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La siguiente carta del general carlista Gomez, dirigida al redactor del Faro de Bayona, comprueba la exactitud del juicio, que habiamos formado de su expedicion, cualesquiera que sean, por otra parte, las ilusiones de este gefe, en las cuales no estamos ciertamente de acuerdo. Dice asi: «Al Redactor del Faro. -Guernica, 30 de enero de 1837. -He guardado silencio hasta aqui, sobre cuanto se ha dicho en los paises estrangeros, en pró ó en contra, de la espedicion que me fue encargada hace algunos meses para lo interior de España. El Rey mi amo ha tenido por conveniente sugetar mi conducta á la prueba de un juicio; y como mi conciencia me dice que el resultado de la sumaria no puede, menos de serme favorable, me parece el mejor partido esperar tranquilo su conclusion. Entretanto un ministro francés á dicho en la tribuna que mi vuelta á las provincias debe mirarse como una prueba de las pocas esperanzas, que ofrecen los derechos de mi soberano en todo lo restante del reino. Esto es lo que me obliga á indicar, aunque sumariamente, los motivos de mi vuelta.

Es no solo constante, sino tambien confesado por nuestros enemigos, que mis primeras operaciones en Andalucia pusieron al gobierno de Madrid entre dos peligros igualmente inminentes para el. Todo el medio dia de la Peninsula podia sublevarse en favor de Carlos V; un ataque del ejercito realista situado á este lado del Ebro podia apoderarse de la capital. Sin fuerzas para hacer frente á este doble peligro, estuvo algunos dias el gobierno revolucionario dudoso sobre el partido que debia tomar. Pero ballandose por aquel tiempo comprometido el grueso de los ejercitos reales en el sitio de Bilbao, cuya sumision era menos importante que el levantamiento de Andalucia, creyó justamente el gobierno de Madrid que habia llegado el caso de destacar contra mi todas las fuerzas, que tenia disponibles desde Burgos hasta Cadiz. Esta circunstancia fue la unica, que alteró mi posicion en Andalucia. Debo tambien añadir, que no me hubiera sido dificil sostenerme con ventaja, sin la escandalosa acogida que tuvo en el territorio inglés la columna del comandante general Ordonez, cuando, el 21 de noviembre, huia derrotada de mis tropas victoriosas, y si, el dia siguiente, no hubieran hecho fuego los buques ingleses sobre mi primera division, en el momento en que esta pasaba á Algeciras por la playa de Gibraltar. De lo dicho resulta, que si mi vuelta á las provincias no fue unicamente determinada por mis vivos deseos de hacer al Rey una pintura exacta del estado favorable de toda España, tampoco puede atribuirse de modo alguno á causas permanentes é irremediables. No ha dependido mas que de combinaciones accidentales, cuya repeticion podrá evitarse en lo sucesivo.

En cuanto al espiritu monarquico que reina en España, no sé como hay quien pueda ponerlo en duda, despues de haber visto que sin mas fuerzas que los dos mil y setecientos infantes, y ciento y sesenta caballos, que saque de las provincias, he ocupado ciudades populosas, y tenido al gobierno de Madrid en un continuo susto durante seis meses, á pesar de verme perseguido por cuerpos mucho mas numerosos, que el que yo llevaba bajo mis ordenes. Muy lisongero es sin duda oir que se atribuye este fenomeno á mi capacidad militar; pero no me ciega mi amor propio hasta el punto de no conocer, que esta esplicacion es una nueva red tendida por el liberalismo. Quisiera este dar una idea falsa de la verdadera conclusion de la historia de mi correria, la cual debe parecer, en efecto, una novela ó una especie de milagro para todos los que intenten esplicarla por las simples reglas de la estrategia. Yo, no es á mi habilidad, ni tampoco á la inaccion ni á la ignorancia de los gerales enemigos, á quienes debe atribuirse la felicidad de mis marchas, sino principalmente á la intervencion de los pueblos, es decir, á aquella benevolencia oficiosa, que adivina las necesidades de un amigo, y vuela para socorrerle, mientras que al enemigo todo se le rehusa, excepto aquello que exije por medio del rigor ó de que se apodera por la fuerza. Muchos pueblos tuvieron la osadia de proclamar á Carlos V, con solo el aviso de que estabamos á pocas leguas de distancia; otros, entusiasmados con la dicha de verse libres un momento, no comprimieron sus vivos deseos, sino á suplicas mias, porque yo sabia muy bien que al cabo de algunas horas, el enemigo hubiera correspondido á ellos con el incendio y la muerte. Todos, sin escepcion, se desesperaban de la falta de armas y del tiempo necesario para organizar una leva en masa en favor de nuestra causa. Es esto tan cierto, que hasta los diarios de Madrid dan un testimonio autentico de ello, en la correspondencia de uno de los oficiales de Espartero, el cual escribia desde Lugo, en el mes de julio, diciendo: Si no se hubiera perseguido á Gomez con tanta actividad, tendria á estas horas sesenta mil hombres.

