Observaciones al texto de epígrafes cristianos de Tarragona
Sebastián Mariner Bigorra
La inclusión de las inscripciones cristianas en la nueva gran recolección epigráfica tarraconense de Alföldy1 me ha proporcionado una ocasión, que creo adecuada -por lo que para mí tienen de sugestivo los textos que entre ellas fueron expresados métricamente-, para una contribución a este merecidísimo homenaje, tan modesta como cordial. En efecto, justamente en la coyuntura que lo motiva -los primeros años de cátedra del homenajeado- tuve el honor -y saqué el provecho- de colaborar con el doctor Díaz en la Sección de Latín Medieval del CSIC en Valencia, precisamente en el estudio del léxico de las entonces recién coleccionadas inscripciones cristianas hispánicas2. Revolver nuevamente «el Vives» no sólo me hace sentir en su compañía por encima de años y kilómetros, sino que da a estas páginas pátina de añeja y acrecida gratitud.
Sobre inscripciones ya catalogadas en ICERV versarán, efectivamente, estos osados propósitos de anotar todavía algo a los textos que de las mismas han sido editados con evidentes mejoras en RIT.
I. RIT 1003 (= ICERV 299) -cf., también, láms. CXXV 3 y CXXXVII 1 del vol. II de RIT y lám. IV de ICERV- reza así según Alföldy (pág. 442):
El reciente editor señala como no encajados todavía otros dos fragmentos del texto:
|
Menos riguroso había sido yo, atribuyéndolos al final de los vv. 1-4 -el primero de ellos- y a la parte intermedia de los fragmentos del v. 3 -el segundo-, al poder incluirlos «gracias a la deferencia de mis colegas don Pío Beltrán y don José Sánchez Real» en el texto que, de la inscripción de tan célebre sarcófago, di en Apéndice a mi tesis doctoral3. La verdad es, sin embargo, que, pese a la inclusión, no conseguí no ya restituir el sentido de parte tan lacunosa del epitafio, sino ni siquiera recomponer ninguno de sus vocablos, con lo que bien puede tener ahora razón Alföldy al extremar su prudencia a este respecto.
Me congratulo, en cambio, de verle restituir en el v. 5 «concupiui» en vez de «concupieran». El llorado monseñor Vives me lo había aprobado verbalmente, dado que él ya diera concupieram con dudas, según hemos hecho constar, tanto Alföldy, en las variantes de lectura que anota respecto a la de ICERV como yo, al mencionar aquella aprobación4. Y, por otra parte, creo que puedo apoyar su «nullas» en lugar de mi «numquam»5 -una vez asentado concupiui- gracias a una sugerencia verbal, tan antigua como acertada, del doctor P. Batlle, que sólo hace dos años he podido verificar.
Es el caso que, ante el contenido de este epitafio, tan singular en la epigrafía cristiana tarraconense por su intenso colorido moral y casi ascético -habrá que llegar a los mucho más tardíos (y transmitidos sólo por códices) de los arzobispos Juan y Sergio6 para encontrarle algún parangón en la epigrafía tarraconense conservada-, a la vez que por su detallismo biográfico, me alertó el doctor Batlle sobre el sabor paulino que para él rezumaba el texto de este verso 5, en que se pondera el desprendimiento de la difunta ante las galas del siglo. Una relectura ad hoc de todo S. Pablo que hice inmediatamente me resultó infructuosa. Y, sin embargo, mi docto maestro llevaba razón, pues es precisamente S. Pablo quien, en otro lugar del Nuevo Testamento (su despedida de los presbíteros de Éfeso narrada en los Hechos de los Apóstoles7), pronuncia las palabras que parece haber tenido en la memoria -o en la mente, al menos- el versificador del epitafio tarraconense: «argentum et aumm aut uestem nullius concupiui».
Ya se me hace cuesta arriba, en cambio, aceptar la repetición de nullas ante gemmas, en lugar del nec de ICERV que mantuve en IHEV. Dos razones, tanto más convincentes en tanto en cuanto que heterogéneas y coincidentes, lo desaconsejan: de un lado, la sintaxis, para la que en un sintagma trimembre resulta mucho mejor la serie de introductores nullas... nec... nec que la impugnada, dado que ésta sería parte anáfora, parte coordinación, en tanto que aquélla es armónicamente coordinación sin más; y, de otro, la métrica, visto que nullas estropearía del todo el segundo hemistiquio del septenario trocaico en que figuraría.
