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Sociología en un microcosmos lingüístico

(El Roque de las Bodegas, Tenerife)

Manuel Alvar


(Universidad de Madrid)

A Ramón Trujillo






ArribaAbajoIntroducción

1. Roven I. Mc David Jr., al estudiar ciertas peculiaridades lingüísticas de Greenville, South Carolina, y de Chicago, habló de microcosmos y de macrocosmos1. Términos afortunados, siempre que en ellos no impliquemos la idea de simplicidad, porque un microcosmos puede ser más complejo que un macrocosmos y éste, de una relativa uniformidad. Pienso que la estructura social no exige, en el mismo grado, una estructura lingüística semejante: unas veces, podrá condicionarla; otras, no. Una aldea minúscula, por razones de cualquier tipo, acaso muestre un grado de inestabilidad en su sistema lingüístico que -por otras razones- se presenta equilibrado en una comunidad macrocósmica. Creo que es ejemplar una meditación sobre estos hechos: pensamos en los problemas -complejos- de una gran ciudad, no atendemos a las minucias de la exigua colectividad. Pero es necesario que el ojo pueda ver más allá de lo que la mirada percibe: en la gota de agua hay un mundo infinito que no podemos sospechar sin ayuda del microscopio, y la lente convierte en macrocosmos la preparación dispuesta en el portaobjetos.

2. Estamos, ya, encarándonos con un vetusto problema. Los viejos romanistas hablaron de unidad o fraccionamiento en el seno de una comunidad lingüística2; desde la sociología se plantean idénticas cuestiones, si es que los problemas no son idénticos incluso en su motivación: «A social dialect as I define it, as an habitual subvariety of the speech of a given community restricted by the operation of social forces to representatives of a particular ethnic, religous, economic or educational group»3. Cierto que entonces no podrá darse una comunidad en la que no existan dialectos sociales; tal es la cuestión de los dialectos verticales, asaeteados ahora por tantas investigaciones en los distintos niveles de una comunidad; tal es -también- la oposición de grupos distintos (hombres-mujeres, viejos-jóvenes, marineros-campesinos, etc.)4. La situación nos viene a enfrentar con una serie de problemas de teoría lingüística cuya discusión está sobre el tapete: porque si estos rasgos son procesos en trance de realización, pero que no han modificado la norma local, estaremos ante hechos de habla opuestos a los de lengua. Entonces las realizaciones fonéticas no habrán afectado a la estructura fonológica del dialecto, aunque nos podrán indicar cuál es la marcha del sistema; sin embargo, no podemos prescindir de los matices fonéticos, a pesar de que no interese tanto decir que existe como situarlo dentro de su función; de ahí que surjan nuevas precisiones en lo que entendemos por idiolecto o dialecto y -por último- será necesario ver el contexto social en que estos hechos se motivaron para dar -en cada caso- la explicación idónea.




ArribaAbajoLa localidad

3. Nuestro microcosmos es el Roque de las Bodegas. Unas cuantas casas en el extremo nordoriental de la Isla de Tenerife. El censo general de 1940 daba 27 habitantes de hecho para el poblado5, hoy son menos: unos 14. Allí, a la orilla del mar, se establecieron esas familias que iban a aprovecharse de la pesca o a cultivar los campos próximos a la ribera. De ahí que los hombres nacidos en el Roque tengan ascendencia entre los campesinos de Almáciga o los marineros de Punta del Hidalgo. El caserío está aislado. En 1954, Taganana aún no tenía carretera6; en 1969, ya se había incorporado al tráfico. Para mi trabajo, pensé buscar lugares más aislados, dentro del propio término. El Roque de las Bodegas me permitiría recoger un léxico pastoril, agrícola y marinero; algo que difícilmente podría encontrar junto en la jurisdicción de Taganana; además, se adentraba hacia el nordeste y la geografía del futuro Atlas de Canarias tendría una mejor distribución. Un sendero a veces casi perdido entre vericuetos y peñascos permite llegar al caserío: casi tres cuartos de hora de camino de cabras, malos de bajar y penosos de subir. Almáciga, el poblado más próximo al Roque, queda en otra dirección a casi 15 minutos de sendero. Un geógrafo regional ha descrito así la península de Anaga, en la que se encuentran los pueblos que cito: «[es] una región perfectamente definida por una línea que va desde Bajamar a Santa Cruz de Tenerife, pasando por La Laguna. Está recorrida por un eje montañoso de donde van desprendiéndose lomos y barrancos hacia el norte y hacia el sur. Es una zona áspera, de difíciles comunicaciones, donde la erosión ha abierto caminos hacia un mar poco tranquilo, región muy aislada a pesar de su proximidad a los centros urbanos más importantes»7. La elección queda justificada: aislamiento, pluralidad de quehaceres -a pesar de la insignificancia del pueblo-, presentar facilidad del trabajo, evitar la repetición de nuevas encuestas en Taganana. A cambio, incomodidad y sacrificios -el pan nuestro de cada día del explorador-. Hice la encuesta en abril de 1969, me acompañó -como a tantos sitios de la isla de Tenerife- Ramón Trujillo, profesor de la Universidad de La Laguna y amigo solícito a quien estas páginas van dedicadas.

