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Acto III


Escena I

 

DON ALEJANDRO y JUANA.

 
DON ALEJANDRO
Pártame un rayo del cielo;
pase yo plaza de indigno,
de soez y de cobarde,
si no hiciere un desatino
con ese infame echacantos. 5
JUANA
Conténgase usted por Cristo;
hasta aquí cuanto tememos
aún no ha pasado del dicho,
y para llegar al hecho
mucho falta.
DON ALEJANDRO
¡Vil mendigo!
10
No tengas recelo, Juana.
Yo le cortaré los bríos.
JUANA
Gaste usted, por Dios, cachaza,
que nunca por ser tan vivo
le queda títere a vida; 15
ya sabe usted el ahínco
con que su madrastra anhela
a casar a don Carlitos
con Pepita, y que los ama,
mas que si fueran sus hijos, 20
a ustedes; que aunque muchacha
y hermosa tiene juïcio.
Don Fidel se muestra siempre
con mi señora muy fino,
y hace cuanto ella le manda; 25
yo, sospecho, señorito,
que está enamorado de ella,
que fuera lance muy digno
de contar; ello es que intenta
rogarle que del designio 30
de dar la mano a Pepita
se desista, y que me ha dicho
que le cite en esta sala;
yo me temo que el maldito
salga con una pamema. 35
Todavía no he podido
verle, que dice el criado
que con pecho muy contrito
está en oración mental,
y interrumpir ejercicio 40
tan santo, fuera una acción
propia de Lucifer mismo.
Yo he dicho que le esperaba
aquí; conque, señorito,
marcharse y dejarme sola. 45
DON ALEJANDRO
No me muevo de este sitio;
que he de oír lo que responde.
JUANA
Vamos; no sea usted niño,
que conviene que estén solos.
DON ALEJANDRO
No chistaré.
JUANA
Si es delirio,
50
y no puede contenerse
usted; sálgase, le digo.
DON ALEJANDRO
Ya verás que no me enfado.
JUANA
¡Jesús; que ya viene! Vivo.
Escóndase usted ahí. 55
 

(DON ALEJANDRO se va a esconder a un gabinete que hay en el fondo del teatro.)

 


Escena II

 

DON FIDEL y JUANA.

 
DON FIDEL

 (Hablando en voz alta a su criado, que está dentro, así que ve a JUANA.) 

Lorenzo, guarda el cilicio
con las disciplinas, si alguien
me busca; voy ahora mismo
a visitar a los presos,
y dar a estos pobrecitos 60
lo que a mí me han entregado
devotos caritativos.
JUANA

 (Aparte.) 

Baladrón de santidad.
DON FIDEL
Según Lorenzo me dijo
me llamaba usted: ¿qué quiere? 65
JUANA
Sólo decirle...
DON FIDEL

 (Sacando un pañuelo del bolsillo, y tirándosele.) 

¡Dios mío!
Coja usted ese pañuelo
antes de hablar más.
JUANA
No atino
para qué.
DON FIDEL
Cubra ese pecho.
¡Jesús! Yo me escandalizo 70
de verla tan inmodesta.
Ese traje ya le he dicho
que es ocasión de pecado.
JUANA
Pues, por Jesucristo vivo,
¡qué poco trabajo cuesta 75
al espíritu maligno
para hacer a usted pecar!
No es mala ocurrencia; y digo,
aunque esté usted como estaba
Adán en el Paraíso, 80
quiero, si me tienta el diablo,
caerme muerta aquí mismo.
DON FIDEL
Hable usted con más modestia,
o me iré.
JUANA
No, que yo digo
mi recado en dos palabras: 85
mi ama quiere en este sitio
hablar con usted un rato.
DON FIDEL
¡Ay; con el alma!
JUANA

 (Aparte.) 

Está visto.
Ciertos son los toros; vamos.
DON FIDEL
¿Viene luego?
JUANA
Ahora mismo.
90
Mas ya está aquí; yo me voy.


Escena III

 

DOÑA ELVIRA y DON FIDEL.

 
DON FIDEL
Señora; el cielo propicio
salud espiritual
y corporal, como pido
a Dios en mis oraciones, 95
aunque pecador indigno,
a usted dé, y de bienes colme
tan preciosa vida.
DOÑA ELVIRA
Estimo
los buenos deseos de usted,
que me prueban su cariño. 100
Sentémonos y estaremos
mejor.
DON FIDEL

 (Sentado.) 

¿Quedan aún vestigios
del mal de usted?
DOÑA ELVIRA

  (Sentada.) 

No señor.
Como si no hubiera sido
nada, estoy.
DON FIDEL
Mis oraciones
105
sin duda nada han podido
con Dios, pero en todas ellas
le pedía con ahínco
el alivio de usted.
DOÑA ELVIRA
Debo
a usted afecto muy fino. 110
DON FIDEL
Una salud tan preciosa
merece ser de continuo
el blanco de mis cuidados;
y yo por su pronto alivio
hubiera dado la mía. 115
DOÑA ELVIRA
Cierto, usted es un prodigio
de la caridad cristiana.
DON FIDEL
Si con los méritos mido
mi celo, me quedo corto.
DOÑA ELVIRA
Yo he venido con designio 120
de hablar a usted de un asunto
a solas.
DON FIDEL
Mucho ha que aspiro
a esa dicha yo también.
¡Oh cuánto al Cielo he pedido
que me deparara el caso 125
de ver a usted sin testigos,
y hasta aquí no lo he logrado!
DOÑA ELVIRA
Lo que yo de usted exijo
es que me hable sin rebozo.
 

(DON ALEJANDRO sin salir entreabre la puerta del retrete, en que está escondido, para oír lo que dicen.)

