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Algo

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ArribaAbajo

«De omni re scibili»


ArribaAbajo¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos
       ya no son, para mí,
lo que llama misterios sobrehumanos
       el vulgo baladí.
Sólo la ciencia a mi ansiedad responde,  5
       y por la ciencia sé
que no existe ese dios que siempre esconde
       el último porqué.
Sé que soy un mamífero bimano
       (que no es poco saber)  10
y sé lo que es el átomo, ese arcano
       del ser y del no ser.
Sé que el rubor que enciende las facciones
       es sangre arterial;
que las lágrimas son las secreciones  15
       del saco lacrimal;
que la virtud que al bien al hombre inclina
       y el vicio, sólo son
partículas de albúmina y fibrina
       en corta proporción;  20
que el genio no es de Dios sagrado emblema,
       no, señores, no tal:
el genio es un producto del sistema
       nervioso cerebral,
-104-
y sus creaciones de sin par belleza  25
       sólo están en razón
del fósforo que encierra la cabeza,
       ¡no de la inspiración!
Amor, misterio, bien indefinido,
       sentimiento, placer...  30
¡palabrotas vacías de sentido
       y sin razón de ser!...
Gozar es tener siempre electrizada
       la médula espinal,
y en sí el placer es nada o casi nada,  35
       un óxido, una sal.
¡Y aun dirán de la ciencia que es prosaica!
       ¿Hay nada, ¡vive Dios!,
bello como la fórmula algebraica
       C = p r 2?  40
¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos
       ya no son, para mí,
lo que llama misterios sobrehumanos
       el vulgo baladí...
Mas ¡ay!, que cuando exclamo, satisfecho:  45
       ¡todo, todo lo sé!...
siento aquí, en mi interior, dentro mi pecho
       un algo... un no sé qué...



  -105-  


ArribaAbajo

Indigestión


ArribaAbajo    Empezó a tener hambre mi cabeza,
y se zampó mi virginal pureza;
tuvo mas hambre, y, sin pedir permiso,
después de mi inocencia,
tragose, hasta la hartura,  5
mis dulces ilusiones,
mis sueños de ventura,
de mi fe las risueñas creaciones,
mis bellas esperanzas...;
tuvo más hambre... ¡aún más!... En conclusión  10
llegó hasta devorar mi corazón.
    Aquí una reflexión:
(tal vez voy a decir una simpleza)
¿verdad que mi cabeza
por fuerza ha de morir de indigestión?  15



  -106-  


ArribaAbajo

Fabulita


ArribaAbajo    Juan tenía un diamante de valía,
y, por querer saber lo que tenía,
la química estudió, y ebrio, anhelante,
analizó el diamante.
    Mas ¡oh, qué horror!... Aquella joya bella,  5
lágrima, al parecer, de alguna estrella,
halló, con rabia y con profundo encono,
que era sólo un poquito de carbono...
    Si quieres ser feliz, como me dices,
no analices, muchacho, no analices...  10



  -107-  


ArribaAbajo

A mi beldad


ArribaAbajo    Sé que a tus ojos, bien mío,
no soy lo que tú a mis ojos;
sé que mi amor, si no enojos,
al menos te causa hastío.
    Sé que aunque yo amor te rindo  5
con el pecho lacerado,
siempre que estás a mi lado
te fastidias de lo lindo.
    Y pues sé tanto y aun más
que no puedes figurarte,  10
y pues sé, por otra parte,
que tú nunca me amarás;
    no te pido tu querer,
ni quiero que amor me implores:
yo no quiero que me adores,  15
sino que me lo hagas ver.
    Cuando a una cita responda,
para no armarte quimera
toseré por la escalera,
y si hay alguien, que se esconda.  20
-108-
    Tú mitigarás mi hastío
contándome tus recelos,
o bien fingiéndome celos,
o llamándome ¡ángel mío!
    Y en cambio serás ¡mi gloria!,  25
y aplacaré tu rigor
con juramentos de amor
aprendidos de memoria.
    Y aunque el fuego nos alumbre
del amor sólo un invierno,  30
le llamaremos eterno,
según es uso y costumbre.
       1872



  -109-  


ArribaAbajo

Aniversario



- I -

ArribaAbajo    Abrazada con su madre
contemplaba, triste, Andrea
el entierro de su padre,
y alguien murmuró: -¡Qué fea!...-
Subiole al rostro el rubor,  5
arrugose su entrecejo,
y, olvidando su dolor,
corrió a mirarse al espejo.


- II -

    Un año después llorando,
y que su luto acababa  10
alegre considerando,
¡la madre a la hija así hablaba!...
-¡Hoy se cumple un año, Andrea!...
-¿Hoy?... ¡No recuerdo!... ¡Es extraño!...
¡Ah!, sí, sí... (¡Hoy hace un año  15
que un hombre me llamó fea!)



  -110-  

Libertad

¡Viva la libertad! (VARIOS)

    Se casan dos, con profundo
amor o por compromiso,
y, sin pedirnos permiso,
nos envían a este mundo.
¿Nacemos por voluntad?  5
No, pues aún no la tenemos,
y sin embargo nacemos...,
y... ¡viva la libertad!...
    Al niño esclavizan ya
(¡oh bienhechor hado nuestro!)  10
la nodriza y el maestro,
y su papá y su mamá.
Crecemos y, con la edad,
su poder no respetamos
y libres nos declaramos,  15
y... ¡viva la libertad!...
    Mientras libres creemos ser
nuestra voluntad detiene
el reloj, que nos previene
lo que debemos hacer,  20
o atajan la voluntad
los caprichos de una amada,
o la palabra empeñada,
y... ¡viva la libertad!...
-111-
    Tanto al necio como al cuerdo  25
la esclavitud les alcanza:
al joven con la esperanza,
al viejo con el recuerdo.
Llega ya la última edad,
y, por más que no queramos,  30
es preciso que muramos,
y... ¡viva la libertad!...
    De la cuna al ataúd,
si libres logramos ser
es sólo para escoger  35
la clase de esclavitud.
Ven ¡oh libre humanidad
que vives sólo entre penas!,
y al rumor de tus cadenas
aclama tu libertad.  40



  -112-  


ArribaAbajo

Epístola


ArribaAbajo    Fabio, consejos me pides
que sirvan para guiarte
en las mundanales lides,
y consejos voy a darte;
¡ojalá no los olvides!...  5
    ¿Será así? No. ¡Quién ignora
la gran verdad que atesora
el verso, que tanto envidio,
aquel de Video meliora
sed... etcétera, de Ovidio!...8  10
    Aunque olvides los demás,
sigue siempre este consejo:
no quieras a nadie más
que aquel que dentro verás
cuando mires a un espejo.  15
    Sé bondadoso, sé humano,
sé, sobre todo, sencillo,
y lleva, cual todos, llano
el corazón en la mano...
y la mano en el bolsillo.  20
-113-
    Cree en Dios y en la mujer.
¡Es tan cómodo el creer!
Aquel que se arroja al mar,
si fe no alcanza a tener
nunca aprenderá a nadar.  25
    No sea libre tu opinión;
ponla antes, si bien la tratas,
hoy bajo la advocación
de San Éxito, patrón
de las personas sensatas.  30
    Quien más grita que es sagrada,
santa, la vida privada,
es fácil tenga esa vida,
imparcialmente juzgada,
más que privada, prohibida.  35
    Eso es cierto, pero tú
no te metas en dibu-
ni en saber vidas aje-
como dijo el otro, y ve
de enviarlos a Belcebú.  40
    Si no lo hicieres, tu error
hará que algún mal te alcance,
pues siempre anhela, en tal trance
tener un lance de honor
quien tiene un honor... de lance.  45
    Si fuese tu consejera
la pobreza con que lidio,
no la creas si dijera:
«Sé honrado de tal manera
que no vayas a presidio».  50
-114-
    «Has de estudiar la moral
en el código penal».
«Ten por axioma profundo
que el mal, hoy por hoy, no es mal
hasta que lo sabe el mundo...».  55
    Tu propio ser estudiar
te recomiendo, y no en vano;
estúdiate a ti y llegar
podrás pronto a despreciar
a todo el género humano.  60
    Emplea la adulación,
pero nunca a manos llenas;
un simple ¡oh! de admiración
basta a embriagar seis docenas
de reyes de la creación.  65
    En fin: haz por ser virtuoso
de una manera agradable;
no quieras hacer el oso;
sé con todos bondadoso
y aprende a tirar el sable.  70



  -115-  


ArribaAbajo

Mis cuatro muertes


ArribaAbajo    La amaba como se ama cuando se ama.
De mi pasión la llama
encendió con el fuego de sus ojos,
y amor eterno la juré de hinojos.
Era feliz (¡oh!, ¡quién decir pudiera  5
siempre soy, nunca era!).
La amaba, ella también. Yo, pobre loco,
fui fiel, ella... tampoco.
Mi llanto apagó el fuego de la fragua
que ardía en mí, y mi pecho disolviose  10
como un terrón de azúcar en el agua.
Su amor era mi vida;
quedó, al perderse aquél, ésta perdida,
y me morí.

