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Y alargando una mano al niño, le ayudó a salir de la cama.

Ricardo no decía una palabra, pero se puso los vestidos, con precipitación, en la mitad del tiempo acostumbrado.

-Ahora, en marcha, aprisa -dijo el viejo caballero,- y quizás será mejor que cargues tú con el saco. Estoy seguro de que mis espaldas no dejarán de agradecértelo.

Lámina 36

Y Noel empujó a Ricardo chimenea arriba, llevándolo por encima de los tejados de las casas. Una vez, ocultándose tras una chimenea, se rió de él de muy buena gana, y otra tuvo que hacer como que se enfadaba, porque Ricardo se detuvo al ver lo estrechas y negras que eran algunas chimeneas.

Lámina 37

-¿Empiezas a creer en Noel? -preguntó el anciano caballero. Pero Ricardo no tenía aliento ni para mover la cabeza.

-Me parece que no lo haces muy bien -dijo, viendo que el muchacho llenaba una media de muñecas y muñecos. -Supongo sabes que ésta es la media de Gertrudis. Sin duda no conoces a la señora. Naturalmente, sonreirá cuando baje esto por las escaleras, pero también puede enfadarse.

Noel se enfadaba de veras, pero el infeliz Ricardo no decía ni una palabra, poniendo en la media lo primero que encontraba a mano en el saco, sin saber nunca si a su propietario le gustaría o no el obsequio.

Lámina 38

A la media de una doncella, fue a parar una muñeca japonesa y un feo muñeco negro; por una feliz casualidad, un niño pequeño recibió una trompeta y un tambor, y Ricardo llenó una media muy grande de muchacho con unos paquetes que luego Noel dijo estaban llenos de paja y basura.

Por fin el saco quedó vacío y Ricardo se alegró de encontrarse otra vez por los tejados. Estaba cansado y molido.

Al llegar sobre el techo de su propia casa, Noel lo metió de repente en el saco y bajó la chimenea con él.

Lámina 39

-¿Crees ahora en Noel? -preguntó.

El chico hizo una señal afirmativa y se metió en la cama, pero no hizo más que removerse inquieto hasta la hora de levantarse.

Lámina 40

Almorzó muy aprisa, antes que bajaran su padre y su madre, y se dispuso a salir a la calle.

El día anterior lo había pasado ayudando a otros tres muchachos a construir un trineo y habían convenido en reunirse lo antes posible por la mañana para terminarlo.

Lámina 41

Pero, al llegar a la puerta, se encontró con su hermanita Matilde, que le preguntó alegremente:

-¿Adónde vas tan de prisa?

Voy a ver a mis amigos, para poner en práctica una expedición que, desde ayer, tenemos proyectada.

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