 
DON FIDEL
Y yo a nada tanto aspiro 130
como a descubrir a usted
todo entero el pecho mío,
y asegurarle no crea
que, si enojado me ha visto
gritar contra sus visitas, 135
me guía ningún motivo
de odio, que antes es efecto
del más sincero cariño,
del fervor más acendrado.
DOÑA ELVIRA
También yo así lo imagino; 140
celo de mi salvación.
DON FIDEL

 (Cogiendo la mano a DOÑA ELVIRA y apretándole los dedos.) 

Sí señora, y tan activo...
DOÑA ELVIRA
Suelte usted, que me lastima.
DON FIDEL
Fue por fervor excesivo;
que no es mi ánimo hacer mal 145
a usted, y hubiera querido
más antes...

 (Pone la mano en las rodillas de DOÑA ELVIRA.) 

DOÑA ELVIRA
Fuera la mano.
DON FIDEL
¡Qué tejido éste tan fino!
DOÑA ELVIRA
Déjeme usted, porque tengo
muchas cosquillas.

 (DOÑA ELVIRA desvía la silla, y DON FIDEL acerca la suya.)  

DON FIDEL

  (Andando con el pañuelo de DOÑA ELVIRA.)  

¡Muy lindo
150
punto! ¡Si trabajan hoy
de un modo tan exquisito!
DOÑA ELVIRA
Verdad es; pero tratemos
de nuestro asunto; Simplicio
quiere casar a Pepita 155
con usted, según me han dicho,
y faltar a su palabra...
¿Es cierto?
DON FIDEL
Sí; algo me dijo
ayer don Simplicio, pero
la ventura a que yo aspiro 160
no es esa; que en otra parte
respiran los atractivos
de la celestial belleza,
de quien soy el siervo indigno.
DOÑA ELVIRA
Bien sé que usted sólo anhela 165
a servir a Dios.
DON FIDEL
No abrigo
un corazón en mi pecho,
señora, de mármol frío.
DOÑA ELVIRA
Ya; pero está de las cosas
de este mundo desprendido. 170
DON FIDEL
No, señora; los afectos
más fervorosos y píos
no apagan los terrenales;
que agrada a Dios ser querido,
y alabado en las hechuras 175
perfectas que su mano hizo,
como las que se parecen
a usted; pero su divino
pincel luce en ese rostro,
donde Dios ostentar quiso 180
todo su poder, formando
el dechado más cumplido
de celestial hermosura,
y confieso que no he visto
tanta perfección sin dar 185
gracias al Autor divino
de la belleza, y sentir
en mi pecho el fuego activo
de amor; que en ese semblante,
Elvira, un trasunto miro 190
de la angélica hermosura.
Yo me recelé al principio
que era mi amor tentación
del espíritu maligno,
y de huir de la presencia 195
de usted propósito fijo
en mi corazón formé;
mas meditándolo, he visto
que sin caer en pecado
puedo amar ese divino 200
conjunto de perfecciones,
que no puede haber delito
donde el escándalo falta;
en esto, señora, fío
sea de mi corazón 205
a usted grato el sacrificio;
bien sé que es mucha osadía
que sujeto tan indigno
presuma hacer tal ofrenda;
pero, no obstante, confío 210
que, aunque mis merecimientos
a la corona que aspiro
no puedan ser acreedores,
suplirá usted con benigno
pecho lo mucho que falta 215
a su siervo, que el destino
suyo en manos de usted deja.
De su soberano arbitrio
pende mi infierno o mi gloria,
según severo o propicio 220
el fallo fuere que aguardo.
DOÑA ELVIRA
Confieso que me ha cogido
de nuevas ese discurso;
él es cierto que es muy fino,
pero me parece extraño, 225
y en verdad que no concibo
que un devoto como usted
en tal yerro haya incurrido.
¿Qué dirá el mundo, si entiende
semejante desvarío? 230
DON FIDEL
Aunque devoto, soy hombre,
y como tal no resisto
a esa celestial belleza.
Ni pienso, ni raciocino,
cuando extático contemplo 235
tanta beldad. No me admiro
que condene usted mi amor;
mas si cometo un delito,
obro, hermosísima Elvira,
sin libertad ni albedrío, 240
porque todo le rendí
así que vi tanto hechizo;
y la dulzura inefable
de esos ojos peregrinos
dio con mi flaqueza en tierra; 245
llantos, ayunos, cilicios,
todo fue en balde; mil veces
mis miradas, mis suspiros,
antes ya han dicho, señora,
lo que con la boca digo 250
en esta ocasión; si usted
quiere con pecho benigno
dar a las tribulaciones
de su indigno esclavo alivio,
y abajar hasta mi nada 255
sus gracias desde el impíreo
de su divina hermosura,
juro que no habrá tenido
más fervoroso devoto.
La honra no corre peligro 260
conmigo, ni hay que temer
que yo quebrante el sigilo,
como hacen mil pisaverdes,
que apenas han conseguido
los favores de una dama 265
cuando vuelan a decirlo
a todos cuantos encuentran,
profanando los impíos
torpemente aquellas aras
donde ofrecen sacrificios. 270
Los devotos, como yo,
con más cautela vivimos,
y los secretos de amor
jamás a nadie decimos,
porque nuestra buena fama 275
en que no sean sabidos
estriba; y así, señora,
quien a nuestro afecto fino
corresponde está segura
de hallar gustos sin peligros, 280
y sin escándalo amor.
DOÑA ELVIRA
Todo eso está muy bien dicho;
habla usted con elocuencia;
pero si yo se lo digo
a mi marido, ¿no teme 285
que se le entibie el cariño
de hermano que le profesa?
DON FIDEL
Yo sé que el pecho benigno
de usted sabrá perdonar
discursos que, aunque atrevidos, 290
son hijos del ciego amor
que en mi corazón abrigo.
No soy ángel; y hombre flaco,
cuando esa belleza miro
conozco que soy de carne. 295
DOÑA ELVIRA
Otras metieran ruïdo;
yo no pienso así; mi esposo
no sabrá lo que se ha dicho
aquí, pero en pago de ello
de usted una cosa exijo, 300
y es que se empeñe con fuerza
para que una mi marido
a Pepita con don Carlos,
y no ejerza usted dominio
en prenda que ya es ajena. 305


Escena IV

 

DOÑA ELVIRA, DON ALEJANDRO y DON FIDEL.

