiados, por esso me contentarè con insinuar un modo facil con que todos puedan con mediana reflexion conocer el defecto, ò bondad de qualquiera silogismo. Por silogismo se entiende un razonamiento compuesto de tres proposiciones, de las quales las dos primeras se llaman premissas, y la otra consequente, pero el enlazamiento, y necessaria conexion deste con aquellas se llama consequencia. Por exemplo: En este razonamiento: Todo hombre es animal; Pedro es hombre: luego Pedro es animal. Las dos primeras proposicioncs son las premissas, y sirrven de prueba incontestable à la tercera proposicion que es el consiguiente. Mas hallando el entendimiento necessaria conexion entre este consiguiente, y las premissas, la muestra con la particula luego que significa la consequencia. De las dos premissas la primera se llama mayor, y la segunda menor .Las cosas que en las proposiciones afirmamos ò negamos llamamos extremos.
74. Este arte se funda en algunos axiomas, y en especial en esta proposicion que alcanzamos con la luz natural: Las cosas que son una misma que un tercero, son unas mismas entre sì. Conque siempre que el entendimiento ha de hallar la identidad de dos cosas que busca, acude à ver si estas dos cosas tienen identidad con otra tercera, y siendo assi, por el propuesto axioma concluye que tambien la ay entre las mismas cosas. Assi queriendo probar la identidad entre la idea de Pedro, y la de animal, busca un tercero con quien estas dos colas tengan identidad, y hallando que la tienen con la idea del hombre, de aì concluye que tambien las ideas de Pedro, y de animal la tienen entre sì. Los Geometras tienen otro axioma muy semejante al propuesto, es à saber: Las cosas que son iguales à una otra, son iguales entre sì; y con èl descubren muchas verdades probando la identidad de dos extremos con un medio, y deduciendo despues la identidad dellos entre sì. Mas como la prueba de la identidad de dos extremos con el medio pueda hacerse de muchas maneras, por esso los Filosofos traen tantas reglas que, à la verdad, muestran los diversos modos con que pueden disponerse los extremos, y medio termino de las premissas, para deducir bien la consequencia. Pero como tanta muchedumbre de modos cargue demasiadamente la memoria, y sin el estudio dellos con solo el buen exercicio de la razon, sepa qualquiera inferir una cosa de otra, como ya hemos dicho, por esso los omitimos, y si algunos lectores quisieren verlos, podràn facilmente en tanto numero de Cursos Aristotelicos como ay escritos.
75. Aora para la comodidad de aquellos que sin el socorro de reglas, y modos como se proponen à los principiantes en las Escuelas, desean conocer si està concluyente, ò no un silogismo, darè una regla general con la qual podrà alcanzar con mediana atencion si està bien, ò mal formado. Consiste esta regla en que para que todo silogismo estè bien dispuesto, ha de tener el consequente incluido en una de las premissas, y la otra premissa ha de manifestarlo. Sea exemplo el silogismo propuesto (73) en el qual el consiguiente: Pedro es animal està incluido en la mayor: Todo hombre es animal: y la menor: Pedro es hombre, muestra que està contenido en la mayor. Otro exemplo, se duda si concluye este silogismo: El hombre de bien debe alabar aquellos que hacen las operaciones virtuosas: Los que dan limosna à los pobres, y assisten a los enfermos, hacen operaciones virtuosas: luego el hombre de bien debe alabar à los que dan limosna à los pobres, y assisten à los enfermos: y para salir de la duda no es menester mas que considerar que el consiguente: El hombre de bien debe alabar à los que dan limosna à los pobres, y assisten à los enfermos, està incluido en la mayor: El hombre de bien debe alabar aquellos que hacen operaciones virtuosas; y la menor muestra que el consiguiente està contenido, mostrando que el dar limosna, y assistir à los enfermos son operaciones virtuosas. Proponese al examen la bondad de este silogismo: El Evangelio promete la salvacion à los Christianos: ay malos que son Christianos: luego el Evangelio promete la salvacion à los malos; y claramente se vè que no concluye, pues el consiguiente no està incluido en ninguna de las premissas. Porque la palabra Christianos en la mayor no significa à todos los Christianos, antes solo representa a algunos, entre los quales no se incluyen los malos Christianos, de que se sigue que este consiguiente: El Evangelio ofrece la salvacion à los malos, no està incluido en la mayor, que solo habla de algunos, es à saber, de los buenos. Si la palabra Christianos se tomàra generalmente por todos los Christianos, en tal caso era concluyente el silogismo, pero la mayor fuera falsa. Tampoco concluye este silogismo: Los Obispos no son Jueces Seglares: La ley divina manda obedecer à los Jueces Seglares: luego la ley divina no manda obedecer à los Obispos; porque la conclusion no està contenida en ninguna de las premissas, pues aunque la mayor muestra que los Obispos no son Jueces seglares, la menor no dice que la ley divina solamente aya mandado obedecer à los Jueces seglares con exclusion de otros, lo que era menester para contener al consiguiente. Del mismo modo puede resolverse el antiguo sofisma de que hace ya mencion San Agustin, es à saber: Vos no sois lo que yo soy, yo soy hombre: luego vos no sois hombre. Porque la conclusion no està incluida en la mayor, pues en èsta la palabra hombre se toma individualmente en quanto representa un solo, y determinado hombre, y esto lo hace ver la menor que dice: Yo soy hombre; y como en la conclusion se tome la voz hombre generalmente, es claro que no se contiene en ninguna premissa, porque el universal no se contiene baxo el particular. Otros exemplos à este modo pueden verse en el Arte de pensar, y si se hace un poco, de reflexion toda la falta de los silogismos se reduce à este principio de no contenerse el consiguiente en alguna de las premissas, de modo que bien atendido se conocerà su certidumbre, y utilidad.
76. Los entimemas, esto es, argumentos, ò raciocinios de dos proposiciones, se reducen à silogismos de suerte, que el entimema dentro del entendimiento siempre es silogismo, porque siempre ay alguna proposicion que sirve para enlace de las demás, y no se publica con la lengua, pero suele ser tan manifiesta por lo ordinario, que facilmente puede qualquiera conocerla. Ha salido el Sol: luego es de dia, es entimema, que dentro del entendimiento se reduce à este silogismo: Siempre que ha salido el Sol yà es de dia: aora ha salido el sol; luego es de dia. La primera proposicion del entimema se llama antecedente, la segunda consequente. En el trato civil ningun raciocinio es tan comun como el entimema, y tiene la comodidad de no cansar à los oyentes con importuna expression de aquellas cosas que à cada uno claramente se le presentan. Por otra parte gustan los que oyen de añadir algo de lo suyo à los razonamientos de los otros, y si los que hablan prueban las cosas por silogismos, nada dexan à los oyentes que pensar. Por esso hablando Aristoteles del entimema dixo: Si alguna de las cosas es de suyo sabidas, no se ha de decir, porque yà lo suple el que oye18. Los Poetas, y Oradores usan con mucha frequencia del entimema. Es admirable el que ay en estas razones de Medèa, que se hallan en Quintiliano: Pude guardarte, y me pides si podrè perderte Y el entendimiento forma este silogismo: El que puede guardar una cosa puede perderla: yo te he podido guardar: luego te puedo perder. Algunas veces se usa del entimema con mucha elegancia en las Oraciones. Ciceron dice desta manera: Quiere Antonio la paz? Dexe las armas; y es lo mismo que si huviera dicho: Antonio no dexa las armas: luego no quiere la paz.
77. Aqui se ha de advertir, que assi en los escritos, como en el trato civil es mucho mejor usar de un discurso seguido compuesto artificiosamente de entimemas, ò silogismos enlazados, sin la forma, ni las reglas, que el llenar un assunto de argumentos que tiran à probarle con la baraunda de premissas, y consequencias. Porque yà notò muy bien un Autor Moderno, que el Arte silogistico de los Aristotelicos no aprovecha para descubrir la verdad, sino yà conocida èsta para mostrarla, y hacerla entender à los demàs. Por esta razon serà bien que el silogismo, y qualquiera razonamiento se acomode à la disposicion que ay en los hombres para entender la verdad, quando se les intenta persuadir. Y no ay duda que si se ha de probar una cosa que tenga muchas partes, y se hace con la forma silogistica al modo de las Escuelas, el entendimiento se distrae, porque à las veces yà no se acuerda de la proposicion que se pretende probar y quando èsta queda demostrada se olvida de las demàs. Por otra parte es sumamente seco un argumento en un libro lleno de pruebo la mayor, y pruebo la subsumta, etc. como puede verse en este exemplo. Se ha de probar el pecado original por las miserias de los niños, y segun el metodo de las Escuelas se arguye desta manera: Los niños no pueden ser infelices, y miserables, sino por castigo de algun pecado que ayan contraido en su origen: es cierto que son infelices, y estan llenos de miserias: luego es por el pecado original. Pruebase la mayor: La miseria de los niños ha de proceder de una destas quatro causas, es à saber, ò de pecados cometidos en alguna otra vida, ò de la impotencia de Dios que no puede librarlos, ò de la injusticia del Criador que los castiga sin motivo, ò del pecado original: es impiedad el decir que proceden de alguna de las tres primeras causas: luego nacen del pecado orginal. Pruebase la menor del primer silogismo: Los niños padecen muchas incomodidades à que no estan sujetas las bestias (puede verse para prueba lo que hemos dicho en el cap. 9. num 43.) luego son miserables.
78. Qualquiera puede conocer, que este modo de probar las cosas, demàs de los inconvenientes propuestos, es cansado, y enfadoso, porque obliga à repetir muchas veces una misma proposicion, y hasta que èsta se prueba, queda el oyente en duda, lo que causa molestia al entendimiento. Por esso es mejor, como ya dixe, proponer la proposicion, y sus pruebas enlazandolas à la manera de un discurso seguido, y continuado. Vease con què energia probò San Agustin el pecado original por las miserias de los niños, sin silogismos, y quanto dista en la eficacia, y dulzura este modo de probar una cosa, del propuesto. «Considerese, dice el Santo Doctor, la muchedumbre, y grandeza de los males que oprimen à los niños. Contemplense en los primeros años de su vida dominados de la vanidad, y llenos de penas, de dolores, de ilusiones, y de temores vanos. Despues quando ya son crecidos, y comienzan à servir à Dios, el error los engaña, el trabajo, y dolor los enflaquece, la concupiscencia los inflama, la tristeza los abate, el orgullo los ensobervece; y en fin quièn podrà representar con pocas palabras tanta diversidad de penas que oprimen à los hijos de Adan? El conocimiento, y evidencia de estos trabajos obligò à los Filosofos Gentiles, que ni sabian, ni creìan en el pecado de nuestro primer Padre, à decir que aviamos venido à este mundo à padecer los castigos que merecemos por delitos cometidos en otra vida distinta desta, y que por esto nuestras almas avian sido unidas à cuerpos corruptibles, por el mismo genero de suplicio que usavan los Tiranos de Toscana, juntando los hombres vivos con los muertos; mas esta opinion de los Gentiles la rechazò el Apostol. Què dirèmos pues, sino que la causa de tan terribles males ha de ser, ò la injusticia de Dios, ò su poco poder, ò la pena del primer pecado del hombre? Pero no siendo Dios injusto, y siendo infinitamente poderoso, solo resta lo que vos no quereis conceder, aunque debeis confessarlo contra vuestra voluntad, es à saber, que el yugo tan pesado que llevan los hijos de Adan luego que salen del vientre de su madre, hasta el dia en que entran en el seno de la tierra, no puede proceder de otra causa, que de algun pecado que contraen en su origen».
79. Ciceron usò con mucho primor deste modo de silogismos quando defendiò à Sexto Roscio Amerino de la acusacion que se le hacia de parricidio; y no obstante de estàr poco versado, segun dice èl mismo, en el exercicio de orar, juntava las pruebas con las proposiciones con tal energìa, y arte, que no puede verse en este assumpto cosa mas exacta; y à la verdad, si se mira con cuidado toda aquella oracion, se hallarà compuesta de silogismos enlazados con admirable artificio. Dirà alguno, que esto es peculiar, y propio de la Oratoria, y que es distinta cosa el silogismo de los Retoricos del de la Logica; pero repongo, que son uno mismo, y solo se diferencian en lo que llaman algunos formalidad, que es decir en aquella expressa, y ordenada colocacion de premissas, y consequencia segun reglas, y modos, lo qual suelen hacer los Logicos, y no los Oradores. Pero en la realidad el silogismo, sea con aquel orden de figuras, ò sin èl, siempre es logico, porque siempre es manifestacion de una verdad por la conexion de otras. No desapruebo yo el uso de la formalidad en la varandilla de las Escuelas, antes conozco que es muy del caso, como no se haga con sofisterìa; pero fuera della tengola por inutil, seca, y desabrida, de suerte que ya los buenos Escritores usan de silogismos para manifestar la verdad, pero dissimulados con el arte que llevo propuesto.
De la verdad, y los diferentes modos de conocerla
80 Todos los hombres aman la verdad, y todos la pretenden alcanzar, y no ay ninguno, que abiertamente juzgue de las cosas, creyendo oponerse à ella. Por esta razon dixeron algunos, que las verdades que los hombres alcanzamos en este mundo, no son mas que particulas de la verdad eterna, è inmutable: por lo menos es cierto, que Dios, que es la misma verdad, ha sellado en los corazones de los hombres la imagen della de modo, que no ay aun entre las mas barbaras naciones hombre alguno, que en sana razon no presuma conformarse con ella. Para comprender con mas fundamento què es la verdad, hase de presuponer que Dios ha dispuesto todas las cosas con orden, y con leyes correspondientes à su infinita sabiduria. Los movimientos que exerciran los cuerpos ya acomodandose à su gravedad, ya dirigiendose en linea derecha, ya en otras muchas maneras diferentes, no son otra cosa, que el orden establecido en el Universo por el Criador entre las cosas materiales, y comunicado por el mismo à los cuerpos para que se muevan, conformandose con sus soberanos fines. La rectitud, la caridad civil, la justicia, y demàs virtudes morales, son aquel orden que Dios ha establecido entre los habitadores del mundo, orden à la verdad eterno, è impresso en los corazones, de los hombres. En todas las cosas pues, ya sean fisicas, ya morales, se halla cierta conformidad, y orden correspondientes a la voluntad del Todopoderoso. Si nuestros pensamientos, quando tienen por objeto à estas cosas, se conforman con el sobredicho orden, son verdaderos, si no se conforman, son falsos. Serà pues la verdad: La conformidad de nuestras ideas con las cosas.
81. Para mayor claridad, serà bien colocar las verdades, que puede alcanzar el hombre, en dos classes: unas son intelectuales, otras morales. Llamo intelectuales todas aquellas cuya presencia ilustra mucho al entendimiento, pero si no se posseen, no por esso se pierde la verdadera felicidad humana; y llamo morales aquellas que son necessarias para que el hombre consiga su eterna felicidad. Ay algunas verdades que nos es necessario saber, y ay otras que es muy bueno saberlas, mas no es delito ignorarlas. Por exemplo: Que el hombre sepa la fabrica del mundo, el curso de los Astros, las calidades de las aguas, y otras cosas semejantes, es ciertamente muy bueno, mas no es necessario para conseguir su ultimo fin; pero el que sepa los documentos de Jesu Christo, y de su Iglesia, las obligaciones de Christiano, y de hombre de bien, le importa, y es necessario para alcanzar su eterna felicidad. Por esta razon el estudio de la Filosofia Moral es muy necessario; y cada vez que pienso en esto, me lastimo de verle tan poco estimado entre los Filosofos, haciendo alarde de hinchar el celebro con algunas questiones, en que solo se logran apariencias de verdad, y à lo mas algunas verdades, que comparadas con las sobredichas, son de ningun momento. En esta obrilla me ceñirè solamente à tratar de aquellas verdades, que se consiguen con el estadio de las Artes, y Ciencias, bien que si por incidencia se ofrecen, no omitirè algunas, que pertenecen à la Filosofia Moral. De lo que hemos dicho no se ha de inferir, que las verdades que se enseñan en las Ciencias no han de buscarse, porque no es lo mismo no ser necessarias algunas dellas, que no sel muy utiles. No dudo que à las veces importa no trancender à cosas que el hombre no tiene fuerzas para alcanzar; pero es cierto, que la ignorancia es madre del vicio, y se ha de trabajar en apartarla con todo esfuerzo: por otra parte si el entendimiento no recoge buen numero de verdades que le sirvan de luz para ilustrarle, còmo informarà rectamente à la voluntad?
82. Para governarse con acierto en la inquisicion de la verdad, serà bien ver lo que el P. Mabillon aconseja en el tratado de los estudios Monasticos, cuya letura encargaria Yo à la joventud, del modo que Horacio encargava à los Pisones los exemplares griegos. Dice el P. Mabillon, que el estudio ha de tener por fin la gloria de Dios, y el provecho de los hombres, y no ay que dudar que sabiendo seguir esta importante maxima, se aprenderàn las verdades con metodo, y utilidad. Porque facilmente se echa de ver, que ha de ser nuestro principal estudio el de la Religion, el de la Filosofia moral, y todos los que à èstos pertenecen. Hanse de seguir despues los que sirven à la utilidad humana, y al bien de la publica sociedad. Por esta razon el estudio de la Theologia, y de la Filosofia moral son preferibles à qualesquiera otros. El de la Jurisprudencia, y Medicina son importantissimos al genero humano, y por tanto de suma consideracion. El conocimiento de las lenguas, de la historia, de la antiguedad, de la erudicion, y otros semejantes son buenos en quanto son neccessarios para adquirir con toda perfeccion à los sobredichos. Finalmente la Logica es el alma, digamoslo assi, de todas estas verdades, porque dirige al juicio, sin el qual nada puede aver bien ordenado en tanto numero de pensamientos que ocurren al hombre en la dilatada carrera de los estudios.
81. Mas como este breve escrito le enderezamos à los que no estàn bien enterados destas cosas, por esso es necessario advertir, que el hombre alcanza la verdad con toda certidumbre por uno destos dos medios, ò por la ciencia, ò por la Fè divina. Por ciencia entiendo un conocimiento claro, evidente, y manifiesto de las cosas, y deste modo alcanzamos la verdad de los primeros axiomas. Tambien tenemos ciencia de nuestra existencia, de que pensamos, y finalmente de aquellas maximas experimentales que se han establecido con el largo uso, y practica constante de hombres sabios. Debese tambien advertir, que muchos de nuestros razonamientos tienen por premissas un axioma de los que conocemos por luz natural, y una verdad de aquellas que constan por experiencia. Yo sè que el todo es mayor que su parte por luz natural, sè tambien por experiencia, que el Mundo es todo, y Valencia parte, y deduzgo muy bien que el Mundo es mayor que Valencia. Muchas verdades practicas assi de la Matematica como de la Fisica, se alcanzan desta manera, ù otra semejante. El otro medio con que alcanzarnos la verdad es la Fè divina, la qual nos enseña verdades certissimas, è infalibles reveladas por Dios, que ni puede engañarse, ni engañarnos. La Fè humana està expuesta à muchos errores, porque se funda en la autoridad de los hombres faciles en errar. Y siendo preciso que el hombre aya de conocer muchas cosas, de las quales no puede tener ciencia, ni le constan por Fè divina, por esto le es necessaria la Logica para poder alcanzar con ella la verdad, y evitar los errores que estorban conseguirla.
De la ignorancia
84. Ya hemos dicho en la primera parte que la voluntad ama, ò aborrece las cosas, segun las propone el entendimiento. Tambien hemos dicho, y es menester repetirlo muchas veces que aunque el hombre nazca con profunda ignorancia de las cosas, y no tenga conocimiento dellas hasta que exercita la razon, no obstante tiene fuerza inata de razonar, combinar, y deducir unas cosas de otras, y finalmente de conocer la verdad de los primeros axiomas. Por esta fuerza conocemos lo bueno, y lo distinguimos de lo malo aun en los primeros años en que empieza à rayar la razon, ò como dicen otros: Quando empieza à reynar la malicia. Si un niño hurta alguna cosa, ò acusa injustamente à otro, ù hace alguna otra cosa mala, y juzga que sus padres, ò amigos lo han de averiguar, ù saber, se escondo, y huye de su presencia, porque por la fuerza de la naturaleza conoce la maldad de su procedimiento.
85. Esta luz de la razon es concedida à todos los hombres, pero por las passiones, afectos, placeres sensuales, y finalmente por la flaqueza del hombre mismo se debilita, y se ha de cuidar continuamente en apartar la ignorancia que la obscurece, y ofusca. Por lo que toca pues à lo moral, nada la ilustra tanto, y le dà tanto vigor, y claridad como las maximas del Evangelio de Jesu Christo, y su Iglesia como ya hemos ponderado en la primera parte (44); pero generalmente nada la pervierte tanto como la ignorancia. El hombre es obligado à adquirir muchas noticias para no errar en algunas cosas. Ha de vivir en compañia de los demàs hombres, ha de cuidar de tu salud, ha de exercitar varios cargos, y en fin ha de vivir en el mundo. Està pues precisado à adquirir varios conocimientos con que destierre la ignorancia, porque su entendimiento no puede con ella informar rectamente à la voluntad para exercitar bien sus operaciones. Por otra parte el Mundo es una gran Feria, donde se exponen la verdad, la mentira, el error, la opinion, y la ciencia. Si en el hombre reyna la ignorancia, facilmente tomarà por bueno lo que es malo, y teñdrà por verdadero lo que es falso. Importa pues recoger un buen numero de verdades, y axiomas para que sirvan de fundamento al juicio, y aparten del alma las tinieblas de la ignorancia.
86. Dirà alguno que no todos pueden ser sabios y que sin tantas prevenciones ha avido hombres rudos, è ignorantes en las ciencias, y han sabido lo necessario para alcanzar su eterna felicidad. Yo respondo, que el mas necessario, y util saber del hombre es saberse salvar, y al que tiene esta ciencia le aprecio infinitamente mas que à quantos sabios tuvo la Grecia, ni puede tener el Mundo. Tampoco dudo que algunas veces suele hallarse la ciencia de bien dirigir las costumbres con la ignorancia de las demàs cosas suelen enseñarse en el exercicio de las artes, y ciencias; pero tambien es cierto que por lo comun es menester ilustrar al entendimiento, y apartar la ignorancia de todas las cosas, porque con mayor facilidad puede deste modo evitarse el error. Y aunque à todos està concedido el conocimiento de lo bueno, y de lo malo, especialmente con los documentos de la Religion Christiana (85); no obstante no puede dexar de considerarse muy util el conocimiento de las Artes, y Ciencias, que ilustran al entendimiento, y le perficionan. Lo que yo pienso es, que han de dirigirse con metodo los estudios, para que no confundan al alma en lugar de ilustrarla; pero el apartar à los hombres del estudio de las cosas, con el pretexto de no ser necessarias, es dictamen nacido de la desidia, y de la pereza. Las verdades todas tienen entre sì cierta conexion, y las unas aprovechan para alcanzar las otras; y la ignorancia nos buelve estultos, y semejantes à las bestias. Ay una gran semejanza entre lo que sucede en el examen de las cosas que hace el entendimiento, y el que hace la vista. Aunque los ojos esten sanos, y dispuestos a ver los objetos, no lo consiguen si la luz no los ilumina. Del mismo modo, aunque en el alma estè la fuerza de alcanzar la verdad, no puede conseguirlo mientras estè sumergida en la obscuridad de la ignorancia. Para apartarla pues del entendimiento, se ha de cuidar en adquirir quantas verdades sea possible, ya por el camino de la experiencia, ya por la fuerza de razonar y ya meditando, ya con la aplicacion, y el trabajo.
87. Ninguna cosa atrasa mas el conocimiento de la verdad, y favorece à la ignorancia, que la pereza, y ociosidad. Es ciertamente trabajoso el camino de la verdad, pero deleytable quando se llega èsta à descubrir. Quando el entendimiento se propone adquirir alguna de las verdades de la Geometria, siente al principio como una repugnancia, y aspereza, que le distraen de su proposito; pero si con voluntad constante continùa hasta conocer la verdad, percibe un deleyte, y sosiego interior, que quita el desabrimiento de aquel penoso examen. Esta falta de voluntad, y su poca constancia en adquirir las verdades algo dificiles, es la causa principal de la ignorancia; porque aunque todos amen la verdad, son pocos los que aman el trabajo, y fatiga que son necessarios para conseguirla. Yo confiesso, que despues de toda la aplicacion de que son capaces los hombres, y despues de tantos estudios, serà mucho mayor el numero de las verdades ignoradas, que el de las adquiridas, y esto ha de confessarlo qualquiera que no sea adulador de sì mismo; pero no obstante hemos de aplicarnos con todo esfuerzo en el modo que permita nuestra capacidad.
88. Para mejor comprender la necessidad que tenemos de apartar la ignorancia, se ha de saber, que todos los hombres tienen natural apetito de su felicidad. Con èste desea cada qual todas aquellas cosas, que pueden hacerle feliz. Su verdadera felicidad, y à que deben enderezarse todos sus cuidados, consiste en gozar de Dios en la otra vida. Todas las cosas, que en esta miserable carrera del mundo le aprovechan para conseguir aquella possession de Dios en el Cielo, todas digo le hacen acà baxo en algun modo dichoso. Por esta razon ama la virtud, y aborrece el vicio; apetece lo bueno, y huye lo malo, porque la bondad, y la virtud le sirven para conseguir su felicidad eterna; y lo malo, y el vicio le apartan della, y estorban su profession. La verdad es un gran bien, y no ay hombre que no la ame; la ignorancia acarrea el error, èste al vicio: conque el hombre para ser feliz ha de adquirir la verdad, y apartar la ignorancia. Las principales verdades que ha de adquirir el hombre son las de la Religion, y de la Filosofia Moral, porque le son necessarias, como ya hemos dicho varias veces. Pero debe tambien adquirir aquellas, que le hacen feliz en esta mortal vida, y no te oponen, antes conducen à conseguir, la felicidad eterna. La salud hace al hombre en algun modo dichoso; nò serà loable pues, que adquiera aquellas verdades, que son utiles para mantenerla? La vida es un gran bien; nò serà pues muy util al hombre el conocimiento de las verdades que sirven para guardarla, y que averigue todos los medios conducentes para sostenerla? La fama, la honra, las dignidades, y otras cosas semejantes, son parte de la felicidad de que el hombre es capaz en este mundo; nò serà bien que sepa como ha de adquirir estos bienes, como ha de mantenerlos, y como ha de usar dellos con razon, y chistiandad? No ay duda ninguna, que es muy bueno saber todas estas cosas, y mucho mejor el justo aprecio que debe hacerse della; pero si domina la ignorancia, se confundirà todo, y en lugar de buscar el hombre su verdadera felicidad, no hallarà mas que una dicha aparente, y engañosa.
89. De la ignorancia destas cosas nace tanto numero de engaños, que se observan en el trato civil de las gentes. Porque se ha de saber, que de dos maneras faltan los hombres à la verdad en el comercio comun de la vida: unos por mala fe, otros por ignorancia. Aquellos dicen à sus proximos otra cosa de lo que en sì sienten; estos les dicen lo que sienten, pero la ignorancia no les dexa decir la verdad. Los primeros no la dicen, porque tiran à ocultarla; los otros no la dicen, porque no llegan a conocerla. Los unos substituyen à la verdad, la mentira, y el engaño; los otros con buena fe engañan, porque no alcanzan la verdad: y si se hace un poco de reflexion con lo que sucede en el trato civil de las gentes, hallarèmos ser muchissimo mayor el numero de los que no dicen verdad por ignorancia, que el de aquellos que la ocultan con malicia. La fealdad de la mentira, y el lustre de la veracidad (assi llaman los Filosofos Morales à aquella virtud que exercitan los hombres quando hablan lo que sienten) estàn bastantemente explicadas por las Santas Escrituras, y el tratar dellas especialmente toca a la Theologia Moral; pero la verdad que no llegamos à descubrir por ignorancia pertenece à la Logica, y manifestarèmos el modo de adquirirla en los capitulos siguientes.
De la opinion, y pirrhonismo
90. Grandes luces tiene el humano entendimiento, segun lo que hemos dicho, y à la verdad son muy grandes si saben los hombres hacer buen uso de ellas; mas no obstante en muchissimas cosas con toda esta luz no puede llegar à la certidumbre. Aquellas verdades, que son necessarias para conseguir la eterna felicidad, no solo estàn impressas en los corazones de los hombres (85), sino tambien propuestas, y aclaradas por la Iglesia Catolica; mas las otras no tan importantes, ni necessarias las ha dexado Dios al examen de los hombres. Y como los medios de que èstos se valen para alcanzar la verdad, suelen à las veces inducirlos al error, o tal vez no bastan siempre para conseguirla, por esto queda el entendimiento en la obscuridad, è incertidumbre. Llamo pues opinion aquel conocimiento que nosotros tenemos de las cosas sin evidencia, y sin certidumbre, y con recelos de que puede no ser verdadero, porque aunque tengamos algunos motivos con que apoyarle, no son tan claros, ni tan firmes, que no tengamos algun miedo de que estè la verdad en el sentimiento contrario al nuestro. No entro yo aqui à la averiguacion de las opiniones en el modo que tratan de ellas los Theologos, solamente considero la opinion en quanto es un conocimiento dudoso, esto es, con duda de si serà, ò no verdadero. En este modo llamò un Autor Español à las opiniones eruditas ignorancias. Y si atendemos al vasto imperio que tiene la opinion entre los hombres, con razon la podrèmos llamar la Reyna del mundo. Con una ojeada à la Medicina, Fisica, Jurisprudencia, y Filosofia, se verà el poderoso, y dilatado dominio de la opinion. Quièn creyera, que una ciencia tan sublime como la Theologia no avia de estar exempta desta contrariedad que induce la opinion19? No es menester mas que ver los diferentes rumbos de Escotistas, Thomistas, y Suaristas, para conocer que esta ciencia està llena de contenciones, y disputas.20
91. Como la opinion no presenta al entendimiento la verdad, sino la verosimilitud, y èsta puede juntarse con el error, de esto nace que los que ligeramente dexan llevarse de las opiniones con facilidad queden engañados. Los hombres deben trabajar en alcanzar la certidumbre, ò la evidencia para assentir à las proposiciones, y quando sea forzoso determinarse por la sola verosimilitud, es menester pesar bien las razones que se presentan, evitar todas las cosas que pueden engañar, y en especial no governarse por los juicios anticipados, ni rumores populares. De suerte que en las cosas Fisicas, Medicas, en lo Juridico, en el trato civil, en la politica, y otros assuntos semejantes, tengo por cierto que nada se opone tanto à conseguir la verdad, como la demasiada facilidad en assentir à las opiniones. Algunos Cartesianos pretenden, que en tales cosas no debemos assentir, sino à lo que clara, y evidentemente se nos presenta. No pido yo tanto considerando que es fumamente dificil en muchissimos assuntos tener evidencia, pero à lo menos no puedo dexar de encargar que no se consienta con facilidad à las opiniones, y que se suspenda el juicio hasta enterarse mas de las cosas, que en algunas ciertamente llegarà à conseguirse la verdad. La facilidad en creer es propia de ingenios pueriles que creen quanto se los propone. Suspunder el juicio esperando informarse mejor de las cosas, es de hombres cuerdos que no quieren ser engañados21. Yo harè ver en esta segunda parte de la Logica, quanto estan expuestos à errar los que son credulos, y faciles en assentir à las opiniones. Considere qualquiera, un poco la flaqueza del humano entendimiento, registre depues las opiniones de los Filosofos antiguos, y modernos, observe con cuidado què cosas tan extravagantes enseñan assi unos como otros, y bien atendidas estas cosas conocerà, que importa muchissimo suspender el juicio, y no creer ligeramente. Ninguna cosa es tan absurda, decia Ciceron, que no se halle apoyada por algun Filosofo.22 Yo añado que no ay necedad, ni error por feo que sea, que no aya hallado insignes aprobadores. Vease la variedad de Religiones que ay en el Oriente, la diversidad de sectas, y heregias que infestan la Europa, y finalmente considerese la multitud de Atheistas que han sacado la cabeza en nuestros dias, y conoceremos quan aprobadas estan las maximas mas ridiculas, erradas, y extravagantes. Pues passe aora nuestra consideracion à lo que sucede en el trato civil, y què otra cosa observarèmos, què rumores populares, hablillas de viejas, mentiras, y patrañas insolentes autorizadas por hombres vanamente credulos, y supersticiosos? Las divinaciones, y artes magicas, la charlataneria, y otras semejantes maneras de engañar, nò estuvieran y desterradas del mundo, si fueran los hombres cautos en creer? No es decible quanto prevalece la opinion, ni es ponderable quanto dominan los errores por la facil, y vana credulidad con que assienten los hombres à ella. Por esta razon conviene observar con cuidado los varios caminos con que se cae en el error, y la facilidad que las gentes tienen en en afirmar como cierto, lo que solamente es dudoso, y tal vez falso. Conviene tambien mostrar al entendimiento su flaqueza, lo expuesto que està à errar, y hacerle ver quanto han delirado en algunos assuntos los hombres por otra parte eruditos. Solo el tratado de la opinion que ha compuesto el Marques de S. Aubin, es bastante para hacer conocer, que es dilatadissimo el imperio de las opiniones, y que son infinitas las extravagancias que han seguido algunos ingenios grandes, por aver sido faciles en assentir à ellas. Mas esta suspension de juicio que yo pido para examinar las cosas antes de assentir à ellas, ha de ser racional, es decir, ha de ser en aquellos lances en que ay prudente motivo de desconfiar. Pero me diràn, còmo conoceremos que ay razon bastante para dudar de unas cosas, y no de otras? Respondo, que esse discernimiento es el que me propongo mostrar en esta segunda parte de la Logica, y no dudo que el que no tuviere algun estudio destas reglas, ò una luz, ò Logica natural muy clara, y perspicàz ha de caer en muchos errores por su vana creencia; pero atendiendo con cuidado los caminos por donde suele venir el error, podrà con mas facilidad evitarlos, y estos caminos son los que en adelante hemos de manifestar.
92. Mostrarè pues el modo de dudar con prudencia, y suspender el juicio en los casos que sea necessario, porque este dictamen tan acertado de no assentir facilmente a las opiniones sin examinarlas, ò por mal entendido, ò por seguirse con extremo, ha introducido en el mundo al Pirrhonismo, con que algunos (assi lo refieren Autores graves) de tal modo dudaron de las cosas, que nada afirmaron, ni negaron. San Agustin en varios lugares hace mencion destos Sectarios, y rechaza sus opiniones. Empezò à suscitarse la duda por desterrar el orgullo de los Sofistas, que logravan general estimacion, y Socrates se opuso à las cavilaciones dellos23, y continuamente decia: Solamente, sè una cosa, es à saber, que nada sè. Con esto rechazava aquel sabio Filosofo la vana creencia de los Dogmaticos, y era una expression modesta de lo poco que llegan los hombres à saber24. Es verdad que despues de Socrates se siguieron otros Griegos, que hicieron abuso de la duda; mas nunca creerè que huviesse ninguno, sino es que estuviesse loco, que dudasse tanto como se assegura de Pirrhon. Dicese, que èste no se apartava de un cavallo desenfrenado, porque dudava si corria el cavallo, ò estava quieto; que no afirmava su existencia; que no sabìa si toda la vida era un perpetuo sueño, ò los ensueños eran una menos viva vigilia: y despues todos los que han seguido, ò han mostrado seguir este modo de filosofar, son llamados Pirrhonistas. Yo no creo, digo otra vez, que Pirrhon, ni otro ninguno dudasse tanto; y si huviera tenido todas estas dudas, no huviera logrado fama de tan gran Filosofo en el Pueblo de Athenas, como supone Laercio. Lo que yo juzgo es, que algunos Antiguos, por mostrar la agudeza de ingenio, ò por adquirir reputacion, y fama, ò por amor de la novedad, ò por seguir distintos rumbos, ò por refutar à los Sofistas, como hemos dicho, inventaron semejantes dudas, y tal vez las escrivieron, y las publicaron; pero no creo que en su interior assintiessen à lo mismo que publicavan, porque la propia conciencia los avia de acusar con continuos remordimientos. A mas de lo dicho, siempre me ha parecido muy bien fundado lo que escrive Salustio de las cosas de los Griegos, es à saber, que nos las pintan sus Escritores de mayor grandeza que la que tuvieron25. En nuestros dias algunos Modernos han renovado el Pirrhonismo, es decir, la duda universal, entre los quales son de señalar Pedro Boyle, y Miguel de Montaña; y tengo por cosa certissima, que ninguno de los dos dudava de lo mismo que queria dar à entender que no creìa, à lo menos es indubitable que lo hacian por ostentacion, y vanidad. El mas atrevido fue Montaña, y sus libros embelesaron à la mayor parte de los lectores, que fueron muchos. Era hombre de imaginacion fecunda, aviase aplicado à comprender lo interior de los hombres, y tenia bastante erudicion, y noticias de la antiguedad. Aprovechòse de todas estas cosas, y juntandolas con una locucion audàz, y cavallerosa, embahucava à los que no alcanzan à distinguir lo aparente de lo verdadero. Dudava de todo en los escritos, y tal qual vez se le salia à los labios la afirmacion de aquellas cosas que creìa el corazon; pero juntava à su ayre magestuoso, y resuelto quatro versos de los Poetas antiguos, dos, ò tres apotegmas, ò dichos sentenciosos de los Filosofos, añadia otras tantas razones aparentes, y con estas prevenciones lo negava todo, y ganava acceptacion entre los que no conocen estas cosas. Fuera muy facil descendiendo à lo particular hacer conocer el poco juicio de Montaña; pero basta lo dicho para que el que vea sus Obras lo advierta, y el que quisiere enterarse mejor podrà ver al P. Mallebranche26, y al Autor del Arte de pensar27. Pedro Bayle fue Atheista muy preciado de docto, y sus expressiones arrojadas, muestran que solo se aprovechò de la duda universal por espiritu de contradiccion, y singularidad.
