Entretanto las cosas publicas presentaban un aspecto no solo lamentable, sino verdaderamente critico. Bilbao se hallaba por aquel tiempo amenazado con la ocupacion de la mayor parte de sus fuertes, obtenida por los carlistas, y mas aun con el temor de que la escasez de viveres y el aumento de las enfermedades doblegase quizas el heroico valor de sus defensores. Gomez habia abandonado la Estremadura, pero amenazaba á Sevilla y no se sabia nada fijo ni sobre sus marchas ni de sus verdaderos proyectos. Aun en el mismo pais, que acababa de evacuar, una de las partidas subalternas, que el habia organizado al paso, bajo la direccion de un tal Santiago Leon, habia adquirido ya bastante fuerza para aprisionar un batallon entero de guardias nacionales. Cabrera por su lado atravesaba la Mancha para volverse á Aragon y asustaba á Madrid, con solo haberse acercado á Chinchon. Sin embargo, era evidente que toda su fuerza consistia en la debilidad ó pereza de los que no le atacaban ó no se defendian, pues —277→ que la villa abierta é indefendible de Quintanar de la Orden le habia rechazado con solo sus guardias nacionales. Este rasgo de valor y verdadero patriotismo contribuyó eficazmente á dar á conocer á este guerrillero la necesidad de precipitar, no ya sus marchas, sino su fuga hacia el Aragon, donde llegó el 27 de noviembre, haciendo alto en Huerta, para que descansasen los muchos potros, que traia de Andalucia. De alli tomó por Agreda el camino de la Baja Navarra, se detuvo en Cintruenigo, y se hizo traer raciones de Corella y otros pueblos inmediatos, llevando la intencion de pasar el Ebro por Rincon del Soto. Los generales Irribarren y conde de Clonard habian salido de Pamplona con seis batallones españoles y otros seis de la legion francesa para impedirle el paso, lo cual no solo consiguieron, sino que le mataron treinta hombres y le hicieron un centenar de prisioneros. Viendose imposibilitado de pasar por aquel punto, tomó la direccion de Yanguas, donde tambien sufrió un rudo descalabro, que le obligó á dividirse en pequeñas bandas, pero no le impidió de pasar con ellas el Ebro y volver á repasarle y turbar la tranquilidad de las provincias de Aragon y Valencia, donde permanece.
En cuanto á Gomez, de quien ya tantas veces hemos hecho mencion en este escrito, parecia destinado á producir en su retirada iguales trastornos —278→ militares á los que habia ocasionado en el gobierno desde los principios de su atrevida empresa. Apenas pisó el territorio de la provincia de Sevilla á su regreso de Estremadura, cuando ya aquella numerosa capital, la segunda poblacion del reino, se creyó espuesta á esperimentar la humillante condicion de Cordoba, y se tomaron iguales precauciones que si viniese á acometerla un ejercito de cincuenta mil hombres. Pero Gomez sabia mui bien que no era ya Rodil, quien tenia el encargo de perseguirle, sino Narvaez, y el conocia mejor que nadie la diferencia que existia entre uno y otro gefe. Por tanto, lejos de pensar en la empresa caballeresca de hacer tremolar en la Giralda el pendon de Carlos V, solo trató de dirigirse por Ecija y Osuna á la serrania de Ronda, donde no encontró tantas simpatias, como se habia prometido, y donde sobre todo no podia contar con los viveres necesarios para mantenerse por un tiempo indeterminado. Tal vez si hubiese recibido la noticia, que con mucha anticipacion le habian anunciado de Durango, de la toma indudable de Bilbao, habria intentado hacerse fuerte en aquellas asperas sierras, dando ocupacion á la mitad de las fuerzas activas del reino. Pero viendo ya reducido el estado del sitio á una especie de bloqueo tardio y de exito mui dudoso, solo trató de desembarazarse del numeroso convoy, que tenia bajo su custodia. Para eso —279→ salió de Ronda en la tarde del 19 de noviembre, dirijiendose á Gaucin, desde donde destacó dos batallones que escoltasen y pusiesen en salvo en Gibraltar á una porcion de sujetos, que se habian incorporado con el, y de los cuales algunos se salvaron y otros cayeron en poder de un buque inglés, que los entregó al gobierno español. Esta columna volvió por Algeciras y Estepona y fuera misma que batió Narvaez en Majaceite, creyendo equivocadamente, que era la faccion entera de Gomez, segun indica su parte del 25 que ponemos al pie119. En boca de otro caudillo la exajeracion de este parte hubiera sido escuchada —280→ con la reserva, que prevenian tantos y tantos desengaños de relaciones de mentidas victorias y de completas derrotas, que ni siquiera lo habian sido parciales. Pero Narvaez gozaba de una reputacion mas sentada, y por otra parte acababa de dar una muestra indudable de su deseo de batirse en la rapidez y constancia de la persecucion directa, que habia emprendido. Por eso su relacion produjo en las cortes y en el publico una alegria estraordinaria y una especie de seguridad, de que Gomez habia encontrado su sepulcro en Andalucia, porque no quedandole mas que dos mil hombres de los doce mil que traia, y esos en muy mal estado, no podia escapar de caer en manos de alguna de las tres divisiones numerosas, que lo tenian como encerrado entre el mar, el Guadalete —281→ y el Guadalquivir. Pero el hecho es que Narvaez participó de la flaqueza comun, asegurando, tal vez de muy buena fé, un hecho que no era cierto. La tal derrota completa se redujo á una escaramuza entre los dos batallones ya dichos y parte de la division que les perseguia. Mas en todo caso, llegó mui oportunamente este aviso para calmar un grave incidente, que ocurria en aquel momento en Madrid.
Ya hemos dicho el empeño que habia formado, cierta faccion de dentro y fuera de las cortes en que no se discutiesen ni aprobasen las reformas meditadas de la constitucion, para lo cual no omitian ninguno de aquellos medios, que siempre tienen á la mano los revolucionarios de oficio. Aquel 4º rejimiento de la guardia, que habia servido de principal instrumento para la insurreccion de la Granja, continuaba siendo el escandalo del ejercito por su indiciplina é insultando la opinion publica con un distintivo, que adoptaron desde su primera sublevacion. Este consistia en unas cintas verdes, que llevaban en el chacó, cuyo adorno desconocido en la ordenanza, habia sido ya en otro tiempo motivo de disensiones sangrientas. Aunque el tal rejimiento tenia gefes y oficiales como todos, la indisciplina habia llegado ya á tal grado que no se conocia en el la menor sombra de subordinacion: tanto puede la impunidad de un primer delito, cualesquiera que hayan sido sus —282→ inmediatas consecuencias. El ministerio por mas que debiese su existencia politica al crimen del 4º rejimiento, no dejaba de conocer la necesidad de restablecer en el la antigua disciplina, y asi nombró por coronel suyo á un oficial muy recomendable, el cual principió su mando por intimar la orden de que todos se quitasen las cintas verdes. Inmediatamente los soldados, escitados por sus sargentos, empezaron á dar gritos, diciendo que no le querian obedecer y aun llevaron el esceso hasta disparar algunos tiros dentro del cuartel. Sucedia esto á las seis de la tarde del 28 de noviembre, en cuya hora algunos de los oficiales, que pudieron escapar de la insolencia de los soldados, dieron parte al capitan general, quien mandó inmediatamente tocar la generala para reunir la guardia nacional, la cual acudió á los puntos que se la designaron. El capitan general se presentó en el cuartel, para reprender á los amotinados y hacerles volver á su deber, ofreciendoles, segun se dijo, que se les mudaria de coronel. Esta oferta pareció tranquilizarlos y asi se pasó la noche sin que se turbara el orden en la capital; mas no dejaron por eso de comunicar lo que habia pasado á las compañias del mismo rejimiento, que daban la guardia en palacio, y fuese por espiritu de cuerpo ó porque estuviesen tan contaminados como los otros de las perversas sugestiones de sus seductores, empezaron á esplicarse —283→ en el mismo sentido que sus compañeros. Al dia siguiente á las 9 de la mañana, en cuya hora debia relevarse la guardia, salieron de su cuartel 150 hombres y se dirigieron á palacio, cantando el himno de Riego y con todas las señales, de que durante la noche no se les habian escaseado los medios acostumbrados de seduccion. Mas al llegar á la plaza de la armeria, se les intimó la orden de suspender su marcha y volver á su cuartel: orden, que no fue obedecida mas que de los oficiales, só pretesto de que era deshonroso para ellos el que ningun otro cuerpo viniese á relevar á sus camaradas. Entonces ya fue indispensable que cargara sobre ellos un piquete de corazeros y otro de granaderos á caballo, que les hicieron replegarse hasta la plaza mayor, no sin que dejasen de replicar con algunos tiros. Alli permanecieron algun rato como dudosos del partido, que debian tomar, cuando á instancias del brigadier Lopez, que ya habia vuelto de su prision de Cantavieja, y las de algunos guardias nacionales, que se habian introducido con ellos, se dejaron conducir á su cuartel sin insultar á nadie en el camino. Entre tanto los soldados de su cuerpo que se hallaban de guardia en palacio no se dejaron relevar por ningun otro, lo cual hizo que toda la guardia nacional continuase sobre las armas, porque se recelaba justamente que los amotinados volviesen á su empeño. Toda la tarde —284→ del 29 se pasó con tranquilidad, y durante la noche tomó el capitan general sus disposiciones para reducirles al dia siguiente á la obediencia. Efectivamente á eso de la una y media al dia 30, se aproximó la artilleria de la guardia para batir el cuartel, y los amotinados despues de una ligera defensa fueron cercados en la puerta de Fuencarral y tuvieron que rendirse á discrecion. Inmediatamente un consejo de guerra les condenó á la pena de ser quintados y para dar mayor solemnidad á este acto de justicia y terror, se hizo atravesar por las principales calles de Madrid los coches, en que iban los sacerdotes, que debian ausiliar á los que designase la suerte. Ya tres de ellos habian sufrido la merecida pena, cuando llegó una orden de S. M., perdonando la vida á los restantes.
¡Con que placer refeririamos nosotros y elogiariamos los actos del ministerio Calatrava, si todos ellos, ó algunos siquiera, tuviesen el mismo caracter de vigor y justicia que este! Por eso, nos hemos detenido á contarle con mas individualidad de la que acostumbramos, sin omitir ninguna circunstancia esencial; pero por desgracia, no se ha presentado ningun otro, que reuna aquellas dos circunstancias, desde que tomó las riendas del estado, y tendremos mas adelante sobrados motivos para echarle en cara su flaqueza, su parcialidad y su injusticia. Volvamos á Gomez.