4. Lógicamente, el Roque de las Bodegas participa de la norma regional y se aparta de la castellana. Ahora bien, dentro de las peculiaridades canarias, vamos a ver cómo se realizan una serie de rasgos que muestran una falta de nivelación (consecuencia de procesos en marcha que no han logrado estabilizarse) junto a una distribución condicionada por hechos sociales. Porque, conviene tenerlo en cuenta desde este momento, mis tres informantes eran hermanos que -solteros- vivían bajo el mismo techo. Difícil creer que las peculiaridades personales lo sean -tan sólo- por su propio carácter, cuando se pueden relacionar con hechos de la colectividad. Puede más el grupo social, que la casa; aquél estructura un comportamiento lingüístico que por no afectar a la lengua manifiesta la peculiaridad de las distintas hablas de grupo, o -al menos- unos rasgos o tendencias que rompen la unidad fonética familiar.

5. La encuesta se empezó con un hombre de 45 años, marinero que apenas podía salir a la mar; se continuó después con un labrador de 33 años, ligeramente instruido y se terminó con una mujer de 48, también con una escasísima instrucción; la mujer está al frente de una modesta taberna. Los tres informantes serán descritos por P (pescador), L (labriego) y M (mujer). Los informes que a lo largo de la encuesta pude recoger me señalaban a P como informante bastante bueno, con unas condiciones lingüísticas y psíquicas normales; a L como persona de gran viveza y elocución normal y a M como dotada de inteligencia y pronunciación correcta, desde su dialectismo, naturalmente. Con los tres informantes rellené las partes fonética y morfológica del cuestionario y cada uno de ellos me sirvió para recoger los materiales léxicos que les eran más idóneos.

6. No trato de hacer una descripción del habla de la localidad, sino de mostrar aquellos casos en los que hubo pluralidad de realizaciones dentro de la unidad de ciertos fonemas. Y ver cuándo esta pluralidad estaba motivada por condiciones de tipo social.




ArribaAbajo Las vocales o y e

7. La pérdida de la -s obliga a replantear el problema de la distinción o no de singular y plural. Si se conserva la aspirada procedente de ella, el nuevo signo cumple el mismo fin (delanteroh); entonces, el timbre de la vocal es indiferente de su función porque abertura o cierre no condicionarían oposición fonológica. En estos casos, normalmente se abren la o y la e, pero esta abertura es fisiológica (condicionada por la -h) y no funcional. La cuestión se modifica cuando el signo de plural desaparece. Entonces la -o y la -e pueden realizarse con valor opositivo al de las formas de singular o pueden perder cualquier conato de realización fonológica y confundirse con las -o, -e del singular. Este caso es el que nos interesa en este momento.

8. Nos enfrentamos, pues, con la realización fonética de distintas variantes de o, e, pero todas como alófonos de sendos fonemas independientes /o/ y /e/. Se ha señalado con frecuencia el cierre de -o y -e finales en las hablas canarias8; sin llegar a las articulaciones extremas -u, -i, en el habla del Roque de las Bodegas se cumple la tendencia general. Los distintos timbres de -o (desde el tipo medio hasta el cerrado) son hechos polimórficos de realizaciones indiferentes: en el marinero (P), los tres matices de o (medio, semicerrado, cerrado) aparecen muy entremezclados, sin que se pueda señalar una clara preferencia por uno o por otro; sin embargo, el labrador (L) cerraba mucho más que su hermano, y la mujer (M), aun conociendo el polimorfismo, llevaba la realización a un índice numéricamente más frecuente que los hombres. Como es sabido también, la -e de las Islas es más cerrada que la castellana, pero -normalmente- no presenta grados máximos como los de la -o. En la distribución de nuestros tres sujetos, P y M tenían fonéticamente [e], mientras que en L la realización se mostraba inclinada hacia una vocal sensiblemente más cerrada.

9. Retomando la situación de los plurales (-os > o, -es > e), vemos que P realizaba -o cerrada en los casos en que no mantenía la aspiración final9, mientras que -como en los singulares- conservaba e media sin ningún valor significativo. L convertía la -e (< es) en una vocal de timbre con tendencia al cierre y M daba predominio en este caso a una e bastante abierta.

10. En el verbo, volvieron a repartirse los resultados polimórficos. El marinero tenía -o media o, más veces aún, abierta en la persona Nosotros (venimos, reímos, etc.), -e abierta en la persona Tú (vienes, ríes), pero sin que esas o, e abiertas se puedan comparar con las voces metafonizadas del andaluz oriental; el campesino aumentó los resultados polimórficos: -o era abierta, media y, alguna vez, cerrada, soluciones repetidas con la -e; la mujer mostraba -o cerrada con mayor frecuencia, -o media y, en el último puesto de los índices, -o abierta, mientras que su -e era -normalmente- media y sólo ocasionalmente cerrada, pero nunca abierta.

11. Vemos que se cumple la tendencia a las realizaciones cerradas de o y e finales. Fenómeno que no se puede separar de la preferencia por los timbres cerrados con que se realizan las vocales átonas en Canarias -y en tantas hablas de vinculación occidental- aunque ahora lo que interesa no sea explicar -histórica o estructuralmente- estos hechos, sino ver el comportamiento que ante ellos tienen tres hablantes de un mismo caserío, más aún, de una misma familia, y que conviven bajo un mismo techo.