 
DON ALEJANDRO

  (Saliendo del retrete donde estaba escondido.)  

No, señora, he de decirlo
todo; desde ese retrete,
adonde estaba escondido,
he escuchado las infamias,
las traiciones de ese inicuo. 310
El Cielo para vengarme
que aquí me escondiera quiso,
y para que sus maldades
tuviesen justo castigo.
En fin, mi padre sabrá 315
quién es ese vil indigno
que se atreve a requebrar
a su mujer.
DOÑA ELVIRA
No, querido;
basta con que tenga cuenta
en adelante consigo, 320
y merezca su perdón;
por mi amor te lo suplico;
no digas nada a tu padre;
de tan necios desvaríos
hace burla una mujer, 325
y no lleva a su marido
cuentecillos de esta especie.
DON ALEJANDRO
Usted tiene sus principios,
y yo los míos; no quiero
que se queden sin castigo 330
de este hipocritón infame
los pensamientos lascivos.
Harto tiempo ha que el perverso
nos tiene a todos en vilo,
y que obedece mi padre 335
sus antojos y caprichos,
que se opone a que mi hermana
se despose con mi amigo,
y yo con la suya; en fin,
el Cielo sin duda quiso 340
depararme esta ocasión
de descubrir los designios
de su corazón dañado,
y pues el Cielo propicio
me la ofrece, mal haría 345
en desperdiciarla.
DOÑA ELVIRA
Digo,
Alejandro, que...
DON ALEJANDRO
Es en balde;
de alegría no respiro.
gustaré de la venganza
el placer tan exquisito. 350
A decírselo a mi padre
vuelo en este instante mismo;
pero aquí viene; el bribón
va a llevar su merecido.


Escena V

 

DON SIMPLICIO, DOÑA ELVIRA, DON ALEJANDRO y DON FIDEL.

 
DON ALEJANDRO
Me alegro que llegue usted 355
tan a tiempo; su cariño,
cierto, se le paga bien
el señor; de fiel amigo
cumple las obligaciones
como quien es; aquí mismo 360
ha intentado deshonrar
a usted; yo propio testigo
he sido de los requiebros
que a mi madrastra le ha dicho,
declarándole su amor. 365
Ella había prometido
callar, como es tan prudente;
pero yo, que soy más vivo,
quiero que usted sepa el pago
de todos los beneficios 370
que está haciendo a su beato.
DOÑA ELVIRA
Cierto es que no hubiera dicho
este secreto a mi esposo;
si tú me hubieras creído,
Alejandro, nunca habría 375
llegado hasta sus oídos
tan desagradable escena;
mujer que tiene principios
de honra calla y se defiende.


Escena VI

 

DON SIMPLICIO, DON ALEJANDRO y DON FIDEL.

 
DON SIMPLICIO
¿Un proceder tan inicuo 380
es creíble? ¡Cielo santo!
DON FIDEL
Sí, hermano, soy un indigno
pecador, todo abrumado
de iniquidad y de vicios;
soy el hombre más perverso, 385
más villano de este siglo;
mi vida es una sentina
de maldades y delitos,
y al fin quiere darme el Cielo
el merecido castigo, 390
y por más grave que sea
esta acusación, es fijo
que no iguala a los pecados
que yo tengo cometidos.
Crea usted lo que le dicen, 395
hermano; como un indigno
arrójeme de su casa;
sin quejarme me resigno
a cuantos baldones quiera;
que más tengo merecido. 400
DON SIMPLICIO

 (A su hijo.) 

Pícaro; ¡y con tus mentiras
querías de este bendito
manchar la reputación!
DON ALEJANDRO
¿Qué, quiere usted desmentirnos
porque con falsa humildad...? 405
DON SIMPLICIO
Calla, Lucifer maldito.
DON FIDEL
Déjele usted que hable, hermano,
y crea cuanto le ha dicho;
¿pues por qué a cuanto me imputa
no quiere usted dar oídos? 410
¿No soy yo acaso capaz
de más atroces delitos?
Mi exterior es el de un santo;
¿pero todo cuanto digo
no puede ser fingimiento? 415
No le engañen, hermanito,
las mentidas apariencias;
todos viven persuadidos
a que yo soy un dechado
de virtudes, un bendito; 420
pluguiera a Dios fuese cierto;
soy un pecador inicuo.

  (Hablando con DON ALEJANDRO.)  

Mejor me conoce usted;
tráteme usted, hijo mío,
de infame, aleve, villano, 425
de impostor y de asesino;
bien merezco estos baldones,
y en nada los contradigo;
de rodillas los escucho,
como castigo debido 430
a mis enormes pecados.
DON SIMPLICIO

 (A DON FIDEL.) 

Por Dios, basta, hermano mío.

 (A su hijo.) 

¡Pícaro, y no te arrepientes!
DON ALEJANDRO
¿Pues a usted le han seducido...?
DON SIMPLICIO
Calla, lengua del demonio... 435

  (A DON FIDEL.) 

Hermano, mi único amigo,
levántese usted...

 (A su hijo.) 