Desde el segundo parte del brigadier Narvaez, —285→ fechado en Osuna, el 27 de noviembre, ya los dos mil hombres de aquel caudillo habian ascendido á cinco mil; y cuando llegó á Alcaudete, donde tambien Alaix pretendia haberle batido el 29, ya se habian aumentado hasta nueve mil. Mas la verdad es, que desde que se desembarazó de su convoy en la serrania de Ronda, tuvo la habilidad de flanquear á Narvaez, y salvando el grueso de su gente, dejó á retaguardia las tres divisiones, que le perseguian. La de Ribero, sin saberse porque, ni para que, se marcho á Sevilla, y desde alli emprendió el camino de Salamanca, donde ningun peligro la llamaba, ni necesidad alguna habia de ella. Las otras dos no tenian ni debian tener otro objeto que alcanzar á Gomez, é impedirle que con la fuga salvase el fruto de su espedicion; pero era necesario que aun á esto se opusiese el espiritu de intriga, auxiliado por la indisciplina casi general. El gobierno habia mandado que Narvaez tomase el mando de la division Alaix, juntamente con la suya, con el objeto de que hubiese mas unidad en los movimientos, y mayor concierto en las operaciones. Nada hubiera sido mas facil que conseguir un gran resultado en Cabra, donde los soldados de Gomez habian llegado rendidos del cansancio de tan precipitadas marchas. Narvaez estaba en Lucena, que dista dos leguas y media, y habia dado orden al coronel Caula, que mandaba la infanteria —286→ de la division de Alaix, para que, á hora determinada, cayese sobre Cabra. Mas este, lejos de obedecerle, se detuvo en el pueblo de Zapatero, y se concertó con su tropa, para que esta declarase abiertamente su inobediencia, como lo hizo, tendiendose los soldados en el suelo en presencia de Narvaez, y diciendo, que no querian pasar adelante, sino volvia á mandarlos el general Alaix, porque este les dejaba hacer jornadas cortas, y matar á los prisioneros. Era por desgracia certisimo uno y otro, y esto basta á esplicar la admirable facilidad, con que Gomez habia recorrido tantas provincias y capitales, mientras su persecucion estuvo encomendada á Rodil y á su protejido Alaix. Narvaez, se hallaba solo, con su gefe de estado mayor y un ayudante, en medio de aquella tropa rebelde, y apenas podia créer lo que estaba presenciando; pero creció su admiracion y su afrenta al ver llegar á aquel mismo punto el general Alaix, que, con disimulo, habia seguido á corta distancia su division. Entonces se dirijió á el, y le intimó, en virtud de la orden de S. M., que le entregase el mando al frente de la division; á lo cual se negó desvergonzadamente Alaix, como si estuviese de secreto autorizado para resistirle, cosa que muchos han creido120. En vista de esto, Narvaez, que carecia de fuerza por tener su division entre Antequera y Granada, no tuvo otro arbitrio que montar á caballo, y marcharse. Entretanto, Gomez, despues de —288→ bien descansadas sus tropas, tomó el camino de Baena y Alcaudete, donde tuvo un ligerisimo encuentro con aquellas mismas tropas indisciplinadas de Alaix, y llegó al dia siguiente á Bailen. Su ruta, desde alli á Vizcaya, fue tan admirable, como todas sus empresas, despues que habia salido de aquel punto. Ni Alaix, ni Narvaez, ni nadie, pudo ni tal vez quiso volver á darle alcance, y llegó sano y salvo á Durango, el 17 de diciembre. Es inevitable que, en un itinerario tan inmenso, sufriese algunas perdidas, no tanto por los combates, que, si se esceptuan el de Villarrobledo y Majaceite, fueron insignificantes, cuanto por la estraordinaria celeridad de sus marchas y contramarchas. El que tire una linea de color sobre el mapa español, que demarque con exactitud el terreno recorrido por este caudillo desde su salida hasta su vuelta, y cuente los descansos, que hizo con su division en todos los pueblos de alguna importancia, y rodeado de tantos ejercitos ocupados en su persecucion, apenas podrá créer, que pudiera hacerse igual viaje por un simple particular en el mismo intervalo de tiempo. Y no se crea que, para llegar á Orduña y Durango, tuvo que abandonar ni el botin, ni los potros, ni aun algunos caballos de regalo, que traia para su Rey, como acaso habrán publicado personas mal informadas, porque tenemos certeza de que fue poquisimo lo que se le estravió de —289→ uno y otro, y se presenta en Vizcaya con mucho mayor numero de infanteria y caballeria, que la que habia sacado del pais. En cuanto al numerario, solo sabemos que fue el suficiente, para que al momento pudiesen darse algunas pagas atrasadas á todo el ejercito carlista.
El nombre de Gomez será, despues del de Zumalacarregui, ó tal vez antes, el que resuene con mayor gloria en los oidos de los partidarios del pretendiente, sin que deje de inspirar tambien un justo respeto entre los valientes, que militan bajo las banderas de la Reina, porque esta es la ventaja inseparable de los hombres estraordinarios en cualquier genero. Su espedicion fue fecundisima en acontecimientos, que parecerian desproporcionados á su principio motor, sino se supiese cuanto es el influjo de las mas pequeñas causas sobre los grandes sucesos politicos, cuando las imaginaciones de los hombres están en cierto grado de exaltacion. Una simple columna de cuatro mil hombres bastó para dislocar un ejercito, que constaba en aquel momento de ciento diez y siete mil plazas, y para trastornar un plan de guerra que, á haberse continuado sin interrupcion, hubiera terminado probablemente á estas horas la guerra civil. Sus primeros movimientos desorganizaron la reserva de este mismo ejercito, y obligaron al gobierno á suicidarse, teniendo que ceder por fuerza á las exigencias de sus enemigos. —290→ Sus marchas rapidas y felices dieron aliento á un puñado de conspiradores, para hacer sin riesgo una revolucion fundamental, contra el dictamen de la casi totalidad de la nacion. Su curso veloz por todas las provincias privó al gobierno de la Reina, no solo de sus recursos ordinarios, mas tambien de su credito para suplirlos; y por ultimo, esta correria arrastró tras de si todas ó casi todas las reputaciones militares, con que se contaba, obligando á los revolucionarios mismos, á que templasen sus teorias estravagantes, y se acomodasen á las ideas de una saludable reforma.
Pero, si se mira esta espedicion bajo el aspecto que mas directamente la corresponde, que es el de la utilidad para la causa del pretendiente, lejos de haber sido fecunda, la debemos considerar como esteril en resultados. ¿De que sirve que haya hecho acto de presencia en tantos centenares de pueblos, si á ninguno ha podido asegurar ocho dias de proteccion? ¿De que el haber cogido tantos utiles de prisioneros, si lejos de poder conducirlos atados al carro de su triunfo, tenia que deshacerse de ellos, como una carga molesta y peligrosa? ¿De que sirve que provincias enteras se hayan mostrado indiferentes al yugo que quisiera imponerselas, si ninguna dió aquel grito terrible, que es el verdadero signo de la voluntad general? Podriamos añadir otras muchas reflexiones, igualmente exactas, y deducidas de —291→ los hechos, que todas probarian la completa esterilidad de la espedicion. Decimos mas, y es que ha sido nociva á los intereses del señor infante, porque solo ha servido para destruir el prestigio, que alimentaban muchos, de que su partido tenia raices muy hondas en todos angulos de la monarquia. Gomez ha podido convencerse de que esto no era verdad, asi como los revolucionarios deben tambien considerar que las masas, en España, son absolutamente inertes, y no tomarán parte en la pelea, hasta que esperimenten beneficios positivos de unos ó de otros. La lucha no es entre la nacion y un partido rebelde, sino entre dos partidos que se disputan el mando, y que no ejercen otro influjo, que el de la fuerza actual. En una palabra, Gomez ha ilustrado su nombre, queriendo servir á D. Carlos; pero los consejeros de este, lejos de saber aprovechar este servicio, le han convertido en mayor ruina y descredito de su causa121.
Dejemos ya de una vez las espediciones militares, y terminemos este escrito analizando las principales disposiciones de las cortes. Confirmada —293→ ya la Reina Gobernadora en la regencia del reino, y autorizados los diputados para poder desempeñar ministerios y otros empleos importantes —294→ de la nacion, se habia dado un gran paso en el camino verdaderamente constitucional, que hacia presentir un buen existo en las reformas. El 3 de diciembre, se habia resuelto tambien por unanimidad la gran cuestion de la independencia de las Americas, cuya decision esperaba con ansia —295→ el comercio, desde que la razon universal habia comprendido la inutilidad de toda empresa dirigida á someterlas al yugo de la metropoli. El orgullo español tuvo que ceder al imperio de la necesidad, como ceden todos los orgullos humanos, por mas que las pasiones se empeñen en créerlos fundados sobre bases indestructibles. Las medidas escepcionales y aun tiranicas, exijidas por el ministerio, le habian sido otorgadas á pesar de una tenaz resistencia de muchos diputados, y lo que es mas, sin embargo de varias representaciones extralegales de diferentes cuerpos, que, contra toda regla de buen gobierno, fueron leidas en el congreso122. Nada se habia rehusado á —296→ las exijencias de los ministros, porque todo el mundo estaba convencido de la necesidad de darle fuerza, ya que el mismo se mostraba tan debil, por no atreverse á ser justo; para enseñarle á ser severo contra los criminales, se le facultaba á que pudiera ser terrible contra los inocentes. Pero era inutil, por entonces, toda condescendencia de las cortes, pues que, en el mismo tiempo, se veia al general Alaix mofarse impunemente de las ordenes reales, y continuar en su usurpado mando, sobre el cual seguia una correspondencia oficial con el ministerio, que publicaba sus comunicaciones, como las de cualquiera otro general. Animado con el buen exito de su primera desobediencia, repitió la segunda, negandose á entregar la division al brigadier D. Diego de Leon, y el ministerio no supo encontrar otro recurso en su omnipotencia mas que el de intentar, segun se dijo de publico, una sublevacion de la misma division de Alaix contra su propio general, sublevacion que tampoco pudo verificarse, porque los soldados se mostraron mas consecuentes que el —297→ ministerio. ¡En tales manos estaban, y estan todavia hoy, los destinos de la España!