Desde un punto de vista funcional, se ha neutralizado la oposición singular plural en los casos en que se ha perdido el signo patrimonial castellano (-s) o su heredero dialectal (-h). Ahora bien, las -o, -e finales (procedentes de -o, -e y de -os, -es) pueden tener una triple realización abierta, media, cerrada- que no funciona con valor morfológico, por cuanto siguen idéntico tratamiento cualquiera que sea su origen. Nos encontramos ante unos casos muy claros de desfonologización que llevan a una serie de neutralizaciones. Entonces la lengua tendrá que recurrir a crear un nuevo orden de oposiciones o se desentenderá totalmente de ellas. (En el verbo la homonimia se ha resuelto ya con el uso de los pronombres10.) Entre tanto, los tres hablantes del Roque de las Bodegas nos muestran el sistema en una situación inestable, aunque cada uno de ellos se decide por una determinada preferencia.

El polimorfismo de realizaciones indiferentes se da -sobre todo- en el habla del marinero en cuya realización la -o final del verbo (< -os) era media o abierta, mientras que la del sustantivo (< -os) solía ser media o cerrada, en tanto la -o, morfema de masculino singular, presentaba los alófonos medio y cerrado. En el habla del labrador, la o cerrada era más frecuente y se daba incluso en las formas verbales (< -os). En la de la mujer, el timbre cerrado era mucho más frecuente que en P y L.

12. La articulación de la e no permite establecer un paralelismo exacto con la descripción que acabo de resumir, pues el marinero tiene e media (< -e, -es) o e abierta (en la terminación verbal -es); todos los casos convergen hacia una -e cerrada en el labrador (coincidiendo en éste con el tratamiento de -o, -os) y, en la mujer, el polimorfismo dominante era de e media en el sustantivo (< -e) y en el verbo (-e, -es), mientras que en los plurales se documenta la e abierta y en el verbo (< -es) puede darse también el timbre cerrado.

13. Como se ha visto en tantas ocasiones, la -o es vocal que se cierra con mucha más facilidad que la -e. La explicación creo que está en su propia condición: el abocinamiento de los labios produce una labialización que hace ser más grave al timbre de la vocal y la impresión acústica que deriva de ello es, precisamente, la de vocal cerrada. Como la e carece de labialización, no puede ser condicionada. Resulta, entonces, que la o evoluciona hacia un tipo mucho más cerrado que la vocal palatal pero, además, en los casos de -os > -oh, la pérdida de la -h es mucho más fácil que en los -es > -eh, puesto que la aspirada es una consonante velar y la asimilación de los dos sonidos velares ha favorecido la pérdida del menos estable, en tanto que la -h procedente de -es persiste con más facilidad por la oposición articulatoria (palatal Carácter velar). Así se explicaría que las realizaciones polimórficas de e presenten en P y M la e cerrada con nula (P) o suma rareza (M). Al margen queda L, cuya e cerrada (procedente de -e, morfema nominal -es, morfema verbal -es) se asimila por completo a las realizaciones de -o. La anomalía puede explicarse si tenemos en cuenta que P y M presentan un habla menos adicta a sus procesos en marcha; y la de L es más conforme con un sistema local que se va trabando de forma más coherente.




ArribaAbajo La -a final palatalizada

14. En muchas hablas canarias tengo documentada la palatalización de -a final cuando la vocal acentuada es palatal (lisä) o, a mayor abundamiento, en el sufijo -illa (-illä, iyä)11. Fenómeno éste que es independiente de otra palatalización (la de -as > ä), aunque también se conozca con un carácter muy esporádico. Es cierto que puede sorprender el paso de estas aes a ä, porque es el camino para llegar a otra -e. Si así fuera, tendríamos que -a, miembro positivo del paradigma nominal12, llegaría a confundirse con e, morfema indiferente a las reacciones de género13, y crearía una notable serie de sincretismos. El hecho es indudable, pero tampoco sería inusitado; a los recién aludidos, añádanse los que el paso de -al, -ar, -as > -e ha producido en alguna parcela del andaluz14. Por lo demás, aunque se llegara a cumplir ese cambio -a > -e, la lengua tendría la posibilidad de la distinción morfemática con los mismos recursos que distingue el género de buque y leche; cierto que esa -a convertida en -e habría dejado de ser un miembro positivo del paradigma, pero los hechos son ajenos a nuestra voluntad. Creo, pues, que el paso -i ... a > -i ... ä, illa > - illä depende del contorno fonético y no de la función que la -a tiene encomendada en el sistema. Así el campesino del Roque llamó pihpe a la «aguzanieves», (al)pispa en casi todos los puntos de mis encuestas, cumpliendo -ya- el proceso que parecía presagiarse.

15. Dentro de estos hechos, la mujer ignoró el paso -a > ä (salvo en algún raro plural -as > ä); el sujeto al que designo por P manifestó cierta tendencia a la palatalización de la -a, manifestada en grados más o menos intensos (rodillä), y el informante L convirtió el rasgo en una nota diferencial de su habla (semiyä, piñä, vigä). Resulta entonces que este rasgo vuelve a marcar la discrepancia de L frente a P y M, lo mismo que lo habíamos anotado en el tratamiento de la -e final.




