Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

Poetas y escritores modernos mexicanos

Juan de Dios Peza

No me creo con las dotes necesarias para hacer un estudio serio sobre el estado que guardan la literatura y el periodismo, entre nosotros; pero, tanto en la una como en el otro, he tomado parte desde hace algunos años, y acaso esto me sirva para hacer una declaración como testigo, más bien que un juicio como examinador de los acontecimientos.

Me tocó en suerte cultivar mi amor por las letras en un grupo de jóvenes que han sido más tarde, ya no risueñas esperanzas, sino realidades gloriosas para esta desgraciada tierra, donde siempre han sobrado discordias y nunca han faltado talentos.

Formo parte, aunque última, de esa falange que tuvo por caudillo a Manuel Acuña, que siguió siempre las huellas de este infortunado hermano mío, y que aún lo evoca en todas partes, con la tolerable vanidad de haber crecido, y estudiado a su sombra.

Diez años de concurrir a las asociaciones literarias, de vivir en las redacciones, de frecuentar el trato de autores y actores dramáticos, de ensayarme en varios géneros literarios, buscando para no errar, a los que pasan por lumbreras en diversos ramos; me han hecho conocer a los hombres de letras de mi país, y formar un juicio sobre la mayor parte de ellos. Los que amamos la literatura, constituimos una gran congregación fraternal, indivisible y consoladora. De esto nace, que a pesar de que en esta tierra todo lo invade el veneno de la política, en nada se amengüe el cariño de los unos para los otros. Importantísimas son las cuestiones públicas, y sin embargo, nunca llegan a dividir de tal suerte nuestros ánimos, que logren separarnos o hacernos odiosos, a los ojos de aquellos que no piensan como nosotros.

México es una tierra donde todos nacemos dotados de una sensibilidad que nos obliga a ser magnánimos e indulgentes para con los demás.

Soñamos mucho, y tenemos la debilidad de conformarnos más con los halagos mentirosos de una gloria efímera, que con los productos positivos de un trabajo práctico. No hemos tenido quién nos impulse, no hay quién nos estimule, ni habrá quien nos recuerde. Esta triste convicción de la juventud literaria, realza su mérito, porque a pesar de todo, se esfuerza, trabaja, sostiene luchas terribles contra las preocupaciones que la rodean, y vence sin que aplaudan su triunfo, ni comprendan su sacrificio. Ser poeta, escritor o novelista en México, no da más resultados, que la conquista de algunos adictos y de millares de enemigos. Cada laurel que se alcanza en esa carrera, está fecundado con lágrimas, y cada aplauso suele encubrir con su estrépito, el eco desagradable de una carcajada de sarcasmo.

No soy fatalista, ni creo en la predestinación; de ser así, ya habría jurado y probado que es ley del Destino, que cuantos aquí se dediquen al estudio de las bellas letras, han de ser desgraciados.

Martínez de Castro, Juan Díaz Covarrubias, Carlos Hipólito Serán, y para no ir tan lejos, Manuel Acuña, han sido en sus respectivas épocas astros lucientes de esperanza y gloria para la patria, y ¡cuán temprano se han apagado sin dejar percibir siquiera toda la intensidad de sus rayos!

El movimiento literario en la época colonial, apenas ha dejado rastro; una que otra poesía religiosa y muy rara vez alguna festiva, bien escondidas en las columnas de un periódico, eran la revelación de que había algunos que se dedicaban a escribir versos, sin atender al buen gusto ni llenar algún objeto determinado.

De la época de la Independencia a nuestros días ha ido acelerándose el movimiento literario, y muy especialmente en los últimos diez años, en los que han aparecido bastantes obras científicas, literarias, filosóficas y recreativas. Los poetas se han decidido a coleccionar sus obras; nuestros sabios resolvieron hacer oír su voz en las academias; los autores dramáticos, sacudiendo la apática modestia que los nulifica, llevaron a los bastidores del viejo Coliseo, sus ensayos; y hasta los menos avisados en achaques de letras, han ocupado su puesto en la tribuna y en la prensa.

Este movimiento, halagador a primera vista, es todavía falso. Para cimentar el buen gusto, se necesita de la crítica tan imparcial como razonada; esta corregirá los defectos de que adolecemos, y será la base de nuestra literatura nacional.

He tocado una cuestión nueva, ¿puede haber literatura nacional? ¡Sí!, lo respondo en alta voz, y plenamente convencido de ello. El día en que todas nuestras costumbres sean estudiadas; el día en que hablemos de nuestras flores, de nuestros frutos, de nuestros pueblos, de nuestros héroes, en una palabra, de todo eso que hay en América, y que solo nosotros conocemos; en ese día, repito, habremos alcanzado tener literatura propia, como lo han alcanzado ya los americanos del Sur.

Léase en las Rimas del Sr. Ignacio M. Altamirano, la composición titulada «Los Naranjos», mexicana y muy mexicana; tipo de la poesía nacional. Léanse muchos versos del popular Guillermo Prieto, y se hallará en ellos el tinte especial que caracteriza a los de esta tierra, allí palpitan las costumbres del pueblo, sus modismos, sus pasiones y su vida íntima. Para dar idea de lo que en México se hace y puede hacerse, me permito dar mi opinión sobre cada uno de los escritores, más o menos notables, sin que esto vaya por orden alfabético ni por grados de superioridad. Escribiré sin más guía que mi memoria, y sin más consejero que yo mismo. Muchos me faltarán; pero lo que aquí público será la base de un libro que daré a luz más tarde, y en el cual, haré un estudio detenido sobre los escritores de mi patria.

Guillermo Prieto

Con justa razón se da a Prieto el nombre de Beranger mexicano. Prieto es el príncipe de nuestros poetas; su poderosa inspiración no se ha debilitado en el largo tiempo que lleva de estar produciendo flores bellísimas. Hay incorrección en sus escritos que tienen la pompa espléndida de la vegetación tropical; ninguno es más atrevido que él, para cantar hechos heroicos; ninguno más sencillo para narrar costumbres populares; ninguno más hábil para manejar esa prosa festiva, que sin cansar, deleita lo mismo al más exigente erudito, que al lector más ignorante. Si Prieto coleccionara sus versos, formaría con ellos grandes volúmenes, pues desde hace más de cuarenta años, vienen honrando las columnas de muy acreditados periódicos.

Ha dirigido muchas publicaciones notables; ha compuesto en los días angustiosos para la patria, cantos, que como ecos del sentimiento general, han sido repetidos por todas las bocas, y guardados en todos los corazones. Como diputado que ha sido a casi todos los Congresos de nuestro país, ha hecho oír su voz en la tribuna, siempre en defensa de lo grande, de lo liberal y lo justo. Su corazón de poeta, impresionable hasta el extremo, no abriga rencor para nadie; ha sido siempre un hermano para sus amigos y un padre para sus discípulos. La cabeza de Prieto, está cubierta de canas, su amplia frente, ostenta ya las arrugas de la ancianidad, y sin embargo, su alma tiene 15 años, y en sus creaciones palpita el fuego juvenil. Sus versos son flores de perpetua primavera.

Prieto es, en mi concepto, el más grande de nuestros poetas nacionales; en sus versos se nota que se levanta hasta el cielo como las águilas, y que rastrea a veces el suelo como las alondras. Si siempre se mantuviera elevado, sería perfectamente admirable.

Ignacio Manuel Altamirano

I

Publico íntegra la biografía de uno de los hombres más eminentes de mi patria, porque ninguno como él ha prestado más protección, ni ha dado más estímulo a la juventud literaria mexicana, que debe conocer hasta los más mínimos detalles de la vida de su maestro.

Mi trabajo, que no contiene un solo dato falso, y ninguna apreciación parcial, me ha costado dificultades; pero lo emprendí con gusto, dedicándolo a la bohemia que ha recibido sanos consejos, leal protección, y constante amparo, del que ha sido objeto de estas líneas.

No hay razón para que lo adule, ni le tengo rencor, por nada; en consecuencia, nadie dude de la veracidad de mi escrito.

II

Ignacio Manuel Altamirano, hijo legítimo de Francisco Altamirano y de Juana Basilio, indígenas de raza pura, nació el día 13 de noviembre de 1834 en Tixtla (hoy ciudad Guerrero), población del Sur de México, que fue también patria del ilustre general Guerrero, uno de los héroes de la Independencia, y que es la capital del Estado del mismo nombre.

Le hemos oído referir con extraordinaria complacencia, que hasta los catorce años llevó una vida humilde, casi salvaje, obteniendo, sin embargo, algunas nociones de instrucción primaria, únicas que podía proporcionarle su familia, que era sumamente pobre y oscura.

Concurría a la escuela, donde después de palpables adelantos, le llevó su maestro a ocupar un asiento entre los niños de razón (nombre que dan a los descendientes o hijos de españoles, en los establecimientos a que concurren los indígenas). Esta distinción, le estimuló en sus estudios de tal suerte, que en 1849 fue escogido por las autoridades de su pueblo, previa una competencia con varios jóvenes de su edad, en un examen de instrucción primaria, para ir a estudiar en el colegio de Toluca, capital del Estado de México, cuya Legislatura había dado poco antes una ley, llamando a recibir los beneficios de una educación superior, a jóvenes indios del Estado, que reuniesen las cualidades de pobreza, edad y talento competentes. Entonces el Sur de México, pertenecía todavía al Estado de México.