Cuando se dice que, en punto á realismo, toda la España es Vizcaya y Navarra, aun no se aprecian bien las disposiciones del reino. En Navarra y en Vizcaya, la opinion realista está á lo menos templada con la gloria militar, y descansa y respira, por decirlo asi, en la venganza; pero en el resto de España, la exaltacion de los animos se duplica por la violencia misma de la opresion, que ahoga hasta el derecho de quejarse.

Se equivoca, pues, el ministro francés en deducir del estado de la España central un argumento contra la probabilidad del triunfo de Carlos V. La guerra de España es la de una nacion contra un ejercito, y si aquella pudiese sucumbir en la lucha, seria necesario que, á la maxima de que Un pueblo no necesita para ser libre mas que quererlo, sustituyesemos esta otra: El tirano mas odioso, con tal que una vez invada el poder, puede mantenerse en el contra todos los esfuerzos del pueblo tiranizado. -Queda de Vmd. affmo. servidor.El general GOMEZ.»

 

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El ayuntamiento y junta provincial de Barcelona elevaron al congreso unas representaciones muy energicas, contra las medidas arbitrarias que habia solicitado el ministerio. Las razones en que las fundaban eran convincentes; pero la constitucion española, como todas las del mundo, prohibia justisimamente estas representaciones colectivas, que siempre llevan en si mismas cierta sospecha de coaccion ú amenaza, lo cual no sucede con las de los particulares. Hubo, en esta ocasion, varios diputados que hicieron ver este inconveniente, y se opusieron á su lectura; pero prevalecieron los dictamenes de otros, que alegaban la conveniencia de escuchar las, y los numerosos ejemplos, tolerados por el congreso, en favor de otras corporaciones representadoras, como los ayuntamientos de Valencia, Toledo, Valladolid, Badajoz, y otros muchos. La verdad es que semejantes ejemplos no debieran influir para que de nuevo se quebrantase la ley; pero si en algun caso pudiera transijirse con ella, solo seria aquel, en, que una corporacion intenta apoyar la base fundamental de la justicia, que estaban barrenando las cortes. Sin embargo, las consecuencias inmediatas fueron las que no podian menos de ser, cuando se toleran infracciones de la ley. Los firmantes de Barcelona emplearon la fuerza para oponerse á la publicacion de las facultades estraordinarias el dia 13 de enero, de este año, y Dios sabe adonde hubieran parado sus pretensiones sin la firmeza del general Parreño, que publicó la ley marcial.

 

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Cotejese esta frase con las discusiones de la ley de Señorios, y con su promulgacion, y se apreciará el convencimiento de estos señores. ¡Oh Gomez, Gomez, cuanto hay que agradecerte!

 

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Es bien sabida la persecucion que sufrieron, durante la epoca de 1820 á 1823, todos los que profesaban ideas moderadas, bajo pretesto de que querian introducir las dos camaras en la constitucion española. Llegó á tanto la mania contra los camarilleros ó anilleros, pues con ambos nombres solian designarlos, que en el mismo salon de las cortes se les pintaba como mas odiosos que á los feotas, del mismo modo que ahora muestran algunos diputados, y todos los ministros, mas odio contra los partidarios del estatuto, que contra los carlistas. Lo singular es, que aquella odiosa calificacion se trasmitió como por herencia al gobierno absoluto, durante el cual tambien se persiguió con mas encono á los apasionados de las dos camaras, que á los freneticos adoradores de la representacion unica: prueba bien clara de que todas las tiranias se parecen unas á otras.

 

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El doble sentido de esta palabra parece ser el unico motivo de risa, que presentia el señor Arguelles; pero á pesar de lo sucio de la idea, ninguno de los oyentes dió señales de que la habia comprendido.

 

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No podemos combinar los principios sentados por el señor ministro Calatrava, en esta y otras sesiones, con la mania de conceder titulos aristocraticos á los que han merecido bien de la patria. En los mismos momentos, en que afectaba desprecio de la aristocracia en las cortes, nombraba en su gabinete conde de Luchana al general Espartero, y condesa de Espoz y Mina á la viuda de este ultimo. Esto prueba, en nuestro concepto, que tiene una vasta coleccion de principios, para aplicarlos segun el lugar en que los emite.

 

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Cuando se escribia esto, se hallaba la isla de Cuba muy agitada con las providencias del general Lorenzo. Por fortuna, se ha restablecido despues la tranquillidad en aquella colonia importante.

 

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Para nosotros, es una verdad historica, que la Europa debe esclusivamente al influjo aristocratico el no haber raido ya toda entera bajo el yugo del despotismo.

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