ArribaAbajoLa -e paragógica

16. Se ha señalado en las hablas canarias la aparición de una -e paragógica tras -r. En una reciente exposición del problema, se muestra cómo el rasgo no obedece a la estratigrafía social de los hablantes, sino a razones geográficas y vinculado a gentes de una determinada edad15. Es decir, la ordenación social no parece depender de un grado de mayor o menor cultura, sino de hechos de otro tipo, aunque en ellos también tenga que ver la sociología lingüística. La situación geográfica del Roque de las Bodegas da virtualidad en este momento al análisis que hice del español de Tenerife, y, como entonces, las conclusiones a las que llego es que la edad afecta -con bastante precisión- al fenómeno que nos ocupa: flore (singular), agachare, tosiare, albiare, abanadore eran formas -entre otras muchas- que usó el marinero; en ellas, la -e final con frecuencia articulaba extraordinariamente abierta. La mujer también poseyó muchas veces esta vocal paragógica, tanto en la conversación como en la respuesta a mis preguntas; sin embargo, el más joven de los tres hermanos no ofreció sino un par de casos de -e paragógica a lo largo de toda la encuesta y, lo que es harto sintomático, la vocal esvarabática fue i en una de esas dos veces (cerniri «cerner»).

17. Tenemos, pues, que el desarrollo de una -e tras -r confirma el hecho geográfico apuntado en 1959: en la península de Anaga se practica con intensidad este rasgo; hoy, con el ALEICan, sabemos que el fenómeno es de más amplia difusión, aunque, al parecer, en Tenerife, no hay zonas donde cuente con tan intensa vitalidad16. Por otra parte, el hecho social que entonces se apuntó parece confirmarse en las encuestas posteriores: se trata de un arcaísmo que afecta a gentes de edad distinta, no a personas de distinto nivel cultural. Nuestro marinero (45 años) y la mujer hermana (48) lo mantenían con gran vitalidad e incluso la -e era muy abierta (P), mientras que para el hombre más joven (33) era un rasgo apenas perceptible, y, en las dos ocasiones que se documentó en una larga encuesta, una de ellas pronunció la vocal como palatal cerrada. Tenemos, pues, una escisión muy claramente señalada dentro de los considerandos sociales: la mayor intensidad del fenómeno sólo afectaba a las gentes de más edad17.




ArribaAbajo El seseo y la c postdental

18. Desde que describí la ce postdental en mis encuestas de Tenerife, se viene señalando su existencia por todas las Islas. Los datos más recientes han confirmado lo que entonces dije, y nos permiten disponer ya de su descripción acústica18. En mi cuestionario anoté el seseo como rasgo común a las gentes que interrogué, pero la aparición de una ce postdental fue un motivo que transcribí alguna vez en el habla de la mujer, muchas (racimo, acemite, manzana, gayinaza, etc.) en la del labrador y casi nunca en la del marinero19. Tanto más de notar esta circunstancia por cuanto con el pescador rellené unas preguntas complementarias bastante minuciosas sobre la terminología de su oficio (barcas, artes de pesca, seres marinos).

Es éste el primer caso -pero no único- en el que el pescador se aparta de los hechos que se documentan en los otros hablantes; precisamente porque su habla es más «normal» dentro de las peculiaridades regionales.




ArribaAbajoLa s seguida de consonante sonora

19. En Tenerife (§§ 20-25) analicé con cierta minuciosidad la metafonía que -sobre una constante sonora - podía producir la -s implosiva aspirada. Los datos de que dispongo ahora vienen a confirmar lo que allí describí, aunque en este momento mi interés se centra -sobre todo- en el tratamiento sociológico de todos estos rasgos.

En casos como las botas, las bimbres, las vacas, el pescador (P) realizó constantemente lah bota, etc.20, mientras que L y M permitían recoger lab bota, etc. En el interior de palabra los resultados eran diversos de éstos: b fricativa en el marinero (rebalá), hb en el campesino (ehbagar).

También era polimórfico el tratamiento de -s + d- resuelto con d fricativa en P (en algún caso excepcional se adelanta esa d y se ensordece ligeramente) y con d fricativa más interdentalizada y con pérdida de la sonoridad (en L y M).

Por último, -s + g- ofrecía -también- rasgos con pluralidad de realizaciones, que -en el marinero (P)- conservaban la g fricativa (salvo en dó huevo)21, en la mujer (M) se llegaba a la solución extrema, h (lo hrano «los granos», etc.), y en el labriego (L) los resultados parecían ser intermedios: h + g (dó gramo, do guello). En posición interior del grupo -sg-, las soluciones eran, universalmente, h (rahuñaso «rasguñazo», dihuhto «disgusto», etc.), aunque pudiera oírse alguna vez ehgarro.

20. En general, y aun teniendo en cuenta que en las hablas canarias no se dan las soluciones extremas sb > f, sd > z, sí se puede atestiguar en el Roque de las Bodegas una marcha de la evolución fonética semejante a la de tantos sitios del mundo hispánico. Dentro de ella, L y M elevan los fenómenos hacia límites más avanzados que P (sb > bb; sd > d muy interdentalizada y ensordecida) y la mujer era quien llegó sistemáticamente al punto de máxima evolución (sg > h). Cierto que la inestabilidad de todas las soluciones permitía reflejar muchas veces estados de polimorfismo en los hablantes (sobre todo en P y L), pero no menos cierto que, dentro de estas limitaciones, se documentan las tendencias señaladas, por más que no se ha ya llegado a una escisión fonética.