93. Mas como Autores muy recomendables han sido apassionados al scepticismo, serà bien explicar con mayor claridad en que modo puede èste tener lugar, y quando serà conforme à la razon, y prudencia. En la antiguedad, dieron el nombre de scepticos à todos los Filosofos que seguian la duda, esto es, que hacian consistir la mayor parte de su saber en dudar de las cosas. Pero pueden los scepticos dividirse en dos classes. Unos fueron scepticos rigidos, otros moderados. Los rigidos eran dicipulos de Pirrhon, y por esta razon se llamaron Pirrhonianos, y su sistema pirrhonismo; los moderados siguieron à Socrates. Los primeros dudavan de todo, de modo que hasta lo mas cierto, y evidente ponian en duda. Los segundos afirmavan muchas cosas, y suspendian su juicio en otras. La historia, y argumentos de que los Pirrhonistas se aprovecharon, pueden verse en Sexto Empirico. San Agustin tratò con mucha claridad destas suertes de scepticos, y rechazò los dogmas de los rigidos, como yà hemos dicho, declarandose seguidor de los moderados. Impugnò à los Pirrhonistas baxo el nombre de Filosofos Academicos, porque los dicipulos de Pirrhon se dividieron en varias Sectas que llamaron Academicas, y baxo este nombre los impugna tambien Ciceron28, aunque se conoce que el mismo fue sceptico moderado. Algunos han puesto diferencia entre los Pirrhonistas, y Academicos; pero à la verdad convenian todos en la duda universal, y se distinguian solo en que los Academicos quando decian que nada se puede saber, confessavan à lo menos que esto sabian, y aun esto decian no saberlo los Pirrhonianos. Vease Aulo Gellio en las Noches Atticas, lib. II. cap. 5. En nuestros tiempos se han declarado muchos à favor del sceptismo moderado, y en España le han defendido el Dr. Martinez, y el P.M. Feijoò. Mas yo he notado, que son muchos los scepticos que se tienen por moderados, y dudan demasiadamente. Esto consiste en que la voz moderados no determina hasta donde, y hasta que cosas se puede la duda extender, y como cada qual piensa conformarse con la razon en lo que hace, por esto los mas dellos creen que solo dudan como deben, esto es, con moderacion. En esto no son scepticos. Enderezandose este Escrito à descubrir la verdad, y aprovechando muchissimo para conseguirla el suspender el juicio, y saber dudar con prudencia, por esso todo èl serà una continua leccion para hacerse sceptico moderado en aquellas ocasiones en que no pueda hallarse la verdad, ò en que es cierto que aun no la han hallado aquellos que la piensan posseer.
94. Como yo apruebo, y aun quiero persuadir el scepticismo moderado, solamente impugnarè aqui el rigido, aunque estoy creyendo, que la Secta de Academicos, y Pirrhonistas no fue Secta de Filosofos, sino de hombres mentirosos que hablavan una cosa, y creian otra. Los fundamentos con que apoyavan la duda eran: «Que los sentidos nos engañan, y por consiguiente no podemos por ellos estar ciertos de la existencia de las cosas, que no podemos distinguir el sueño de la vigilia, porque en ambos estados pensamos, y quièn nos assegurarà que lo que llamamos dormir es cosa distinta del velar, y al contrario? Por què tal vez serà la vigilia un sueño menos fuerte, ò el sueño una vigilia menos viva? Dicen tambien, quièn nos assegurarà la existencia de Dios? No los sentidos, porque engañan; no la razon, porque quièn puede afirmar con certeza que la razon en esto no nos induce al error? La nocion de lo bueno, y de lo malo dicen que no es clara, porque se tiene noticia della por las leyes que lo prescriven, y no por luz natural, y assi se puede poner en duda.»
95. Todas estas razones, y otras semejantes, no son mas que sofisterias que han inventado estos Filosofos por mostrar ingenio, y agudeza. Seneca rechazò con varios argumentos el delirio de los Pirrhonistas29, y Academicos, y son muy notables las palabras que trae en la epistola 88. à Lucilio, donde dice: Aquellos, es à saber los Pirrhonianos, enseñan una ciencia, que no puede aprovecharme. Estos, es decir los Academicos, me quitan toda la esperanza de saber. Aquellos no llevan alguna luz con la qual el entendimiento pueda alcanzar la verdad. Estos me arrancan enteramente los ojos. Entre los Christianos no puede tener lugar ninguno la universal duda, porque la Fè divina destruye enteramente al Pirrhonismo, enseñandonos muchissimas verdades certissimas, è infalibles. Los Pirrhonistas modernos no han hecho caso desta infalibilidad de la Fè, pretendiendo que nunca puede assegurarnos sus verdades sin el concurso de la razon, y siendo èsta falible, suponen que lo serà tambien la Fè. Ya San Agustin rechazò este vano argumento en el libro que escriviò de la Utilidad de creer, contra los Maniquèos. Y si bien se considera la flaqueza del humano entendimiento, facil serà conocer, que la Fè ilustra, y fortifica à la razon, y èsta debe cautivarle, como decia San Pablo, en obsequio de la Fè. Intentò Juan Clerico, famoso Critico, probar esta maxima de los Pirrhonistas contra el citado libro de San Agustin; pero puede el curioso ver la respuesta à sus objeciones en el tratado de la Moderacion de los Ingenios en assumptos de Religion.
96. Mas precindiendo de las infalibles luces de la Fè, puede cada qual convencerse del error de los Pirrhonistas con solo atender à lo que passa dentro de sì quando duda. Pongamos pues, que un Pirrhoniano dude de la existencia de Dios, de si existe el mundo, y si existe èl mismo. Esto Filosofo duda, la duda consiste en el pensamiento: luego piensa. Si piensa, existe, porque no puede pensar sin existir. Dirà tal vez, que no puede afirmar si duda, ò no de todas aquellas cosas; pero à lo menos serà cierto, que no puede afirmar si duda, y esto es pensar, y consiguientemente supone existir. Si para esta segunda duda se acude a otra, se seguirà el infinito, que un Pirrhonista no se atreverà à conceder. Supuesto pues que aya necessariamente de conceder que piensa, y existe, avrà de confessar tambien, que tiene cierta inclinacion à lo bueno, y aversion à lo malo (42), porque el testimonio, de su propia conciencia estarà continuamente persuadiendole, y al fin avrà de admitir todos los axiomas, y principios que hemos propuesto en los capitulos passados. Por la idea del pensamiento, por la de su propia existencia, y de todas las demàs cosas que se presentan à los sentidos, ha de confessar la existencia de Dios (10), y todas las demàs verdades que dicta la razon natural. Y si hace un poco de reflexion, facil serà distinguir el sueño de la vigilia, la locura del sano juicio, porque en la vigilia ay exercicio de la razon, y no en el sueño. Puede verse sobre esto lo que escrivì en mi primer tomo de Fisica Moderna, cap. 4 trat.2.
97. Los sentidos no engañan, porque el error suele estàr en el juicio que los acompaña, como veremos en el capitulo siguiente: conque es falso lo que dicen los Pirrhonianos, es a à saber, que no podemos alcanzar la verdad por los sentidos. Ni el conocimiento que tenenios de lo bueno, y de lo justo depende solo de las leyes, como suponen, porque si bien lo reparan las leyes de los Gentiles, no son otra cosa que una explicacion del derecho natural, es dezir, de aquella luz, ò razon natural que ay impressa en todos los hombres30. Los Legisladores Griegos, y Romanos se conformavan con ella. Erraron en algunas cosas por la flaqueza del humano entendimiento; mas ilustrada la razon natural, y fortificada con las divinas leyes de Jesu Christo, y su Iglesia, dicta à los Christianos la rectitud & sus operaciones. Por tanto las leyes de los Gentiles son, digamoslo assi, hijas de la razon natural31, y mandan hacer bien, y huir el mal, porque la razon lo dicta, no al contrario como suponen los Pirrhonistas. No es necessario detenerme mas en esto, porque no creo que ningun Pirrhoniano sea hombre de buena fee, y porque lo dicho en los capitulos passados, y lo que vamos à decir en los siguientes es un continuo argumento contra estos sectarios.32
De los errores que ocasionan los sentidos
98. La razon humana averigua las cosas de dos maneras, ò por la fuerza de razonar, ò por los sentidos (20). Del primer modo alcanza los primeros axiomas, y verdades que hemos llamado razon, ò luz natural. Del segundo descubre la naturaleza, y propiedades de los objetos sensibles, y corporeos. Y aunque sea verdad que las puras intelecciones, y raciocinios no se excitan en el alma sino por las ideas sensibles que antes tiene de los objetos (39), no obstante distinguimos estas dos classes para señalar los errores que se mezclan en ellos diversos modos de percibir las cosas, y empezamos à explicar los que tocan à los sentidos, porque son las primeras sendas por donde camina el alma àcia el conocimiento de la verdad.
99. Dicen algunos, que los sentidos nos engañan con facilidad, y dicen bien; dicen otros, que el principal criterio, esto es, el principal camino por donde se llega à la verdad, son los sentidos, y tambien tienen razon. Consiste esto en que los sentidos son fieles en representar las cosas segun se les presentan, y assi no engañan; pero no obstante juzgando precipitadamente por el informe de ellos, caemos facilmente en el error. Por esta razon ha de ponerse el cuidado possible en assegurarse de las cosas que se ofrecen à los sentidos, pues por ellos si se hace debido uso de sus operaciones, se alcanzan muchas, y muy importantes verdades. Quièn podrà negar que muchos descubrimientos utiles se deben à la experiencia? Y què la verdad que sabemos por experiencia nos ilustra el entendimiento. Quanto de bueno tienen, y enseñan la Fisica, Medicina, y Ciencias Fisico-Mathematicas, debe su intrinseco valor à la experiencia. Tengo pues por suma necedad negar aquello que consta por racional experiencia, y quando veo que algunos lo hacen, no puedo atribuirlo sino à que no distinguen la expericncia de los experimentos. El experimento es el hecho que observamos con los sentidos; en el examen deste puede aver engaño: la experiencia es el conocimiento racional que tenemos de una cosa por repetidos experimentos. De aqui se sigue, que con dos, ò tres experimentos no siempre ay experiencia, es menester à veces hacer muchos, repetirlos en distintas ocasiones, y lugares, combinarlos, y assegurarse de los sucessos, y despues de todas estas averiguaciones se logra aquel conocimiento que llamamos experiencia. Esta si es racional es certissima, porque si es racional se funda en experimentos hechos con toda exactitud. Para hacerlos bien puede verse lo que sobre esto he escrito en mi primer tomo de Fisica. Si el hombre està assegurado de la verdad por racional, y bien fundada experiencia puede reirse con mucha satisfacion de los Sofistas que con gran desembarazo dicen: Niego la experiencia; no me hace fuerza la experiencia. Và un hombre por una senda poco trillada à un lugar. La primera vez pierde el camino divirtiendose yà à esta parte, ya à la otra, mas al fin llega al sitio que busca. Ofrecese bolver segunda vez, y no bien assegurado va temeroso, tal vez buelve à dexar el camino, y se desvia. Pero repitiendo distintas veces su viage se hace dueño del camino, de suerte, que si se ofrece puede ir con los ojos bendados, ò en una noche obscura. Si à este se saliera al encuentro un Sofista, y le dixera que à donde iva, y respondiendo que à tal Lugar, instasse el Sofista: No puede V.m. llegar à èl en manera ninguna, porque me han dicho, y assegurado grandes hombres, que esse Lugar es inaccessible, y la razon lo dicta, porque no ay senda, y porque ay passos insuperables; quizà el otro con sossiego le responderia: Pues yo he llegado varias veces al Lugar que busco, y tengo certidumbre que se engañan essos Señores que à V.m. le han informado, y mas que esto lo sè por experiencia. Aqui el Sofista dice: Yo niego essa experiencia; mas el otro assegurado por la repeticion de los hechos, no puede menos de reirse como reìa Diogenes quando estava paseandose, y Zenon le decia que no avia movimiento.
100. De lo dicho se deducen dos cosas certissimas, y es necessario observarlas para no caer en el error. La primera es, que el que quiera assegurarse de la verdad por la experiencia, ha de cuidar mucho en hacer los experimentos con exactitud, y con las debidas precauciones para que no se engañe. La segunda es, que los hombres que alegan à su favor la experiencia, no han de ser creidos hasta que conste que en el exercicio de los experimentos pusieron el cuidado que es necessario para no engañarse. O! dicen algunos, Fulano es gran Medico, porque tiene ya muchos años de practica. No ay que dudar, que si la experiencia de muchos años en la Medicina es racional, y fundada en buenos experimentos, harà un gran Medico, porque Hipocrates no lo fue sino por la larga, y racional experiencia; pero en esto se detienen pocos, y llaman experiencia el visitar mucho tiempo à los enfermos, como si fuesse lo mismo hacer experimentos, y observaciones, que hacerlas bien. El mismo juicio ha de hacerse de aquellos, que toda su vida han vivido en perpetuo ocio, sin cultivar la razon, ni aplicarse à los estudios, y no obstante por solos sus años, y por sola su experiencia quieren forzar à todos à seguir su dictamente. En contradiciendoles, luego se enfurecen, y gritando dicen: Yo tengo mucha experiencia desto, V.m. es mozo, y ha visto poco. Estos por lo ordinario son hombres de cortissimas luces, y la multitud de sucessos los ofusca, no los alumbra, y si caen una vez en el error, son incorregibles. 101. Mas bolviendo à atar el hilo del discurso, mostrarè primero el modo con que los sentidos nos engañan; y despues, còmo podemos por ellos assegurarnos de la verdad. No ay ninguno, que si hace un poco de reflexion, no pueda conocer por sì mismo, que alguna vez se ha engañado con la vista. Si un hombre està en un navio quieto, y desde èl mira à otra nave que se mueve, luego le parece que se mueve tambien la suya, y se lo hiciera creer la vista si no le desengañàra la razon. Todos los dias vemos al Sol, y à la Luna de una magnitud, sin duda mucho menor de lo que son en realidad, y aun en el horizonte, esto es quando salen, nos parecen mayores que en el Meridiano, y no es assi, porque son de invariable grandeza. Miremos una Torre que està à la otra parte de un monte de modo que desta no veamos sino el remate, y nos parecerà que està pegada al mismo monte, despues mirando la misma Torre desde la cumbre del monte nos parecerà muy apartada. He conocido, y tratado à un hombre que veia los objetos al reves, y cada dia sucede que à los que padecen vahidos les parecen moverse los cuerpos que estan quietos. Si hacemos dar bueltas en derredor à una brasa encendida, nos parece que siempre ilumina todo aquel espacio, y en la realidad la luz no està mas que en un punto del circulo que descrive la brasa.
102. Del mismo modo nos engañan los otros sentidos. Si cruzamos el indice, y el dedo mediano, y con los dos movemos sobre una mesa una bolita de cera à la redonda, nos pareceràn dos las bolas, y entonces nos engaña el tacto. En el Estio nos parecen mas frias que en Invierno las aguas de pozo, y no lo estan, como consta por el thermometro. Al enfermo parece amarga la bevida que es dulce para el sano, assi nos engañamos por el gusto. Del mismo modo à uno parece picante una cosa, y à otro salada; a veces un mismo manjar es dulcissimo para uno, y desabrido, y tal vez aspero para otro. Esto es tan comun, que no ay necessidad de detenerme en probarlo, y puede verse tratado muy largamente en Sexto Empirico. Lo que toca especialmente à la Logica es advertir, que el error que le comete por los sentidos està en el juicio, que suele comunmente acompañar à las percepciones dellos. Ya hemos dicho en la primera parte, que ay quatro cosas distintas en cada sensacion, ò percepcion de objetos de los sentidos, y en ninguna de ellas se halla el error, sino en el juicio que las acompaña (32), Para comprenderlo se ha de saber, que desde que nace el hombre hasta que empieza a exercitar la razon, no le ocupan otros objetos, que los sensibles (16). Hacese con la continuacion à percibirlos de manera, que no examina en toda aquella edad lo que le sucede quando percibe semejantes objetos, ni està dispuesto su entendimiento para hacer este examen. Siguese desto, que cree, y juzga de las cosas segun le parecen quando se le presentan à los sentidos, y no segun son en sì, y por esso despues son los hombres tan porfiados en mantener aquello que entonces juzgaron33, porque en aquella edad es blanda la fantasia, y las huellas que se forman en el celebro suelen durar à veces toda la vida.34
103. Resta tambien advertir, que los sentidos de suyo son fieles, es decir representan, ù ofrecen las cosas como à ellos se presentan, y si el juicio no erràra, no nos engañaran jamàs semejantes percepciones. Para entender esto se ha de saber, que los sentidos solo nos informan de las cosas segun la proporcion, ò improporcion que èstas tienen con nuestro cuerpo, y no segun son ellas en sì mismas, porque el Criador los ha concedido para la conservacion del cuerpo, y no para alcanzar el fondo de las cosas; y si se hace un poco de reflexion, qualquiera conocerà, que la vista no ve otro, que los colores de los objetos, mas no la substancia de ellos. El oido percibe al sonido, que no es essencial à los objetos sonoros; el tacto distingue lo frio, caliente, duro, blando, aspero, igual, ò desigual de las cosas, y no el verdadero sèr de ellas, porque para nuestra conservacion basta esto, y no es necessario lo demàs. Por medio de todas estas afecciones de los objetos externos aplicados à nuestros sentidos, podemos bastantemente percibir lo que sea util, ò dañoso, proporcionado, ò improporcionado respeto de nosotros. Mas para mostrarlo mejor, figuremonos que Dios huviesse hecho al mundo no mas que de la grandeza de una naranja, y que huviera colocado en èl à los hombres tan pequeños, que tuviessen con aquel mundo la misma proporcion que oy tenemos con èste que habitamos; en tal caso es cierto, que el mundo que aquellos hombres habitarian les pareceria tan grande como nos parece à nosotros el nuestro, y lo seria si se considerasse segun la proporcion que tenia con ellos, pero no en la realidad.
104. De todo lo dicho se deducen las reglas generales, que han de servir para evitar los errores que los sentidos ocasionan. Serà bien pues reflexionar sobre el juicio que en la niñez hicieron los hombres quando percibian las cosas sensibles para corregirle con la razon. Demàs desto serà conveniente assgurarse de las cosas por muchos sentidos à un tiempo; assi aunque al tacto parezcan dos las bolitas de cera (102), la vista muestra que no es mas de una; y aunque parezca à la vista torcido el palo que està dentro del agua, el tacto manifiesta la equivocacion de la vista. Tambien se ha de observar si los organos de los sentidos estàn sanos, ò enfermos para juzgar de las cosas rectamente, y esta consideracion es de suma importancia, porque en la enfermedad suele mudarse todo el orden de las percepciones. Assi el que padece tericia ve todas las cosas amarillas, las ve dando giros el que padece vahidos; y à este modo se trastorna el orden regular de las percepciones en las enfermedades, de lo que pudiera alegar muchos exemplos. Esto acontece, porque en la enfermedad se muda la vibracion de las fibras, y como las percepciones del alma corresponden à ciertas, y determinadas vibraciones (28), por esso entonces à la vibracion desordenada corresponde desordenada percepcion. Esto confirma, que los sentidos de suyo son fieles35, porque siempre ofrecen la vibracion correspondiente à la disposicion de los objetos que la causan, y de las fibras que la exercitan, pero al juicio toca distinguir, y conocer si son, ò no regladas semejantes representaciones. El medio por donde suelen propagarse los objetos sensibles ha de observarse tambien para no errar, porque suele hacer variar notablemente las percepciones. El ayre sereno nos hace ver los objetos de un modo, y el nebuloso de otro. Del mismo modo altèra el ayre las varias impressiones del sonido. Para assegurarse pues es necessario examinar la cosa en distintos tiempos, y en diferentes estados, consultar juntamente otros sentidos36, y llamar à su socorro el juicio de otros hombres sobre el mismo assumpto, porque la verdad es simple, y los caminos àzia el error son muchos, y quando se avrà andado por todos ellos, y no se avrà encontrado embarazo, estarà el entendimiento dispuesto para alcanzarla.
105. Todo esto es menester que adviertan los que hacen experimentos, y professan las ciencias naturales, si no quieren ser engañados en aquello mismo que observan. Ultimamente se ha de advertir, que la equivocacion en las voces ha de quitarse quando se explican las cosas que percibimos por los sentidos, porque ordinariamente con una misma voz significamos à la percepcion del objeto, y al juicio que la acompaña, siendo cierta la primera, y muchas veces errado el segundo. Por exemplo: Ve Ticio desde lexos un perro, pero no divisa sino un bulto, que tiene la forma exterior de un lobo, y si es timido luego dice: Alli veo un lobo. Con estas palabras confunde la sensacion con el juicio: la sensacion es cierta, y el juicio es falso; porque es cierto que se le presenta un objeto que tiene quatro pies, y demàs partes que forman la figura del lobo. Si Ticio dixera: Yo veo una cosa que tiene quatro pies, y que se parece à un lobo, mas no puedo afirmarlo, diria lo que realmente percibe; pero como sin otro examen que aquella primera percepcion luego afirma, que lo que ve es lobo, por esso yerra, y si la passion del miedo se junta, yerra con mayor tenacidad. Si la voz veo significàra solamente la representacion que Ticio tiene del objeto, no huviera error, pero con ella ordinariamente se junta, la afirmacion de que aquello que percibe es un tal objeto, en lo qual està el engaño, y èste nace de la equivocacion de las voces. El motivo desta equivocacion, que es comunissima, procede de que los hombres han puesto à las veces un nombre para significar cosas distintas, si èstas suelen ir juntas, y con dificultad percibe el entendimiento la separacion; y como el juicio que acompaña à semejantes percepciones estè siempre junto con ellas, y desde la niñez nos hagamos à juntarlo, por esso los significamos con una voz, aunque sean en realidad cosas distintas. Tambien se ha de advertir, que los hombres no han inventado voces bastantes para significar todas las percepciones que tenemos por los sentidos, de lo que nacen muchas equivocaciones, y errores. El que padece melancolia tiene dentro de sì muchas percepciones que no ay nombres para explicarlas, y à veces por esto no puede hacer creer à los demàs lo que padece. Porque para que con una voz comprehendan los hombres una misma cosa, es menester que tengan todos una misma idea, ò corresponda en todos un mismo significado, pues de otra manera quando el uno nombrarà una cofa con una voz, el otro entenderà diferente. Los melancolicos, è hipocondriacos sienten algunos males que los afligen, y para explicarlos se aprovechan de las voces opression, desmayo, y otras semejantes, que hacen formar à los oyentes distinta idea de la que los enfermos pretenden explicar.
106. En efecto à un hombre que jamàs huviera tenido dolor, seria muy dificultoso hacerle comprender que otro lo padecia, aunque se lo explicasse con aquella voz, porque le faltava la idea del significado. Al modo que seria impossible hacer entender à un ciego lo que es verde, azul, ò amarillo, porque oiria estas voces, mas no las entenderia por no tener idea de sus objetos. Desto nacen no solo muchos errores que pertenecen à los sentidos, sino infinitas disputas que mueven gran ruido, y son faciles de entender si se explican con claridad las voces. De todo lo dicho concluyo que los sentidos de suyo son fieles, porque siempre representan las cosas segun las vibraciones que èstas imprimen en los nervios; que sus impressiones son respectivas, esto es, solo muestran la proporcion, ò improporcion que los objetos tienen con nosotros; y que los errores que cometemos por medio dellos consisten en el juicio que solemos juntar à la percepcion de las cosas.
Continuase la explicacion de los errores de los sentidos
107. Aquel juicio que solemos juntar con las sensaciones sin advertirlo, nos hace caer en muchissimos errores. Los quales distribuirè para mayor claridad en tres classes, es à saber, en los que pertenecen à lo moral, à lo fisico, y al trato civil, y me valdrè de algunos exemplos por hacer mas comprehensible tan importante assunto. Los errores pertenecientes a lo moral son los que principalmente han de evitarse, porque de lo contrario pueden seguirse graves daños, y tal vez el mayor de todos que es el pecado; los otros errores es muy bueno evitarlos, mas no tan necessario, como se verà en este capitulo; y si huviera de manifestar todos los errores que nos ocasionan los sentidos en las costumbres, seria necessario escrivir una Filosofia Moral entera, por lo que propondrè los mas principales como que dellos nacen otros muchos, cuyo descubrimiento pertenece à la Logica. Atendiendo pues al uso que los hombres comunmente hacen de los sentidos, y de la razon, puede decirse con verdad que son mas sensibles que racionales; esto es, se goviernan mas de ordinario por las apariencias de los sentidos, que por el fundamento de la razon. De aquí nace que aquellas cosas que se perciben por los sentidos hacen mucha impression, y suelen los hombres inclinarse à ellas de modo, que no piensan si no en las cosas sensibles. Desto mismo procede, que tienen por bienes verdaderos à los que no son sino aparentes, y tal vez falsos, y siendo objetos de los sentidos los buscan, y aman. Si los hombres reflectàran un poco sobre lo que les sucede en la eleccion de estos falsos bienes, no cayeran tan facilmente en los engaños que los precipitan.
108. Para entender esto con mayor facilidad se ha de presuponer, que todos los hombres tienen natural, è innata inclinacion, ò apetito de su felicidad, y de su bien (88). La voluntad llevada deste apetito solo ama à lo bueno, es decir, solo ama las cosas que mira como buenas, y como à que pueden contribuir à su felicidad. Pero como es potencia ciega, y libre (59) no se determina à amar las cosas particulares, sino la ilustra antes el entendimiento. Es preciso pues que el entendimiento presente una cosa como buena para que la ame, y apetezca la voluntad (44). Nuestros errores nacen de que el entendimiento no bien informado de las cosas las mira como buenas, siendo realmente malas. Muchas veces tiene el entendimiento por buenas à las cosas malas por ignorancia, y falta de advertencia, por cuyo motivo serà bien trabajar en apartar la ignorancia que fomenta muchos errores. Pero las mas veces el entendimiento tiene por buenas à las cosas malas, por governarse por las apariencias de los sentidos. Para entender esto se ha de presuponer tambien, que la verdadera felicidad, y el verdadero bien del hombre es Dios (88), y teniendo apetito de su bien, y de su felicidad, tiene tambien apetito de posseer à Dios. Quando Adan estava en el Paraiso antes del pecado, tenia idea clara desta felicidad, y deste bien; de suerte, que con ella descansava, y tenia toda suerte de contento, y alegria. Entonces todos los apetitos obedecian à la razon, y esta al soberano orden que avia establecido el Criador entre las criaturas racionales.
109. Despues del pecado empezaron a dominar la ignorancia, la malicia, y la concupicencia. De suerte, que aunque el hombre lavado con el agua del sacrosanto Bautismo reciba la gracia, y se le borre la mancha del pecado original, queda no obstante la pena de aquel pecado, y està posseido de la concupicencia. Por esta se allega el hombre à los objetos mundanos, y sensibles, y se aparta de Dios, porque la idea de su verdadera felicidad por el pecado la tiene obscurecida, y la de las cosas sensibles muy viva, y vehemente; de aqui es, que va tras destas, y se alexa de aquella. Con la idea que tiene el hombre de su felicidad, suele tambien juntar la de la excelencia, de la grandeza, y demàs cosas que pueden causarse contento. Si estas prerogativas las buscàra el hombre en Dios, esto es, pensasse solo conseguirlas gozando de Dios, pensava bien, porque no puede tener verdadera grandeza, excelencia, y contento de otra manera; pero al contrario, dexando a Dios, busca la grandeza, y contento en las cosas sensibles, y mundanas. Reparen, y mediten los hombres, que por mucha grandeza, excelencia, y contento que logren en esta vida, nunca quedarà saciado el apetito de su felicidad, y la experiencia nos lo hace ver cada dia en los ricos, y poderosos, que nunca estàn contentos, ni satisfechos, porque aquella felicidad, sossiego, y contento, que pueden llenar el natural apetito del hombre, solo puede hallarlos en Dios, que es su verdadero bien, y su verdadera felicidad. Lo que sucede en esto es, que la voluntad apetece este bien verdadero, y esta felicidad, inclinandose naturalmente àzia el bien (59); pero engañado el entendimiento, y llevado de la concupicencia, le ofrece otros bienes solo aparentes, y à veces falsos, que tal vez la apartan de aquel mismo bien verdadero.
110. Los antiguos Filosofos no anduvieron conformes en explicar la naturaleza del verdadero bien. Epicuro dixo, que la felicidad, y bien verdadero del hombre era el deleyte; deste modo hacia todo quanto juzgava ser à proposito para deleytarle, y darle contento. Gassendo intentò probar37, que Epicuro no hablò del deleyte sensible, sino de aquel contento que se logra con la salud del cuerpo, y tranquilidad del animo. Como quiera que esto fuesse, es cosa cierta, que los dicipulos de Epicuro lo entendian de las cosas sensibles, y en ellas buscavan toda suerte de deleyte. Horacio, famoso Epicurista, se llama Puerco de la grey de Epicuro38.
111. Los Estoicos por el contrario, despreciavan todo genero de deleytes, y colocavan la verdadera felicidad del hombre en la virtud. No ay que dudar, que estos Filosofos fueron extremados en sus maximas; pero es tambien cierto, que el Etoicismo moderado, y reducido à las reglas de la moral Christiana, contiene el modo de filosofar mas perfecto, porque hace que los hombres desprecien todo lo sensible, y amen solamente la virtud39. Ciceron explicò muy bien el sentimiento de los Estoicos, y corrigiò algunas maximas de estos Filosofos, de suerte, que el libro de Finibus, y el de Officiis, donde trata este assumpto de proposito, es una de las lecciones mas provechosas que ay para la juventud, porque à un tiempo mismo se aprende la pureza, y elegancia de la lengua Latina, y la practica de las buenas costumbres. Por esto quisiera yo se siguiesse el parecer de Heicneccio40, que aconseja, que en los estudios de la Latinidad se enseñe à la juventud el libro de Officiis de Ciceron antes que sus Oraciones Selectas.
112. Si miramos lo que sucede en el mundo, hallarèmos, que casi todo èl es Epicurista, y es porque la mayor parte de los hombres no tienen otro fin que su deleyte, dexandose engañar de las apariencias de los sentidos, sin consultar la razon. Por otra parte, no consideran atentamente la idea que tienen de su felicidad, y de su bien, y deste modo tienen por bienes à los que no lo son, y por felicidad à lo que muchas veces los hace infelices, y desdichados. Para quitar en esto toda equivocacion, se ha de saber, que las cosas que se presentan à los sentidos, solo causan en el alma aquellas impressiones que son necessarias para la conservacion del cuerpo (103); de modo, que el dolor advierte al alma el daño que el cuerpo padece, y el placer muestra su buena constitucion. Por esto solemos tener por males los dolores, y por bienes los gustos, y deleytes. Aqui se ha de advertir, que por dolor se entiende qualquiera molestia, que indica al alma no hallarse sano el cuerpo, con lo que no solo se comprehende aquel sentimiento, que propiamente llamamos dolor, sino tambien la congoja, opression, desmayo, y otras semejantes molestias, que muestran, y significan algun desorden en la fabrica del cuerpo humano. Tambien se ha de saber, que aquella sensacion, que llamamos gusto y deleite sensibles, se sigue solo en el alma quando las fibras del cuerpo se vibran en cierta, y determirada manera; assi vemos, que los manjares ocasionan gusto en el sano, y desabrimiento en el enfermo, porque las fibras de la lengua se mueven de un modo en la salud, y de otro en la enfermedad. Siendo esto assi, còmo ha de tener el hombre por bien verdadero à una cosa que las mas veces le causa daño? Què en lugar de ocasionar el gusto causa desabrimiento? Què lexos de conservarle muchas veces le destruye? Què en lugar de producir un contento durable, y solido solo ocasiona un gusto transitorio, y aparente? Què en lugar de apartar los males que pueden hacerle infeliz, los atrae, los lleva, y casi siempre los acompaña?
113. Considerense los luxuriosos, y se hallaràn llenos de perturbacion, su animo inquieto, la salud perdida, la hacienda gastada, y siempre rodeados de penas, sobresaltos, y temores por solo un deleite passagero, y bestial. Pongase la consideracion en los que tanto celebran los banquetes, las bevidas, y los regalos, y se veran perder la salud del cuerpo con lo mismo que la pretenden conservar. Veanse en fin todos aquellos que van de gusto en gusto, de placer en placer, y nada mas buscan que embelesar sus sentidos, y hallaràn como nunca queda satisfecho su deseo, porque apenas logran una diversion quando los fastidia, y van à buscar otra, y assi passan su vida sin hallar complemento à sus apetitos. Todos estos son muy sensibles, y poco racionales, pues si consultàran la razon hallarian que los sentidos no les ofrecen verdaderos bienes, antes por el contrario los acarrean muchos males.
114. Mas aunque los Filosofos gentiles estan discordes en explicar qual sea el verdadero bien, los Christianos ilustrados con la Fè no pueden ignorar que el verdadero bien, y felicidad que naturalmente apetecen es Dios (88), y que solo en èl se halla el complemento de todos los bienes, y el apartamiento de todos los males. Es preciso pues que sepan, que solo puede ser bueno, lo que sea conforme a la voluntad divina, y al soberano orden que ha establecido el Criador entre las criaturas racionales, porque solo puede ser bueno aquello que conduce para que los hombres logren la ultima felicidad, ò à lo menos aquello que no los aparta de la consecucion de su ultimo fin. Por esso el soberano Hacedor de todas las cosas imprimiò, y sellò en los corazones de los hombres la idea del bien con inclinacion à seguirle, y la del mal con inclinacion à evitarle (41). Mas como el pecado causò la ignorancia, y excitò la concupicencia (33), se obscurecieron aquellas ideas, y passò el hombre à buscar el bien en las cosas sensibles, donde no puede hallarse.
115. Y para conocer mas perfectamente todas estas cosas se ha de saber, que la felicidad de los hombres puede considerarse en dos maneras. En el primer modo es el mismo Dios, y por esso no puede lograrse en esta miserable carrera del mundo. La otra felicidad es la que pueden los hombres conseguir en esta vida, y puede llamarse imperfecta, y secundaria.