¡Infame!
DON ALEJANDRO
¿Cómo?
DON SIMPLICIO
Que calles te he dicho.
DON ALEJANDRO
No puedo aguantar. ¿Qué; usted...?
DON SIMPLICIO
Si me chistas, voto a Cristo, 440
te rompa brazos y piernas.
DON FIDEL
Hermano, por Dios lo pido;
no se altere usted; primero
sufriré el mayor castigo
que consentir que le toque. 445
DON SIMPLICIO

  (A su hijo.)  

¡Ingrato!
DON FIDEL
Se lo suplico,
si es menester, de rodillas.
perdone, por Dios, a su hijo.
DON SIMPLICIO

 (Poniéndose también de rodillas y abrazando a DON FIDEL.)  

¡Ay! cuánta bondad, hermano...

 (A su hijo.) 

¿Lo ves, lo ves? Di, maldito. 450
DON ALEJANDRO
¿Con qué...?
DON SIMPLICIO
Silencio.
DON ALEJANDRO
¿Qué...?
DON SIMPLICIO
Calla;
¿piensas que no sé el motivo
de tus enredos? Bien veo
que todos a este bendito
tienen aborrecimiento 455
en casa; criados, hijos
y mujer, y andan fraguando
mil embustes mal zurcidos,
para que yo le despida;
no lo lograréis, os digo; 460
cuanto más os empeñáis
en echarle, más me obstino
yo en que esté en casa; a fin
que no os quede más arbitrio,
y que rabie mi familia, 465
quiero que este día mismo
Pepita le dé su mano.
DON ALEJANDRO
¡Forzarla a que por marido
le admita!
DON SIMPLICIO
¡Pues no, bribón!
Y esta noche, lo repito, 470
se ha de hacer el matrimonio.
Ya veremos si os obligo
a que me obedezcáis todos.
Vamos, ven aquí, mal hijo;
pide perdón al señor 475
de los embustes que has dicho.
DON ALEJANDRO
¡A ese infame mogigato!
¿Está usté en su juïcio?
DON SIMPLICIO
¡Aún le dices picardías!
Un palo...

 (A DON FIDEL.) 

Por Jesucristo
480
déjeme usted que le mate...

 (A su hijo.) 

Vete de mi casa, digo,
y no me entres más en ella.
DON ALEJANDRO
Voyme, pero yo le fío
al ladrón...
DON SIMPLICIO
Salte al instante,
485
bribonazo; yo te privo
de mi vista y de mi herencia,
y amén de eso te maldigo.


Escena VII

 

DON SIMPLICIO y DON FIDEL.

 
DON SIMPLICIO
¡A un santo agraviarle así!
DON FIDEL
Perdonadle vos, Dios mío, 490
como yo le he perdonado...

 (A DON SIMPLICIO.) 

No sabe usted lo afligido,
que estoy de que me calumnien
con mi querido hermanito.
DON SIMPLICIO
¡Ay Dios!
DON FIDEL
De pensarlo sólo
495
siento en mí un dolor tan vivo,
que se me salta del pecho
el corazón. ¡Qué suplicio!
La pesadumbre me quita
el aliento y el sentido. 500
Me muero, hermano, me muero.
DON SIMPLICIO

 (Echa a correr llorando hacia la puerta por donde ha echado a su hijo.) 

Por el santo más bendito
te juro, bribón, que siento
haberte dejado vivo...

  (A DON FIDEL.) 

Consuélese usted, hermano, 505
y no se altere.
DON FIDEL
Está visto;
es necesario acabar
de una vez con los continuos
disturbios que en la familia
causo, y por tanto le pido 510
a usted, hermano, permita
que me vaya.
DON SIMPLICIO
¡Qué delirio!
¡Irse usted!
DON FIDEL
Si me aborrecen,
y me achacan mil delitos.
DON SIMPLICIO
¿Les doy yo crédito acaso? 515
DON FIDEL
Me supondrán mil designios
perversos, y sabe Dios
si a fuerza de repetirlos
lograrán que usted los crea.
DON SIMPLICIO
Nunca, nunca, hermano mío. 520
DON FIDEL
Una mujer tiene tanta
influencia en su marido,
que al fin hace cuanto quiere.
DON SIMPLICIO
No, no.
DON FIDEL
Con irme les quito
la ocasión de calumniarme. 525
DON SIMPLICIO
Mi hermano, mi dulce amigo;
no puedo vivir ni un punto
sin usted.
DON FIDEL
Pues si es preciso
yo me mortificaré;
no obstante, hermano, suplico 530
si puede ser.
DON SIMPLICIO
¡Ah!
DON FIDEL
No se hable
más del caso; lo que exijo
es que me permita usted
huir de su esposa; sí, amigo,
la honra es cosa delicada; 535
¡el mundo forma juïcios
tan errados!...
DON SIMPLICIO
No, señor,
es solemne desatino;
quiero que esté usted con ella
siempre; el mayor gusto mío 540
es que rabie, que murmure
la gente; porque no estimo
ni un ardite el qué dirán,
tratándose de un amigo
como usted, y en prueba de ello 545
mi sucesión determino
dejarle, haciéndole entera
donación ahora mismo
de mis bienes; que tal yerno
vale más que mujer, hijos 550
y parientes; ¿no la acepta
usted, hermano querido?
DON FIDEL
Dios mío, tu voluntad
cúmplase en tu siervo indigno.
DON SIMPLICIO
Pues a otorgar la escritura 555
sin dilación, hermanito,
y mas que luego la envidia
aseste todos sus tiros.




Acto IV


Escena I

 

DON PABLO y DON FIDEL.