Resucité, y, hastiado,
quedé al resucitar transfigurado.  15
No era el yo del siguiente
el yo del día antes,
cosa que, tras un trueno, es consiguiente
suceda a casi todos los amantes.
Desengañado del amor, mi anhelo  20
en la amistad buscó dulce consuelo
y mi vida partí con fe sincera;
no (digo mal: partí), se la di entera
-116-
a un amigo -que lo era me creía...-
Pero un día llegó, ¡terrible día!,  25
le tuve de pesar en la balanza
del interés, y aquel amigo mío
a quien quería yo con tanto exceso
cedió a una onza9 de peso.
Al sufrir desengaño tan horrible,  30
sentí pena indecible
y me morí otra vez.

Volví a la vida.
Mi mente fue atraída
por esa meretriz que llaman gloria,
y la seguí; confiado en la victoria,  35
por ella batallé; la mente mía
un día y otro día
luchó con frenesí... Mi loco anhelo
un desengaño halló, que no un consuelo,
y vi a aquella que virgen yo creía  40
prostituirse vilmente a la Osadía.
Sentí que un dardo agudo
me atravesó. Sufrí dolor de muerte,
y me volví a morir.

Mi extraña suerte
quiso que nueva vida recobrase  45
y a la ciencia con fe la consagrase.
Midió mi inteligencia,
-117-
la inmensidad del cielo de la ciencia,
y allí me hizo encontrar mí suerte ruda
tras de un porqué la duda.  50
Y en mi espíritu entró, y con vil aliento
emponzoñó del alma el sentimiento
más puro, más divino;
el único que pudo mi destino
salvar de mis tres muertes anteriores.  55
¡Sí, me volví a morir!

Muerto me creo,
aunque ¡quién sabe si vendrá un deseo
a despertar mi alma mal dormida
ofreciéndola dichas sin medida!
    Es fuerza, así lo veo,  60
morirse muchas veces en la vida.



  -118-  


ArribaAbajo

«Ecce homo!»


ArribaAbajo    Hace ya veinticuatro años
que vivo solo conmigo
y hace cuatro que deseo
divorciarme de mí mismo.
    Todo cuanto me rodea  5
me causa profundo hastío,
y si entro en mí, me da espanto
y me da horror lo que miro...
    Mi cabeza es vasto caos
caliginoso y sombrío  10
del que nunca saldrá un mundo,
y es mi corazón un circo
en que luchan como fieras
mis virtudes y mis vicios.
    Sin una estrella en mi cielo,  15
en negra noche camino;
busco flores y hallo abrojos,
celeste aroma percibo,
corro a él, y, al correr, ciego,
mis pies hallan el vacío;  20
imposible es detenerme,
-119-
caigo rodando a un abismo,
logro agarrarme a una rosa...,
¡y se desprende conmigo!
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  25
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Hoy ni amar ni sentir puedo...  30
    ¡Oh!, cuando pienso que he sido
feliz..., que podría serlo...
    Un día, día maldito,
una ansia de saber loca,
hizo probar a mi espíritu  35
la, por vedada, incitante
fruta del árbol prohibido
del bien y del mal... ¡La ciencia
me arrojó del paraíso!
    Cruel ella, en microscopios  40
mis ojos ha convertido;
la que otros ven agua pura
llena de infusorios miro,
y donde hallan amor ellos
sólo descubro egoísmo.  45
    Hay quien de noche, en el bosque,
se encanta ante el puro brillo
de una luz que entre las hojas
del césped se abre camino;
yo no, no puedo encantarme  50
-120-
y a aquella luz me aproximo,
hasta encontrar el gusano...,
¡y hago en el mundo lo mismo!
    Y si me causa la vida
aburrimiento y fastidio,  55
sólo al pensar en la muerte
me vienen escalofríos.
Mal si vivo, y peor si muero,
ved si estaré divertido...
   Si los seres de la tierra  60
viven todos cual yo vivo,
¡como hay Dios (si lo hay) no entiendo
para qué habremos nacido!...
    ¡Maldita sea mi suerte
y el día sea maldito  65
en que me enviaron al mundo
sin consultarlo conmigo!...



  -121-  


ArribaAbajo

«Delirium»


ArribaAbajo    Al través del ramaje el sol poniente
veíase brillar, tal como brilla
de una española la mirada ardiente
tras el bordado tul de la mantilla.
    Tendime sobre el césped, y liada  5
mi manta coloqué sobre una piedra
convirtiéndola en rústica almohada
al pie de un tronco preso entre la hiedra.
    Y allí miré, del cielo en los profundos
espacios encenderse las estrellas  10
que desde que me han dicho que son mundos
como este mundo, ya no encuentro bellas.
    Del cáliz de una flor que se entreabría
como si bostezando despertara,
vi de pronto, asombrado, que salía  15
un ser de forma peregrina y rara.
    Ceñía por corona una sortija,
y un alfiler servíale de espada,
y su boca en un cuerno estaba fija
que era un fragmento de una sonrosada.  20
-122-
    Al sonido que el cuerno produjera
sobre sus labios diminutos rojos
se conmovió Naturaleza entera
y un nuevo aspecto revistió a mis ojos.
    Y vi a un clavel borracho de rocío;  25
las flores a mirarlo se inclinaban
y al verlo en tan extraño desvarío
entre sí y al oído murmuraban.
    Un ruiseñor estaba entretenido
cogiendo una luciérnaga, y a guisa  30
de farol la llevaba hacia su nido
para dar a sus hijos miedo y risa.
    Un lagarto, arrastrándose suave,
iba jadeante y loco por el suelo
persiguiendo la sombra de una ave  35
que volaba tranquila por el cielo.
. . . . . . . . . . . . . .
    Con terror junto a mí vi reposaba
un cráneo, entre otros lúgubres despojos,
que con fijeza extraña me miraba
por los huecos sombríos de los ojos.  40
    Y una voz que del cráneo a mí venía,
helándome la sangre de las venas,
oí, muerto de espanto, que decía
con un sonido perceptible apenas:
   «Nadie, nadie al morir se muere todo,  45
»aún persiste en el muerto la conciencia,
»de su ser, sin que pueda de algún modo
»revelar a los otros su existencia.
-123-
    »Hija sólo del cerebro, nuestra alma
»vive mientras un átomo subsiste  50
»de su cuna, y en vano busca calma
»que ni el no ser es cierto para el triste.
    »Y sufre sin que a nadie decir pueda
»su íntimo, su profundo sufrimiento,
»y ni el consuelo de esperar le queda  55
»en la muerte total del pensamiento.
    »Do sus átomos van, allí les sigue,
»y es un tormento su existir eterno,
»que, por su inmenso horror, vencer consigue
»a todos los tormentos del infierno».  60
. . . . . . . . . . . . . .
    Tiñose Oriente del color de rosa,
encendida, fragante y hechicera,
que tienen las mejillas de la esposa
al tálamo al saltar por vez primera.



  -124-  


ArribaAbajo

La última cuerda


ArribaAbajo Cuatro cuerdas rompí de mi lira,
       hiriéndola lleno
del afán de volar y alejarme
       del mundo y su cieno,
cual el ave que quiere ser libre,  5
       lanzando mil quejas,
hiere, ciega de cólera, el áureo
       metal de sus rejas.
Amo y sufro; la cuerda que sólo
       le resta a mi lira  10
de mi bien al oído no llega
       por más que suspira.
A su arco ha de atarla Cupido,
       la cuerda ya arranco...,
mas tal vez al tenderla se rompa  15
       sin dar en el blanco.
Si al extremo sutil de una caña
       a atarla me atrevo
y mis sueños de amor y de gloria
       coloco por cebo,  20
-125-
y a pescar voy la suerte en el mundo...
       es fácil la pierda;
que es posible que un monstruo arrebate
       el cebo y la cuerda.
¡Ah!, ya sé... Si no alcanzo fortuna,  25
       ni es mía la bella,
a mi cuello la cuerda yo anudo
       y me ahorco con ella.



