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Ellas3




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Monserrate


ArribaAbajo    Como me canso pronto,
creo que es un empeño triste y tonto
el de quien trate, echando
la bofa, jadeando
de ascender a la cima de este monte  5
para ver más lejano el horizonte.
Creo que es el subir un disparate
impropio de mi genio y mis costumbres;
a mí del Monserrate
me gustan más las cuevas que las cumbres.  10






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Alejandra


ArribaAbajo    A Alejandro Magno, creo
que tú te has de parecer,
por tu nombre y tu poder
aun menor que tu deseo;
por dejar a todos hartos  5
con hazañas nunca vistas;
por realizar cien conquistas
y por temer a los Partos.



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Socorro


ArribaAbajo    Tus ojos me queman el alma,
tu luz me persigue si corro,
tu aliento me roba la calma
¡socorro, Socorro, socorro!






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Orosia


ArribaAbajo    En estos tiempos tranquilos
se llaman hombres de peso
los que tienen con exceso
las onzas más que los kilos.
Cree, Orosia; más de un hombre  5
tu amor daría al olvido
y tu nombre y tu apellido
por la mitad de tu nombre.






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Olga


ArribaAbajo    Nombre de princesa rusa
o de alguna lady inglesa,
forma boreal trae impresa
y origen del norte acusa.
Mas si nuestro patrio sol,  5
que copia el Ebro y no el Volga,
presta su luz a una Olga
de pabellón español;
yo me comprometo a hallar
este nombre extraordinario,  10
con ella en el calendario
conjugando el verbo holgar.



  -66-  


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Oportuna


ArribaAbajo    Puede hallar, por su fortuna,
el hombre una mujer buena,
pura, fiel, de gracias llena,
pero ¿quién la halla oportuna?
Con sus errores malditos  5
fuerza es que hasta el mal se agrave:
cuando pitos, ya se sabe,
flautas; cuando flautas, pitos.
Si hay alguna no importuna,
presto el hombre la desprecia  10
y con razón, o por necia,
o por infiel, o por tuna.






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Salomé


ArribaAbajo    ¡Pobre Regnauld! Por mi fe
4 te juro que cuando ve
codiciosa mi mirada
una Salomé pintada,
recuerdo tu Salomé.  5
¡Duerme en paz, genio inmortal!
La Salomé criminal
que pone en su cara tintes,
fuerza es que tú no la pintes
porque se pinta muy mal.  10



  -67-  


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Desdémona


ArribaAbajo    «Quien engaña una vez, cien más engaña».
Desdémona engañó con puro celo
a su padre; el recuerdo de esta hazaña
blandir hizo el puñal al ciego Otelo.
Mas no a Shakespeare, a Darwin con tu nombre  5
me recuerdas, ya que éste nos pregona
que el hombre desde mono pasó a hombre;
tú a mujer has llegado desde mona.






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Emma


ArribaAbajo    Leer tu nombre no da enojos
a la vista, se ve bien
y es corto y se lee en
un abrir y cerrar de ojos.
Ni a la boca causa agravios,  5
pues tu nombre se pronun-
cia muy fácilmente en un
abrir y cerrar de labios.
¡Ven!, te quiero probar eso:
une a mis labios tu oído,  10
y hallarás que su sonido
se parece mucho a un beso.






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Prisca


ArribaAbajo    Aunque aquí tu nombre canto,
ignoro completamente,
Prisca, en extremo demente,
en qué día cae tu santo.
-68-
Mas no sé quién me decía  5
sobre tu nombre, que si
se ha de parecer a ti,
debe caer cada día.






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Olimpia


ArribaAbajo    Cual la Olímpiada griega
usted, Olimpia, no será,
porque aquella Olimpia da,
mientras usted, Olimpia, niega.
Yo me parezco a los griegos  5
en que al verla y al amarme,
siempre deseo entregarme
a los olímpicos juegos.






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Berenguela


ArribaAbajo    La luna en el mar riela,
y en la moviente ola estriba,
firme, orgullosa, altiva
la fragata «Berenguela».
Si se llega a agujerear  5
su casco y el mar lo inunda,
fuerza es que el navío se hunda
en los abismos del mar...
Basta que este ejemplo indique,
y que no olvides espero  10
que por un solo agujero
se va una fragata a pique.



