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Acto IV


Escena I

 

DON LIBORIO solo.

 
DON LIBORIO
No puedo parar; no sé
qué hacerme, ni qué medidas
tomar; pierdo la cabeza.
¿Qué haré para que las miras
del mancebito arrimón 5
queden frustradas? La niña,
¡qué imperturbable descaro!,
no, no la turba mi vista;
y aunque ve que estoy sin mí,
mi presencia no la agita. 10
Mientras más desasosiego
tengo, ella está más tranquila
y más risueña; y con todo,
cuanto me enoja y me irrita
más la chica, me parece 15
más hermosa todavía.
Rabio, grito, me consumo,
y nunca la vi más linda;
nunca sus ojos más bellos
me han parecido que hoy día; 20
nunca estuve tan prendado.
Vaya, la cosa está vista:
si me la birla el mocoso
ha de costarme la vida.
¿Pues qué? ¡Haberla yo criado, 25
tomando tan exquisitas
precauciones, y con tanto
esmero, desde muy niña,
para casarme con ella,
cuando fuera grandecita; 30
trabajar, hace trece años,
en prepararla a ser mía;
cifrar en una esperanza
tan halagüeña mi dicha;
y ahora, que sazonado 35
el fruto, ya a cogerle iba,
vendrá el otro con sus manos
lavadas, porque a la chica
le ha petado su figura,
a dejarme frío! ¡Linda 40
cosa fuera, muy donosa!
No, amiguito, no en mis días.
O yo he de perder el nombre
que tengo, o todas sus miras
le han de salir al revés; 45
que no me ha de dar papilla,
como a los niños que maman,
ni hacerme objeto de risa.


Escena II

 

Un ESCRIBANO, DON LIBORIO.

 
ESCRIBANO
Aquí está; a buena hora vengo.
Tenga usted muy buenos días. 50
A otorgar esa escritura,
pues que corre tanta prisa,
soy venido.
DON LIBORIO

 (Sin ver al ESCRIBANO, y creyendo que está solo.)  

¿Cómo haré?
ESCRIBANO
¿Qué hay que hacer? Se formaliza
conforme a derecho.
DON LIBORIO

  (Lo mismo.) 

Quiero
55
tomar muy bien mis medidas.
ESCRIBANO
Pues no se recele usted
que yo una cláusula escriba
que le perjudique.
DON LIBORIO

  (Lo mismo.) 

Importa
cerrar bien a la malicia 60
todos los portillos.
ESCRIBANO
Basta
que yo el asunto dirija.
La dote que ella llevare,
antes que usted la reciba,
antecede tasación, 65
que hacen personas peritas,
que usted y la novia nombran;
y luego se formaliza
carta de pago y recibo.
DON LIBORIO

  (Lo mismo.) 

Si la gente se malicia 70
algo, en todas las tertulias
seré el platillo de risa.
ESCRIBANO
Nadie tiene que saberlo,
si los testigos que firman
son hombres de bien, y callan. 75
DON LIBORIO

 (Lo mismo.) 

¿Y qué he de hacer con la niña,
si me sucede un desmán?
ESCRIBANO
Por una ley de Partidas,
de la cuarta marital
heredará, si no es rica. 80
DON LIBORIO

  (Lo mismo.) 

El mucho amor que le tengo
me saca de mis casillas.
ESCRIBANO
Pues dotarla en ese caso.
DON LIBORIO

  (Lo mismo.) 

No atino, por vida mía,
de qué modo he de tratarla. 85
ESCRIBANO
Es disposición precisa
de nuestras leyes de Toro,
que a la mujer en Castilla
la décima de sus bienes
el marido a dar se ciña, 90
cuando más; pero esta ley
es muy fácil eludirla.
DON LIBORIO

 (Lo mismo.) 

Sí...

 (Ve al ESCRIBANO, y se calla.) 

ESCRIBANO
Los bienes gananciales
a ambos cónyuges se aplican
por igual, y es ley sentada 95
en los reinos de Castilla.
La donación propier nuptias...
DON LIBORIO
¿El qué?
ESCRIBANO
Es cosa muy distinta.
El cónyuge, que a su esposa
la tiene en mucha valía, 100
puede otorgarle escritura
de arras, y en ella se obliga
a darle de cuanto tiene
la décima; le da vistas,
esto es, joyas y preseas 105
que las leyes de Partidas
denominan donadíos;
ni tampoco se le quita
la facultad de donarle,
Causa mortis, lo que elija, 110
y de un modo irrevocable...
Parece que usted me mira...
¿No hablo conforme a derecho?
¿O vengo a que aquí me digan
mi obligación de escribano? 115
Pues, cierto, que no sabría
ahora lo que es la dote,
la largueza esponsalicia,
los bienes antifernales.
¿No sé que se comunican 120
los gananciales, constante
matrimonio, acá en Castilla,
y que compete el dominio
al marido mientras viva?
¿Ignoro que el usufructo 125
de los dotales se aplica
a cargas del matrimonio?
Por eso los administra
el marido, mientras...
DON LIBORIO
Dale.
¿Quién diablos a usted le quita 130
que lo sepa, ni a qué viene
ahora esa tarabilla?
ESCRIBANO
Usted, que está haciendo gestos,
como si fueran pamplinas
lo que digo.
DON LIBORIO
Lleve el diablo
135
al hombre y su letanía.
Agur; en estando solo
siga usted con su maldita
jerigonza hasta mañana.
ESCRIBANO
¿No me llamaron con prisa 140
a otorgar una escritura?
DON LIBORIO
Sí; pero será otro día,
que han ocurrido otras cosas.
Pues trae el hombre bonita
conversación para el lance. 145
ESCRIBANO

 (Solo.) 

Él ha de tener su pizca
de loco, si no me engaño.


Escena III

 

El ESCRIBANO, COSME, BLASA.

 
ESCRIBANO

  (Yendo hacia COSME y BLASA, que salen.)  

¿No es cierto que me quería
hablar el amo?
COSME
Seguro.
ESCRIBANO
Pues cuidado que le digan 150
ustedes, así que venga,
que es un sandio, con manías
de loco.
BLASA
Se lo diremos
sin falta.
COSME
Eso es cuenta mía.