El joven indio, que apenas conocía el idioma español, se distinguió entre sus compañeros, y con asombro de estos, obtuvo en sus primeros cursos de latinidad, español, francés y Filosofía, las primeras calificaciones y los premios respectivos.

De Toluca pasó a México, y en el colegio de San Juan de Letrán, concluyó el curso de Filosofía, mereciendo por sus conocimientos, grandes y distinguidas consideraciones.

Agitábanse a la sazón los espíritus liberales, por el movimiento revolucionario contra el dictador Santa-Anna, y Altamirano, impulsado por esa fuerza que después le ha llevado a tan altos puestos, y atraído por esa noble causa de la que ha sido desde entonces campeón valiosísimo, tomó parte a pesar de su juventud, en la revolución popular de Ayutla, comenzando así la doble carrera de soldado y de hombre de letras, que forma el rasgo característico de su vida.

La revolución de Ayutla tuvo por resultado el triunfo de las ideas liberales y fue nombrado catedrático de latinidad y entonces Altamirano salió del ejército, y continuó su carrera literaria en el colegio nacional de Letrán, donde con éxito brillante, concluyó sus estudios de Derecho en 1859.

Era la época de la guerra llamada de Reforma. Las ideas nuevas tenían que cimentarse a costa de grandes luchas y de innumerables trabajos; el país dominado desde tantos años atrás por la teocracia, se agitaba convulso, esperando la aurora de la libertad. En México, una facción clerical acaudillada por Miramón, hacia la guerra a la Constitución de 1857, sostenida por el presidente Juárez en Veracruz.

Los Estados todos luchaban con el centro, en favor de las instituciones liberales. Altamirano se dirigió al Estado de Guerrero, y allí defendió la Reforma, ya fundando un periódico político que se llamó el Eco de la Reforma, en el que combatió terriblemente al clero; ya como soldado y con las armas en la mano, tomando parte en varias batallas.

La Causa de la Constitución y la Reforma, triunfó al fin, y Altamirano fue nombrado diputado al Congreso de la Unión en 1861.

Nadie de los que presenciaron las sesiones parlamentarias de entonces, olvidará nunca, los triunfos que Altamirano alcanzó con sus discursos que le hicieron extraordinariamente popular.

Era yo muy niño, y a mis oídos llegaba el rumor de que un diputado muy elocuente, pedía el castigo más severo para los enemigos de la libertad.

Los hombres políticos y de letras, veían ya en Altamirano un rival temible; los jóvenes iban a aplaudirle, reconociendo en él, a uno de esos tipos pensadores y grandes de la Revolución Francesa de 93. Se le comparaba a veces con St. Juste, y no faltó un periódico reaccionario, que le designara con el nombre de Marat de los puros, epíteto que se daba por entonces, a los partidarios de la Reforma.

Hablaba Altamirano en la Cámara, y le interrumpían los aplausos y los gritos de entusiasmo, y al bajar de la tribuna era recibido en los brazos de sus compañeros.

He aquí cómo le juzgaban en su calidad de orador, periódicos extranjeros publicados en México.

L’Estaffette, diario francés, redactado muy hábilmente, hace del modo siguiente el análisis de uno de esos discursos que se hicieron célebres:

«Toda la ciudad resuena todavía con el discurso pronunciado en la tribuna de la Cámara, por el Sr. Altamirano. Se está poco acostumbrado en la sociedad mexicana, a una vehemencia semejante de lenguaje y a esa inflexibilidad de principios; y no es por eso de sorprenderse, que los rayos del diputado de Guerrero, hayan agitado profundamente las regiones ordinariamente tan serenas y tan plácidas de la política. Es todo un acontecimiento, y en este orador debe haber un hombre de acción y una esperanza para la República».


«Su manera de decir es concisa y de una firmeza notable. Su estilo desnudo de metáforas exóticas, tiene vivas salidas y va derecho al objeto del pensamiento, sin arrastrarse a través de períodos pastosos y de circunlocuciones convenidas. La fuerza de su palabra, consiste, sobre todo, en una argumentación cerrada; encadenada sin arte aparente; pero rigurosamente apoyada sobre citas históricas oportunas y bien escogidas. El secreto de su éxito está casi entero en el movimiento rápido, algunas veces brusco de sus razonamientos mezclados de sarcasmos o vivas emociones políticas, de interpelaciones a quema-ropa, de interrogaciones triunfantes y de sombríos arranques de cólera. Hemos oído muchas veces en la tribuna mexicana, discursos agradables, fantasistas divertidos, conversadores fáciles, abogados eruditos, retóricos floridos; pero jamás un orador tan nervioso y arrebatador como el Sr. Altamirano, que no era todavía, hace algunos días, más que un desconocido».


Las anteriores líneas hacen un retrato d'aprés nature, de lo que era Altamirano en aquellos días; como L’Estaffette, otros muchos periódicos acreditados en la República, llenaban sus columnas con apreciaciones, comentarios y elogios calurosos del diputado de Guerrero.

Sus discursos de entonces, adquirieron tal boga, que se hacían repetidas ediciones de ellos, y los ejemplares se vendían al instante por millares.

L'Illustration francaise, gran periódico ilustrado de París, y conocido en el mundo entero, reprodujo en el mes de diciembre de 1861 el artículo que arriba copiamos, publicando el retrato del orador mexicano, así como el Correo de Ultramar y otros muchos periódicos ilustrados extranjeros.

Altamirano, podemos decir, que nació predestinado a la lucha; ascendiendo siempre a mayor altura por una escala de triunfos. De la oscuridad de su pueblo, pasó al Instituto a recibir la luz de la instrucción; del Instituto, vino a México a comenzar sus estudios profesionales; dejó el manto del colegial para ir a la guerra de Reforma; volvió triunfante a concluir su carrera de abogado; cuando apenas iba a llevar la toga, pasó a ocupar un asiento en la Cámara de Diputados, y de esta salió, rodeado de gran fama y de popular respeto, a engrosar las filas de los soldados republicanos, para combatir la Intervención francesa.

Lo que hizo en la Asamblea Legislativa fue el prólogo de la historia brillante de su vida. La juventud mexicana, se ha deslumbrado justamente con el esplendor del tribuno, del literato, del poeta, y acaso no ha registrado sus hechos como soldado de la democracia.

Sin más libro de consulta que las páginas verídicas donde constan los hechos militares, acaecidos desde 63 hasta 67, vamos a narrar los que principalmente distinguen a Altamirano.

Después del sitio de Puebla en 1863, cuando los franceses se apoderaron de México, y el gobierno republicano se vio obligado a dejar su capital para dirigir la guerra desde el interior; Altamirano tomó las armas, y en su calidad de coronel del ejército, luchó sin descanso contra la Intervención y el Imperio, siendo uno de los pocos que pueden llamarse los inmaculados defensores de la Independencia de México.

En 1866, a la cabeza de una brigada de caballería del Sur, ganó la acción de Tierra Blanca, contra el coronel Ortiz de la Peña, que fue completamente derrotado, y que dejó en poder de Altamirano un convoy de guerra y trescientos prisioneros.

Tres días después batió al coronel imperialista Carranza, quedando muerto en la acción el jefe Villagrán en los Hornos.

En enero de 1867, en unión de Leyva, ganó de nuevo una acción contra el mismo Ortiz de la Peña, que dejó en su poder su artillería, armamento, y toda su tropa prisionera. Esta acción hizo evacuar todas las plazas del Sur a los imperialistas que se refugiaron en Cuernavaca.

Todavía en unión de Leyva puso sitio a esta última ciudad muy cercana a México, por lo cual Maximiliano pudo enviar en su auxilio una columna de 1.500 hombres, al mando del general O’Horan y del famoso coronel Lamadrid.

Leyva se retiró con las tropas de su mando, pero Altamirano esperó al enemigo, libró un terrible combate con su caballería, derrotó completamente esta columna mandada por Lamadrid, un jefe muy querido de Maximiliano, que murió en esta acción.

Pocos días después, y ocupada por las tropas republicanas la plaza de Cuernavaca, Altamirano fue el primero que ocupó el Valle de México a la cabeza de 500 jinetes, tomando posesión de la plaza de Tlalpan a cuatro leguas de la capital del Imperio.

De allí marchó a Querétaro en marzo de 1867, cuando ocupaba ya esta plaza Maximiliano con su ejército; y bajo las órdenes del general republicano Vicente Riva Palacio, tomó parte en varios combates que tuvieron lugar en este sitio ya célebre en la historia. En todos esos combates obtuvo honoríficas recomendaciones del general Escobedo, jefe del ejército sitiador, y principalmente, por la terrible acción del Cimatario el 28 de abril de 1867, en que compartió la gloria del coronel Doria, pues con una columna de caballería rechazaron otra imperialista, compuesta de Húsares, Regimiento de la Emperatriz, y Policía a caballo.