  -69-  


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Perfecta


ArribaAbajo    Tu nombre la obligación
te impone, al casarte amada,
de ser aquella casada
de Fray Luis de León.
Éste estuvo en la prisión  5
y no fue su estancia en vano;
de una esposa lo inhumano
pudo aprender en su encierro,
porque una esposa... de hierro
sujetó tal vez su mano.  10






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Blasa


ArribaAbajo    Fría Blasa cual la nieve,
de conversación muy breve,
dijo altiva y desdeñosa
que nunca en su alma se posa
el amor, ni la conmueve...  5
Y hoy me escribe, y hoy me invita
a verla sin mis rivales
y dice que necesita
que le mande una letrita
de mil o dos mil reales.  10
He de pasar por su casa
pues este favor me impetra;
ya veo en su amor sin tasa
que a Blasa para ser brasa
sólo le falta una letra.  15



  -70-  


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Saturnina


    De Verne y Flammarión las creaciones
arrebatan mi alma, que de un vuelo
remóntase del cielo
a las ignotas últimas regiones.
Allá, por los espacios celestiales  5
para gozar, mi mente se imagina
celebrar en Saturno saturnales
en brazos de una bella Saturnina.






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Magina


ArribaAbajo    Un mi amigo se imagina,
cuando ve escrito tu nombre,
que en la mujer es magina
lo que es magín en el hombre.
No se puede esto aplicar  5
a ti, pues oí decir
que te cuesta imaginar
y te es fácil concebir.






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Sara


ArribaAbajo    Tu nombre se parece al de un desierto:
penetra en él la caravana errante
y, de sed anhelante,
a veces queda el caminante muerto.
Y piérdense en la arena,  5
que arde como una fragua,
o pasan con el tiempo a mano ajena
-71-
los odres o pellejos ya sin agua.
Mi alma, por este ejemplo ya asustada,
en la región por tantos explorada  10
no quiere penetrar; de ella me alejo:
quiero salvar al menos el pellejo.






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Consejo


ArribaAbajo    Mi esperanza será vana
y de amarte la ambición
morirá en mi corazón
si acaso eres catalana,
pues tu nombre da tormento,  5
y de celos refunfuña
quien sabe que en Cataluña
hubo Consejo de Ciento.






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Gerónima


ArribaAbajo    Gerónima gusta mucho
de oírme contar historias
y viajes y novelas;
cuando estoy con ella a solas
de Madrid siempre la explico  5
los templos, pues es devota,
y acabo diciendo, tierno,
mirando su cara hermosa,
(que se tiñe al escucharme,
del color de la amapola):  10
-Pero créeme, lo más bello
es la Concepción Gerónima.



  -72-  


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Paz


ArribaAbajo    Si oyes en mi habitación
dos voces desentonadas
y cantos y carcajadas
y gritos sin ton ni son;
si oyes, entre el estallido  5
de un beso o de un puñetazo,
o ruido de un silletazo
u otra clase de ruido;
como quien nada oye haz,
y aunque oigas quebrar cristales,  10
no entres. Todo son señales
de reinar por allí paz.






ArribaAbajo

Verona


ArribaAbajo    Eres tú, dicen algunos,
cual la ciudad italiana
que en época ya lejana
fue asaltada por los hunos.
Y ya sabemos nosotros,  5
de memoria poco faltos,
que conoces los asaltos
de los hunos... y los otros.






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Clemencia


ArribaAbajo    Clemente cual pocos haya,
soy bueno, soy bondadoso,
soy dulce, soy cariñoso,
como bien tu amor ensaya;
-73-
mas si llego a ser tu esposo,  5
ya de genio he de cambiar;
cruel me quiero mostrar
por esencia y por potencia,
y juro que mi Clemencia
a nadie he de hacer probar.  10






ArribaAbajo

Lelia


ArribaAbajo    El amante de Lelia
       libre parece,
pues hace mil alardes
       de independiente;
       mas no se libra  5
de ser esclavo, y siempre
       Lelia le lía.






ArribaAbajo

Toribia


ArribaAbajo    Yo te amaría quizás
si no fueras tan cruel;
sería constante y fiel,
pero casarme, ¡jamás!
Pues, y tu perdón imploro,  5
tu nombre al ver cómo empieza,
casi siento en mi cabeza
alguna cosa de toro.