Escena IV

 

DON LIBORIO, COSME, BLASA.

 
COSME
¡Señor!
DON LIBORIO
Venid acá, amigos
155
fieles, en quien se confían
mis designios; ya me han dado
de cuanto os debo noticias.
COSME
Dice el escribano...
DON LIBORIO
Deja
que lo que quisiere diga; 160
y tratemos de otras cosas
más urgentes. La malicia
quiere deshonrarme, y fuera
para vosotros mancilla
que vuestro amo sin honor 165
viviera; se mofaría
todo el mundo de vosotros;
y así, como mi desdicha
cogiera a los dos, conviene
que siempre estéis a la mira, 170
y que el mocito no pueda...
BLASA
Toma; eso es cosa sabida;
lo mismo que el Padre nuestro.
DON LIBORIO
Si os viene haciendo caricias,
no le escuchéis.
COSME
Ni por pienso.
175
BLASA
Pues a buen árbol se arrima.
DON LIBORIO
Si te dice; Cosme, amigo,
ten lástima, por tu vida,
de mi tormento.
COSME
No quiero.
DON LIBORIO
Bueno...

 (A BLASA.) 

Querida Blasita;
180
tú, que tienes una cara
tan bonitilla, tan linda...
BLASA
Noramala.
DON LIBORIO
Así va bien.

  (A COSME.) 

Cuando algo, Cosme, te pida
más de aquello que Dios mande. 185
COSME
¡Picarón!
DON LIBORIO
Bien, a fe mía.

  (A BLASA.) 

Blasa, mira que me muero,
si de mí no te lastimas.
BLASA
¡Desvergonzado, bribón!
DON LIBORIO
¡Qué bien dicho!

  (A COSME.) 

Cosme, mira
190
que yo no quiero que nadie,
sin que le pague, me sirva,
y que te he de premiar bien.
Ahí tienes cuatro doblitas
adelantadas; y tú, 195
Blasa, esa friolerilla
para feriarte un pañuelo.

 (Ambos alargan la mano, y toman el dinero.) 

No penséis que se limita
mi gratitud a tan poco.
Lo que ahora solicitan 200
mis ansias es ver al ama.
BLASA

  (Empujándole.)  

Fuera de aquí.
DON LIBORIO
Muy bien, hija.
COSME

  (Lo mismo.)  

A la calle.
DON LIBORIO
Bueno.
BLASA

 (Lo mismo.) 

Presto.
DON LIBORIO
Basta: tenéis bien sabida
la lección.
BLASA
Pues no; graciosa
205
condición gasta la niña.
¿Está a su gusto de usted?
DON LIBORIO
Menos el que se reciba
el dinero.
BLASA
Es una cosa
que siempre se nos olvida. 210
COSME
¿Empezamos otra vez?
DON LIBORIO
No; ya no se necesita.
Éntrense ustedes en casa.
COSME
Digo; si le parecía
a usted...
DON LIBORIO
Ya he dicho que no.
215
Cuidado con que a la mira
estéis; no quiero el dinero
que os he dado; mas de vista
nunca perdáis a Isabel,
ni dejéis entrar visitas. 220


Escena V

 

DON LIBORIO solo.

 
DON LIBORIO
Para que no me la peguen,
el sastre de más arriba
quiero traerme al portal;
y ella no saldrá ni a misa,
si no es conmigo; y en casa 225
no me han de entrar amiguitas,
ni prenderas, ni mujeres
que vendan ricas basquiñas
de lance, buen chocolate
barato, o mantelería, 230
y con este achaque traigan
del cortejo la esquelita.
No; conmigo no hay emboque;
que tengo mucha malicia,
y he rodado por el mundo. 235
Mancebitos, los del día,
perro viejo todo es maulas;
conmigo no hay engañifas.


Escena VI

 

DON LEANDRO, DON LIBORIO.

 
DON LEANDRO
¡Cuánto celebro encontrarle
a usted! Es cosa de risa, 240
pero por poco me sale
cara, la que en esta misma
hora acaba de pasarme.
Me paré junto a la esquina,
cuando observo a su balcón 245
asomada Isabelita,
que estaba tomando el fresco;
me hace una seña; se esquiva,
y me abre por el postigo;
mas no estaba todavía 250
en su aposento con ella,
cuando el celoso con prisa
trepaba por la escalera.
En una tan repentina
desgracia, lo que ocurrió 255
más presto a la pobre niña
fue encerrarme en un armario.
Desde allí yo no le vía,
pero le oía dar pasos
descompasados; las sillas 260
tirarlas, dar de patadas
a un perrillo que le hacía
fiestas; dar grandes sollozos,
y romper hasta la china
que había en la rinconera 265
del retrete de la chica.
Sin duda que alguna cosa
ha averiguado este día
de la esquela de Isabel.
Después de escena tan linda, 270
sin hablar una palabra,
el gran bestia toma pipa,
y la muchacha asustada
me saca de mi garita,
y me manda que me vaya 275
al punto, por si volvía
el don Marcos; pero tengo
esta propia noche cita
en su cuarto; cuando esté
ya la gente recogida, 280
he de dar cinco palmadas,
que es la seña; Isabelita
abrirá el balcón, y yo
tengo escala prevenida,
y me subo a su aposento. 285
Amigo, tanta alegría
me tiene fuera de mí,
y rabiaba por decirla
a usted, que es tan buen amigo;
porque no es cumplida dicha 290
aquella que a los amigos
fieles no se comunica.
¿Qué tal? ¿Llevo en buen estado
mi amor? Pero estoy de prisa;
agur, que quiero poner 295
al punto las cosas listas.


Escena VII

 

DON LIBORIO solo.