El día 1.º de mayo, y bajo las órdenes del bravo general Suriano Jiménez, tomó parte en el heroico combate de Callejas, el más brillante del sitio de Querétaro, y fue recomendado en la orden general del ejército, como un héroe.

Tomada la plaza de Querétaro y después la de México, Altamirano retirado del ejército por su voluntad, fue nombrado en las elecciones generales, ministro fiscal de la Suprema Corte de Justicia, encargo que desempeñó satisfactoriamente, así como el de Procurador general de la nación, por ausencia del general León Guzmán, entonces en Washington.

Su reputación inmaculada, crecía más y más, en todos los ámbitos de la República. Retirado del ejército, volvió a tomar la pluma, agrupó en su derredor a todos los literatos distinguidos del país, impulsó a los jóvenes escritores, fundó periódicos literarios, inauguró las veladas públicas, ayudó a restaurar el Liceo Hidalgo, y dio vida al gran movimiento literario de 1868, que secundaron todos los escritores republicanos, y que marcó a la juventud la senda que actualmente sigue.

En el período de diez años, trascurridos de 1867 a 1877, Altamirano ha impulsado con sus trabajos el desarrollo de las ideas progresistas, tanto en política, como en las ciencias y en las Bellas Letras.

Mucho le debe la Literatura Mexicana. Ha redactado en Guerrero dos periódicos políticos, el Eco de la reforma y la Voz del pueblo, y en México ha redactado en unión del célebre Zarco, el Siglo XIX, el periódico más antiguo; y el Monitor republicano; fundó el Correo de México, que redactó en unión de los famosos escritores Ramírez y Prieto, después fundó el periódico literario ilustrado el Renacimiento, que es una de las mejores publicaciones hechas en la capital, y que tuvo por colaboradores a los más distinguidos literatos; en los dos tomos que existen, pueden verse las Revistas de Altamirano, notabilísimas y llenas de profunda erudición.

Escribió en el Domingo, en el Semanario ilustrado, en El Artista, que encierra, entre otros, notables artículos, su gran estudio sobre «Medea», escrito cuando la Sra. Ristori puso en escena dicha tragedia.

Fundó con Manuel Payno, el Federalista, después en 1875 la Tribuna, que redactó en unión de varios jóvenes, y su nombre aparece en la lista de colaboradores de todos los periódicos liberales.

Como novelista ha publicado Clemencia, Cuento de invierno, La Navidad en las montañas, leyenda preciosa, y Antonia y Beatriz, que no ha concluido.

Su novela Clemencia es un modelo de buena dicción y de galanura de estilo; apenas fue conocida del público, se agotaron los ejemplares.

Entre los estudios críticos de Altamirano se hace notar el que escribió sobre el drama Baltazar de la Sra. Gómez de Avellaneda, y que dedicó al actor español José Valero. Este estudio es un fiel espejo de su vasta instrucción y de su buen criterio, y como dice el distinguido escritor Santacilia en su libro titulado el Movimiento literario en México, es una revista que no se hubiera desdeñado de aceptar como suya, el crítico más distinguido de la época que alcanzamos. Últimamente publicó la Dramaturgia mexicana, donde está la noticia de casi todos nuestros autores dramáticos, antiguos y modernos.

Altamirano, como poeta, goza de justa e inmensa reputación. Sus Rimas son un ramillete de rosas perpetuamente fragantes. Nadie, con excepción de Guillermo Prieto, ha escrito versos como los suyos, por su americanismo que los hace tipos de la poesía nacional. En su juventud compuso multitud de versos y dramas, que más tarde dio al fuego, reservando de los primeros, los poquísimos que forman el libro que citamos.

A él se debe que el espíritu de asociación haya adquirido notable desarrollo entre nosotros. Fundó la Sociedad de Libres Pensadores de que fue presidente, y vicepresidente D. Juan José Baz, antiguo gobernador del Distrito y ministro de Lerdo.

Después ha sido presidente del Liceo Hidalgo, la primera sociedad literaria del país; luego fundó la Sociedad Gorostiza, de literatura dramática; la de Escritores Públicos de que fue presidente; y como primer secretario de la Sociedad de Geografía y Estadística, que es la primera corporación científica de México, ha dado gran desenvolvimiento a las ideas científicas, siendo reelecto por esta razón, ocho años consecutivos hasta hoy. Es presidente del grupo literario de la Sociedad Netzahualcóyotl.

Su carrera política es cada vez más brillante. En las nuevas elecciones generales de 1874 fue electo magistrado de la Suprema Corte de Justicia, donde por su carácter independiente y recto, y su apego a la Constitución, se hizo notable en unión de Iglesias, Ramírez, Montes, Alas, Guzmán y García Ramírez, mereciendo por esa causa la distinción que el nuevo gobierno emanado de la revolución de Tuxtepec, hizo de algunos de ellos, conservándoles en su puesto.

Como Altamirano es el magistrado más antiguo de la Corte, al separarse el ministro Vallarta para desempeñar la secretaría de Relaciones Exteriores, Altamirano declarado antes vicepresidente de la Corte, quedó como presidente, puesto que desempeña hoy.

Es miembro de casi todas las corporaciones científicas y literarias de la República, así como de muchas científicas de los Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Hungría, Rusia, etc.

No hay tal vez, ningún mexicano que haya sido distinguido con mayor número de diplomas científicos y literarios de academias extranjeras, como Altamirano. En el profesorado, el gobierno de la República le ha distinguido, nombrándole primero catedrático de Derecho Administrativo, en la Escuela Nacional de Comercio, después de Historia General y de México, en la Escuela Nacional Preparatoria, y últimamente, de Historia de la Filosofía en la misma Escuela, cátedra que desempeña. La juventud literaria de México, tiene para él, ese triple culto de admiración, gratitud y cariño, que perpetuará sus hechos y su nombre en todos los corazones.

Altamirano ha sido para Manuel Acuña, Justo Sierra, Agustín F. Cuenca, y otros poetas mexicanos, el que más se ha interesado por su buena suerte, contribuyendo a popularizarles con alguna opinión de su pluma, introduciéndoles a los más altos círculos de los hombres de letras, y prestándoles toda su influencia poderosa cuando les inició en la vida pública.

La Bohemia le reputa su caudillo, y todos los jóvenes escritores le llaman maestro.

En la plenitud de su vida, Altamirano promete todavía mucho bueno para su patria; pero si ya nada le diera, le bastaría ser como es, para no morir nunca.

Es uno de esos hombres, cuyo nombre llega a ser cuando mueren, una palabra de gloria, en los labios de sus semejantes, y un timbre de legítimo orgullo en la mente de sus conciudadanos.

Ignacio Ramírez

Tenemos otro poeta que se encubre a sí mismo, y que apenas deja de vez en cuando conocer sus valiosas producciones. Sabio como literato; inmaculado como patricio; leal como amigo, se escuda con una eterna sonrisa, de las asechanzas vulgares.

Me refiero a D. Ignacio Ramírez. Le quiero y le debo mucho para poder dar una opinión imparcial sobre sus escritos. Ha sido mi maestro y el prologuista de mis versos. No puedo juzgarle; pero consignaré el asentimiento de los escritores de México para que Ramírez ocupe entre ellos el puesto de honor.

Vicente Riva Palacio

Soldado, poeta, abogado y diplomático, se ha conquistado el cariño y el aplauso de todos, por su talento y su corazón. Muchos versos están suscritos con su nombre, pero la mayor parte han sido publicados en una hermosa edición y con un pseudónimo femenino. Como las Rimas de Altamirano, los versos de Riva Palacio, son nacionales, y al leerlos parece como que se siente nuestro sol y nuestra brisa; en ellos están retratadas las maravillas de la costa y las galas de la tierra caliente. Como novelista ha alcanzado nombre en toda la República, y como periodista d’esprit para la crítica festiva y la caricatura, no se le conoce rival.

Ha alcanzado un alto puesto en el gobierno, pero él sabe que como su amigo leal desde hace varios años, no le adulo con este juicio, que es como mío, sincero y desinteresado.

José Rosas Moreno

Nació en la ciudad de Lagos (Estado de Jalisco), el 14 de agosto de 1838. Fueron sus padres D. José Ignacio Rosas, labrador honrado e inteligente: y D.ª Olalla Moreno, de la familia del caudillo de la Independencia, D. Pedro Moreno, célebre en la historia, porque fue compañero y segundo de Mina y defensor del fuerte de El sombrero.

Rosas pasó dulcemente en su ciudad natal, los primeros seis años de su vida; después se trasladó a León (Estado de Guanajuato), con su familia.

En 1851 vino a México a perfeccionar su instrucción primaria, y después estudió latinidad en el colegio de San Gregorio, y en el de Minería, primer curso preparatorio. Vuelto a Guanajuato en 1854, perfeccionó su educación profesional y en todas las materias (exceptuando las matemáticas) obtuvo los primeros premios.

Perseguido en tiempo de Miramón por sus opiniones políticas liberales, tuvo que abandonar el colegio y refugiarse en la Sierra de Santa Rosa. En Dolores fue capturado, y después de haber permanecido en Guanajuato preso algunos días, regresó a Lagos, donde fue nuevamente perseguido.

