Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Indice
Abajo

Vuelta al folletín

Sergio Ramírez





A finales del siglo XIX, la novela romántica degeneró en América en la literatura de folletín, que fue sumamente popular; la lacrimógena inocencia europea con historias de parejas desgraciadas, Bernardine de Saint Pierre y Chateaubriand, se combinó con las aventuras y el misterio de las novelas de Alejandro Dumas; y así comenzaron a darse ejemplos de amores puros como en María, de Jorge Isaac y de truculencias como en Aves sin nido, de la peruana Clorinda Matto de Turner. En la coexistencia pacífica que la tardía llegada de los géneros literarios impuso a la narrativa americana, se encontraron la novela histórica y la novela romántica y de allí, surgiendo penosamente, un realismo que ya comenzaba a pasar de moda en Europa.

De estos extremos, al folletín romántico, no había más que un paso; pronto floreció en Centroamérica también este género cuyas características resultan muy bien definidas: se trataba de historias contadas por entregas en periódicos o revistas, mezcla de cuento policíaco con atrocidades románticas: estupros, incestos, adulterios; baúles de doble fondo, pistolas que se descargaban por medio de mecanismos diabólicos; amoríos infelices que terminan en el manicomio o en el convento; héroes y villanos, perfectamente diferenciados; asesinatos por medio de veneno, calles tortuosas, noches obscuras, personajes cuya identidad no se descubre sino en la última entrega. Un romanticismo dulzón y de tramoya cuyo más grande alarde técnico era el suspense al final de cada capítulo; y, sobre todo, un entremetimiento feroz del autor con sus personajes, ora compadeciéndolos, ora implorando al cielo el perdón por sus culpas y discutiendo también con el lector el próximo paso que iba a dar con respecto a la trama.

Por supuesto, la tisis y los suicidios; los hijos expósitos abandonados al amparo de la noche en las puertas de las mansiones; los amantes emparedados vivos por maridos celosos y cuyos huesos son descubiertos años después en macabro abrazo, no faltan en la receta que para tanta truculencia se protegía en un ambiente muy propio: el colonial, es decir, el Medioevo americano. Así por el estilo son los folletines del primero de los novelistas centroamericanos, Don José Milla (1822-1882), guatemalteco.

El principal mérito del folletín está sin duda en su irrestricto carácter novelesco, sin que la imaginación se sujete a ninguna norma de congruencia o rigor científico: son tramas aventureras, sin ningún propósito moralizante. De esta libertad surge un carácter romántico (roman: novela), y lo que con este mismo carácter la épica dio a las novelas caballerescas, aquí los amores obscuros lo dan al folletín.

Tales técnicas (pues el folletín tiene sus reglas muy definidas) están siendo aprovechadas ahora en un reflujo creativo, por algunos de los mejores narradores latinoamericanos contemporáneos:

En 1963, apareció en México Las visitaciones del Diablo de Emilio Carballido (1925), folletín romántico en XV partes. Y este año ha aparecido en Argentina Boquitas pintadas de Manuel Puig, folletín en XVI entregas. Como género redivivo, el folletín es sumamente difícil; el autor enfrenta la composición de una serie de elementos que por su manoseo diarios, aparecen como artísticamente deleznables, lo que es, evidentemente, jugar con fuego, ateniéndose a las reglas del demonio. El uso de tales instrumentos se complica más si consideramos que el folletín de fines del siglo XIX no ha dejado aún de tener vigencia, sufriendo degeneraciones que lo han hundido en un plano en el que es aún diletante: la radio novela, la telenovela, el cine de churro, la fotonovela y todo el rebaño de románticos contemporáneos: Félix B. Caignet, Corín Tellado, Caridad Bravo Adams, Pérez y Pérez. Tal circunstancia coloca al escritor que desea extraer de allí no sólo su técnica, sino además sus elementos novelables, en precaria situación. Y al cambiar la ambientación histórica generalmente a un pasado reciente, obliga al uso de materiales camp (lo mediocre adorable) y pop (el ars circundante).

Carballido utiliza tales elementos con éxito; su historia lúgubre, el trío amoroso, una vieja casona, las visitas de un demonio casero, dan pauta también para la formidable ridiculización de una sociedad provincial, la de Córdoba, donde el autor nació. Invirtiendo al final la resolución respecto al triángulo amoroso (la niña de mamá-el huésped-la hija de casa) el héroe se queda, como es de suponer, con la hija de casa, pero amando a la niña que para colmos, es inválida.

El folletín de Puig (autor también de La traición de Rita Hoyworth) es más ambicioso: al contrario de Carballido, que para hacer más verosímil la historia, la cuenta al estilo tradicional y en un sosegado lenguaje, Puig utiliza un decorado avant-garde compuesto de cartas, partes de policía, monólogos interiores, diálogos aislados. Todo sucede también en provincia (pues para el género el desplazamiento histórico de lo colonial a la provincia, es el más apropiado) y la acción discurre en una época muy melodramática: la del tango, iniciándose cada entrega con una cita de Alfredo Lepera, el compositor de Gardel. Hay, por supuesto, un muchacho atacado de tuberculosis, como eje de la trama y de todos los amoríos; y cumpliéndose con una regla de oro del folletín, la historia de amor de los héroes, es secundada por la de un obrero y una sirvienta. Las sorpresas, el pecado, los arrepentimientos, los asesinatos y la muerte del héroe a consecuencia de su enfermedad, cumplen todos su papel; y utilizando los sentimientos de los personajes en sus propios niveles, sin tratar de tocarlos, el autor resuelve bien su cometido: un sedimento de nostalgia por una época, por unas cosas comunes, por unos amores baratos, queda al final.

A veces adrede, a veces como necesidad, el autor utiliza un lenguaje convencional, amanerado, de rigor escritural, casi de notorio; y el ambiente se consigue ampliamente por medio de los signos de la época: cine, diarios, nombres de artistas predilectos.

El folletín tiene, pues, su futuro como forma experimental dentro de la narrativa actual. Puig afirma intentar un nuevo estilo de literatura popular, que es lo que la novela anda buscando desde hace tiempo. Éste será también el camino para que los buenos autores latinoamericanos, empiecen a sustituir con sus historias a quienes acaparan el gran mercado romántico de amas de casa, maridos cansados del trabajo del día y niñas adolescentes: el cine, la televisión, la novela semanal en las revistas de modas.

Como negocio, no hay duda que sería formidable (Negocio del espíritu, se entiende).

Carballido, Emilio: Las visitaciones del Diablo. Serie del Volador, Editorial Joaquín Mortiz, México, 1965.

Puig, Manuel: Boquitas Pintadas. Colección El Espejo, Editorial Sudamericana, S. A. Buenos Aires, 1969.

San José, Costa Rica, noviembre de 1969.





Indice