 
DON LIBORIO
¡Que así el influjo maligno
de mi estrella me persiga,
que ni respirar me deje!
Entrambos a dos se aplican 300
de tal manera a frustrar
de la vigilancia mía
los conatos, que es prodigio
que su intento no consigan.
¡Así yo, en mi edad madura, 305
seré escarnio de una niña
inocente, y de un rapaz
sin juïcio; yo que vía
desde el puerto los escollos,
donde otros maridos iban 310
a zozobrar, contemplando
la causa de sus desdichas;
que veinte años he pensado
en ver cómo encontraría
mujer, con quien no tuvieran 315
los mozalbetes cabida;
y que para conseguirlo
he tomado las medidas
más prudentes y acertadas!
Parece que la maligna 320
suerte del linaje humano
quiere que nadie se exima
de este fatal contratiempo;
pues que mi filosofía,
mi experiencia, mis profundas 325
meditaciones fallidas
vienen a salirme todas.
¡La senda que todos pisan
haberla dejado, y luego
cogerme la rueda misma 330
que a cuantos maridos andan
por el mundo! No en mis días;
no has de salir con la tuya,
aunque te empeñes, maldita
estrella. No; en mi poder 335
la chica está todavía.
Si ese diablo de mozuelo
de su corazón me priva,
veremos si lo demás
mi vigilancia le quita. 340
Esta noche, que él se piensa
pasarla en su compañía
alegremente, será
más negra que él imagina.
Por fin no es del todo malo, 345
que él mismo es el que me avisa
del riesgo que me amenaza,
y que tanto desatina,
que los favores que alcanza
de su propio rival fía. 350


Escena VIII

 

DON ANTONIO, DON LIBORIO.

 
DON ANTONIO
Pues ¿a qué hora cenaremos?
¿A las diez?
DON LIBORIO
¡Buena noticia!
Hombre, no ceno, que ayuno.
DON ANTONIO
Es muy graciosa salida.
DON LIBORIO
Déjeme usted, que me duele 355
la cabeza, y me fatiga
el hablar.
DON ANTONIO
¿Y el casamiento
no dijo usted que se hacía
mañana?
DON LIBORIO
Y cuando no se haga,
¿qué importa?
DON ANTONIO
¡Cómo se irrita
360
usted! Vamos; más sosiego.
¿Si acaso sucedería,
amigo, al amor de usted
cierta tribulacioncilla?
Apuesto a que es algo de eso. 365
El semblante así lo indica.
DON LIBORIO
Cuando hubiera sucedido,
nunca me parecería
a ciertos esposos mansos,
que lo toman todo a risa. 370
DON ANTONIO
Es cosa rara, compadre,
que haya dado en tal manía
hombre de tanto talento
como usted, y que su dicha
la cifre toda en un punto 375
que es de tan poca valía
para aquellos que las cosas
sin preocupación miran.
Se parece usted al héroe
que nuestro Cervantes pinta, 380
discreto en todos asuntos,
y que siempre desatina
cuando vienen a tocar
su negra caballería.
Ser un logrero, un bellaco, 385
un mandria es menos mancilla,
en el dictamen de usted,
que incurrir en tal desdicha.
Pero ¿por qué se figura
usted que mi honra se cifra 390
en que mi mujer se porte
bien? ¿De culpa, que no es mía,
por qué he de pagar la pena
yo? ¿No es palpable injusticia
que ella cometa el delito, 395
y sea yo a quien castigan?
Este desmán de un marido,
no sé por qué, usted le mira
como un espantable monstruo,
cuyo aspecto atemoriza; 400
no es tanto como usted piensa;
y, cuando bien se examina,
la cosa (sin pasión) es
indiferente en sí misma,
y todo el daño depende 405
del modo de recibirla.
La prudencia está en un medio;
quien los extremos evita,
obra con juïcio, y nunca
sirve de plato de risa. 410
Hay maridos majaderos,
que ellos propios preconizan
a los galanes que obsequian
a sus mujeres; los instan
para que las acompañen 415
en paseos y en visitas;
van con ellos al teatro;
a su mesa los convidan;
de suerte que con razón
todos los ridiculizan. 420
No apruebo yo esta conducta;
mas tampoco aprobaría
dar en el extremo opuesto
de otros maridos, que gritan
como frenéticos cuando 425
en algún renuncio pillan
a sus mujeres; de modo
que ellos son los que publican
su propia afrenta, y su saña
del mundo el escarnio excita. 430
De ambos extremos un hombre
de juïcio se desvía
igualmente; y, si el influjo
de su estrella le destina
la suerte de otros maridos, 435
con paciencia se resigna,
como a daño irremediable,
que con quejas no se alivia,
y que al contrario se agrava,
cuanto en él más se cavila; 440
de modo que el mayor mal,
aun más que en la cosa misma,
en el modo de tomarla,
a mi parecer, se cifra.
DON LIBORIO
Por sermón tan elocuente 445
debiera la cofradía
darle las gracias a usted,
y muchos se meterían
en el gremio, si le oyeran.
DON ANTONIO
Eso es cosa muy distinta 450
de lo que he dicho; un marido
que hace gala de que viva
su mujer a sus anchuras,
dije que me parecía
muy mal; pero, si la suerte 455
no se le muestra propicia,
haga como el que bien juega,
cuando los naipes le pintan
mal, y con su buena maña
el hado adverso corrija. 460
DON LIBORIO
Pues: comer, beber, dormir,
y sin dársele ni una higa.
DON ANTONIO
Cierto; y, para entre nosotros,
otras cosas me darían
mil veces más pesadumbre 465
que el azar, que atemoriza
a usted tanto; y si me dicen,
o que una mujer elija
que caiga en ciertas flaquezas,
o otra que esté en una riña 470
continua con su marido;
que alborote la familia
con sus gritos; los criados
cada día los despida;
y que, si lo llevo a mal, 475
con mucho fuero me diga,
que para eso es mujer fiel,
¿piensa usted que escogería
un demonio de esta especie?
Deje que se lo repita. 480
La paciencia de un marido
no es lo que usted se imagina,
que tiene sus cosas buenas.
DON LIBORIO
Pues no le tengo yo envidia
a quien goza esos contentos, 485
ni han de citarme en mi vida
como esposo cachazudo.
Primero que tal desdicha...
DON ANTONIO
¡El mundo da tales vueltas!
¡Ay, compadre! Nadie diga 490
de esta agua no beberé.
DON LIBORIO
¡Yo consentir!
DON ANTONIO
Pues sería
usted el primero; cierto.
¡Cuántos no se trocarían
por usted, ni por caudal 495
ni mérito, ni familia,
que lo llevan en paciencia!
DON LIBORIO
Pues yo tampoco querría
ser ellos, aunque me dieran
todo el oro de las Indias. 500
Vaya; mudemos de asunto,
que hablar de eso me fastidia.
DON ANTONIO
¿Se enfada usted? Ya sabremos
qué es lo que tanto le irrita.
Compadre, adiós; sepa usted, 505
aunque otra cosa le digan,
que el que más jura que nunca
será de la cofradía
hermano mayor a veces
suele ser andando días. 510
DON LIBORIO
Pues yo juro de no serlo,
aunque dos mil años viva;
y voy para precaverlo
al punto a tomar medidas.