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Raquel


ArribaAbajo    Un día cualquiera espero
encontrarte en el puchero,
pues tu nombre, vida mía,
es un nombre de judía.



  -74-  


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Eugenia


ArribaAbajo    Soy pobre y veo te pesa,
pues pobre no quiere a un hombre
la mujer que lleva el nombre
de una emperatriz francesa;
mas no es mucha mi ambición  5
si acaso te ofrezco un duro
de lo que aquélla, te juro
dio por un Napoleón.






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Amaranta


ArribaAbajo    Amaranta, más de cien
amarán tus mil encantos;
amar debes, y entre tantos
ama y da fe tú también
a quienes das más quebrantos;  5
a los que sufran por ti
ama; debe tu belleza
amar a aquellos que así
amarán con frenesí
Amaranta, tu nobleza.  10






ArribaAbajo

Medina


ArribaAbajo    En Medina nació un día
el autor del Alcorán,
y los moros con afán
religioso, en romería
cada año a Medina van.  5
Mi fe a los moros se inclina
-75-
y con ellos determina
ir, si acaso allí se peca,
con ellos de Ceca en Meca
y al fin entrar en Medina.  10






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Segismunda


ArribaAbajo    En «La vida es sueño», creo
que un verbo raro ha de hallarse:
segismundear, que al Príncipe
aplica Clarín aparte.
Este verbo, Segismunda,  5
en tanto extremo me place,
que si conjugarlo quieres
tú conmigo, y no lo sabes,
te lo he de enseñar de modo
que al acabar de enseñarte  10
dirán lo que el Evangelio:
el verbo se ha hecho carne.






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Judit


ArribaAbajo    Eres casada, y te enfada
mi amor y te desagrada,
y dices que me has de dar
calabazas por probar
que eres muy buena casada.  5
Calabaza ya hallarás,
pues tu habilidad no olvido.
Tu nombre recordarás
y al dormirse, cortarás
la cabeza a tu marido.  10



  -76-  


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Concordia


ArribaAbajo    Tengo un amigo casado
que ya a su mujer olvida
y pasa toda su vida
de una tal Concordia al lado.
De su mujer separado  5
algunos lo juzgan ver,
mas sé que no puede haber
en los casados discordia,
pues me consta que hay Concordia
entre marido y mujer.  10






ArribaAbajo

Plácida


ArribaAbajo    Llega plácida tarde, y a su cita
voy con ansia infinita,
pero es inútil que a mi amor aguarde;
siempre a sus citas, y esto a mí me irrita,
llega Plácida tarde.  5






ArribaAbajo

Leopoldina


ArribaAbajo    A un militar pregunté:
-saber mi mente no atina
el porqué tu leopoldina5
tan estrujada se ve.-
-77-
Y él dijo con ronca voz:  5
-Mil gracias por tu cuidado;
es porque estoy constipado
de una manera feroz.
El aire del Guadarrama
me ha metido en tal aprieto,  10
y para sudar me meto
con Leopoldina en cama.






ArribaAbajo

Amanda


ArribaAbajo    Cansado está París ya
de oír cantar a mil voces,
desafinadas y atroces,
el c'est l'amant d'Amanda.
Pronunciando así este nombre,  5
más que nombre de mujer
parece que debe ser
aplicable sólo al hombre.
Porque nadie ignorará
que, sin que nunca lo olvide,  10
la mujer, si la aman, pide,
y el hombre, si le aman, da.






ArribaAbajo

Verónica


ArribaAbajo    ¿Por qué con risa sardónica
son pocos los que te alaben?
Porque ven que muchos saben
capear a la Verónica.





  -78-  


ArribaAbajo

Petronila


ArribaAbajo    Permíteme, Petronila,
pues por tu nombre recuerdo
del gran escritor Petronio
un filosófico cuento,
que yo el cuento aquí te explique.  5
Permíteme y leerás, espero
lo que él dice en buena prosa,
arreglado en malos versos.

    Érase, pues, que se era
una casada, alla en Éfeso,  10
célebre por sus virtudes
entre propios y extranjeros.
Las madres siempre a sus hijas
la citaban como ejemplo;
los hombres envidiaban  15
aquella esposa modelo.
    Un día -día más triste
no alumbrara nunca Febo-
al regresar a su casa
se encontró el marido muerto.  20
El dolor de aquella viuda
fue profundo, horrible, inmenso;
llorando desesperada,
fue a acompañar el entierro,
-79-
y luego todas las noches  25
iba triste al cementerio:
de la cripta de su esposo
interrumpía el silencio,
al entrar desconsolada,
con sus ayes lastimeros,  30
y con lagrimas bañaba
el inanimado cuerpo
de aquel a quien amó vivo
y no supo olvidar muerto.