ArribaAbajoEl yeísmo

21. Los tres hermanos eran yeístas, aunque en ellos se conservaran restos de ll, por más que fonológicamente no actuara la oposición ll Carácter y, pues se dio algún caso de lleísmo. Nos encontramos con un caso más de la pérdida de distinción entre dos rasgos opositivos. Sin embargo, la situación actual, en la que ll Carácter y no operan como dos fonemas distintos pero están en el caudal fónico como posibles realizaciones libres de un archifonema palatal, nos puede mostrar la marcha del proceso que ha seguido la lengua. En otra ocasión, y con referencia a esta neutralización, pude hablar de la utilidad del procedimiento estadístico22; me parece conveniente indicar los resultados que he obtenido en un cómputo de elles y yes en cada uno de los hablantes:

P { distinguió en un 37 % de los casos
neutralizó en un 63 % de ellos
L { distinguió en un 25 % de los casos
neutralizó en un 75 % de ellos
M { distinguió en un 33,3 % de los casos
neutralizó en un 66,6 % de ellos

22. Se ve, claramente, que el proceso de desfonologización de elle es muy claro, aunque no se ha olvidado todavía la articulación de la palatal lateral: los tres hablantes aún pueden articularla; por más que el proceso de neutralización sea nítido y manifieste una intensidad muy acusada en el más joven de los tres hermanos, frente a la relativa resistencia que los otros dos oponen a la pérdida. Sin embargo, la falta de conciencia distinguidora es clara, por cuanto el marinero cometió errores de lleísmo: dijo ralla para designar al pez que en castellano llamamos raya y tres veces, en situaciones muy distintas, usó la palabra bolla para designar la «boya o baliza», el «corcho de la red» y el «flotador del hilo de pescar».

Desde el punto de vista de ordenación social, casi coinciden P y M y, como tantas veces, de ellos se aparta L, el informante más joven.




ArribaAbajoLa ch y la y

23. En los tres informantes, la ch era de la que he descrito como adherente23; articulación muy distinta de la castellana, tanto por la duración del momento oclusivo, como por su sonorización. Junto a esta ch apareció otra variante -la que describí como más retrasada que la castellana24-, aunque fuera mucho más escasa. La distribución entre los hablantes fue la que sigue: los dos hombres tuvieron sólo la ch adherente y la mujer realizó ambas variantes, aunque con dominio de ésta.

Estos dos alófonos suponen una superficie de mojamiento muy superior al que tiene la ch castellana, pero -recíprocamente- a mayor grado de adherencia en la ch, corresponde un despegue de la y. O dicho con otras palabras: la y es mucho menos cerrada que la del español peninsular y su grado de abertura es tan grande que -con frecuencia- se convierte en una semivocal25. La explicación funcional es fácil: cuanto más mojada sea la ch, resultará menos fricativa; esto es, se aproximará más -según he mostrado- a la articulación africada de la y en palabras como cónyuge, el yunque. Resulta entonces que la y africada, que en castellano aparece en distribución complementaria de la y (sólo en posición inicial absoluta, tras nasal y tras l), se confunde con la ch, más palatal y menos dental que la castellana, de la que sólo se diferencia por la sonoridad. Cuanto mayor sea el grado de adherencia de la ch, tanto mayor tendrá que ser la abertura de la y para que puedan distinguirse ambos fenómenos, ya que de otro modo podrían confundirse.

En mis transcripciones y en análisis espectrográficos que he hecho, encuentro que la ch adherente puede convertirse en una y africada, porque la oposición sonoridad / sordez está en trance de desaparición o, al menos, de debilitamiento. Cuanta mayor distancia se establezca en el modo de la articulación (ch, muy tensa y africada; y, muy débil y abierta) mayor será -también- el riesgo de la confusión.

24. Para mí la explicación de todos estos hechos es la que sigue. Como la s canaria es dental, la ch queda como única sorda del orden de las palatales. Entonces, la ch se estructura dentro del sistema para no ser un elemento extravagante. Podría desoclusivizarse y convertirse en prepalatal fricativa sorda (según sucede en francés, en andaluz y, en posición intervocativa, en toscano) y entonces se opondría š a una y que tendería al rehilamiento para crear la oposición entre la pareja de palatales fricativas; o bien -como ocurre en Canarias- la ch se distancia más de la s por su oposición de africada. Creo más verosímil esta explicación que no la de considerar a la ch opuesta, como oclusiva, a la y, porque la aparición de una s predorsal en Andalucía, y de ahí en Canarias, es relativamente tardía (siglo XVI)26; mientras que ch y y son oposiciones patrimoniales. Voy a aclarar. La s perteneció al orden de las palatales hasta el gran cambio fonético de los siglos XVI-XVII; sólo entonces pasó -en los dialectos- a ser dental, y, sólo entonces, la ch quedó como elemento aislado dentro de la serie de las palatales sordas. Al caer la fricativa en el orden de las dentales, la africada aumentó la tensión articulatoria que la mantenía dentro de su propio sistema27; esta mayor tensión, produjo una mayor superficie de mojamiento, con lo que la ch se desdentalizaba por cuanto la adherencia tenía que cubrir una nueva parte del paladar, antes no mojada. Surgió entonces esta ch más mojada que la castellana, que se descubre en todos los sitios donde la s ha dejado de ser apical. Producida la ch más palatal y adherente tuvo que reaccionar contra una y, que podía ser ocasionalmente adherente, y, para evitar la posibilidad de confusión, el elemento más estable (la ch de articulación fija) desplazó al que lo era menos; surgió una y muy abierta, a veces semivocal. Por eso la posibilidad de una ch semisonora o totalmente sonorizada ha de ser posterior a la abertura de la y consonántica28.