Pero estos pueden ser todavia muy prosperos, con tal que el cuerpo legislativo acabe de convencerse de la necesidad de uniformar las instituciones españoles al espiritu que rige en las de otras naciones mas adelantadas que nosotros. Cuando las cortes de España lleguen á persuadirse de dos proposiciones que para nosotros son verdaderas, poco nos arredrará la mayor ó menor aptitud del ministerio, porque este se muda con facilidad y sin peligro, mientras que la alteracion de las otras siempre exije mucha detencion, y repetidas meditaciones. La primera proposicion es que las teorias de 1789, y siguientes, eran mucho menos liberales que las de 1836, por lo mismo que estas ultimas no se contentan con enseñar el camino de la libertad, sino que indican los medios de asegurarla y defenderla legalmente. Por eso, ninguna de aquellas ha podido sobrevivir, ni mucho menos las que se improvisaron á imitacion suya; mientras que las que hoy se perfeccionan ofrecen grandes probabilidades de solidez. La constitucion de Cadiz no es precisamente mala, por ser demasiado libre, sino porque lleva en si misma el germen de destruccion, que debe acabar con ella. Su misma desconfianza de la autoridad real la priva de la fuerza necesaria y conservadora del estado, haciendo de ella una especie de anfibio —298→ entre democracia y monarquia, sin pertenecer á ninguna de estas dos clases de gobierno. Ni aunque se la aplicase á una republica rigurosamente tal, podria ser duradera, porque la falta de un contrapeso del poder legislativo la espondria á choques diarios, que acabarian muy pronto con su efimero artificio.
La segunda proposicion se reduce á lo siguiente. Los intereses de los pueblos y de los monarcas constitucionales son absolutamente identicos, lejos de ser contrarios, como quieren persuadirse algunos. Jamas ha sido atacada la independencia del poder monarquico, sin que haya corrido peligros la libertad de los pueblos, asi como estos nunca han sufrido menoscabo en su justa libertad, sin que el poder monarquico haya perdido una gran suma de su fuerza. Poco importa que el poder soberano sea ejercido por un solo individuo, ó por la mayoria del pueblo, delegada en unos cuantos, porque desde el momento en que cualquiera de los dos poderes se atribuya una especie de omnipotencia legal sobre las personas y propiedades de los subditos, desde entonces mismo empieza la tirania y falta la libertad. Nosotros estamos intimamente convencidos de que, en el estado actual de las ideas y de las costumbres, no solo de España, mas de toda Europa, no hay mas que un sistema politico que pueda prevalecer, y es el de la monarquia templada, no el de la monarquia —299→ sujeta. Llamamos monarquia templada aquella, en que el poder monarquico está limitado por leyes identificadas con las costumbres, porque en estas ultimas es donde toman las leyes su principal fuerza. Por mas reservas que el espiritu filosofico quiera hacer de lo que se llama derechos politicos del hombre, y por mas que este los consigne en un pliego de papel llamado constitucion, no hay que pensar en que sean ni comprendidos, ni apreciados, hasta que la costumbre les vaya infiltrando en los animos de una gran parte de la sociedad. Entonces, y solo entonces, serán una verdadera garantia de la libertad general; pero mientras que no pasen de ser una frase sonora, mal comprendida aun de los pocos que la pronuncian, de poquisimo servirá un renglon mas ó menos añadido ó quitado á la constitucion, porque la anarquia sacará la cabeza, y destruirá todo genero de gobierno.
De aqui se infiere, ó por lo menos inferimos nosotros, que todo lo que no sea dar en España verdadera fuerza al poder real, que es el unico que el pueblo comprende, ó lo que viene á ser lo mismo, mientras no se destruya del todo la constitucion de Cadiz, y se forme otra nueva mas acomodada á sus costumbres, todo el trabajo y buena fé, que apliquen las cortes á la reforma constitucional, serán absolutamente perdidos. Dejesela el nombre que se quiera, supuesto que para —300→ algunos esto es de grandisima importancia, pero variese su esencia, formando una ley fundamental, que ofrezca duracion, y con ella la necesaria estabilidad en las ideas. Veamos si las cortes han adoptado el medio conveniente para conseguirlo.
Mas en primer lugar, es necesario que convengamos en un punto, y es, que prescindiendo del vicioso origen, que tuvieron las actuales cortes, como nacidas de una revolucion que, en nuestro concepto, fue tan injusta como no necesaria, una vez reunidas á vista y paciencia de la mayoria de la nacion, no debe dudarse de que estan autorizadas para hacer todas las variaciones, que crean convenir en la constitucion de Cadiz. Estas variaciones pueden llegar hasta el punto de deshacerla toda entera, pieza por pieza, y formar otra nueva mas acomodada al estado del pais, esto es, á sus intereses, sus costumbres y sus necesidades. Todo lo que hagan en este sentido, y con las formalidades y condiciones de la ley, podrá ser mas ó menos censurable, pero será legitimo, só pena de envolvernos en un circulo vicioso de que no podria salirse, sino por medio de otra revolucion.
Sentado este principio, vengamos á las bases sobre que se ha emprendido la reforma. En la sesion del 30 de noviembre, la comision encargada de redactar el proyecto de ella presentó al congreso las bases siguientes:
1ª Se suprimirá toda la porte reglamentaria, y —301→ cuanto deba corresponder á los códigos ó á las leyes organicas.
2ª. Las cortes se compondrán de dos cuerpos colegisladores, que se diferenciarán entre si por las calidades personales de sus individuos, por la forma de su nombramiento y por la duracion de su encargo; pero ninguno de estos dos cuerpos será hereditario, ni privilegiado. Serán iguales en facultades; pero las leyes sobre contribuciones y credito publico se presentaran primero al cuerpo de los diputados; y si en el otro sufriesen alguna alteracion que estos despues no admitiesen, pasará á la sancion real lo que los diputados aprobasen definitivamente.
3ª. Corresponde al Rey: primero, la sancion de las leyes; segundo, la facultad de convocar las cortes todos los años y de cerrar sus sesiones; tercero, la de prorrogarlas y disolverlas, pero con la obligacion en este ultimo caso de convocar otras y reunirlas en un tiempo determinado.
4ª. Los diputados á cortes se elegirán por un metodo directo y podrán ser réelegidos indefinidamente.
A estas cuatro proposiciones de la comision precedia una esposicion de los motivos ó razones que habian influido en ellas y decidido el animo de sus individuos á pedir el apoyo de las cortes para continuar en sus tareas. Pero se olvidaron estos señores de esponer la que mas principalmente —302→ habia influido en el repentino é inesperado cambio de opinion, que con sorpresa general se vió en esta propuesta, respecto de las opiniones, que cada uno de ellos habia emitido mil veces. Esta razon verdadera y unica no era otra que la desesperada situacion, en que se hallaban los negocios, cuando se elaboraron y presentaron las bases: Gomez posesionado de Cordoba, los carlistas amenazando á Bilbao, muchos hombres de bien huyendo, ó deseando huir á pais estrangero, una gran parte del ejercito en insurreccion y todos temblando de lo que podia ocurrir dentro de uno ó dos meses. Esta era la verdadera causa del prodigio, y no las menguadas razones que se hacinaron en el dictamen. Estaba demasiado reciente la revolucion de la Granja, para que ningun hombre de buena razon creyese que en ella se habia proclamado la constitucion con solo el objeto de destruirla. Pero al fin, el imperio de las circunstancias á mas que á estos milagros se estiende.
Con todo eso, no puede menos de agradecerse á estos señores, que se aprovecháran de estas mismas circunstancias, para calificar del modo que lo hicieron la tan decantada constitucion; pues á vueltas de ciertos elogios forzados, que en su posicion eran indispensables, declararon lo mismo que nosotros dijimos en la primera parte de esta obra, á saber, que aquel codigo no habia sido —303→ otra cosa que un producto de la necesidad. En el mismo dictamen se dice que la opinion de todos los hombres pensadores, la opinion nacional, exigia la reforma de sus principales bases: que su volumen era escesivo, por haberse comprendido en ella una multitud de disposiciones, que no son constitucionales ni debian tener cabida en un codigo politico: que era impertinente la fijacion de los limites del territorio español y la designacion de las provincias, de que se componia en las diversas partes del mundo: que era imposible gobernar segun la opinion nacional (siguiendo los pasos de la constitucion de Cadiz), esto es, dando igual peso y consideracion á las opiniones de todos los ciudadanos, fundandose en una igualdad de derechos puramente especulativa: que era indispensable dividir la representacion nacional en dos cuerpos legislativos: que los Españoles no solo tienen el sentimiento de la igualdad, sino la posesion de ella, autorizada por sus costumbres: que en España no hay aristocracia123: que era peligrosisimo abandonar la nacion á la libertad de imprenta, á la publicidad de las discusiones, al aspecto de las grandes juntas populares y al gusto de las —304→ novedades: que el poder real, segun le limita el articulo 149 de la constitucion de Cadiz (en que se coarta el derecho de no sancionar las leyes), lejos de ser independiente, era un poder forzado, pues que se le obligaba á ejecutar lo que creia perjudicial al bien del pais: que el metodo de eleccion directa era el unico verdadero, mientras que la indirecta, adoptada por la constitucion, ofrecia una ficcion en cada grado de que consta: que debia desaparecer la incompatibilidad que establece la constitucion (ya habia desaparecido) entre el cargo de diputado y el de ministro; y por ultimo, que quitandole á la constitucion lo que le sobra y añadiendole lo que le falta, quedaria una constitucion mui buena. Lo mismo decia Moratin de la comedia de D. Eleuterio.
Permitasenos preguntar ahora: ¿merecia una constitucion tan defectuosa, por no decir tan absurda, que se emprendiese por restaurarla una revolucion como la de la Granja? ¿No estaban ya salvados en el estatuto casi todos sus defectos? Pero no, no es verdad que la revolucion se hiciese por ella, asi como las reformas tampoco se proponen para asegurar el orden legal en España, sino para que triunfe un partido, hasta tanto que otro Higinio Garcia solicite otra cosa, que sera mui prontó.