En 1866 volvió a León, y allí fue regidor del Ayuntamiento en 1862, y después miembro de la junta de instrucción pública.

Al triunfo de la República, en 1867, Rosas salió electo diputado por León, al congreso general; pero graves cuidados de familia le impidieron desempeñar su alto encargo. En 1870 fue electo nuevamente diputado, y reelecto en 1872. Actualmente es diputado a la Legislatura de Guanajuato.

Rosas ha escrito mucho, y sus obras principales son Hojas de rosa, poesías (México, 1864). Fábulas. -(Tienen prólogo de D. Ignacio M. Altamirano, merecieron una mención encomiástica de la Academia mexicana de ciencias y literatura, y han sido tan bien aceptadas, que se han hecho de ellas tres ediciones. Algunas de esas fábulas, han sido traducidas al inglés, una de ellas por William Cullen Bryant). -Nuevo libro 2.º (16 ediciones). -La ciencia de la dicha (tres ediciones). -Libro de oro de las niñas. -Ortología [3 ediciones]. -Manual de urbanidad. -Un viajero de diez años, Excursiones por el cielo y por la tierra, Recreaciones infantiles (dos ediciones). - Nuevo amigo de los niños, Compendio de la Historia de México.- Libro de la infancia [dos ediciones].

Ha fundado varios periódicos. En León el Tío Canillitas, la Madre Celestina, la Discusión, el Hombre que ríe, la Educación y el Álbum literario de León.

En México: Biblioteca de los niños, la Edad infantil y los Chiquitines.

Ha escrito bastantes obras dramáticas, y de ellas conocemos las siguientes: Flores y espinas, (drama en tres actos y en verso), Una mentira inocente (comedia, dos actos), Nadie se muere de amor (comedia, tres actos). -Un proyecto de divorcio (comedia, un acto). -Los parientes (comedia, tres actos). -El pan de cada día (comedia, tres actos), Sor Juana Inés de la Cruz (drama en tres actos).

Entre sus comedias infantiles son muy notables el Año Nuevo, El premio de la virtud, Amor filial y Una lección de geografía.

Conserva inéditas dos comedias: La mujer de César y Alrededor de la cuna. Esta última es enteramente original, aunque en la forma desconocida hasta hoy por nuestro público, algo se asemeja a los pequeños dramas de Ernesto Legouvé. -Inédito está también su drama histórico-mexicano El bardo de Alcohuacan.

Rosas es miembro de la Sociedad mexicana de Geografía y Estadística, del Liceo Hidalgo, del Porvenir y de otras corporaciones de la capital y los Estados. Es presidente honorario de la Sociedad de Enseñanza popular de León, que sostiene más de diez escuelas gratuitas para artesanos.

Próximamente publicará, pues ya está acabando su impresión, un poema titulado «Recuerdos de la Infancia», para el cual hemos escrito un prólogo biográfico, de donde tomamos los datos que aquí nos han servido. Rosas, como poeta, es de una extraordinaria dulzura, y su estilo es tan correcto, que sin temor de equivocarnos, podemos asegurar que si tenemos en México clásicos, él es uno de ellos.

Por lo que hemos dicho, se verá que en todos sus escritos ha tratado de instruir y de moralizar a la juventud. Esta noble acción siempre habrá de agradecerla su patria; que ya le ve como a uno de sus hijos predilectos.

Manuel M. Flores

¿Cómo podré hacer un juicio breve sobre Manuel M. Flores? ¿Bastará con decir que es el primero de nuestros poetas eróticos? Su libro Pasionarias tiene mucho que estudiar, y el artículo que sobre él he escrito, es demasiado extenso para darle lugar en esta revista; por eso me limito a copiar a continuación, los párrafos con que termino ese artículo:

«Quién ha leído los versos de Flores, como yo los he leído, mirando retratarse en ellos, sentimientos que con dificultad pueden revelarse, y a los que yo consagro un respetuoso culto, no puedo menos que enviar al poeta, unas cuantas palabras en testimonio del agradecimiento que le tiene el alma, por lo que la ha hecho sentir con sus inspirados conceptos.

¡Ojalá y no haya uno solo de nuestros lectores, que deje de conocer Pasionarias! En esas páginas está vaciado el corazón, lo mismo en sus auroras de fe que en sus tempestades de desengaños, lo mismo en sus días de sonrisas, que en sus sombrías noches de llanto.

Los que lean a Flores, le dirán lo que nosotros: "gracias, poeta", ¡porque tus versos nos han hecho olvidar todas las miserias de la tierra y todas las mezquindades de la vida!».


Justo Sierra

Otro poeta, cantor de lo grande, expresión viva de la juventud; voz nueva que ensalza el porvenir y anatematiza todo lo que es retrógrado y rutinario.

Muchos le creen imitador de Víctor Hugo, y le censuran amargamente; otros le llaman gongórico y algunos creen que sus poesías son confusas y altisonantes. Yo creo que tiene todos los tamaños de un buen poeta, y que no sigue determinadas escuelas, sino que, como joven y como pensador de este siglo, es un ariete que rompe las trabas vulgares, sin abolir las reglas naturales. Sierra, es inspirado, y tanto a veces, que se nota en sus versos exuberancia de imaginación. Los que le censuran, no le han leído con detenimiento, pues de ser así, sus más severos jueces se tornarían en sus más acérrimos defensores.

Justo pertenece a la generación nueva; es erudito y gusta de escribir siempre sobre los asuntos de la Historia y la Filosofía.

Canta grandezas, y sus versos salen de lo vulgar, y de lo trillado por todos los demás. Pocos son los versos eróticos que ha publicado, y es en este género menos levantado que en otros. Tengo escrito un juicio, que no publico aquí, por ser corto el espacio de que dispongo, y sostengo, con sus versos a la vista, que Justo Sierra es un gran poeta, que merece muy distinguido lugar. A mi modo de ver, es entre nuestros vates jóvenes, el primero y siempre le he considerado así.

Al hablar de Justo Sierra, creo oportuno decir algo, de quien mucho se le asemeja en estilo e inspiración: de Agustín F. Cuenca, autor del magnífico drama social La cadena de hierro, tan bien estudiado por Ignacio M. Altamirano.

Agustín F. Cuenca

Hijo de D. Albino Cuenca y D.ª Paula Coba, nació en México el 16 de noviembre de 1850. El señor su padre, con un celo digno de elogio, le enseñó todas las materias que constituyen la instrucción primaria, y tan ventajosamente que Cuenca concurrió solo algunos meses a un plantel de enseñanza pública, para obtener después de los exámenes, el certificado que acreditara su aptitud para emprender los estudios profesionales.

En enero de 1860, se matriculó en el colegio nacional de San Ildefonso, dirigido entonces por los jesuitas, y en ese año cursó los tres de latinidad, que exigía el Plan de Estudios vigente.

En 1866 hizo el curso Enciclopédico que le correspondía, conforme a la nueva ley sobre instrucción pública, expedida por el Sr. Artigas; pasó después al Seminario Conciliar, y en 1867 y principios del de 68, estudió todo el curso de Filosofía.

Atraído por las bellas letras, se dio entonces a la lectura de los poetas, y sin quererlo abandonó sus estudios hasta 1870, época en que entró a la Escuela de Jurisprudencia, y estudió Derecho Natural y Romano, pero, impulsado por su tenaz afición a la vida pública, cambió el Ortolan y el Arhens por la pluma del gacetillero.

¡Culpa terrible que pesa también sobre nuestra conciencia!

Los triunfos más brillantes que las letras pueden otorgar en plena juventud, no valen todos juntos, el provecho de la adquisición de un título profesional, y menos en nuestra tierra, donde la pluma acarrea más sinsabores que homenajes.

Cuenca ha escrito en los principales periódicos de México, y tiene la satisfacción de haber ocupado durante dos años un puesto en la redacción del Siglo XIX, a la que solo han pertenecido los hombres más notables del país.

Ha redactado también el Eco de ambos mundos, El Porvenir, la Sombra de guerrero y el Interino, siendo de notarse, que Cuenca era el redactor en jefe de este periódico, y que le escribió durante el aciago período en que fue suprimida la libertad de imprenta, habiéndole acarreado esta circunstancia muy graves dificultades, pues él era entonces el único escritor de oposición, que en la capital de la República continuaba dando a la luz pública sus artículos, de los cuales uno de ellos fue multado por el gobierno del Sr. Lerdo.

No dejaremos de hacer notar en honor de la independencia de carácter y amor a las doctrinas liberales del joven escritor que nos ocupa, que así como fue el único que se mantuvo firme en las filas de la oposición de la prensa, así también fue el único de todos los escritores ministeriales, pues Cuenca pertenecía a ellos, que públicamente hizo una solemne protesta contra las arbitrariedades del gobierno, cuya defensa abandonó para atacarle de una manera que se hizo notable por su vehemencia.