    De la muerte del esposo  35
no hacía aún mucho tiempo,
cuando allí en Éfeso mismo,
ahorcaron a seis reos,
quedando enhiestas las horcas
enfrente del Cementerio.  40
Temerosa la justicia
de que robasen los cuerpos
de los reos por las noches,
puso, junto a los maderos,
una guardia que mandaba  45
un oficial extranjero.
Éste, al ser la noche entrada,
despidió a sus compañeros
al ver que al montar la guardia
temblando estaban de miedo,  50
y se quedó desde entonces
solo, guardando los muertos.
-80-

    El silencio era profundo,
estrellado estaba el cielo;
los cuerpos de los ahorcados  55
se mecían con el viento.
El oficial paseaba
reflexionando en silencio;
de repente vio una sombra
caminar con paso lento  60
y acercarse allí llorando
Y entrar en el Cementerio.
Una mujer parecía
a través del denso velo.
El oficial, subyugado  65
por el amor al misterio,
siguió a la sombra, perdiola
tras las tumbas, mas vio abierto
un panteón del que salían
tristes ayes y lamentos.  70
Acercose allí y ver pudo
a una mujer, a un portento
de gracias y de hermosura,
que lloraba junto a un muerto.
Dos horas así pasaron,  75
él mirandola en silencio,
hasta que al fin se encontraron
las miradas del mancebo
con las de la inconsolable
y fiel matrona de Efeso.  80
Dio ésta un grito y desmayose,
y al volver en sí vio puesto
de rodillas a sus plantas,
jurándole amor eterno,
-81-
al oficial de la guardia.  85
Ella desoyó sus ruegos
y, rápida y desolada,
se alejó del cementerio.

    La misma idéntica escena
se repitió con exceso;  90
y al fin, tras tanta constancia,
del amor al tierno fuego,
de la virtuosa matrona
ablandose el duro pecho.
(Si brillaba o no, la luna,  95
esto no lo dice el cuento;
yo afirmo que estaba en cuarto
proyectando entre luceros
las dos afiladas puntas
de unos funerarios cuernos.)  100
    Aquella noche salió
antes él, de placer ciego,
y al llegar ante las horcas
y dar las gracias al cielo,
vio con inmensa sorpresa,  105
y a los dioses maldiciendo,
que faltaba en una horca
el cadáver de su reo.
Desesperado, su nombre
de deshonra al ver cubierto,  110
fuese a encontrar a la viuda
que estaba en el mausoleo,
y allí le expuso llorando
su irrevocable deseo
de suicidarse y dejar  115
-82-
limpia su fama a lo menos.
Llorando buscó la bella
a sus males un remedio,
y al fin se le ocurrió uno
extraño y raro en extremo:  120
-¿No lo aciertas, Petronila?
Petronio acaba así el cuento:
el cuerpo de su marido,
rígido cadáver yerto,
por los pies ella, y él por  125
la cabeza, condujeron
a la horca y reemplazaron
con él el robado cuerpo.
Luego la viuda, apoyada
en el brazo del mancebo  130
y sin volver la cabeza,
temblando de amor y miedo,
se fue de allí y muy en breve
entraban ambos en Éfeso.
En tanto, en extraño baile  135
de los ahorcados los cuerpos
se agitaban y el del triste
esposo confiaba al viento
sus quejas, mas nadie oía
sus inútiles lamentos.  140



  -83-  
ArribaAbajo

Tres fragmentos




ArribaAbajo

- a -


ArribaAbajo    El doctor que por mi suerte
pone remedio a mis males,
me explicó ayer las señales
para conocer la muerte.
    Y en verdad que me dio horror,  5
pensando, mi ex bien, en ti,
lo que claramente oí
de los labios del doctor.
    ¡Oh dolor! Pero ello es cierto
y es forzoso que lo diga:  10
    ¡Oh!, tú que fuiste mi amiga,
has de saber que te has muerto.
    ¿Qué respondes?, ¿que ayer mismo
admire tu lindo talle,
pues pasaste por mi calle?  15
¡Efectos del galvanismo!...
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  20
    Además, por conclusión,
del cadáver, en verdad,
tienes la misma frialdad
y la misma corrupción.