  -126-  


ArribaAbajo

Fábula


ArribaAbajo    Cruzando por los profundos
espacios iba un cometa,
y cuentan que rabiaba,
al ver la distancia inmensa
a que estaba de este mundo,  5
de que no le apercibiera
ni aun el más estudioso
astrónomo de la tierra.
-¿Cómo lo haré -se decía-
para que todos me vean  10
y cuenten que soy, acaso,
un pronóstico de guerra,
de muerte de rey o papa,
de año de peste y miseria?
¿Cómo lo haré? -repetía  15
sin suspender su carrera.
    De repente acertó el modo
de realizar su idea:
pasó por delante el sol
y una mancha dejó impresa,  20
móvil, del astro del día
en la esplendorosa esfera.
-127-
    Al ver la mancha, el astrónomo
adivinó la existencia
del que fuera, a no manchar,  25
un ignorado cometa.
    (Y el cometa, con su maña,
más que a servir a la ciencia,
aprovechó a la ignorancia,
que aprendió la estratagema.)  30



  -128-  


ArribaAbajo

A un amigo10



Amaro e noia
la vita, altro mai nulla, e fango é il mondo

Leopardi                


ArribaAbajo    Si eres mi amigo aún, mi queja atiende;
si el gusano egoísmo ha carcomido
nuestra amistad, que, cual roído tronco,
al apoyarse en él rómpese y cae,
no leas, no..., mas si eres egoísta,  5
ya al hallar versos tirarás la carta.
    Dudo, he aquí mi mal. Dudo, y no siento
para creer, ni voluntad ni fuerza;
todo es falso tal vez, nunca la íntima
esencia yo sabré de cuanto veo.  10
Puedo leer tus prodigios ¡oh infinito!,
y analizar la luz de las estrellas
que en lontananza trémulas se pierden,
y analizar la luz de las miradas
y en el alma leer, es imposible.  15
-129-
    Y ¿cómo no dudar, si hay solamente
en todo el mundo hipocresía y farsa?
Brillo y honor la falsa gloria crea,
cual con cartón dorado se fabrican
arneses y coronas, mas de lejos,  20
para el corto de vista, todo es oro.
El mérito se esconde en su modestia
y atrevida se eleva la ignorancia;
así en los mares lo ligero flota
y tan sólo en el fondo existen perlas.  25
    ¡Elevarse! ¡Subir!... Si faltan alas,
hay otro medio aún; a las alturas
no el águila tan sólo, también llega
el reptil ¡y es tan fácil arrastrarse!
Y quien está en la cima, si ambiciona  30
subir más todavía, tiene el medio
de rebajar cuanto a su entorno existe.
    ¡Y obran tantos así!, mas ¿quién los culpa?,
¡nadie; que aunque cobardes, miedo inspiran!
    Otros aun hay, del ambicioso escala,  35
que de honradez por dondequier blasonan
y, débiles, son cómplices del crimen
viéndolo indiferentes: nunca enlazan
la causa y los efectos: no comprenden
jamás que el mal ajeno puede herirles.  40
Tranquilo ve el colono arder los bosques,
no se opone al incendio, lo aprovecha;
pero después los aguaceros vienen
y obstáculos no encuentran en el monte,
y al llano corre desbordada el agua,  45
y el campo inunda y al colono ahoga.
-130-
    Con su indolencia apática los unos
y con malicia los demás permiten
que en este mundo la mentira reine.
Pero ¿y la juventud? Si el egoísmo  50
sólo es propio del viejo ¿por qué aquélla
no lo transforma todo en bien de todos?,
¿qué hacen en tanta confusión y engaño
los que por su nobleza y su fortuna
deben a los demás dar el ejemplo?  55
    Vistiendo la librea de la moda,
ridícula cual siempre en sus caprichos,
mirad a ese gommeux. De su cabeza
más cuida el peluquero que el maestro.
Amigo de toreros y danzantes,  60
protege siempre el arte, y se diría
que de un monstruo nació, no de una madre,
¡tanto infama y calumnia a las mujeres!
Entre visitas, juegos y teatros
para pensar no tiene ni un momento.  65
¡Este es el homo sapiens de Linneo!
Si todos cual él fuesen, hasta el día
del Final no tendríamos juicio.
    Al ver tal farsa y tanta infamia ¿en dónde
¡oh verdad y virtud!, puedo encontraros?  70
Me dicen que en el pueblo, y ¿qué es el pueblo?
¿Es la turba que ríe y alborota
en la plaza de toros, su academia?
¿Es la que he visto recorrer las calles
¡Viva la libertad! gritando alegre  75
y es la esclava tal vez de su ignorancia,
de sus pasiones luego, y de los ídolos
que un día eleva para hundir el otro?
-131-
    Yo creo que hay virtudes, porque hay vicios,
mas no las sé encontrar donde las busco,  80
y es que huyó la virtud de las ciudades,
tan pequeñas para ella, acostumbrada
a vivir en el alma de los justos.
Y esto será. ¿Cómo es posible que ella
vea de la ciudad la eterna farsa  85
sin que desee abandonarla? Creo
ver siempre por las calles del Olimpo
los desterrados dioses. El dios Momo
ha arrojado a Talía del teatro;
quincalla al pormenor venden las Musas;  90
Venus ya no es modelo del artista,
pues ahora la belleza está en las Furias;
Vulcano pone alegres a las Parcas
fraguando siempre máquinas de guerra,
y Mercurio, en la Bolsa, que es su templo,  95
embobado contempla al buen Cupido
que, sin venda en los ojos, echa cuentas.
    Y Cupido obra bien, porque los hombres
sólo en el interés ya se interesan,
y, del oro a excepción, los que oro guardan  100
en ellos mismos solamente creen,
que es creer, a fe mía, en poca cosa.
    ¿Y remedio no habrá? ¿Es, por ventura,
el progreso una rueda que nos vuelve,
después de recorrer siglos de gloria,  105
al estado salvaje, nuestro origen,
cual vuelve al mar la pobre gota de agua
que desde el mar se remontó en la nube?
El hombre que ha enlazado extraños pueblos
esclavizando al rayo ¿nunca, nunca  110
-132-
podrá salvar esta distancia inmensa
que entre cabeza y corazón existe?
Él, que torna el carbón en diamante,
¿no sabrá transformar el egoísmo
en amor, y engarzarlo en su corona?  115
    ¡Oh!, ¡quisiéralo Dios!, entonces fueran
hombres los hombres; las mujeres, ángeles.
Tal día no ha llegado; si una pura
idea o virtud tienen, la corrompe,
el creciente egoísmo, en sus efectos  120
parecido al incendio: ¡siempre el humo
mancha lo que la llama ha respetado!
    ¡Feliz tú! Feliz tú que en la campiña
vives, lejos del ruido, en santa calma,
y en las de invierno, para mí tan tristes,  125
eternas noches, del hogar en torno,
al calor y a la luz de los tizones,
mientras tu esposa al pequeñuelo mece
cantando dulces cantos, tú a los otros
santas plegarias con ternura enseñas,  130
y el aire, al penetrar por las rendijas,
los bucles de los niños agitando,
hasta ti lleva el resinoso aroma,
que aquí nunca percibo, del salvaje
pino copudo que en los montes crece.  135



  -133-  


ArribaAbajo

¡Ojalá!


ArribaAbajo De dichas el mundo lleno
estaría, al mal ajeno,
a ser de distinto modo
       los humanos.
¡Oh!, si al revés fuese todo,  5
las mujeres amarían
y los hombres vivirían
       como hermanos.
Si la fama, los honores,
la justicia y los loores;  10
si todo esto no se hallase
       a ningún precio,
si el dinero no comprase
un ¡cuán sabio!, un ¡yo te adoro!...
miraríamos el oro  15
       con desprecio.
Si la virtud, la inocencia,
la rectitud de conciencia
y de amor la pasión pura,
    fuesen males  20
-134-
y únicos males sin cura,
ya seríamos los seres
todos, hombres y mujeres,
    inmortales.
Y aun mejor todo estuviera  25
que de alguna otra manera
si Dios lo hubiese dispuesto
       de otro modo,
descansando el día sexto,
no teniendo afanes vanos  30
y no ensuciando sus manos
       con el lodo.



  -135-  


ArribaAbajo

Reflejo


ArribaAbajo    Siempre en todo su reflejo
fuerza es que el humano vea:
todo cuanto nos rodea
se nos convierte en espejo.
    Dentro nosotros existe  5
la alegría o la tristeza
de que a la naturaleza
nuestro espíritu reviste.
    La flor que hollada verás,
sin saber por qué razón  10
te inspirará compasión,
y si tienes callos, más.
    Los favores del sol cantas
con el alma agradecida
y él ni sabe que dé vida  15
a fotógrafos y plantas.
    (Porque el sol, aunque te asombre,
ignora completamente
que alumbre en la tierra a un ente
que se haga llamar el hombre.  20
-136-
    ¡Si ignora nuestra existencia
hasta el insecto que zumba
sobre la cuna o la tumba
con igual indiferencia!)
    De nuestra esencia impregnamos  25
y damos nuestras pasiones
a todas las creaciones
que hacemos o que aceptamos.
    Quien vive siempre entre pena
y remordimiento y dudas  30
no sabe ver más que a Judas
en el cuadro de la Cena.
    Miro a Cristo, y siempre en sus
ojos mi frialdad he visto;
y era todo fuego el Cristo  35
de Teresa de Jesús.
    En todo estamos nosotros
copiados con perfección:
el hombre y la mujer son
lo que piensan de los otros.  40
    Juzga que le aman el joven,
piensa el malo que le dañan,
cree el falso que le engañan,
teme el ladrón que le roben.
    Y siguiendo estos juicios  45
sé que en los demás adoro
mis virtudes, o deploro
amargamente mis vicios.
-137-
    En ella, en mi dulce amada,
sólo a mí mismo me veo,  50
aunque a veces el deseo
multiplique mi mirada.
    Y en verdad tanto es así,
tanto vivo yo en mi bella,
que hasta cuando pienso en ella  55
pienso que ella piensa en mí.
    Si ella mi esperanza trunca
si ella me ha dado su fe,
ésta es cosa que no sé,
ni supe, ni sabré nunca.  60
    Nunca el secreto maldito
de lo íntimo, de la esencia,
podrá arrancar nuestra ciencia
del seno del infinito.
    Y en aislamiento profundo;  65
sin creer en nada ni a nadie,
la luz que mi mente irradie
me hará más oscuro el mundo.