Cierto que la segunda objeción quizás carezca de validez para Alföldy, dado que -a otros efectos, por supuesto- ha comentado que la métrica de la pieza es incongruente. Pero es este reproche el que, a su vez, parece que puede ser desvirtuado. Por lo menos, no da la impresión de haber, en los septenarios8 conservados por completo, ninguno no reducible a un esquema regular, con prosodia correcta, sin más licencias que algunos hiatos, sobre todo en la diéresis entre los hemistiquios (vv. 6-7 y 9-10); ni, en las porciones fragmentarias de los versos mutilados, ninguna secuencia no trocaica en las condiciones indicadas9.
No parece, por tanto, que deba invocarse la existencia de otra licencia -consonantización de una i en hiato- en el v. 8, pues Alföldy hace bien en dar como insegura la F inicial del vocablo que la presentaría, filiam, y, con ello, sigue teniendo vía libre mi propuesta en IHEV de no suplir este vocablo, sino su conocido sucedáneo poético natam, que «da un verso correcto», sin licencia alguna. Y ello, lo mismo si se le sigue leyendo con el suplemento «tum», en que habíamos seguido a ICERV tanto IHEV como RIT, que si nos pasamos a «cum», tal como -en seguimiento de los consejos que me había dado don Pío Beltrán a poco de mi publicación- me propongo demostrar a continuación que es preferible.
Lo abonan, en primer lugar, las expresiones románicas que heredan dicha construcción latina con preposición -derivada de la misma cum o coincidente con su sentido10-. Pero, en segundo lugar y principal, la existencia de paralelos epigráficos no restituidos, sino conservados, de análogo giro, cf., p. ej., in paruulis annis -interesante porque ofrece la misma desviación semántica de paruulus a «poco»- entre el material reunido por B. Kuebler11.
Compruébese dicha corrección métrica y prosódica en los versos que han sido hasta ahora -que yo sepa- objeto de intentos de suplementación completa, esto es, del 5. º inclusive al final (los de los vv. 5-8 que no figuran en el texto arriba expuesto según Alföldy corresponden a suplementos propuestos por mí en el l. c. I de HEV), transcritos a continuación según las modificaciones que he venido sugiriendo12:
|
De acuerdo con tendencias ya muy acusadas en su época -basta observarlas incluso en los tetrámetros catalécticos de Prudencio-, estos septenarios trocaicos ofrecen claro predominio de pies de dos sílabas -con lo que resultan en varios de ellos ya las típicas 15 sílabas: así en los vv. 5-6, 8 y 10, o sea, en más de la mitad de los completados-. Mas, aun en los otros, los pies de tres sílabas son minoría: dos dáctilos en el v. 7, un tríbraco y un anapesto en el 9 y otro anapesto en el 11. A su vez, la homodinia es también predominante, según se ha indicado marcando con acentos graves las tónicas que no ocupan tiempos fuertes y con agudos, las átonas no alcanzadas por acento secundario que no se hallan en tiempos débiles; la desproporción es patente: sólo 20 sílabas afectadas entre 110 computadas. El tránsito hacia lo que será la futura versificación, pese a la corrección cuantitativa observada, lo acusa, sin embargo, más que nada la clara preferencia, ya, por los hiatos (5) frente a las situaciones en que se verifica la clásica elisión (solamente 3: dos en el penúltimo y una en el último verso). «Licencia» y «regla», pues, estaban ya invirtiendo sus papeles, pero faltaba todavía bastante para que el trueque fuera una realidad: todavía lo «correcto» era la cantidad, mientras que la homodinia -sólo mayoritaria- se le sacrificaba aún.
II.- RIT 995 (= ICERV 297) -cf. también lám. CXLVI 2 del vol. II de RIT- ha sido transcrita por Alföldy (pág. 421) según sigue:
|
La atinadísima corrección propuesta para la línea 2 viene a poner fin a una serie de tanteos de editores precedentes -no todos ellos modelos, precisamente, de congruencia- y es de esperar que, pese al arcaísmo que supone, sea generalmente aceptada, dada la sencillez del error de grabado que postula (equivocaciones entre C y G, de trazo tan coincidente, menudean en los más variados lugares y épocas).