25. Aplicando esto al objeto de nuestro interés, se explican unas palabras que escribí en mi cuestionario al margen de la encuesta: «La y era menos tensa que la castellana en los dos varones, mientras que la mujer la tenía sensiblemente más cerrada que ellos». No en vano, la mujer tuvo una ch que, aun muy palatal, lo era menos que la adherente de sus hermanos. A mayor grado de adherencia de la ch -repito- corresponde una mayor lasitud en la articulación de la y. P y L sólo conocían la ch muy mojada y, por tanto, su y era sumamente más débil; en tanto M, con ch palatal, pero no sonorizada, tenía una y de articulación consonántica, sin ulteriores modificaciones.




ArribaAbajoFonética y sociología

26. En las páginas anteriores he seleccionado unos cuantos rasgos del habla del Roque de las Bodegas; justamente los que eran pertinentes a mi objeto: aquellos en los que se daba oposición entre los diversos idiolectos analizados. Como diría Martinet, «un objeto, por muy simple que parezca en una primera consideración, puede manifestarse de una infinita complejidad»29. En un caserío exiguo, hemos encontrado un mundo complejo y fluctuante. De todas esas posibilidades que teníamos ante nuestros ojos he seleccionado aquellas que -desde la perspectiva interna de la comunidad- ofrecían pluralidad de trazos; o con otras palabras, variedad en la unidad. Así -en esta intencionada selección y con esta intencionada ordenación- se puede encontrar una coherencia que haga válido nuestro análisis. Hoy por hoy, las diferencias no afectan al sistema en que están inscritas, y el habla de nuestra minúscula comunidad participa de los rasgos normales de las hablas canarias.

1) Las vocales finales tienden a realizaciones cerradas, como es sabido que ocurre en muchos sitios de las Islas30. Los demás rasgos del vocalismo tinerfeño no han podido considerarse en este trabajo.

2) El que en ocasiones aparezca una ce postdental no afecta al sistema consonántico. Esta ce es, desde el punto de vista fonológico, una variante combinatoria de la s dental. Entonces, como señalé en Oaxaca31, los haces -y la pareja ch - y- de dentales y palatales de las hablas neocastellanas es distinto de las del norte peninsular.

Gráfico

De aquí resulta que la situación actual se ha motivado en unos hechos históricos suficientemente conocidos y suficientemente claros para que podamos prescindir de ellos. Repetir -sólo- la funcionalidad de un habla será dejar abierto el portillo de las repeticiones inacabables, y, en definitiva, dejar las cosas sin explicar. La s isleña (de tipo dento-predorsal) es posterior a la castellana (alvéolo-apical); al reducirse el haz de las palatales castellanas por migración de la s, la pareja de palatales se estructuró con articulaciones distintas de las castellanas (ch adherente, y abierta), y esta ordenación del español insular es válida para la pequeña parcela de Anaga que estamos estudiando.

3) La pérdida de la oposición fonológica ll - y afecta al habla del Roque de las Bodegas, por más que sobrenaden restos de ll, pero sin virtualidad diferenciadora, por cuanto se han documentado casos de lleísmo (bolla, ralla «raya»). Funcionalmente hay que reducir estos testimonios al de la pareja ch - y citada en el párrafo anterior.

27. Dentro de estos rasgos que pertenecen a la norma común, influida por las prácticas urbanas32, en nuestra aldea encontramos otros rasgos, no específicamente locales, pues se dan en otros sitios, pero disidentes de las realizaciones normales del habla:

4) El paso de -a > , cuando va precedida de sonidos palatales o de vocal é, í acentuada.

5) El desarrollo de una -e paragógica, tras -r.

6) El polimorfismo en los resultados de -s + cons. sonora.

28. Este conjunto de realizaciones presenta una serie de diferencias que dependen del hablante que las lleva a cabo. No se trata en tal caso de variantes complementarias como las del español d oclusiva en posición inicial y tras n, l y d fricativa en las demás ocurrencias, sino de variantes facultativas que no tienen distribución fija en la norma, pero que tienden a ella en los distintos grupos sociales.

Así encontramos que en la mujer (M) se dan unas cuantas soluciones extremas: máximo cierre en la -o final, en el uso de la -e paragógica, metafonía de la consonante sonora producida por la aspiración anterior, restos de ll, y, aún habría que añadir, el empleo de ch muy palatal pero no adherente, y -en correlación- una y más estrecha. En el habla del marinero (P) descubrimos una serie de coincidencias con las que emplea la mujer (-e paragógica y alternancia ll Carácter y), pero -a la vez- un conjunto de rasgos que se dan en él menos que en los otros hablantes (cierre de la -o, ce postdental, metafonías extremas de sb, sd). En el campesino (L) hay situaciones extremas de tendencias máximas (usa más que ninguno de los otros hablantes el cierre de la -e final, la palatalización -a final33, la ce postdental y, en coincidencia con M, los grados de metafonía de las consonantes sonoras) y otras situaciones de tendencias mínimas (emplea menos que los demás la -e paragógica y la supervivencia de ll).