  -138-  


ArribaAbajo

¡Oh! ¡¡El honor!!


ArribaAbajo    Extraña pregunta, a fe,
       la de usted,
pues a preguntar se atreve,
y esto gran audacia implica,
lo que el honor significa  5
en el siglo diez y nueve.
    ¡Qué pregunta! ¡¡Es un horror!!
¿Y su ignorancia no llora?
¿Un hombre del siglo ignora
lo grande que es el honor?,  10
       ¡oh!, ¡¡el honor!!
    Pues yo se lo probaré,
       verá usted:
    Si se atreve un periodista
a decir en su diario  15
que fue un tiempo presidiario
quien hoy es capitalista,
    tal verdad será un error
si el aludido, en tal trance,
da muerte al otro en un lance  20
llamado lance de honor
       ¡oh!, ¡¡de honor!!
    Lo mismo que yo lo sé
       sabe usted
que si en ciertos escondrijos  25
hay quien a jugar se atreve,
-139-
y, para quedar bien, debe
robar el pan a sus hijos,
    de su familia al amor
antepondrá su honor ciego,  30
porque una deuda de juego
es una deuda de honor
       ¡oh!, ¡¡de honor!!
    La casada que yo sé,
       dice usted  35
que tiene con más de cuatro
correspondencia secreta;
pues bien: lo que más le inquieta
es asistir al teatro,
    pues encienden su rubor,  40
que brilla con falsas lumbres,
esos dramas de costumbres
en que se ofende al honor
       ¡oh!, ¡¡al honor!!
    Más todavía diré,  45
       ¡oiga usted!
    La voz del caudillo escucha,
y, en el fragor del combate,
no hay quien no muera o no mate,
aun sin saber por qué lucha.  50
    No le da al caudillo horror
de aquella gente la suerte
y da a aquel campo de muerte
nombre de campo de honor
       ¡oh!, ¡¡de honor!!  55



  -140-  


ArribaAbajo

Conformes


ArribaAbajo    Es bella, te ama. -Yo tu ventura,
aunque ya envidio, más envidiara
si no supiera que su hermosura
está en tus ojos más que en su cara.
    Su amor -y conste que no es despecho,  5
que de mis dudas no son resabios-
está en sus labios más que en su pecho
y está en tu mente más que en sus labios.
    Pero ¡qué diablo! Cual sólo es justa
la ley cuando hace lo que queremos,  10
sólo es belleza lo que nos gusta,
verdad es sólo lo que creemos.
    Veo que sabe tu inexperiencia
lo que el estudio más viejo ignora.
Te compadece mi altiva ciencia;  15
mi alma, al saberlo, te envidia y llora.



  -141-  


ArribaAbajo

Excepción


ArribaAbajo    Nada muere en el mundo. El movimiento
transformase en calor, luz o sonido;
la materia es eterna:
cuanto es también será, también ha sido.
    Al esconder el sol sus resplandores  5
no se pierde la luz con que ilumina;
transfórmase en matices en las flores,
en imágenes mil en la retina.
    El carbón que da el gas a las ciudades
y el fuego a la veloz locomotora  10
fue bosque en remotísimas edades,
y es la luz, que en sí encierra
y nos devuelve ahora,
la luz del sol que le alumbró en la tierra.
    Sobre el mar la gaviota se desliza  15
y el agua con sus alas débil hiere,
y aquella ondulación con que el mar riza
no efímera allí muere,
que en las lejanas playas se confunde
con las que causa el barco que se hunde.  20
-142-
    ¡Sólo en el mundo la memoria humana
es fuerza que sucumba,
y del yo nada queda en pos la tumba!
    El hombre al hombre olvida,
si le es indiferente, cuando muere,  25
y si le debe algún favor, en vida.



  -143-  


ArribaAbajo

Contra Darwin


ArribaAbajo    Cuentan que en Abisinia, una manada
de feos babuinos11
fue de Brehm por los perros atacada
al cerrarle del monte los caminos.
    De entre los cuadrumanos los más viejos  5
sobre los perros prestos se arrojaron,
y éstos al punto el campo abandonaron
no creyendo seguros sus pellejos.
    Al ver trepar en salvo por las rocas
y huir al monte la simiana gente,  10
Brehm, contando sus fuerzas, que eran pocas,
azuzó a su traílla nuevamente.
    Esta corrió veloz, y en un momento
el valle ensordeció con sus ladridos
al alcanzar, de todos los huidos,  15
a un pequeño babuino rezagado
que apenas cinco meses contaría,
y que, al verse cercado,
prorrumpió en agudísimos chillidos.
-144-
    Al escuchar sus voces de agonía,  20
un viejo babuino,
bajó del salvador monte vecino,
se echó sobre los perros; con sus brazos
el cerco hizo pedazos;
arrebató al pequeño  25
y huyó con él, le dio su valor alas,
y ceder no le hicieron de su empeño
ya ni los perros, ni de Brehm las balas.
    Herido, ensangrentado,
llegó el heroico mono a la montaña  30
y entregó a los demás el rescatado.
Tal vez la muerte coronó su hazaña.
    Las doctrinas de Darwin abandono,
pues a decir, ¡oh estupidez!, se atreve
que mucho el hombre se parece al mono.  35



  -145-  


ArribaAbajo

Ciencia imposible


ArribaAbajo    Un geólogo de Inglaterra
hizo a su país notorio,
sin moverse de su tierra,
ni aun de su laboratorio,
    los ríos y las montañas  5
que escondían al mortal
las misteriosas entrañas
de toda el África austral.
    Y Livingstone, que seguía
aquella ignota región,  10
de cuanto el sabio decía
halló la confirmación.
    Estudiando Le Verrier
un intrincado problema,
un nuevo astro creyó ver  15
en nuestro solar sistema.
    Y citándole en su esfera,
al saber su movimiento,
le mandó compareciera
a un punto del firmamento.  20
-146-
Contra todo lo esperado,
de la región infinita
en el punto señalado
Neptuno acudió a la cita.
    En las regiones vecinas  25
a la bíblica Israel,
donde aún se ven las ruinas
de Nínive y de Babel,
    de ladrillos calcinados,
se hallan montones enormes,  30
en cuya arcilla hay grabados
caracteres cuneiformes.
    Botín fueron de un viaje
y un sabio halló su secreto,
y resucitó un lenguaje,  35
y adivinó un alfabeto,
    y en los signos descubiertos
hoy leer bien podemos ya
la historia de pueblos muertos
veinticinco siglos ha.  40
    Y ni uno de los tres sabios,
ni ningún sabio del mundo,
osa desplegar los labios
ante el misterio profundo
    del microcosmos, del ser;  45
mundo en cuya realidad
todo se puede saber,
todo, menos la verdad.
-147-
    Nadie sus leyes percibe,
sus secretos no sabemos,  50
y esto que en nosotros vive
desde el punto en que nacemos.
    Ni aun el sabio de más fama,
si es de lo falso enemigo,
dirá: esta mujer me ama,  55
o bien: este hombre es mi amigo.



  -148-  


ArribaAbajo

Lo respetable


ArribaAbajo    Una ballena vieja y arrugada,
con pocos dientes, casi ya sin vista
o a lo menos con vista muy cansada,
andaba por los mares poco lista,
arrastrando su mole fatigada.  5
    Ella que huyó el arpón del ballenero
cuando tenía el cuerpo más ligero,
perdidos ya el olfato y la destreza,
no asomaba a flor de agua la cabeza
temiendo siempre al pescador artero.  10
    -¿Pues cómo el pez hallaba y engullía?
-Es natural: el miedo aún subsistía
que infundiera, y, con santa devoción,
a ser comido el pez se sometía...
por respeto a la antigua tradición.  15



  -149-  


ArribaAbajo

La mujer


ArribaAbajo    Para poder comprender
el misterio que calculan,
los que la odian o la adulan,
que se encierra en la mujer,
    basta saber el real  5
y profundísimo enlace
en que confundido yace
lo físico y lo moral.
    Mujer y hombre se parecen
al ser niños; con la edad  10
surge entre ellos variedad
que crece cuanto ellos crecen.
    Toma de aquél la figura
masculinos caracteres
y conservan las mujeres  15
de los niños la tersura.
-150-
    De la inocencia y la calma
pronto los hombres se alejan,
y las mujeres semejan
siempre al niño en cuerpo y alma.  20
    Si hacer trizas se las ve
el corazón de algún hombre,
lo hacen sólo, y no os asombre,
con la mejor buena fe.
    También el niño, tan presto  25
como tiene de ello antojos,
arranca a una ave los ojos,
y no es criminal por esto.
    Toda cariño y amor,
amor la mujer desea;  30
sino al que la llama fea,
a nadie guarda rencor.
    Que al fin ella ha de querer,
como el ave ha de cantar,
como el río ha de ir al mar,  35
como el mañana al ayer.
    Nunca del amor el rayo
en su pecho infantil muere,
y si al marido no quiere
querrá a cualquiera..., al lacayo.  40
    Ignorando este misterio
deja a su esposa en olvido
el marido, y el marido
justifica el adulterio.
-151-
    Yo no envidio al que comparte  45
el exclusivo cariño
que debe a su mujer-niño,
con la ciencia o con el arte.
    De ningún hombre de ciencia
el talento hereda el hijo...,  50
y no se deja, de fijo,
de cumplir la ley de herencia.