Los Filosofos antiguos excitaron muchas dudas sobre el constitutivo de la felicidad, del hombre en este mundo, y omitiendolas aora por no conducir à nuestro assunto, ha de sentarse como cosa cierta, que ni aun en este mundo puede ser feliz el que se aparta de Dios, y por esso tengo por cierta la dotrina de los Estoicos Christianos, que ponen la felicidad de los hombres en el exercicio de las virtudes christianas. Deste modo se comprehende, que serà feliz en algun modo en este mundo, el que hiciere las cosas conformes al orden que Dios ha establecido, y con mira à sus santas leyes, y con la observancia de los divinos preceptos. Assi podrà qualquiera usar de las cosas sensibles, con tal que el uso dellas sea conformandose con las leyes divinas, y humanas; no porque aquellas cosas sean el bien à que deben aspirar los hombres, sino porque conducen à mantener la vida, la fama, y otros bienes que logra el hombre en esta mortal carrera àcia la eternidad. Por esso los objetos sensibles solo son respectivos à la felicidad humana, porque pueden hacerle feliz en este mundo, con tal que el hombre use dellos segun la razon, y segun el instituto que Jesu Christo prescrive en su santa Ley, y divinas enseñanzas.
106. Pero son muy pocos los que consideran estas cosas, y son muchos los que llevados de la concupicencia, y engañados por la ignorancia juntan à las cosas sensibles la idea de su felicidad, y con el apetito que tienen desta, se dirigen àcia aquellas. Los pobres apetecen las riquezas, y demàs aparatos magnificos que ven en los ricos, y es porque se engañan juntando la idea de las riquezas con la de su felicidad. Todos apetecen naturalmente la vida, y la salud, y pareciendole al que està enfermizo que el sano es feliz, apetece la felicidad deste, y alguna vez se engaña, porque aun con la salud està lleno de otras miserias, que tal vez son de mayor peso que la enfermedad. Todos apetecen el contento, y aborrecen el dolor, y la molestia: de aqui se sigue, que el pobre quando ve à los ricos, y poderosos andar en coche, comer regaladamente, y no trabajar, le parece que en aquello consiste toda la felicidad, y la apetece con gran ansia, y la suspira; pero si supiera debaxo de tanta pompa, y de tanto numero de criados, y grandeza, què animo se esconde tan inquieto, y lleno de molestias, le tendria, no por feliz, sino por el mas miserable del mundo41. San Juan Chrisostomo42 hace una hermosa comparacion, contrapesando las felicidades de los pobres con las de los ricos; y tengo por cierto, que si aquellos que tienen lo preciso para sostener la vida, y cubrirse de las injurias del tiempo, saben hacer uso de la razon, no solo no embidiaràn à los ricos, y poderosos, sino que les tendràn lastima. Por esso llama Virgilio43 felices à los labradores, si estos saben conocer los bienes que possehen. Y yo llamo afortunados à aquellos que viven en la soledad apartados de estos engañosos aparatos de los sentidos44; y mucho mas felices à los que viviendo en la soledad, ponen su dicha en el exercicio de la virtud, y contemplacion de las cosas divinas. Los que assi viven gustosos, es cierto que logran un contento, y satisfaccion de animo infinitamente mas estimable que los tesoros de Midas, y los triunfos de Cesar.
117. Siguese de todo lo dicho, que los sentidos solo ofrecen falsos bienes, ò aparentes, y por consiguiente que es necedad ir los hombres dotados de razon buscando continuamente los engañosos atractivos de la concupicencia. Siguese tambien, que solo ha de fiarse el hombre de lo que le ofrecen los sentidos para la conservacion de su cuerpo, y el uso de los objetos sensibles ha de ser conforme à la razon, y à las leyes divinas, y humanas. Por esto serà convenientissimo no juzgar prontamente de lo que los sentidos presentan, porque en esto se expondràn los hombres à infinitos engaños. Serà bien suspender el juicio, ò dudar en semejantes representaciones, para examinar con la razon las cosas antes de assentir à ellas. En efecto la prudente duda, que tanto hemos aconsejado en el cap. 3. es en esto muy necessaria, porque hemos de considerar, que enflaquecida la razon por el pecado original, nos governamos mas por las apariencias de los sentidos, que por el juicio, y serà prudencia desconfiar de las representaciones dellos, y no mosvernos à desear las cosas que nos ofrecen, sin consultar la razon, y las maximas de la moral Christiana.
118. En las cosas fisicas es grande el imperio de los sentidos, y en la misma proporcion lo es tambien el numero de errores que ocasionan. Cree el comun de los hombres, que las calidades sensibles como el frio, calor, humedad, sequedad, color, y otras semejantes, estàn en los objetos, y se engañan, porque estàn en su celebro, ò mejor en su alma, y los objetos las ocasionan. Desto he tratado en mi primer tomo de Fisica, y tratarè con mayor extension en el segundo. Por aora advierto, que este error viene à los hombres desde la niñez, y por esso es tan dificil de desarraigar. Quando somos niños, y nos acercamos à la lumbre, sentimos calor. En aquella edad no suspendemos jamàs el juicio, antes por el contrario, juzgamos de las cosas como nos parceen, y no como son, porque entonces somos sensibles, y no racionales, esto es, solo exercitamos la potencia de sentir, y no la de razonar. Por esto juzgamos que ay en los objetos todo aquello que causan en nosotros; y causando el fuego al calor quando nos acercamos à èl, nos parece que el fuego le tiene. Del mismo modo juzgamos entonces, que el color està en las cosas, siendo cierto que solo ay en ellas la disposicion que es necessaria para vibrar la luz, y hacer èste ù el otro color.
119. Nace este error de otro que nos ocasionan tambien los sentidos, porque suelen los hombres juzgar que no existen algunas cosas, quando no alcanzan los sentidos à percibirlas. Creyòse mucho tiempo que el Arador era el insecto mas pequeño, y se creyò assi, porque no alcanzava la vista por sì sola à descubrir otros insectos infinitamente mas pequeños que el Arador, los quales despues se han podido ver con la ayuda del Microscopio. Tampoco alcanzaron muchos de los antiguos los satelites de Jupiter, y Saturno, ni conocieron que la via lactea era un numero copiosissimo de estrellas, porque la vista no descubria por sì sola estos cuerpos, y los percibe con el socorro del Telescopio. A este modo pudiera traer muchos exemplos de Fisica, para manifestar que no admitian algunos Filosofos si no aquellos objetos, que se proporcionavan à sus sentidos. Por esto como la intima textura de las partes de la materia no se percibe por los sentidos, no la tuvieron por causa real de los efectos de los cuerpos inanimados, y en su lugar substituyeron las formas. Como tampoco perciben los sentidos las partecillas que rodean al rededor del imàn, juzgaron que no las avia, y en su lugar pusieron una calidad oculta. Como no perciben los vapores, y exhalaciones que hacen la particular atmosfera de los cuerpos, ni la proporcion ò desproporcion entre ellos, y mucho menos su movimiento, juzgaron que no los avia, y quando se ofreciò explicar la fuerza electrica, y otros semejantes efectos, acudieron à las fingidas fuerzas de la simpatia, y antipatia. Muchos otros errores semejantes à estos cometen comunmente los Fisicos, en especial si estudian la Filosofia de los Arabes que han corrompido la Fisica, y solo puede decirse dellos, que fueron ingeniosos, pero con muy poco juicio. No viendo pues los hombres las pequeñas particulas del fuego que empujan à nuestras fibras, juzgan que estas no pueden causar el calor, y juzgarian tambien que una aguja, ò una astilla no podia causar dolor si no las viessen, ò tal vez juzgarian que estava el dolor en la astilla, ò en la aguja, como juzgan que està el calor en el fuego.
120. Otro error ocasionan los sentidos muy general en las cosas pertenecientes à la Fisica. Suelen los hombres colocar baxo una misma especie las cosas que tienen entre sì semejanza, ò sea en el color, ò en el gusto, y por esto se goviernan para atribuirlas unas mismas calidades. Observò Galeno, que algunas cosas amargas eran calidas, y puso por regla general: Que todo lo amargo es calido45, lo qual es falsissimo, y fundado en la sola semejanza que tienen las cosas en el sentido del gusto. Del mismo modo estableciò la otra maxima: Todo lo acedo es frio46, ni se tuvo presente para afirmarlo otra cosa, que aver observado dos, ò tres distintas cosas acedas, y frias. Pero qualquiera medianamente versado en la practica de la Medicina, sabe que ambos axiomas son falsos, y pueden señalarse muchissimas cosas amargas que son frias, como la chicoria, cerrajas, y otras semejantes; y otras tantas acedas que son calientes, como los pimientos, las passas, y otras muchas. Para conocer de donde viene este error, basta considerar, que la virtud de calentar, ò resfriar, y assi de las demàs, consiste en la combinacion de todas las partes que componen un mixto, y del excesso con que dominan unas à otras. Esta combinacion en quanto es necessaria para causar el calor, no siempre està junta con la amargura, como ni la amargura se halla siempre junta con aquella combinacion. Demàs desto cada sentido requiere distintas vibraciones en las fibras de sus organos respectivos, para que assi correspondan en el alma las percepciones que les tocan, y puede un mixto tener la disposicion que se requiere en sus partes para excitar cierta vibracion en el gusto à quien corresponda la percepcion de amargura, y no hallarse con la disposicion que es necessaria para excitar la vibracion en el tacto del modo que se requiere para el calor, al modo que el almizcle excita una sensacion agradable en el olfato, y desagradable en el gusto. Galeno no se detuvo en estas cosas, y por esso su tratado de las facultades de los siemples està lleno de maximas engañosas, falsas, y ha sido facil arraigarse todas en el comun de las gentes en tantos siglos como se ha mirado por el Padres de la Medicina. Los Quimicos, y Botanicos modernos proceden en esto con mayor cautela, porque descubren en las plantas, y demàs simples la composicion de sus partes, y no se goviernan por la semejanza externa que tienen entre sì, sino por el agregado de todas las afecciones sensibles, y assi las averiguan certificandose de la verdad por el informe, y concurso de todos los sentidos à un tiempo. No solo en distinguir estas cosas se engañan los Medicos que se goviernan por las propuestas maximas, sino tambien en la semejanza de los simptomas, ò accidentes que acompañan à las enfermedades. Quexase una muger de un dolor que la aflige con gran molestia en la boca del estomago, y al mismo tiempo vomita coleras verdes. Llega el Medico, que solo se govierna por la semejanza exterior de las cosas, y luego juzga que es dolor colico, y aplicandole los remedios especificos desta enfermedad, no solo no la cura, sino que la empeora. Si hace uso de la razon, y no se fia de las primeras apariencias de los sentidos, juzgarà que el dolor, y el vomito nacen de afecto histerico, y con pocos remedios facilmente le darà la salud. Son infinitos los males internos, que por defuera se presentan à nuestros sentidos con señales semejantes, y es menester un juicio atinado para distinguirlos; pero no ay que esperar que los conozcan los Medicos vulgares, que solo se goviernan por los sentidos, y no consultan la razon.
121. Pero en ninguna cosa se engañan mas los hombres, haciendo mal uso de los sentidos, que en el trato civil; y todos los errores que en èl se cometen, solo nacen de que se fian demasiadamente de las apariencias sensibles. Casi todos siguen las cosas que se imprimen mas en el alma, y forman huellas mas hondas en el celebro; y como las cosas sensibles hagan esto porque tocan à los hombres mas vivamente, por esso facilmente dexan llevarse de sus impressiones. Pero el hombre sabio, enterado de los engaños que ocasionan las imagenes de los sentidos, percibe como los demàs los objetos que se le presentan, y juzga, no segun las apariencias, sino segun la razon. Si yo pudiera imprimir esta maxima en el comun de los hombres, sè ciertamente que serian mas racionales, menos sensibles. Para conocer esto, harè ver algunos errores frequentes en el comercio civil, y este conocimiento podrà servir para evitar muchos otros, siendo impossible proponerlos todos.
122. Es frequentissimo juzgar los hombres de las cosas por las apariencias: que se presentan à los sentidos, sin examinar la realidad de las mismas cosas, y por esso es tambien frequentissimo engañarse. Bello rostro tiene Ariston, dice uno, la cara es de hombre de bien: què agasajo tiene! es cierto que tiene policìa, y habla con modo, y trata con cortesìa à todo el mundo. O! es Ariston muy buen hombre. Este juicio, de que Ariston es hombre de bien porque tiene buen rostro, porque habla con modo, &c. suele ser fatalissimo, y muchas veces con estas circunstancias se halla un ladron insigne. La razon dicta, que para afirmar seguramente que Ariston es hombre bueno, sepamos que es virtuoso, porque como hemos dicho no puede serlo de otra forma (115). Pues si todas aquellas apariencias externas se compadecen tanto con la virtud como con el vicio, porquè ha de governarse el hombre por ellas para afirmarlo? Del mismo modo yerran los que juzgan lo contrario. Cleobulo, dice otro, va con abitos largos, el cuello torcido, sombrero grande, con gran compostura, y despues se ha averiguado que era hipocrita, y por tal le han castigado. No ay que creer pues à èstos que andan con semejante trage, y figura. Este ultimo juicio es erradissimo, ya porque de un exemplar, que se ha presentado à los sentidos, no se ha de juzgar de todos, como hemos visto hablando de la Experiencia (99), ya tambien porque si Cleobulo con aquel abito exterior de virtud era hipocrita, no lo son otros, antes es muy regular acompañar à la verdadera virtud aquella modesta compostura.
123. Por otro camino yerran tambien muchissimos. Oyen à un Predicador, que habla con frases compuestas, y adornadas, sus voces son exquisitas, sus clausulas tienen cadencia, su ayre en el decir es primoroso, y sin otro examen dicen: O! este es un Predicador sin segundo. Este juicio es de los mas comunes, y mas errados que oigo en el trato civil. Con todas prendas no tiene el Predicador otra habilidad, que la de embelesar à necios, porque todas no hacen mas que hinchar la fantasìa, y halajar los sentidos con bellas apariencias. Tan acertado es aquel juicio, como el que hiciera un hombre si viesse à una Mona con manillas, perlas, afeites, y otros adornos externos, y la tuviera por hermosa. La regla fixa47 que qualquiera hombre cuerdo ha de tener para distinguir estas vanas apariencias de la realidad de las cosas, es considerar la solidèz de las maximas que el Predicador propone, y ver si en ellas resplandece lo verdadero, y lo bueno, si ay orden, y conexion entre las pruebas del assunto, y si estas son eficaces para hacer que el auditorio convencido, se mueva à amar lo bueno que se
ropone, y seguir la verdad que se persuade; pero en oyendo à un Predicador que empieza con antithesis frequentes, con vanos preambulos, con frasses muy estudiadas, y con cadencias poeticas, serà bien desconfiar un poco, porque es cosa comunissima que semejantes artificios anden juntos, no con verdades solidas, sino con fruslerias, y puerilidades. En efecto estas artes son para encantar los sentidos con la harmonia de aquella Musica con que el Orador canta mejor que predica, y no hemos de dexarnos llevar de sombras, sino de realidades.
124. Cada vez que veo esto entre los Christianos, me lastimo de la falta de Logica de muchos oyentes, porque si estos supieran despreciar como merecen tales adornos, tal vez no los usarian los Predicadores. Y es cierto que no los necessitan los que predican la palabra de Dios, porque èsta por sì es eficacissima, y propuesta con claridad, y dulzura halla facil acogida en el corazon humano, donde estan estampadas las señales de la luz del rostro del Señor (41). Las maximas del Evangelio de Jesu Christo llevan consigo tanta claridad, y resplandor, que no necessitan para ser estimadas, de vanos adornos, y mucho menos de las superfluidades con que à veces las vemos vestidas; y es cosa comunissima que los que predican valiendose de semejantes artificios hagan muy poco fruto, porque los hombres son muy sensibles, y escuchan con mayor gusto los atractivos de los sentidos, que el peso de la razon; y si debaxo de aquellos aparatos ay algunas verdades solidas, no las considera el entendimiento, porque le ofusca la aparente dulzura de los sentidos48.
125. No es esto decir que se ayan de trabajar todas las Oraciones sin ningun adorno, porque no sijo el dictamen de los que dicen, que la eloquencia es naturaleza, y no arte. Pocos dias ha vi estampada esta maxima en el segundo tomo de las cartas eruditas del P. M. Feijoò, y me parece que solo se halla en el titulo de la carta, y no en el cuerpo della. Porque lo que el P. M. Feijoò prueba, es que sin arte ay quien es eloquente, y que por mas arte que aya nunca puede ser uno eloquente sin la naturaleza, esto es, sino tiene un gran fondo de natural eloquencia. Esto es verdad, y es falso el titulo, porque en en èl se dà à entender, que el estudio de la Retorica para nada sirve, y assi lo afirma este Escritor famoso. Yà Quintiliano49 tratò de proposito este assunto, y aviendo rechazado a los que tenian la Retorica por inutil, afirma que sin el arte, ninguno puede ser Orador consumado, aunque sea tambien necessaria para esto la naturaleza. En nuestros dias han renovado estas quexas algunos Modernos50 ponderando, que debia la Retorica desterrarse del pulpito. La mayor parte de los eruditos no aprueban tan universal dictamen, y quantas invectivas emplearon los Antiguos, y Modernos contra este Arte, fue solo por desterrar el abuso que se observa en algunos, que unicamente se aprovechan dèl para hacerse habladores hinchados. S. Agustin51, y muchissimos Escritores que han examinado bien esta materia juzgan, que en algunas ocasiones es utilissimo el Arte de la eloquencia, si se sabe hacer de èl buen uso. Como quiera que sea, sin introducirme en semejante question me parece que no puede ser acertado el dictamen del P. M. Feijoò, porque debiera aver antes estudiado de proposito la Retorica; aver visto el uso artificioso conque se han aprovechado loablemente della los Griegos, y Latinos; aver mirado de intento, no la Retorica pueril que suele enseñarse à los muchachos, sino aquel arte racional de animar los pensamientos, de mover los afectos, de excitar las passiones, y de hacer mas clara la verdad, lo qual no lo ha hecho segun èl mismo confiessa52; pues còmo ha de ser justo el dictamen sobre una materia no estudiada? Del mismo modo que el de aquellos que impugnan los sistemas modernos sin averlos visto.
126. Digo pues que pueden trabajarse las oraciones con estudio, y à veces es necessario valerse del arte para hacerlas perfectas; porque uno de los fines del Orador es persuadir, y para esto algunas veces es menester excitar los afectos, y animar las passiones de los oyentes, lo qual con el arte se hace maravillosamente. Demàs desto ay algunas verdades que son intolerables à los hombres, y el Orador ha de hacerlas suaves, y acomodarlas à ser bien recibidas, por lo que en algunas ocasiones es bien hacer un poco deleitable la Oracion, porque la verdad que parecerìa inadmisible por sì sola, es bien recibida por lo dulce, y agradable que la acompaña53, que, al fin, bueno es usar de algun arte para hacer comprehender à los hombres la verdad quando se considera, que no ha de lograrse esto de otra manera. Pero siempre ha de llevar el Orador la mira de poner el fundamento de su oracion en las verdades ciertas, en las maximas solidas, y en introducir en los oyentes el amor à lo bueno, y à la virtud, y solo para hacer ver claramente estas cosas le serà licito usar de adornos, pero nunca serà bien colocar todo el trabajo en hablar mucho, y decir nada. Si el P. Feijoò dixera, que el arte ha de ser en las Oraciones muy dissimulado, y tanto, que se confunda con la naturaleza, y que la fuerza de la eloquencia verdadera ha de consistir en el vigor de las maximas, y en lo solido de las sentencias, y no en la pompa de las palabras, huviera dicho una verdad admitida de todos los Sabios.
127. O! dirà alguno que esso es rigor de los Criticos, porque no ay Sermon donde no se propongan muchos textos de la Sagrada Escritura, y estos contienen grandes verdades. Es assi, pero tambien es certissimo que los mas de aquellos textos no los entiende el Pueblo en el modo que suelen proponerse, y me consta esto por experiencia, y si se comprehende lo que contienen, nada persuaden por la mala aplicacion, porque el entendimiento humano es de tal naturaleza, que busca el orden, y conexion entre sus ideas, porque en esto consiste la fuerza de razonar, y como no fuele hallar esta conexion muchissimas veces entre los lugares de la Escritura que se explican, y el assunto à que se traen, por esso no queda convencido. No pretendo con esto dar à entender que no se hallan Oradores muy estimables, antes por el contrario conozco, y reverencio algunos por su dotrina, por su rara eloquencia, y por su exemplo, y sino temiera ofender la modestia de alguno, le propusiera como modelo digno de imitarse en este assunto.
128. Valgame Dios, dice Aristlon, que primoroso, y sabido es Adonis! Tiene una hora de conversacion, y en toda ella habla chistes, y cosas agudas que es un pasmo; què equivocos usa! Naturalmente habla en verso, y con suma facilidad deleita. Vanissimo es el juicio que hace Ariston de su Adonis y es porque no tiene Logica, ni trabaja en exercitar la razon, porque esso mismo que tanto alaba, hace intolerable à los sabios la conversacion de su Adonis. Qualquiera puede notar, que estos tales ordinariamente se escuchan, y hablan tan afectadamente, que toda su agudeza y toda su poesìa no es mas que una vanissima afectacion y se conoce facilmente atendiendo, que en todo un año, despues de aver tenido todos los dias una hora de semejantes conversaciones, en todo el año digo no ha dicho una sola verdad nueva, ni nada que ayan tenido los concurrentes que aprender; lo que ha dicho son cosas vulgarissimas con frases pomposas, que es lo mismo que si huviera engastado en plata un pedazo de corcho. No obstante à Ariston le gusta este su Adonis, porque le hincha los sentidos, y le halaga con algun deleyte superficial. Si Ariston estudia la buena Logica, sabrà que nada ha de satisfacer al entendimiento sino lo solido, y lo util, y estas cosas no se hallan sino en lo verdadero, y en lo bueno. Por esta razon han de despreciarse tantas poesìas, que cada dia nos vienen à las manos, y nada mas ay en ellas que la cadencia, y solo las pueden aprobar los hombres que tienen el entendimiento en os oidos. Los que se contentan con las apariencias sensibles, celebran mucho algunos poemas, que ni tienen substancia, ni tienen solidez, ni contienen mas que pensamientos superficiales, y en fin que son mas frios que el mismo yelo. No obstante se aplauden, y se celebran como venidos del Cielo, y estos vanos aplausos nos acarrean despues una lluvia de Poetas que nos oprimen, y la poesìa se hace estudio de moda, de suerte, que es tenido por grande hombre un vanissimo Poeta. Por esto son tan comunes las malas poesìas, y tan abundantes, que tan facil es tropezar con los malos Poetas, como con langostas, vicio que ya reprehendiò con agudeza el ingenioso Don Francisco de Quevedo; y no ay esperanza de que se corrija sino se estudia muy de proposito la verdadera Logica, y se hacen los hombres à no fiarse de las apariencias de los sentidos, y à consultar siempre la razon.
129. Entre las apariencias de los sentidos ninguna es mas engañosa que la que lleva el caracter de bello, y de hermoso. Todavia no estàn conformes los Filosofos en difinir en què consiste lo que llamamos hermosura, y belleza, assi en las cosas animadas, como inanimadas. Yo pienso; que lo que llamamos hermosura en las cosas sensibles es el orden, y proporcion que tienen entre sì las partes que las componen. Este orden es relativo à nuestros sentidos, porque à unos parece hermoso lo que à otros feo; y tanta variedad como se encuentra en estas cosas, nace de la impression diversa que un mismo objeto ocasiona en distintos hombres, y del diferente modo con que excita los sentidos en cada uno. Sucede pues en esto lo mismo que en todas las otras percepciones de los sentidos, que solo nos ofrecen las cosas con proporcion à nuestro cuerpo (103). La hermosura sensible no es mas que apariencia, porque no es mas que la combinacion de los rayos de la luz segun la reciben de los objetos, y la comunican à nuestros ojos; y por esso quando se mudan las cosas que embian la luz, se muda la hermosura dellas. Desto ay infinitos exemplares en las flores, y en las mugeres que parecen hermosas en la verdor de los años, y feas en haciendose viejas; y es porque la edad va mudando la contextura del cuerpo de modo, que la luz no adquiere en la vejèz la vibracion que adquiriò en la juventud.
130. Siguese desto, que la hermosura destas cosas sensibles es una apariencia, que solo puede arrastrar à los hombres que dexan llevarse de sus sentidos sin exercitar la razon. El ver pues como inconsideradamente buscan muchos estas apariencias, y van con inquietudes continuas àzia estos vanissimos atractivos de los sentidos, hace ver el poco uso que hacen los hombres de la razon, y lo poco que reflectan para distinguir lo aparente de lo verdadero. La verdad tiene una hermosura, que puede satisfacer al entendimiento; la bondad lleva consigo una belleza capàz de atraer à la voluntad. Si yo dixera, que el entendimiento recibe un gran contento quando descubre la verdad54, y que la voluntad le recibe tambien quando ama lo bueno, diria una cosa certissima, y digna de que la escuchassen, y meditassen seriamente todos los hombres; pero son tan sensibles por lo comun, que les parecerà esto digno solo de contarlo à los habitadores de los espacios imaginarios.
131. Los hombres, que solo hacen uso de sus sentidos, miran este orden de la hermosura, y siguen los desordenados afectos que ocasiona. Què voz tiene Lucinda tan suave! què ayre tan magestuoso! Es una maravilla como canta, como anda, como habla! Todo es un encanto. Y es verdad que es un encanto para los que se paran solamente en las apariencias sensibles. Ni ay que dudar, que el tono de la voz, el ayre del semblante, la risa natural, el trato amable, y à veces las lagrimillas de las mugeres son un dulce veneno que ocasiona mil estragos en los poco advertidos, que no conocen que aquellas cosas, ò son la luz diferentemente modificada, ò el ayre vibrado con mayor, ò menor fuerza.
132. Para conocer mejor la vanidad destas apariencias, se puede considerar la hermosura, y belleza de las cosas como un orden fisico, ò como orden moral. En el primer modo admira la hermosura à los labios, porque consideran en ella un orden de partes maravillosamente fabricado por el Criador, y porque se descubre aquel numero, peso, y medida con que ha hecho todas las cosas materiales, y sensibles. La consideracion de lo hermoso, y de lo bello en este sentido es inocente, y tal vez loable, porque excita la idea de la divina Omnipotencia. Con orden moral se consideran estas cosas como pertenecientes à las costumbres, ò como objetos de las acciones morales de los hombres. En este modo no puede el hombre, ni debe amar, ni abrazar semejantes objetos, sino conformandose con la ley divina, y con sus sacrosantos mandamientos, y preceptos (115); y esto es lo que dicta la razon, porque con ella alcanzamos, que de todas las cosas sensibles no podemos debidamente hacer otro uso, que atendiendo al fin que el Criador se ha propuesto, y con respecto àzia la eterna felicidad de los hombres.
133. En el amor à lo bello sensible erramos tambien de otra manera. Quando se nos presenta un objeto hermoso à la vista, no solo tenemos la percepcion, ò imagen que entra por los sentidos, sino que juntamos à esta percepcion la idea del bien, y la voluntad es llevada à amarle. Pero como ya hemos dicho todas las apariencias, y objetos de los sentidos no ofrecen sino falsos bienes, ò aparentes, y àzia ellos nos arrastran la concupicencia, y el desorden de los apetitos. El hombre que usa de la razon no hace caso destos aparentes bienes, y dexa de juntar la idea del bien con semejantes objetos, antes algunas veces junta la idea del mal, la idea de lo aparente, la idea de lo engañoso, la idea de lo falso, y deste modo aparta de la voluntad el amor desordenado de las cosas bellas sensibles.
134. Esta facilidad de detenerse los hombres en las cosas sensibles nace, como ya hemos dicho, de que las huellas que èstas dexan en los nervios, ò en el celebro son muy hondas, y duran mucho, y con dificultad se borran, y como el alma corresponde con ciertas representaciones (28), de aì procede que le hagan mayor impression las cosas que entran por los sentidos, que las que por sì misma alcanza. Este es el motivo de muchissimos errores, y en especial de que hacemos mucho caso de lo que tenemos presente, y despreciamos lo venidero. Todos los Christianos, y todo hombre que hace uso de la razon, conoce la eternidad, y sabe que no somos criados para este mundo, sino para el Cielo, no obstante estamos tan atados con aquèl, que muy pocas veces pensamos en èste, y es porque el mundo le tenemos presente, y obra continuamente sobre nuestros sentidos, y la eternidad la miramos de lexos; ò lo que es lo mismo, conocemos este mundo por los sentidos, y al Cielo con la razon.
135. Todas estas consideraciones tiran à fortalecer la razon contra las apariencias de los sentidos, y à avisar à los hombres, que sus sentidos son tal vez su mayor enemigo, que no deben facilmente dexarse llevar de sus representaciones, y que no juzguen precipitadamente por solo su informe sin consultar la razon. Hanse de mirar como instrumentos dados por el Criador para la conservacion del cuerpo humano; y se ha de advertir, que siendo los unicos medios por donde el alma empieza a alcanzar las cosas (17), son tambien el principal origen de sus errores, y de sus males.
De los errores que ocasiona la imaginacion
136. No es possible comprehender en muchos tomos los errores que ocasiona la imaginacion, pero propondrè los mas notables, y facilmente podrà el que fuesse atento conocer de quantas maneras nos engañamos por las representaciones desta potencia. Hase de tener presente, que nosotros formamos imagenes de todas las cosas que percibimos, no solo de las sensibles, sino tambien de las espirituales; porque las cosas que son corporeas empujan inmediatamente los organos de los sentidos, y el alma las percibe formando una imagen, ò representacion de ellas à la que hemos llamado idea sensible. Mas aunque no se perciban assi las cosas espirituales, no obstante en el modo que podemos hacemos sensibles sus imagenes, ò percepciones, porque al tiempo de pensar en ellas imprimimos la especie de la voz con que las nombramos, ò nos las figuramos como lineas, ò las comparamos à otros objetos sensibles, como largamente hemos explicado en la primera parte.
137. Si considerassemos atentamente estas cosas, hallariamos dentro de nosotros un mundo espiritual mucho mayor que este que habitamos, y reducido à cortissimo espacio, es decir, hallariamos en nosotros mismos las imagenes que corresponden à los objetos que componen este mundo visible, y à los espirituales, è incorporeos que no son de su esfera, y lo que es mas todas reducidas al corto espacio que ocupa el celebro del hombre. Porque ya hemos mostrado en la primera parte, que el alma hace todas las percepciones en el celebro, y que en este se imprimen las huellas, ò señales de todas la cosas que el alma percibe assi corporeas, como espirituales. Consideremos pues quantos objetos se presentan à nuestros sentidos en el discurso de una larga vida, y hallarèmos que las imagenes de todos se hallan en el alma, y en el modo que hemos ya explicado se imprimen en el celebro. Consideremos tambien de quantas maneras combinamos, ò separamos tantos objetos, y veremos estampadas en el celebro las huellas que corresponden à las imagenes de tantas combinaciones, y separaciones. Pensemos despues quantas veces percibimos las cosas espirituales, de quantas maneras abstraemos la naturaleza de las cosas, y en fin la muchedumbre copiosa de puras intelecciones que hacemos en el uso de las ciencias abstractas, y hallaremos que todas las contiene el alma, y de todas quedan vestigios sensibles en el celebro. Si meditamos un poco sobre esto podremos decir, que este es un Reyno, ò mundo interior reducido à pequeño espacio, pero capaz de contener mayor numero de ideas que el de las cosas del mundo material que habitamos; y si levantamos debidamente la consideracion, avremos de reconocer la infinita sabiduria que ha fabricado tan maravillosa obra para ser la principal habitacion del alma y decir con el Apostol, que las cosas invisibles de Dios se hacen inteligibles à las criaturas racionales por las obras maravillosas que ha hecho.
139. La disposicion del celebro causa la variedad que se observa en las imaginaciones. Si es capaz de recibir muchas imagenes hace una imaginacion fecunda; si recibe las imagenes, y las huellas se hacen hondas, serà la imaginacion fuerte; si con facilidad recibe las impressiones es la imaginacion blanda; si una vez recibidas con tenacidad las retiene es vehemente; si facilmente las recibe, y con la misma facilidad se borran es torpe; si con dificultad se imprimen, y tenazmente se retienen es violenta, y à este modo pueden ser infinitas las combinaciones que nacen de la diversidad de temperamentos, y diferente estructura de lo sessos humanos. Lo que principalmente se ha de notar es, que toda suerte de imaginacion nos puede ocasionar el error, porque puede engañar al juicio, de modo que, si bien lo consideramos, no ay error en la imaginacion sino en el juicio, à la manera que sucede con las percepciones de los sentidos. Debese pues poner el cuidado possible en governar bien el juicio, y en no dexarse llevar de las apariencias de la imaginacion. Aprovecharà mucho para conseguir esto saber, que las passiones casi siempre acompañan à la imaginacion, lo que es causa de muchos errores. Porque el miedo, el odio, la esperanza, y otros afectos suelen excitarse en el alma quando èsta percibe algun objeto, al modo que hemos explicado en la parte primera.
139. Con estas advertencias serà facil descubrir muchos errores que ocasiona la imaginacion, y manifestar el modo de evitarlos, y para disponerlos con orden los distribuiremos en los que pertenecen à la religion, y al trato civil, donde comprenderemos los que atrassan los progresos de las artes, y ciencias. Gran parte de las heregias que en todos los tiempos han infectado la Iglesia, han nacido de imaginaciones fuertes, y fecundas. Pongamos en la antiguedad à Montano que imagina vivamente, que el Espiritu Santo ha dado à èl sus dones, y no à los Apostoles, imprimiendose profundamente en su celebro las huellas deste, y de otros errores. Entonces los humores del cuerpo, y las fibras del celebro de Montano se iban amoldando, y digamoslo assi, familiarizando con aquellas imagenes de la fantasia, à lo que se siguiò, que la razon flaca, y el juicio poco solido se dexaron llevar de la fuerza, y vehemencia de la imaginativa, y cayeron en la heregia. Fuele facil à Montano hacer creer como verdaderos los falsos entusiasmos de su imaginativa à Prisca, y Maximilla, que por el sexo, y falta de instruccion, logravan una imaginacion fuerte, y la razon flaca. Tuvo Tertuliano la imaginacion muy fuerte, y vehemente, y no la acompañava un juicio de los mas solidos; y recibiendo en su fantasìa los errores de Prisca, no supo enmendarlos. Pero en Tertuliano no era solo fuerte la imaginacion, sino vehemente, pues se le imprimian tan fuertemente las cosas, que arrastravan al juicio, y por la vehemencia las persuadia facilmente à los demàs. No obstante esto es preciso confessar, que su Apologia por la religion es ciertamente obra util, y de juicio, aunque resplandecen mucho en ella las fuerzas de la imaginacion vehemente; pero acabò de mostrarlas en el libro de palio, donde emplea la eficacia mayor, y toda la vehemencia que es decible en persuadir cosas inutiles, y de ningun momento.
140. Algunos colocan à Seneca entre los Escritores de imaginacion fuerte, y de poco juicio55. No puede negarse, que Seneca tuvo la imaginacion fuertissima, y muy vehemente. Conocese en que igual eficacia emplea en las cosas improbables que en las ciertas, lo que es propio de los que tienen imaginacion indomita. Su descripcion del Sabio, no solamente es vana, sino ridicula, y como era su imaginacion fecunda, la hermoseò con tanta variedad de pensamientos, y sentencias, que ha embelesado à muchissimos lectores, ò tan imaginativos como èl era, ò de grande imaginacion, y pequeño juicio. No obstante se ha de advertir, que no fue Seneca de los Autores menos juiciosos, aunque creo que fue mayor su imaginacion que el juicio. Fue Estoico, ò quiso parecerlo, y se hallan en sus escritos sentencias, y maximas admirables para animar à seguir la virtud. Esto obligò à San Geronimo à contarle entre los Escritores Eclesiasticos y à tener por verdaderas las cartas de San Pablo à Sencca; mas los Criticos modernos no dudan que son apocrifas. Como quiera que sea tuvo Seneca eficacia loable en persuidir el camino de la virtud, como el unico medio para conseguir la felicidad humana; y ojàla que sus sentencias tuvieran mayor travazon, que assi serian mas estimables: de suerte, que ya en lo antiguo por esta falta fue llamado justamente el estilo de Seneca arena sin cal. He visto muchos libros modernos, que tratan, ò de maximas morales, ò politicas, y justamente puede atribuirseles la misma censura; y quizà su lectura fuera mas provechosa, si el entendimiento hallàra conexion entre las verdades que contienen.