 
DON PABLO
Todo el mundo lo murmura,
sí; bien puede usted creerme;
todos dicen que su padre
anduvo muy imprudente,
y culpan a usted también; 5
y a fe que celebro haberle
encontrado, por decirle
a usted en razones breves
mi sentir. Yo no averiguo
si lo que dice la gente 10
es la verdad, y supongo,
contra lo que todos creen,
que mi sobrino mintió,
y que usted está inocente.
Usted que es tan buen cristiano 15
perdonar su agravio debe,
y no consentir que un padre
al hijo de su casa eche;
es general el escándalo,
y le digo francamente 20
a usted, que reconciliarle
con su padre le conviene,
y que el asunto no pase
adelante; Dios no quiere
la muerte del pecador; 25
quien no perdona le ofende.
DON FIDEL
¡Ay, Señor! Yo le perdono
mi agravio, sin que me quede
ningún rencor en el pecho;
si puedo servirle, cuente 30
con cuanto yo tengo y valgo,
en lo que favorecerle
sin pecar sea posible;
mas si él a esta casa vuelve,
es necesario que yo 35
sin más dilación la deje.
Después de su infame acción,
¿qué no dirían las gentes,
y qué escándalo sería
si junto con él viviese? 40
Pensarían, con razón,
que de un hecho tan aleve
soy culpado, y que temiendo
que consiga convencerme
don Alejandro, he tomado 45
la resolución prudente
de olvidar todo, fingiendo
que la caridad me mueve,
porque él oculte mis yerros.
DON PABLO
Son razones aparentes, 50
que no pueden persuadirme;
deslindar los intereses
de Dios a usted no le toca;
si mi sobrino le ofende,
de Dios le vendrá el castigo, 55
que no quiere que le venguen
hombres flacos; que perdonen
sus injurias, eso quiere.
¿Y qué importa lo que diga
el mundo? Nuestros deberes 60
Dios sólo es quien los prescribe.
¿No mandan sus santas leyes
el perdón de los agravios?
¿Pues luego, qué a cuento viene
cuando cumplimos con Dios 65
lo que pensaren las gentes?
DON FIDEL
Ya he dicho que le perdono,
sin que ningún rencor quede
en mi pecho; así de Dios
el precepto se obedece; 70
¿pero después de la afrenta
que hoy mismo acaba de hacerme,
manda Dios que viva yo
con ese niño?
DON PABLO
¿Y que acepte
usted quiere Dios, acaso, 75
lo que no le pertenece?
Porque mi hermano es un tonto,
y le da lo que no tiene
facultades para dar,
¿usted admitirlo debe? 80
DON FIDEL
Aquellos que me conozcan
sabrán que todos los bienes
del mundo no me hacen mella,
y que su brillo aparente
no deslumbra mis sentidos; 85
si mi ánimo se resuelve
a admitir la donación
que mi hermano quiso hacerme,
es por evitar pecados
infalibles, si cayese 90
su herencia en manos perversas.
¡Cuántos, Dios mío, te ofenden
con el caudal que les das!
Yo me serviré de él siempre
para provecho del prójimo 95
y honra del Omnipotente.
DON PABLO
Pierda usted esos recelos,
que tanto en su pecho pueden,
que al legítimo heredero
lo que Dios le da pretende 100
quitarle; y de su caudal
que goce con paz le deje.
¿No ve usted que vale más
que él malgaste sus haberes,
sin que usted quiera usurparle 105
lo que le han dado las leyes?
Ni sé cómo tal propuesta
pudo escucharla quien tiene
renombre de timorato.
¿Qué regla de piedad puede 110
legitimar la codicia
de quien sin pudor intente
privar de la sucesión
a un hijo? Y demos que hubiese
antipatía tan grande 115
entre los dos, que no fuere
posible que viva usted
con mi sobrino; ¿es prudente
que salga el hijo de casa,
y el extraño en ella quede? 120
Si usted quiere que le tengan
por justo, marcharse debe
al punto...
DON FIDEL
Son ya las cuatro,
y no puedo detenerme,
porque no he rezado aún 125
el Miserere, y es viernes.
Perdone usted, si le dejo.
DON PABLO

  (Quedándose solo.)  

Hola... ¡Hipocritón solemne!


Escena II

 

DOÑA ELVIRA, DOÑA PEPITA, DON PABLO y JUANA.

 
JUANA

  (A DON PABLO.) 

Hable usted en su favor;
la pobre está de tal suerte 130
que da lástima mirarla;
sin remedio se nos muere,
si la violenta su padre,
como resuelto lo tiene,
a dar la mano al beato 135
esta noche; vea si puede
convencerle con razones.
Pero don Simplicio viene.


Escena III

 

DON SIMPLICIO, DOÑA ELVIRA, DOÑA PEPITA, DON PABLO y JUANA.

 
DON SIMPLICIO
Señores, me alegro mucho
de hallarlos juntos a ustedes... 140

 (A DOÑA PEPITA.) 

Tú, para que te diviertas,
ahí tienes esos papeles;
ya sabes su contenido.
DOÑA PEPITA

  (De rodillas a los pies de su padre.)  

Por el Dios omnipotente
que ve mi tormento, padre, 145
y por todo cuanto puede
mover a usted a piedad,
le ruego que no se empeñe
en concluir estas bodas;
padre, señor, no me fuerce 150
usted a que de la vida
que le he debido deteste;
no exija usted obediencia
tan costosa, si no quiere
que su hija desventurada 155
siempre por morir anhele.
Si me veda usted que sea
de aquel que mi amor merece,
y que antes me prometió,
¡ay, padre! no me violente 160
dándome a quien aborrezco;
no a su hija así desespere,
pretendiendo que obedezca
a tan tiránicas leyes.
De rodillas se lo ruego. 165
DON SIMPLICIO

  (Conociendo que se va a enternecer.)  