  -152-  


ArribaAbajo

Una duda


ArribaAbajo   Se levanta a las seis de la mañana
y luego reza una oración cristiana,
y, vistiéndose aprisa,
se va corriendo a la primera misa.
    Por la calle no mira a las mujeres,  5
pues son, para él, diablos estos seres.
    Lo que come bendice con unción
por temor a una mala digestión.
    Los ratos de reposo
lee algún libro simple y religioso,  10
y aprende cada día de memoria
una jaculatoria.
    Pasa ayunando la cuaresma entera
por más que de hambre desfallezca o muera.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  15
    Y así sin sufrir nunca desengaños,
dura, ya que no vive, muchos años,
y así se sacrifica y martiriza,
y su pecho a puñadas descuartiza
¡para hallar en el cielo su consuelo!  20
¿Y si luego resulta que no hay cielo?



  -153-  


ArribaAbajo

El tiempo


ArribaAbajo    Feliz era el alma mía;
amaba y aun era amado;
cuanto placer yo pedía
me era al momento otorgado...
y el tiempo veloz corría.  5
    Mientras viví entre el placer
que en la gloria, en la mujer
y en la amistad encontraba,
mientras feliz logré ser,
rápido el tiempo volaba.  10
    -¿Por qué no corres, malvado,
hoy, que vivo entre el pesar?
-¡Oh! ¡Corrí tanto a tu lado
que de puro fatigado
hoy apenas puedo andar!  15



  -154-  


ArribaAbajo

Fábula


ArribaAbajo    De los lentes de un botánico
cayó un cristal, se hizo piezas,
y quedó sobre una hormiga
un pedazo al dar en tierra.
    Las hormigas al pasar,  5
deteníanse, y, sorpresas,
contemplaban a una hermana
de tan rara corpulencia;
y la pequeñuela hormiga,
debajo del cristal presa,  10
convertidas en gigantas
miraba a sus compañeras;
en tanto el sabio reía
del terror de todas ellas.
    Entre cristales de aumento  15
¡cuánta gente se pasea!



  -155-  


ArribaAbajo

Oscuridad


ArribaAbajo    A un ciego de nacimiento
pregunté: -Si no es enojo,
decid: ¿qué es el color rojo?,
¿lo sentís cual yo lo siento?
    Y respondió sin empacho:  5
-Pienso que será, sin duda,
como el olor de la ruda,
como el gusto del gazpacho,
como horno de fuego lleno,
como pisar un abrojo,  10
y aun creo que será rojo
el estampido del trueno.-
    Calló..., y aún son mi tormento
aquellas definiciones;
¡para cuántas sensaciones  15
soy ciego de nacimiento!



  -156-  


ArribaAbajo

Rojos y blancos


ArribaAbajo    La rebelión triunfa. El rumor sordo
se escucha precursor de tempestades,
y cual río engrosado por las lluvias
en torrentes se escapa de su cauce,
así, sedienta de sembrar el luto,  5
la turba se desborda por las calles.
    Éste la antorcha del incendio ostenta,
aquél el arma despiadada blande,
y el aire puro que el pulmón aspira
cuando en blasfemias convertido sale  10
seca al paso la gota de aguardiente
al borde de los labios vacilante.
    ¡Ay de aquél que el furor del ciego pueblo
para hacerlo su víctima señale!
    Salta a un golpe la puerta, ya hecha astillas  15
la casa en confusión la turba invade,
y, a poco, de un balcón, que todos miran,
con estrépito saltan los cristales
al dar paso a las ropas, a los muebles
que, apenas llegan a la calle, arden  20
entre las lenguas de espantosa hoguera,
-157-
y de ella en torno, en un inmundo baile,
se agitan, dando vivas y chillidos,
niños y mujerzuelas repugnantes.
    Gritos de feroz júbilo resuenan  25
y un cuerpo inerte desde lo alto cae,
y aumenta el combustible de la hoguera
un mutilado y fétido cadáver,
con órbitas privadas de los ojos
llenas de negra coagulada sangre.  30
    Ya de la casa y en tropel las turbas,
como espantadas de su crimen, salen...,
pero no, que no lejos de aquel sitio
repetirán la escena, miserables.
    Y todo lo contempla y lo oye todo  35
el femenil conservador cobarde,
que, agitado y miedoso, algún postigo
con sus trémulas manos entreabre,
sin sentir tanto el mal, por ser ajeno,
mientras frío sudor su cuerpo invade  40
y hace callar, con señas, a sus niños
para que no los oigan en la calle.
    ¡Cuadro espantoso que también he visto
sintiendo a mis mejillas agolparse
la sangre, al escapar despavorida  45
del corazón, henchido de coraje!
    Ya sé que tales hechos pueden hijos
ser de causas tristísimas y graves.
La multitud que los comete, ciega,
puede no ser perversa, sí ignorante,  50
y los que a tal exceso la conducen
son más locos tal vez que criminales.
-158-
    Yo sé también que hay crímenes sin nombre
que siempre a la justicia es fuerza escapen
y que sólo el furor de una revuelta  55
a castigar se atreve inexorable.
No ignoro que en las fábricas subsisten
a veces, por desgracia, los feudales
usos con que el señor de horca y cuchillo
acreditaba un tiempo su barbarie.  60
    Pero aun así, mi mente se rebela
del pueblo al contemplar las crueldades,
y todos condenamos sus excesos,
y todos le juzgamos implacables.
    Mas no siempre fue así; también en esto  65
valemos mucho más que nuestros padres:
ellos no condenaban, que aplaudían
cien veces más estúpidas maldades.
    ¡Ved el auto de fe! Llenas de júbilo
corrían en tropel a las ciudades,  70
teatros de aquel crimen, las familias
honradas de los próximos lugares.
    Con vistosos adornos una hoguera
en mitad de la plaza sobresale,
multitud apiñada la rodea,  75
ávida de indulgencias y de sangre.
    En las lujosas gradas se distinguen
caballeros y damas principales
luciendo ricas y costosas joyas,
vistiendo bellos y suntuosos trajes.  80
    Y se admiran en sitios preferentes
del Santo Tribunal los familiares,
que no es la plebe quien comete el crimen,
ellos son: lo escogido entre los grandes.
-159-
    Sobre la hoguera, encadenada a un poste,  85
la víctima se agita y se contrae,
de su sentencia la lectura escucha.
¿Queréis saber su falta? No la sangre
del homicidio le manchó. No el oro
le atrajo al crimen. Sólo es judaizante,  90
y un delator afirma que le ha visto
en sábado hacer fiesta y aun holgarse.
    Dispútanse el honor de prender fuego
a la hoguera señores principales,
y pronto envuelve el cuerpo de la víctima  95
la roja llamarada al elevarse.
    Negra humareda se levanta entonces
y un grito horrible de entre el humo sale
y al oscilar la llama un cuerpo vese
ennegrecido, informe y repugnante.  100
    En un supremo angustioso esfuerzo
el infeliz intenta libertarse
y sus venas se hinchan y revientan
y sus ojos inyéctanse de sangre
y en estertor de la agonía agítase.  105
    Llamas azules sus tejidos lamen
y hacen agrietar los tegumentos,
y, al levantar ampollas en la carne,
ya prenden en la grasa, que se enciende
y el aire infecta con hedores acres.  110
Convulsiva la víctima se agita
y al fin ya dobla su cabeza exánime;
ésta, así más cercana de los leños,
tras la llama se esconde un breve instante,
luego es sólo un carbón que denso humea,  115
luego vacila sobre el tronco y cae.
    Y ni un grito de horror allí se oía
ni de la infamia protestaba nadie,
-160-
y al ministro feroz del Santo Oficio,
tan cruel como hipócrita y cobarde,  120
no el noble altivo le escupía el rostro,
que, al verle en el palacio o en la calle,
se inclinaba, y besándole la mano,
no siempre sin razón, llamaba padre.