Cuenca, íntimo y quizá el más querido amigo de Acuña, adoptó desde sus primeros ensayos, la escuela razonadora, donde cada cuestión es un problema social, donde nadie se conforma con lo que han dicho los maestros, y se discute y se arguye hasta encontrar la verdad. Cuenca, como Justo Sierra, tiene una inspiración torrentosa; sus primeros versos, llenos de imágenes elevadas pero confusas, le valieron amargas críticas, que pesaron de tal modo en la balanza de su buen juicio, que poco a poco fue despojándose de su arraigado gongorismo, hasta perfeccionar de tal suerte su estilo, que hoy es elegante y rico en bellezas.

Ya muerto Acuña, Cuenca escribió un drama social La cadena de hierro, que según los buenos censores, es una de las mejores obras dramáticas mexicanas. Fue representado dos veces en el teatro Nacional de México y dio motivo a más de quince artículos, todos acordes en la calificación de la obra considerándola como una de las mejores del teatro mexicano. La cadena de hierro valió a su autor virulentos ataques por parte de la prensa ultramontana.

Los versos de Cuenca, tan inspirados siempre, tienen una riqueza de lenguaje y tal elegancia de estilo, que particularmente sus décimas, recuerdan las de Calderón de la Barca, en su comedia La vida es sueño.

Para concluir lo que hemos dicho acerca de este escritor, agregaremos que como poeta, ha obtenido altísimo puesto, y como autor dramático, ha tenido la satisfacción de que el severo crítico Lic. Ignacio M. Altamirano, haya asegurado en un artículo que publicó en el Federalista, que de hoy en adelante, el nombre de Cuenca figuraría entre los de Dumas, Feuillet y Girardin. Alguien que también escribió un juicio sobre La cadena de hierro, y cuyas opiniones son bien aceptadas, colocó a Cuenca al lado de Adelardo López de Ayala, asegurando que el escritor mexicano había comenzado por donde todos acaban.

Al tratar de Cuenca, tengo que hacer reminiscencias gratas para mi corazón. Había por los años de 67 a 68, un grupo de estudiantes pobres, que sin más afán que la conquista de un nombre en la república de las letras, se unían para estudiar y cultivar el divino arte de la poesía.

Allí estaban Acuña, Cuenca, Francisco Ortiz, Sandoval, Cosmes, Gerardo M. Silva, Domínguez, Rafael Rebollar, Javier Santa María, Alfredo Higareda, Miguel Portillo y otros de los que ahora gozan de justa estimación en nuestros círculos ilustrados. Este grupo formaba la Sociedad Netzahualcóyotl, presidida, cuando yo la conocí, por Ricardo Ramírez, hijo del reputado Nigromante. Aquella sociedad estudiosa, entusiasta y juvenil, trataba en sus sesiones, de los más graves asuntos que preocupan a eminentes literatos. Se buscaba la manera de tener literatura propia, de reformar nuestro teatro, de impulsar nuestras publicaciones, de comunicarnos con todos los hombres de letras de la América del Sur, en una palabra, de todo eso que forma la sólida base del progreso literario en un pueblo culto y razonador.

La Sociedad Netzahualcóyotl, publicó un periódico, el Anáhuac, con prólogo de Manuel Payno, y dio a luz una colección de las poesías de sus socios en el folletín de La Iberia, bajo la protección de D. Anselmo de la Portilla, español ilustradísimo, que ha sido siempre el mejor amigo de México, y el más noble protector de la juventud soñadora.

Cuando leo las páginas de esa colección, me convenzo de lo mucho que han progresado las poetas que allí marcaron sus primeros pasos en la difícil senda de las letras.

Allí es Acuña la débil revelación de lo que fue más tarde. Imitando primero a Campoamor, después tomando otros modelos, y por último, entregándose a sus propios instintos, llegó a ser ocho años después un genio, cuyo poderoso vuelo habría alcanzado la cumbre de la gloria, si una prematura muerte no nos lo hubiera arrebatado tan temprano.

Sin embargo, sus poesías, particularmente las últimas, bastan para perpetuar dignamente su nombre. Escribió un drama El pasado, cuyo tema difícil es la rehabilitación de la mujer, y supo tratarlo con tal maestría, que le valió ser conocido en toda la República, y obtener ovaciones brillantes en las numerosas veces que su obra fue representada. ¡Si las coronas que obtuvo se pusieran sobre su tumba, no podría verse ni un átomo de la abandonada loza que lo cubre!

Con Acuña y Cuenca, se unían en la Sociedad Netzahualcóyotl, Javier Santa María y Francisco Ortiz.

En compañía del primero, y en aquel tiempo, tradujo Acuña el drama de Girardin El suplicio de una mujer con el nombre de Magdalena, en fáciles versos españoles y con muy bien combinadas escenas.

Tres años hace que Javier Santa María vive retirado de México y ya establecido en Yucatán. Javier es uno de esos tipos simpáticos desde que se les ve por primera vez; su cabello rubio, su frente muy blanca y muy espaciosa, sus ojos grandes y vivos, su fisonomía risueña, revelan su gran corazón y su clara inteligencia. Ha producido versos bellísimos, como produce el trópico exquisitas flores, sin que nadie se haya encargado de su cultivo. Tiene romances delicados, comparables a los de Trueba; sus versos eróticos revelan su carácter fogoso; sus cantos patrióticos, espejos son de su entusiasmo juvenil. Desde que Javier partió de México, no hemos vuelto a ver nuevos versos suyos, pero si su lira no ha enmudecido por uno de esos desgraciados caprichos del destino, sus cantos de hoy, deberán ser de más estima, que los últimos que le conocemos. Incorrecto y descuidado, tiene páginas que no corresponden a su talento, pero en cambio hay entre ellas algunas que bastan para darle el título de poeta muy inspirado.

Francisco Ortiz, más consagrado al género dramático que al lírico, ha escrito La hija del insurgente, Mariana Pineda, El filántropo, y varios otros dramas, que han sido aplaudidos por el público en todas sus representaciones.

Ortiz se ha formado por sí solo; pocos son los versos que ha publicado; es imitador de la escuela española, e infatigable al escribir para el teatro. Su nombre está bien reputado en los círculos literarios, y su modestia le hace acreedor a todo género de distinciones.

Miguel Portillo, grabador y poeta, ha dado al teatro su drama Sin nombre, y ha publicado versos en que sigue fielmente la Escuela de Acuña. Si sus tareas diarias le permitieran entregarse al cultivo de las bellas letras, su inspiración encontraría vasto campo para seguir su marcha tan bien iniciada. Tiene inéditos varios dramas interesantes y sublimes.

Rafael Rebollar era otra gala de la Sociedad Netzahualcóyotl. Poeta de corazón, han sido sus versos ecos de sus propios sentimientos. Ha sido poco afecto a dar sus obras a la publicidad; y por cierto que es de lamentarse que haya dejado la florida senda donde alcanzó triunfos siendo casi un niño, y donde hoy puede tener, cuando guste, aplausos entusiastas y justas consideraciones.

Gerardo M. Silva era el orador de la primitiva Sociedad Netzahualcóyotl.

Hijo de D. Juan Silva y de D.ª Evarista Ortega, nació el 3 de octubre de 1852, bajo el humilde techo de un hogar tan pobre como honrado. Distinguiéndose notablemente en sus estudios de instrucción primaria, pasó a cursar materias superiores en el Seminario Conciliar de México. Republicano por instintos, enemigo por naturaleza, de todo sistema retrógrado, y dotado de una asombrosa facilidad de palabra, era en sus tiempos de colegial un niño temible porque bajo las santas bóvedas donde estudiaba, reunía a sus compañeros y disertaba con ellos sobre algunos temas de El contrato social de Rousseau, y de otros libros que fueron las fuentes donde su alma vigorosa se empapó en las ideas progresistas que lo caracterizan.

Fue después discípulo de Payno, en la cátedra de Historia general y de México, llegándose a distinguir tanto que ocupaba el primer puesto entre sus compañeros, Silva posee a la perfección la historia de México y ha escrito mucho sobre la raza indígena.

Por cuestiones de circunstancias, pasó a la prensa: comenzó corrigiendo pruebas de los periódicos que se publicaban en la imprenta del Siglo XIX y después, ha tomado parte en la redacción del Federalista del Correo del Comercio, Constitucional, Revista y La sombra de Guerrero donde sostuvo la candidatura del general Riva Palacio para la presidencia de la Corte de Justicia.

Fundó en compañía de otros varios El búcaro, periódico literario de sumo interés, y ha merecido ser nombrado socio de las más notables corporaciones literarias y mutualistas de la capital y los Estados.

Ha sido y es todavía Diputado al Congreso de los trabajadores, en representación de los obreros de Tenango.

Ha escrito mucho bueno en defensa de los derechos de la clase obrera. Sus discursos, siempre entusiastas, están sembrados de imágenes valientes y de elevados pensamientos. Habla con una facilidad extraordinaria, y particularmente siempre que se debate alguna cuestión de nuestra historia patria, en cuyo caso, se inspira, se deja arrebatar en alas de su entusiasmo y su conquista los aplausos de su auditorio.

Silva hizo versos en los primeros años de su vida, versos de los cuales aún conservamos en nuestro poder algunos; pero desde hace más de siete años no ha vuelto a pulsar la lira entregándose a serios estudios de la Historia y la Elocuencia.