141. En nuestros tiempos tenemos hartos exemplares de los errores que ocasiona la imaginacion vehemente, y fuerte quando està acompañada de poco juicio. Tanto numero de Hereges fanaticos, seame licito usar desta nueva voz, como vemos en nuestros dias, tienen corrompida la imaginacion, y passa el contagio à corromper el juicio. Imaginan una cosa, y esta hace tan hondas las huellas, que continuamente excita vibraciones, y estas continuamente comueven la imaginacion. El juicio entonces dexa libremente llevarse de la fuerza de aquellas imaginaciones, y las tiene por verdaderas, y assi ocasionan el error. Mr. Jurieu, Luthero, Zuinglio, otros Hereges se imaginavan mil desordenes en la Iglesia Catolica, y el juicio assentia à que realmente los avia, estando solo en su imaginacion. En èstos acompañava à sus depravadas imaginaciones alguna passion, porque como ya diximos en la primera parte, siempre que el alma percibe algun objeto, y tiene presente la imagen que se pinta en la fantasia, suele excitarse alguna passion, ò de esperanza si puede lograrse el objeto, y se considera util, ò de miedo si se considera dañoso, y cercano, y assi de otras mil maneras. En las expressiones pues de semejante hereges se manifiesta, que à su descompuesta imaginacion acompañavan passiones desenfrenadas, ya de odio àcia la Iglesia, ya de esperanza de ser por esse camino memorables, y afamados, ya el deseo inmoderado de la singularidad, y en fin un amor propio extremado que los hacia parecer à ellos mismos unicos en razonar, y los solos en conocer, y distinguir lo verdadero de lo falso. La fuerza de tan vehementes imaginaciones junta con el desorden las passiones tan extravagantes, arrastravan al juicio, y los hacia caer en feissimos errores.
142. Por otro camino yerran otros, y los precipita su imaginacion. Como todos sentimos, è imaginamos las cosas en la niñez, y entonces no razonamos, hacemos un habito de imaginar de tal suerte, que despues quando exercitamos la razon, casi nos vemos obligados à imaginar los objetos sobre que razonamos, y muchas veces no podemos percibir la cosa sino formamos idea sensible della en la imaginacion. Esta es la razon porque con solo el estudio theorico hacemos pocos progressos en las ciencias practicas, porque la sola theorica no ofrece ideas tan sensibles de las cosas como la practica, que las buelve mas perceptibles; sucede por esto, que algunos niegan todo aquello que no pueden imaginar. Calvino nunca pudo comprehender con su imaginacion, que el Cuerpo de Jesu Christo pudiera estàr en la Eucharistia, y en el Cielo à un mismo tiempo, porque la imaginacion no puede percibir à un cuerpo en dos lugares distintos à un tiempo; de aqui concluyò, que la presencia del Cuerpo de Jesu Christo en la Eucharistia no era real, y verdadera, sino mistica. Errò torpemente este Heresiarca, assi en esto, como en muchas otras cosas, por la fuerza de su imaginacion, y por dar à la imaginativa mayor extension de lo que le corresponde. No puede la imaginacion concebir à un cuerpo en dos lugares distintos à un mismo tiempo, porque el entendimiento entonces junta la idea de aquel cuerpo con la del lugar, y como las ideas de los lugares son distintas, hace distintas las del cuerpo, ò no sabe hacer à esta una sola. En este assumpto errò tambien Juan Clerico56, y muchos Logicos entre los Modernos. Pero para desengañarse no es menester mas que ver lo que toca à la imaginacion, y ver lo que pertenece à la razon. Esta dicta, que Dios puede infinitamente mas de lo que podemos los hombres imaginar, y que por consiguiente aunque la imaginacion no comprehenda una cosa, debemos creerla si la Fè divina la enseña. Estos sectarios admiten por ciertas muchas cosas que no puede alcanzar su imaginacion. La eternidad no la podemos imaginar, y la tenemos por cierta. Tampoco podemos imaginar al infinito, y no obstarnte le tenemos por existente. Porquè pues se ha de dar tanto valor à la imaginacion en unas cosas, y no en otras? Yo creo que es, porque estos tales de puro imaginar no hacen otro exercicio que el desta potencia, y à ella temerariamente sujetan la razon, el juicio, y aun el soberano, è infalible dictamen de la Iglesia.
143. Passemos aora à otros errores que ocasiona la imaginacion, y son muy frequentes, aunque por lo comun no tan peligrosos. Lusinda tiene la fantasìa blanda, y por su temperamento las fibras de los nervios son faciles en vibrarse, y en mantener las vibraciones recibidas. Dedicase à leer libros de piedad, y devocion, ò empieza à meditar, y pensar en las cosas divinas. Con la meditacion, y la letura se va llenando de imagenes la fantasìa de Lusinda de suerte, que apenas se excita en su imaginativa otras huellas que las que ha impresso la conntinua letura, y meditacion. En este estado se le excita la parssion, ò el dereo de lograr lo que lee, ò sabe aver logrado otras personas piadosas, es à saber, hablar con Dios; y continuando Lusinda en meditar las mismas cosas, la passion va creciendo al passo que crecen las huellas que ay en la imaginativa. La fuerza, y continuacion en imaginar calientan la fantasìa, y juntan ideas antes separadas, la vehernente passion empieza à dominar al juicio, y luego piensa Lucinda que ve à Dios en esta, ò la otra forma, que le habla en esta, ò la otra manera, que le representa su passion, y muerte, y otras mil cosas que le vienen à la fantasìa; de modo, que como su imaginacion es capàz de recibir muchas imagenes, y el juicio no sabe ya distribuirlas, facilmente las cree en el modo mismo, que las imagina. Entonces dice Lucinda que son revelaciones divinas lo que no es mas que entusiasmo de su imaginacion fecunda, y acalorada. Y si encuentra con un Dircetor que tenga la misma blandura en la fantasìa, y no tiene aquella prudente sagacidad que se requiere para estas cosas, facilmente tiene por revelaciones todo lo que Lucinda cuenta, y las estampa despues en los libros como venidas del Cielo.
144. Bien sè yo que ay en la realidad revelaciones especiales, ò privadas, y que Dios habla à los varones santos, y les comunica algunas cosas para su utilidad, y consuelo; pero sè tambien que es muy dificultoso distinguir las verdaderas de las falsas, y que es muy facil que la fantasìa vehemente, y acalorada haga parecer por verdaderas revelaciones las que solo son apariencias de la imaginacion. El diablo suele transformarse à veces en Angel de luz, y para engañar à las criaturas se aprovecha desta flaqueza de la fantasìa en que tiene especial influencia. Por esto la Iglesia Catolica procede con gran cautela en el examen de semejantes revelaciones, y à su exemplo suelen examinarlas con mucho cuidado los varones santos, y juiciosos, que no quieren ser engañados. En efeto Priscila, y Maximila tuvieron por revelaciones divinas los errores del Herege Montano, y creìan que les hablava el Espiritu Santo, y les fue facil comunicar el contagio de su depravada fantasìa à un varon tan ilustre como Tertuliano, porque hallaron en èl una imaginacion fecunda, y superior al jucio (139). En nuestros tiempos tenemos otros exemplares recientes de muchos Hereges, que quieren hacer passar los delirios de su imaginacion por revelaciones especiales, y harto se han gloriado desto Luthero, y Mr. Jurieu, pero con risa, y desprecio de todos los sabios.
145. Ay otras mugeres que hablan de revelaciones especiales, y su error està en la fantasìa, aunque se hace de otra manera. Gelarda muger sumamente devota, y piadosa està enferma de afecto histerico, y no lo conoce. Es este un mal que de ordinario gasta la imaginativa, porque tiene su assiento en aquellos nervios, que estendidos hasta el celebro, sirven para propagar las vibraciones de los objetos externos. Introducese poco à poco en el celebro de Gelarda aquella enfermedad, que se llama melancolìa, y suele acompañar al afecto histerico. Desordenado ya el celebro, se descompone el orden de las vibraciones, y como es ordinario que los humores en la enfermedad muevan las fibras en el modo que son mas faciles à vibrarse, siendolo respeto de los objetos de piedad, en que continuamente exercita Gelarda la fantasìa, es muy natural que en la enfermedad buelvan à excitarse representando cosas devotas, al modo que uno que delira, habla de las mismas cosas que en la salud mas pensava, bien que desordenadamente por el vicio de su celebro. Ocupada ya Gelarda de la melancolìa, empieza à delirar, y dice que ve à Jesu Christo en el Huerto sudando sangre, ù ve à la Virgen Santissima que se le aparece en su gloriosa Assumpcion, y le dice estas, ù las otras cosas; y si la fantasìa està muy caliente, tal vez dice que le da coplas, y redondillas para que las cante. Si la enfermedad no es muy fuerte, queda en este estado el delirio de Gelarda, y no es conocido sino de aquellos que en estas cosas saben la fuerza de la fantasìa, y no se dexan engañar. Un caso muy semejante à este me ha sucedido, y conocì el delirio, y lo previne, y con el tiempo se acabò de confirmar evidentemente mi pensamiento. Luis Antonio Muratori57 cuenta que en Milan avia una Religiosa, que decia que cada noche hablava familiarmente con Jesu Christo, y assi lo creìa la mayor parte de aquel gran pueblo. El Arzobispo, que era entonces Federico Borromeo, varon de gran juicio y singular dicernimiento, quiso assegurarse por sì mismo, y dixo à la Religiosa, que se hallava con una alhaja muy estimable, y de gran valor, pero que para saber lo que debia hacer della lo preguntasse à Jesu Christo, y con esso sabria que no podia errar. Tuvo la Religiosa sus imaginadas habladurias, y diò de respuesta, que vendiesse la alhaja, y la repartiesse entre los pobres. El caso fue, que la alhaja de que hablava el Arzobispo era su alma, y si Jesu Christo huviera hablado con la Monja, no le huviera dicho que la diesse à los pobres. Otra Religiosa decia, que Dios todos los dias la subia hasta el Sol, y la hacia ver la hermosura de aquel Planeta. Preguntòla el mismo Prelado quan grande era aquel Astro, y respondiò que como un Cesto. Conociò claramente este insigne Varon, que no eran otra cosa semejantes revelaciones, que entusiasmos de imaginaciones valientes, y pervertidas.
146. Para que esto no cause dificultad no ay mas que considerar la viveza con que la imaginativa representa una cosa en los ensueños. No parece sino que la tenemos presente, y que en la realidad nos sucede lo que soñamos. Entonces no obra el juicio ni la razon, y por esso no corregimos lo que se nos presenta. Sucede pues en la vigilia, que la imaginacion representa algunas cosas con la misma fuerza, y tal vez mayor que en los ensueños; sucede tambien, que el juicio no corrige à la fantasìa, y assi ocasiona èsta mil errores.
147. No pretendo con esto introducir la terquedad, y obstinacion en no creer estas cosas que pertenecen à revelaciones especiales, como hacen algunos, intento solo descubrir la verdad, y deseo que se hagan los hombres à exercitar la razon; y siempre tendrè por prudencia desconfiar de las relaciones de muchas personas devotas concernientes à este assunto, y examinarlas con toda la diligencia possible para evitar el error. Porque algunas destas revelaciones, ò mejor imaginaciones, son à la verdad inocentes, esto es, no incluyen cosa opuesta à los sagrados dogmas, ni disciplina de la Iglesia; pero ay otras llenas de peligro, y no fuera dificil mostrarlas en algunos libros donde se hallan impressas. Por esta razon quisiera yo que algunos de los que trabajan Vidas de personas Venerables por su santidad y virtud, tuviessen mejor gusto, y las escriviessen con mejor Logica. Alabo el zelo de semejantes Escritores, pero no el juicio. El escrivir la vida de una persona virtuosa, es instituto muy loable, porque es ofrecer à los lectores un exemplo de virtud para imitarle, y aspirar à la misma perfeccion. Pero he visto muchos libros que no muestran el fondo de virtud de sus heroes, ni manifiestan el modo con que exercitavan la humildad, la paciencia, la caridad, la mortificacion, la honestidad, y demàs virtudes, antes se trata esto de passo, y muy de proposito se ponderan las revelaciones inmensas, las apariciones sin numero que tuvo la persona Venerable, y casi se intenta probar la gran santidad de un Varon por el copioso numero de revelaciones, y no por la prueba real, y verdadera de sus eminentes virtudes. Lo peor es, que despues de aver llenado un libro de revelaciones, no se halla en todo èl ni una sola prueba, de si fueron, ò no verdaderas, y es, porque los Escritores no lo dudan. Ya se quexa destos descuidos nuestro SS. Padre, y Señor Benedicto XIV. que al presente rige la Santa Madre Iglesia, en su admirable Obra de la Canonizacion de los Bienaventurados, donde de proposito trata este mismo assunto. Y pocos dias hace que se publicò el tratado de Revelaciones del famoso Critico Eusebio Amort, merecedor de que le lean los que han de examinar semejantes revelaciones, porque se trata este assunto con buena Logica, y justa Critica.
148. Para no caer pues en semejantes errores, serà bien exercitarse en distinguir lo que es propio de la imaginacion, y lo que toca al juicio. Se ha de saber, que la imaginacion no hace otra cosa, que representar al vivo las imagenes de los objetos; pero al juicio toca assentir à sus combinaciones, y hallar la verdad de las cosas que ofrece la fantasìa, y como desde niños nos hacemos à imaginar mas que juzgar, serà bien exercitar continuamente la razon, y sobre todo saber dudar quando convenga, y no juntar con precipitada facilidad el juicio con la imaginacion. Si le trata de conocer lo que sucede en otra persona, demàs de lo dicho serà conveniente examinar si la govierna alguna tercera passion, y muchas veces se hallarà, que el deseo que tiene una mujer de parecer santa, ò el apetito de fama de virtuosa, ò la ambicion, y deseo de mandar, ò tal vez el despecho por no venirle las cosas como desea, han corrompido su fantasìa; y de aqui nace que juzgue por revelaciones sus delirios. Tal vez la malicia es el mobil destas fingidas apariciones. Tal vez alguna oculta enfermedad, que no es conocida, porque no se manifiesta por defuera. En fin la razon dicta, que quando se ofrecen semejantes revelaciones, empiecen los hombres sabios à examinarlas dudando, averiguando las passiones, la eficacia de la imaginacion, y la conformidad que tienen con los dogmas, y diciplina de la Iglesia.
Continuase la explicacion de los errores que la Imaginacion ocasiona
149. Hemos propuesto en el capitulo antecedente algunos errores que ocasiona la imaginacion en assumptos de Religion, y de piedad; en èste manifestarèmos los que principalmente ocasiona en el trato civil, y en el exercicio de las Artes, y Ciencias; y para hacerlos mas comprehensibles, los dividiremos en varias classes, segun las varias influencias que suele tener en ellos la fantasìa.
150. En primer lugar suelen ocasionar el error las imaginaciones pequeñas, entiendo por pequeñas imaginaciones las que se llenan, y satisfacen de cosas de ningun momento, y suelen hacer que el juicio las tenga por grandes, y se ocupe en ellas. Esto suele observarse en los niños, y mugeres, y por esso las vemos casi siempre ocupadas en cosas pequeñissimas, mirandolas como grandes, y dignas de su palicacion. La moda, la cortesìa, el adorno, y la conversacion destas mismas cosas es el atractivo de su juicio, como en los niños los juegos, las bagatelas, y las diversiones. De ordinario las imaginaciones pequeñas suponen las fibras del celebro delgadas, y faciles en vibrarse, y por consiguiente dispuestas à recibir los movimientos de qualesquiera objetos. Por otra parte la substancia del celebro es muy blanda, y consiguientemente facil en recibir las impressiones de los objetos por pequeños que sean. Siguese desto, que las cosas de ninguna importancia se imprimen vivamente en los sellos assi dispuestos, y como sea esta la disposicion del celebro en las mugeres, y niños, por esto su imaginacion recibe, y retiene con tanta facilidad las cosas que nada aprovechan. Añadese, que assi las mugeres como los niños no tienen principios fundamentales con que razonar sobre objetos mayores, conque es natural que el juicio se ocupe todo en los otros objetos que llenan su fantasìa. Por esta razon si alguna vez acontece que un niño, ò una muger logren la constitucion del celebro mas firme, y menos blanda, y por otra parte se procure formar el juicio desde los primeros años, proponiendole las maximas fundamentales de la rozon humana, en tal caso no se ocupàran en cosas tan pequeñas. Deste modo se ha visto un niño que à la edad de siete años ha defendido publicamente las principales Ciencias con acierto58, y mugeres que han excedido à los hombres en el juicio. Muchos exemplos pueden serse de uno, y otro en los Autores, en especial en Plutarco59, y entre los Modernos en Mr. Baillet60.
151. No faltan hombres afeminados de imaginacion bien pequeña. Algunos usan mas adornos que las mugeres, otros continuamente exaltan cosas pequeñas; unos exageran las cosas de poca importancia, otros se hacen entremetidos, dando à entender que son grandes hombres, y solo se mezclan en las cosas de ningun momento. Cleobulo se altèra de lo que no debe, se admira de bagatelas, y no sabe hablar de otra cosa que de su dolor de cabeza, de lo que ha trabajado, de lo cantado que le halla, y en ello emplea toda una tarde, y tal vez todo el dia. Evaristo se halla en una conversacion, y no hace otra cosa que ponderar la desigualdad del tiempo, las niñerias de sus hijos, y sus gracias; y despues, por hacer demostracion de su saber, se pone à hablar de los vestidos de los Macedonios, del orden de batalla de las Amazonas; y si se le ocurre, no omite tal qual lugar de Quinto Curcio. Este vicio es el que llaman los Modernos pedanteria, que consiste en entretenerse solo el entendimiento en cosas de ninguna substancia, mas propias de niños que de adultos, proporcionadas à la pequeñez de su fantasìa, y objetos dignos de su corto juicio. Ellos tales no suelen hacer otro daño con estos errores, que causar enfado à todo el mundo, y en especial à los hombres que hacen uso de la razon.
152. Si la pedanteria quedasse solo en las conversaciones fuera tolerable, el caso es que se halla en infinitos libros de todas facultades, y sus Autores nos hacen perder el tiempo, y el dinero en inutiles niñerias. Menkenio desprecia con donaire algunos Gramaticos que disputaron mucho tiempo sobre sola una voz61, y en nuestros tiempos hemos visto empeñados dos hombres famosos en averiguar si ha de escrivirse Virgilio, ò Vergilio. Y què cosa mas comun, y mas inutil, que examinar aquello que despues de averiguado para nada aprovecha? Todo el año emplea Ariston en averiguar si Ciceron estudiava sentado, y ò passeando, si los vestidos que usava eran varios, ò uniformes. Cleobulo està afanado para saber què figura tenian las evillas de los Romanos, y hace un tomo entero para probar que no usavan espuelas, y trata con mucha extension de los anillos, de los juegos, y otros divertimientos de aquellos tiempos. Alguna vez puede esto ser un poco util, pero si se considera el estrepito con que algunos han tratado esta materia, bien se podràn comparar à la mosca de Isopo, que estando sobre la rueda de un Carro, decia: Quanto polvo levanto!
153. Otros emplean gruessos volumenes en explicar una sola voz de algun Escritor antiguo. Yo siempre he tenido por hombres de imaginacion pequeña à los que se detienen en una palabrilla, en un accento, en si se ha de entender esta voz en este, ù en otro significado, y sin llegar à conocer lo util de las cosas, solo se contentan de lo superficial. Parecense estos à los Cazadores, que no llegando à saber cazar las aves, y bestias utiles para el mantenimiento del hombre, se emplean en cazar ratones, ò tal vez se hacen cazadores de moscas.
154 Lo mismo debe decirse de aquellos que se tienen por grandes hombres porque saben hacer un verso, ò una redondilla. O! Narcisso es mozo de grandes esperanzas, porque hace un Epigrama, y forma versos que es una maravilla. Examinando bien las cosas, se halla que Narcisso es hombre de pequeña imaginacion, y de poco juicio, porque sabe hacer versos que nada mas tienen que el sonido, el metro, y la cadencia, cosas propias de la imaginacion, pero no incluyen sentencias graves, ni instructivas en que resplandezca el juicio. De què puede servir hacer versos con letras forzadas, y anagramas obscurissimos, sino de atraer aquellos que admiran todo lo que no entienden, y celebran lo que no alcanzan62. Bien pueden estos compararse à los niños a quien el color del oropel hace creer que es oro, lo que es plomo, y tal vez madera podrida.
155. En segundo lugar coloco yo las imaginaciones llenas, y llamo assi aquellas que se llenan de muchas imagenes, ò ya se adquieran, y recojan con la aplicacion, ò ya naturalmente sea dispuesta la fantasìa à formarlas. Es menester confessar, que si à las imaginaciones llenas se junta buen juicio son muy estimables, y solo de ellas han de esperarse grandes ventajas en el descubrimiento de la verdad, y en el exercicio de las artes, y ciencias; pero si à una imaginacion muy llena no acompaña un juicio atinado, suele ser causa de muchos errores. O! Fulano es muy leno! Què de noticias tiene! Què de cosas sabe! De qualquiera assunto que se hable en todo entiende. Este es el lenguage del vulgo en la calificacion de los sugetos. Si el juicio no coloca en el debido lugar las noticias, si à la muchedumbre dellas, no acompaña un gran dicernimiento de lo verdadero, y de lo bueno, y un conocimiento de lo util, y superfluo, de lo bello, y de lo rustico, nada mas seràn todas aquellas noticias, que un monton de trigo, cebada, heno, paja, y polvo donde ay algo de bueno, pero mezclado con muchissimo sucio, malo, y abominable. En efecto la llenura de la imaginacion es como la del cuerpo que siendo governada por la naturaleza es sana, y loable, y en siendo desordenada causa la enfermedad, y la cacoquimia.
156. Esta enfermedad, ò disposicion cacoquimica de la imaginacion, es comun en las oraciones, y en los escritos. Llena Cleobulo su celebro de noticias vulgares, de lugares comunes, porque las Poliantheas son sus delicias, y en los Diccionarios hace su mayor estudio. En un sermon vacìa quanto ha leido en estas fuentes de vulgar erudicion, y doctrina, y no ay Autor que no cite, ni noticia que no participe à su auditorio. La desgracia es, que le acompaña poco juicio, y no coloca las cosas en el lugar que les corresponde, ni las aplica en el modo necessario para instruir, ni añade verdad alguna que penetre en el corazon de los oyentes. Los que tienen la imaginacion muy llena son intolerables en las conversaciones. Hablese de lo que se quiera, luego salen vertiendo noticias fuera del lugar, y tiempo, y èstas à veces tan mal digeridas, que no parecen sino un aborto, ò una de aquellas insufribles evacuaciones, que por descargarse excita la naturaleza.
157. No es possible tratar aqui individualmente de todos los Escritores, que siendo de imaginacion llena, muestran tener poco juicio, porque son inumerables, y oy mas que nunca reyna la moda de querer los hombres parecer sabios, amontonando citas, y noticias, aunque sean inutiles, y vulgares. Propondrè dos solamente, y assi se podrà formar juicio de los demàs. No puede dudarse que Caramuel fue Escritor de vasta erudicion, y que en sus Obras muestra aver tenido una imaginacion llenissima, assi por la variedad de assumptos que trata, como por las noticias con que los adorna. No obstante un Critico moderno dice, que Caramuel tuvo ocho grados de ingenio, seis de imaginacion, y dos de juicio. Lo mismo puede decirse del P. Kircher. En la Medicina està muy celebrado Miguel Etmullero, y no puede negarse que es Autor llenissimo, pero de poco provecho, porque no acompaña gran juicio, ni aun mediano, à tanta baraunda de cosas inutiles como propone. Este Autor es aquel que estudian muchos que no professan la Medicina, para hablar della en sus discursos, y mostrar que la entienden radicalmente, y à la verdad hallan en èl un fondo inagotables de noticias para embelesar à los que se contentan de la abundancia de la imaginacion; pero nunca agradaràn à los que solo se goviernan por el juicio. O quantos libros llenan los estantes, sin aver en ellos mas que amontonamiento de noticias falsas, vulgares, ò inciertas, pero regladas de modo, que puedan hacer impression en la fantasìa!
118. En tercer lugar pueden colocarse las imaginaciones profundas, y llamo assi aquellas que estàn juntas con huellas hondas, y muy arraigadas en el celebro. De tres maneras se hace profunda la imaginacion, ò por temperamento, ò à fuerza de meditar, ò por enfermedad. Los que tienen el temperamento melancolico, de ordinario son de imaginacion profunda. Tal vez debe de consistir en que su celebro es firme, y sus fibras retienen fuertemente las impressiones de los objetos. La imaginacion naturalmente profunda, junta con buen juicio, suele aprovechar mucho, porque suele causar mucha constancia en las cosas que emprende, y esta constancia nace de la duracion de las ideas de una cosa ocasionada de la firme composicion de los sessos. Como en estos tales no se borran sino con dificultad las huellas, y señales una vez impressas, por esso son tenaces en su proposito, y no dexan la cosa hasta que la apuran del todo. Aquellos que han tenido buen juicio, junto con semejante imaginacion, han hecho progressos en las empresas loables, y dificiles. Por el contrario, si la imaginacion es profunda, y el juicio es corto, se siguen muchos errores, y lo que es peor los acompaña una tenacidad invencible. Suele ser muy comun à los que tienen la imaginacion profunda, andar pensativos, y no reparar en las cosas triviales, mayormente si ocupan el juicio en cosas de importancia. Ariston va por la calle tan profundo, que no repara en los que encuentra, ni saluda à sus amigos, ni se entretiene con la hermosura de los balcones, y ventanas. Crisias lo mira todo, de todo se divierte, ni en una mosca que vaya bolando dexa de reparar. Destos dos Ariston tiene la imaginacion profunda, y Crisias pequeña.
159. El hombre mientras està velanlo, ò no duerme, siempre piensa, y siempre se presentan à sus sentidos objetos que los impressionan; pero ay la diferencia, que los objetos de poca substancia no ocupan la imaginacion de Ariston, y llenan la de Crisias. Quando van èstos por la calle, los dos piensan, pero se distinguen en que Crisias piensa en las ventanas, en los balcones, en las rejas, y otros objetos que se presentan à sus ojos, y son bastantes para entrener su fantasìa. Ariston tiene presentes los mismos objetos, pero como por la rectitud del juicio no le admiran, y por la profundidad de la imaginacion tiene presentes dentro de su celebro otros objetos tal vez mas dignos de su aplicacion, ò à lo menos mas profundamente arraigados, por esso piensa mas en estos, y apenas se ocupa de aquellos. Bien creo yo que tambien es menester justa medida en la profundidad de imaginacion de Ariston, porque de otra forma se bolverà inutil, è intratable, y en esto es menester que el juicio tenga presente ne quid nimis.
160. A fuerza de meditar se hace profunda la imaginacion. La razon es, porque meditando mucho se exercitan, vibrandose continuamente las fibras del celebro, y à puro de exercitarse contrahen facilidad de repetir las mismas vibraciones à que corresponden las imaginaciones que les pertenecen. Sucede en esto lo mismo que en el exercicio del cuerpo, cuyos miembros con el continuo trabajo se habituan à aquel movimiento en que mas se exercitan. Cartesio es de los Filosofos que mas han meditado, y su imaginacion fue sumamente profunda. Si la mucha meditacion de un objeto và acompañada con poco juicio, puede inducir con el tiempo los errores que ocasiona la imaginacion profunda, y hemos dicho en el parrafo antecedente.
161. Por enfermedad suele hacerse tan profunda la imaginacion, que ocasiona muchissimos errores. Es de advertir, que algunas veces la enfermedad que daña la imaginacion, dexa al juicio sano, y èste corrige los errores, y desordenes de aquella. Otras veces la enfermedad del celebro daña la imaginacion, y al juicio, y los que assi padecen, yerran neciamente. De uno, y otro he visto exemplares en mi practica de la Medicina, y de ambas cosas hablò muy concertadamente Galeno, y despues otros Autores. He conocido un sugeto muy literato que padece la primera enfermedad de la imaginacion. No ay desatino que èsta no le proponga, pero como tiene sano el juicio, y le tiene muy solido, y atinado, con facilidad rechaza los errores de la imaginacion. Aqui se ha de notar, que à veces es tan poderosa la fuerza de la fantasìa, que el juicio por mas que quiera apartar della algunos objetos, no puede conseguirlo, y esto sucede en aquellos que por enfermedad tienen viciada la parte del celebro donde reside la imaginacion. El remedio cierto que ay para no errar en este caso, es derpreciar las representaciones de la fantasìa, y fortalecer el juicio para que la domine, y sè yo que haciendo buen uso de la razon, y acostumbrandose à vencer, y moderar la fuerza de la imaginativa, se consigue el alivio. Desta enfermedad de la imaginacion deben tener noticia, y procurar conocerla los directores espirituales de las almas, porque della nacen casi siempre las conciencias escrupulosas, corrompiendo poco à poco en ellas la imaginacion al juicio. Quando la enfermedad del celebro de tal suerte vicia la imaginacion que comunique el daño al juicio, se sigue la locura, ò bien melancolica, ò maniatica. Destos ay algunos que solo deliran sobre una cosa, y estan sanos en lo demàs. Qual dice que es Rey, qual Papa, qual que es Leon, qual que es hormiga. La impression destos objetos ha echado raices tan hondas en su celebro, que es dificil borrarlas, y por la enfermedad no puede el juicio corregir este error. Desto puede el Lector tener larga noticia viendo algunos Autores de Medicina, y en especial à Paulo Zaquìas en las questiones Medico-Legales.
162. Siguense las imaginaciones contagiosas, y llamo assi aquellas, que con facilidad comunican sus impressiones à otras, y las arrastran. Desto ay infinitos exemplares en el trato civil, y nada es mas comun que dexarnos llevar los hombres por la fuerza de la imaginacion de aquellos, con quien mas familiarmente tratamos. Es bien sabido que la vista de un objeto asqueroso nos provoca à bomito, y la tristeza de un amigo nos entristece: Si vis me flere, decia Horacio63, dolendum est primum ipsi tibi. Estas cosas suceden por contagio de la imaginacion, porque la vista destos objetos excita en nuestra fantasìa las mismas impressiones, y movimientos que en aquellos donde se hallan, y por esso nos excitan las mismas passiones.
163. Nada es mas comun, que imitar nosotros aquellos con quien tenemos familiar comunicacion. Si nuestro amigo viste de moda, vestimos nosotros, si habla con algun tonecillo, insensiblemente le vamos adquiriendo, si tiene algun vicioso estrivillo, tal vez le tomamos sin poderlo evitar. Esto sucede, porque las fibras de nuestro celebro se van habituando con el trato à aquel modo que observamos continuamente en otro. Por esto, es bien buscar para el trato familiar aquellos sugetos en quien resplandezcan las virtudes, y el juicio, porque al fin teniendo en nuestras operaciones tanta parte la fantasìa, es muy conveniente hacerla à recibir imagenes de lo bueno, y razonable.
164. La imaginacion de los hombres de autoridad es muy contagiosa. Ya la grandeza, ya la ostentacion, y las dignidades suelen ocupar la fantasìa de los subditos, è inferiores, porque estos consideran en aquellas cosas una suma felicidad. La sujecion en el inferior por otra parte dispone el animo à recibir las impressiones del superior. De aqui nace, que poco a poco se va haciendo la fantasìa de los domesticos, y sujetando a las mismas ideas de los dueños, y la de estos por cierto modo de contagio, arrastra la de aquellos. Por esta razon es importantissimo, que los que se hallan en grandes dignidades, y empleos no exerciten si no obras de virtud, procurando enseñar à los demàs con el exemplo, y no ay que dudar que puede ocasionar gran daño, en la imaginacion de los subditos el desorden del superior, por el contagio de la imaginacion.
165. Esto se ve practicamente en la crianza de los hijos. En vano seràn los castigos, en vano las amenazas, y en vano qualquiera diligencia de los Padres, si estos no procuran poner el fundamento de la educacion en el buen exemplo. Los niños no exercitan otras operaciones que las de los sentidos, è imaginacion, y aun quando ya empiezan à razonar no tienen otros principios sobre que exercitar, y fundar la razon, que aquellas cosas que se les comunican con el trato, porque vienen al mundo como un lienzo raido, como ya hemos dicho (115).Como por sì mismos en este estado alcanzan poco, miran à sus padres como unicos Maestros, y como estan sujetos à ellos, les sujetan tambien el entendimiento, porque en esto tiene gran parte la autoridad. Reciben pues como regla infalible lo que los padres les dicen, y muchissimo mas lo que les ven hacer, porque dice muy bien Horacio, que mayor, y mas pronta impression hacen las cosas que se presentan à los ojos, que las que excitan al oido64. Por otra parte se ha de considerar, que los niños no son capaces de distinguir con toda claridad si lo que los padres les amonestan es bueno, ò malo, y assi lo siguen ciegamente por la autoridad, y respeto con que los miran. Añadese, que el celebro de los niños es muy blando, y su fantasìa dispuesta à recibir qualesquiera impressiones; de suerte, que una vez recibidas, y arraigadas con dificultad se borran. Por todas estas razones han de cuidar con suma solicitud los padres que quieren educar bien à sus hijos, no hacer delante dellos cosa que no sea buena, y capaz de producir loables impressiones en la imaginacion dellos, y por otra parte han de empezar muy temprano à enseñarles los principios, y maximas de la Religion Christiana. Este punto es importantissimo al publico, y yerran muchissimos padres en la crianza de los hijos, porque no consideran que su imaginacion es contagiosa, y que los hijos la reciben, y se forman à su modelo. Plutarco escriviò un Tratado de la educacion de los hijos, y en nuestros tiempos vemos muchos libros que tratan christianamente tan importante assunto, y creo yo que el poco fruto que se saca de tales escritos, nace de que los padres no consideran que la principal leccion para educar bien sus hijos, consiste en obrar ellos mismos loablemente, en hablar delante de los hijos con modestia, en mostrarlos con su exemplo lo que es feo, y lo que es abominable, lo que deben seguir, y evitar, y deste modo la imaginacion de los niños se va llenando de imagenes, y de señales que en llegando al uso de la razon, le sirven de fundamento para razonar con juicio. Lo mismo que hemos dicho de los padres ha de entenderse de todos los que se hallan al rededor de los niños, y es bien cierto, que los padres que no pondran cuidado en la familia, y en el buen exemplo de sus domesticos nunca lograràn buena crianza en sus hijos.
166. Tambien es contagiosa la imaginacion de los Maestros respeto de los dicipulos, porque la atencion con que èstos los miran, y la autoridad que los Maestros tienen sobre ellos, dispone su imaginacion à recibir qualesquiera impressiones, y en efecto sucede que los dicipulos suelen tomar los mismos modelos los de los Maestros. Por esta razon es necessario que los que han de enseñar publicamente sean hombres de buen exemplo, y conocida literatura, porque suelen las letras, y costumbres de los Maestros pegarse, digamoslo assi, à los dicipulos. En efecto lo que hemos dicho de los padres respeto de los hijos, puede decirse de los Maestros respeto de los dicipulos, con sola la diferencia, que los niños son mas dispuestos à recibir qualesquiera impressiones, que los adultos.
167. Ya se ve que muchos errores nacen deste contagio de la imaginacion, y son de mayor, ò menor entidad segun su objeto. Quantos infelizmente han bevido la heregia, y la han sostenido hasta la muerte, por averseles comunicado de los padres, ò de los Maestros! No ay mas que leer las historias de nuestros tiempos para tener desto muchos lastimosos exemplares. Aun en otros assumptos es tan dañoso el contagio de la imaginacion, que suele atrasar mucho los buenos progressos de las Artes, y Ciencias. Bien ve Ariston que estas cosas nuevas de la Filolosia son mas comprehensibles que las que ha aprendido, pero no se atreve à abandonar las maximas de sus Maestros. O! dice Crisias, yo oì à mi padre, que lo contava muchas veces, que en casa salìa un Duende, y assi no ay duda que ha avido Duendes. Cleobulo dice: Esto es cierto, yo lo lo he oido contar muchas veces à mi abuela, y à fe que era una Señora bien racional, que una noche bolò una bruja, y passò el mar, y se fue à Napoles, y luego bolviò, etc. A estos tales es dificil desengañarnos, porque se les pegò quando eran niños la errada imaginacion de sus padres, y abuelos.