  -161-  


ArribaAbajo

Madrigal (?) futuro


ArribaAbajo    Juan, cabeza sin fósforo, con Juana
paseaba una mañana
(24 Reamur, viento NE.,
cielo con cirrus) por un campo agreste.
    Iban los dos mamíferos hablando,  5
cuando Juan se inclinó, con el deseo
de ofrecer a su amada, suspirando,
un Dyanthus Cariophyllus de Linneo.
    La hembra aceptó, y a su emoción nerviosa,
en su cardias la diástole y la sístole  10
se hizo más presurosa;
los vasos capilares de la facies
también se dilataron
y al punto las membranas de su cutis
sonrosado color transparentaron.  15



  -162-  


ArribaAbajo

Episodio de viaje


ArribaAbajo    Yo quisiera hacer un viaje
rápidamente, de un vuelo,
como las aves del cielo,
sin billete ni equipaje,
    pero la materia vil  5
tal hazaña no consiente,
y así es fuerza que te cuente
un viaje en ferrocarril.
    Es decir un viaje no,
redúzcome a un episodio,  10
que las descripciones odio,
y a ésta no sabría yo
    prestar ningún interés,
y, por lo tanto, la omito
y a Campoamor me remito:  15
vuelve a leer El tren exprés.
    Cuatro o cinco horas hacía
que estaba dentro del coche,
y, ya de cerca, la noche
al poniente sol seguía,  20
    cuando, mientras el ocaso
brillaba en rojo crespón,
llegamos a una estación
cuyo nombre no hace al caso.
-163-
    Al ver el tren que llegaba,  25
un confuso griterío
escapose del gentío
que aquel andén ocupaba.
    Según oí que a mi lado
se refería en un grupo,  30
recogíamos el cupo
que al pueblo había tocado.
    Y por el ferrocarril,
y en ocasión oportuna,
había llegado alguna  35
fuerza de guardia civil.
    Mil lamentos y otras tantas
blasfemias y maldiciones
salían a borbotones
de enronquecidas gargantas;  40
    graves encargos prolijos
de padres que amonestaban,
madres que nunca acababan
de despedir a sus hijos,
    y parientes y allegados  45
y hermanos y conocidos,
ayes lanzando y gemidos,
bullendo por todos lados.
    Los quintos con su pañuelo
anudado a la cabeza,  50
fingían mayor firmeza
ante tanto desconsuelo,
-164-
    y, mal reprimiendo el llanto,
al oír de un jefe las voces
al tren corrieron veloces  55
alzando inseguro canto.
    Transcurrió una breve pausa,
las mujeres se acercaron
y sus ayes redoblaron,
mas sin saber por qué causa,  60
    huir de repente mirelas,
y turbó sólo el reposo
el seco y estrepitoso
cerrar de las portezuelas.
    No quedaba un coche abierto  65
ni se escuchaba un gemido,
la máquina dio un silbido
y el andén miré desierto,
    pero no echamos a andar;
otro silbido estridente  70
lanzó el vapor nuevamente,
y otra vez volvió a silbar,
    y otra, y otra, y otras ciento,
con salvaje melodía,
pero, nada: el tren seguía  75
sin ponerse en movimiento.
    El jefe de la estación
en vano gesticulaba,
y aun el conductor bajaba
y subía del furgón.  80
-165-
    Hasta nosotros venían,
sin poderlos definir,
ecos raros, y al oír
portezuelas que se abrían,
    bajamos del coche, fuimos,  85
corriendo por el andén,
a la cabeza del tren...,
y cien madres allí vimos
    en la mitad de la vía,
pálidas y desgreñadas,  90
y en los topes abrazadas
de la máquina, que ardía,
    sin exhalar un lamento
perdida tal vez el habla,
cual el náufrago a su tabla  95
postrera de salvamento.
    El vapor, mal comprimido,
que silbando se escapaba,
su triste rostro caldeaba
y dejaba humedecido;  100
    y en pos de ellas sus esposos,
sus padres y sus hermanos,
niños, jóvenes y ancianos,
de detener afanosos
    la máquina con sus brazos  105
que, por más que el valor pueda,
a una vuelta de la rueda
quedarán hechos pedazos.
-166-
    -¡No marcharán! -exclamaban
y de allí no se movían.  110
-¡No marcharán! -repetían
los que aquello presenciaban.
    Y de todas las miradas
era blanco el maquinista
que allí, apartando la vista,  115
de sus mejillas tiznadas
    enjugaba, con rubor,
una lágrima furtiva,
fingiendo que sólo iba
enjugándose el sudor.  120
    (No acierta a pintar mi pluma
tan desgarradora escena
y al silencio la condena
la impotencia que me abruma.)
    De cuanto allí miré yo  125
guardo un recuerdo confuso;
el sol los montes traspuso,
la noche nos sorprendió
    y de pronto sé que oí,
y de terror quedé helado,  130
decir a un jefe irritado:
-¡Que se las barra de ahí!
    Y apenas fue pronunciada
tal orden, un pelotón
de guardias vi marchar, con  135
la bayoneta calada.
-167-
    Otro cuadro adivinando,
tal vez más triste y cruento,
de allí me aparté al momento
y al coche subí temblando.  140
    Después oí en confusión
una infernal gritería...,
y quedó libre la vía
y huimos de la estación.
    Partió como un rayo el tren...,  145
y vi madres que lloraban...,
y brazos que amenazaban
en vano desde el andén.



  -168-  


ArribaAbajo

A quien yo sé


ArribaAbajo    Me engañaste, y: «¡No has sido tú el primero!»,
dijeron mis amigos,
un tiempo de tus pérfidos engaños
víctimas o testigos.
    No sé quién fue el primero, mas el último  5
sé que será un gusano:
buscará el corazón en tu cadáver
y ha de buscarlo en vano.



  -169-  


ArribaAbajo

Silogismo


ArribaAbajo    Si al ser feliz creo serlo,
sufro en mi dichoso estado,
porque me hace desgraciado
sólo el miedo de perderlo,
y si estoy bien sin saberlo,  5
pues no lo sé, no lo estoy.
Así, mañana como hoy,
ser feliz nunca podré,
pues si lo soy, no lo sé...,
si lo sé..., ya no lo soy.  10



  -170-  


ArribaAbajo

De Horacio


Libro II, Oda 18

ArribaAbajo       No a mis techos sujeto
está el marfil y el oro, ni labradas
       las vigas del Himeto
pesan sobre columnas cinceladas.
       Heredero no he sido  5
del de Atalo cuantioso patrimonio;
       ni mi traje ha teñido
el múrice que guarda el mar Laconio.
       Tan sólo me dio el cielo
inspiración y canto melodioso  10
       y corre con anhelo
a buscarme, a mí, pobre, el poderoso.
       Con ruegos no fatigo
a Dios, ni son mis súplicas tormento
       del potentado amigo:  15
con mi granja Sabina estoy contento.
       Los días a los días
empujan, y a morir corren los meses,
       y tú, loco, porfías
ocupado en los vanos intereses;  20
-171-
       tú que el sepulcro olvidas,
casas construyes, y en la riente Bayas,
       tus ansias desmedidas
del Ponto tratan de invadir las playas.
       Aun más: tus propiedades  25
quieres engrandecer, y, hollando lindes,
       las del vecino invades,
y a la miseria y al dolor le rindes.
       De su choza lanzados
se llevan los Penates, que aún imploran,  30
       y al huir desconsolados
los padres sufren y los hijos lloran.
       El Orco que te aterra
no mirará que el oro aquí te sobre:
       ¡igual se abre la tierra  35
para el cuerpo del rico y el del pobre!
       En vano Prometeo
intentó sobornar con su tesoro
       a Carón. El Leteo
ni aun se vuelve a cruzar con puente de oro.  40
       El barquero temido
a Tántalo y su raza allí mantiene,
       y nunca presta oído
al llanto, ni en su marcha se detiene.
       En cambio, a los mortales  45
cuando la Parca quiere, sin que dude
       entre dichas y males,
llámenla o no la llamen, siempre acude.



  -172-  


ArribaAbajo

De Horacio


Libro II, Oda 14

ArribaAbajo    ¡Ay! ¡Cuán fugaces, Póstumo, Póstumo,
pasan los años de nuestra vida!
¡Nada respeta la vejez trémula:
a nadie nunca la muerte olvida!
    Llanto, hecatombes, preces ni súplicas  5
no logran calme Plutón sus iras;
Gerión cual Ticio sintió su cólera
y en la onda Estigia sus cuerpos miras.
    También un día con nuestras lágrimas
aquellas aguas aumentaremos,  10
niños o ancianos, siervos y príncipes,
pobres y ricos: cuantos nacemos.
    Por más que huyamos del Adria el ímpetu,
por más que el cuerpo de evitar trate
de otoño el aire maligno y húmedo,  15
y ame la calma, y odie el combate,
    fuerza es veamos las playas lóbregas
donde la raza Danaica gime,
donde, anhelante, pretende Sísifo
subir la roca que su hombro oprime.  20
-173-
    Tal vez en breve tus campos plácidos,
tu hogar, tu esposa, por siempre dejes,
y el ciprés sólo, de tantos árboles,
deba seguirte cuando te alejes.
    Hoy con cien llaves guardas el Cécubo,  25
y el que t e herede, tal vez mañana
con él el suelo rociará pródigo
de cien banquetes en la ansia vana.





  -[174]-     -[175-  
ArribaAbajo

Arabescos

(2.ª Serie)12


  -[176]-     -177-  


- I -


ArribaAbajo    ¡Qué escándalo ha precedido
a la invención del vestido!
    Y ¡qué delitos tan graves
a la invención de las llaves!...




- II -


ArribaAbajo    El siglo diecinueve,
nació cabeza abajo
y el corazón se le saltó del pecho
y, resbalando, le cayó en el cráneo.
Y por esta razón, sólo por ésta,  5
los hijos de este siglo caminamos
llevando el corazón en la cabeza.