  -84-  

ArribaAbajo

- b -

De una traducción, comenzada, de «Le pape», de Víctor Hugo


LOS REYES
¡Salud, Papa! No te asombres
al mirar aquí presentes
a tantos omnipotentes
reyes. ¡Salud!
EL PAPA
¡Salud, hombres!
LOS REYES
¡Advierte que somos reyes, 5
Sacerdote!
EL PAPA
¿Por qué?
LOS REYES
¡Advierte
que es eterno nuestro fuerte
poder!
EL PAPA
¿Y Dios?, ¿y sus leyes?
LOS REYES
¿No sabes lo que es el mundo?
¿Por qué nos hablas con saña? 10
¡Siempre es alta la montaña!
¡Siempre el abismo es profundo!
EL PAPA
Desde la infinita altura
do mora Dios, ni aun yo mismo
distingo monte ni abismo. 15
¡Desde allí todo es llanura!
LOS REYES
Somos en fama inmortales...
EL PAPA
Vivís en la sombra hundidos.
LOS REYES
De Dios somos elegidos.
EL PAPA
Él hizo a todos iguales. 20
LOS REYES
Es cada rey alto monte
y juntos, la cordillera
formamos que Dios hiciera
para servir de horizonte...
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25

  -85-  

ArribaAbajo

- c -

De la revista retrospectiva cómico-lírica-bailable en cinco minutos de verso, titulada «El testamento del año 1871», estrenada, con extraordinario éxito en el Teatro de Reus (9 marzo 1872)


Escena V


 
El AÑO 1872 y un FONDISTA

 
72
¿Quién eres?
FONDISTA
Un caballero.

 (Señalando una cruz que lleva puesta.) 

Me la dieron por artista.
En Madrid vivo altanero;
preciso me considero...
72
¿Preciso?
FONDISTA
Sí; soy fondista.
5
Hoy que todo el mundo entiende
la cuestión que está más honda
¿a qué pretensión se atiende,
qué cosa grande se emprende
que no empiece en una fonda? 10
¿Que se ha roto alguna unión?
A la fonda, de rondón;
se da una cena y en ella
del fondo de una botella
sale la conciliación. 15
¿Vino el arreglo?, un almuerzo
que celebre la venida.
¿Que lo rompe algún mastuerzo?,
pues se prepara otro esfuerzo
preparando otra comida. 20
Quien un buen manjar barrunta,
-86-
la mejor ciencia en sí junta,
pues nunca por sabio tomo
a aquel que «¿cómo?» pregunta,
sino al que responde: «como». 25
La prensa es poder muy hondo;
mas se prefiere (y respondo
de que en contra se responda),
a un artículo de fondo
un artículo de fonda. 30
¡Cuántos, hablando sin ripios,
nuestra nación admiró,
que en la política no
han tenido otros principios
que los que les sirvo yo! 35
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
72
¿Quién eres?
MAESTRO DE ESCUELA
He olido un fondista
y me atrevo a aparecer:
mi boca quiere comer
y hoy sólo come mi vista. 40
En mi ardiente frenesí
diera el sol por un fiambre;
en vez de apagar el hambre,
el hambre me apaga a mí.
Duélase de mi infortunio, 45
esperanza en mi alma siembre;
mi cuerpo vive en diciembre,
y mi paga aún está en junio;
tenga de mí compasión,
perdí lo que tuve de hombre, 50
y hoy sólo me queda el nombre;
me convierto en abstracción.
De mí una traza perfecta
traza cualquier niño en suma,
-87-
si coge una regla, una pluma, 55
y tira una línea recta.
La ortografía que sé,
parece cosa de broma,
pues si alguien me dicta: coma,
yo respondo: ¡no hay de qué! 60
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
MADRID
Yo allí vivo bien: en coche
voy, y de ello no hago alarde,
paso en los cafés la tarde
y entre los Bufos la noche. 65
No creo en Dios ni en Belcebú,
la moral me desagrada,
no pienso en nadie, ni en nada,
me divierto, y... voilà tout.
72
¿Y la amistad pura? ¿Y el 70
puro amor?
MADRID
¡Oh!, no; te juro
que por no hallar nada puro,
hasta fumo de papel.
ESPAÑA
¡Madrid!
MADRID
¡España querida!
¿Tú por aquí?
ESPAÑA
De ti en pos.
75
MADRID
Me quieres ¿eh?
ESPAÑA
Sí ¡por Dios!
¡Te quiero... más que a mi vida!
MADRID
Pues mira, amor tan profundo
sólo a desvío lo tomo.
Pero dime, España ¿cómo 80
vas tan sola por el mundo?
  -88-  
ESPAÑA
Ya ves. ¡Hasta la memoria
de mi pasado me aterra!
¡Yo, la nación que de guerra
en guerra uncía la gloria 85
a mi carro de victoria;
que ante el orbe entero, mudo,
que nunca vencerme pudo,
tremolaba mi bandera
sobre dos mundos, más fiera 90
que los leones de mi escudo!
¡La que constante vencía
de guerra en los exterminios
y en mis extensos dominios
el sol nunca se ponía: 95
Francia rindiose en Pavía,
Cisneros conquistó a Orán,
Flandes humilló su afán,
Italia, libre y feliz,
dobló su altiva cerviz 100
al pie del Gran Capitán!
¡Hoy, todo perdido, todo!...
¡No hay mal que de mí se aparte,
y el león de mi estandarte
se revuelca por el lodo! 105
¡De salvarme no hay ya modo;
mi escudo que odio te inspira,
amarillo y rojo mira,
y ya a comprender comienza
que está rojo de vergüenza 110
y está amarillo de ira!
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .



  -89-  


ArribaAbajo

De Horacio


(Lib. III oda IX)6

ArribaAbajo    Cuando tu pecho me amaba
y (cual yo nadie) de amor ansioso
    tu blanco cuello estrechaba,
que el rey de Persia fui más dichoso.
    Cuando tu pecho me amaba  5
y a Cloe bella me prefería,
    la fama me comparaba
con la dichosa romana Ilía.
    Hoy en Cloe hallo mi encanto,
la que la cítara pulsa ligera,  10
    y la adoro tanto, tanto,
que por su vida mi vida diera.
   Hoy a Calais, bello griego,
ni un solo instante mi mente olvida,
    y por él, que me ama ciego,  15
cien vidas diera, que no una vida.
-90-
    Mas ¿si el yugo de Cupido
nuestras dos almas de nuevo uniera?,
    ¿si a Cloe diese al olvido
y a la ofendida Lidia volviera?  20
    Aunque él es más hechicero
que el sol, y el Adria cual tú no es fuerte,
    a tu lado yo prefiero
pasar la vida y hallar la muerte.



  -91-  
ArribaAbajo

Improvisaciones

Leídas en la velada literaria, dada por los señores de Bremón,
en obsequio a la distinguida escritora doña María del Pilar Sinués



ArribaAbajo

Electricidad




ArribaAbajo

A Fernanda Llanos de Bremón


    Al ver que es una verdad
que, gracias a un buen doctor,
mitiga ya tu dolor
la activa electricidad,
reconozco la excelencia  5
del doctor y aquí le alabo.
Libre era el rayo: hoy esclavo
es tan sólo de la ciencia.
    La ciencia siempre intranquila
en su busca al cielo sube;  10
coge el rayo en una nube
y lo encierra en una pila;
y hoy el rayo, esclavo, lidia
para dar fuerzas dobladas
a la que con sus miradas  15
tantas veces le dio envidia.

  -92-  


ArribaAbajo

A Pilar Sinués


ArribaAbajo    La señora de Sinués
sabe ya mejor que yo
que es la pila, y hasta lo
que la electricidad es.
    Hay dos polos: negativo  5
el uno, da una corriente
en un todo diferente
de la que da el positivo.
(No cuento el polo andaluz
entre un polo y otro polo.)  10
De esta lucha nace sólo
el esplendor de la luz.
    Y al ver en la ilustre autora
de tanta y tanta novela
con las que su nombre vuela  15
y más en fama atesora;
al ver en la de Sinués
un estilista, portento
de habilidad y talento,
y al mirarme yo al revés  20
y verme tan diferente,
creo, y por mi parte sé
que ha de establecerse, a fe,
de la amistad la corriente.