Sin embargo, la dedicatoria en prosa, contenida en las dos últimas líneas, sigue embarullada, especialmente su parte final: el interrogante con que ICERV proponía la suposición de que al comienzo pudiera suplirse «Clymene» persiste en las expresiones de duda con que Alföldy presenta tal posibilidad en su comentario: «vielleicht war das [a saber, Clymene, nombre de la madre de Faetón con la que supone que se compara a la dedicante o a su hija en la acertadamente corregida línea 2] auch ihr Name, falls in Z. 8 [Clyme]ne ergänzt werden kann)»; el «de sentido oscuro» que monseñor Vives anotara a la línea 9 viene recogido en el «(sic)» con que lo empicota -al menos, su indicada parte final- ahora Alföldy. Anotación que no se compadece muy bien con que sea «offenbar» lo que «in der letzten Zeile wollte die Dedikantin... sagen», a saber, «dass die Tochter trotz ihres Alters im Glauben reifer war als sie». Tan poco «patente», que, sin ir más lejos, no parece que lo fuera para Vives en la forma que lo es para él. En efecto, a juzgar por el comentario que acaba de leerse, fide sería el ablativo (sintácticamente justificable como «de limitación») de fides; en tanto que Vives lo da -significativamente, como forma única para el lema fido- como forma de este verbo13 (por tanto, 2. ª sing. pres. imperativo, ¿rigiendo a me como complemento directo?).
El solecismo que un tal régimen de fido supondría, la oscuridad que de ello y de otros detalles de la línea se reconoce que deriva, en fin, todo lo que le ha hecho merecer un sic infamante de parte del reciente editor, tendrían arreglo fácil y completo -que redundaría, además, en una mayor coherencia de la relación entre esta parte prosaica del epitafio y la versificada que precede-, si se prescindiera de una y otra hipótesis, suponiendo que, al lado del nomen Annia (bien «conocido», como comenta Vives), lo que figura es, sencillamente, un cognomen, mejor todavía si de origen y flexión griega (dadas estas características en el que así resulta ser nombre de la difunta, que aparecería en dativo en el renglón precedente, con terminación grecánica, pero concordando debidamente con filiae dulcissime14, de la misma manera que, con terminación también grecánica de nom. o dat. -y aun de ablativo, si resultara necesario por el contexto-, se presenta en la línea 2), nomen y cognomen que, en correctos nominativos -por más que grecánico, pero lógicamente, el segundo-, concuerdan con el también nominativo mater que inmediatamente sigue. De manera que el significado trivial de una tal dedicatoria en prosa viene a ser:
|
Annia Fídime, la madre, a su hija dulcísima Climene, que vivió un año, ¿tres (o cuatro u ocho?) meses y doce días. |
A una tal normalidad no parecen oponerse más que los siguientes inconvenientes, probablemente soslayables según indico:
|
Tanto RIT como ICERV imprimen punto ante Annia, pero debe considerarse asunto de la transcripción -y ésta, de acuerdo con las interpretaciones respectivas que, precisamente, acabo de impugnar-: en efecto, el punto está en el epígrafe -y se aprecia claramente en la lámina aquí aludida al empezar a tratar de él-, pero también los hay antes de XII y de mater: se explican, pues -en uso no sintáctico, sino epigráfico bien conocido-, como intentos de quebrar la scriptio continua15 para destacar verbalmente -sin romper por ello la cohesión sintáctica- el numeral y la onomástica. Fideme, si es, como me figuro, el femenino del también sólo epigráficamente atestiguado Fe/idimoj16, presenta tres vulgarismos de golpe: f por ph, i por ei, e por i; pero todos ellos son perfectamente justificables dada la época del texto17 y la innegable propensión al vulgarismo que supone el ya mencionado testimonio de monoptongación de ae en dulcissime: los dos primeros corresponden a la pronunciación del griego helenístico desde el cambio de era (fricación de la correspondiente aspirada e itacismo del diptongo); el tercero, a uno de los fenómenos más generales del vocalismo en casi toda la Romania (en Hispania, desde luego): la abertura de las breves i y u en e y o, respectivamente. |
A cambio, pues, de admitir las justificaciones que he propuesto, creo que con mi sugerencia -aparte de la normalidad que procura a la parte dedicatoria a que se aplica directamente- la interpretación del conjunto del epitafio cobra ventajas evidentes:
|
No hace falta (por descontado que tampoco se excluye su posibilidad si el contexto la aconseja) la «comparación» con la madre de Faetón. Se asegura el nombre de la difunta como Clymene, y ello resulta una corroboración indirecta de la corrección de Alföldy en la línea 2 que he elogiado al empezar. Pero, sobre todo, se discrimina, también con seguridad, a quién corresponden los nombres que el epígrafe ofrece, a saber, exactamente al revés de lo que en su estado de confusión habían podido hacer pensar18: Climene es la hija difunta; Annia Fídime, su madre, la dedicante. |