¡Corazón, tú te enterneces!
Fuera la flaqueza humana.
DOÑA PEPITA
Amado padre, no piense
usted que envidio los dones
que hace a don Fidel; bien puede 170
darle todas sus riquezas,
y añadir a ellas mis bienes,
que con gusto se los cedo;
mas no quiera usted hacerle
dueño también de mí propia; 175
permítame que me encierre
en un convento, y consagre
al Cielo con penitente
corazón mi amarga vida.
DON SIMPLICIO
¿Qué tal? Como no las dejen 180
casarse con sus galanes,
dicen que quieren meterse
monjas. ¡Buena vocación!
Levanta. Si te parece
repugnante este marido, 185
ese más mérito adquieres,
que mortificas tu cuerpo,
y tu casamiento ofreces
en desquite de tus culpas
a Dios; vamos, no me quiebres 190
la cabeza con tus lloros.
JUANA
¿Qué, señor?...
DON SIMPLICIO
Tú has de meterte
en tu costura, y no más.
DON PABLO
Si a los consejos atiendes
de la razón...
DON SIMPLICIO
Tus consejos,
195
hermano, son muy prudentes,
muy sabios, muy acertados;
pero aquí no se te quieren.
DOÑA ELVIRA

  (A DON SIMPLICIO.)  

Viendo lo que está pasando
no sé cómo hablar acierte. 200
Es preciso que estés ciego,
pues lance tan evidente,
como el que pasó conmigo,
te empeñas en no creerle,
aunque te lo afirman todos. 205
DON SIMPLICIO
¡Oh! no me engañan ustedes;
¿piensas tú que no adivino
el caso? Si tú andas siempre
por complacer a mi hijito;
y porque yo no riñese 210
con él, ya se ve, apoyaste
sus embolismos soeces
contra aquel siervo de Dios.
¡Para quien crea en mujeres!
Además de que no estabas 215
alterada, y en tan fuerte
lance te irritaras.
DOÑA ELVIRA
Yo,
porque un hombre me requiebre,
ni me solicite, nunca
me enojo; sé defenderme, 220
y sin decir insolencias
jamás nadie se me atreve.
Una risa, una ironía
al más osado contiene
mejor que gritos y enfados. 225
No soy yo de las mujeres
que, como si fueran tigres,
esgrimen garras y dientes
en defensa de su honor,
y que embisten con la gente, 230
si se oyen llamar bonitas;
no; y el Cielo me preserve
de una virtud tan arisca;
mi recato es de otra especie;
urbanidad, complacencia, 235
frialdad; y todos pierden
conmigo las esperanzas,
así que me hablan tres veces.
DON SIMPLICIO
Por fin yo sé la verdad.
DOÑA ELVIRA
¡Hay tal capricho! ¿Y si vieses 240
la cosa, qué me dirías?
¿Te estarías en tus trece?
Mira que no es imposible.
DON SIMPLICIO
¿El verlo?
DOÑA ELVIRA
¿Qué duda tiene?
DON SIMPLICIO
Habladurías.
DOÑA ELVIRA
Apuesto
245
que, como en ello me empeñe,
lo ves con tus propios ojos.
DON SIMPLICIO
Paparrucha.
DOÑA ELVIRA
Es cosa fuerte;
si no digo que nos creas;
pero, responde, ¿si en este 250
sitio te hacemos su infamia
tocar y ver claramente,
quedarás desengañado?
DON SIMPLICIO
Entonces... ¿Pero a qué viene
decir cosas imposibles? 255
DOÑA ELVIRA
Ya ha mucho que me desmientes,
y sacarte de tu error
debo, para que no pienses
que yo he dado testimonio
falso contra el inocente. 260
Tú vas a ver la verdad.
DON SIMPLICIO
¡Qué me place! Sea breve;
ya veremos cómo sales
del pantano en que te metes.
DOÑA ELVIRA

  (A JUANA.)  

Dile que venga.
JUANA

  (A DOÑA ELVIRA.) 

Es muy diestro,
265
y en las redes que le tienden
temo que no ha de caer.
DOÑA ELVIRA

  (A JUANA.) 

Sí, que la que bien se quiere
en los lazos que nos pone
con facilidad nos prende, 270
y más cuando el amor propio
a lisonjearnos viene.
Haz que baje sin tardanza,

 (A DON PABLO y DOÑA PEPITA.)  

y váyanse al punto ustedes.


Escena IV

 

DOÑA ELVIRA y DON SIMPLICIO.

 
DOÑA ELVIRA
Tú debajo de esta mesa 275
ven al instante a meterte.
DON SIMPLICIO
¿Yo?
DOÑA ELVIRA
Tú; y lo que más importa
para el caso es esconderse
bien.
DON SIMPLICIO
¡Debajo de la mesa!
DOÑA ELVIRA
¡Ay Dios mío! No te inquietes 280
en averiguar por qué;
éntrate, que así conviene,
y no has de meter ruïdo,
para que no se sospeche
don Fidel que estás ahí. 285
DON SIMPLICIO
Confesemos que no puede
darse más condescendencia;
pero porque todos queden
por embusteros, me allano
a hacer cuanto me dijeres. 290
DOÑA ELVIRA
No nos lo echarás en cara.

 (A DON SIMPLICIO, que está debajo de la mesa.)  

Mira: para convencerte
voy a tratar de un asunto
que en boca de las mujeres
propias es muy peliagudo; 295
así, antes que él venga, advierte
que, si le digo requiebros,
es para que manifieste
su maldad en tu presencia,
para que su disfraz deje, 300
y descubra la torpeza
de su corazón, albergue
de impostura y de lascivia;
para que veas patente
su villana hipocresía. 305
Tú podrás, cuando estuvieres
convencido de su infamia,
hacer que este juego cese,
saliendo de tu escondite;
a ti toca protegerme, 310
y estorbar que llegue el lance
a más que aquello que fuere
necesario, para que
ninguna duda te quede.
En fin, como en este asunto 315
son tuyos los intereses
que median, puedes hacer
lo que a cuento te viniere...
Pero don Fidel se acerca;
chito, y trata de esconderte. 320


Escena V

 

DON FIDEL, DOÑA ELVIRA, y DON SIMPLICIO debajo de la mesa.