29. Una breve consideración sobre estos hechos nos muestra cómo en una comunidad minúscula se da un comportamiento divergente entre distintos grupos sociales. El campesino es -además- el más joven de los tres hermanos con una notoria diferencia; resulta entonces que mis realizaciones están doblemente motivadas: por el grupo y por la edad. Su habla es innovadora (el cierre de la -e o la palatalización de la -a son posteriores a las realizaciones medias de esas mismas vocales), es innovadora también al eliminar peculiaridades locales (la -e paragógica) o de la lengua común (distinción ll Carácter y).

El marinero -el más rudo de los informantes, dentro de la escasa cultura colectiva- representa un tipo medio de habla en el que no se dan las soluciones más innovadoras (cierre extremo de las vocales, metafonías sb, sd, eliminación de ll).

La mujer tenía un criterio lingüístico más ecléctico. Unas veces coincidía con el marinero (uso de -e paragógica, resistencia a eliminar la ll), otras con el labrador (metafonías sb, sd) o quedaba entre ambos (cierre de -e, ce postdental).

30. De todo esto podemos inferir que la norma uniforme se ha roto en su realización en el nivel del habla: «el unilingüe no habla con perfección, sino que cumple las exigencias del medio ambiente inmediato en el que se reconoce su pertenencia al grupo»34. Me parece innecesario decir que esta afirmación es exacta cualquiera que sea la norma a que se aplique: la nacional o la regional; el medio ambiente actúa por doquier. Pero ese medio ambiente condiciona al hombre según una doble motivación: la geográfica y la social. De ahí que no se puedan hacer afirmaciones tajantes y de valor unívoco, pues -en cada caso- hay que valorar el contexto en que el hecho se produce; fuera de él, los datos no sirven para nada35.

Tenemos, en el Roque de las Bodegas, una localidad sumamente aislada, inserta en una zona (la península de Anaga) donde se dan con intensidad ciertos fenómenos peculiares (-e paragógica), pero su propia situación ha hecho que el mar sea el camino para vincularse con el exterior, mucho más que los arriscados caminos de cabras que -en última instancia- sólo conducen a otros lugares aislados de la misma comarca. Esto ha hecho que la geografía mantenga aún unas peculiaridades lingüísticas en trance de desaparición (-e paragógica, restos de ll), pero estos rasgos se dan en gentes que, por su edad, mantienen ciertos elementos locales de su habla (persistencia de la tradición; arcaísmo, por tanto). De otra parte, el marinero -mucho más abierto que el campesino a tratar con gentes de otros sitios- no innova en su habla con los elementos más nuevos, sino que el idiolecto personal que en él hemos estudiado es mucho más el habla media insular o, si se quiere, más influida por la norma de la capital (vocales cerradas sin llegar a extremosidades, falta de ce postdental, metafonías sb, sd). Resulta entonces que -en oposición a lo que en otros sitios he podido estudiar- el habla del campesino es aquí más innovadora que la del pescador, pero no tanto por el arcaísmo de ésta, sino por cierta resistencia a los neologismos rurales que en aquél se dan. De este modo se deduce que el habla del labrador acepta -o crea- modificaciones que podríamos llamar no urbanas, que serán rechazadas en la capital por su rusticidad, mientras que el marinero, no arcaizante por sí mismo, viene a serlo en el cotejo: para él tiene un imperativo mayor la norma ciudadana (aunque no consiga eliminarle algunas antiguallas) y ofrece, en las relaciones de su habla, un estado lingüístico más concorde con la normalidad general. La mujer está de puente entre ambas modalidades.

31. He aquí un motivo que no deberá desestimarse. En algunos sitios de las Islas, los marineros tienen un habla más innovadora que los campesinos, según mostré en el caso concreto de Morro Jable (Fuerteventura)36; en otros, no encontré diferencias sensibles; ahora el marinero es más arcaizante o, para decirlo con toda justeza, no resulta innovador. Las afirmaciones deberán estar condicionadas siempre al estudio de la realidad y al conocimiento de los hechos sociales. La situación del Roque de las Bodegas -tan microscópica, tan de apariencia simple, pero tan rica y tan clara- es una buena llamada de atención para que no caigamos en fáciles espejismos ni nos dejemos llevar por afirmaciones subjetivas.




ArribaUnidad y uniformidad

32. En alguna ocasión he aducido las palabras de Jaberg, según las cuales la unidad lingüística de una aldea es un mito, y las de Gilliéron que negaban inmutabilidad fonética a las hablas locales37. No de otro modo se expresa un estructuralista como Martinet: «la realidad es que, en las relaciones entre las personas de una misma comunidad, la absoluta identidad de los sistemas parece más bien una excepción»38. El análisis de esa minúscula parcela que es el Roque de las Bodegas nos ha venido a comprobar los principios de los viejos y de los nuevos maestros. Pero -naturalmente- las diferencias aparecen dentro de unos límites de percepción, que no afectan a la inteligibilidad; sí, a la realización del sistema. El problema está en ver hasta qué punto las diferencias pueden ser constantes y caracterizadoras de un grupo social, o están diluidas en un polimorfismo de rasgos indiferentes. La explicación del polimorfismo sería cuestión de una problemática distinta: importado el castellano, sobre él dejó de operar la norma de Castilla y se creó otra nueva -regional- que rige en la localidad, como en las demás localidades del Archipiélago. A su vez, esta norma regional es válida en todos los niveles sociales, pero sólo cuenta con prestigio en la lengua hablada, toda vez que la escrita no se ha escindido. Por ser una norma regional y hablada, carece de fijación que la haga estable y el sistema -en equilibrio inestable- tantea unas realizaciones propias, que no tienen por qué coincidir con la norma regional de las gentes instruidas. Surgen entonces procesos disidentes, que comprobamos ahora, y cuyos resultados ignoramos: podrán cuajar, podrán quedarse abortados; sin embargo su presencia queda denunciada. Pero cualquiera que sea el carácter de la innovación, por el mero hecho de serlo, se producirá en alguien y de ese alguien trascenderá a la comunidad que podrá o no aceptarla. El grupo social al que pertenezca el individuo innovador hará suyo el cambio, antes que de él pase a todos los hablantes de la localidad, se propague después, etc. Pero ya ahora el hecho social que es el lenguaje empieza a presentar un engarce de nueva complejidad: la innovación personal podrá ser individual y comunicarse a otras gentes de la misma actividad (la puede inventar un marinero y transmitirla a marineros de localidades distintas, sin propagarla a los campesinos de su pueblo; o podrá haber sido importada por un proceso de captación social, y limitarse a las gentes que pertenecen a los mismos grupos).