Actualmente se ocupa en terminar una obra notable, sobre el origen y formación de los nombres de las calles de México con las tradiciones que son peculiares a algunas de estas; historia que no tiene hasta ahora nuestra ciudad y que sí tienen, por ejemplo, París, Londres y Nueva York.

Silva está lleno de virtudes domésticas, y esto le da un honroso puesto en la sociedad.

Para su vida pública, nosotros podemos predecirle, lo que le predijimos cuando le escuchamos por primera vez en la Sociedad Netzahualcóyotl: Gerardo M. Silva en una Asamblea parlamentaria, conquistará un puesto envidiable como tribuno elocuente y razonador.

Francisco G. Cosmes era indudablemente uno de los más aventajados miembros de la Sociedad Netzahualcóyotl. Sus versos últimamente publicados, le acreditan ser uno de los poetas educados en una escuela que como la clásica, cuida no solo de la forma sino también del fondo filosófico de cada asunto de que se ocupa. Cosmes, sin embargo, ha consagrado sus mejores años al periodismo, y desde 1873 que ingresó a la redacción del Eco de ambos mundos para ocupar el sitio de Clemente Cantarell (joven también de muy grandes esperanzas y que falleció a los veintiún años de edad), hasta que redactó el Siglo Diez y Nueve, ha dado a luz tantos y tan notables artículos, que bien podemos augurar que llegará a obtener en la prensa mexicana la misma afamada reputación, que el malogrado Fígaro en la española. Esta aseveración nuestra, nos ahorra hacer consideraciones sobre la naturaleza e índole de su estilo cada día más espiritual y punzante, por su costumbre casi maniática de leer mucho a los escritores franceses. Cosmes acaba de escribir un drama cuya representación se verificará próximamente y con buen éxito, a juzgar por la opinión de las personas que conocen la obra.

Actualmente redacta La Libertad.

Pablo Sandoval presentó a la Sociedad Netzahualcóyotl y los publicó en el periódico de esta, algunos trabajos literarios de mucho mérito. Hubiera sido un gran poeta y un profundo escritor, si causas que ignoramos, no le hubieran obligado a seguir la carrera eclesiástica dentro de la cual no sabemos si continúa pulsando la lira, cuyas primeras notas fueron tan inspiradas.

Hemos hablado ya de la Sociedad Netzahualcóyotl y cumplido este deber, seguiremos ocupándonos de otros escritores más o menos notables. Distínganse entre ellos, José T. de Cuéllar, Joaquín Téllez, Juan A. Mateos, Manuel de Olaguibel, Nicanor Contreras Elizalde y el obispo de Tamaulipas, Francisco Montes de Oca.

Deliberadamente hemos puesto al último de estos nombres que debe preocupar desde luego nuestra atención.

El obispo Montes de Oca es un literato de los que ya no quedan sino muy pocos. Profundamente conocedor de los clásicos griegos y latinos; poseyendo a la perfección la lengua española; inspirado como poeta; conciso y elegante como prosista, honra con su talento a nuestra patria, donde es admirado y querido hasta de aquellos que no son partidarios de sus ideas políticas y religiosas. Ha publicado hace pocos días, una obra que será eterno galardón de su sabiduría, tesoro de nuestras bibliotecas y testimonio ante los extranjeros de nuestros, adelantos literarios. Esta obra es La traducción de los poetas bucólicos griegos hecha en verso español, con una fidelidad y con una sencillez admirables.

Lo primero que conocimos del Obispo Montes de Oca, fue la traducción de unos idilios griegos publicada en el Renacimiento y dedicada al Sr. D. Ignacio M. Altamirano.

No somos capaces de juzgarle, pero podemos asegurar que la opinión que aquí asentamos es la de personas competentes, pues jamás en casos como este nos entregamos a nuestro propio raciocinio.

José T. de Cuéllar, conocido por Facundo, se distingue como novelista de costumbres; muchas de estas publicó en una colección titulada La linterna mágica y son dignas de leerse, por lo fielmente copiados que están los tipos de sus principales personajes.

La ensalada de pollos, Chucho el Ninfo y Las gentes que son así fueron recibidas con entusiasmo por los lectores. Cuéllar ha escrito multitud de versos; su comedia Natural y figura fue muy aplaudida; su inspiración no se agota y su reputación es en cada vez más valiosa.

Joaquín Téllez por sus trabajos literarios es muy conocido en nuestra República desde hace muchos años. Chispeante y epigramático, busca siempre las cuestiones de oportunidad como asunto de sus versos. Militar, periodista y poeta, su vida ha estado sembrada de acontecimientos tan variados como romancescos.

Ha publicado la colección de sus poesías con el título de Ratos perdidos, y de ellas se han hecho ya tres ediciones. Téllez, siempre tiene un chiste en los labios; ríe de todo, y en medio de ese carácter estoico, abriga un corazón dispuesto siempre a todo lo generoso y lo bueno.

Juan A. Mateos, novelista, poeta y dramaturgo, ocupa desde hace varios años un lugar muy distinguido en el parnaso mexicano. Fantástico y soñador, ha gustado siempre de escribir romances y leyendas que en todas sus ediciones se han agotado, y novelas que como las de Riva Palacio, brotaron después del triunfo de la República y fueron inspiradas por los acontecimientos más notables de la guerra contra la intervención y el imperio.

Mateos escribió en compañía de Riva Palacio, algunas obras dramáticas que corren impresas en una colección titulada Las liras hermanas.

Hace muy pocos días que dio a la escena un drama social al que puso por nombre El otro y cuyo argumento interesantísimo, sus diálogos espirituales y su tercer acto levantado y hermoso, le han valido grandes ovaciones; representándose la obra, distintas veces a petición del público.

Después de El otro, tuvo lugar en el Teatro Principal la representación de Los grandes tahúres, drama social que valió a Mateos, calurosos aplausos y sinceras felicitaciones.

Después de Los grandes tahúres, se estrenó su otro drama titulado Los dioses se van. Ataca duramente el abuso a que dan lugar varias prácticas prevenidas por nuestras instituciones pero concede a estas todo lo que merecen. Dicho drama ha provocado serias discusiones, pero aquellos que lo juzgan antiliberal, están engañados, Mateos es liberal y en todos sus escritos defiende y sostiene su causa.

Próximamente se estrenará su drama de grande aparato El hombre que ríe y después sus otras comedias La polonesa crema, Los fanfarrones y Los predestinados.

Mateos, que vive retirado ahora de la política actual de la que no es partidario, ha sido aplaudido y felicitado en sus triunfos, lo mismo por sus amigos que por sus más grandes adversarios. Esta será siempre su mayor satisfacción, por las conquistas de su talento.

Manuel Mateos, hermano de Juan, era como poeta una brillante esperanza para la patria. Astro luciente, cuando ascendía a su zenit glorioso, fue apagado por la sacrílega mano que en abril de 1859. Abrió la hecatombe de Tacubaya. Con él y sacrificado igualmente, murió Juan Díaz Covarrubias, poeta cuyos versos y leyendas, son leídos con ternura por todos sus compatriotas. Hay en México una Sociedad literaria «Juan Díaz Covarrubias», compuesta de jóvenes consagrados al estudio de las bellas letras, que honran dignamente la memoria del poeta mártir.

Manuel de Olaguibel nació en México el 21 de noviembre de 1845 e hizo sus estudios de abogado en el colegio de San Juan de Letrán. Es un prosista elegante y un poeta modesto. Sus artículos publicados en varios periódicos renombrados como El Domingo y El Artista son de innegable mérito. Publicó en 1872 la colección de sus versos y en 1873 un volumen de artículos titulado Después de la lectura. Las dos obras son muy estimadas y dignas de ser puestas en todas las manos. Olaguibel fue nombrado en tiempo del Sr. Juárez, Tesorero de Instrucción Pública. Lleva ocho años de desempeñar el cargo de abogado de pobres y era, hasta hace muy poco, secretario de la 3.ª Sala del Tribunal Superior de Justicia. Como literato tiene gran preferencia por la Bibliografía; ha hecho varios estudios interesantes sobre esta materia y pronto dará a luz una obra conteniendo todo lo relativo a Bibliografía mexicana.

Poeta y prosista notable es Gustavo A. Baz.

Juntos escribimos nuestros primeros versos en los días de la infancia; al par hemos crecido, y tengo para él ese culto que arraigan en el corazón, los más tiernos recuerdos de la vida; las esperanzas del porvenir; los sueños de la juventud. Gustavo ha escrito la Historia del ferrocarril mexicano obra monumental ilustrada con muchas hermosas litografías: la Vida de Juárez, gran volumen in folio, llena de consideraciones tan prudentes y acertadas, que la hacen valiosa.

Ha escrito muchos juicios sobre poetas mexicanos y un extenso estudio sobre la Literatura Española. Ha dado a luz dos tomos de poesías, que no podemos calificar imparcialmente.

Tradujo el drama de Sardou, Fernanda y ha escrito un drama histórico Celos de mujer.

Gustavo A. Baz se encuentra en París actualmente; creemos que su talento sabrá recoger todo lo bueno que encuentre a su paso, y que observará, estudiará y escribirá en provecho de su país.