ArribaAbajo

A las damas de la reunión


ArribaAbajo    Al ver en este salón
las eléctricas miradas
de las bellas invitadas,
un polo es mi corazón;
-93-
pero decírselo esquivo,  5
pues temo, porque lo arguyo,
que el polo corazón suyo
sea un polo negativo.




ArribaAbajo

A todos los concurrentes


ArribaAbajo    Si al rayo debo el placer
de ver a Fernanda buena
y al rayo la dicha plena
de la amistad por doquier;
cuando el cielo, oscuro y fiero,  5
lance un rayo entre las aguas,
en vez de abrir el paraguas
me le quitaré el sombrero.



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El timor dei7


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Cuatro palabras

En el otoño del próximo pasado año de gracia húbeme de encontrar en la capital del orbe católico con un mi amigo compatriota, residente allí desde hace cerca de seis años.

Conociendo mi afición a los estudios bibliográficos, hízome trabar relaciones con el modesto cuanto erudito cav. Quinto Abarraja Marini, encargado a la sazón de poner en orden y catalogar los innumerables documentos que guarda el archivo del marqués de Castro Vecchio, quien agradablemente me sorprendió con la noticia de que en un antiguo códice que contenía poesías latinas iba incluida una que él creía castellana.

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Con ansia natural pasé a reconocer el códice, de pergamino en 4.º, con 246 hojas útiles, cuya letra me pareció de fines del siglo XIV. Guárdase encuadernado en tabla forrada de becerro negro, con algunos sencillos relieves. Conserva aún una manecilla de las dos que habría para cerrarle.

En dicho códice, en efecto, y a mitad de la hoja 45, empieza una poesía, aunque escrita como en prosa, en lenguaje castellano del siglo XIV, pudiéndose leer corrientemente por estar el códice conservado de una manera excepcional, sin tener más que unas palabras retocadas en esta poesía.

Desgraciadamente es la única castellana que existe en el códice, e ignoro si antes que por mí ha sido examinada por algún bibliógrafo español.

El marqués de Castro Vecchio tuvo la hidalga caballerosidad de franquearme el archivo y permitiome copiar la poesía, como lo hice; hoy la publico ignorando aún quién sea su autor, con el fin de que si algún ejemplar impreso llega a manos de quien posea mayor noticia sobre el particular, pueda hacerla pública para suministrar aún más luz a los que dedican sus tareas al estudio de nuestros orígenes literarios y filológicos.

N. A. A.

París, marzo de 1875.



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Aqui dise del miraclo del timor dei