¡Cuan distinta fue la marcha seguida por la —305→ representacion nacional francesa en su famosa revolucion de julio del año 1830, ya que tanto se la cita para lo que no debiera citarsela! En ella si que puede decirse que hubo victoria y victoria completa de parte del pueblo, porque habia habido batalla y batalla sangrienta, no contra una muger inerme, sino contra soldados aguerridos, en la cual la razon y el heroismo caminaron á un mismo fin y obtuvieron juntos un gran resultado. Sin embargo ¿que es lo que hicieron inmediatamente los representantes de aquel pueblo? ¿Fueron á desenterrar alguna de sus constituciones democraticas con el pretesto inadmisible en politica, si bien admirable en poesia, de gloriosos recuerdos ni levantamientos filosoficos? ¿Trajeron á la escena teorias ya muertas y ahogadas en un diluvio de sangre? Nada de eso: se contentaron con hacer en su carta de 1814 algunas enmiendas, que reclamaban las circunstancias y dejaron reposar en paz los errores de sus antepasados. Mas en España parece que se ha formado empeño en imitar todo lo malo de otras naciones y desdeñar todo lo bueno, que ofrecen á nuestra imitacion. Cuando podian haber acomodado su estatuto á las necesidades é intereses del pueblo en poquisimos dias y con una certeza casi completa del acierto, prefirieron algunos dar á la Europa el escandalo de una revolucion ignominiosa y cobarde para resucitar absurdos, que por mas que —306→ se disfracen, siempre los desechará la razon. La Francia de 1850 en medio de la efervescencia suscitada por una tentativa de despotismo y por una victoria reciente, lejos de declararse enemiga del trono y de las instituciones monarquicas, las dió nuevo apoyo, acelerandose á llenar el vacio, que habia dejado en el la ausencia de Carlos X y de sus sucesores directos; pero rodeando de un doble prestigio la concesion magnifica otorgada por su hermano y predecesor. En España sin victoria y sin el menor motivo ni pretesto de queja, se tira por el suelo el no menos magnifico regalo de la Reyna actual, y se pone delante de sus ojos, como un fantasma amenazador, un codigo peor que democratico y ya condenado á la mutilacion por los mismos, que le llevaban por bandera.
Cuando se discutió la totalidad del proyecto de reforma, exigido como ya hemos dicho por las circunstancias de la nacion, no por el convencimiento de sus representantes, aprovecharon algunos oradores aquel momento para disculparse de la obstinacion, con que en otro tiempo resistieron igual reforma. Mas como la falta habia sido tan visible, tan generalmente sentida y sobre todo, tan grave en sus consecuencias, no era facil salir del paso sin calumniar la epoca, las personas y la nacion124. El gran argumento con que el —307→ señor Arguelles intentó persuadir que su resistencia y la de sus compañeros habia sido patriotica y necesaria, consistia en decir, que cuando la Francia, la Inglaterra, el Austria y la Rusia les instaban en sus notas á que hiciesen algunas modificaciones en la constitucion de la monarquia, no habian especificado categoricamente, cuales habian de ser estas modificaciones, y que por consecuencia era un lazo que se tendia á la representacion nacional para destruirla, cualesquiera que fuesen sus condescendencias. Confesamos que no alcanza nuestra logica á comprender semejante raciocinio y que solo podemos admitir de el la parte, que dice relacion con las intenciones, porque ningun derecho tenemos para dudar de las del señor Arguelles y otros que le apoyaron en aquella lamentable resistencia Mas por lo que —308→ hace á la naturaleza de las mudanzas que deseaban los gabinetes estrangeros y con ellos la nacion española toda entera, menos unos pocos que vivian allá retirados en su atmosfera particular, era bien conocida. Solo se deseaba que se reformasen algunos parrafos concernientes al articulo 172 de la constitucion, en que se enumeran las restricciones de la autoridad real, tan generalmente desaprobadas de los hombres de juicio, asi entonces como ahora. Tambien se deseaba y se reconocia necesario por todos los amantes sinceros del bien de su pais el establecimiento de otra camara legislativa, que tuviese el caracter de conservadora, sin la cual estaba, como ha estado siempre, herida de muerte la constitucion de Cadiz. Si el señor Arguelles y los suyos hubieran querido entonces consultar la opinion general y no hubieran hostilizado con una intolerancia tan feroz, como la religiosa, á los que por medio de la imprenta no cesaban de clamar por estas modificaciones, á buen seguro, que no se habrian seguido los males que entonces se siguieron. Es muy singular el raciocinio, que el señor Arguelles empleó en la misma sesion, de que hablamos, que fué la del 14 de diciembre; dice literalmente asi: «Diré una cosa, un hecho sencillo, que hará reir y lo sentiré mucho, porque está enlazado con otros de triste recordacion. Al principio de la emigracion vino á Gibraltar un Español —309→ de la serrania de Ronda, y lamentandose de los sucesos de España, decia». ¡Si siquiera nos hubiesen dado las camaras!!!125 «Hasta este punto llegó la opinion. Abandonaron entonces al gobierno muchos Españoles poseidos de esta idea. Su señoria (el señor Montoya que combatia el dictamen) habia advertido como yo, la alegria con que se recibió en el estrangero el establecimiento de la segunda camara, por que se creyó que era el unico medio de salvar todos los errores, despropositos y desatinos que se cometieron en la epoca anteriore».
Si las cortes no se podian justificar entonces y ahora se justifican con semejantes raciocinios, de temer es que, en el estrangero y en el nacional, se las tenga por injustificables. ¿Con que una opinion, que habia cundido ya hasta un humilde serrano de Ronda, no era una opinion generalmente recibida en la nacion? ¿Pues hasta donde quiere el señor Arguelles que penetren las persuasiones, si no le basta escucharlas en boca de aquellos hombres, que menos parece que debian ocuparse de los negocios publicos? Aquel pobre serrano, por mas que le sorprenda y haga reir al señor Arguelles, habia puesto el dedo en la herida y —310→ era el interprete fiel de la opinion y de la voluntad española, no los declamadores de las sesiones de febrero de 1823. El señor Arguelles conoce mejor que nadie, que un gobierno representativo no es otra cosa, que la espresion de la opinion general, y si esta era en España tan universalmente sentida, que hasta los montañeses de Ronda clamaban por ella ¿como quiere persuadirnos que aquellas cortes la escucharon ni estuvieron de su parte? Y no estandolo ¿como quiere que la nacion se uniese á ellas ni las sostuviese contra sus enemigos? La verdad es, que las cortes de 1823 se suicidaron en las sesiones del 11 y 13 de febrero, por no haber querido oir la opinion de todo el pueblo, por haberse aislado de el, por haberse imaginado falsamente, que ellas eran las verdaderas representantes de la voluntad general. Este fué el error que ellas y nosotros y todos hemos pagado con la perdida de una razonable libertad, no las supercherias imaginarias de aquellos gabinetes, que tal vez nunca nos han dado un consejo, mas desinteresado, mas conforme á la paz general y mas en armonia con los deseos de todos los buenos Españoles.
En cuanto á la primera base, poquisima dificultad podia ocurrir ni en el congreso ni de parte de la prensa; porque era tan evidente que debia descartarse de la constitucion toda la parte reglamentaria, como deberia separarse de la ordenanza —311→ militar un tratado sobre el ataque y defensa de las plazas, por bien escrito que estuviese. La constitucion de Cadiz con sus 384 articulos era tan mezquina en sus bases, tan confusa en sus pormenores, tan pueril en sus precauciones, que mas bien que un codigo politico, pudiera llamarse un programa de conclusiones para un colegio de segunda enseñanza. Sesenta y cuatro articulos se consagran en ella solo á la ley electoral, lo cual bastaria para dar idea de que semejante ley debia ser muy viciosa; cincuenta y tres á la celebracion y facultades de las cortes, sesenta y ocho á la administracion de justicia; veinte y nueve á los ayuntamientos y gefes politicos; y diez y ocho á las contribuciones y el modo de percibirlas. Alli se detallan los ministros que han de asistir en las audiencias á las vistas y revistas de los pleitos, y hasta se destina un capitulo entero al modo de proceder en materia criminal, por el cual se asegura la completa y eterna impunidad de los criminales. A esto llamaban en Cadiz hacer una constitucion politica para la monarquia. Fué, pues, aprobada la primera base por unanimidad y sin discusion.
En la segunda, aunque tampoco se prolongó demasiado, atendida la importancia del asunto, se dieron en ella tales cosas, y se mostró tan poca libertad de disentir de la opinion impuesta por un partido, que no podemos menos de analizarla —312→ con alguna detencion. El primero que tocó la cuestion francamente fué el señor Caballero, el cual desde luego declaró que solo admitiria los dos cuerpos legislativos, por que veia decidida en su favor la opinion del pais; pero con la condicion de que el nuevamente admitido no habia de ser ni hereditario ni privilegiado en ningun sentido, ni eligible por la corona, ni por mas tiempo ni por otras personas que el popular. Esto á lo menos era bien esplicito ó bien neto, para acomodarnos al lenguaje de la epoca. Verdad és, que las razones en que apoyó su raciocinio no eran de lo mas concluyente que podia desearse, por que solo consistieron en que hubiese economia de elecciones, como si este gasto hubiese de arruinarnos. Otras economias se necesitan en España mas que las de elecciones, pero al fin por alguna se ha de empezar, y el señor Caballero estaba muy en sus principios, oponiendose á que se malgastara ni aun el tiempo en hacer ninguna reforma, cuanto menos en elegir una cosa, que desde luego le desagradaba. Por lo mismo, se opuso abiertamente á que la corona fuese investida de esta prerogativa ni de ninguna, si era posible, por que todas eran á costa de los derechos de la generalidad de los Españoles.
El señor Calatrava, como ministro y presidente del consejo, tomó entonces la palabra por primera vez en la discusion, y cuando se esperaba que —313→ hubiese aprovechado aquel momento para revindicar los derechos propios del trono, reconocidos y practicados en todas partes, donde se tiene idea de lo que és gobierno representativo, solo se limitó á decir que las dos camaras debian ser realmente distintas y no una sola dividida en dos secciones, que es lo que habia querido decir su preopinante. Tambien protestó solenmemente contra la idea generalmente esparcida de que algunos gabinetes estrangeros hubiesen influido en las reformas, que se estaban haciendo. Dudamos mucho que esta protesta haya bastado á desengañar á todos, pero á nosotros nos basta que su Escelencia lo anunciase así, para darle entero credito. Lo que hubieramos querido en su posicion de ministro y para defensa de la corona, es que al mismo tiempo que se apresuró á declarar que esta y su gobierno se hallaban perfectamente acordes con las bases de la comision, hubiese indicado la necesidad de que la nueva camara hubiese sido siempre elegida por ella. Esta declaracion era no solo conveniente sino esencial en boca de un gobierno, que estaba ya viendo venir la tendencia hostil de muchos diputados contra todo nombramiento, que no fuese popular. Aun fue mucho mas estraño el rasgo de erudicion importuna, con que quiso probar, que la nobleza, como tal, no habia tenido nunca asiento en las cortes de Castilla. Citando este hecho fuera cierto, que no —314→ lo és, á ninguno menos que á un ministro correspondia citarle en un caso semejante. Pero esta es la gran desgracia de que los consejeros de la corona sean hombres de simpatias revolucionarias, mas que de principios constitucionales. Un ministro, que tuviese la conciencia de su situacion en el caso de que hablamos, lejos de debilitar el prestigio, con que debe rodearse el nuevo cuerpo conservador, haciendole constar de toda especie de aristocracias, debia mostrar menos desden y mayor aprecio de la del nacimiento, siquiera por que en ella estan muchos nombres verdaderamente historicos, y porque tambien se encuentran en ella los mayores propietarios de la monarquia. Pero prevalecia en el señor Calatrava la obligacion mas urgente del momento, que consistia en hablar mal del estatuto y de sus mejores disposiciones126.