 
DON FIDEL
Juana me ha dicho, señora,
que a solas quiere usted verme.
DOÑA ELVIRA
Y es para cosas secretas:
mire usted, por si sucede
lo que antes, si escucha alguno, 325
y tras sí la puerta cierre.
 

(DON FIDEL va a cerrar la puerta y vuelve.)

 
No quiero que se repita
la escena; que me estremece
la memoria del peligro
que usted corrió, sin que fuesen 330
mis ruegos con Alejandro
parte para que no diese
cuenta a su padre de todo;
y fue mi susto tan fuerte
que ni desmentirle supe. 335
Por fin el Cielo clemente
lo ha dispuesto mejor todo.
La estimación en que tiene
a usted mi esposo disipa
la nube, y sin que sospeche 340
nada, me manda que viva
y que esté con usted siempre;
porque pretende arrostrar
cuanto dijere la gente;
de suerte que sin que nadie 345
nos lo note, ni nos cele,
puedo encerrarme yo sola
aquí con usted, y hacerle
sabedor de los secretos
de un pecho, que acaso cede 350
a sus amorosas ansias
después de un plazo muy breve.
DON FIDEL
No comprendo ese lenguaje,
señora, y muy mal se aviene
con lo que dijo usted antes. 355
DOÑA ELVIRA
Mal conoce a las mujeres
usted, cuando así le arredran
sus afectados desdenes.
¿Una defensa tan flaca
no sabe usted lo que quiere 360
decir? El pudor combate
con nuestros afectos siempre
en los primeros instantes,
y aunque el amor triunfe y reine
en el pecho, la vergüenza 365
se opone a que se confiese
el vencimiento, y la boca
habla contra lo que siente
el corazón; la voz niega,
mas lo que niega concede. 370
Una confesión tan clara
a usted podrá parecerle
prueba de mi liviandad;
pero el extraño accidente
de esta tarde me disculpe; 375
y diga usted, ¿si no fuese
por el amor que le tengo,
hubiera tan blandamente
escuchado sus requiebros?
Si no quise que dijese 380
nada Alejandro a su padre,
¿qué más prueba darse puede
de que me agrada su amor?
Y el haber hecho tan fuertes
instancias para que usted 385
el casamiento deseche
que le propone mi esposo,
¿no es un indicio evidente
de que no quiero que nadie
en ese corazón reine; 390
de que una rival me enoja?
DON FIDEL
Cierto, es dulzura celeste
oír de una boca amada
tanta gloria prometerse;
miel destila de esos labios, 395
y toda mi ánima siente
tanta bienaventuranza,
que a toda expresión excede.
Pero es, señora, tan grande
la ventura de mi suerte, 400
que a creerla no me atrevo;
¿y quién sabe si no es éste
un artificio fraguado
a fin de que yo deseche
la boda que me proponen? 405
Hablando, en fin, claramente,
para que yo a persuadirme
del afecto de usted llegue,
es preciso que algún trago
de celestiales placeres 410
me dé usted, y en mi alma plante
su favor la rama verde
de fe constante y sincera.
DOÑA ELVIRA

  (Después de toser para avisar a su marido.)  

¿Tanto quiere usted tan breve?
¿Todo el amor de mi pecho 415
tan presto apurar pretende?
Le confieso que le aprecio,
¿y para satisfacerle
no le basta, que al instante
el último favor quiere? 420
DON FIDEL
Siempre es corta la esperanza
de aquel que nada merece,
ni son de fiar palabras
que tanta dicha prometen.
No creeré mi ventura, 425
señora, hasta que me diere
prendas usted de cariño;
mientras las obras no hubieren
confirmado las palabras,
dudaré de su amor siempre. 430
DOÑA ELVIRA
Señor don Fidel, el suyo
impone tan duras leyes,
que me asusta usted de veras.
¡Que ansíe con tan vehemente
ardor por ver sus deseos 435
satisfechos, sin que deje
un breve espacio de tregua,
en que el corazón aliente!
¿Es justo tanto rigor?
¡Exigir lo que pretende 440
sin dar una hora de plazo,
y abusar impunemente
de las flaquezas ajenas,
y del amor que le tienen!
DON FIDEL
¿Mas si con benignidad 445
ve usted mi amor, a qué viene
negarme prendas seguras
del suyo?
DOÑA ELVIRA
¿Y si consintiese,
no se ofendería el Cielo
de que tanto habla usted siempre? 450
DON FIDEL
Vaya; si no es más que el Cielo
por lo que usted se detiene,
chico estorbo es a fe mía,
y ni mentarse merece.
DOÑA ELVIRA
Pues luego, ¿a qué hablan del Cielo 455
y tanto miedo nos meten?
DON FIDEL
Tan ridículos temores
yo los disiparé en breve,
señora, porque sé el arte
de hacer que nunca atormenten 460
los escrúpulos; el Cielo
nos veda ciertos placeres,
es verdad; pero es muy fácil
con el Cielo componerse.
Hay cierta ciencia que enseña 465
a ensanchar nuestros deberes,
o estrecharlos; es conforme
lo uno o lo otro nos conviene.
Cuando las obras son malas,
a la rectitud se atiende 470
de la intención, porque Dios
nunca desea la muerte
del pecador, y con poco
se contenta. Muy en breve
sabrá usted esta doctrina. 475
Déjeme que yo la lleve
por la mano al paraíso,
y no se asuste por leves
parvidades de materia.
Todo el pecado que hubiere 480
en esto caiga en mis hombros,
y no hay miedo que me pese...
 