Hermano de Gustavo es Maximiliano Baz, estudioso y original en sus escritos. Ha traducido un drama francés, Los escépticos, y es más dado a los estudios bibliográficos o históricos, que a los demás géneros literarios. Ha publicado muy poco, pero nos prometemos mucho de sus buenas dotes.

Se ha distinguido en nuestra época como poeta dramático el Sr. D. José Peón y Contreras, que en menos de año y medio, ha dado al teatro más de diez obras, de más o menos mérito, pero que han sido todas aplaudidas con entusiasmo.

Sus dramas principales son: La hija del rey que le valió una pluma de oro y una corona también de oro, puestas en su mano con gran solemnidad y en presencia de los más distinguidos literatos. Hasta el cielo, El sacrificio de la vida, Gil González de Ávila, Luchas de honra y amor, Esperanza, Antón de Alaminos, Un amor de Hernán Cortés y El conde de Penalva, representado últimamente por la compañía que dirige el actor español Gabriel Garza en el Teatro Principal. El Sr. Peón y Contreras, ha merecido ovaciones que ningún otro poeta dramático mexicano había alcanzado con tanta frecuencia, y en el diploma honorífico que se le dio en la noche de la representación de la Hija del rey, se le llama Restaurador del teatro, en la patria de Alarcón y Gorostiza. Su última comedia representada es Entre mi tío y mi tía. Está por estrenarse su drama Por el joyel del sombrero.

Como poeta lírico, Peón es inspirado y tan correcto, que sus versos tienen por decirlo así, un sabor clásico muy marcado. Ha obtenido el premio que el redactor de un periódico ofreció al que escribiera la mejor oda en honor de Hernán Cortés y su nombre está muy bien reputado en el extranjero.

Actualmente existe en México una Sociedad literaria con el nombre de «Sociedad Peón Contreras» que cuenta en su seno jóvenes de buenas esperanzas.

Alfredo Chavero, literato muy conocido por sus buenos escritos históricos y bibliográficos, ha dado a la escena con éxito, un drama que tituló Xóchitl y cuyo argumento está basado en episodios de la historia antigua mexicana.

Chavero ha intentado demostrar con documentos y hechos, que Cortés no quemó sino que hundió su flota; que fue Cortés quien mató a Guatimoc y que Moctezuma murió de una estocada. Ha escrito un estudio sobre la gran piedra vulgarmente llamada calendario Azteca y se dice que tiene ya concluida una tragedia nombrada Quetzalcóatl, que habrá de alcanzar triunfos como la Xóchitl.

Los versos de Chavero y se asemejan a los de Peón y Contreras aunque sin la difícil facilidad que se nota en los de este poeta. Sus últimas obras representadas son: La ermita de Sta. Fe, escrita en compañía de Peón Contreras, y Bienaventurados los que esperan.

Ignacio Herrera de León, joven poeta, tan modesto como estudioso, presentó al teatro su drama Entre dos deberes, que acaba de publicarse.

Es uno de sus primeros ensayos y el público le aplaudió con gusto. Herrera había dado otro drama en San Francisco California, Entre amor y celos, locura, donde fue como periodista constante defensor del buen nombre de nuestra patria. Es actualmente gacetillero de El Mensajero.

José Rafael Álvarez, amigo leal y decidido partidario de todo lo que sea en bien del progreso de su patria, se ha levantado por sí solo, hasta ocupar hoy un puesto honroso en el Congreso de la Unión. Álvarez escribe en El Mensajero y sus artículos se distinguen por la manera especial con que comenta y discute las más enojosas cuestiones.

Amante de la bella literatura, ha escrito algunos versos y es hoy poseedor de una magnífica biblioteca, que probablemente pondrá a disposición de los literatos mexicanos.

Álvarez merece grandes consideraciones por su gran corazón y su levantado espíritu político. Él conquistará el puesto que merece y que en medio de su modestia va alcanzando ya.

El drama del Sr. Mateos titulado El Otro, inspiró a D. Luis Muñoz Ledo, otro drama social al que puso por nombre Por el otro. Con un argumento muy sencillo, ha logrado mantener aunque débilmente el interés de la obra durante los tres actos que tiene.

En Yucatán, que ha sido patria de muchos y muy célebres poetas, nació Nicanor Contreras Elizalde, cuyo estro ha tenido valiosas manifestaciones, y una de las más notables, es indudablemente su libro titulado El arpa bíblica. Lástima es que un escritor de tanto mérito, publique sus composiciones con tan grandes intermitencias.

También en Yucatán, nació Francisco Sosa, que ha dado a luz varios versos; ha tomado parte en la redacción de acreditados periódicos, y se ocupó durante algún tiempo, en hacer la crítica de teatros. Actualmente publica una obra, titulada El episcopado mexicano, y se dice que está escribiendo un Diccionario biográfico mexicano. Sus leyendas forman un volumen publicado en el folletín de la Patria.

D. Manuel Peredo ha sido durante algún tiempo censor de teatros, y sus juicios más notables, entre ellos el del Edipo, se encuentran en el Domingo. Con muy pocos trabajos literarios, ha logrado tener una gran reputación, y debe a la pureza de su estilo y a sus conocimientos en lengua española, ser tenido como autoridad en esta materia.

Don José Sebastián Segura, que desde hace muchos años viene engalanando con sus versos las columnas de los periódicos literarios, es uno de los escritores que merece grandes y calurosos elogios. Como poeta es elegante, correcto, clásico. Como autor dramático, ha demostrado en su comedia Ambición y coquetismo, que posee facultades capaces de conquistarle un puesto al lado del célebre Moratín. Sus poesías forman un gran tomo lujosamente impreso.

Don José M. Roa Bárcena ha publicado últimamente un cuaderno, conteniendo sus más escondidas composiciones. La prensa hizo un juicio favorable de esta obra, y el Sr. Roa Bárcena, debe estar satisfecho, porque los periódicos liberales fueron los que más le elogiaron.

Es un poeta tan distinguido como erudito.

Manuel Caballero, poeta muy joven, tiene versos dulcísimos, ha escrito un pequeño poema El testamento de un ángel sencillo y conmovedor. Acaba de entregar al teatro su primer drama, titulado Luchas del alma. Ha sido periodista, y sus revistas dominicales tienen un estilo fácil y correcto.

Francisco A. Lerdo ha publicado una pequeña colección de romances, que yo llamaré acertadamente Un ramo de violetas.

Con esto creo haber hecho su juicio.

Vicente Morales, actualmente encargado de la gacetilla del Monitor, ha publicado varias novelas, entre ellas Ernestina, Silveria d’Epinay, Gentes de historia, Historia de un jugador, y próximamente dará a luz pública, con prólogo de D. Ignacio M. Altamirano, su última obra El escéptico, que nos dicen es muy buena.

Muy conocedor de nuestras costumbres y de los males que devoran a nuestra sociedad, tiene en todos sus escritos un fondo filosófico, útil y bello.

Ha dado al teatro un drama titulado Patria y honra, que le valió grandes aplausos; y ha escrito otro que se llama Sofía, que se representará dentro de poco.

Como periodista, tiene ese tacto especial, que hace a un escritor digno del aprecio de todos.

Anselmo Alfaro, que desde hace poco tiempo está dando sus versos a la prensa, revela en ellos delicadeza de sentimientos. Su primera novela publicada con el título de Leona, tiene un prólogo nuestro. Estando unidos él y yo, por un lazo de profundo cariño desde los primeros días de la vida, no puedo juzgarle; creo que conquistará un puesto envidiable, pues ya revela sus dotes literarias.

José Fernández de Lara, poeta que reside en Puebla, ha fundado allí una Sociedad con el nombre de «Rodríguez Galván». Es un escritor elegante e inspirado, y tiene el mérito de mantener siempre vivo, en medio de la sociedad en que se agita, el fuego sagrado del amor por las bellas letras.

Fernández de Lara, tiene un buen lugar en la bohemia literaria, y sus triunfos le van llevando al puesto merecido.

En Puebla, y retirado de la vida pública, está hoy uno de los escritores jóvenes de más esperanzas, cuyo talento se conquistó grandes simpatías, alcanzando no solo una reputación brillante, sino además; muy honrosos puestos en la política; me refiero a Víctor Banuet. Sus artículos en prosa, entre ellos Miriam, Una gota de tinta, La violeta, Amor entre Copas y Mi filosofía y mi sombrero, publicados en La Iberia, fueron aceptados con beneplácito por los amantes del buen gusto literario.

Banuet, como Selgas y Carrasco, tiene escuela propia, y un estilo sui generis. Sus artículos, además de su originalidad, son muy estimados por su filosofía. Recuerdo que el día 15 de septiembre de 1868, Banuet llevaba la comisión de pronunciar en nombre de los estudiantes de Derecho, un discurso patriótico en el Teatro Nacional. ¡Nunca he visto más aplaudido a ningún otro orador! Aquel discurso hizo época, y Banuet desde entonces vio agrupados en su derredor, a todos los literatos jóvenes.

Su cuarto de colegio siempre estaba lleno de poetas, y de allí salieron periódicos y otras publicaciones juveniles, que son un testimonio de que algo valía aquel grupo de pensadores.