 (DON LIBORIO va con mucha prisa a llamar a su puerta.) 



Escena IX

 

DON LIBORIO, COSME, BLASA.

 
DON LIBORIO
Amigos; vosotros siempre 515
me dais pruebas repetidas
de cariño, y más que nunca
ahora se necesitan.
Si entrambos desempeñáis
bien el encargo que os fía 520
mi afecto, yo os daré paga
de tanto servicio digna.
El mozo, que ya sabéis,
intenta esta noche misma,
escalando los balcones, 525
al cuarto de Isabelita
entrarse, luego que se haya
recogido la familia.
Pero los tres estaremos
en vela; y cuando esté arriba, 530
ya en el postrer escalón,
silbo yo, y los dos aprisa
acudís, y a garrotazos
le magulláis las costillas,
y de modo que se quede 535
en la cama algunos días;
pero sin que me nombréis,
ni él pueda caer en malicia
de que soy yo quien lo mando.
¿Os atrevéis?
COSME
Esa es linda.
540
Para pegar garrotazos
ninguno mejor se pinta
que yo en todo mi lugar.
BLASA
¿Te parece que la mía
acaso es mano de lana? 545
¿Es grano de anís la chica?
DON LIBORIO
Pues adentro, y punto en boca.

 (Solo.) 

Si los maridos del día
le dieran a los galanes,
que a sus mujeres visitan 550
y regalan, semejantes
lecciones caritativas,
los cofrades de San Marcos
fueran menos a fe mía.




Acto V


Escena I

 

DON LIBORIO, COSME, BLASA.

 
DON LIBORIO
Picarones, ¿qué habéis hecho?
COSME
Lo que usted nos ha mandado.
DON LIBORIO
Yo, lo que os mandé, bribones,
fue que le dierais de palos,
pero no que le matarais. 5
¡En qué apuro nos hallamos!
¡Un cadáver a la puerta!
¿Y si de este asesinato
nos acusan, qué diremos?
Volved a casa, y cuidado 10
con que a ninguno digáis
que yo la orden os he dado
de pegarle.

 (Quedándose solo.)  

¡Qué desgracia!
¿Qué he de hacer en tal fracaso?
¿Qué dirá su pobre padre 15
cuando sepa el desgraciado
lance? Pero ya amanece.
¿Qué puedo hacer? Discurramos.


Escena II

 

DON LEANDRO, DON LIBORIO.

 
DON LEANDRO

 (Aparte.) 

Sepamos qué ha sucedido.
DON LIBORIO

 (Creyendo que está solo.)  

¡Pensar...!

 (Encontrándose con DON LEANDRO, sin conocerle.)  

DON LEANDRO
¿Quién está parado
20
a esa esquina? ¿Es don Liborio?
DON LIBORIO
Sí. ¿Y quién es usted?
DON LEANDRO
Leandro.
A su casa de usted iba,
y para un lance apurado.
Temprano sale a la calle. 25
DON LIBORIO

  (Aparte, bajo.) 

Sin duda yo estoy soñando,
o es cosa de encantamento.
DON LEANDRO
He tenido muy mal rato,
y doy mil gracias al cielo
por haberme deparado 30
hallar a usted en un lance
que le necesito tanto.
Amigo; todo ha salido
mejor que hubiera acertado
a desearlo; rodada 35
se me ha venido a las manos
la dicha, y por un suceso,
que a pique de malograrlo
todo me puso. No sé
cómo, ni por dónde diablos 40
supo la cita el celoso.
Ello es que ya estaba en lo alto
de la escala, y a deshora
dos hombres con varapalos
se asoman; yo, con el susto, 45
pongo el pie en falso y me caigo;
y mi caída me libra
de llevar cien garrotazos.
Ellos, así que me vieron
en el suelo, imaginaron 50
que yo, en fuerza de sus golpes,
estaba en tierra postrado;
y, como el dolor me tuvo
sin sentido un largo rato,
creyeron que estaba muerto. 55
Con esto sobresaltados,
culpándose el uno al otro
del soñado asesinato,
sin luz, y con mucho tiento
a tocarme se llegaron, 60
a ver si estaba difunto.
Yo en este tiempo callando
y sin resollar me estaba;
tanto que ellos no dudaron
de mi muerte, y sin tardanza 65
se huyeron muy asustados.
Pues cuando yo me iba a casa,
Isabelita, temblando
de hallarme sin vida, llega,
que atenta había escuchado 70
lo que ellos entre sí hablaban,
y en medio del embarazo
y la confusión, se había
del aposento escapado.
No puedo explicar a usted 75
su júbilo, al verme sano.
En fin, la amable muchacha,
sólo a su amor escuchando,
ha resuelto no volver
a su casa, y de mi cargo 80
deja su felicidad.
Vea usted, amigo, cuánto
arriesgara su inocencia
si con dobleces y engaños
caminara yo; mas no; 85
que me tiene tan prendado
su candor, que antes muriera
que abandonarla, y que en vano
mi padre se enojaría,
que ya estoy determinado; 90
y he de casarme con ella
aunque me costara caro.
Además de que mi padre
siempre me ha querido; y cuando
no tenga ya otro remedio, 95
nunca es el león tan bravo
que no se amanse; por fin,
amigo mío, salgamos
del día; luego del tiempo
sabremos aprovecharnos. 100
Lo que quiero que usted haga
por mí, en el crítico caso
en que me encuentro, es que dé
a mi Isabelita amparo
sólo por uno o dos días, 105
mientras yo otro albergue le hallo,
donde pueda estar sin susto
escondida, por si acaso
su Cerbero hace pesquisas.
Además, que fuera extraño, 110
y lo murmuraran mucho,
si se quedara en el cuarto
de un mozo una jovencita.
Por eso es más acertado
que usted, como buen amigo, 115
tome esta niña a su cargo,
y, como bien le parezca,
que la ponga a buen recaudo.
De tan generoso amigo
fío servicio tamaño. 120
DON LIBORIO
Cuente usted, amigo mío,
con todo cuanto yo valgo.
DON LEANDRO
¿Con que me servirá usted
en lance tan apretado?
DON LIBORIO
Ya he dicho que sí, y no puede 125
el cielo darme más grato
momento en toda mi vida.
Jamás a nadie he sacado
de apuro con tanto gusto.
DON LEANDRO
Cierto que son muy contados 130
los amigos como usted.
Yo me temía que acaso
desechara usted mis ruegos;
mas veo que es un dechado
de indulgencia; ha visto mundo, 135
y no le causan espanto
las locuras de los mozos.
Ahí queda con un criado
en esa esquina.
DON LIBORIO
¿Y qué haremos?
Porque ya va haciendo claro, 140
y si la llevo conmigo,
pueden verme los criados,
y charlar; es más seguro
que a sitio más recatado
venga; aquella callejuela 145
ha de ser, si no me engaño,
buena; sí, que está algo oscura.
Pues, amigo, allí la aguardo.
DON LEANDRO
Es precaución muy prudente.
Luego la pongo en las manos 150
de usted, y me voy corriendo,
porque nadie entienda el caso.
DON LIBORIO

