Miguel Hernández
Ángel Crespo
La palabra cogida entre papeles
con manchas inequívocas de sangre,
pesando sobre el ánimo
como la piedra sobre el agua,
abriéndose camino
como la hoz entre la siembra,
incendiando nuestras palabras
como la cerilla al pajar,
purificando el aire
como el polen bajo los pinos,
como las miradas que estrechan
igual que brazos las cinturas;
la palabra desde los dientes,
a partir de la lengua, del pozo,
de la pared a cal y canto
trabada; los poemas
como banderas, como lechos
para crear, como señales
para creer, como maduras
credenciales de cuanto vive
y ni el aire ni el fuego, ni la tierra,
ni la terrestre
mano airada destruyen:
Las palabras que nos esperan
en pie.
Palabras duras, ásperas,
rodeadas de rejos, vibraciones,
vuelos solares y nocturnos,
y asentadas
sobre la piedra y, sin embargo, encintas
de miel y cera para arder.
Tus palabras, que ya son nuestras.
Nuestras palabras, que nos hurtas.