ArribaAbajo    Sennores e amigos por Dios e caridat
oid un miraclo fermoso por verdat,
que cumtió a un monge, e que Ugo abat
methiolo en scripto, fizo gran onestat.
    En Colonna la rica cabeça de regnado  5
avie un monesterio de Sant Peidro clamado,
avie en el un monge, asaz mal ordenado,
de lo que diz la regla avie poco cuidado.
    Era de poco seso, façie mucha locura
porque lo castigaban non auie nulla cura,  10
cuntiol en el convento una grant desaventura
parió una bagassa dél una creatura.
    Mas de todo por los monges era perdonado
porque sabie adereszar un manjar sennalado,
las bermeias langostas de Sant Ander pescado,  15
que placie a los monges e al abat en mas grado.
    Un dia, a no dubdar el diablo fue su amigo
en la cosina a los monges dis: a vusco digo
que lo del timor dei io non lo preçio un figo
que lo del timor dei io non lo preçio un figo.  20
    Los monges al oirlo le dicien: baia, baia,
e uno disso: magüer laçerio traya,
cuento XX lobos sobre él quiscuno caya
e otro fué al abat a desirle la baraia.
    Ixió el buen abat fuera del oratorio  25
mandó a muchos monges venir al parlatorio
dixo: veyo, amigos, que traedes mormorio
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por amor del Don Júpiter de nuestro refitorio.
    Lo dissieron al abat e fue movido a sanna
diçie: aunque de monge oí atal hazanna  30
disso: diçit, al fijo de la mala putanna
que venga a mi o al bispo non lo pare por manna.
    Truxieronli el monge, e al veerle enfurescido
dissoli: don fol torpe e enloquido,
en que roídos andas, en que eres caído?  35
Probar he lo que he dicho, repuso el atrevido.
    Que el timor dei non vale una podrida manzana,
e que el temor de Xpo es cosa folla e vana.
Esto me ofresco probar cras a la mannana
e su permission dioli labat de buena gana.  40
    Ixieron del parlatorio a sus cellas riendo
fueron unos con otros su conseia façiendo
diz el uno: qué fara confieso non lo entiendo,
diz el otro: las langostas plasçen al abat Mendo.
    Aprés de los aluores, otro dia mannana,  45
se juntaron los monges de resirse con gana
e ixió el monge con la su faz ufana,
e con dos duennas, una moça e otra anciana.
    Cogió la duenna anciana, bellosa, pescoçuda,
ojos fondos, bermeios; naris luenga; orejuda  50
el su olor de su aliento aytal cuemo la ruda;
metióla en una cella de un monie con aiuda.
    Aprés cogió un monie, vieio, fraco, zenico,
el su pescueso negro, ancho, velloso, chico
las oreias maiores que de annal burrico  55
las narises muy gordas, luengas de zarapico
    e fuélo con la anciana en la cella a cerrar
e disso al vieio: un conseio te quiero aquí donar:
mándoti de contino esti salmo reçitar
beati inmaculati bien bueno de rezar.  60
    E disso a amos: si fiçiesseis forniçio
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temed que Xpo no os quiera a su serviçio,
que el timor del vos guarde del suçio e feo viçio,
ca sereis biscochos si non teneis judiçio.
    E cerró a amos, e fué e coxió la moça,  65
de talla muy apuesta, et de gesto amorosa,
ancheta de caderas, ojos grandes, donosa,
falaguera et donable de amor en toda cosa.
    Los labrios de la boca bermeios de ciruela
buena çinta de lana vestie e buena tela,  70
el abat se ridie e al ver a la moçuela
oteóla de unos oios que paresçian candela.
    E coxió aprés un monge muy joven si non ierro
bien apuesto, los oios lusientes de beserro
e a él e a la moça a amos puso en encierro,  75
e entró con el abat antes de echar el fierro.
    E disso a la oreia de la moça con plaçer:
si el monge te quiere algun festejo fazer,
non consientas, que su mal te podrá traer
e físico nin melecina non ti podrán valer  80
    oraçion nin ieiunio non ti valrán nada,
nin encantos, nin menges, nin çirio, nin oblada,
por ninguna manera non trovaran entrada,
nunqua abrán visto omes cosa tan entecada.
    E del monge a la oreia, luego diss: amigo,  85
aquesta moça tiene una laga so el ombligo,
e hay en su natura un gran mal nemigo
que faze caer los miembros del forniçio te digo.
    E cerraron la puerta, e salió con el abat
e los demás monies ouieron curiositat  90
e una ora aprés les dixo: agora con migo entrat
e vereis que yo convusco diçie la verdat.
    Abrió la cella del monie e de la vieia del timor
e amos avien miedo, perdida la color,
nunqua se vieran los mesquinos con tan mala sudor,  95
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más amaron al forniçio que non al Creador.
    Fueron a la otra cella que los moços encierra,
e vieron que él rezaba, sus hinoios en tierra,
e qu ella estaba enfriada más que nief de la sierra,
e disso, el monge alegre: lo que dessí non yerra.  100
    El timor dei non vale un pepion vos digo,
non vale una arueja, ne una nues, ne un figo,
el timor morti es de la onestat abrigo,
ya lo podeis ver abat, si sodes mi amigo.
    Cuemo dis la paraula que suelen retraer  105
que mas puede un malo en coçeio cofonder
que non pueden X buenos assintar nin poner,
Ouiera por poco ally assi conteçer,
    mas al blasfemador, Dios firió ally irado
de muerte sopitanna, murió descomulgado,  110
en soga de diablos fué luego cativado
e al ondo infierno fué dessende arrastrado.
    Levaron los diablos su ánima en preson,
assi diz su pitafio, e lestoria e liccion
non aya nadi dubda entre su corazón,  115
nin diga esta cosa podria ser o non.
    Don Xpo nuestro Sennor alcalde derechero
al que non se encubre bodega nin çellero,
amuéstrenos camino del çielo derechero,
e a mi, magüer cuitado, me faga allí casero.  120
Amen.
    El que houiere seso, responda Amen.

NOTA.- He seguido escrupulosamente la ortografía del códice, respetando hasta las que creo faltas que cometiera el copista.





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