168. En ultimo lugar coloco yo las imaginaciones apassionadas, y llamo assi aquellas que van acompañadas de alguna vehemente, ò desordenada passion. A la verdad nunca imagina el hombre cosa alguna sin que alguna passion acompañe sus percepciones, como ya hemos dicho muchas veces; pero suele en algunas ocasiones ser tan vehemente la passion que acompaña à la fantasìa, en la percepcion de algun objeto, que juntas arrastran al juicio, y ocasionan graves errores. A un niño se le amenaza con el Duende, ò porque no llore, ò por imprudente conducta de los que los educan. Excitasele la passion del miedo, y se le imprime tan vivamente aquella especie, ò imagen, que despues nadie es capàz de desengañarle. Si ha de ir de noche à algun lugar, y se le ha dicho que sale una Fantasma, cada sombra, cada ruido, cada mata le parece que lo es, y que ha de tragarle, cosa que dura aun en los adultos si no regulan el juicio, y con èl moderan la passion del miedo. La mayor parte de las visiones, y apariciones de Almas, y de Duendes, y Fantasmas no son otra cosa que apariencias de la fantasìa alterada con la passion del miedo, ò del espanto. Si semejantes cosas se presentàran por sì solas al alma, no harian grande impression; pero como van juntas con el miedo, con dificultad se borran. Porque se ha de saber, que el miedo no es otra cosa que un movimiento que se excita en el hombre, con el qual se aparta de algun objeto que considera como dañoso, como que puede causarle algun gran mal. A los niños se les hace creer que la Fantasma ha de tragarlos, ò que ha de hacerles algun otro daño, y por esto en presentandoseles semejante objeto, temen, esto es, se excita un movimiento para apartarle. Todo esto dexa raìces, y impressiones muy hondas en el celebro, de suerte que muchas veces suele el juicio dexarse llevar dellas, y cae en el error.
169. Lo mismo sucede quando à la fantasìa se allega alguna otra passion. Ama Narcisso extraordinariamente à Lucinda, y tiene la imagen de èsta tan viva en la imaginacion, que en ninguna otra cosa piensa. Como el amor es aquel movimiento con que queremos un objeto, que, ò realmente es, ò à lo menos nos parece bueno; por esto no ay perfeccion, ni bondad que no tenga Lucinda, segun el juicio de Narcisso. De suerte, que en siendo semejante passion desordenada, suele pervertir de mil maneras al juicio, y nada es mas comun en las historias, que exemplos de hombres perdidos por el amor. Aun el cariño, y aficion con que tratarnos à los hijos, à los amigos, y bienhechores, hace tal impression en nosotros, que de ordinario suelen el juicio governarse mas por la passion, que por la verdad65.
170. El deseo de una cosa de tal suerte muda la fantasìa, y altèra al juicio, que si es muy vehemente nos hace errar. Cuenta Muratori, que conociò à un Religinso venerable por su virtud y literatura, el qual deseava con sumo ardor el Capelo. Este deseo le gastò la fantasìa de manera, que ninguna otra cosa imaginava con mayor vehemencia. La imaginacion deste objeto, junta con el deseo de posseerle, de tal modo, trastrocaron al juicio, que llegò à creer que era Cardenal, y se enfadava de que no le diesse el tratamiento correspondiente à esta dignidad. En todo lo demàs hablava racionalmente, pero en esto nunca, ni huvo fuerzas para apartarle de su error. No ay cosa mas facil que conocer lo que puede la fantisìa dominada de alguna vehemente passion, y pudiera poner exemplos inumerables, discurriendo sobre cada una de las passiones, porque el theatro del mundo ofrece cada dia con abundancia; pero no lo permite la brevedad deste escrito, y con los exemplos propuestos pueden los lectores atentos conocer semejantes cosas.
171. Para evitar todos estos errores se ha de saber, que la imaginacion solamente los ocasiona, y caemos en ellos, porque libremente dexamos que el juicio se govierne por la imaginacion. De suerte, que quando decimos en esta obrilla, que la fantasìa arrastra, pervierte, corrompe al juicio, entendemos solamente la grande influencia que tiene la imaginativa en nuestras operaciones, bien que siempre suponemos, como varias veces hemos dicho, que el juicio libremente assiente, ò dissiente à las cosas que se presentan à los sentidos, ò se imprimen en la imaginacion. Serà bien pues que cada qual exercite el juicio, y que se haga à distinguir lo que toca à la fantasìa, y lo que pertenece à la razon; y para fortalecer el juicio serà conveniente pensar, que nada ha de governarle sino lo bueno, lo verdadero, y lo util, y que moderando las passiones, y refrenando el vigor de la fantasìa, tiene lugar el juicio para examinar mejor las cosas. La Filosofia Moral aprovecha mucho para lo que toca à las passiones. Quisiera yo que todos tuvieran presente la famosa maxima de Epicteto, celebre Estoico: Sustine, et abstine, es à saber, sufre, y abstente. Y por lo que toca à las Artes, y Ciencias, quisiera tambien que se tuvieran presentes los errores que se notan en este breve escrito, para que conociendolos, sea mas facil evitarlos.
De los errores que ocasiona la pura inteleccion
172. Por pura inteleccion conoce el hombre, no solo las cosas espirituales, las maximas de la razon natural, sino que abstrae, esto es, separa las cosas, y assi forma razones universales. Esta manera de conocer por abstraccion suele acarrear graves errores sino se modera con el juicio. A dos pueden reducirse los errores generales que ocasiona la pura inteleccion, es à saber, ò quando atribuimos à las cosas lo que entendemos, ò dando al entendimiento mayores fuerzas de las que realmente tiene.
173. Algunos han creido, que se hallava en las cosas aquello mismo que pensavan. Considera el entendimiento la razon de hombre en Pedro, Francisco, y todos los individuos de la especie humana; por pura inteleccion abstrae la razon comun, esto es, separa el sèr de hombre del de Pedro, y piensa en ella sin determinarla à ninguno en particular. En la realidad no ay naturaleza humana que no estè contraida à determinado individuo, con que yerran los que hacen reales los universales, ò como dicen en las Escuelas, los que juzgan que estàn à parte rei. Y no ay que dudar, que si se hace reflexion en lo que sucede quando el entendimiento abstrae de todos los hombres la razon comun hombre, se hallarà que esta razon solo està en el entendimiento, ò en el modo de concebir, porque à parte rei, ò realmente no ay naturaleza humana que no sea particular. Por esto ha de tenerse por sofistica, y puramente contenciosa la famosa question que sobre esto huvo en otros tiempos entre Realistas, y Nominales.
174. En la antiguedad huvo algunos Filosofos que creìan que no era la ciencia otra cosa, que lo que parecia al entendimiento quando pensava en los objetos. Platon rechaza agudamente este error en el Dialogo intitulado Theatetus. Lo cierto es que algunos Gentiles assintieron à que Dios era corporeo66, y que lo era tambien el Alma, porque el entendimiento por mas que abstraiga no puede comprehender las cosas espirituales, sino imprimiendo huellas, y señales sensibles en el celebro, como hemos dicho en la parte primera. Pero la razon dicta, y la Filosofia enseña, que el hombre en esta mortal vida no puede conocer sino con dependencia del cuerpo, y que forma imagenes sensibles aun de aquellas cosas que son puros espiritus, por consiguiente sabemos, que no puede el alma percibir a Dios sino representandose alguna imagen sensible (48); pero sabemos tambien que Dios es puramente espiritual, y que como à puro espiritu no puede el alma percibirle claramente, segun el tosco modo con que piensa unida con el cuerpo. En efeto es cosa certissima, que no han de atribuirse à los objetos aquellas circunstancias conque los percibimos por inteleccion, porque puede ser el objeto de cierta naturaleza, y no podremos nosotros formar idea que le corresponda. El juicio es el que ha de moderar las intelecciones, y à èl toca, segun los fundamentos de la Fè, y de la razon, determinar la naturaleza de las cosas que no pueden percibirse sino por abstraccion.
175. Los Mathematicos professan ciencia abstracta, y mientras tratan de su objeto por abstraccion consiguen la evidencia; pero si quieren que las cosas corporeas tengan lo que ellos piensan quando abstraen, suelen engañarse, y assi ha sucedido à muchos que han querido aplicar las demostraciones del Algebra à las obras de la naturaleza. Conque assi yerra el que quiere que sus intelecciones se conformen con los objetos corporeos, como el que quiere alcanzar la naturaleza de los objetos espirituales con sus puras intelecciones. Esta es la razon porque los muy especulativos, y hechos à tratar las ciencias abstractas, suelen ser poco expeditos en los negocios del trato civil, y en las ciencias practicas, pues de ordinario quieren que las cosas que tratan se conformen con sus especulaciones, y como tienen habituado el entendimiento à ellas, casi intentan tratar por abstraccion los negocios, y muchas veces los confunden, y embrollan. O! Fulano, dicen, es gran Medico porque es muy Metafisico. Y no ay que dudar, que si no fuera tan Metafisico, fuera mejor Medico; y la experiencia muestra con frequentes exemplares, que los Medicos muy inclinados à la Metafisica, y à las abstracciones, son poco proporcionados para la practica. Y si es cierto lo que leemos en Professores bien juiciosos, creo que en este assumpto sucede en algunas otras ciencias lo mismo que en la Medicina.
176. El otro error general, que ocasionan las puras intelecciones, consiste en hacer al entendimiento humano de mayores fuerzas de lo que le corresponden. Desto han nacido muchas heregias, porque algunos han negado todo lo que no han podido comprehender. Los Hereges Socinianos decian, que no han de creerse los misterios que no puede alcanzar la razon, y muchos Modernos han dado tantas fuerzas al entendimiento humano, que hacen superiores sus propias luces à las de la Fè (142). Juan Clerico niega el sacrosanto misterio de la Eucharistia, porque la razon humana no lo puede alcanzar. Siempre he tenido à este Escritor por Herege Sociniano, aunque dissimulado, pero no tanto, que no lo manifieste en algunas partes bastantemente. Mas es visto que el entendimiento del hombre es muy limitado, y desto se le pueden dar à Juan Clerico pruebas evidentes, haciendo reflexion robre el suyo, y creo yo que lo ha executado, convenciendole de limitadissimo, el celebre Muratori.
177. No es dudable que la razon humana alcanza las primeras verdades, assi metafisicas como morales, y varias veces hemos probado la fuerza de la razon natural para la practica de las buenas costumbres; pero tambien hemos manifestado, que la luz de la Fè da inmensa fuerza à la luz de la razon67. Y para desengañar à estos que dan tanta extension al entendimiento, no ay mas que presentarlos el menor acomo de materia, que yo sè ciertamente no han de poder hallarle el fin, ni han de poder comprehender la fabrica de un grano de arena, ni explicar como buela una mosca. Creo yo que estas especulaciones muestran los limites del entendimiento humano, y han de hacer confessar à todo hombre juicioso, que ay en realidad muchas cosas que no se pueden comprehender, y que es à propofito averiguarlas para abatir la presuncion, y para que conozca que ha de sujetar sus flacas luces à las verdades que la Iglesia le propone, y no ha de oponerse à ellas con el pretexto de no poderlas entender. Por otra parte contemple qualquiera quantos sabios huvo en la gentilidad, quanto cultivaron la razon, quanto trabajaron en alcanzar la verdad! Despues considere en què errores cayeron tan abominables por la flaqueza de la razon! Y aunque estos sabios, ò muchos dellos conocieron à Dios, pero le conocieron creyendo unos que era corporeo, otros que era mortal, y assi erraron de muchas maneras68.
En fin para conocer la flaqueza de la razon humana no es menester mas que ver los errores que vamos notando en esta Obrilla. Y como este assunto tiene mucha conexion con el que sigue, lo explicaremos mejor en el capitulo siguiente.
De los errores que ocasionan el ingenio, y memoria
178. Ya hemos explicado en la primera parte desta obrilla, què sea ingenio. Aora mostraremos de quantas maneras caemos en el error por ser ingeniosos. El ingenio de dos modos suele ocasionar el error, es à saber, ò por muy grande, ò por pequeño. Quando el entendimiento no percibe las cosas penetrando las circunstancias que las acompañan, ò sus maneras de ser, ò sus propiedades inseparables, ò por decirlo en una palabra no penetra mas que la corteza de las cosas, sin alcanzar el fondo, ocasiona mil errores, y engaños, porque el juicio no puede ser atinado con tan poca noticia como subministra el ingenio; y por esso los que son naturalmente de poca comprehension, y los que no aguzan el ingenio, ò con la buena crianza, ò con el trato civil, ò con el exercicio de las artes, y ciencias son rudos, y desatinados, porque juzgan de las cosas sin aver penetrado mas que su primera corteza. Por esto la gente vulgar en sus juicios no suele passar de la superficie de las cosas. Los grandes ingenios sino los acompaña un buen juicio suelen caer en errores de mayor consideracion que los pequeños. Algunos Hereges han sido muy ingeniosos, pero la falta de juicio los ha hecho errar neciamente. Y de ordinario quando un herege tiene ingenio penetrante es mas obstinado, y sus errores son mas dissimulados, porque el ingenio los encubre, los adorna, y los representa con otros colores que los que les corresponden. Por esta razon tanto mayor ha de ser la cautela con que se han de leer los libros de los Hereges, quanto estos son mas ingeniosos.
179. A vezes los errores que ocasiona el ingenio son solamente filosoficos. Cartesio tuvo un ingenio singular, y el juicio no fue igual al ingenio. Quando dexava correr libremente el ingenio solia escrivir cosas, que mas parecian sueños que realidades. Tales son muchissimas de las que propone en los principios filosoficos. En las cosas de la Religion fue mas moderado, y acostumbrò hablar dellas con sumission, y obediencia. En esto tuvo mas juicio. De Caramuel dize Muratori, que mostrò un ingenio grande en las cosas pequeñas, y pequeño en las grandes. Raymundo Lulio tuvo buen ingenio, y muy poco juicio. Su Fitosofia no es à proposito sino para exercitar la charlataneria, y con ella ninguno sabrà mas que ciertas razones generales, sin decender jamàs al caso particular. Algunos se quexan de Aristoteles porque tratò las cosas fisicas con terminos generales, y vagos, y en esta parte creo yo que tienen razon. Pero es incomparablemente peor el modo con que trata Lulio todas las cosas. Porque no hace mas que reducirlas, qualesquiera que sean, à lugares comunes, à sugetos, y predicados generales que puedan convenirles, y deste modo habla un Lulista eternamente, y sin hallar fin; pero con una frialdad, y con razones tan vagas, que apenas llegan à la superficie, y à lo mas comun de las cosas. En efecto un Lulista podrà amplificar un assunto mientras le pareciere, pero despues de aver hablado una hora, nada util ha dicho. Reducese pues à ingenio todo el arte de Lulio, pero el juicio no halla de que poderse aprovechar. Este mismo juicio hacen de Lulio muy grandes Escritores, y en especial Gassendo, y Muratori; pero si alguno de mis Lectores le parece aspera la censura, ruego que vea las Obras de Lulio, y que medite sobre lo que llevo dicho, que creo se convencerà.
180. En las Escuelas se tratan muchas questiones en que se aguza el ingenio, y no se perfecciona el juicio. La gran question de la trancendencia del ente, la del ente de razon, la del objeto formal de la Logica, la de la distincion escotica, y otras semejantes, son puramente ingeniosas, interminables, y vanissimas. El juicio nada tiene que hacer en ellas, porque no ay esperanza de hallar la verdad, y una vez hallada aprovecharia muy poco. Yo nunca alabarè que se haga perder el tiempo à la joventud entreteniendola en tales averiguaciones, que aunque son ingeniosas, pero son inutiles69.Convego yo en que alguna vez à los jovenes se han de proponer questiones con que exerciten el ingenio. Pero si esto puede hacerle de modo que se aguze el ingenio, y se perficione el juicio, serà mucho mejor, y no ay duda que puede entretenerse la juventud en algunas disputas en que se consigan ambas cosas. El P.Mabillon fue varon docto, y juicioso, y en sus Estudios Monasticos aconseja, que se eviten semejantes questiones, porque no solamente son inutiles, sino que obscurecen la verdad. Y es de notar, que el habituar los jovenes à estas questiones suele ocasionar algun daño, porque los hace demasiadamente especulativos, y à veces tan tercos, que el habito que contrahen en ellas, le conservan en otros assuntos, y como el amor propio no cessa de incitarlos à su clevacion, por esso nunca se rinden, antes esta ciencia especulativa los hace vanos, y porfiados. Demàs desto siempre he juzgado que el tiempo es alhaja muy preciosa, y que siendo tanto lo que solidamente puede aprenderse, es cosa ridicula emplearlo en cosas vanas en que resplandece el ingenio, y no el provecho70, ni la enseñanza. Algunos suelen celebrar con alabanzas extraordinarias la Carroza de marfil que hizo Mirmecidas con quatro cavallos, y el Governador dellos, tan pequeña, que la cubrian las alas de una mosca; las hormigas de Calierates, cujos miembros no distinguian sino los de perspicacissima vista, y otras cosas maravillosas por su pequeñez71. Mas yo acostumbro medir las alabanzas destas cosas, por el provecho que puede sacarse de ellas, y assi me parece muy fundado en razon lo que dice Eliano hablando desto, es à saber, que ningun hombre sabio puede alabar tales Obras, porque no aprovechan para otra cosa, que para hacer perder vanamente el tiempo72. Es verdad que en ellas resplandece la destreza, y ingenio del Artifice; pero yo nunca alabo solamente à un hombre por su ingenio, por grande que sea, sino por su juicio.
181. Por lo general ninguno hace mayor ostentacion del ingenio, y con menos provecho que los Poetas, en especia los destos tiempos. Ciceron observò muy bien, que no ay ningun Poeta à quien no parezcan sus poesìas mejores que qualesquiera otras; y si huviera vivido en nuestros tiempos, huviera confirmado con la experiencia la verdad de su observacion. A los Poetas se les debe la gloria de aver sido los primeros que trataron las ciencias con metodo. Pero ya en lo antiguo sucedia lo mismo que aora, pues en aquel tiempo avia muy pocos Poetas buenos73, y muchos malissimos. Piensan algunos, que para ser buen Poeta no es menester mas que hacer versos, y darles cadencia; y la mayor parte de los que juzgan, solamente se contentan del sonido, y tal qual agudeza de ingenio. Y se ha de tener por cierto, que para ser buen Poeta es menester ser buen Filosofo. No entiendo por Filosofo al que sabe la Filosofia en el modo que se enseña en las Escuelas, sino al que sabe razonar con fundamento en todos los assumptos que pueden tocar à la Filosofia. Assi serà necessario que el Poeta sepa bien la Filosofia Moral, y sin ella nada puede hacer que sea loable, porque no sabrà excitar los afectos, ni animar las passiones, que es una de las cosas principales de la Poesia. Muchos de nuestros Poetas, y algunos de los antiguos supieron muy bien excitar al amor profano, pero en esto mostraron su poco juicio, porque nunca puede ser juicioso el Poeta que excite los afectos para seguir el vicio, antes debe ser su instituto animar à la virtud; y no ay que dudar, que si los Poetas supieran hacerlo, tal vez lo conseguirian mejor que algunos Oradores, porque los hombres se inclinan mas à lo bueno, si se les propone con deleyte, y esto hace la Poesìa halagando el oido (126). Ha de saber el Poeta la Politica, la Economica, la Historia sagrada, y profana. Ha de saber evitar la frialdad en las agudezas, ha de ser entendido en las lenguas; ha de saber las reglas de la Fabula, y de la Invencion. Ha de conocer la fuerza de las Figuras, y en especial de las Traslaciones. Ha de hablar con pureza, y sin afectacion; y en fin ha de tener presentes las maximas que propone Aristoteles en su Poetica, y saber poner en practica los preceptos que han usado los mejores Poetas. Pero oy vemos que todo el arte se reduce à equivocos frios, à frases afectadas, à pensamientos ingeniosos, sin enseñanza, ni doctrina; y aun ay muchos Poetas celebrados, que no observan ninguna de las reglas que propone Horacio en su Arte Poetica, y no adquieren, el nombre sino por la poca advertencia de los que lo juzgan, y porque ellos mismos dicen que son excelentes Poetas74. Descendiera en esto mas à lo particular, sino temiera conciliarme la enemistad de muchos vanissimos alabadores de los Poetas recientes.
182. Siendo pues cierto, que el juicio ha de governar al ingenio para que èste aproveche, serà necessario saber, que los que professan las Artes, y Ciencias no deben tener otro fin, que aprender, ò enseñar la verdad, y el bien, y que toda la fuerza del ingenio ha de ponerse en descubrir estas cosas, y esclarecerlas para evitar el error, y la ignorancia. Bien puede el ingenio buscar à veces lo deleytable, pero ha de ser con las reglas que prescribe el juicio, y haciendolo servir solamente para que con mayor facilidad se alcance lo verdadero, y se abraze lo bueno. Segun estos principios han de desecharse todas las obras de ingenio que deleytan, y no enseñan, y que ponen toda su fuerza en agudeza superficial, que no dura sino el tiempo que se leen, ù oyen.75
183. La memoria sino està junta con buen juicio, es de poca estimacion, porque importa poco saber muchas cosas sino se sabe hacer buen uso dellas. El vulgo està engañadissimo creyendo que son grandes hombres los que tienen gran memoria: y de ordinario para significar la excelente sabiduria de alguno, dice que tiene una memoria felicissima. A la verdad quando à un juicio recto se junta una memoria grande, puede ser muy util, y creo yo que necessita muchas veces el juicio del socorro de la memoria, pero no al que dudar, que por sì sola merece poca estimacion. Admirablemente dixo Saavedra en su Republica Literaria: Muchos buscavan el heleboro, y la nacarina para hacerse memoriosos, con evidente peligro del juicio; poco me pareciò que tenian los que lo aventuravan por la memoria, porque si bien es deposito de las ciencias, tambien lo es de los males; y fuera feliz el hombre, si como està en su mano el acordarse, estuviera tambien el olvidarse. La memoria deposita las noticias, y retiene las imagenes de los objetos, assi se hallan en ella todas las cosas indiferentemente, y es necessario el juicio recto para colocarlas en sus lugares. Es la memoria como una feria donde estàn expuestas mercancìas de todos generos, unas buenas, otras malas; unas enteras, otras podridas. Pero el juicio es el comprador, que escoge solamente las que merecen estimacion, y hace dellas el uso que corresponde, y desecha las demàs. Es verdad que si no ay abundancia, y riqueza, poco tendrà que escoger.
184. Algunos leen buenos libros, estudian mucho, y no pueden hablar quando se ofrece, porque la memoria no les presenta con prontitud las ideas de las cosas. Estos por lo ordinario se explican mejor por escrito, que de palabra. Muchos han inventado diversas artes para facilitar la memoria, y se aprovechan de ciertas señales, para que excitandose en la fantasìa, se renueven los vestigios de otras con quien tienen conexion. Pero la experiencia ha mostrado el poco fruto de semejantes invenciones; y sabemos ciertamente, que nada aumenta tanto la memoria como el estudio continuado, y es natural, porque la continua aplicacion à las letras hace vibrar las fibras del celebro, y las exercita, con lo que contraen habito, y facilidad de moverse, lo qual aumenta la memoria. Lo que algunos dicen de la Anacardina es fabula, y hablilla que ha quedado de los Arabes, gente credula, y supersticiosa.
185. Resta aora explicar los desordenes que acompañan à una gran memoria quando està junta con poco juicio, y mostrar quan poco estimables son los Autores en quien resplandece solamente aquella potencia. Cleobulo esrà continuamente leyendo, en todo el dia hace otra cosa, tiene una memoria admirable. Quièn no pensarà con estas buenas circunstancias, que Cleobulo ha de dar al publico alguna obra estimable? Luego vemos que nos sale con una Floresta, ò Jardin, ò Ramillete de varias flores, y acercandose, y mirandose de cerca, no ay en su Jardin sino Adelfa, y Vedegambre. Ay algunos que no estàn contentos sino hacen participantes à los demàs de lo que ellos saben, y como todo su estudio ha sido de memoria, no se halla en sus escritos sino un amontonamiento de noticias vulgares, ò falsas. Advertidamente dixo Bacon de Verulamino, que en semejantes libros, si bien se repara, no ay mas que molestas repeticiones de una misma cosa. Yo confiesso que apenas ay Autor que no se aproveche de lo que otro ha escrito, pero los que son buenos añaden de lo suyo, ò à lo menos dan novedad; y metodo à lo ajeno; mas esto no saben hacerlo sino aquellos que à la memoria añaden buen juicio76. Otros quieren parecer sabios, teniendo en la memoria buena copia de Autores, y los nombran, y citan para mostrar su estudio. Pero el aver visto muchos libros no hace mas sabios à los hombres, sino averlos leido con metodo, y tener juicio para conocer, y discernir lo bueno que ay en ellos, de lo malo.
186. No saben èstos mas, que los niños, à quien se hace aprender de memoria una serie de cosas, que la dicen sin saber lo que contiene, ni para que aprovecha. No ay cosa mas facil que citar una docena de Autores sobre qualquier assumpto, porque para esto estàn à mano las Poliantheas, los Diccionarios, las Miscelaneas, los Theatros, y otros semejantes libros en que està acinada la erudicion sin arte, sin metodo, y sin juicio. Dixo muy bien el P. Feijoò, que el Theatro de la vida humana, y las Poliantheas son fuentes donde pueden bever la erudicion, no solo los racionales, sino las bestias. Bien pudieran entrar en este numero muchos Diccionarios, y Bibliothecas. Y tengo por cierto, que semejantes libros solo pueden aprovechar en tal qual ocasion à los hombres de mucha letura, y de atinado juicio, ò para tener à mano una espccie, ò para bolver à la memoria alguna cosa que se avia olvidado.
187. En la Medicina son infinitos los libros de erudicion desaliñada, y solo à proposito para cargar la memoria. Propondrè algunos Autores assi antiguos como modernos, y assi se podrà discurrir de sus semejantes. No ay Autor entre los antiguos, que aya recogido mas noticias, ni cite con mayor frequencia, que Senerto; pero es Escritor de pequeño juicio, porque entre tanta barahunda de noticias, opiniones, y Autores, de ordinario sigue lo peor. Si trata de calidades, las hace ocultas, y nada dice. Si trata de la generacion, admite la propagacion de las almas per traducem, lo qual es heregia. Sus observaciones especiales son vanissimas, y lo he conocido por propia experiencia. Si trata de curar las enfermedades, purga, y sangra como los demàs de su tiempo. Foresto es exacto en sus observaciones, y sus curaciones no son despreciables; pero sus preambulos largos para cosas pequeñas, y sus repeticiones de cosas que nada importan, hacen enfadosa su letura. No obstante le tengo por mas util que à Senerto, y ambos pueden aprovechar en manos de un Medico juicioso.
188. Juan Doleo hizo una Enciclopedia, en que comprendiò los pareceres de muchos Autores sobre cada enfermedad, señalando distintamente el dictamen de cada uno. No puede aver cosa mas à proposito para facilitar la memoria de los Medicos, ni mas propia para corromperles el juicio. Porque este Escritor en el decir es fantastico, lleno de frases poeticas, y rimbombantes. Introduce terminos obscurissimos, con gran perjuicio de los letores, porque ya la Medicina necessitava de acerse mas comprehensible, familiarizando infinito numero de voces Griegas, que ni se han hecho Latinas, ni Españolas, lo que ocasiona embarazo, y confusion. Y despues de todo esto nos viene el Señor Doleo con Microcosmetor, Cardimelech, Gasteranax, y Bitnimalea, repitiendolos à cada linea, y no significan otra cosa que el celebro, corazon, estomago, y utero, ò los espiritus especiales destas partes, y que sirven para sus funciones. Demàs desto no ay en sus curaciones aquel nervio de observacion que se hallò en los Griegos; ni sus remedios son otra cosa que medicamentos comunes. Hoffman es tambien Autor de varia leccion, si juicio mediano; pero su imaginacion fecunda, y la memoria grande, su estilo, es asiatico, y poco nervioso, dice, y repite las cosas sin medida, y cita mas de lo que sabe. No obstante es Autor que puede aprovechar mucho si se sabe hacer buen uso de sus noticias. Finalmente para hallar locucion breve, y clara, metodo, enseñanza, y buen juicio, es necessario leer entre los antiguos à Hipocrates, Areteo, Celso, y à sus seguidores Marciano, Dureto, Lomio, y los dos Pisones; y entre los Modernos à Sidenaham, Boherave, Bellino, y algunos pocos.
189. No sè si entre los Theologos, y Letrados reyna este defecto como entre los Medicos. Sè muy bien que en ambas ciencias ay Professores de erudicion exquisita, y de atinado juicio. Pero como salen à luz tantos tratados de Theologia sin añadir novedad ninguna unos a otros, tantos Autores de Poliantheas, de Sermones, de Miscelaneas, he sospechado que tal vez se hallaràn algunos que no avràn tratado ellos assuntos con la perfeccion necessaria. En efecto el Ilustrissimo Cano, el P. Mabillon, y Luis Vives, han hallado en algunos Theologos muchas superfluidades. Tal vez dirà alguno que esto es meter la hoz en mies agena pero la Logica dà reglas generales para governar al juicio, y es necessaria para dirigirle con rectitud, y hacer buen uso dèl en todas las ciencias. Por esso un buen logico puede conocer los defectos que por falta de cultura, y rectitud de juicio cometen los Autores que tratan la Teologia. Lo mismo ha de entenderse de la Jurisprudencia, en cuya ciencia son muchos los Autores que ponen toda su enseñanza en amontonar citas, y lugares comunes, y creo yo que no consultan los Autores originales, sino que unos fscan las citas de otros, y estos de otros mas antiguos, y todos estos son Plagiarios, y compiladores77. Por lo menos en estas que llaman Alegaciones es cierto, que muchos muestran falta de Logica, y de cultura en el juicio, porque reyna en ellas erudicion desaliñada, y vulgar, y se pone mayor cuidado en amontonar citas, que razones solidas, y concluyentes. Saavedra en la Republica Literaria, ya se quexa del poco juicio de algunos Autores de Jurisprudencia. Acerquème à un Censor, dice, y vì que recibia los libros de Jurisprudencia, y que enfadado con tantas cargas de leturas, tratados, decisiones, y consejos exclamava: O! Jupiter, si cuidas de las cosas inferiores, porquè no das al mundo de cien en cien años un Emperador Justiniano, ù derramas exercitos de Godos que remedien esta universal inundacion de libros, y sin abrir algunos caxones los entregava para que en las Hosterias sirviessen los civiles de encender el fuego, y los criminales de freir pescado, y cubrir los lardos. Ciceron se quexava tambien de la poca cultura de los Juristas de su tiempo78, y en varias partes los reprehende en especial en la oracion que hizo por Murena digna de ser leida, porque trata este assunto con extension79.
De los errores del juicio
190. Todos los errores del entendimiento humano, hablando con propiedad, pertenecen solamente al juicio, porque este es el que assiente, ò dissiente à lo que se le propone. La fantasìa, los sentidos, las inclinaciones, el temperamento, la edad, y otras cosas semejantes no son mas que ocasiones, ò motivos por los quales yerra el juicio. Pero se ha de advertir, que ay dos caminos muy comunes por los quales se anda àcia el error, es à saber, la preocupacion, y la precipitacion del juicio, porque quantas veces cae èste en el error, casi siempre sucede, ò porque està preocupado, ò porque se precipita. La preocupacion es aquella anticipada opinion, y creencia que uno tiene de ciertas cosas. Por exemplo. Han dicho à un hombre codicioso, y credulo, que es facil hacer oro del cobre, ò del hierro. Por la credulidad facilmente se convence, por la codicia lo cree con eficacia, porque ya hemos probado, que qualquiera idea si va junta con alguna fuerte inclinacion, se imprime con mayor fuerza. Si este hombre oye despues à otro que prueba con razones concluyentes que no es possible convertir el cobre, ni el hierro, ni ningun otro metal en oro, lo oye con desconfianza, y las razones evidentes no se proporcionan à su juicio porque està preocupado, esto es, porque anticipadamente ha creido lo contrario, y, esta creencia ha echado raices en el celebro.
191. No intento tratar aqui de toda suerte de preocupaciones, ya porque fuera impossible comprehenderlas todas, ya porque muchas han sido explicadas en los capitulos antecedentes; propondrè solamente algunas muy notables que nos hacen caer en muchos errores. Quando somos niños creemos todo quanto nos dicen los padres, los Maestros, y nuestros misms compañeros. El celebro entonces se va llenando de preocupaciones, y si no cuidamos examinarlas siendo adultos, toda la vida mantenemos el error. El amor que tenemos à la Patria, y à los parientes, y amigos nos preocupa fuertemente80. Las ideas destas cosas las tenemos continuas, y las señales que hacen en el celebro se van haciendo de cada dia mas profundas. Por esto nos hacemos à juzgar conformando nuestros juicios con ellas, y muchas veces son errados. Despues cada qual alaba su Patria, y la prefiere à qualquiera otra. Su Patria es la mas antigua del mundo, porque ha oido contar à sus compatriotas, que se fundò en tal, y tal tiempo muy antiguo, y que se fundò casi por milagro. Esta preocupacion arrebata à veces hasta hacer decir à algunos, que nada ay bueno sino en su Paìs; y en los demàs todo es malo. Yo oigo con mucha desconfianza à estos preocupados alabadores de sus Patrias. Es noticia harto vulgar, que los Griegos tenian por barbaros à todos los que no eran Griegos; y aviendo sido los principales establecedores de las Ciencias, no pudieron librarse de tan vana preocupacion.
192. Suele preocuparse el juicio frequentemente en las cosas de piedad, y religion. Ha creido uno quando era niño, que el Santuario de su tierra es un seminario de milagros, que un Peregrino formò la Imagen que en èl se venera, y que no puede disputarsele, ò la prerogativa de tocarse por sì misma la campana, ò de aparecer tal dia florecillas, ò otras cosas maravillosas con que Dios le distingue entre muchos otros. Algunos dexan correr estas relaciones, porque dicen son piadosas, aunque en parte sean falsas. Mas yo quisiera que se descartàran quando no estàn bien averiguadas, porque nuestra santissima Religion es la misma verdad, y no necessita de falsas preocupaciones para autorizar su creencia. Desto hablarèmos mas adelante. Lo que toca aora à nuestro proposito es, que estas cosas creidas con anticipacion ocasionan despues mil guerras, y discordias entre los Escritores que quieren, ò defenderlas, ò impugnarlas.
193. La letura de algun Autor suele causar fuertes preocupaciones81. Ay uno que en su joventud ha leido continuamente à Seneca, y despues no ay perfeccion que no halle en este Filosofo, y todos los demàs no han hecho cosa notable; ni ya se oirà de su boca otra cosa que lugares de Seneca, maximas morales sueltas, y descadenadas. En este assumpto tengo por cierta especie de felicidad preocuparse de un Autor bueno, porque aunque no lo sea tan universalmente como le hace creer la preocupacion, por lo menos ya en algunas cosas no le ocasiona error. Por esto ha de cuidarse, y es punto essencial de la buena crianza, en no dexar leer à los muchachos sino libros buenos, y que puedan instruir su entendimiento, y perficionarles el juicio; y me lastimo de ver, que apenas se les entregan otros libros que los de Novelas, ò Comedias, ò de Fabulas, con que se habituan à todo aquello que les hincha la imaginacion, y corrompe el juicio. No solamente se preocupan muchos de algun Autor, sino tambien de la autoridad de ciertas personas. Cree Fabio anticipadamente que Ariston es un hombre consumado en todas ciencias, precindo aora si lo cree con justicia, ò erradamente. Tratese despues qualquiera materia, y Fabio no dice mas, sino que ha oido decir à Ariston, que la cosa era desta manera, y no de otra. Si se le replica diciendole, que lo examine por sì mismo, y que no se fie de semejante autoridad, se enfurece, y con ademanes mantiene su opinion, porque està enteramente preocupado82.
194. Pudiera poner muchos exemplos desto en el trato civil, de suerte, que si bien lo reparamos, gran parte de los juicios humanos en el comercio de la vida se fundan en preocupacion, y no en realidad83. Esto mismo es lo que sucede à aquellos, que en las letras no aprecian sino la antiguedad. No dudo que en ella se halla un tesoro muy precioso, y que qualquiera ha de consultar los Autores antiguos para perficionar el juicio, y para aprender, y enseñar las Ciencias humanas corformandose con las reglas del buen gusto, pues huvo entre ellos muchos que fueron exactissimos, y tuvieron un juicio muy recto en lo que toca à las Artes, y Ciencias profanas; mas esto no es bastante para preocuparse de forma, que no se aya de celebrar sino lo que sea antiguo, porque no se agotò en aquellos siglos la naturaleza, ni se estancaron las buenas Artes de suerte, que no pueda beverse la dotrina sino en aquellas fuentes. Yo he reparado, que los Romanos veneraron mucho à los Griegos, y se aprovecharon de su doctrina en muchissimas cosas; pero tambien en otras los dexaron, buscando nuevos caminos para alcanzar la verdad, y alguna vez se gloriaron de ser iguales, ò superiores à los Griegos84.