33. En un par de esquemas podría aclarar estos hechos:

Figura 1

Figura 1

Nuestra aldea está escindida en dos ordenaciones sociales: los pescadores y los campesinos; a su vez, las mujeres, no agrupadas inicialmente en grupos tan definidos, se relacionan con el habla de los hombres de su clan. Pero -a su vez- como ellas quedan afincadas a la vida doméstica de la localidad, actúan de transmisores de las modificaciones que han adquirido en el grupo social al que se adscriben por matrimonio. Esto es: una innovación A producida por un pescador podrá ser aceptada en el seno de la colectividad de las gentes de la mar, o podrá trascender directamente (días de descanso, ocupaciones comunes, etc.) a la de los campesinos o, en último caso, será aceptada por la mujer del pescador, de la cual la adquirirá la del campesino, que la transmitirá a su marido y a sus hijos. El ejemplo hipotético puede seguir el camino inverso; de ahí el carácter reversible de los vectores en el esquema.

34. Pero puede ocurrir que la innovación sólo afecte a la vida de relación entre las gentes del mismo oficio. En este caso, el habla más sensible corresponde a los hombres de mar: su intercambio con otros pescadores (al trabajar, al comerciar, etc.) hace que tengan una lengua más permeable al intercambio39, en ellos se cumplen muchos de los rasgos de los inmigrantes -y añado de los emigrantes-, rasgos que algún sociólogo llama del «pionero de frontera abierta». Resulta entonces que los hombres que pescan en barcas ajenas a su pueblo, o que van contratados con dotaciones heterogéneas -por muy limitadas que nos parezcan- o que tienen que llevar el fruto de su pesca a la lonja de un pueblo mayor o que necesitan de unos arneses que se han modificado, etc., etc., «no pueden aceptar con tanta sencillez las relaciones de sus roles sociales como pudo hacerlo el labrador europeo sedentario»40. Entonces, estos hombres más propicios a los procesos de ósmosis (lingüística o ampliamente social) constituyen estructuras cerradas frente a las comunidades generales en las que se inserta su grupo. Podrán -entonces- producirse intercambios, incluso remotos, que llevarán a unas peculiaridades diferenciales de su habla y estos neologismos podrán trascender a las normas de la localidad o quedarse anquilosados en el grupo social41. En el primer caso, incorporados al caudal lingüístico, seguirán el proceso que he descrito en el esquema 1; en el segundo se cumplirá lo que trato de materializar en el esquema 2, situado en la página anterior.

Figura 2

Figura 2

35. Desde estos planteamientos hemos llegado a otros hechos de tipo general. Henri Lefebvre, al describir las funciones del lenguaje en la sociedad, habla del «código tridimensional». Para él, «en el interior de una "comunidad lingüística" (...) la comunicación no se establece (...) y no se mantiene sólo con la ayuda del lenguaje. Implica el conjunto de las determinaciones sociológicas, inclusive los "campos" sensibles (semiológicos), que son obras (colectivas) (...). Tal cosa demuestra que desde el punto de vista sociológico los significados no se reducen a los significantes: estos últimos indispensables, conducen hacia los significados»42. En nuestras hablas, la norma local queda inserta en la regional por unos principios de comunicación y comprensión, pero si sólo fuera esto, poseeríamos una absoluta uniformidad en el lenguaje de la localidad que estudiamos, y -sin embargo- nada más lejos de la verdad. Otros determinantes vienen a limitar este principio: la fragmentación de la comunidad en grupos sociales ha creado esas diferencias que afectan a hombres y mujeres, a campesinos y pescadores. El sistema lingüístico se mantiene coherente, porque de otro modo no cabría la inteligibilidad, pero en él se pueden producir cambios, que difícilmente son bruscos, porque, de serlo, la colectividad dejaría de entenderse, y estos cambios acceden desde un individuo a un grupo y del grupo a la totalidad de los hablantes del pueblo. Y esto es lo que nuestro microcosmos nos ha venido a probar: el dialecto local existe por encima de n idiolectos particulares, pero cada uno de esos idiolectos es una posibilidad en trance de modificar el sistema existente. Nosotros sólo podemos señalar hacia donde se orientan las fisuras que hoy nos parecen sensibles. Por eso, también, el principio de selección que hemos practicado.





 
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