  (Solo.) 

De buena gana, fortuna,
perdono los malos ratos
que me has dado, pues te debo 155
tan inopinado hallazgo.

 (Se emboza en su capa, tapándose la cara.)  



Escena III

 

DOÑA ISABELITA, DON LEANDRO, DON LIBORIO.

 
DON LEANDRO

  (A DOÑA ISABELITA.)  

Va usted a parte segura;
no tenga ningún cuidado,
que es casa de mucha forma.
Vivir conmigo es echarlo 160
todo a perder; conque siga
a ese señor embozado.
DOÑA ISABELITA

  (A DON LEANDRO.) 

¿Y qué; me deja usted sola?

 (DON LIBORIO la coge de la mano, sin que ella le conozca.) 

DON LEANDRO
Si no es posible excusarlo.
DOÑA ISABELITA
¿Y volverá usted muy presto? 165
DON LEANDRO
Nunca, Isabelita, tanto
como desea mi amor.
DOÑA ISABELITA
No tengo sin usted rato
de gusto.
DON LEANDRO
Y yo sin mi amada
mal en todas partes me hallo. 170
DOÑA ISABELITA
No tanto como yo quiero
a usted.

 (DON LIBORIO tira de ella.)  

¡Ay que me hacen daño!
DON LEANDRO
Se aventura mucho, hermosa,
en que nos vean a entrambos
en este sitio; por eso 175
el amigo, en cuyas manos
a usted dejo, nos da priesa
para que de aquí salgamos.
DOÑA ISABELITA
¡Seguir a quien no conozco!
DON LEANDRO
Deseche usted esos vanos 180
temores, que es de fiar.
DOÑA ISABELITA
¿Y mejor con mi Leandro
no estuviera?

 (A DON LIBORIO, que tira otra vez de ella.) 

Espere usted.
DON LEANDRO
Agur, que va ya clareando.
DOÑA ISABELITA
¿Cuándo le he de ver a usted? 185
DON LEANDRO
Dentro de muy breve rato.
DOÑA ISABELITA
¡Dios mío, cuánto hasta entonces
el tiempo se me hará largo!
DON LEANDRO

 (Yéndose.) 

Gracias al cielo, que tengo
ya mi ventura en mis manos, 190
y puedo dormir ahora
sin susto ni sobresalto.


Escena IV

 

DON LIBORIO, DOÑA ISABELITA.

 
DON LIBORIO

  (Embozado, y fingiendo la voz.)  

Venga usted; que no es ahí
su alojamiento; su cuarto
está puesto en otra parte 195
más segura; allí a recaudo
estará esa personita.

 (Descubriéndose.) 

¿Me conoces?
DOÑA ISABELITA
¡Ay!
DON LIBORIO
¿Te espanto
con mi vista? ¿No es verdad?
¡Ah bribona! ¿Te has quedado 200
helada, porque no puedes
seguir ya con tu Leandro
tus coloquios amorosos;
porque ves que se acabaron
los requiebros y ternezas? 205
 

(DOÑA ISABELITA mira, por si ve a DON LEANDRO.)