195. Galeno en el comento del primer aforismo de Hipocrates dice, que los Antiguos hallaron las Ciencias, pero no pudieron perficionarlas, y que los que les han sucedido las han aumentado, y perficionado. Ciceron afirma, que en su tiempo avia en Roma Oradores tan grandes, que en nada eran inferiores à los Griegos85. Pues porquè nosotros hemos de creer, que nada bueno puede hallarse en nuestros dias? Y porquè no podremos decir de los Romanos, lo que èstos dixeron de los Griegos;86 y de los Griegos, lo que ellos dixeron de otros mas antiguos? La razon dicta, que la verdad ha de buscarse en los Antiguos, y en los Modernos, y ha de abrazarse donde quiera que se halle. Los Antiguos tienen la ventaja de aver sido los primeros, y por esto los imaginamos como mas venerables, porque de ordinario formamos idea mas grande de los hombres famosos quando estàn distantes de nosotros; que quando estàn à nuestra vista, pues entonces hallamos que son hombres como los demàs, y sujetos à las mismas inclinaciones, y engaños que nosotros mismos, y por esto solemos apreciar mas lo que tenemos distante, que lo que està cercano. Pero si nos libramos de toda preocupacion, hallarèmos entre los Antiguos, hombres de grande ingenio, y juicio, de mucha erudicion, y doctrina, y tambien entre los Modernos; y entre èstos hallamos Sofistas, y no faltaron entre aquellos.
196. La precipitacion del juicio se observa frequentemente en el trato civil, porque es muy comun juzgar de las cosas sin averlas averiguado. Uno disputa, y se descompone por defender la Filosofia, que no ha visto. Otro afirma, que tal Autor lo dice, sin averle leido. Qual apenas ha oido una palabrita à otro, ya forma mil juicios. Qual por un acaecimiento imprevisto, forma mil presagios. En efeto los juicios temerarios casi siempre se hacen con precipitacion, porque se hacen sin atender las circunstancias necessarias para juzgar; y si bien se repara, en el trato civil se hallarà, que son infinitos los juicios precipitados. En los libros son tambien frequentissimos, y cada dia vemos contender los Autores reciprocamente sobre si es cierta la narracion, ò falsa la cita, y las mas destas contiendas proceden de la precipitacion del juicio. De la misma nacen à veces las alabanzas vanissimas, y vituperios de los Autores: porque toma uno un libro en la mano, y luego que empiza à leerle, encuentra una cosa que no le satisface, y sin passar mas adelante dice, que el libro no vale nada, que es una friolera quanto el Autor escrive, y otras cosas semejantes. Por el contrario, si halla en el libro un estilo proporcionado à su genio, ò otras cosas que à los principios le contentan, dice que el libro es bueno, y es lo mejor que se ha escrito. Deste modo se hacen muchas criticas, y las hacen oy sugetos de buena recomendacion; pero fuera facil mostrar que se nacen con manifiesta precipitacion de juicio. A veces la precipitacion del juicio es muy peligrosa, porque ocasiona errores enormes. Oimos una palabrita à un hombre que miramos con odio, y luego la interpretamos, y echamos en mala parte, y el otro tal vez la ha dicho con sana intencion. En el juicio que algunos hacen de los libros sucede lo mismo, porque tal proposicion, que por sì sola puede parecer mala, acompañada con toda la serie de principios, y razonamientos con que està conexa, es sanissima.
197. De otro modo precipitamos el juicio, haciendo de un hecho particular una razon universal. Assi vemos que Ariston ha faltado en una cosa, ò no se ha desempeñado bien en un assumpro, y luego le tenemos por un hombre inutil para todos los negocios; y deste modo precipitamos el juicio, trancendiendo de lo particular à lo universal. Pero nunca precipitamos mas el juicio, que quando nos dexamos dominar de alguna passion, y esto se observa en casi todas las disputas, en que no se tiene por fin el descubrimiento de la verdad, sino la vanagloria. Quando uno se calienta mucho en una disputa, de ordinario se arrebata, y su imaginacion tiene señales muy hondas de lo que intenta persuadir; desto se sigue, que no atiende à lo que dice el contrario, y si oye algo, lo acomoda à lo que domina en su fantasìa, porque èsta no admite sino muy ligeramente las impressiones distintas de aquel objeto que la ocupa De aqui nace, que muchas veces estàn disputando dos hombres serios con grande estrepito, y diciendo ambos una misma cosa; y es cierto que luego feneciera la contienda, sino huviera precipitacion de juicio en los contendores. Desto tengo yo bastante experiencia, como tambien de muchas sospechas que resultan despues de semejantes disputas, y nacen las mas voces de no aver puesto la atencion necessaria en lo que se dice, y de juzgar con precipitacion. En fin reflecte cada qual un poco, y hallarà que muchissimos juicios en el trato civil se hacen por el miedo, odio, amor, esperanza, ò segun la passion que reyna en el que juzga87.
198. Resta aora proponer el remedio para estos males del juicio. Ante todas cosas se ha de tener presente lo que hemos dicho en los capitulos passados, porque las preocupaciones, y precipitaciones del juicio por la mayor parte proceden de la fuerza de las passiones, de la imaginacion, del ingenio, de los sentidos, y demàs cosas que hemos explicado. Demàs desto serà bien acordarse de lo que ya hemos dichos, es à saber, que el hombre sabe las cosas, ò por la Fè, ò por la ciencia, ò por la opinion. No puede el hombre errar en lo que cree con Fè divina, tiene tambien evidencia de las cosas que ha de juzgar con ciencia, conque solamente el juicio ha de tener reglas para no preocuparse en las cosas que se alcanzan por opinion. Para governarse en èstas con acierto, serà importante ver lo que hemos dicho hablando de la extension de las opiniones, y aora puede añadirse, que nada es mas à proposito para evitar la preocupacion, que el saber dudar, y suspender el juicio con prudencia88. Hagome cargo, que no puede el entendimiento mantenerse siempre en la duda, como hacian los Pirrhonistas; pero à lo menos es argumento de buen juicio saber dudar quando conviene.
199. El entendimiento ayudado de las reglas de la Logica, ha de examinar las cosas, y si las halla conformes à los primeros axiomas, ò los fundamentos principales de la razon humana, que tantas veces hemos propuesto, entonces se resuelve, y passa de la duda à la creencia. Pero si en semejantes averiguaciones descubre poca conformidad de las cosas con la razon, y los principios della, ò dissiente, ò suspende de nuevo el juicio, hasta que averiguandolo mejor, se le presente claramente la verdad. Por esta razon han de examinarse con cuidado las opiniones que recibimos en la niñez, y muchas otras que se enseñan en las Escuelas, y las que se adquieren en la conversacion, y trato, y no han de creerse ciegamente, sino solo despues de bien examinadas. Debese aqui advertir, que en las ciencias practicas basta à veces la verosimilitud, porque en muchissimas cosas si huviera el entendimiento de hacer examenes para alcanzar la evidencia, se passaria la ocasion de obrar, y èsta no suele bolver siempre que queremos. Deste modo governamos la practica de la Medicina en muchos casos, y lo mismo acontece algunas veces en lo moral.
200. Para no precipitar el juicio se han de tener presentes las mismas reglas que hemos propuesto para evitar las preocupaciones. Pero en especial conduce poner la atencion necessaria en las cosas antes de juzgar, y examinarlas de suerte, que no se determine el juicio sino despues del examen necessario. Las cosas suelen combinarse de muchas maneras, y si el entendimiento no atiende à todas las circunstancias, facilmente caerà en el error, porque solo juzgarà por la vista de una, y debiera hacerlo despues de atender à todas. El examen es tambien necessario, porque de otra forma lo que es incognito se tendrà por sabido, lo falso se tendrà como cierto, y lo dudoso como ciertamente verdadero89. Esto se hace mas comprehensible con exemplos, y lo ilustrarèmos mas en los capitulos siguientes.
De los sofismas
201. Antiguamente llamaron Sofistas à los Sabios, y viendo Socrates que en su tiempo avia muchos, que no tenian mas que una sabiduria aparente, y que procuravan engañar à los ignorantes con argumentillos caprichosos, y con sofisterias, empezò à dar à los falsos sabios el nombre de Sofistas. Lo mismo hicieron Platon, y Aristoteles, y ambos los rechazaron con eficacia, porque Platon90 describiò los engaños de los Sofistas, y Aristoteles manifestò admirablemente todos los caminos de que se aprovechavan para formar sus sofismas; de suerte, que este Filosofo trartò con perfeccion este assunto. Oxala le leyessen los que se precian de Sectarios suyos. Los Romanos à imitacion de los Griegos llamaron Sofistas a los que se aprovechavan de argucias, ò vanos argumentos. Es pues el sofisma un razonamiento que nada concluye, y tiene apariencia superficial de concluir. Ay algunos sofismas tan claros, y tan faciles de conocer, que el mas rudo los desecha por engañosos. La sola Logica natural basta para conocerlos, y qualquiera en oyendolos, comprehende que el tal razonamiento no concluye, aunque no sepa la razon. Por esso los omitirè, proponiendo solamente aquellas fuentes generales de donde nacen muchos sofismas que cada dia observamos, assi en las disputas, como en los libros. En primer lugar puede colocarse aquel sofisma con que se prueba otra cosa de lo que se disputa. Llamòle Aristoteles ignoratio Elenchi. Y en las conversaciones es tan comun, que nada se observa con mayor frequencia. Unas veces disputa Ticio con mucho calor, y hace mil exageraciones para probar lo que no se le niega, y es que por tener acalorada la fantasìa, no atiende lo que su contrario dice. Otras veces con malicia, y de intento dexa de probar lo que le toca, ya porque no se halla con bastantes razones, ò porque se ha introducido en una question que no sabe, y no quiere confessar su ignorancia. Aqui es de advertir, que ay algunos que con mala fee atribuyen en las disputas à su contrario ciertas cosas, que èste ni las ha imaginado; y otras veces le atribuyen ciertas proposiciones, que piensan deducirse de la doctrina que el contrario enseña, aunque en la realidad èste las niega, y no ha tenido el animo jamàs de admitirlas; y esto lo hacen para triunfar del enemigo entre la gente ruda que no alcanza estos artificios. En los impugnadores de los libros es comunissimo este modo de sofisticar, y cada dia vemos atribuirse à un Autor lo que no ha dicho, y otras mil cosas que no son de la disputa. Assi lo hizo Juan Clerico encubierto con el nombre de Ferepono impugnando à San Agustin, y atribuyendo à este Santo Doctor algunas cosas que no dixo, è interpretando con mala fee otras muchas que avia dicho. Algunos atribuyen à Aristoteles este defecto, porque suponen, que quando impugnò91 à Parmenides, y à Melisso que no admitian mas que un principio de todas las cosas, lo hizo, ò con ignorancia de lo que estos Filosofos quisieron dar à entender, ò con mala fee atribuyendoles que hablavan del principio de que se componen los Seres, siendo cierto que hablaron de Dios principio de todas las cosas. Tambien trata92 Aristoteles de ignorantes à los Filosofos, y cree que no alcanzaron que la privacion fuesse uno de los principios naturales, y esta acusacion es injusta, siendo impossible que ignorassen los filosofos antiguos, que la materia de que se hace alguna cosa, no era esta cosa antes de hacerse. Por exemplo. Que el leño de que se fabrica una mesa, no era mesa antes de fabricarse. Es verdad que los Filosofos no hicieron caso desta privacion para explicar la naturaleza, pero por esso no son culpales, porque semejante conocimiento es inutil, como lo fuera para saber de què partes se compone un relox, el averiguar que aquella materia de que se compone, no debia ser relox antes de hacerse relox. Por otra parte se gloria Aristoteles aver descubierto, que la privacion era uno de los principios de que se compone el cuerpo natural, y este descubrimiento, es algo ridiculo, y no conduce para descubrir la naturaleza, porque para hacer una estatua, por exemplo, de Alexandro, serìa ridicula advertencia el prevenir al Artifice, que la hiciera de un marmol que no fuera la misma estatua, que queria hacer. No obstante esto, se ha de advertir que Aristoteles fue ingeniosissimo, y que supo descubrir, y conocer los sofismas como el que mejor; pero fue ambicioso de gloria, y esto tal vez le hizo impugnar à otros con mala fe93.
202. En segundo lugar puede colocarse aquel sofisma, que llamò Aristoteles peticion de principio, y se comete quando se trae por prueba lo mismo que se disputa. Ya se ve que la prueba de una cosa debe ser mas clara que la misma cosa, conque es contra la buena razon intentar persuadir un assumpto, aprovechandose del assumpto mismo para probarlo. No obstante usò Aristoteles deste sofisma, quando quiso probar que la tierra està en el centro del mundo, con este argumento: Las cosas pesadas por su naturaleza caen al centro del mundo. Las cosas pesadas caen al centro de la tierra, como muestra la experiencia: luego el centro de la tierra es el centro del mundo. Es claro que en la mayor deste silogismo ay peticion de principio: porque aunque sepamos por experiencia, que los cuerpos graves caen à la tierra, nunca puede saberse que caen por esso al centro del mundo, sino se supone que el centro del mundo es la tierra, que es lo que se disputa. Los Peripareticos de nuestros tiempos caen tambien en este sofisma, quando quieren probar las formas subtanciales distintas de la materia en los cuerpos inanimes, con este argumento: Si no huviera formas substanciales, el compuesto natural no serìa todo por sì (totum per se); el cuerpo natural es todo por sì: luego ay formas substanciales. El caso es, que por aquellas palabras totum per se, entienden un todo compuesto de materia, y forma, conque es lo mismo que si dixeran: Si no huviera formas substanciales, el compuesto natural no se compondria de materia, y forma; se compone de materia, y forma: luego ay formas substanciales. El Autor del Arte de pensar muestra muy bien, que las principales pruebas de que usan los Aristotelicos para probar semejantes formas, se reducen à esta especie de sofisteria. Para probar que la gravedad es intrinseca à los cuerpos graves, usan algunos deste sofisma, pues dicen que no ay ninguna causa distinta que los haga caer, y assi que caen por sì mismos. Suponen pues como cierto, que no ay causa externa que empuje los cuerpos àzia la tierra, y esto mismo es lo que se debe probar. Los circulos viciosos se reducen à este sofisma de peticion de principio; como si uno dixera que Dios existe, porque ay una causa que lo govierna todo con providencia, y añadiesse, que ay una causa que govierna las cosas con providencia, porque ay Dios, èste cometeria sofisma de peticion de principio, y circulo vicioso. A la misma especie de sofisma puede reducirse todos los argumentos que prueban una cosa obscura por otra obscurissima.
203. En tercer lugar coloco yo los sofismas, en que se da por causa de una cosa lo que no es causa; y en general se cometen de dos maneras. Unas veces por ignorancia de las verdaderas causas de las cosas, porque se presentan muchos efectos, y las causas estàn ocultas, y el entendimiento lo atribuye à las veces à lo que se le antoja. Observavan los Filosofos, que nunca avia lugar alguno enteramente vacìo de toda materia, y dixeron, que era porque la naturaleza aborrece el vacìo. Vieron que el hierro se acerca al imàn, y dixeron, que la causa era la virtud atractiva. Las qualidades ocultas, las simpatìas, y antipatìas se han introducido de la misma manera; y en muchas ocasiones han señalado por causas de los efectos à la naturaleza, à las facultades, y otras cosas que nada sifnifican, ò à lo mas significan lo mismo que la voz causa.
Otras veces se comete este sofisma por sobervia, y precipitacion, porque muy raras veces quieren los hombres confessar que ignoran una cosa, y esto los precipita à señalar ciertas causas de algunos efectos antes de examinarlas, y tal vez sin advertencia ninguna. En el trato civil cada dia se comete este sofisma, y ocasiona mil sospechas, y riñas, porque dan unos por causa de lo que observan en otros, aquello que no lo es, y està muy distante de serlo. De ordinario no se detienen los hombres en averiguar la cosa por todas sus partes, ni todos tienen el ingenio necessario para conseguirlo; y como pocos aman el trabajo, y cuesta examinar de raìz las cosas, por esso luego se precipitan, y dicen, que la palabrilla que Fulano ha dicho, ù la accion que Citano ha hecho, quieren decir esto, ù estotro, lo qual ni tan solamente imaginaron aquellos, de lo que se siguen mil vanas sospechas.
205. A esta especie de sofisma se reducen las cosas maravillosas, que los Astrologos atribuyen à los Astros. Yo no soy de aquellos, que los niegan toda influencia, antes por el contrario creo que tienen algun poder sobre los elementos, y que à lo menos desta manera pueden influir en nuestros cuerpos; pero tengo tambien por vanissimas las predicciones astrologicas, y entiendo que no ay gente mas sofistica que los Astrologos: porque señalar por causas de tantos efectos como pronostican, à las disposiciones que voluntariamente dan à los Astros, à las casas celestes que han fabricado à su alvedrio, y otras mil cosas que fingen, y querer que los creamos sobre su palabra, es hacer burla de nosotros. No es necessario detenerme en esto, porque ya otros Escritores bien recomendables han probado la vanidad desta ciencia astrologica, y en especial la han mostrado Pedro Gassendo94, y el P. M. Feijoò95.
206. A esta especie de sofisma puede tambien reducirse el comun modo con que el vulgo señala las causas de algunos efectos, es à saber: Esto ha venido despues destroto, pues esto es la causa de aquello. Beve un hombre un vaso de agua à tiempo que ya empieza una enfermedad grave, y no faltan algunos que la atribuyen al agua; y si comiò qualquiera otra cosa, la atribuyen à lo que ha comido, de suerte, que lo ultimo es siempre lo que causa el mal. En los juicios que se hacen sobre las curaciones de los grandes achaques, se cometen infinitos sofismas, atribuyendolas à causas que no han tenido conexion, ni dependencia ninguna con el efecto. Se ha perdido una batalla, el General tiene la culpa, es sofisma de esta especie, porque pueden concurrir otras mil cosas, que pueden ser causa de averse perdido la batalla, aunque el General aya aplicado de su parte quanto pudiera conducir para ganarla. Del mismo modo se pierde un Dicipulo, que estava à cargo de tal Maestro, y luego dicen: El Maestro no ha cuidado, y èl es la causa de la perdicion del Dicipulo. Muchas veces esto es sofisma, porque aunque el Maestro aya puesto por su parte todo el cuidado, y aplicacion necessaria para el buen govierno del Dicipulo, puede la mala inclinacion deste, ò las malas compañias, ù otras cosas, que à veces los Maestros no pueden estorbar, averle precipitado.
207. En fin este sofisma se halla algunas veces en los Oradores, quando dan por causa de un sucesso una cosa que ellos se fingen à su alvedrio96. Por exemplo: Pregunta un Orador, por què la zarza de Moyses ardia, y no se consumia? Y despues de varias razones dice, que la causa es por ... y señala por causa, no lo que es, sino lo que èl piensa. Deste modo se atribuyen algunos efectos à determinadas causas, y no ay otro motivo para hacerlo, que el capricho del que lo hace. Dixe que señala por causa, no lo que es, sino lo que èl piensa, porque la causa de semejantes efectos, en el modo que algunas veces la señala el Orador, es oculta, y la Iglesia no la ha declarado, ni los SS. Padres la han propuesto, sino que el Orador se la finge, y acomoda como le parece; y por esta especie de sofisma señala causas arbitrarias à los sucessos referidos en las sagradas Escrituras, y no los puede persuadir à los hombres de juicio, porque le faltan pruebas solidas con que poderlas fundar. El P. Vieyra ya conociò esto, y reprehendiò eficazmente à los Predicadores que hacen decir à las sagradas Escrituras lo que ellos se imaginan, y tal vez fingen; y aun prueba con argumentos concluyentes, que en esto cada dia faltan à su verdadero instituto. Encargo mucho que se lea sobre esto un Sermon de la Sexagessima, donde ya desengañado tratò de destertar del Pulpito los vanos conceptos, è interpretaciones arbitrarias de las sagradas letras. Ya sè yo que en este vicio no incurren algunos sabios Oradores, y hablo solamente de aquellos, que ponen toda su habilidad en la invencion de pensamientos agudos con perjuicio de la verdad.
208. Los Gentiles usaron deste sofisma para calumniar la Religion de Jesu Christo en sus primeros principios, y decian: Quando la Religion Chistiana ha empezado à esparcirse, muchas calamidades han oprimido al Imperio Romano: luego la Religion Chistiana ha sido la causa dellas. No puede aver sofisma mas falaz, porque siendo clarissimas las causas de la decadencia del Imperio de Roma, y no aviendolas dissimulado algunos de sus historiadores, era necedad buscar por causa de aquellas calamidades à la Religion Christiana. Digno es de leerse sobre esto Tertuliano en su Apologia, cuya Obra ya hemos dicho es merecedora de alabanza; y es bien sabido, que San Agustin escriviò los libros de la Ciudad de Dios, con el animo de rechazar semejantes sofisterias de los Gentiles.
209. En quarto lugar puede colocarse el sofisma que depende de imperfecta enumeracion, y es aquel modo de razonar con que concluimos que una cosa es de cierta manera que nosotros nos imaginamos, pudiendo ser de muy distintos modos. Caen en este sofisma con mucha facilidad los semi-sabios, ò los sabios aparentes. Porque de ordinario suelen estos estar muy satisfechos con su ciencia, y segun ella juzgan de todas las cosas sin dudar de ninguna. Proponese à uno destos tales averiguar, por exemplo, de que modo se hace la lluvia, ò de que manera circùla la sangre, ù otra qualquiera semejante duda, y de repente resuelve que es desta manera, y que no puede ser de otra, y es porque èl no alcanza otro modo de ser en aquellas cosas, aunque en la realidad puedan hacerse de diversas maneras. Tambien cometen este sofisma los que hacen juicio de las cosas que suceden en Lugares apartados, ò en Lugares donde no tienen comunicacion aunque esten cercanos, y para juzgar no tienen otros fundamentos, que muy pocas noticias de los hechos sobre que juzgan, ò no saben, ni alcanzan sino algunas razones del hecho, pudiendo averse governado los que le executan por otras distintas. Por esso cada dia vemos muchos que se quexan de los Jueces que han determinado esto, ù estotro, sin numerar perfectamente los motivos que ellos se propusieron, y no faltan politicos sofistas que con ligeras noticias quieren juzgar de los negocios mas secretos del Govierno, señalando por causas de los acontecimientos aquellas cosas que tal vez no las imaginaron los que goviernan. Los malos Criticos caen frequetemente en este sofisma quando explican el sentido de algun Autor de la antiguedad, y cada uno quiere que la mente del Autor sea la que à èl se le antoja, porque no alcanza que pudo aver sido muy distinta. Desto trae varios exemplares el ya citado Juan Clerico en su Arte Critico. No solamente los hombres poco instruidos cometen este sofisma, sino tambien los muy juiciosos no le han sabido evitar en alguna ocasion. Lactancio Firmiano se hizo cargo de las razones con que algunos probaban la existencia de los Antipodas, y no las enumerò todas, y aun omitiò las mas principales que pudieran aprovechar para mostrarle la existencia dellos. Lo mismo sucediò à San Agustin en estse assunto; y esto nos hace ver quanta atencion hemos de poner en las cosas para aver de juzgar de ellas con acierto. Algunos reducen à esta especie de sofisma la induccion defectuosa. Llamase argumento de induccion aquel con que de muchos particulares se saca una conclusion universal. Por exemplo. Los hombres de la Europa hablan, tambien los de Asia, assi mismo los del Africa, como tambien los de la America: luego todos los hombres del mundo hablan. Se hace defectuosa la induccion quando no comprehende todos los miembros, y los hombres suelen sacar conclusiones universales antes de aver examinado perfectamente todos los particulares, cuyo defecto cometen los que se apresuran en juzgar de las cosas dificiles. Mas todo lo que toca à las inducciones defectuosas se entiende muy bien con lo que hemos dicho de las imperfectas enumeraciones.
210. Siguese el sofisma que llaman en las Escuelas falacia de Accidente, y se comete quando se atribuye à una cosa absolutamente, y sin restriccion alguna, aquello que solo le conviene por accidente. En la Medicina se comete este sofisma con frequencia, porque acontece, que despues de un medicamento muy saludable, se empeora el enfermo, y muchos ya aborrecen aquel remedio. Por exemplo: El laudano es medicamento utilissimo, y muy seguro quando le propina un Medico juicioso, no obstante se da muchas veces sin fruto, y en alguna ocasion despues de averle tomado se agrava la enfermedad. No ay que dudar que el agravarse el mal nace de otras causas que ay en el mismo que adolece, y sin embargo se atribuye al laudano, de suerte, que se le atribuye absolutamente lo que solo por accidente ha sucedido, porque ha sido accidental en aquel enfermo juntarse el aumento del mal con la medicina. Por este modo de sofisma se desacreditan la Kina, los emeticos, las sangrias, y otros remedios de suyo saludables, y utilissimos, y que solo por accidente ha acontecido empeorarse los enfermos despues de su legitimo, y prudente uso. El que mire con atencion lo que han escrito contra la Medicina algunos Criticos, assi estraños, como Españoles, conocerà que por la mayor parte es amontonamiento de razones sofisticas, pues se desprecia la Medicina en general, y absolutamente por sotos los defectos, ò ignorancia de sus Professores, lo qual le es accidental.
211. Del mismo sofisma usan los que acusan toda una Religion por solo el defecto de algun individuo della; y lo mismo sucede à los que desprecian la Filosofia Moderna, y aun la Critica, porque la han cultivado algunos Hereges. Ya se ve que es accidental à la Filosofia que los que la professan, sean desta, ù otra Religion, y apenas se hallarà cosa ninguna que discurriendo desta manera no se halle defectuosa. Quièn duda que ay algunos abusos en la diciplina Eclesiastica? Se dirà por esso que ha de exterminarse la antigua diciplina de la Iglesia? Es cierto que la vana credulidad introduce muchos milagros falsos. Se dirà por esso que ha de apartarte de los fieles la creencia de los verdaderos? Yo creo que algunos hereges han perseguido à la Iglesia Catholilca con sofismas desta especie. Y de este modo razonan en assuntos distintos de la Religion algunos ingenios que solo alaban lo que les complace97.
212. Ay otro sofisma que se comete razonando del sentido compuesto al diviso, ò al contrario. Por exemplo dice Jesu Christo en el Evangelio, que los ciegos ven, y los coxos andan, y los sordos oyen, lo qual ha de entenderse en sentido diviso, esto es, que ven los que eran ciegos, y oyen los que eran sordos, y si alguno lo entendiesse en sentido compuesto cometeria sofisma, porque los ciegos no ven siendo ciegos, no oyen los sordos mientras estan sordos. Del mismo modo han de entenderse las sagradas Escrituras quando dicen, que Dios concede la salvacion à los malos, porque no salva à los que actualmente son malos, sino à los que lo fueron, y despues se han convertido. Por el contrario han de entenderse en sentido compuesto las palabras de San Pablo, con que dice: Los fornicadores, idolatras, y avaros no entraràn en el Reyno de los Cielos98, porque significan que no entraràn en los Cielos si se mantienen en la avaricia, è idolatria, y si no dexan los vicios, y se convierten à Dios. Deste modo facil serà entender algunos sofismas pertenecientes à la Religion. A esta especie de falacia se reduce este sofisma: Tu tienes lo que no has perdido; no has perdido las riquezas: luego tienes riquezas. Pues la mayor se entiende en sentido compuesto, y la menor en diviso, y desta manera pudiera señalar otros semejantes sofismas capaces de engañar solamente à los muy estultos.
213. Siguese aquella especie de sofisma que se comete atribuyendo absolutamente à las cosas lo que solo les conviene con cierto respeto. Por exemplo: El calor es respectivo à nuestro cuerpo de suerte, que sentimos algunas veces mayor, ò menor calor, segun la diversa disposicion de los organos de nuestros sentidos. Assi razonaria sofisticamente el que quisiera probar que absolutamente hacia gran calor solo porque èl le tiene. Deste modo discurren muchos en la aprobacion de los mantenimientos, porque si una vez les daña el vinagre, ya te tienen por dañoso para siempre, y la cosa que ha hecho mal à uno, se mira como nociva à todos. Y para entender esto mejor se ha de considerar, que los mantenimientos son saludables, ò nocivos segun la proporcion de los principios dellos con los de los humores, y partes solidas de aquellos que los usan. Esta uniformidad en los principios se funda, no solo en las afecciones individuales de los alimentos, y de los humores, sino tambien en las propiedades comunes. Siguese desto, que no son del todo inutiles las reglas generales que prescriben algunos Medicos para usar de ciertos alimentos con preferencia à otros, sobre lo qual han escrito con perfeccion Cheynei en su tratado de guardar la salud, y Lomio comentando el primer libro de Medicina de Cornelio Celso. El que ponga algun cuidado en observar los razonamientos de algunos Autores, hallarà este sofisma con mucha frequencia en los libros de Fisica, y Medicina.
214. En ultimo lugar coloco yo el sofisma que consiste en la equivocacion de las voces. Consiste la equivocacion en que una voz significa cosas distintas, de modo, que el silogismo tiene quatro terminos. El silogismo tiene quatro terminos, quando el medio tiene una significacion en la mayor, y diferente en la menor, ò quando los terminos de la conclusion no se toman en el mismo sentido que en las premissas. El silogismo que hemos propuesto en la primera parte, cap. 14. num. 75. tiene quatro terminos como assi hemos mostrado. Cuenta Aulo Gelio, que un sofista le propuso à Diogenes el mismo silogismo99, y que respondiò concediendo las premissas, y en llegando à la conclusion dixo, que la concederia si mudava los terminos, y empezava por èl mismo. Deciale el sofista: Vos no sois lo que yo soy: yo soy hombre: luego vos no sois hombre, y dixo Diogenes, concederè todo el silogismo si me arguyes desta manera: Yo no soy lo que tu eres: tu eres hombre: luego yo no soy hombre. Tambien tiene quatro terminos este silogismo: Si diciendo la verdad dices yo miento, mientes: quando dices la verdad dices yo miento: luego diciendo la verdad, mientes. Ciceron llamò à este sofisma el Mentiroso, y lo es por la equivocacion de las voces, porque en la mayor las palabras yo miento, significan aquello sobre que recae la mentira, y en la menor significan la misma proposicion que dice yo miento. Semejante à este es el sofisma que algunos llamaron Crocodilo, y tomò el nombre de esta fabula. Estava una muger junto à las riberas del Nilo, y un Crocodilo le hurtò un niño que llevava. Rogavale la muger que le bolviesse el niño, y el Crocodilo dixo que se lo bolveria con la condicion de que avia decir la verdad. Admitiò la muger la condicion, y dixo: No me lo bolveras. Acudiò luego el Crocodilo diciendo, que sea verdadero, que sea falso lo que has dicho, no te buelvo el niño. Porque si es falso, no has cumplido la condicion, y si es verdadero, còmo lo he de bolver, quando solamente puedes aver dicho verdad, no bolviendolo. La muger replicò, que sea verdadero, que sea falso lo que he dicho, has de bolverme el niño, porque si es verdadero has de cumplir la condicion, y si es falso me lo has de bolver para que lo sea. Los Filosofos antiguos fueron muy diestros en formar semejantes sofismas. Cuenta Laercio, que Eubulides inventò siete maneras de sofismas que se llaman el mentiroso, oculto, electro, encubierto, sorites, cornuto, y calvo, de los quales hace mencion Ciceron en algunos lugares, y todos consisten en la equivocacion de las voces. Pero es de advertir, que semejantes sofismas no pueden engañar si no à los muy estultos, y por esso los omitimos.
De los sofismas que ocasiona el amor propio
215. Entiendo por amor propio aquella inclinacion natural que tenemos à nuestra conservacion, y nuestro bien. Todo aquello que imaginamos ser à proposito para nuestra conservacion, y todo lo que nos parece que ha de hacernos bien, lo apetecemos casi llevados de la naturaleza misma; y hemos de considerar que el amor propio, es un adulador que continuamente nos lisongea, y nos engaña. Porque si nosotros regulassemos esta inata inclinacion que tenemos àcia nuestro bien, y provecho, segun las reglas que prescribe el juicio, y le conformassemos con las maximas que enseña la doctrina de Jesu Christo, no apetecieramos sino lo que es verdaderamente bueno y lo que en realidad puede conducir à nuestra conservacion pero el caso es que estudiamos poco para moderarlo, y su desenfrenamiento nos ocasiona mil males. Para describir los malos efectos que causa en lo moral el desordenado amor propio, seria menester una Filosofia moral entera, porque segun yo pienso, la inclinacion que los hombres tienen à la grandeza, à la independencia, y à los placeres no son mas que el amor propio dissimulado, ò lo que es lo mismo, todas aquellas inclinaciones no son otra cosa, que el apetito que tienen los hombres de su conservacion, y de su bien pareciendoles que le han de saciar con la grandeza, con los placeres, y con la independencia, apetito que si no se regùla, como he dicho, ocasiona grandes daños. Mas yo solo intento aqui descubrir algunos artificios con que el amor propio nos engaña en el exercicio de las artes, y ciencias, y si no atendemos con cuidado nos buelve necios, haciendonos creer que somos sabios. Pero se ha de advertir, que todas estas cosas que irè explicando son sofismas de amor propio, no porque haga el entendimiento silogismos para governarse, sino porque naturalmente casi somos llevados à hacer semejantes cosas, y si bien lo reparamos ay algunas razones que nos sirven como de premissas para deducir la consequencia. Sucede esto del mismo modo que quando uno tiene frio, y naturalmente busca lumbre para calentarse sin formar silogismos; pero facil es reducir à silogismo el motivo que tiene para buscar el fuego.
216. Por exemplo: Si alaban à nuestro contrario en nuestra presencia, allà interiormente lo sentimos, aunque las alabanzas sean justas, porque el amor propio hace mirar aquellas alabanzas como cosa que engrandece al enemigo; y como el engrandecerse el enemigo ha de estorbar nuestra grandeza, ò ha de ser motivo de privarnos de algun bien, por esto no gustamos de semejantes alabanzas. No se forman silogismos para esto, porque basta nuestra inclinacion poderosa àzia lo que concebimos como bien; pero si quisieramos examinarlo un poco, facil serìa reducir à silogismos las razones que nos mueven. Si mi enemigo se engrandece, tiene mayores fuerzas que yo; si tiene mayores fuerzas, me ha de vences: luego mi enemigo me ha de vencer. Assi hace arguir el amor propio, ò desta manera: Yo no quiero à mi enemigo; los demàs dicen que èl es justo, piadoso, y bueno: luego yo no amo à lo que es bueno, y justo: luego pierdo de mi estimacion para con los demàs. O desta forma: Lo bueno, y justo es estimable: luego si los demàs tienen à mi enemigo por bueno, y justo, le estiman; si le estiman, no me aman, etc. Esto passa dentro de nosotros à veces sin repararlo, y por esso quando oimos à alguno que alaba à nuestro contrario, pareciendonos por las razones propuestas, que quanto el contrario es mas digno de alabanza, tanto menos lo somos nosotros, intentamos con artificio rechazar las alabanzas, ò ponerlas en duda, ò culparle en otras cosas, que puedan obscurecer las alabanzas y no sossegamos hasta que estamos satisfechos, que ya los demàs nos han creido. Todo esto lo ocasiona el amor propio, haciendonos creer que quedamos privados de un gran bien, quando le tiene nuestro contrario, ò que el creer los demàs, que nuestro contrario es bueno, y justo, se opone à nuestra utilidad, y conservacion. Desto nacen tantas injurias, y falsedades, que se atribuyen reciprocamente los Escritores que son de pareceres opuestos. Los hombres muy satiricos de ordinario tienen desordenadissimo amor propio, y continuamente exercitan la satira, porque quieren ajar à los demàs, y hacerse superiores à todos. Por esta razon han de considerar los que escriven satiras, que para ser buenas han de hacer impression en el entendimiento, y no han de herir al corazon, porque como el satirizado tiene tambien amor propio, se moverà à abatir en el modo que pueda al Autor de la satira, y estas luchas pocas veces se hermanan bien con la caridad. Esto no suele suceder assi quando se reprehenden defectos en general, porque entonces no se excita el amor propio de ningun particular.
