1
Añade también Castangaro que otros elementos importantes de Sin rumbo son «the explicitly deterministic development of behavior and action, together with the equally explicit deterministic asides; the typical couching of exclamatory comment in the third person; the prominence of crude detail (in Andrés' cohabitation with Donata, in the nature and the expression of passion between Andrés and La Amorini, in the unforgettable scene of Andrés' harakiri)». Y luego dice que «Cambaceres never quite distorts the deterministic force in literature into subjection to the power of free will»
(124-25). De modo algo semejante, Juan Epple dice que «Cambaceres pone en evidencia... los principios estéticos de la novela experimental que aparecen como un modelo al que se adscribe explícitamente»
(33). Hay, sin embargo, algunas opiniones diferentes: Jorge E. Cronberg dice que «el naturalismo fue imitado por Cambaceres en sus aspectos formales, pero no en su contenido»
(106); pero añade que la razón se halla en que no hubo en la Argentina una revolución industrial, y por lo tanto tampoco existieron los problemas obreros que habrían inspirado la crítica de Zola. Por otro lado Teresita Frugoni de Fritsche diría que el determinismo de Sin rumbo tuvo «tanto de adversidad romántica como de fatalismo biológico», y que el crudo desenlace tiene un «forzado tributo a la escuela naturalista»
(35).
2
Véase Epple, págs. 17-24.
3
Citado en Epple, pág. 22.
4
Y en otro lugar explica Epple: «Sin rumbo es la historia de un hombre que, teniendo la fuerza biológica suficiente... la inteligencia y la riqueza material suficientes como para triunfar en la sociedad, fracasa irremediablemente, terminando por suicidarse en el mismo instante en que su hacienda, el patrimonio familiar, es destruido por el fuego. Puesto que esta historia está propuesta como un "estudio", el propósito del narrador será explicar las causas de ese fracaso... el narrador dispone el relato comenzando por la observación atenta del espacio y la caracterización del personaje, sigue luego su oscilante proceso de ilusión y desengaño, viéndolo desenvolverse sometido a las incitaciones de la ciudad y el campo, y llevando los oscuros síndromes de una psiquis desquiciada, para ofrecer al final el espectáculo horrible de su autodestrucción»
.
5
Dice Castagnaro, por ejemplo, en referencia a la caracterización de Andrés: «The stark verisimilitude of this characterization undoubtedly stems, in part, from Cambaceres' abandonment of his former, formally separate role as narrator and from the simultaneous incorporation of the deeper layers of his own subconscious in the psychological evolution of Andrés, who indeed is, in many respects, Cambaceres himself. His previously mellowed biliousness is here developed and deepened into a masochistically agonizing despair of such proportions as to bring Cambaceres close -closer than any other Spanish American novelist of the nineteenth century- to the spiritual travail of contemporary man»
(124). De modo similar, Isabel Santacatalina, en el prólogo a su edición, afirma que en la novela, «la sociedad se presenta disminuida y nada parece poder mejorarla. El autor no introduce, en consecuencia, planteos programáticos de orden ético; sólo se circunscribe a verificar el descalabro social que le atormenta»
(16).
6
H. E. Guillén compartiría con Epple la preferencia por el valor reformista o didáctico de la obra. Refiriéndose al autor dice: «de su innovación surgió el ciclo de novelas de la crisis, testimoniales, comprometidas en declarar anticipadamente la mengua de los valores morales que regían la vida privada y pública manifestada especialmente en las actividades políticas y económicas»
(200).
7
En nuestra aproximación a la narratología seguimos, en parte, el texto de Schlomith Rimmon-Kenan, Narrative Fiction: Contemporary Poetics, quien integra en su estudio algunos de los aportes más importantes sobre la narratología, entre ellos, los de Mieke Bal, Claude Bremond, Gérard Genette, Algirdas Julien Gremais, Gerald Prince, y Boris Uspensky.
8
Por tendencia ideológica de una obra nos referimos a lo que Uspensky denomina 'the norms of the text': «In the simplest case, the 'norms' are presented through a single dominant perspective, that of the narrator-focalizer. If additional ideologies emerge in such texts, they become subordinate to the dominant focalizer, thus transforming the other evaluating subjects into objects of evaluation... Put differently, the ideology of the narrator-focalizer is usually taken as authoritative, and all other ideologies in the text are evaluated from this 'higher' position. In more complex cases, the single authoritative external focalizer gives way to a plurality of ideological positions whose validity is doubtful in principle. Some of these positions may concur in part or in whole, others may be mutually opposed, the interplay among them provoking a non-unitary, 'polyphonic' reading of the text»
(Rimmon-Kennan, 81). Como veremos en este ensayo, el sentido de Sin rumbo sí se subordina a las ideas del narrador, pero presentadas bajo una compleja construcción narrativa. Para una exposición más completa de las posibilidades de la focalización, véase Rimmon-Kenan, págs. 71-77.
9
Sobre las variadas posiblidades de expresiones o palabras que sirven de «connotateurs de relais», véase Marjet Berendsen, 143-45.
10
Epple acierta al distinguir entre el narrador y Andrés, pero su tesis conlleva una oposición Darwin-Schopenhauer con la cual no estamos de acuerdo. Dice que el narrador «con un saber superior, posesionado de una realidad que se manifiesta más compleja de lo que puede aprehender con la conciencia del personaje, va imponiendo la distinción entre las apariencias y la realidad: confronta el ideario filosófico al que se adscribe Andrés con lo que presenta el mundo como verdad (Schopenhauer versus Darwin), descubre bajo la crítica destructiva la anomalía de un temperamento y muestra bajo la actitud de una conciencia optimista y desengañada, las leyes inmutables de la naturaleza»
(40). Y luego añade que «La crítica social, entonces, está dirigida contra la actitud pusilánime de algunos sectores de la aristocracia argentina en el momento en que la sociedad está sometida a nuevas presiones sociales e ideológicas, señalándose, como «rumbo», las posibilidades de acción que pueden emanar de esa concepción tan abierta (y flexible) del darwinismo. Concepción que, recordemos, resucita con nuevos ropajes en las teorías geopolíticas de hoy»
(43). Pero como veremos en nuestro estudio, una posición «darwinista» y «anti-schopenhaureana» no es la que rige la lógica de la obra. El narrador es un 'schopenhauereano' cuyas ideas se entregan bajo una interesante y original posibilidad narrativa.