 
No mires a todos lados;
que está tu galán muy lejos,
para poder darte amparo.
¡Ah, ah, tan niña, y ya sabes
jugar con tal desenfado 210
semejantes morisquetas!
¡Preguntas si los muchachos
no se paren por la manga
de la camisa, y tu cuarto
abres de noche a los mozos, 215
y te vas con gran descaro,
sin que lo sienta la tierra,
con tu cortejo! ¿Quién diablos
te enseñó a decir requiebros,
que charlabas más que cuatro 220
con el mozalbete? Y, digo,
sin duda se te ha quitado
el miedo de los difuntos,
que andas de noche con tanto
aliento. ¡Picaronaza! 225
¡Cometer yerro tamaño,
y a mis muchos beneficios
corresponder con tal pago!
¡Serpiente, que yo abrigué
en mi pecho, y con ingrato 230
ánimo a su bienhechor
pica, luego que ha cobrado
vigor!
DOÑA ISABELITA
¿Por qué riñe usted?
DON LIBORIO
Pues cierto, que no es el caso
para alterarse.
DOÑA ISABELITA
No veo
235
que haya yo hecho nada malo.
DON LIBORIO
¿Conque no es acción infame
el irse con un muchacho?
DOÑA ISABELITA
Si es un hombre que pretende
darme de esposo la mano, 240
y usted me ha dicho que no era,
en casándose, pecado.
DON LIBORIO
Sí; pero yo te quería
para mi mujer; y claro
te lo he dicho varias veces. 245
DOÑA ISABELITA
Es cierto; pero, tratando
verdad, para mi marido
me acomoda más Leandro.
Usted pinta el casamiento
de modo que pone espanto, 250
y, cuando él habla de ser
yo su mujer, me da tanto
gusto, que siento en el alma
que no estemos ya casados.
DON LIBORIO
¡Pícara! Eso es que le quieres. 255
DOÑA ISABELITA
Mucho que le quiero.
DON LIBORIO
Alabo
la desvergüenza. ¿Y te atreves
en mi cara a confesarlo?
DOÑA ISABELITA
¿Pues no lo he de confesar,
si es la verdad?
DON LIBORIO
Buenos vamos.
260
¿Y por qué le quieres? Di.
DOÑA ISABELITA
¡Ay, señor! ¿Lo sé yo acaso?
Él solo tiene la culpa;
mi amor vino sin pensarlo.
DON LIBORIO
¿Y por qué no combatías 265
ese amor?
DOÑA ISABELITA
¿Qué viene al caso
combatir lo que da gusto?
DON LIBORIO
¿No sabías cuánto enfado
me dabas con ese amor?
DOÑA ISABELITA
No por cierto; ¿pues qué daño 270
a usted se le hace?
DON LIBORIO
Ninguno.
Debo darme con un canto
en los pechos.¿Conque tú
no me quieres? Dilo claro.
DOÑA ISABELITA
¿A usted?
DON LIBORIO
A mí.
DOÑA ISABELITA
¡Ay! No señor.
275
DON LIBORIO
¿Cómo no?
DOÑA ISABELITA
Si lo contrario
digo, miento.
DON LIBORIO
¿Y por qué no
me quieres, mujer o diablo?
DOÑA ISABELITA
¡Dios mío! ¿Tengo yo culpa?
¿Por qué usted, como Leandro, 280
no se hizo amar? Yo, a fe mía,
no se lo hubiera estorbado.
DON LIBORIO
Si siempre en que me quisieras
puse todo mi conato,
y no sé en qué ha consistido, 285
que no he podido lograrlo.
DOÑA ISABELITA
Sabrá más en la materia,
sin duda, el otro muchacho,
porque el hacerse querer
no le ha costado trabajo. 290
DON LIBORIO

  (Aparte.) 

Miren ustedes si sabe
discurrir con desparpajo
la bobita. ¿Una doctora
respondiera más al caso?
¡Ay, qué mal la conocía! 295
Sin duda alguna, en tratando
de estas cosas, una boba
sabe más que un varón sabio...

  (A DOÑA ISABELITA.)  

Puesto que tan bien discurres,
¿te he mantenido con tanto 300
lujo, a fin que coja el fruto
otro de todos mis gastos?
DOÑA ISABELITA
No, que piensa resarcirlo
todo, hasta el último ochavo.
DON LIBORIO

  (Aparte.) 

Me vuela con sus respuestas. 305

 (En voz alta.)  

Norabuena; ¿y los cuidados
que tu educación me cuesta,
con qué, dime, ha de pagarlos?
DOÑA ISABELITA
Si vale decir verdad,
no pienso que sean tantos. 310
DON LIBORIO
¿Pues no te he dado enseñanza?
DOÑA ISABELITA
Cierto que ha sido un milagro,
y que me puedo alabar
de lo que me han enseñado.
¿Piensa usted que, aunque tan niña, 315
en mi ignorancia no caigo?
Pues me da mucha vergüenza
de que, teniendo mis años,
sé tan poco; y, si yo puedo,
pronto saldré de este estado. 320
DON LIBORIO
¡Hola! Quieres ser doctora,
y que te instruya Leandro?
DOÑA ISABELITA
¿Por qué no? Lo que yo sé,
si puedo decir que sé algo,
¿quién, sino él, me lo enseñó? 325
De suerte que en tantos años
menos a usted he debido
que en tres días al muchacho.
DON LIBORIO
No sé cómo me contengo,
que no le pego un guantazo, 330
y de su maldita sorna
un bofetón bien vengado
me deja.
DOÑA ISABELITA
Bien puede usted,
si satisface su agravio
con pegarme.
DON LIBORIO

 (Aparte.) 

Esa mirada
335
y ese acento con mi enfado
acabaron ya, y mi amor
se olvida de todo cuanto
me ofendió. ¡Maldito amor!
¿Puede darse mayor flaco 340
que el querer bien? Las mujeres
son animales livianos,
frágiles, antojadizos;
sin cesar están fraguando
tretas para que los hombres 345
se den de veras al diablo;
en suma, son los peores
entes que Dios ha criado,
y nos morimos por ellas,
y gobernar nos dejamos 350
por sus cabezas al aire.

  (A DOÑA ISABELITA.)  

Esto se acabó ya; hagamos
las paces; yo te perdono,
picarilla, los agravios
que me has hecho, y mi cariño 355
te vuelvo, como antes; tanto
te quiero; tú, Isabelita,
también me querrás en pago.
¿No es así?
DOÑA ISABELITA
Con mucho gusto,
lo hiciera; pero es en vano 360
esforzarme, si no puedo.
DON LIBORIO
Sí podrás, monilla, vamos;
haz un esfuerzo. ¿No escuchas
este suspiro inflamado?
Mira qué tiernos que pongo 365
los ojos. ¿No ves qué guapo
que soy? Deja ese mocoso.
Sin duda el bribón te ha dado
algún hechizo; verás
qué buena vida pasamos 370
en matrimonio los dos.
Tendrás siempre barro a mano
para andar muy petimetra,
que es lo que te gusta tanto.
No te reñiré jamás, 375
aunque me gastaras cuanto
caudal tengo; todo el día
te estaré besuqueando
y haciendo mimos; por fin
verás que nunca regaño, 380
aunque tu conducta sea
tal... excuso hablar más claro.