Como en una asamblea semejante no habia que esperar una discusion propiamente dicha, pues que en el fondo de la cuestion todos estaban convenidos, —315→ se redujeron los pocos oradores, que quisieron tomar parte en ella, á lucir cada cual sus profundos conocimientos del estudio de los gobiernos representativos. Uno de los que hicieron mas gala de un talento de observacion fué el señor Sancho, militar antiguo en las filas parlamentarias, donde ha desempeñado con acierto muchas comisiones civiles y eclesiasticas. Este señor, que como otros muchos de su epoca, habia sido enemigo declarado de las dos camaras, y mucho mas de los que en tiempo oportuno las deseaban introducir en la constitucion, dió el ejemplo laudable de probar en un largo discurso, que en ningun tiempo, en ningun pais, y bajo ninguna forma de gobierno representativo habia dejado de admitirse el principio de los dos cuerpos colegisladores, menos en Cadiz y Portugal. Probó hasta la evidencia que el sistema representativo era hijo legitimo del feudal, por la sencillisima razon de que un padre espantoso y monstruoso nada tiene de estraño que engendre un hijo robusto y hermoso, como se vé todos los dias en el orden natural. Con igual fuerza de logica demostró que la camara de diputados representa la juventud, la de pares la vejez: que la aristocracia ha sido siempre perjudicial en todos los estados: que ella y no mas que ella ha reducido la Inglaterra á la situacion miserable en que hoy se encuentra, agoviada de deudas de contribuciones, —316→ malditamente gobernada y en un desorden administrativo espantoso. Solo le faltó, y es lastima, presentar el contraste de la prosperidad siempre progresiva, que ha adquirido nuestra España, por carecer, segun dicen los respetables miembros de la comision, de esa polilla de la sociedad. Sin embargo este señor es uno de los que créen haberse instruido viajando. Valganos Dios! ¿Y es posible que quien há estado muchos años en Inglaterra no haya tenido siquiera la curiosidad de leer su historia ni observar su constitucion, sino bajo el prisma engañador de las teorias de Cadiz? ¿Hay alguno en el mundo, que dude de que la Inglaterra debe toda su revolucion á la nobleza? ¿que en medio de algunos defectos y aun abusos, que se van reformando poco al poco, no hay constitucion alguna en el universo, que tenga mas probabilidades de duracion? ¿que sus instituciones, por lo mismo que estan tan recargadas de aristocracia, han proporcionado al pais una fuerza y prosperidad á que jamas llegó pueblo alguno? ¿que esa misma nobleza ha sido una constante defensora de la libertad, con que justamente se envanece todo Inglés? El señor Sancho dice que no, y es preciso créerle, porque lo atestiguó con la autoridad, infalible para algunos, de monsieur de la Fayette, y en presencia de un testo semejante son inutiles todos los raciocinios.
—317→Mas dejando á parte las opiniones individuales de los señores, que tomaron parte en esta importante discusion, parece increible, que en una asamblea tan numerosa no se encontrára ni un solo individuo, que tomase la palabra en favor de lo que debe ser una cámara conservadora. Cuando faltasen otras razones, que las mismas espuestas por los que hablaron en favor de una segunda camara sin ningun caracter conservador (que es la que votaron las cortes por unanimidad, menos uno), bastarian ellas solas para combatirlos. Hemos dicho razones, y no es asi, porque en toda la discusion no se espuso mas que una, esto és, que asi se hacia en otras partes. Pues bien, en otras partes la camara alta, ó de pares, ó de Lores, ó de proceres, ó como quiera llamarse, tiene el caracter de perpetuidad, de independencia, de estabilidad y de fuerza tradicional, que no tendrá ciertamente la camara española de nueva creacion. Mucho nos engañaremos si con semejante elemento se arraiga el gobierno representativo en España. Pues que; ¿créen esos señores que una camara popular, de cualquier modo que se constituya, ha de ser mejor guardadora de las libertades é intereses del pueblo, que otra en que entre como base esencial el elemento aristocratico? Nos parece que no, y la historia de todos los paises apoya nuestro sentir. Ya hemos visto aun en nuestros dias la facilidad, con que se dejan —318→ corromper ó engañar las camaras populares, y el celo, con que han defendido la libertad, aquellas á quienes una falsa preocupacion acusa del caracter de opresoras, como si fuese lo mismo aristocracia que privilegio, nobleza que usurpacion. Tal vez esa misma uniformidad, con que en las cortes españolas se ha votado esta medida, no es mas que una nueva prueba de la servilidad inherente á todo cuerpo, donde no son toleradas otras opiniones mas que las dominantes en un partido. Esas opiniones variarán y la servilidad será la misma, ora el que domine propenda á la libertad, ora exija la inquisicion. Por el contrario, cuando hay un cuerpo, cuya esencia y cuyo destino especial sea la conservacion de los intereses perpetuos de la sociedad, de las opiniones, por decirlo asi, invariables, de las ideas permanentes, entonces estas ideas, estas opiniones y estos intereses encuentran su natural apoyo en la camara, que no debe su origen á la eleccion popular. ¿Créen las cortes españolas que las medidas tiranicas ó dictatoriales, que ellas concedieron poco ha á los ministros de la revolucion, se las habria otorgado, á lo menos sin grandes restricciones, una camara aristocratica, aunque fuese la de Proceres? Pues se engañan, por que no hay nada en el mundo tan servil ni tan docil en todos sentidos como una camara popular, impuesta por un solo partido.
Esta verdad, aunque no expresada en los mismos —319→ terminos, fue indicada en la discusion de la tercera base, por el señor Olózaga, en un nervioso discurso, que pronunció el dia 19, contestando al señor Domenech. «Estos cuerpos, decia, no podrian llenar su objeto, si no tuvieran en si organos de las diferentes opiniones, que constituyen la opinion nacional, para llevarla al punto que conviene, porque sabido es, que la calidad mas esencial es la de ser gobiernos de progreso, etc.» ¡Triste del que en las cortes españolas del dia se hubiese atrevido á esponer ideas contrarias á la tendencia democratica, que son las que estan hoy de moda! Se tolera en ellas la oposicion, pero solo cuando se trate de restringir los derechos del trono, no la que intente ampliarlos ó conservarlos. Tambien estuvo muy feliz cuando, en el mismo discurso, dió la siguiente esplicacion de lo que debe entenderse por soberania nacional: «Considerada, dijo, como principio de gobierno, es un absurdo antisocial, é importa que se conozca asi, para destruir todos los sofismas que quieren deducirse de el. La soberania nacional es un principio, que han tenido que reclamar los pueblos contra otro, que quiso traher diverso origen, que, aunque elevado y sublime, no es menos absurdo. Todo el mundo sabe que el principio de la soberania es la oposicion solemne, necesaria, indispensable, de un pueblo contra los que habian usurpado sus derechos —320→ en nombre del poder divino». Lastima es que un orador, capaz de comprender y espresar de este modo verdades que, por mal esplicadas y comprendidas, han ocasionado tanto daño en el mundo, tuviese pocas lineas mas abajo la condescendencia de atribuir las mudanzas de los diferentes ministerios, verificadas en los ultimos dos años, al voto de censura de las camaras, cuando le constaba que el del conde de Toreno, y el del señor Isturiz, solo habian debido sus trastornos á dos levantamientos anarquicos. Solo el del señor Mendizabal puede decirse que se disolvió por el voto nacional legal y legitimamente espresado; pero precisamente ese es el mismo que se ha vuelto á restablecer por una revolucion antipopular. ¿Mas como decir á las camaras una verdad tan amarga sobre su origen vicioso? Esto se hubiera tenido por un crimen de lesa-revolucion.
