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Un original

Ricardo Gullón





Paul Léautaud es poco conocido en España. Acaso no fue traducido nunca. Acaso si una o dos veces, y nadie reparó en él. Ahora, al cumplir los ochenta años, se ha hecho popular en Francia, gracias a las sabrosas conversaciones que mantuvo ante el micrófono de la radio con Robert Mallet, en las cuales su réplica pronta, su franqueza y la originalidad de sus juicios sorprendieron y deleitaron a los oyentes.

Estos diálogos fueron recogidos en volumen, y el éxito sigue escoltándolos. El Mercure de France (febrero 1952) le ha dedicado un número homenaje, en el que colaboran Adrienne Monnier, Pascal Pia, Maurice Nadeau y Maurice Saillet. Curiosos textos en los que, siguiendo el ejemplo del homenajeado, nadie se priva de emitir su opinión con entera libertad.

Disconforme e independiente, Léautaud anticipa en ese número de la revista, y en el siguiente, algunos fragmentos de su Diario, correspondientes al año 1949, de los que tomaremos un ejemplo para dar idea de cómo está redactado: «Esta mañana -escribe el 2 de marzo- recibí el Boletín de una editorial, que me parece una verdadera fábrica de premios literarios [...]. Moderemos la opinión que merecen [los ganadores de ellos]. Buenos alumnos. Fabricantes diestros, naturalezas que no destacan en nada, cierta avidez y ningún orgullo, de acuerdo con la línea de la literatura actual. El viejo Goncourt hizo caer bier bajo a la literatura con la fundación de su Premio. Verdad es que él pensaba sobre todo en la supervivencia de su nombre. Uno más que tenía la obsesión de la posteridad.

Después de esto no voy a andar con rodeos: recibir un premio literario deshonra a un escritor».

Coincide esta opinión con la expuesta el año anterior por Julián Gracq, a quien tal vez para presionarle y obligarle a rectificar le fue concedido en diciembre último el premio Goncourt, correspondiente a 1951. André Bretón que ha rechazado algún bien retribuido galardón de esta clase, aprobará sin duda la dura frase del viejo Léautaud, que no hace sino formular de otra manera excomuniones lanzadas por el papa del surrealismo.





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