217. El amor propio hace que un hombre se alabe à sì mismo; y el amor propio es la causa porque no podemos sufrir que otro se alabe en nuestra presencia. El que se alaba à sì mismo, se engrandece, porque se propone como sugeto lleno de cosas que dan estimacion. Si lo hace delante de otros, se supone como posseedor de cosas buenas, que los demàs no tienen, ò que èl las tiene con preeminencia; ò à lo menos lo hace para que los demàs den el justo valor à su merito. El amor propio de los demàs no consiente esto, y assi no pueden tolerar que otro se haga mayor, ni pueden sufrir que otro sea superior en cosas buenas, porque si lo fuera, serìa mayor, y digno de mayores bienes; y como nunca queremos ser inferiores à los demàs, ni sufrimos que otros nos excedan, ni que sean mas dignos de los bienes que nosotros, por esso nos parecen mal las alabanzas. Si otro dice estos elogios del mismo sugeto, no solemos sentirlo tanto, y entonces solo los admitimos, ò rechazamos segun la passion que nos domina; pero si uno mismo se alaba en nuestra presencia, siempre lo sentimos, porque nunca podemos sufrir que venga alguno, que à nuestra vista quiera hacerse mejor que nosotros.
218. Por esto el alabarse à sì mismo es grandissima necedad, porque como cada uno se estima tanto, creen los demàs que se alaba por amor propio, y por la estimacion que se tiene, y no con justicia; y como el que se alaba irrita al amor propio de los demàs, èl mismo, hace que los que escuchan las alabanzas, las miren con tedio, como opuestas à su grandeza, y assi estàn menos dispuestos à creerlas. Conque es necio, porque no consigue el fin de la publicacion de sus alabanzas, es à saber, que los demàs le crean; y lo es tambien, porque està tan posseìdo del amor propio, que le hace creer, que es un modelo de perfeccion, no le dexa conocer su flaqueza. No obstante es cosa comunissima alabarse à sì mismos los Escritores de los libros. Si un Autor ha pensado una cosa nueva, cada instante nos advierte, que esto lo ha inventado èl solo, y que hasta entonces nadie lo ha dicho. Es bueno que los lectores conozcan esto, pero parece muy mal que el mismo Autor lo diga. Los titulos de los libros muestran el amor propio de sus Autores, porque poner titulos grandes, pomposos, magnificos, y llenos de terminos ruidosos, prueba que su Autor ha hecho de sì mismo, y de sus escritos un concepto grande, è hinchado. Por ello alabarè siempre la modestia en los titulos. Las coplas, decimas, sonetos, y otras superfluidades que vemos al principio de algunos libros, significan dos cosas, es à saber, que ay grande abundancia de malos Poetas, y que el Autor gusta que los ignorantes le alaben, lo qual es efecto de desordenado amor propio. Las aprobaciones en el modo que oy se usan, son indicio del amor propio de los Escritores, y de sus Aprobantes. El Autor de un libro precisamente ha de conseguir que le alaben sus amigos, si los busca de proposito para este efecto. Los Aprobantes tienen el estilo de quedarse admirados à la primera linea, pasmados à la segunda, y atonitos antes de acabar la clausula. De suerte, que este es el lenguaje comun de los Aprobantes, que sean buenos los libros, que sean malos, y es porque no govierna al juicio en las alabanzas la justicia, sino el amor propio. Por esto vemos que los Aprobantes no dexan de manifestar su erudicion, aunque sea comun, y citan Autores raros para hacerse admirar (exceptuando à Cassiodoro, que se cita en las aprobaciones de moda, y estilo) y todas estas cosas las hace el Aprobante para mostrar su saber, con la ocasion, ò pretexto de hacer juicio del escrito.
219. Las satisfacciones impertinentes que dan los Autores en los Prologos, son efectos del amor propio. El Prologo se hace para advertir algunas cosas, sin cuyo conocimiento no se penetraria tal vez el designio de la obra; ò para dar à los lectores una descripcion general de ella, para que se muevan con mayor aficion à leerla. Pero no poner en los Prologos sino escusas, ponderaciones de su trabajo, y dexar à los lectores para que juzguen si ha cumplido, ò no con la empresa, son exageraciones que ocasiona el amor propio. Pues què diremos de los perdones que piden? Pocas veces piden perdon à los lectores por humildad, y casi siempre le piden por amor propio, porque creen con estas prevenciones hallar mejor acogida en ellos. Despues nos dicen, que los amigos, ò alguna grande persona los ha obligado à imprimir el libro, y no se olvidan de hacer poner en la primera hoja su retrato, para que todos conozcan tan grande Escritor. Cuenta el P. Mallebranche, que cierto Escritor de grande reputacion hizo un libro sobre las ocho primeras proposiciones de Euclides, declarando al principio, que su intencion era solo explicar las difiniciones, peticiones, sentencias comunes, y las ocho primeras proposiciones de Euclides, si las fuerzas, y la salud se lo permitian; y que al fin del libro dice, que ya con la assistencia de Dios ha cumplido lo que ofreciò, y que ha explicado las peticiones, y difiniciones, y ocho primeras proposiciones de Euclides; y exclama: Pero ya cansado con los años dexo mis tareas, tal vez me sucederàn en esto otros de mayor robustèz, y de mas vivo ingenio.
220. Quièn no creyera, que este hombre con tantos aparatos, y deseando salud, y fuerzas, avia de hallar la quadratura del circulo, ò la duplicacion del cubo? Pues no hizo otra cosa, que explicar las ocho primeras proposiciones de la Geometrìa de Euclides, con las peticiones, y difiniciones, lo qual puede aprender qualquiera hombre de mediana capacidad en una hora, y sin maestro ninguno, porque son muy faciles, y no necessitan de explicacion. No obstante habla este Autor como si trabajàra la cosa de mayor importancia, y dificultad, y teme que le han de faltar las fuerzas, y dexa para sus successores lo que èl no ha podido executar. Este Autor estava enamorado de sì mismo, y sus enepcias las proponia como cosas grandes, porque el amor propio le obscurecia al juicio. Y aunque qualquiera conocerà, que detenerse en semejantes ponderaciones es cosa estultissima, no obstante, la fuerza con que se aman los Autores hace que en los Prologos no se lean sino estas escusas, ò otras del mismo genero100.
221. Los Comentadores suelen ser por lo comun los que menos corrigen los desordenes del amor propio. Busca un hombre reputacion, y fama de literato, y luego le viene al pensamiento, comentar à un Autor acreditado, assegurandose participar de la gloria del Autor que comenta. Para ello tira à engrandecerle, porque todos juzgaràn que tanto mas literato es el Comentador, quanto fuere mas ilustre el Autor comentado. De aqui nacen aquellos disparatados elogios que dan los Comentadores à sus Gefes. Si uno comenta à Aristoteles, dice que este Filosofo fue el fin del humano entendimiento, y que es la suma verdad; assi lo dixo Averrhoes. Si otro comenta à Platon le llama divino, y se enoja con los que no lo hacen. El que comenta à Virgilio quiere hallar en èl toda perfeccion, y aun la moral mas exacta. A Hipocrates le llama un Comentador, divino viejo, que ni pudo engañarse, ni engañarnos. Yo à la verdad venero mucho à todos estos Antiguos, porque fueron excelentes cada qual en lo que emprendio, y son como los primeros Maestros de las Ciencias; y en especial venero à Hipocrates, cuya doctrina tengo ocasion de admirar con la practica de la Medicina. Pero nunca tendrè por acertado, dar elogios tan desmedidos, y tan impropios à estos Autores por grandes que ayan sido. Decir que Aristoteles es la suma verdad, es decir una mentira la mas enorme que puede imaginarse. Decir que Hipocrates ni pudo engañarse, ni engañarnos, es una temeridad, y un arrojo indigno de hombres de juicio. Se ve claramente, que no es la justicia la que govierna al juicio en estas alabanzas, sino el amor propio, porque ya se ve, que creerà acercarse à la infalibilidad un Escritor quando comenta à otro, que no se puede engañar.
222. Es prueba del amor propio de los Comentadores la erudicion que emplean en explicar un lugar claro, y facil del Autor principal, y es que lo hacen por mostrar que saben mucho, y por dar à entender que son hombres capaces de comentar, è ilustrar las cosas mas dificiles. Si encuentran en Virgilio el nombre de un Rio, nos derrama el Comentador el principio, el fin, y la carrera de aquel Rio, nos dice quantas cosas ha hallado en los Autores sobre el assumpto, y por decirlo de una vez, hace un comento largo para explicar una palabra facil de entender, y lo hace otra cosa que llenar el celebro de los lectores de noticias comunes, y tal vez falsas. Si el Poeta nombra à un Filosofo de la Grecia, se le presenta la ocasion oportuna de explicar la vida, los hechos, y sentencias del Filosofo, y nos da un compendio de Laercio, de Plutarco, y de todos los Antiguos que han tratado del assumpto. Assi se ve claramente, que esto no lo hacen por esclarecer los Autores, ni por hallar la verdad, sino por adquirir fama de hombres eruditos. Dirà alguno, que los Comentadores no piensan en estas cosas quando emprenden el comento; pero si me fuera licito decirlo assi, yo diria que el amor propio lo piensa por ellos. Este es un enemigo que obra secretamente, y con grande artificio, y si los Comentadores hacen reflexion conoceràn, que no tanto los obliga à hacer los comentos el querer ilustrar à un Autor, como querer acreditarse ellos mismos.
223. El amor propio engaña tambien à los sabios aparentes, haciendoles creer que son sabios verdaderos, y que les importa que los demàs lo conozcan. Sus artificios se hallan explicados con gracia, y agudeza en la Charlatanerìa de los Eruditos de Menkenio; pero aqui advertirè solamente algunas cosas para que los conozcan mejor, y los traten segun su merito. Una de las cosas que mas comunmete hacen los falsos sabios es hinchar la cabeza con lugares comunes de Ciceron, de Aristoteles, de Plinio, y de otros Autores recomendables de la antiguedad. Despues desto cuidan mucho en tener en la memoria un catalogo copioso de Autores; y si se hallan en una conversacion, vierten noticias comunissimas, y dicen que ya Ciceron lo conociò que ya se halla en Aristoteles, y luego añaden, que entre los Modernos lo trata bien Cartesio, y mejor que todos Neuton. Si tienen la desgracia de encontrar con uno, que estè bien fundado en las Ciencias, y aya leido estos Autores, y les replìca, mudan de conversacion, y assi siempre mantienen la fama entre los que no lo entienden. Lo mismo hacen en los libros, citan mil Autores para probar lo que no ignora una vieja. Y una vez vi uno destos, que en una clausula de cinco lineas citò à Liebre, à Burdanio para probar una friolera.
224. Es tanta la inclinacion que tienen los poco sabios à citar Autores, y mostrarse eruditos, que uno dellos en cierta ocasion hablava de la batalla de Farsalia, que no la avia leido sino de passo en alguno de los libros, que no tratan de proposito de la historia de Roma, y se le avia hinchado la cabeza de manera, que decia: Grande hombre era Farsalia, y Farsalia no fue hombre grande, ni pequeño, sino un campo, ò lugar donde se diò la batalla entre Cesar, y Pompeyo. Semejantes desordenes ocasiona el querer parecer sabios; y es cosa certissima que por lo comun es mejor la disposicion de entendimiento de los ignorantes, que la de los sabios aparentes, porque èstos son incorregibles aquellos suelen sujetarse al dictamen de los entendidos. En fin esto es descubrir no mas que algunos artificios secretos, y sofismas del amor propio. Los desordenes visibles que ocasiona los conocen todos; mas por los que hemos propuesto, se podràn atinar otros que son muy ocultos, y cada dia nos ofrece este enemigo nuestro.
De la Fe, donde se proponen las reglas fundamentales de la Critica
225. La autoridad es uno de los medios con que alcanzamos algunas verdades, porque no siendo bastantes nuestras fuerzas para conseguirlas, necessitamos, que otros nos las comuniquen. Assi llamamos Fe al assenso que damos à las proposiciones que otros nos comunican; y llamamos autoridad al fundamento, ò motivo con que otros nos inclinan al assenso. La fe puede ser en dos maneras, es à saber divina, y humana. Creemos con fe divina las cosas que Dios ha revelado, y con fe humana las que nos comunican los hombres. Lo que creemos con fe divina es infalible, y certissimo, porque es revelado por Dios, que ni puede engañarse, ni engañarnos. Al contrario lo que creemos con fe humana està expuesto al error, porque pueden engañarse los hombres de quien lo sabemos. De la fe divina tratan los Theologos, y aqui solamente advertimos una cosa que dicta la razon, y muestra la buena Logica, es à saber, que las cosas que Dios ha revelado, y nos propone la Iglesia, han de creerse ciegamente, aunque no las podamos alcanzar con la razon, y èsta ha de cautivarse en obsequio de la fe, porque el entendimiento humano es muy limitado, y su razon suele flaquear con facilidad; pero Dios es infinitamente sabio, y infinitamente verdadero: de donde se sigue, que un entendimiento limitadissimo, no ha de presumir alcanzar lo que es propio de la Sabiduria infinita, y aunque no alcance el hombre lo que èsta propone, ha de creerlo ciegamente, porque junta con la sabiduria infinita se halla en Dios la suma verdad. Esto basta para humillar nuestra razon, y sujetarla à lo que enseña la fe divina, y para conocer tambien quan sobervios son algunos Modernos, que intentan medir con sus flacas fuerzas la sabiduria de Dios.
226. Mas esta sujecion, que justamente tiene el entendimiento à la fe divina, no ha de tenerse en las cosas que dependen de fe humana; y como en esto suelen faltar muchos, ò ya dando à los hombres mayor credito que el que es debido, ò ya negandoles la fe con imprudencia: por esso propondrè las reglas fundamentales de la Critica, con las quales ha de governarse el entendimiento para no errar en las cosas que dependen de fe humana. Ay muchos que aborrecen la Critica, y tiran à hacerla odiosa, aprovechandose para desacreditarla de los abusos que algunos hacen della; pero en la realidad se valen de aquel sofisma, que hemos llamado falacia de accidente, porque la Critica en sì es loable, y tan necessaria, que sin ella ninguno harà grandes progressos en las letras. Es verdad que ay malos Criticos, que ay Criticos sobervios, que ay Criticos que hacen mal uso deste Arte; pero no por esto se ha de despreciar la Critica en general, porque serìa poco racional el juicio de aquèl que despreciàra la Logica solo porque ay Sofistas; y el que hablasse mal de la Oratoria, porque ay malos Oradores; y de la Filosofia, porque ay malos Filosofos. Tambien se ha de advertir, que la Critica es parte de la Logica, porque Crisis no es otra cosa que juicio, y el arte critico es el arte de juzgar, lo qual propiamente pertenece à la Logica. No ay pues que dudar, que la Critica bien reglada es necessaria para juzgar bien de las cosas, del mismo modo que lo es la Logica. Debese pues trabajar en emendar la Critica, mas no en desterrarla; y el P. Honorato de Santa Maria, que tan curiosamente tratò desto, impugnò con severidad à los malos Criticos, pero probò tambien la necessidad que ay deste Arte, si se exercita con moderacion. Las reglas que yo propondrè aora no miran mas que à dirigir la razon en las cosas que puramente dependen de la fe humana, pudiendose ver por extenso en el Autor citado las que pertenecen en general à todos assumptos.
227. Dos cosas son las que nosotros creemos por autoridad humana, es à saber, ò cosas de hecho, ò de derecho. Llamo cosas de hecho las que consisten en acontecimientos, ò passados, ò presentes, ò venideros. Y llamo cosas de derecho las razones, y doctrina que otros hombres nos comunican. Por exemplo: Nos dice uno que ay en ciertas montañas una Sierpe, que atrae con el aliento algunos cuerpos desde lugares muy distantes. Esto es cosa de hecho, porque se nos propone un acontecimiento presente para que lo creamos. Dice otro que el viento es un aire comovido, ò que el aire es elastico, porque la materia sutil que està en sus poros le hace blandear. Esto es cosa de derecho porque pertenece al juicio determinar, si es conforme à razon que la elasticidad del aire nazca de la materia etherea, ò de otra causa. Bien entendido esto se vè, que deben ser distintas las reglas para creer las cosas de hecho, de las de derecho, aunque reciprocamente suelen unas servir para otras. Voy pues à proponer las reglas de Critica que sirven, para dar assenso à los hombres en cosas de hecho.
228. Regla primera: Si un hecho que nos refieren embuelve dos contradictorias, no ha de creerse. Proposiciones contradictorias son aquellas que afirman, y niegan à un tiempo mismo una cosa de otra, como: Pedro es blanco, y Pedro no es blanco, y es claro que qualquiera relacion que embuelva proposiciones semejantes es falsa, porque no es possible ser las dos contradictorias verdaderas, segun aquel axioma que sabemos por luz natural: Es impossible que una cosa sea, y no sea. Aunque estas contradictorias no se hallen en la substancia del hecho, sino en algunas de sus principales circunstancias, le hacen increible, porque el entendimiento no puede creer un hecho que va acompañado con circunstancias impossibles.
229. Regla segunda: Si un hecho contingente se propone solo como possible, no ha de creerse. Porque en las cosas que pueden existir, y dexar de existir, la possibilidad sola no muestra la existencia, assi que Ticio pueda ser Sacerdote, no es prueba de que lo sea. En las Escuelas es axioma, que de la potencia de una cosa à su actual existencia no se arguye bien.
230. Regla tercera: Qualquiera hecho no solo ha de ser possible, y ha de proponerse como existente, sino que su existencia con las circunstancias que se propone ha de ser verosimil. Quando el hombre ve la verdad con evidencia, ò con certidumbre, no necessita de reglas para assentir à ella, porque naturalmente tiene inclinacion, y amor à la verdad101. Pero quando ni puede lograr la certidumbre, ni la evidencia, desea à lo menos la verosimilitud. Porque una cosa se dice verosimil quando se acerca à la verdad, y la inclinacion que todos tienen à posseer èsta, hace que no pudiendola conseguir con toda claridad, busquen à aquella. Para entender esto mejor se ha de saber, que siempre que el hombre ha de assentir à una cosa, ve antes si es conforme, ò no con los primeros axiomas, ò con la experiencia, ò con aquellas verdades que tiene recogidas, y depositadas para que le sirvan de principios. Si aquello que se propone es claramente conforme con estos principios, es evidentemente verdadero; si la conformidad de la cosa con los principios no es clara, entonces considera si se acerca, ò no à ellos, y tiene por mas verosimil aquello, que nota tener mayor conformidad con tales principios. Sea exemplo: Dice Euclides que todas las lineas que en un circulo van desde la circunferencia al centro son iguales, y que en todo triangulo los tres angulos equivalen à dos rectos, y el entendimiento halla tanta conformidad entre estas cosas, y los primeros axiomas, que con un poco de atencion facilmente assiente à ellas. Dice Copernico, que la tierra da cada dia una buelta entera sobre su exe, y que en un año la da al rededor del Sol, que supone estar en el centro del mundo; y considerando el entendimiento que no se conforma este hecho que refiere Copernico con las verdades que alcanzamos con las Sagradas Escrituras, ni con aquellas que adquirimos con la experiencia, le mira como inverosimil. Por el contrario diciendo Ticho Brahe, que la tierra està en el centro del mundo, que el Sol, y todos los demàs Planetas dan una buelta entera cada dia al rededor della, y que Marte, Jupiter, Saturno, Mercurio, y Venus dan su buelta anual al rededor del Sol, y hallando el entendimiento todas estas cosas conformes con la experiencia, y con la razon, tiene al sistema de Ticho Brahe por verosimil.
231. Regla quarta: Para creer los hechos contingentes, y expuestos à los sentidos, no basta que sean verosimiles, es menester tambien que alguno assegure su existencia. Si los hechos son contingentes pueden existir, y dexar de existir, esto es, considera el entendimiento, que la existencia dellos se puede conformar con los principios de la razon humana, y tambien la no existencia; por consiguiente atendida la naturaleza de los hechos contingentes, tan verosimil es que existan, como que dexen de existir. Para que el entendimiento pues pueda assentir à su existencia, es menester que aya quien la assegure con la experiencia. Por exemplo: Es cosa contingente que se dè, ò no una batalla, y el entendimiento ninguna oposicion halla con los principios de la razon quando considera que la ha avido, y quando considera que no la ha avido; pero si despues ay algunos que atestiguan averse dado la batalla, entonces assiente à esso porque demàs de la verosimilitud intrinseca que en sì lleva el hecho, se añade el testimonio experimental que inclina al assenso. Piensa tambien el entendimiento, y mira como verossimil la existencia de una Puente de un solo arco, y de trecientos pies de longitud. Mirala como verosimil, porque la fabrica de semejante Puente no se opone à las reglas ciertas de la arquitectura; pero no obstante para creer su existencia es necessario que alguno atestigue averla visto, como en la realidad la han visto muchos en la China, y la descrive Mr. Salmon.
232. Regla quinta: Para creer los hechos contingentes, no solo es necessario que sean verosimiles, y probados por testigos, hase de atender tambien la calidad de los que atestiguan, y la grandeza, ò pequeñèz del hecho antes de dar el assenso. Las cosas que se sujetan à nuestros sentidos, antes de creerlas hemos nosotros mismos de examinarlas, y assi nos asseguraremos de la verdad. Porque todos los hombres pueden engañarnos, unos por malicia, otros por ignorancia, con que si nosotros mismos examinamos la cosa, no estaremos tan expuestos al error. Fuera desto los hechos han de observarse de manera, que se eviten los errores que los sentidos ocasionan, y esto lo podremos hacer nosotros mismos con mayor satisfaccion que otros, de quien dudamos si han puesto la atencion necessaria. Añadese, que es muy comun equivocar los hombres las sensaciones con los juicios que las acompañan, y de ordinario quando nos cuentan un sucesso nos dicen el juicio que hacen dèl, y no la percepcion que han tenido.
233. Quando los acontecimientos son passados, ò suceden en lugares distantes donde nosotros no podemos hallarnos para assegurarnos dellos, supuesta su verosimilitud no resta otra cosa para creerlos, que atender la calidad de los que nos los cuentan, ò la gravedad de los mismos hechos. La calidad de los testigos es de gran peso para inclinarnos al assenso. Porque si nos cuenta una cosa un hombre que sabemos que suele mentir, ya no le creemos, y dudamos si miente tambien quando nos refiere el sucesso102. Por el contrario si el que refiere una cosa es hombre de buena fee, y amante de la verdad, da un gran peso à lo que dice, bien que para creer las cosas que nos dicen los hombres de bien no basta su buena fee, es menester que sean entendidos de suerte, que no dexen engañarse por los sentidos, ni por la imaginacion, ni ayan precipitado el juicio, ni le tengan preocupado, porque si un hombre veràz no evita los errores que las cosas sobredichas ocasionan, facilmente juzgarà de lo que se le presenta, y con la misma facilidad creera quanto otros le dicen, y tal vez nos comunicarà las cosas, no como en sì son, sino del modo que èl las cree. Por exemplo: Nadie cree à Filostrato entre los antiguos porque todos saben que fue insigne embustero. Juan Anio de Viterbo, el P. Roman de la Higuera son despreciados de todos los hombres de juicio, porque descubiertamente, y de intento han engañado à muchos, fingiendo aquel inscripciones antiguas, y èste libros apocrifos, como son los Cronicones de Luitprando, Flavio Dextero, y otros que ha rechazado Don Nicolàs Antonio. Paracelso dixo infinitas mentiras, y los Alquimistas son gente mentirosissima, de suerte, que ya los que conocen sus artificios, no creen los hechos con que asseguran aver convertido en oro los demàs metales.
234. Pero se ha de advertir, que los que assi engañan son pocos, si se comparan con los que nos engañan con buena fe, y por sobrada creencia. Assi en la Medicina como en la Historia pueden señalarse muchos, que traen hechos falsos, y ellos los tuvieron por verdaderos. Dioscorides assegura muchas cosas falsissimas. Aristoteles, no obstante de aver sido buen Logico, creyò con demasiada facilidad muchas cosas, que son bien sabidas. Quando los que asseguran una cosa son hombres de buena fe, aunque una, ù otra vez falten à la verdad porque no examinaron debidamente el sucesso, no han de tratarse como los que son mentirosos, antes por el contrario conviene oir lo que refieren, combinarlo con lo que otros dicen sobre el mismo assumpto, ver si han puesto la atencion necessaria para assegurarse de la verdad, atender todas las circunstancias del hecho, y en fin observar la gravedad, ò pequeñèz de la cosa que cuentan, y bien examinadas estas cosas, inclinarse al assenso, ò dissenso.
235. La grandeza de la cosa es de fuma consideracion, porque facilmente creemos aquello que observamos cada dia, y en las cosas faciles de acontecer no necessitamos de grandes testigos. Por el contrario, quando son las cosas muy estrañas, y muy grandes, necessitamos de grandes pruebas para creerlas, porque por ser estrañas estàn fuera de nuestra comun observancia, y assi para darlas el assenso es menester que los que las asseguran sean veraces, desapassionados, buenos Logicos, y amantes de la verdad; y si les faltan estas circunstancias, no han de ser creidos. Los milagros son hechos estupendos, y su existencia es certissima, y consta por la fe divina, pero no son tan comunes como piensa el vulgo. La razon es, porque en el milagro se excede el orden de la naturaleza de suerte, que es una operacion superior à las fuerzas naturales, de que se sigue que el hombre ò quiere verle para que le crea, ò à lo menos desea assegurase dèl por testigos que no le engañen. Esto se funda en que el entendimiento no tiene otro camino para juzgar de las cosas expuestas à los sentidos, que el de la experiencia (99), y èsta puede ser propia, ò agena, de suerte, que la que otros hacen nos assegura la cosa del mismo modo que la nuestra, si por otra parte estamos assegurados de la rectitud con que observan los demàs de las cosas que nos refieren, y estamos ciertos de su buena fe. Esto supuesto, se ve quan temerariamente niegan algunos Hereges la existencia de los milagros solo porque ellos no los ven; y con quanta imprudencia niegan el credito à algunos Varones, que por su santidad, y sabiduria deben ser creidos. Refiere San Agustin, que las reliquias de los Santos Martires Gervasio, y Protasio se aplicaron à un ciego, que ya muchos años lo era, y recobrò milagrosamente la vista. Ninguno, sino es insensato, puede negar en esto la fe à S. Agustin, porque era este Santo Doctor enemigo capital, y perseguidor de la mentira; sabìa como avian de observarse las cosas expuestas à los sentidos como el que mejor: y refiere un hecho, que si fuera falso, tuviera contra sì todo el pueblo de Milan, que le daria en rostro la mentira. Lo mismo ha de decirse de otros milagros, que refieren Varones santos, sabios, y de inviolable integridad. Por el contrario, algunas cosas prodigiosas que refieren los Gentiles, y no ay otra prueba que el rumor del pueblo, no han de creerse, porque por ser las cosas estrañas, y naturalmente impossibles, no podemos inclinarnos à creerlas, y la autoridad de los que las refieren no es de ningun momento. Assi ningun hombre de juicio creerà los prodigios que Livio refiere aver acontecido en la muerte de Romulo, y otros semejantes.
236. Pero por ser los milagros operaciones superiores à la naturaleza, no es de creer que sean tan comunes como piensa el vulgo, ni que Dios, unico Autor dellos, invierta con tanta frequencia el orden natural de los cuerpos por cosas pequeñas, y por motivos de ningun momento. Por esto alabarè siempre la precaucion de aquellos, que en estas cosas proceden con gran cautela, y no las creen ligeramente, sino que las averiguan con riguroso examen. El santo Concilio de Trento mandò, que no se publicassen milagros sin aprobacion del Ordinario Eclesiastico; y el Sinodo deste Arzobispado previene, que no se pongan en la Iglesias aquellas señales que suelen ponerse por indicio del milagro, sin la aprobacion del mismo Ordinario. En efeto son raros los verdaderos milagros, si se comparan con los fingidos; y creo yo, que la falsa piedad, el zelo indiscreto, y la ignorancia de algunos ha llenado de milagros supuestos, assi los libros, como los entendimientos de la plebe, y se ha de notar, que desto se sigue un gran perjuicio, porque los Hereges viendo publicar tantos falsos milagros, niegan los que son verdaderos, creyendo que todos se publican con engaño, y por otra parte siendo los milagros testimonios evidentes de la verdad de nuestra Santissima Religion, apoyar los que son falsos, y tenerlos por verdaderos, es alegar un testimonio falso para probar una cosa que es la misma verdad103.
237. Regla sexta: Un solo testigo puede ser de mayor autoridad que diez mil, y por consiguiente con mayor razon podemos à veces creer à uno solo, que à muchissimos. Si yo sè que Ticio es hombre de buena fee, que sabe muy bien evitar los errores que pueden ocasionarle los sentidos, y la fantasìa, que no està preocupado, ni ha precipitado su juicio, y me assegura una cosa, le creerè mejor que à diez mil, y que a todo un Pueblo; y del mismo modo si Ticio à quien yo considero tan entendido, y veraz afirma una cosa, y todo un Pueblo la niega, estarè de parte de Ticio contra toda la multitud. La razon es, porque nosotros debemos creer que Ticio despues de aver puesto todo el cuidado possible en assegurarse de la verdad, no se ha engañado, y si qualquiera de nosotros huviera de assegurarse de la misma cosa, no aplicaria para lograrlo otros medios que los que Ticio ha aplicado, ni la razon humana pide otras prevenciones para creer la cosas. Pero el Pueblo por lo comun no evita la preocupacion, y de ordinario precipita el juicio. Añadese, que la multitud se engaña frequentissimamente en sus juicios sin conocerlo, y muy raras veces nos informa de la realidad de las cosas.
238. Segun esta regla puede hacer mayor fee un solo historiador que quinientos, y si yo leo à un historiador que escrive desapassionadamente, que dice la verdad sacrificando intereses, y despreciando dignidades, que es buen Logico, y razona bien, y que ha aplicado las diligencias necessarias para enterarse de lo que dice, tiene para mì mayor autoridad que otros muchos, que ò no tienen estas circunstancias, ò se goviernan por la multitud. Sea exemplo: Todo un Reyno cree que las mareas tienen correspondencia con las enfermedades, de suerte, que mueren los enfermos en el descenso de las aguas; que las ostras, y cangrejos se hinchan en el plenilunio, y otras cosas deste genero. Un hombre solo buen observador, sagàz, y de atinalo juicio que afirme lo contrario, es de mayor autoridad que todo el comun, y de hecho algunos pocos que han observado estas cosas, y informado de ellas à la Real Academia, merecen mayor fee que todos los que atestiguan la certeza de semejantes observaciones.
239. Esta regla puede tambien extenderse à aquellos que examinan los hechos passados, y para esso se valen de medallas, inscripciones, y historias; porque un hombre solo que sepa bien distinguir los monumentos antiguos, y verdaderos de los que se han fingido en nuestros tiempos, y que conozca el caracter de cada historiador para distinguir lo que es propio de cada uno, ò lo que es intruso, y sepa usar de las reglas de la verosimilitud, serà de mayor autoridad que otros mil que ignoren todas estas cosas, ò la mayor parte dellas.
240. Regla septima: Un autor coetaneo à un sucesso, es de mayor autoridad que muchos si son posteriores. La razon es, porque el Autor coetaneo averigua por sì mismo las cosas, y assi se assegura mejor dellas104. Los Autores que despues del sucesso hablan dèl, ò se fundan en la autoridad del coetaneo, ò en la tradicion. Si se fundan en la fee del Autor coetaneo no merecen mayor credito que aquel, si se fundan en la tradicion se ha de ver si algun grave Escritor que tenga las calidades arriba expressadas, se opone, ò no à ella. Si se opone ha de ser de mi mayor peso la autoridad de aquel Autor solo, que la de todo el Pueblo (237). Si la confirma, entonces la tradicion se hace mas firme. Hablamos aqui solamente de las tradiciones puramente humanas, y particulares, porque sabemos muy bien, que las Apostolicas son de autoridad infalible, como que pertenecen à la Fè divina. Y se ha de advertir, que las tradiciones humanas de que hablamos, aunque pertenezcan à cosas de Religion, estàn sujetas à la regla propuesta. Don Nicolàs Antonio se opone à muchas tradiciones particulares que se avian introducido por los Cronicones, y sola la autoridad de tan grande Escritor es de mayor peso para los hombres de juicio, que todo el comun que las admite. Quando las tradiciones particulares de una Ciudad, de un Reyno, ò de una Provincia tienen mucha antiguedad, y no ay Autor grave que aya sido coetaneo à su establecimiento, ni que las contradiga, ni son inverosimiles, entonces serà bien suspender el juicio hasta que con el tiempo se descubra la verdad: porque todo un pueblo, ò un Reyno, que cree una cosa por succession de siglos, sin aver en contrario especial prueba positiva, merece fe; y como no sea èsta tan grande, que nos obligue al assenso, serà bien suspenderle.
241. Las fabulas de los Gentiles empezaron por algun sucesso verdadero, y se propagò por la tradicion de suerte, que cada dia añadia el pueblo nuevas circunstancias falsas, y caprichosas, que obscurecian el hecho principal de manera, que al cabo de algun tiempo estava enteramente desfigurado. Despues los Poetas dieron nuevo vigor à la tradicion del pueblo, y assi la querian hacer passar por verdadera, quando no contenia otra cosa que mil patrañas. Y se ha de notar, que de ordinario solemos creer con facilidad las cosas passadas aunque sean falsas, con tal que las leamos en algun Autor que aya sido ingenioso, y aya sabido ponderarlas, cosa que observò Salustio en los Athenienses, como ya hemos dicho (92). Algunas tradiciones particulares ay entre los Christianos, que tuvieron su principio en algun hecho verdadero, pero despues tan desfigurado con las añadiduras del pueblo, y con la vehemencia de Escritores poco exactos, que ya no parecen sino fabulas. Pero fon faciles de conocer las que llevan el caracter de la verdad, de las que son falsas, porque aquellas son uniformes en todas sus circunstancias, y correspondientes al fin à que pueden dirigirse; por el contrario èstas son diformes, y mas parecen consejas, y hablillas, que realidades.
242. Regla octava: Los hechos sensibles afirmados unanimemente por testigos de distintas naciones, de diversos institutos, de opuestos intereses, y de distintos tiempos, han de tenerse por verdaderos. La razon es, porque son menester pruebas muy claras para que crean una cosa los hombres de diversas sectas, y de opuestos intereses, pues como cada uno suele afirmar, ò negar las cosas segun la conveniencia, y la passion, es preciso que para que las gentes de diversas inclinaciones, y intereses crean uniformemente una misma cosa, sea tan clara la verdad della, que no aya duda ninguna. Ciceron se aprovechò del consentimiento general con que todas las naciones adoran alguna Deidad, para probarla existencia de Dios, porque aquel general consentimiento prueba que à todos se presenta la idea de un Ser infinito, y adorable; bien que por el error de la educacion, ò de las passiones alteraron muchos esta idea, y dieron el culto à quien no debian. Esta misma regla muestra la utilidad de las sangrias, porque los antiguos, assi Griegos, como Romanos, las dieron por buenas para curar algunas enfermedades. Despues las naciones barbaras aprobaron su uso, y ultimamente no ay nacion culta en todo el mundo donde no se exerciten: conque tiene este remedio la aprobacion unanime de muchissimos siglos y de casi todas las naciones, y lo que es mas de casi todos los Sabios. Serà bien pues creer a uno, ù otro Escritor, que quiere vanamente condenar su uso? Este consentimiento general de todos los Sabios de todas las naciones, y de todos los tiempos, nos hace estar ciertos de que huvo Filosofos Griegos, que huvo Oradores Romanos, que huvo Aristoteles, Ciceron, y otros Heroes de la Gentilidad105. Por el mismo sabemos que huvo Alexandro Magno, que fueron ciertas las guerras entre Pompeyo, y Cesar y que huvo un Escritor de la Historia Romana llamado Tito Livio. Serà bien pues creer à uno, ù otro que ridiculamente ha pensado, que ni huvo tal Ciceron, ni tal Alexandro, ni huvo Tito Livio, sino que todos estos fueron fingidos? Ya se ve que ninguno pensarà tan desatinadamente, sino es que estè privado enteramente de la razon.