 (En voz baja, aparte.)  

¡Hasta dónde una pasión
maldita puede arrastrarnos!

  (Recio.)  

Mi amor, en una palabra, 385
es tan grande, que me allano
a hacer cuanto tú quisieres.
¿Quieres experimentarlo,
ingrata? ¿Quieres que llore?
¿Quieres ver cómo me arranco 390
el pelo, cómo me doy
de golpes, cómo me mato?
Dime, crüel lo que quieres,
verás que al instante lo hago.
DOÑA ISABELITA
Todo lo que usted me dice 395
es gastar el tiempo en vano;
más hiciera solamente
con dos palabras Leandro.
DON LIBORIO
Esto ya pasa de raya;
pues me sigues provocando, 400
saldrás luego de Madrid;
en San Fernando te encajo;
veremos si allí te olvidas
de ese guapito muchacho.


Escena V

 

DON LIBORIO, DOÑA ISABELITA, COSME.

 
COSME
Señor, no sé cómo ha sido; 405
pero, a mi ver, se ha marchado
el ama con el difunto.
Lo cierto es que faltan ambos.
DON LIBORIO
Aquí está; llévala a casa,
y enciérramela en un cuarto. 410

 (Aparte.) 

No la irá a buscar allí
el mocito acicalado;
y luego antes de dos horas
otro albergue le preparo
más seguro.

  (A COSME.) 

Echa la llave,
415
y mira bien que te encargo
que no la dejes ni un punto.

 (Quedándose solo.)  

Es muy factible que cuando
no le vea se le olvide
ese maldito Leandro. 420


Escena VI

 

DON LEANDRO, DON LIBORIO.

 
DON LEANDRO
¡Ah, sin mí estoy de pesar!
Señor don Liborio, el hado
me persigue; la beldad,
que con tantas veras amo,
me quieren quitar; mi padre 425
en este instante ha llegado
en posta, y viene a casarme,
sin haberme dicho el trato,
con la hija de don Enrique,
aquel poderoso indiano 430
por quien antes pregunté
a usted. Cuál mi sobresalto
puede ser, piénselo usted;
y, si en trance tan amargo
no encuentro quien me socorra, 435
ha de ser el postrer paso
de mi vida. Apenas supe
de mi desdicha el amago,
cuando, sin poder valerme,
por poco me da un desmayo. 440
En fin, oí que mi padre
estaba determinado
a venir a ver a usted,
y le gané por la mano.
Por Dios que no sepa nada, 445
del empeño en que yo me hallo,
y haga usted por disuadirle
de estas bodas, pues que tanto
influjo tiene con él.
DON LIBORIO
Ya entiendo.
DON LEANDRO
Si ahora alcanzo
450
que se dilaten, me basta.
Después...
DON LIBORIO
Pierda usted cuidado.
DON LEANDRO
Toda mi esperanza tengo
en usted.
DON LIBORIO
Ya.
DON LEANDRO
En este caso,
como de un padre, me fío 455
de usted... Pero ya han llegado.
Apártese aquí conmigo,
y óigame a solas un rato.


Escena VII

 

DON ENRIQUE, DON PABLO, DON ANTONIO, DON LEANDRO, DON LIBORIO.

 
 

DON LEANDRO y DON LIBORIO se retiran a una esquina del tablado, y hablan aparte.

 
DON ENRIQUE

 (A DON ANTONIO.) 

Al punto que le hube visto
a usted, dije que era hermano 460
de mi difunta mujer,
que se le parece tanto,
que no vi en toda mi vida
otro tan cabal retrato,
¡Cuánto siento que la muerte 465
me la hubiera arrebatado,
cuando ya estaban las cosas
dispuestas para embarcarnos,
y cuando el hado, que siempre
le había sido contrario, 470
le permitía volver
sin temor al suelo patrio,
y en el seno de los suyos
hallar alivio a sus largos
afanes! Pero el destino 475
fue con nosotros escaso
de tanta dicha; y así
sólo resta consolarnos
de su dolorosa falta
con la niña que ha dejado; 480
y aunque yo deba tener
a dicha que dé su mano
al hijo de tal amigo,
como es el señor don Pablo,
si usted no aprueba este enlace, 485
no se dará en él más paso,
DON ANTONIO
Fuera dar muestras de loco
repugnar a lo que tanto
aprecio merece.
DON LIBORIO

  (Aparte a DON LEANDRO.) 

Sí;
yo lo compondré.
DON LEANDRO

  (Aparte a DON LIBORIO.) 

Cuidado
490
con...
DON LIBORIO

  (A DON LEANDRO, aparte.) 

Nada recele usted.

 (DON LIBORIO deja a DON LEANDRO para dar un abrazo a DON PABLO.) 

DON PABLO

 (A DON LIBORIO.) 

¡Con cuánto gusto le abrazo
a usted!
DON LIBORIO
No es menor mi gozo.
DON PABLO
Vengo...
DON LIBORIO
Ya me han informado
de todo.
DON PABLO
¡Ya usted lo sabe!
495
DON LIBORIO
Sí.
DON PABLO
Me alegro.
DON LIBORIO
Don Leandro
a estas bodas se resiste,
y en secreto me ha rogado
que le disuadiera de ellas
a usted; pero yo, al contrario, 500
soy de dictamen que deben
acelerarse, y que el caso
exige imperiosamente
que usted, sin darle más plazo,
a su hijo case al momento, 505
que es perder a los muchachos
tolerar sus desvaríos.
DON LEANDRO

  (Aparte.)  

¡Bribón!
DON ANTONIO
Si él a dar la mano
a mi sobrina repugna,
no me parece acertado 510
apremiarle; y como yo
piensa sin duda mi hermano.
DON LIBORIO
¿Quiere usted que le gobierne
su hijo? Pues no fuera malo
que dispusiera el mocito, 515
y obedeciera el anciano;
sería el mundo al revés.
No, compadre, no; don Pablo
es amigo íntimo mío;
hace ya que nos tratamos 520
muchos años, y su honor
me interesa acaso tanto
como el mío; no se diga
que a su palabra ha faltado,
porque es su hijo un calavera, 525
y él no tuvo en este caso
la suficiente entereza.
DON PABLO
Bien dicho; no hay que dudarlo;
yo haré que mi hijo obedezca,
sea por fuerza o de grado. 530
DON ANTONIO

  (A DON LIBORIO.) 