- III -


ArribaAbajo    ¿Quién sabe ¡oh ciencia ignota!,
cuántos mundos encierra cada gota
de la sangre que corre por mis venas?
    Tal vez cuanto en el cielo contemplamos,
junto con el planeta que habitamos,  5
tan sólo un poro llena
de un grano microscópico de arena
del fondo de los mares de otro mundo,
-178-
que se agita a su vez en lo profundo
de un átomo de polvo de granito  10
de otro mundo..., y así hasta el infinito...




- IV -


ArribaAbajo    ¡Oh delicia brahmínica: los mundos
ver correr en tropel por los profundos
espacios del vacío;
ver, tras de un sol, de mil, el ígneo carro
y estarme yo, al mirarlo, taciturno,  5
sentado en un anillo de Saturno
fumándome un cigarro!...




- V -


ArribaAbajo    El verbo gozar, creo
que es defectivo,
pues no tiene presente
de indicativo.




- VI -


ArribaAbajo    La envidia y la emulación
parientas dicen que son;
aunque en todo diferentes,
al fin también son parientes
el diamante y el carbón.  5




- VII -


ArribaAbajo    Huele una rosa una mujer dichosa
y aspira los perfumes de la rosa;
la huele una infeliz
y se clava
una espina en la nariz.  5

  -179-  


- VIII -


ArribaAbajo    Cansose de trabajar
Dios en arreglar el mundo,
y de un puntapié, al profundo
espacio lo echó a rodar;
y con rara ligereza  5
tanto ha rodado y rodado,
que de puro marcado
ha perdido la cabeza.




- IX -


ArribaAbajo    Nunca puede el ignorante
ser feliz, siempre me dices:
¡cuántos hombres hay felices
que no saben quién fue el Dante!...




- X -


ArribaAbajo    ¡Soy Dios! Al nacer creé el mundo,
di luz al sol al mirarle,
dicté la palabra al hombre
y los cantos a las aves;
por mí estrellas tiene el cielo  5
y tienen flores los valles,
y las almas sentimientos
y belleza las beldades.
    ¡Vive para mí, Universo,
que cuando mi vida acabe  10
tú morirás, y mi tumba
encerrará tu cadáver!

  -180-  


- XI -


ArribaAbajo    El último alquimista,
cuando hubo ya agotado su tesoro,
encontró una manera de hacer oro:
inventó el accionista.




- XII -


ArribaAbajo    Esos que buscan leyes en la historia
o crean leyes y hechos
y se quedan después tan satisfechos,
¿me sabrían decir qué fuera hoy día
de la Europa moderna y su cultura  5
si en vez de ir con ventura
(y que a Colón acompañó es muy cierto),
a descubrir la América nosotros
los de allá nos hubiesen descubierto?...
    (Diréis que es imposible, mas no acierto  10
a ver por qué razón
no podía nacer allá Colón.
    Y es natural reírse de esta idea,
porque es muy natural que quien se crea
ser rey del Universo, se eche a reír  15
al pensar que le pueden descubrir.)




- XIII -


ArribaAbajo    En una gota de agua
que era su todo,
se reunieron en junta
tres infusorios,
-181-
y allí acordaron:  5
que fuera de la gota
no había espacio;
que lo que ellos creían
era lo cierto;
que eran de lo absoluto  10
únicos dueños,
reyes de todo.
He aquí lo que acordaron
tres infusorios.




- XIV -


ArribaAbajo    Dios es un juez para el vil
a quien juicio y oro sobre;
para el malo, tonto y pobre,
Dios es un guardia civil.




- XV -


ArribaAbajo    El que pierde a su padre
llora afligido,
y el que pierde dinero
se pega un tiro.




- XVI -


ArribaAbajo    Lo que abunda se mira con desprecio;
cuanto es rara una cosa, tanto es cara;
por eso damos tan inmenso precio
a la virtud, por esto..., por lo rara.

  -182-  


- XVII -


ArribaAbajo    No temes ningún desastre
ni la tempestad te arredra,
tu corazón, que es de piedra,
sirve a tu pecho de lastre.
    Con la pasión al luchar,  5
tú siempre llegas a puerto:
si ves el tiempo cubierto
arrojas el lastre al mar.




- XVIII -


ArribaAbajo    Esta moneda y esa espada, creo
que son lo más notable del museo;
ambas antigüedades
son restos de las bárbaras edades.
    Su origen el catálogo ya aclara:  5
lástima que decir también no pueda
cuál de las dos más crímenes causara,
la espada o la moneda.




- XIX -


ArribaAbajo    Y me dijo el reloj: -Esta cadena
tu ser une a mi ser, no el mío al tuyo;
cuando el goce más puro te enajena,
en vano quieres detenerme. Huyo.
    Sufriendo vivirás, y de rodillas  5
me has de pedir que vuele apresurado,
y entre estas dos pequeñas manecillas
morirás fatalmente estrangulado.

  -183-  


- XX -


ArribaAbajo    Oyendo hablar a un hombre, fácil es
acertar dónde vio la luz del sol;
si os alaba a Inglaterra, será inglés,
si os habla mal de Prusia, es un francés,
y si habla mal de España, es español.  5




- XXI -


ArribaAbajo    Si miro al cielo en estas noches bellas
en que mi alma se eleva al infinito,
en caracteres mágicos de estrellas
nunca el nombre de Dios sé ver escrito.
    Creo que si a alguien Dios dejó encargado  5
trazar algunos versos alusivos,
no supo qué escribir, poco inspirado,
y lo llenó de puntos suspensivos.




- XXII -


ArribaAbajo    De un escritor, de un artista
de genio, podemos siempre,
para deplorarlo tristes,
saber el día en que muere,
y nunca el día en que nace  5
para celebrarlo alegres.




- XXIII -


ArribaAbajo    Si elevan un monumento
a un genio los que le admiran,
por poco que lo deseen
-184-
piedras les dará la envidia,
pues basta con que recojan  5
las que ésta le arrojó en vida.




- XXIV -


ArribaAbajo    Del mar las olas, cuya furia inquieta,
cuando la tempestad Dios no sujeta,
la nave estrellan con su atroz vaivén,
las olas a su Dios le dan sus gracias...
       los náufragos también.  5




- XXV -


ArribaAbajo    Pulsaba Apolo la celeste lira
a orillas de la mar, y una sonora
armonía al tañer, cayó en la arena
la lira; por las cuerdas él cogiola;
las cuerdas y las yemas de los dedos  5
en la arena imprimiéronse; las olas
respetaron las huellas delicadas,
y halláronse el pentagrama y las notas.




- XXVI -


ArribaAbajo    En el mundo hay poca
felicidad pura
y a cada uno toca
escasa ventura.
    ¡Quién tiene bastante  5
con su cantidad
insignificante
de felicidad!
-185-
    Es fuerza, aun con lucha,
a quien de nosotros  10
quiere tener mucha,
robarla a los otros.
    Si viese algún día
feliz a un mortal,
yo le formaría  15
causa criminal.




- XXVII -


ArribaAbajo    Toda negación implica
la afirmación del contrario;
he aquí un sabio corolario
que a los suicidas se aplica.
    Éstos en la muerte ven  5
el término de su mal,
lo que, al contrario, es igual
al principio de su bien.
    Estar bien en la otra vida
nadie a pensarlo se atreve,  10
pues si hay Dios, castigar debe
con gran rigor al suicida.
    Otra tontería es creer
en la muerte hallar la calma,
que allí nada siente el alma,  15
que la muerte es el no ser.
    Luego es una estupidez
probar medio tan fatal.
Si la prueba sale mal
¿Cómo ensayarla otra vez?  20

  -186-  


- XXVIII -


ArribaAbajo    Tal vez dentro de mi cerebro escondo
capas de superpuestos sentimientos,
de ansias en otras épocas sentidas,
que, cual indestructibles sedimentos,
dejaron de mi espíritu en el fondo  5
los tempestuosos mares de otras vidas.
    (Así a creer indúcelo la ciencia:
del cuerpo es el espíritu la esencia
y éste y aquél debieron
adquirirse en la lucha por la vida  10
y perpetuarse por la ley de herencia.)
    Un resto del espíritu del triste
siervo de la edad media en mí subsiste,
y de él habré heredado
el odio a los poderes de la tierra,  15
y el monstruoso legado
del torpe fanatismo
en que un día su mente halló el reposo
que transformado siento yo en mí mismo,
que hoy es el poderoso  20
profundo sentimiento religioso.
    Pienso no creer en nada,
y al penetrar en el severo templo,
a mi pesar se dobla la rodilla,
y a mi pesar se humilla  25
mi orgullosa cabeza,
y extático contemplo
-187-
y aspiro lo ideal de su grandeza;
un sentimiento inexplicable, intenso
se apodera de mí, y entre la nube  30
trémula y vacilante del incienso,
a lo alto mi alma sube,
los muros espesísimos esquiva,
y vacilante y trémula en su vuelo
al azulado cielo  35
huye, a través de la calada ojiva.
    En una inferior capa de mi mente
el viejo celta acaso
marcó indeleblemente
las salvajes señales de su paso.  40
    Y por más que yo creo que es la guerra
el mayor de los crímenes, que hermanos
somos todos los hombres de la tierra,
que la idea de patria, limitada
a su país, es torpe y es nociva;  45
al mirar a mi patria amenazada,
por ella ciego de furor combato
y el fuego, el mismo fuego, en mí se aviva
que un día el corazón latir hiciera
a Indíbil y a Mandonio y a Viriato.  50



  -[188]-     -[189]-  
ArribaAbajo

Íntimas

  -[190]-     -191-  


- I -


ArribaAbajo    Cuando en lo hondo del valle
resuena un tiro,
se estremecen las aves
dentro sus nidos,
    y tal vez piensen  5
en el hijo o el padre
que están ausentes.