243. Regla nona: El silencio de algunos Escritores suele ser prueba de no aver acontecido un hecho. La prueba con que algunos Criticos intentan negar un hecho por el silencio de los Escritores coetaneos, ò poco posteriores, es llamada argumento negativo, y aunque muchos le tienen por de poca fuerza, no ay que dudar que algunas veces es bastante por sì solo para negar un sucesso. Juzgo pues que son menester dos cosas para que tenga fuerza el argumento negativo. La primera es que los Autores coetaneos al sucesso, ò poco posteriores ayan podido notarlo, esto es, no ayan tenido el estorvo de decir la verdad, por respetos humanos, o por miedo; que ayan tenido ocasion de observar el hecho, ò de assegurarse dèl, y que tuvieran facilidad de escrivirle. La segunda circunstancia es, que los Escritores debieran aver notado aquel hecho, porque aunque ayan podido, sino se han considerado obligados pueden averle omitido, ò por ocupacion, ò solo porque de ordinario dexamos de hacer muchas cosas, si nos parece que no tenemos obligacion de executarlas. Si algunos Escritores coetaneos pudiendo, y teniendo obligacion de notar algun sucesso no lo han hecho, es prueba de no aver acontecido, y aunque algunos otros le afirmen en los tiempos venideros han de considerarse de poco momento. Bien es verdad que para hacer buen uso del argumento negativo, es menester gran juicio, y atinada critica, y aver leido muchos Autores, y en especial todos los de aquel tiempo en que aconteciò la cosa, porque puede suceder que creamos que ningun Autor lo ha dicho sin averlos visto todos, lo que es precipitacion de juicio106. Vease sobre esto el P. Honorato de Santa Maria, reflex. sobr. la Critic. tom. I. dissert. 3. artic. 2 parrafo. 3.
224. Con la buena aplicacion destas reglas, podremos distinguir los escritos que son de algun Autor de la antiguedad, y los que son espureos. Siempre la codicia ha introducido cosas falsas para adulterar las verdaderas, y en los libros sucede lo que en las drogas, viciando los Mercaderes las buenas, y corrompiendolas con la mezcla de las que no son legitimas. Y es cosa averiguada que los Escritores quanto han sido mas famosos, tanto han estado mas expuestos à la falsificacion, porque los codiciosos han publicado varios libros en nombre de algun Autor acreditado, no conteniendo à veces sino rapsodias indignas del Autor à quien las atribuyen. Para distinguir pues los escritos legitimos de los espureos, se ha de atender la tradicion, y consentimiento de los otros Escritores, ò coetaneos, ò poco posteriores, porque si estos estan conformes se han de tener por legitimos (243); pero si dudan algunos, se ha de considerar entonces la calidad del que duda (232), y assi podrà governarse el entendimiento para no errar en estas cosas. Hase de atender tambien para conocer los Escritos legitimos de un Autor, el modo con que habla èste en aquellos que nadie dudàre se suyos, y se han de comparar unos con otros. Assi se ha de atender el estilo, la fuerza de la imaginacion, la rectitud de juicio del Autor, se ha de saber en que tiempo viviò, y se ha de notar si se contradice en cosas de importancia, ò habla de cosas posteriores à su tiempo, porque con todas estas prevenciones se podràn bastantemente distinguir los escritos que sean legitimos, y los que sean falsamente atribuidos. Por exemplo: Hipocrates escriviò los libros de los Aforismos, de los Pronosticos, y algunos de las Epidemias; y no dudando nadie que estos escritos sean legitimamente de Hipocrates, observamos que habla con gravedad, sencillèz, brevedad, y precision, y que sus descripciones historicas de las enfermedades, son exactas, y conformes à las que otros Griegos hicieron, como Thucidides, y Xenofonte; y no observandose estas cosas en algunos otros de los escritos que andan impressos con el nombre de Hipocrates, por esso no han de tenrse por suyos. En efecto Geronimo Mercurial, Daniel Le-Clerc, y otros Medicos criticos, no soto han tenido por espureos muchos de los libros atribuidos à Hipocrates, sino que hacen varios Catalogos para separarlos de los verdaderos. En la cosas de Religion sucede lo mismo, pues el Evangelio de Santiago, el de San Pedro, y otros muchos fingidos que trae el P. Calmer en una dissertacion que compuso de proposito sobre los Evangelios apocrifos, son libros que formaron los Hereges, y para autorizarlos los atribuyeron à Autores de mucha reputacion; y esto es lo que obligò al Papa Gelasio en el Concilio que celebrò en Roma àzia los fines del siglo quinto, à declarar semejantes libros por apocrifos, y formar el catalogo dellos tan sabido de los Criticos.
245. Debo aqui advertir, que para hacer buen uso desta regla, se han de considerar como he dicho todas las calidades del Autor, cuyos escritos se pretenden averiguar, y no basta governarse por solo el estilo, como imprudentemente hacen algunos, porque no es dudable, que los Autores suelen variar mucho los estilos, y un mismo sugeto, escrive de un modo en la joventud, y de otro en la vejèz, cosa que ya observò Sorano, antiguo Escritor de la vida de Hipocrates, en las obras deste insigne Medico. Aun en el mismo estilo se ha de reparar, si la mudanza es solo en alguna cosa de poco momento, ò en todo el artificio, y orden de la oracion; pues aunque en parte mude un Escritor de estilo, en el todo suele guardar uniformidad. La razon es, porque el estilo, especial que cada Escritor tiene, nace en parte de los afectos, inclinaciones, ingenio, imaginacion, y estudio; y aunque estas cosas suelen mudarse en diversas edades, y tiempos, pero no suele ser general la mutacion. Por esto si en un escrito se halla, que la diversidad de estilo es de poca importancia, comparada con los escritos genuinos de un Autor, no bastarà aquella mudanza para tenerle por espureo; y si la diferencia fuesse notabilissima, da vehementes sospechas de ser supuesto, y falsamente atribuido.
246. Regla decima: En las cosas de derecho, opinion, ò doctrina, no debe otra cosa que la razon. Esta maxima es importantissima en el uso de las Artes, y Ciencias humanas, en el trato civil, en la politica, y economica, y otras semejantes ocurrencias, en que hemos de saber las cosas que los hombres nos comunican. Fundase esta regla en que todo hombre es falàz, y ninguno ay que no suela preocuparse, ò precipitar el juicio; ni todos saben hacer buen exercicio de los sentidos, ni evitar los errores que ocasionan las passiones, y la imaginacion: por consiguiente à nadie hemos de creer sobre su palabra, sino sobre sus razones. Fuera desto no debemos cautivar nuestro entendimiento en obsequio de lo que los demàs hombres piensan, porque esto es privilegio especial de Dios, à cuyas voces hemos de sujetar nuestra creencia sin examen. Pero como cada uno de nosotros tiene derecho à no ser engañado, y por experiencia incontrastable sabemos que los hombres estàn expuestos al error, y que todos nos pueden engañar, ò por ignorancia, ò por malicia, por esto à nadie se debe creer absolutamente, y por sì, sino solo segun las pruebas que alegàre. El creer ciegamente à los hombres sin dicernimiento, y sin examen, ha hecho que en muchos libros no se halla la verdadera Filosofia, sino lo que dixo Aristoteles, ò Averrhoes, ò Cartesio, ò Neuton; y es cosa comunissima ver que no tanto le intenta convencer la verdad con las pruebas fundadas en la razon, como en la autoridad de los hombres que pueden engañarnos, y que solo han de convencernos por las razones con que apoyan sus dictamenes. Assi que el hombrc ha de governarse por la razon, y esta es la que en las ciencias humanas ha de obligarle al assenso. Y es bien cierto, que los referidos Autores no siguieron en muchas cosas à los passados, y el mismo derecho tenemos nosotros, y la misma libertad para seguirlos, ò para no creerlos. Quando yo veo à los Medicos, y en especial à los Letrados, que para probar un assunto citan docientos Autores acinados, y no trabajan en otra cosa, que en amontonar citas, me maravillo del poco uso que hacen de la razon, siendo cierto que toda aquella multitud no puede contrarestar à una sola razon solida, y bien fundada que aya en contrario. Añadese, que entre los Escritores credulos suele suceder, que unos afirman lo que leyeron en otros sin averlo examinado, èstos lo que vieron en aquellos, y assi acontece que uno solo inventò una cosa, y son diez mil los que la apoyan, sin otro fundamento que verla escrita los unos en los otros. Por esto no han de estrañar los Medicos, ni los Filosofos, ni los Letrados, que un Autor solo pretenda prevalecer sobre muchos, quando son solidas, y firmes las razones con que intenta combatirlos. Ya se ve que hombres muy criticos, y desengañados destas cosas, suelen citar tambien muchos Autores para probar una opinion, ò sistema; pero tal vez se ven obligados à hacerlo assi, porque no son estimados los escritos donde falta esto, y haràn juicio que es preciso algunas veces, como decia Seneca, no filosofar contra el vulgo. En efeto es moda citar para cada friolera cien Autores. El celebre Heicneccio, burlandose de los Abogados, que ponen la fuerza de la justicia en el numero de las citas, dice, que un Letradillo citò en cierta ocasion à Salgado en el celebre tratado de Somosa, siendo assi que Somosa no es tratado, sino apellido de aquel Autor107.
247. Segun esto, dirà alguno, no ha de creerse à los Maestros, ni à los Peritos. Yo siempre aconsejarè, que no se crean unos, ni otros ciegamente, y sobre tu palabra, sino por las razones de su doctrina; y nada es mas conducente, que respetar à los Maestros, y no jurar en defensa de sus palabras, y sentencias. Assi serà conveniente que los dicipulos, en aquellas cosas à que alcanzàren sus fuerzas, examinen las maximas de los Maestros, y las crean quando las hallen conformes con la razon; y si no estàn instruidos bastantemente para examinar la doctrina del Maestro, es menester recibirla con la presumpcion de que lo que èste enseña, lo avrà averiguado; pero nunca se han de recibir las maximas de los Maestros, ni mantenerse con terquedad, y obstinacion, porque suele suceder que con el tiempo se halla el dicipulo dispuesto à examinar las opiniones del Maestro, y no pareciendole conformes à la verdad, las rechaza, y muda de dictamen. Y otras veces acontece, que por recibir muchos desde la niñez, y mantener despues porfiadamente las maximas de los malos Maestros, son infelices perpetuamente. Esto lo notò muy bien un nuevo Impugnador108 de la Critica, el que ciertamente hiciera resplandecer mas sus buenos talentos, sino se manifestasse tan severo protector de las opiniones comunes. En quanto à los Peritos es necessario no creerlos sobre su palabra, porque acontece que el pueblo tiene por Peritos à los que no lo son, y para no ser engañados es preciso que oigamos sus razones. Esta sola razon es bastante para que los hombres no se contenten con el estudio de una ciencia, porque teniendo noticias de muchas cosas, no serà tan facil que les engañen los Peritos de que han de fiarse; y por esta ignorancia sucede, que un gran Theologo busca para curarse à un mal Medico, y un buen Filosofo yerra en la eleccion del Letrado para mantener, y guardar su hazienda. Finalmente importa mucho considerar, que para creer à los hombres, y seguir sus opiniones, las hemos de hallar conformes con los principios fundamentales de la razon humana, y nos ha de constar, que el que afirma una cosa ha puesto la atencion necessaria para alcanzar la verdad della, y que sabe hacer buen uso de los sentidos, y evitar los errores que ocasionan las passiones, la memoria, y la imaginacion, y todos los que hemos propuesto en esta obrilla; y constandonos de todo esto, podremos inclinar nuestro assenso; y hacerlo sin estas precauciones, es creer con ligereza. Por esto sabiendo que de ordinario los hombres se goviernan mas por las passiones, y representaciones de la fantasìa, como hemos ya probado, que por la razon, no hemos de creerlos sobre su palabra, sino sobre las pruebas que alegan.
248. Muchas veces acontece, que damos assenso à las opiniones, y dictamenes de los hombres autorizados, ò por su caracter, ò por sus riquezas, y en esto nos preocupamos facilmente, porque creemos que à las dignidades, honras, y riquezas suele acompañar la ciencia, y la inteligencia de las cosas; y aunque algunas veces andan juntas las dignidades con los merecimientos, pero dexan de acompañarse en algunas ocasiones, y esto nos puede hacer suspender el juicio109. Añadese, que à los tales ordinariamente los juzgamos tan habiles como quisieramos ser nosotros mismos, y ya notò muy bien Ciceron110, que la autoridad que se funda en los titulos, y dignidades es de poco peso para obligarnos al assenso. La experiencia por otra parte muestra, que hombres constituidos en grandes dignidades han adoptado opiniones ridiculas, y vanissimas, y discurriendo por la antiguedad, fuera facil traer à la memoria muchos exemplos, de suerte, que apenas se hallarà ciencia alguna, en que no se ayan extraviado sugetos de mucho caracter admitiendo errores, y propagandolos como verdades certissimas.
249. Algunos Autores traen muchas mas reglas de Critica, pero como aqui no tratamos de proposito desto, bastaràn las propuestas, mayormente si se sabe hacer buen uso dellas. Es cosa muy cierta, que el que sepa evitar los errores de los sentidos, de la imaginacion, y todos los que hemos propuesto, governando el juicio segun las reglas de buena Logica, serà gran Critico, porque sabrà juzgar de las cosas con rectitud, y no caerà facilmente en el error.
Del metodo, y sus diferencias
250. Hasta aqui hemos mostrado los caminos por donde se va àcia el error, y el modo de evitarlos, resta aora manifestar el buen orden que entre sì han de tener las verdades adquiridas. El buen Logico deduce unas verdades de otras con el raciocinio, combina entre sì las que pertenecen à cosas distintas, y enlaza, y ordena à un fin racional todo el complexo de verdades que ha alcanzado con el uso, y la meditacion. Esto es por lo que toca à su mismo entendimiento, pero muchas veces se ofrece comunicar à los demàs, las verdades que ha adquirido, y para hacerlo debidamente, es preciso ordenarlas con claridad, y enlazarlas con orden para evitar la confusion. Porque dado que en el entendimiento se hallen las verdades de la Geometria, de la Filosofia, y demàs ciencias, si èstas no se disponen con orden, y conexion causaràn obscuridad. Y ¿què diriamos si viessemos que hacia uno servir las verdades de una destas ciencias para otras, con quien no hallaramos conexion? Importa pues ordenarlas, y distribuirlas de modo, que esclarezcan al entendimiento, y le conduzgan à la consecucion de aquellos fines racionales que se propone. Este orden, conexion, y enlazamiento con que el entendimiento dispone las verdades, ya sea para alcanzar otras mas importantes, y obscuras, ya lea para comunicarlas à los demàs, es lo que llamamos Metodo, y es cosa muy cierta, que la falta de metodo que han tenido algunos Autores, ha sido causa de que ni ellos se han aventajado mucho en el descubrimiento de verdades importantes, ni han instruido à los demàs debidamente con la publicacion dellas.
251. Vanamente disputan algunos si el metodo es operacion del entendimiento distinta de las demàs. Es cierto que el metodo pertenece al discurso, y con èl enlaza el entendimiento las verdades de manera, que unas sirvan para deducir otras, lo qual se hace por legitimas consequencias. Quando se ha de probar una verdad con la vista de otras muy conexas, y cercanas con ella, facilmente se hace con simple silogismo; pero si se requiere gran numero de verdades, y que pertenecen à cosas separadas para alcanzar una otra, entonces es preciso ordenar las primeras de modo, que entre ellas halle el entendimiento enlaze, y conexion, y al fin sirvan de prueba à la que se ha de descubrir, ò manifestar. Otros dicen que no ay necessidad de reglas para ordenar los pensamientos con metodo, quando sabe el entendimiento evitar los errores de los sentidos, de la imaginacion, y demàs que hemos propuesto, y razonar de manera que evite los sofismas, porque sabiendo estas cosas, con sola la natural fuerza del ingenio, se ordenaràn los pensamientos en el modo que sea necessario, para descubrir alguna importante verdad.
252. No dudo yo que el que sepa evitar lo errores, y juzgar, y razonar sanamente, necessita de pocas reglas para discurrir con metodo, si tiene ingenio claro, y juicio atinado; pero como ay ingenios tardos que alcanzan una verdad simple sin transcender à otras mas compuestas, y ay entendimientos obscuros que alcanzan una verdad de por sì sola, y no comprehenden la conexion que debe aver entre muchas para esclarecer un assunto, por esso es preciso señalar las principales diferencias del metodo, y las reglas conducentes para ordenar entre sì debidamente los pensamientos.
253. El metodo en general se divide en sinthetico, y analitico; llamase sinthetico aquel, con que el entendimiento procede de lo mas simple à lo mas compuesto; y analitico es aquel, con que procede desde lo mas compuesto, à lo mas simple. En el primero sube como por grados desde lo mas sencillo halla lo mas arduo. En el segundo, deciende desde lo mas intrincado hasta lo mas sencillo. Los que averiguan una geneologia empezando por los antepassados, y decienden hasta el que todavia vive, proceden con metodo sinthetico; y los que empiezan por el que Vive, y acaban en los passados, con metodo analitico. Los unos forman la cosa, los otros la deshacen. Los Quimicos quando deshacen la textura de los cuerpos para conocer la naturaleza de sus partes, proceden con metodo analitico. Los Geometras, que de axiomas faciles, y simples passan à descubrir verdades dificiles, usan del metodo sinthetico; y no ay duda ninguna que uno, y otro metodo conducen à descubrir la verdad, bien que con diferencia, de modo, que ay cosas que no pueden averiguarse sino por el metodo analitico, y otras por el sinthetico. Los Escritores Modernos de Logica de ordinario prescriben muchas reglas para usar de estos metodos con acierto, mas para evitar la prolixidad basta saber, que todo metodo debe ser breve, seguro, y cumplido. Es breve quando no encierra cosas superfluas, y con poco aparato descubre la verdad; es seguro quando procede con certeza en el modo de conseguirla; y es cumplido quando llenamente muestra la manera de saberla. Por esso en faltando alguna destas circunstancias, ya el metodo es defectuoso.
254. Para observar debidamente la brevedad, es necessario que se omitan las cosas que no conducen, y que separadas del assunto no harian falta. Por esso son intolerables en las conversaciones aquellos, que para referir un acontecimiento cuentan mil cosas que no conducen à descubrirlo, y quitadas de la narrativa, nadie dexaria de entenderlo. En los libros se usa mucho esto, y cada dia vemos Autores que para referir una opinion suya, ò agena hacen mil preambulos, y razonamientos que nada conducen. Los periodos muy largos, y los dichos sentenciosos son contra el buen metodo, porque los primeros distraen, los segundos confunden al entendimiento. Los parentesis frequentes son contra la brevedad que corresponde al buen metodo, y mucho mas las digressiones111, porque con todas estas cosas el entendimiento se distrae del assunto, ocupandose en ideas que no son especiales dèl, y no hallando conexion entre las cosas que superfluamente se proponen, y las que se intentan probar, no queda persuadido112. Fuera desto con noticias impertinentes, y fuera del caso se carga la memoria, y oprimida de la muchedumbre de cosas inutiles, no tiene presentes las ideas principales. Este defecto es muy ordinario en los que emprenden obras muy largas. Galeno no supo evitarlo, y estoy cierto que en algunos capitulos, y tratados pudieran quitarse muchas cosas sin hacer falta. En Foresto, y Etmullero es comunissimo este vicio; y aun en Hoffman se hallan razonamientos muy inutiles, y prefaciones molestas, que conducen muy poco, ò nada al principal assunto. Entre los Filosofos de las Escuelas es comunissimo este defecto, como en los Letrados, y Comentadores, porque comunmente emplean razonamientos inutiles, y nada conducentes al descubrimiento de lo que intentan manifestar. Los que usan de vanos adornos en los escritos, de lugares comunes, y sentencias vulgares, incurren en este defecto, porque dicen cosas que nadie ignora, y quitadas no harian falta. Assi es suma necedad empezar un discurso diciendo: El tiempo es precioso como dice Seneca; ò deste modo: La verdad es buena como dice San Agustin, porque estas sentencias son tan comunes, que todos las saben. Si uno para probar la mortalidad humana dixera lo de Horacio: Pallida mors, etc. y para mostrar la poca constancia que los hombres tienen en las amistades, dixera lo de Caton: Donec eris felix, etc. fuera cosa ridicula, porque ellos son lugares comunes, ò como suelen decir de N, que se: pueden acomodar à todos los assumptos, y en ninguno hacen falta; y ordinariamente se descubre este vicio en los que afectan la erudicion, y aunque sea vulgar la proponen en todos los casos, que se les ofrecen.
255. El otro vicio que se comete en la brevedad consiste en omitir lo preciso: Brevis esse laboro, obscurus fio, dice Horacio. El principal designio del que ha de manifestar una cosa, debe ser executarlo con claridad, para que pueda ser entendido. La claridad pide, que nada se omita de lo que pueda conducir à penetrar los assumptos, porque à veces la omission de una pequeña circunstancia estorba averiguar una verdad importante. De suerte, que para que la brevedad sea bien ordenada se han de evitar dos excessos, es à saber, la superfluidad, y la concission. Los Autores que escriven Compendios, muy pocas veces evitan la obscuridad, porque queriendo ser muy breves, son confusos. Por esto el librito de Jakson intitulado Enchiridion, es inutilissimo para la Medicina. El compendio que hizo Gorter de la Medicina Mecanica es tan corto, que no puede ser entendido sino de los mas aventajados. Hipocrates, y Boherave guardaron en esto el metodo debido. Ya Quintiliano113 notò esto acerca de la brevedad de los estilos, y lo que reprehende en algunos antiguos es muy adaptable à muchos Escritores de nuestros tiempos.
256. Para que el metodo sea seguro, es necessario que en el descubrimiento de la verdad se proceda con orden, empezando por las verdades claras, y successivamente procediendo como por grados hasta encontrar la que se busca. Este orden pide que no passe el entendimiento de una proposicion à otra, sin aver probado bastantemente la primera, de suerte, que èsta ya bien establecida, sirva de basa, y fundamento à la otra, y assi ha de procederse ordenadamente hasta la postrera. La razon desto es, porque el entendimiento llega à descubrir las verdades ocultas, si empieza à encontrar alguna conexion de lo que busca, è ignora, con lo que ya sabe, y tiene establecido. Y notò muy bien Ciceron, que entre todas las cosas ay cierto orden, y enlace, de modo, que del conocimiento de unas se llega al de otras114. Por esto en los escritos jamàs se ha de probar una cosa por otra que se ha de decir en adelante, porque hasta que llegue el letor à èsta no podrà quedar convencido de la verdad de aquella; exceptuando solo algun caso particular, en que puede ser preciso notar de passo lo que con mayor extension se ha de explicar despues115. Esta maxima se funda en la naturaleza universal, pues observamos que en las producciones, generaciones, y otras acciones semejantes, procede con orden desde lo mas simple, y mas facil hasta lo mas compuesto, y embarazado. Y tenemos tambien desto claros exemplos en el modo, que usamos para aprender algunas ciencias. Si uno quisiera saber lo mas sublime de la Arithmetica, sin entender primero las reglas mas faciles, y simples, no podria conseguirlo; pero al contrario, si empieza este estudio comprendiendo las reglas de sumar, restar, multiplicar, y partir, que son las mas simples, facilmente llegarà à entender las de proporcion, y arte combinatoria. Cartesio, deseava mucho la observancia desta regla del metodo, y no puede negarse que en sus escritos resplandece generalmente un metodo admirable. El P. Mallebranche la observò tan estrechamente, que en su famosa obra de la Inquisicion de la verdad, apenas se hallarà un capitulo, que pueda entenderte, sin entender primero los antecedentes. Y esto debe observarse tanto en el metodo analitico como en el sinthetico, porque en ambos es necessario averiguar lo oculto por lo que ya es sabido. Boherave entre los Medicos guardò un metodo exactissimo, y tambien Borello, y Bellini, siendo preciso confessar, que el buen metodo es muy raro en los libros de Medicina.
257. Quando se comunican las cosas a otros, es necessario para proceder con metodo seguro proponer lo cierto como cierto, lo dudoso como dudoso, lo claro como claro, y lo obscuro como obscuro, &c. Desto hemos hablado ya en los capitulos antecedentes, y creo que la inobservancia desta maxima ocasiona muchos errores, y estorba el conseguir la verdad. Es necessario tambien que el entendimiento se proponga las objeciones que se le ofrezcan, y las de satisfaccion solida, y capàz de apartar la duda; y propuestas las principales proposiciones, conviene juntar con ellas los corolarios, y escolios correspondientes para ilustrarlas. Los corolarios son proposiciones naturalmente seguidas a otras, y el entendimiento facilmente halla la conexion que ay entre ellas; por esto conviene poner el corolario junto a la proposicion de que se deduce. Escolio es ilustracion, y explicacion mas extendida de una, ò muchas proposiciones, de suerte, que la proposicion muestra succintamente una verdad, y el escolio la esclarece. Por esto es muy conveniente que se pongan escolios à las proposiciones obscuras, y no à las evidentes como hacen algunos, pues es cosa molesta, y ridicula querer explicar con largos razonamientos aquello, que nadie puede dudar. Finalmente para proceder con metodo seguro en la inquisicion de la verdad, es necessario evitar las preocupaciones, y todos los errores que ocasionan los sentidos, y la imaginacion, y los demàs que hemos propuesto, porque sin esta diligencia ningun metodo serà seguro para hallar las verdades ocultas. Para tratar llenamente una cosa con metodo, es necessario difinirla, y dividirla en sus partes, porque con la difinicion se sabe lo que es la cosa, y con la division se desmenuza de modo, que se descubren sus principales miembros, y el entendimiento assi llenamente puede formar juicio de todos, y de cada uno dellos. Pero como las difiniciones, y divisiones, para ser conformes à la buena Logica, han de ser hechas con especiales advertencias, y se han de observar varios preceptos para su buen uso, por esto vamos à tratar separadamente dellas.
Capitulo XV
De la difinicion, y division
258. La difinicion es un complexo de ideas, que muestran el ser de la cosa, como las ideas de animal, y racional, explican el ser del hombre. Algunas cosas ay que no deben difinirse, porque no puede hallarse bastante numero de ideas que las explique, como el infinito. Otras es ocioso difinirlas, porque no puede hallarle difinicion que las explique con mayor claridad, que aquella con que por sì mismas se comprehenden, como la verdad, etc. La difinicion puede ser de nombre, ò de cosa. Llamase difinicion de nombre la voz con que explicamos alguna cosa, porque las voces son una señal externa de la idea que tenemos en la percepcion de algun obgeto, y suponemos que la voz que representa à esta idea, explica aquello que nosotros juzgamos del obgeto de ella. Difinicion de cosa es aquel acto de entendimiento, con el qual juntando muchas ideas, comprehendemos la essencia de la cosa. Y como por el mal uso de ambas difiniciones se cometen muchos errores, por esso brevemente propondrè algunas advertencias, que pueden conducir para hacer todas las difiniciones con acierto.
259. Siendo preciso que los hombres vivan civilmente, y unos en compañia de otros; es tambien preciso, que reciprocamente se comuniquen sus pensamientos, para mantener el trato civil, para ayudarle unos à otros en las necessidades, y vivir unidos con el vinculo de la caridad. Para comunicarse los pensamientos inventaron ciertas señales externas, con las quales explicassen unos à otros las ideas que cada qual tenia, y convenidos en estas señas externas, siempre que las veìan, entendian facilmente lo que significavan. Esta fue la primera institucion de las voces, que fueron las señales externas con que los hombres comunicavan entre sì los pensamientos. Para que estas señales fuessen mas significativas, solian reparar en las principales circunstancias mas perceptibles de las cosas, y para significarlas inventavan una voz, que, ò en el sonido, ò en el modo de pronunciarla, en quanto fuesse possible, las representasse todas. Coligese de lo dicho, que las voces significan las cosas arbitrariamente, esto es, segun la voluntad de los hombres; porque dado que las voces que puso Adan à las cosas fuessen necessariamente significativas, por la grande ciencia, y conocimiento que de estas mismas cosas tenia nuestro primer Padre, como algunos quieren, no obstante quando despues del Diluvio se dividiò el mundo en naciones tan diversas, cada una de ellas hizo un lenguage especial, y inventò particulares voces para mantener su trato civil; y aunque sea muy natural, que los establecedores de cada lengua nacional ayan buscado las voces que les han parecido mas à proposito para explicar la cosa con todas sus propiedades, sin embargo, como vemos que cada nacion usa de voces distintas para significar una misma cosa, por esso creemos que es arbitraria la invencion de los vocablos, y que èstos en tanto significan una cosa, en quanto los hombres estàn convenidos, en que una voz determinada sea señal externa para significar cierta, y determinada idea.
260 Siguese de todo esto, que faltan à la perspicuidad aquellos que inventan voces nuevas, quando ay otras en el idioma de una nacion igualmente significativas, y lo mismo sucede con aquellos que introducen voces de lenguas estrañas, quando todavia no estàn recibidas en el comun uso para significar las cosas. En este assumpto tengo por muy buenos los consejos que da Horacio en su Arte Poetica. Assi que qualquiera Escritor que aya de nombrar alguna cosa, y para significarla no halla vocablo admitido en el idioma de la nacion, podrà inventar una nueva voz, observando dos cosas. La primera es, que ha de explicar lo que aquella voz nueva significa, dandolo à entender à los letores con frases, y rodeos de palabras, que muestren lo que quiere significar. La segunda es, que la nueva voz en quanto se pueda se derive de vocablos ya conocidos; todo lo qual se funda en la buena razon, porque el fin de la locucion humana es manifestarse los hombres entre sì las ideas que representan à los obgetos, y esta manifestacion ha de hacerse con toda la claridad possible, y de modo que no se confundan las ideas, ni el conocimiento de las cosas.
261. Por la misma razon nos vemos obligados muchas veces à usar de las translaciones para explicar lo que percibimos: assi solemos decir, que el estilo de un Autor es suave, la voz dulce, etc. cuyas locuciones son metaforicas, porque la voz suave con propiedad solo significa aquel objeto que aplicado al tacto, produce en las fibras del cutis una sensacion, que explicamos con la voz suave; y dulce solo se dice con propiedad de los objetos del gusto; pero si leemos un escrito, que nos deleita con la armonia de las voces, y consonancia de los periodos, causando en nosotros una sensacion agradable, y semejante à la que ocasionan los objetos suaves en el tacto, decimos, que el etilo es suave; y del mismo modo decimos, que la voz es dulce, porque su sonido ocasiona una sensacion agradable, y semejante à la que causan los objetos dulces. A este modo se entenderàn muchas locuciones figuradas, que se hallan en buenos Autores, assi Españoles, como Latinos, sobre lo qual serà bien ver lo queenseñaron los Filosofos Estoycos, cuya Logica es muy estimable en estos assuntos.
262. Acerca la difinicion de la cosa se debe notar, que por lo comun usamos mas de descripciones, que de difiniciones, porque ignoramos la essencia de muchissimas cosas, y assi no podemos difinirlas, por lo que nos aprovechamos de las descripciones. La difinicion explica la cosa mostrando los atributos comunes de ella, à lo qual llaman genero, y los particulares, y especialmente distintivos, à lo qual llaman diferencia. Por exemplo: Si difinimos el circulo figura plana, cuya circunferencia por todas partes dista igualmente del centro, con las voces figura plana significamos una cosa, que no solamente conviene al circulo, sino à otras muchas figuras, y por las demàs palabras contraemos, y determinamos el genero comun, significado por las voces figura plana, à la naturaleza particular del circulo, de suerte, que el ser figura plana, cuya circunferencia por todas partes dista igualmente del centro, solamente conviene al circulo, y no à otra figura. En las difiniciones se ha de cuidar mucho de no usar de vocablos obscuros, ò dudosos, porque debiendo la difinicion explicar con toda claridad à la cosa que se difine, no se consigue el fin quando en ella se ponen palabras obscuras. Tampoco se han de difinir aquellas cosas que todos las conocen bastantemente, y la difinicion no las buelve mas claras, y comprensibles, assi aviendole preguntado à Democrito116: ¿Què es el hombre? Discretamente respondiò: Es lo que todos saben.
263. La descripcion explica la cosa mostrando todos los caracteres, y señales distintivos de ella, de modo, que en las ciencias naturales, y en la historia, y en la politica son mucho mas à proposito las descripciones para mostrar las cosas, que las definiciones. La Medicina, y Botanica fueron tratadas por los medicos Griegos con perfeccion, porque cuidaron mucho en manifestar las cosas, haciendo descripciones exactissimas de ellas. Hipocrates describiò las enfermedades con tanta exactitud, que leidas sus descripciones puede qualquiera con facilidad conocerlas. Lo mismo hizo Areteo, y Celio Aureliano. Dioscorides describiò las plantas con bastante puntualidad, y en nuestros tiempos Piton Turnefort, y Lemery las han descrito con entera perfeccion. Entre los Historiadores es admirable la descripcion de la peste de Athenas hecha primero por Thucidides117, y despues por el Poeta Lucrecio118. La descripcion que hace Salustio119 de la Ciudad de Roma, y la que Seneca120 hace de la Ira, son perfectissimas, de suerte, que todas estas, y algunas otras que omito, pueden servir de exemplo à los que ayan de hacer descripciones de las cosas para mostrar la ciencia, y principales caracteres de ellas; porque en las descripciones sobredichas se pintan las cosas, y se muestran todos sus atributos, sin omitir ninguna de las circunstancias precisas, y sin hacer caso de las superfluas.
264. Quando se hacen descripciones de algunas cosas, se ha de procurar que sean exactas, cumplidas, y simples, de suerte, que por su exactitud comprehendan lo que realmente tiene la cosa que se describe; por ser cumplidas abrazen la cosa con todos los atributos, y caracteres propios, è inseparables della; y por su simplicidad muestren la cosa pura, y sin mezcla de otras, para que el entendimiento no las confunda. Por esta razon quando se describen las enfermedades no han de mezclarse razonamientos sobre las causas dellas, como hacen comunmente los Medicos, porque una cosa es la enfermedad, y sus simptomas, y otra el juicio que hace el Medico de las causas que los produce. Lo mismo ha de entenderse en qualesquiera otras descripciones, aunque solamente se intente mostrar con ellas los caracteres viciosos de algunos hombres, de lo qual ay admirables exemplos en la antiguedad, y puede ponerse por modelo la descripcion que Petronio Arbitro hace del hombre desvanecido, y jactancioso121.
266. Acerca de la division se ha de saber, que es necessaria para separar las partes de las ideas compuestas, y el buen orden, y claridad pide que se dividan las cosas en miembros distintos para que no se confundan. Por esta razon es preciso que quando se divide un todo, se haga con exactitud, mostrando todas las partes de que se compone. Por exemplo: Si dividimos el numero en par, y impar, la division es exacta; pero si le dividimos en numero seteno y deceno, es imperfecta, y aun ridicula, porque son infinitos los numeros que lo estàn comprehendidos en los miembros de esta division. Tambien es preciso que los miembros de la division sean opuestos, y que el uno no estè contenido en el otro por lo que si uno dividiesse al numero en par, impar, y deceno, dividiria mal, porque el numero deceno està comprehendido en el par. Como la division es necessaria para tratar las cosas con buen metodo, se ha de hacer de manera, que no se dividan en partes demasiadamente pequeñas, porque entonces el demasiado numero de particulas carga la memoria, y embaraza la atencion122. Por esto es viciosa la division de las ciencias que trae Laercio en la vida de Platon; y en nuestros tiempos el famoso Heicneccio usa de divisiones semejantes, de manera, que algunas veces excede en la division, distribuyendo el assumpto en particulas menudissimas, que ocupan demasiadamente la memoria, como puede verse en su Logica, y Filosofia Moral, aunque por otra parte es preciso confessar, que es uno de los Autores mas metodicos que se hallan en la Republica Literaria. Finalmente es cierto, que el difinir, y dividir bien los assumptos que se han de tratar es sumamente preciso para guardar buen metodo; pero aunque se propongan muchas reglas, nunca se harà bien la division de una cosa, sino se comprehende perfectamente el assumpto que se trata.