
-¡Magnífica! -dijeron a coro sus amigos.
-Bueno -intervino uno de ellos,- pero, a todo esto, aun no sabemos adónde hemos de dirigirnos.
-Poco importa adónde -replicó Ricardo, que era el más resuelto de todos. Cuando el caballo se canse, volveremos a casa.
-¡Eso es! -gritaron a coro los excursionistas, con el mayor regocijo. -Seguiremos hasta que no podamos ir más lejos.

Y la expedición continuó adelante, pero al dar la vuelta a una colina, vieron una figura humana a un lado del camino.
-Es el colono -dijo uno de los muchachos.
-Es un policía -exclamó otro.
-Quizás sea Noel -añadió el tercero.

Ricardo lanzó un grito de horror, y envidió más que nunca a los niños que, creyendo en Noel, van a visitar el árbol de Navidad, y para los cuales guarda todos sus regalos el anciano caballero.
El caballo echó a correr arrastrando consigo el trineo.
Los chicos no se hicieron el menor daño y tres de ellos corrieron a dar caza al caballo; pero adelantándose Ricardo, le paró y lo condujo hacia casa.