La tercera base del voto absoluto, ó suspensivo, fue mucho mas combatida que las dos anteriores, asi porque se rozaba mas asperamente con los principios de la faccion democratica del congreso, como porque tenian ya prontos los argumentos de que habian de valerse, estando consignados en los fastos de la revolucion francesa; y asi, el que haya leido las discusiones de la Asamblea Constituyente, ya puede decir que ha leido cuanto se dijo en las sesiones del 19, 20, 21 y —321→ 22 de diciembre en Madrid, con poquisimas variaciones. Una de ellas la encontramos en el prolijo discurso con que el señor Arguelles, apoyando el dictamen de la comision, dijo que para nada servian las citas historicas en esta cuestion, que era de suyo practica, como que el gobierno representativo no lleva mas que dos siglos de antiguedad, habiendo tenido su principio en Inglaterra. Perdonenos el señor Arguelles, si estrañamos en su boca, mas que en otra alguna, semejantes espresiones, porque prescindiendo de lo que el mismo señor a dicho mil veces de las constituciones de Castilla y Aragon, infinitamente mas antiguas, que la de Inglaterra, y prescindiendo tambien del empeño, con que se nos quiso hacer créer lo que tanto distaba de la verdad, esto es, que la famosa constitucion de Cadiz era una restauracion de las dichas constituciones, tenemos dentro de nuestro propio pais otras varias, en que se reconoce todo el mecanismo de los actuales sistemas representativos. ¿Que otra cosa son sino, las que hicieron tan florecientes las provincias de Alava, Vizcaya, Guipuzcoa y Navarra? ¿Hay hoy en la Inglaterra, ni aun en la de Belgica y de los Estados Unidos, tantas garantias contra la tirannia monarquica como en algunas de estas cuatro, ó no se puede hablar de ellas, porque está alli el pretendiente? Un diputado tan celoso de la gloria nacional no parece que debiera haber cedido tan —322→ generosamente á nadie la palma de este progreso. Sin embargo, la verdad es, que el gobierno representativo, con todos los elementos de tal, fue conocido y practicado en España muchos años antes que en ninguna de las naciones modernas. Lo que no se conocia, y pluguiese á Dios que no se hubiese conocido nunca, fue ese perpetuo absurdo de la soberania nacional, segun se empeñan en entenderla todos los que impugnaron esta tercera base. Evidentemente todos los individuos reunidos de una nacion deben tener la soberania de ella, si por soberania entendemos la fuerza, el poder, el interes colectivo de la sociedad, de la misma manera que un regimiento entero puede é importa mas que su coronel. ¿Pero se inferirá de eso que el regimiento, y no el coronel, han de ejercer el mando é inspirar la direccion de sus movimientos? No por cierto, asi como no debe el cuerpo entero de la sociedad, y cada uno de sus individuos, ejercer las funciones de la soberania, só pretesto de que todos son iguales en derechos. Enhorabuena que se insista en desterrar del mundo esa larga supercheria, con que se ha estado haciendo créer que habia ciertas familias destinadas por la providencia para ocupar los tronos, mientras que todas las demas estaban condenadas á sufrir los efectos de sus errores ó de sus vicios; ¿pero estamos acaso en tiempos en que semejantes maximas nos obliguen á dar en el estremo opuesto, —323→ á inventar otra nueva supercheria, tal vez mas peligrosa que aquella? El primero, que anunció al mundo el principio de la soberania nacional, hizo ciertamente un servicio al genero humano; pero los que, apoderandose de este principio, le dieron una interpretacion y una estension viciosas, le han hecho acaso mayor mal que los que proclamaban el absurdo contrario. Los gobiernos representativos, á medida que se desenvuelven y perfeccionan, van divinizando, por decirlo asi, á los monarcas, concediendoles todos los medios de hacer el bien, y dificultandoles las ocasiones del mal, pero sin quitarles el caracter de verdaderos soberanos, porque lo son y no pueden menos de serlo, mientras sean gefes de los poderes ejecutivo y legislativo. Las asambleas populares, no menos usurpadoras y ambiciosas que cualquier otro cuerpo ó individuo, han dado en la mania de tratar y disponer de la soberania, como algunos magistrados distribuyen y manejan la justicia, es decir, como si fuera una cosa propia suya, que pueden conceder ó negar á su arbitrio. Figurandose malamente que ellas solas son las que representan á la patria, han llegado tambien á persuadirse, que pues la soberania reside esencialmente en la nacion, por una consecuencia natural, debe residir en ellas la soberania. Este es un error muy grave, del que conviene desengañarlas, para que renuncien de una vez á una pretencion tan injusta. La —324→ soberania, propiamente dicha, reside en los tres poderes del estado, con perfecta igualdad en uno y en otro, porque ninguno de ellos puede existir aisladamente en ninguna sociedad humana. Asi, tan soberano es el gefe del poder ejecutivo como el del poder judicial, y como el del poder legislativo, sin que nadie tenga derecho para desposéerle de este dictado, ni menos para usurparle. Pero decir, como se ha dicho tantas veces en España, y en otras partes, el pueblo soberano, no es mas que decir una solemne necedad, que ya era tiempo de ir olvidando, para no fastidiar á los oyentes. Las cortes españolas pudieron algun tiempo créerse verdaderamente soberanas, cuando se dieron á si mismas el tratamiento de magestad, y sobre todo, cuando avocaron á si todas las funciones de los otros poderes; pero desde que cesó la horfandad, en que habia quedado la Peninsula, y desde que se han ido generalizando las buenas doctrinas ignoradas en Cadiz, es menester que renuncien á tan exageradas pretensiones con la misma docilidad, con que han renunciado á otras.
Ya hemos dicho que esta tercera base habia sido mas combatida que las otras, y asi, su aprobacion esperimentó mucha mayor dificultad, pues tuvo cincuenta y siete votos en contra. No lo estrañamos, por las razones que ya quedan indicadas; pero no deja de llamar nuestra atencion un incidente que, aunque de poca importancia en si —325→ mismo, confirma lo que ya repetidas veces hemos insinuado, y es, que la corona, lejos de tener por defensores á los ministros, parece mas bien que los tiene por adversarios. ¿Quien créeria que con ocasion de haber dicho el señor Montoya, en la sesion del dia 23 de diciembre, que la idea de modificar la constitucion habia nacido de la corona, se levantase el señor Calatrava á rechazar esta imputacion, como una grave injuria? No parece sino que el pensamiento de reformar una constitucion generalmente reconocida por defectuosa, y aun por impraticable, era una especie de blasfemia, de que era preciso sacar inocente al trono, y esto, cuando se le veia arrastrar por el lodo, y entregar á la execracion general por varios diputados, mas propios para figurar entre los admiradores de Alibaud, que entre los representantes de ninguna nacion. ¿Pues tan mal le hubiera sentado al gobierno tomar la iniciativa, no solo para las reformas, cuyas bases se discutian, sino para otras muchas que reclama un código tan indigesto? ¿Es posible que tanto pueda el espiritu de una mala escuela, que ningun desengaño, ninguna posicion, ningun raciocino, hayan de alcanzar á corregirle? Y cuidado, que el señor Calatrava es, como si dijesemos, la flor de su ministerio, con que ya puede considerarse el apoyo parlamentario que tendria el trono en sus otros compañeros.
—326→La cuarta base, la de la eleccion directa ó indirecta, fue todavia mas disputada que la anterior, y no podia menos de serlo, porque era el caballo de batalla de los que odiando, segun dicen, toda tirania ejercida por otros, gustan de tiranizar ellos mismos las elecciones. Por eso, todo su empeño consistia en que no se fijase como principio, en la nueva constitucion cual hubiera de ser el metodo de la eleccion, bastando solo anunciar en ella que debia ser popular. Por fortuna, la materia estaba ya tan debatida, y lo que es mas, se habian presentado ya tantas pruebas practicas de los inconvenientes, que trahe consigo la eleccion indirecta de dos ó mas grados, que ninguno de los diputados podia alegar ignorancia sobre lo que debia votar. Pero hay ciertas cuestiones, en que no es la ignorancia el mayor obstaculo para el acierto, sino la malicia, aunque, en lo general, suelen estar unidas estas dos nulidades. Asi sucedió en esta discusion, en que todos los que tenian sus motivos particulares para solicitar la eleccion indirecta, tuvieron que incidir en un sin numero de inconsecuencias, entre las cuales habia dos, que debian haberles dado en ojos. La primera consistia en que habiendose mostrado admiradores idolatras de la constitucion belga, asi por considerarla producto immediato de una revolucion sangrienta, sin cuya circunstancia nada hay bueno para algunos, como por ser la mas avara de principios —327→ monarquicos, solo querian desechar de ella el articulo de la eleccion directa. La segunda era todavia mas palpable, y mas perjudicial á sus propios interes. Sabido es el empeño de todos estos señores, que se declaran á si mismos abogados y protectores oficiosos de los pueblos, porque no se restrinja de modo alguno el derecho de eleccion, y desaparezcan todas las garantias, que distinguen á unos ciudadanos de otros. Sin embargo, deberian considerar que si, en España, se pidiese individualmente el voto á todos los habitantes mayores de edad, sobre la especie de gobierno que desean, de temer es, que desapareciesen á un tiempo todas las ilusiones. Cuando pocos dias antes acababan de hacer los ministros un cuadro tan sombrío del estado de la opinion, cuando todos los diarios estaban clamando sobre la multitud de enemigos que tenian las nuevas instituciones, y cuando era sabido de todos que solo las clases instruidas y civilizadas se habian declarado en su favor, ¿querer abandonar á la muchedumbre el derecho de elegir sus representantes? Es necesario estar bien obcecado del espiritu de partido, para aspirar á un triumfo tan dudoso. Pero esto es lo que sucede, cuando se vive en una atmosfera aparte de la sociedad comun, y cuando no se consulta otra opinion que la de los que á uno le rodean. Esos señores estan oyendose decir siempre unos á otros, que ellos son los representantes de —328→ la opinion y voluntad general, como si la voluntad y la opinion pudiesen ser representables, y llegan á persuadirse que todo el mundo piensa como ellos. Lo mismo les sucede á los carlistas, y á los moderados, y á todos los que miran el bien general con relacion á si mismos. Asi sucede hoy, asi ha sucedido siempre, y asi debe suceder, porque el hombre no puede cambiar su naturaleza. Pero deberian considerar todos los partidos, incluso el conspirador, que si hay triunfos que conducen al predominio momentaneo, hay otros que llevan en si mismos la ruina y la muerte inevitable de sus mas halagueñas esperanzas. Apenas hay garantia que nos parezca suficiente, en el estado actual de España, para asegurar unas elecciones siquiera regulares, mientras dure la guerra civil, que amenaza destruir el principio representativo; y sin embargo, hay en las cortes españolas sesenta y tres individuos, que prefieren las elecciones hechas por medio de motines, contra ochenta y ocho, que las desean como signo ú espresion del interes general; es decir, que, segun el resultado de esta votacion, cuatro quintas partes de las cortes no tienen reparo en que la hez de la sociedad se apodere de eso, que ellas llaman, con tanta impropiedad, la soberania popular.