No sé por qué en este asunto
toma usted cartas con tanto
calor, no siendo pariente.
DON LIBORIO
Yo me entiendo.
DON PABLO
Sí; estimamos,
señor don Liborio...
DON ANTONIO
No
535
quiere ser así llamado.
Vizconde del Atochal
se titula.
DON LIBORIO
No hace al caso.
DON LEANDRO

 (Aparte.)  

¡Qué escucho!
DON LIBORIO

  (A DON LEANDRO.) 

Sí, amigo mío;
de esa manera me llamo, 540
¿qué quería usted que hiciera?
DON LEANDRO

 (Aparte.) 

Vaya, está echado mi fallo.


Escena VIII

 

DON ENRIQUE, DON PABLO, DON ANTONIO, DON LEANDRO, DON LIBORIO, BLASA.

 
BLASA
Señor, si no acude usted,
se escapará de las manos
Isabel, sin ser posible 545
retenerla, que ya un salto
quiso dar por el balcón.
DON LIBORIO
Que venga aquí.
 

(Se va BLASA.)

 

  (A DON LEANDRO.) 

Yo me marcho
al lugar con ella al punto.
Amigo mío; en su caso 550
no hay más que tener paciencia,
y acordarse del adagio,
que hasta el fin nadie es dichoso.
DON LEANDRO

 (Aparte.) 

¿Hay hombre más desdichado?
Y todo por culpa mía. 555
DON LIBORIO

 (A DON PABLO.)  

Lo que hay que hacer es casarlos
cuanto antes; y mire usted
que soy de los convidados
a la boda.
DON PABLO
En eso estoy.


Escena IX

 

DOÑA ISABELITA, DON PABLO, DON ENRIQUE, DON ANTONIO, DON LIBORIO, DON LEANDRO, COSME, BLASA.

 
DON LIBORIO

  (A DOÑA ISABELITA.)  

Venga aquí usted, niña, vamos. 560
¿Conque si no la detienen,
se echa del balcón abajo?
Aquí está su queridito.
Dígale adiós, que va largo
el que le vea otra vez. 565

 (A DON LEANDRO.)  

¿Cómo ha de ser? Es mal trago;
pero en amor hay sus quiebras,
y a veces lo que pensamos
suele salir al revés.
DOÑA ISABELITA
¿Qué, me abandona Leandro? 570
DON LEANDRO
Estoy mortal; este día
será de mi vida el plazo.
DON LIBORIO
Vamos, vamos, parlanchina.
DOÑA ISABELITA
No me he de mover un paso.
DON PABLO
¿Qué significa esta bulla? 575
En ayunas nos quedamos
todos.
DON LIBORIO
No es nada; otro día
lo explicaré más despacio.
Hasta más ver.
DON PABLO
¿Dónde va
usted? Espérese un rato. 580
DON LIBORIO
Haga usted el matrimonio
que le tengo aconsejado,
de su hijo, aunque él lo repugne.
DON PABLO
Sí, señor; en eso estamos.
¿Pero los que de estas bodas 585
habían a usted hablado,
no le dijeron también
que la novia, de que estamos
tratando, la tiene usted
en su casa ha muchos años; 590
que es la hija de don Enrique,
que de secreto contrajo
matrimonio con la hermana
de don Antonio? ¿Qué extraño
viaje es ese?
DON ANTONIO
Por cierto,
595
compadre, que es usted raro.
DON LIBORIO
¡Qué...!
DON ANTONIO
Don Enrique y mi hermana
de secreto se casaron,
y tuvieron esta niña,
que a la familia ocultaron. 600
DON PABLO
Y en un lugar se crió
con un apellido falso.
DON ANTONIO
Por calumnias a salir
de España se vio obligado.
DON PABLO
Y se marchó a Guatemala, 605
con mil peligros lidiando.
DON ANTONIO
Donde hizo mucho caudal,
y ha vuelto a su patria ufano.
DON PABLO
Y ha buscado a la aldeana,
que de su hija se hizo cargo. 610
DON ANTONIO
Que dice que se la dio
a usted hace muchos años.
DON PABLO
Y que usted por caridad
a la niña la ha criado.
DON ANTONIO
Y él, lleno el pecho de gozo, 615
la mujer a Madrid trajo.
DON PABLO
Que vendrá luego al instante
a ponerlo todo en claro.
DON ANTONIO

  (A DON LIBORIO.)  

Yo sospecho lo que tiene
a usted tan atosigado. 620
Pero dé gracias al cielo.
Si piensa que es mal tamaño
ser marido, y consentido,
el remedio está en su mano.
No se case el que no quiera 625
ser clïente de San Marcos.
DON LIBORIO

  (Se va, fuera de sí, y sin poder articular palabra.) 

¡Bú!


Escena X

 

DON ENRIQUE, DON PABLO, DON ANTONIO, DOÑA ISABELITA, DON LEANDRO.

 
DON PABLO
¿Por qué se va furioso?
DON LEANDRO
¡Padre! ¡Qué feliz acaso!
Las bodas que usted trataba,
las había de antemano 630
concluido ya el amor,
y nos habíamos dado
Isabel y yo de ser
esposos palabra y mano.
Por ella me resistía 635
a dar cumplimiento al trato
hecho ya con don Enrique.
La fortuna lo ha guiado
mejor.
DON ENRIQUE
Luego que la vi,
impulsos me estaban dando, 640
sin poderme contener,
de darle dos mil abrazos.
¡Hija de mi corazón!
DON ANTONIO
Este no es lugar, hermano,
para hacer esos extremos. 645
Bien cerca de casa estamos.
Vámonos, que allí podremos
sin escándalo abrazarnos
todos, y daremos gracias
a don Liborio de cuanto 650
hizo por Isabelita,
desde sus más tiernos años.




 
 
FIN
 
 






 
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