- II -


ArribaAbajo    Duerme la tierra cubierta
bajo un fúnebre capuz
cuando el alba la despierta
dándola un beso de luz.
    Huye la sombra de donde  5
la luz nueva vida crea:
tras los árboles se esconde
para que el sol no la vea.
    Del campo las verdes galas
cruza, cantando su amor,  10
esa armonía con alas
que se llama ruiseñor.
    El aura corriendo esquiva
presta al valle nuevo encanto,
y en las flores, compasiva,  15
del rocío enjuga el llanto
-192-
    y su voz de acentos suaves,
fingiendo un hueco sonido,
corre a asustar las aves
que aún duermen dentro su nido.  20




- III -


ArribaAbajo    Vi a una niña y a un anciano,
tristes y pobres los dos;
tendiome aquélla su mano
y dijo temblando: -¡Hermano,
una limosna por Dios!  5
    Una limosna la di
al mirar sus tristes ojos,
y -¿te acordarás de mí?-
dije. Abrió sus labios rojos,
sonrió, y dijo que sí.  10
    Desde entonces han pasado
dos o tres años o más;
ella no se habrá acordado
de mí, yo no la he olvidado
ni la olvidaré jamás.  15




- IV -


ArribaAbajo Tranquilo duerme el niño en muelle cuna,
mas de pronto su rostro de querube
vela un sombrío aspecto de tristeza,
cual vela al cielo azul la densa nube,
y a suspirar y a estremecerse empieza.  5
-193-
    La angustia se dibuja en sus facciones,
en convulsión se agita, y se resiste
a admitir de su madre los abrazos,
y como auxilio demandando triste
al aire extiende sus pequeños brazos.  10
    Si ha visto siempre dulce su reflejo
y su imagen tranquila
en el límpido espejo
de la radiante maternal pupila;
si su breve existencia  15
ha pasado rodeado de placeres
¿qué recuerdos de horror que así revisten
sombríos caracteres,
hijos de sensaciones que aún no existen,
que aprenderse no pueden en tal calma,  20
se han despertado súbito en su alma?...




- V -


ArribaAbajo    Milloncito de mi alma,
mi amor escribir no sé,
papel y pluma me sobran;
sólo lo escribiera bien
a ser la pluma mis labios  5
y tus labios el papel.




- VI -


ArribaAbajo    Si cada vez que en ti pienso
cayese una blanca estrella,
tanto pienso en ti, que pronto
quedara el cielo sin ellas

  -194-  


- VII -


ArribaAbajo    Si cumplir con lealtad
nuestra última voluntad
es sagrada obligación,
cuando mis ojos se cierren
he de mandar que me entierren  5
dentro de tu corazón.




- VIII -


ArribaAbajo    ¿Te acuerdas?... Brilló la luna
y pensamos: ¡qué importuna!...




- IX -


ArribaAbajo    Ríe; en el hermoso hoyuelo
un beso quiero enterrar,
luego ponte seria, y nadie,
nadie lo conocerá.




- X -


ArribaAbajo    Toda una noche del polo;
los dos en un lecho solo,
tú aterida por el frío,
témpanos en derredor...,
y en tu pecho y en el mío  5
el fuego del Ecuador.




- XI -


ArribaAbajo    -¿A quién quieres tú más, di,
a mí, o a Dios?, ¡dilo!
-¡A los dos!
-195-
-¡Ah! ¿Conque a Dios?
-¡A Dios!
(Y luego al oído): ¡A ti!




- XII -


ArribaAbajo    Rodó una perla de tu collar,
       cayó en tu seno,
y allí, a tu seno, fuila a buscar
       de gozo lleno.
¡Creílo un nido! ¡Dulce calor,  5
       fuertes aromas,
y acurrucadas hallé en su amor
       a dos palomas!




- XIII -


ArribaAbajo    Cual la abeja los olores
en el cáliz de las flores,
bebo en tus labios la esencia
del amor que te consume:
¡el deseo!... este perfume  5
de la flor de la existencia.




- XIV -


ArribaAbajo    La cosa más sublime,
el cuadro más hermoso
que he visto en este mundo
ni puedo ver en otro,
fue el techo de tu alcoba  5
reflejado en el fondo de tus ojos.

  -196-  


- XV -


ArribaAbajo    ¡Mis labios en tus labios...,
mis manos en tu seno...,
y un canto sin palabras
con música de besos!...




- XVI -


ArribaAbajo    ¡He aprendido en tu regazo
(mira, levántate un poco,
quiero retirar el brazo)
la gran ciencia de ser loco!




- XVII -


ArribaAbajo    ¿Por qué es menor el placer
que el deseo, en el amor?
Porque el fruto no ha de ser
tan bello como la flor.




- XVIII -


ArribaAbajo    A la luz de la pasión,
los seres que nos rodean
vemos, en torpe ficción,
como queremos que sean,
nunca tales como son.  5

  -197-  


- XIX -


ArribaAbajo    ¿Que por qué no te echo flores
después que me has dado un beso?...
       Pues... por eso.




- XX -


ArribaAbajo    Que es una gran verdad veo,
aunque tarde se conoce,
que más aún que en el goce
está el goce en el deseo.




- XXI -


ArribaAbajo    Por tener agua,
el mundo entero
diera yo un día,
y ahora, creed
que lo daría  5
por tener sed.




- XXII -


ArribaAbajo    Hay en tu ser otro ser
que forjó mi fantasía
y encarnó la mente mía
en tu cuerpo de mujer.
    ¡Y crees, en tu egoísmo,  5
que te adoro a ti! A ti no,
-198-
a aquel ser adoro yo
pura esencia de mí mismo.
    El vaso que la atesora
eres, pero no la esencia;  10
aquél cambia con frecuencia,
ésta... ¡ay!, ¡ésta... se evapora!




- XXIII -


ArribaAbajo    Si yo quisiera matar
a mi mayor enemigo,
me habría de suicidar.




- XXIV -


ArribaAbajo    El ansia de saber, ansia infinita
en que siempre mi espíritu se agita,
no hallara paz, satisfacción ni calma,
aunque supiera el para qué del mundo,
las leyes de la física del alma,  5
el origen fatal de la existencia...,
cuánto no sabe ni sabrá la ciencia.
El ansia de gozar que me devora
no quedara tampoco satisfecha,
si al fin llegara la anhelada hora  10
de contemplar, sentada en mis rodillas,
la mujer ideal que yo he soñado,
de pálidas mejillas
y de mirar sensual y apasionado,
de pechos mal cubiertos por el traje  15
que en dureza y color mármol parecen
-199-
que no ceden al peso del ropaje
y a la presión de un beso se estremecen,
llena de amor, de fe, de poesía...,
la que busca y no encuentra el alma mía.  20
    Anhelo ciencia y goce,
goce y ciencia imposibles, si me afano
buscándolos, mi espíritu conoce
que fatalmente habrá de ser en vano.
Si alguna vez alcanzo lo que ansío  25
y ávida al fin lo estrecha ya mi mano,
a la palabra mágica de ¡es mío!,
la posesión transformase en hastío.




- XXV -


ArribaAbajo    Amor, deseo, goce, hastío, enojo,
colores son del iris de la vida;
¿quién, mirando el del cielo, habrá que mida
dónde acaba el azul y empieza el rojo?




- XXVI -


ArribaAbajo    Quise apartarme del mundo
y consagrarme a mi amor
y vivir sólo por ella,
mas no logré mi ambición.
    La luna en torno a la tierra,  5
la tierra en torno del sol,
¡más que la luna no quiera,
del sol gira alrededor!

  -200-  


- XXVII -


ArribaAbajo    El tiempo es cruel con los seres
al medir pena y ventura;
en un día de amargura
cabe un año de placeres.




- XXVIII -


ArribaAbajo    Para matar la inocencia,
para envenenar la dicha,
es un gran puñal la pluma
y un gran veneno la tinta.




- XXIX -


ArribaAbajo    Graba bien esta máxima en tu mente,
consuelo del mortal atribulado:
«No hay bien como el ajeno y el pasado,
y no hay mal como el propio y el presente».




- XXX -


ArribaAbajo    Si no hay alma, ni hay Dios, ni hay otra vida
después de la terrena,
¿por qué, para qué, quién a este terrible
suplicio de la vida nos condena?
-201-
    ¿Por qué esta aspiración al infinito  5
que dentro de mí siento,
no puedo dominar, y encuentro en ella
a la par mi esperanza y mi tormento?
    El latir de mi pecho fatigado
¿es tal vez el ruido  10
del batir de las alas de una ave
que se ensaya a volar dentro su nido?





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