Baste ya de bases de reforma, cuya analisis nos ha hecho sudar de fastidio, porque lo es ciertamente la precision de léer con atencion una multitud —329→ de discursos, en los cuales, á vuelta de una u otra idea util y concretada á la cuestion, hay que devorar un centenar de panegiricos en boca propia, que forman la lectura mas insoportable. Apenas hay orador, de los antiguos ó de los modernos, que no haga su preambulo diario, elogiando su patriotismo, su independencia, sus grandes servicios, sus virtudes sociales y su desinteres, de suerte que la mayor parte parecen, mas bien que discursos parlamentarios, relaciones de meritos para cuando haya lugar. Sin embargo, es menester hacer á las cortes la justicia de que, debanse á la causa que se quiera las bases adoptadas hasta ahora, eran de absoluta necesidad, y ofrecen esperanzas de que, cuando se las presente el proyecto de constitucion que ha de regir en España, harán todavia otras variaciones, que la pongan en armonia con las de otros pueblos mas esperimentados en esta espinosa carrera. Deseamos con la mayor ansia que llegue este momento, para abrir nuestro corazon á la esperanza de un por venir menos funesto, que el que hasta ahora ofrece la situacion de nuestro pais. Ya dijimos, al principiar este segundo tomo, que los males que le aquejan eran, en nuestro concepto tan graves que no pueden desconocerse ni disimularse. Cada dia van haciendose mayores, por la perversa direccion de las ideas, y por el influjo funesto de un ministerio ignorante é incapaz de correccion, —330→ porque ni comprende la situacion del pais, ni la del trono, ni la suya propia. La llamada exaltacion en los principios constitucionales, que, aun cuando fuese sincera, seria siempre un manantial de desordenes, no es en España mas que facticia, mentirosa y servil, sin que nos haya presentado hasta el dia ni un hombre, ni un resultado, que poder ofrecer á la historia. Sus perpetuas baladronadas en los cafés y en el tumulto de los motines, lejos de proporcionar ninguna victoria sobre los carlistas, casi siempre han venido á parar en alguna derrota vergonzosa, mientras que en donde no se han permitido gritadores de oficio, como en Bilbao, y en algun otro pueblo, se han dado ejemplos de heroicidad. Sus reuniones, malamente llamadas populares, no han producido otro fruto, que usurpaciones continuas de la autoridad, trastornos en el gobierno, y robos infames de los caudales publicos y privados. Su imprenta peculiar, lejos de arrojar ninguna luz para que los ignorantes lleguen á comprender la bondad del gobierno representativo, no es mas que una sentina siempre abierta de calumnias, chismes, acusaciones infundadas, revelaciones inicuas y escitaciones al crimen. Su principio de libertad no ha dado de si otra cosa que indisciplina, insubordinacion, asesinatos y fieras matanzas. Los hombres de su eleccion, de quienes preconizaban maravillas, no han sabido dar otro —331→ resultado que aniquilar todos los recursos nacionales, destruir el credito interior y esterior del estado, matar de hambre y desnudez numerosos ejercitos, que hubieran hecho la gloria de la patria, envilecer el trono, autorizar la desobediencia, dando el escandaloso ejemplo de contradecir con ordenes secretas lo mismo que mandaban en las publicas, arrancar medidas escepcionales y tiranicas como unico medio gobernativo, proponer incendios de pueblos, como elemento de conviccion, y por ultimo, comprometer la felicidad de las pocas colonias, que aun quedaban unidas á la metropoli127.
Dulce patria mia, digna por tantos titulos de la felicidad que te roban las pasiones de algunos de tus hijos, escucha la voz amistosa y sincera de uno de ellos, en quien la edad, los desengaños y la situacion independiente, son otros tantos titulos, para que la escuches sin desconfianza. Tu nombre era pronunciado con reverencia y admiracion en los gabinetes estrangeros; tu lengua, tus costumbres, tu literatura, tus defectos mismos, eran imitados, aprendidos, tomados por modelo de cultura y galanteria; tus escuadras surcaban los antiguos mares y los nuevos, que tu osadia descubrió al —332→ universo atonito y envidioso de tu poder; tus banderas tremolaban majestuosas por todo lo descubierto de la tierra, y tus armas llegaron á ser calumniadas, á fuerza de ser temidas. Todo desapareció rapidamente, porque todo era exagerado, y porque todo quiso ser esclusivo. La intolerancia emponzoñó los fecundos manantiales de tu prosperidad, y robando á tus hijos las mejores prendas de su noble caracter, te hizo odiosa á los estrangeros, que mil veces se coligaron para tu ruina. Olvidaste tus propias leyes, desconociste las mas bellas paginas de tu historia, convertidas hoy en una especie de problema, que cada uno intenta resolver á su modo. Tu trono fue ocupado por familias estrañas á tu lengua, á tus costumbres y á tus intereses; y por ultimo, tu misma religion sacrosanta perdió una parte de aquel brillo sublime de dulzura, de caridad y de reciproca tolerancia, que habia impreso en ella su divino autor. Apenas te quedaron de tu propio caracter otras cualidades que el valor y la resignacion en la desgracia. Dejaste en fin de ser lo que eras por ti misma, para convertirte en mala imitadora de los usos y costumbres de los demas. ¡Si siquiera hubieses acertado á imitarlos!..... Pero no; las personas que se encargaron de la direccion de tus negocios te engañaron hasta en eso, haciendote créer que imitabas lo actual, lo positivo, lo verdadero, cuando en la realidad no te —333→ hacian copiar mas que lo antiguo, lo desechado y lo falso. Por eso perdiste, segunda y tercera vez, hasta la esperanza de recobrar lo que nunca debieras haber perdido.
Una inesperada reunion de circunstancias ha vuelto á poner en tus manos tu propia felicidad, sino la desechas por la falsa persuasion de que para obtenerla necesitas de nadie. Ya has visto por una dolorosa esperiencia á donde conduce el despotismo de uno solo y con cuanta facilidad degenera en tirania. Tambien has esperimentado una parte de los desastres que lleva tras si el despotismo de muchos, no menos insaciable y mas funesto que el otro. Tiempo es ya de que conozcas el verdadero camino, que conduce á la felicidad, asi como las sendas tortuosas, que separan de ella. Aquel nunca será sino el de las leyes claras, pocas y analogas á tus costumbres. Estas otras son la arbitrariedad y el empeño de predominio; ora se afecte la ternura de un padre, ora te finjan un excesivo celo superior al de los mejores amigos. Ni el uno ni los otros se proponen labrar tu bien, sino el suyo propio; y cuando alguna vez te resulte alguna utilidad de sus oficiosos afanes, bien puedes persuadirle á que ha sido accidentalmente y como objeto secundario, pues el fin principal siempre fué la satisfaccion de alguna de sus pasiones. La forma de tu gobierno no puede ser otra que la monarquica constitucional, pero organizada —334→ de tal modo, que en ella apenas se perciba el impulso popular para otra cosa, que para la formacion de las leyes puramente economicas. Asegurese al pueblo español el goce franco, solido, verdadero de todas sus libertades civiles; pero que la ley fundamental se muestre por largo tiempo avara de concederle la plenitud de sus derechos politicos. Tiempo llegará en que pueda disfrutar de todos sin riesgo de la sociedad; pero esto no podrá verificarse mientras no se forme, digámoslo asi, su educacion civil por medio de un largo transcurso de practica en el orden legal y auxiliada de una buena administracion. Mientras que estos dos grandes elementos de prosperidad no esten bien desenvueltos y asegurados, el pueblo no gozará ni comprenderá siquiera la importancia de las libertades politicas: marchará de revolucion en revolucion, y cansado de luchas y de sangre apetecerá el despotismo, como una tabla de salud. No hay que dejarse engañar con los gritos de los demagogos ni con las frases sonoras de los aduladores de la multitud: el pueblo español no está maduro ni para la libertad de imprenta sin grandes restricciones, ni para las discusiones politicas abstractas, ni para esas luchas tumultuosas de poder á poder, que ningun peligro ofrecen en los pueblos bien administrados. En estos una revolucion mas ó menos sangrienta hace mudar el gabinete, cambia la dinastia, altera, —335→ si es necesario, la forma de gobierno; pero al dia siguiente todas las ruedas administrativas marchan por su antiguo carril. No asi en los pueblos que carecen de sistema y de bases de administracion, por que en ellas el menor movimiento inusitado lo trastorna todo, y todo es menester crearlo de nuevo. Esto es lo que sucede en España, lo que ha sucedido y sucederá, mientras que en lugar de fijarse la principal atencion de los legisladores en decidir cuestiones de alta politica, que para nada sirven en el dia, no la tornen hacia el noble y dificil empeño de fundar una buena administracion, de que carecemos absolutamente.
Este debiera ser, y lo será algun dia, el grande objeto de las cortes, que se constituyan, con arreglo á la nueva ley fundamental, que esperamos con ansia. Si ella fuese tal, que en vez de paralizar la accion benefica del trono, le da toda la fuerza y poder necesarios para gobernar y administrar, sin cuyas circunstancias es inutil una corona, entonces nuestra situacion no será todavia desesperada. Pero si por una fatalidad, que recelamos, preponderan en el nuevo codigo los falsos principios, que prevalecieron en el de Cadiz, no hay que cansarse, nuestro por venir será funesto. Clamamos por trono y clamaremos siempre, por que en nuestro concepto la frase de que el Rey reina pero no gobierna es una heregia politica en el —336→ estado actual de nuestro pais, donde es indispensable que reine, gobierne y administre con toda la estension y desembarazo, que puede permitir un regimen constitucional. En otras partes podia no ofrecer grandes inconvenientes que el Rey se limite solo á reinar, pero otras partes no son la España, y á nosotros lo que nos interesa es juzgar á esta como ella es en si, no como se la figuran en Londres y en Paris. Clamamos por aristocracia y clamaremos siempre, porque la consideramos como un elemento politico indispensable en toda monarquia templada, como una salvaguardia hereditaria de las leyes y de las costumbres, y como una encargada especial de proteger la libertad civil contra las invasiones del poder soberano y contra los errores y pasiones populares128. Clamamos por un justo equilibrio de los tres poderes y clamaremos siempre, por que estamos persuadidos á que la nivelacion democratica, ó lo que es lo mismo, la centralizacion de todos los poderes en un punto, consecuencia necesaria de las teorias de la igualdad, es el camino mas seguro para llegar al sistema opresivo, que se tragó la libertad humana en el Oriente.
—337→Hemos referido los principales sucesos que precedieron y acompañaron á la revolucion española de 1836: hemos juzgado los hombres y las cosas, tal como nos dicta nuestra conciencia: hemos indicado los medios, por los que, en nuestro concepto, podrá todavia la España salir del estado miserable á que la han conducido errores antiguos y estravagancias modernas. Podremos habernos engañado en algunos, pero nuestra intencion ha sido tan pura como lo es nuestro amor y nuestro respeto hacia la patria, que nos dio el ser, cualesquiera que sean su situacion y la forma de gobierno, que definitivamente adopte.