(DOÑA ELVIRA tose con más fuerza.)

 
Mucho tose usted, señora.
DOÑA ELVIRA
Sí; todo el pecho me duele.
DON FIDEL
¿Gusta usted de mi alfeñique? 485
DOÑA ELVIRA
Es tos tan rancia y tan fuerte,
que no he de hallar alfeñiques,
a mi ver, que la remedien.
DON FIDEL
Es triste cosa.
DOÑA ELVIRA
Fatal.
DON FIDEL
En fin, para que no quede 490
escrúpulo, sepa usted
que del escándalo pende
el pecado; ya lo dije
otra vez, y considere
que con acciones ocultas 495
jamás el Cielo se ofende.
Quien disimula no peca.
DOÑA ELVIRA

  (Después de toser y dar golpes sobre la mesa.) 

Habré al fin de resolverme
a ceder a usted, pues veo
que si a todo cuanto quiere 500
no me allano, no hay pensar
que quieran aquí creerme.
Sin duda que es cosa triste
que hasta tanto extremo llegue,
pero si doy este paso, 505
es porque no se convencen
sin él de lo que yo digo;
porque exigen ciertas gentes
desengaños tan palpables,
y pruebas de tal especie 510
que... En fin, si alguno se agravia
con esta acción, no se queje
de mí; la culpa no es mía;
protesto estar inocente,
y que cedo a la violencia. 515
DON FIDEL
Señora, nada recele
usted; sobre mi cabeza...
DOÑA ELVIRA
Salga usted por si estuviese
Simplicio en el corredor,
y vuelva si no le viere. 520
DON FIDEL
Esa es precaución inútil;
que es hombre con quien se puede
jugar como con un niño,
y le tengo de tal suerte
que, aun viéndolo, nunca crea 525
cosa que a mí no me pete.
DOÑA ELVIRA
No importa; salga usted fuera,
y escudriñe atentamente
todas las piezas vecinas,
por lo que suceder puede. 530


Escena VI

 

DON SIMPLICIO y DOÑA ELVIRA.

 
DON SIMPLICIO

  (Saliendo de debajo de la mesa.) 

¡Jesús, qué hombre tan infame!
Vaya, vaya; es una peste
infernal, no vuelvo en mí.
DOÑA ELVIRA
Simplicio, ¡qué vivo que eres!
¿A qué sales todavía? 535
Extraño que te aceleres
tanto; vuelve a tu escondite,
y aguarda hasta el fin; ¿no temes
hacer un juïcio malo?
Saldrás de dudas muy breve. 540
DON SIMPLICIO
Pongo a que hombre más perverso
ni en el Infierno se encuentre.
DOÑA ELVIRA
¡Dios mío! Las apariencias
te engañan. ¿Quién sabe? A veces
resultan falsas aquellas 545
que más ciertas nos parecen.
Para no errar te aconsejo
que sin decir nada esperes
hasta el remate de todo.

 (DOÑA ELVIRA pone a DON SIMPLICIO detrás de ella.) 



Escena VII

 

DON SIMPLICIO, DOÑA ELVIRA y DON FIDEL.

 
DON FIDEL

 (Sin ver a DON SIMPLICIO.) 

La fortuna favorece 550
mis gustos; de mirar vengo
esos cuartos, y no hay gente.
Mi tierno amor...
 

(Al tiempo que DON FIDEL viene con los brazos abiertos para abrazar a DOÑA ELVIRA, ésta se retira, y ve DON FIDEL a DON SIMPLICIO.)

 
DON SIMPLICIO

  (Deteniendo a DON FIDEL.) 

Cepos quedos.
Procure usted contenerse.
¡Cáspita, qué amor tan fino! 555
¿Conque el siervo de Dios quiere
ponerme lo que usted sabe?
¡Un santo que así se deje
llevar de la tentación!
¡Se casa con mi hija, y quiere 560
gozar también mi mujer!
Yo creí que en burlas fuese.
He aguantado largo rato,
pensando que era juguete,
y que iba a mudar de estilo. 565
Ya tengo lo suficiente,
sin que usted pase adelante.
DOÑA ELVIRA

  (A DON FIDEL.) 

Astucia mi acción parece,
mas no estuvo en mí evitarla.
DON FIDEL

 (A DON SIMPLICIO.)  

¿Piensa usted?...
DON SIMPLICIO
En lo que piense.
570
Mutis de casa al momento,
sin más dimes ni diretes.
DON FIDEL
Mi intento...
DON SIMPLICIO
Es gastar parola,
y lo que aquí se requiere
es irse pronto a la calle. 575
DON FIDEL
Usted es quien luego debe
irse; usted que hace de dueño;
la casa me pertenece
a mí solo; yo lo haré
constar cuando el tiempo llegue. 580
Vano es que con viles artes
ultrajarme aquí se piense;
yo haré ver que tengo medios
para castigar aleves,
y confundir impostores, 585
vengando al Cielo, que ofenden,
y haciendo que se arrepientan
cuantos agraviarme intenten.


Escena VIII

 

DOÑA ELVIRA y DON SIMPLICIO.

 
DOÑA ELVIRA
¿Qué es lo que quiere decir?
¿Qué modo de hablar es éste? 590
DON SIMPLICIO
A fe que yo no me río,
y que temo un accidente.
DOÑA ELVIRA
¿Cuál?
DON SIMPLICIO
He hecho un gran disparate;
no sé qué remedio tiene.
Esta donación me inquieta. 595
DOÑA ELVIRA
¿Qué donación?
DON SIMPLICIO
De mis bienes,
y es negocio concluido.
DOÑA ELVIRA
¿Qué?
DON SIMPLICIO
Ya lo sabrás. Lo urgente
es ver si no se ha llevado
una arquita con papeles. 600



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