No quisieramos hacer mencion de la ligera mudanza, que ha sufrido el ministerio Mendizabal con la salida del demagógo Lopez, porque sabiendose que no ha procedido de sus numerosas traiciones á la corona, sino de miserables desavenencias con sus compañeros, ninguna alteracion sustancial produce la separacion de este individuo, ni la entrada en el gabinete de su sucesor Pita Pizarro. Ambos ignorantisimos en la ciencia de la administracion y ambos alucinados con teorias que no son de este siglo, ni lo serán ya de ningun otro, en nada pueden contribuir para mejorar la suerte de la España: al contrario, su participacion del poder es no solo una calamidad, sino una ignominia publica. Mas la primera causa de esta ignominia y calamidad reside en las actuales —338→ cortes, cuya inmensa mayoria está bien penetrada de que no representa á las provincias ni mucho menos á la nacion, á quien ultrajan diariamente sus discursos. Las actuales cortes no son otra cosa, que la torpe espresion de un partido predominante por el momento, y á quienes unicamente podria perdonarse lo vicioso de su origen, si penetradas de su posicion y conmovidas de los males de la patria hubiesen procurado obrar con dignidad y con independencia de sus tenebrosos gefes: ¿Pero que independencia ni dignidad ha de esperarse de una reunion de gentes, coechadas las unas, dominadas y dirigidas las otras por sus clubs, ignorantisimas las mas hasta de los terminos usuales en las cuestiones legislativas, atemorizadas casi todas de que el cambio de ministerio las esponga á peligros personales, y donde algun otro diputado de talento y tal vez de probidad, que no sabe por que está alli, no se atreve á nada, porque conoce que no puede contener el torrente? ¿Como ha de estrañarse que ni se haya interpelado al ministerio por la inaccion de los ejercitos durante tres meses, ni por sus derrotas tan repetidas como vergonzosas? ¿Quien no ha de abochornarse al ver que principiada la cuarta campaña, se vean acorralados los tres grandes ejercitos del norte, el uno en San Sebastian, el otro en Bilbao y el otro en Pamplona, mientras que todo el resto de la peninsula está abierto á —339→ inumerables partidas que la recorren en todos sentidos? ¿Quien puede mirar sin susto la proximidad del vencimiento de los semestres de la deuda esterior é interior, cuando se sabe que no hay un maravedi reservado para este objeto ni para los pagos corrientes de las obligaciones diarias? Y en tales momentos, que es lo que oimos en las tales cortes? Cuestiones futiles sobre el agua del bautismo, heregias politicas y religiosas, proyectos de ruina universal y el rugido de 53 miserables, que piden la responsabilidad del ministerio Isturiz, por lo unico bueno que tuvo tiempo de hacer, cual fue declarar facciosos á los que lo son en realidad. Con tales elementos de legislacion y de gobierno es inutil esperar ningun buen resultado ni en la guerra ni en la paz, sino desastres y lagrimas sin cuento para la nacion española, y sordidas y ricas ganancias para los Ingleses y sus esclavos. Lo unico que presenta alguna imagen de consuelo es, ver que los carlistas no saben tampoco aprovecharse de sus victorias, y asi el triunfo entre los dos partidos estremos parece reservado, no al que mejor sepa conducirse, sino al que menos faltas cometa.
—340→
Antes de dejar la pluma debemos hacer mencion de los dos unicos acontecimientos importantes, que se han verificado durante la impresion de la segunda parte de esta obra. El primero es la presentacion á las cortes del proyecto de constitucion, formado por la comision especial nombrada al efecto y compuesta de los sujetos, que ya hemos dicho. Este proyecto no es una simple reforma de la constitucion de Cadiz, como parecia indicarse en el espiritu de la revolucion de la Granja, y en todo cuanto se ha hablado en las cortes, cuando se discutieron las bases, sobre que habia de girar la correccion de aquel codigo. Es una constitucion nueva y por desgracia no mas acomodable á la España que la anterior. Nos abstenemos de copiarla, por ser un documento, que el lector puede consultar en todos los periodicos de Madrid del 26 de febrero de este año de 1837 y que han copiado los de las provincias y muchos estrangeros. Consta de 79 articulos, divididos en 13 titulos, y ofrece, en lo general, mejor orden en las ideas que el que se siguió en Cadiz; pero en lo —341→ sustancial adolece del mismo vicio que aquella y presentaria iguales ó mayores inconvenientes en su practica, si llegara á aprobarse, que no lo créemos. Con solo considerar los dos articulos 13 y 15 en que se establece el principio de las dos camaras, se echará de ver la especie de repugnancia, con que la comision se ha resignado á adoptarle. Las cortes, dice el articulo 13, se componen de dos cuerpos colegisladores: el senado y el congreso de los diputados. Los senadores, añade el 15, son nombrados por el Rey, á propuesta en lista triple de los electores, que en cada provincia nombran hoy los diputados á cortes.
Prescindiendo del lenguaje confuso é inexacto, con que esta espresado este ultimo pensamiento, se infiere de el, que quien ha de proponer esta triple lista es el mismo cuerpo de electores, que elija los diputados: es decir, que asi la una como la otra camara han de tener un origen rigurosamente popular. La accion de la corona queda reducida al estrecho circulo de elegir una entre tres personas, ya designadas para que representen los intereses perpetuos de la sociedad, pues esta es la funcion esencial de la camara conservadora. Cuando en mil otras ocurrencias no hubieramos tenido ocasion de notar la estrechez de miras y el espiritu rutinero de nuestros pseudo-liberales, bastaria esta prueba que nos da la comision de su servilidad y respeto supersticioso por todos los —342→ errores. Encontraron en su malhadada constitucion de Cadiz, que el consejo de estado habia de ser elegido por el Rey, á propuesta de triple lista de las cortes, y creyeron hacer acto de consecuentes, acomodando á tan necia teoria la eleccion de toda una camara legisladora. El principio es igualmente absurdo en uno que en otro caso, pero en este ultimo es, sobre absurdo, eminentemente democratico. Desde que á la corona se la rehusa el derecho de elegir libremente los individuos que han de componer el cuerpo conservador y por consiguiente el de reforzarle cuando lo exijan las circunstancias, se acabó su accion legislativa y el influjo benefico de su saludable institucion. Menos mala seria una verdadera republica.
Pudieramos continuar analizando algunos otros articulos entre los pocos que merecen la pena de ser discutidos, como por ejemplo el 14, en que se sienta como base, que el numero de los senadores será igual á las tres quintas partes de los diputados. ¿Y por que no ha de convenir en mil ocasiones reforzar el numero de los individuos de esta camara, para oponer un dique, tal vez y muy frecuentemente necesario contra las usurpaciones y ligerezas de la otra? ¿Pues que, la propension á la tirania es tan esclusivamente propia de los individuos, que no la veamos manifestarse y trasmitirse en las corporaciones? Pluguiera al cielo —343→ que asi fuese, pero la historia nos muestrario contrario. Abandonamos, pues, este proyecto á lo que el es en si, esto es, al cumulo de papelotes inutiles, que componen el inmenso archivo de los delirios humanos. Que se apruebe ó no por las actuales cortes, ni que el gabinete actual de la Reyna le apoye ó le combata, todo eso no le dará la vitalidad, que le falta, porque es un pensamiento hueco, incapaz de recibir aplicacion, sino cuando mas por el tiempo que dure la guerra civil: porque sabido es, que mientras esta prevalezca, no será la razon quien presida á los destinos de la España, sino la violencia y el espiritu de partido.
Otro de los sucesos no menos tristes, que ha venido á fortificar nuestras sospechas, es la disolucion de las soñadas combinaciones militares, que parecia imponer como una necesidad el libertamiento de Bilbao. Tres meses enteros ha dejado correr el inepto ministerio de la Reyna sin investir del mando supremo á alguno de los generales, que blasonan de servirla, y otros tres meses ha dejado á los ejercitos en una escasez de medios, que ha servido de pretesto para imposibilitar un movimiento fijo y simultaneo. La impaciencia publica, el descontento interior y las justas murmuraciones de nuestros aliados han obligado por fin á que el menos capaz de los caudillos, que tienen tropas bajo su mando, se decidiese á tentar —344→ fortuna. No es esto decir, que se arrojase temerariamente el llamado general Evans á acometer alguna empresa fomidable, porque prudentemente podia contar con un noventa por ciento de probabilidad en atencion al numero de sus tropas, á su inmensa artilleria, á los incalculables ausilios de la marina inglesa y al grandisimo apoyo de tener una plaza á las espaldas. Pero ya hemos visto en otras ocasiones, que este gefe necesita ademas, que haya otros dos ó tres ejercitos en diferentes puntos, que le desarmen al enemigo, sin lo cual cada paso suyo es una derrota segura. La que acaba de esperimentar el dia 16 de marzo en las lineas de Hernani es exactamente la segunda parte de la que sufrió el 11 de julio del año pasado en Fuenterrabía; y nos parece que debiera ser la ultima prueba, que hiciese el gobierno, de entregar las vidas y el honor de nuestros soldados á un aventurero de tan corta capacidad. Si no nos contuviese la consideracion del gabinete, de quien depende, le hariamos tal vez otros cargos mas severos que el de la ignorancia, porque nos duele demasiado el verle prodigar inutilmente sangre española, reservando la de su nacion, en los ataques de las posiciones peligrosas, cuando parecia que asi como sus bandas son siempre las primeras á devorar las raciones y los tristes recursos del pais, lo fuesen tambien á resistir el fuego del enemigo. Mas ya no tiene remedio, y aun dudamos que el —345→ gobierno de la Reyna tenga la libertad necesaria, y para quitarle el mando, porque esas son las humillantes condiciones, á que se sujeta todo el que cifra su unica esperanza en la proteccion estrangera, sin saber sacar partido ni usar de la fuerza propia. Esclavo de un diplomatico omnipotente, tendrá que tragar esta humillacion ó entregar la España á su enemigo. Ignoramos el alcance, que pueda tener la vergonzosa jornada de Hernani, sobre todo, atendido el acrecentamiento asombroso, que han tomado en este mismo intervalo de tiempo las bandas de Cataluña, Valencia, Aragon y la Mancha. Pero lo que no dudamos asegurar es, que jamas la Inglaterra podria habernos endosado un gefe mas funesto, que el que está á la cabeza de la legion ausiliar de su nacion. No parece sino que el Portugal y la España estan destinadas á recibir como un signo de benevolencia, lo que en cualquiera parte se consideraria como una manifestacion de odio, cual es haber enviado para mandar las tropas de aquel pequeño reino al general Beresfort y para deslucir á las nuestras, al general Evans. Uno y otro dejarán tristes recuerdos de su presencia en el continente. Soltamos la pluma, poseidos de los mas tristes presentimientos.
ERRATAS DEL TOMO SEGUNDO.
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36. linea 25, Feruel, lease Teruel.
94, linea 20, las, lease los.
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