Banuet, ultraliberal y amante de su patria, combatió siendo muy niño, contra la invasión francesa; volvió a México a continuar sus estudios de abogado, concluyó su carrera, y fue electo diputado a la Legislatura de Puebla. Ha dejado la pluma, pero le hemos visto hace poco, y aunque abatido por las circunstancias políticas, y por enfermedades graves, todavía conserva su inteligencia, aquel vigor y aquella galanura, que le ha dado un lugar de honor en la bohemia literaria. Banuet cultivó la literatura al lado del rey de los novelistas mexicanos, de José M. Ramírez.

Ramírez, a quien todos llamamos el viejo, ha escrito una novela titulada Una rosa y un harapo, de la que se han hecho en México y en España varias ediciones. Avelina y Gabriela, publicadas en París; otras novelas, Los pícaros, Ellas y nosotros, Celeste, El viejo y la bailarina, multitud de artículos de costumbres y versos sueltos. El estilo de Ramírez es original; quien comienza a leer algo suyo, tiene que concluirlo. Escribió en el periódico La orquesta, fundado y sostenido maravillosamente por Vicente Riva Palacio, cuando hacía las caricaturas el malogrado y sin rival Constantino Escalante.

Ramírez se ha abandonado a su habitual nonchalance, y ya es muy rara la vez en que toma la pluma.

Compañero de Víctor Banuet, fue Martín F. de Jáuregui, poeta y escritor de mucho avance, que ha dado muerte a sus inspiraciones, viviendo en el más lejano y completo aislamiento. El género a que más ardorosamente se ha consagrado, es el del romance de costumbres mexicanas.

José Monroy: Después de la muerte del insigne poeta sevillano Gustavo A. Bécquer, se despertó en toda España y poco después en las Américas latinas, el gusto por la escuela poética alemana a la que tanto lustre dieron Ruckest y Kerner, Heine y Uhland. En México fue aceptado, y aún se cultiva con entusiasmo este género que si a primera vista parece de gran sencillez, es en el fondo difícil por la profunda filosofía que encierra.

Uno de nuestros poetas que con notable acierto ha escrito bajo la forma de esta escuela, es José Monroy.

No hace mucho tiempo que salió a luz pública un libro intitulado Ecos de amor descúbrase en él una rima tan fácil y sobre todo una brillantez de imágenes tan digna de encomio que bastan para acreditarle como verdadero poeta.

Monroy debe seguir cultivando ese género. En su larga carrera literaria ha conquistado triunfos halagadores y ninguno tan justo como el que le valió su último libro.

Sus obras poéticas principales son Memorias y lágrimas, Álbum de María y Ensayos literarios. Ha escrito varios poemas y son de notarse los que hemos mencionado: Armonías de ultramundo y Cantos de un cautivo.

Su poema y su drama Churubusco fueron bien aceptados. Ha escrito últimamente El libro de Hébert cuyas páginas inspiradas por la muerte de su hijo en edad tiernísima, están llenas de lágrimas y rebozan esa ternura que solo se despierta en el corazón, cuando se llora la eterna pérdida de un ser tan íntimamente adorado.

Hemos escrito un prólogo para esta delicada producción de Monroy y allí hacemos más extensas nuestras opiniones sobre su mérito.

Sabemos que dentro de pocos días publicará El mal de la vida poema que aún no conocemos.

Ha dado al teatro una comedia denominada La otra vida que obtuvo buen éxito.

Monroy ocupa como poeta un lugar distinguido entre nosotros.

Joaquín Gómez Vergara ha sido oficial de la Legación de México en España, empleo que vamos a desempeñar nosotros. Es digno de considerarse como buen escritor; sus Fotografías a la sombra son buenos cuadros de costumbres, y en sus versos hay mucha inspiración.

Al lado de Gómez Vergara está Juan Híjar y Haro, también literato. Ambos han sido recibidos con entusiasmo en el Círculo Literario de Pedro A. de Alarcón, en Madrid. Gómez Vergara ha escrito buenos artículos en defensa de la causa de México. El Sr. Híjar y Haro, posee un gran talento, y merece sin duda alguna, el honroso puesto que desempeña.

Francisco de P. Guzmán, como hablista y como conocedor de los clásicos latinos y españoles, se ha hecho muy notable.

Pocos versos ha publicado, pero en los que yo conozco, se revela su maestría y bastan para acreditarle de la fama que goza.

Rafael de Zayas Enríquez, poeta veracruzano, publicó en Lima la colección de sus versos; ha dado al teatro algunas obras entre ellas El expósito representado por la compañía de D. José Valero y El esclavo. Como periodista liberal Zayas Enríquez se ha distinguido bien. Hoy es diputado al Congreso de Veracruz.

Vicente Daniel Llorente, poeta también veracruzano, es muy joven, y ha producido muchos y muy inspirados versos. Su estilo en cada día se mejora y es de esperarse que será lo que sus talentos prometen.

Veracruz, como Yucatán, ha producido muy buenos poetas, y de los modernos y más notables son José María Esteva y D. Manuel Díaz Mirón.

Esteva como cantor de costumbres nacionales se ha distinguido mucho. Ha publicado últimamente la colección de sus versos que encierran bastantes bellezas y que le dan derecho a llevar el título de buen poeta.

D. Manuel Díaz Mirón, como poeta de entonación elevada, y como vivamente inspirado, merece el renombre de que goza en toda la República.

Salvador Díaz Mirón ha publicado varios ensayos poéticos, y lo mejor que se le puede desear es que sea tan aplaudido como su padre.

Ricardo Domínguez, poeta de Jalapa, tiene en sus versos, la melancolía agradable que despierta en el ánimo la contemplación de las selvas.

En Yucatán, está ahora Diego Bencomo, autor del poema «Juárez» y de varios versos líricos que han sido publicados en distintos periódicos. Bencomo es modesto y esto realza su mérito.

Roberto Esteva, escritor elegante, ha dado a luz varias poesías líricas, y al teatro dos dramas Los Maurel y El hombre adúltero. Siendo muy joven ha ocupado un asiento como diputado en el Congreso de la Unión, y ha obtenido como tribuno, aplausos y consideraciones.

Gonzalo Esteva, hermano de Roberto, ha llenado con sus versos y sus leyendas, las columnas de periódicos acreditados, como El Renacimiento y El Domingo. Es un buen escritor y poeta.

Jorge Hammecken, fundador y redactor de El Artista ha escrito multitud de estudios literarios y artísticos muy notables. Siendo muy joven aún, reúne a sus vastos conocimientos históricos, un talento muy claro y una esmerada dedicación al estudio.

Eduardo S. Herrera, prosista de mérito; debe ser consignado como una gala de la juventud literaria.

Prosista absolutamente original es Francisco Bulnes; sus escritos llenos de novedad, las más veces sarcásticos, son leídos con gusto.

Historiógrafo de la comisión que dirigida por el eminente astrónomo Francisco Díaz Covarrubias, fue al Japón a observar el paso de Venus por el disco solar, Bulnes escribió a su regreso una obra de las que se han publicado catorce entregas con el título de Once mil leguas sobre el hemisferio norte. De sentirse es que haya quedado trunca esta obra, porque en ella hay páginas que no se desdeñarían de firmar los más chispeantes autores franceses.

José Negrete, como Bulnes, tiene un estilo ameno y un talento claro. Sus Historias color de fuego y algunos otros folletos que se le atribuyen, le han hecho acreedor a la fama que goza actualmente, Negrete debía aprovechar su buena inteligencia en bien del teatro y de la novela. Conoce bien la literatura francesa y es lástima que gaste las mejores inspiraciones de su cerebro en publicaciones que no tienen más vida que la que les dan las circunstancias.

Rodolfo Talavera: Le hemos visto desde muy niño, escribir fáciles versos, manejando la rima con notable facilidad. Sería hoy un poeta de renombre, si la afición que ha tenido a defender determinado sistema político, no le hubiera absorbido la atención de tal modo que parece gustar solamente de escribir en periódicos de oposición.

Talavera, a quien siempre desde sus primeros pasos literarios, distinguimos y estimulamos, es hoy nuestro enemigo, y ha criticado acremente nuestras obras. Nosotros que no hemos tomado en cuenta estos ataques, le deseamos todo lo bueno a que puede hacerse acreedor.

Julio Zárate, distinguido escritor mexicano, nació en Jalapa el año de 1844; allí hizo sus estudios literarios, y concluidos estos, se dedicó a la industria fabril en el Estado de Puebla. Durante la intervención y el imperio, combatió este orden de cosas en un periódico republicano que fundó y escribió en Atlixco, intitulado el Eco del país. Trabajó activa y ardientemente por el triunfo de la República, y a la restauración de esta, fue electo diputado al Congreso de la Unión por el Estado de Puebla en 1867; en 1869 fue electo para igual cargo por los Estados de Puebla y Veracruz, optando él por la representación del segundo; en 1871 lo fue por Puebla, en 1873 por el Distrito Federal, y en 1875 por el Distrito por segunda vez. En los cinco Congresos referidos, fue nombrado tres veces secretario, dos vicepresidente y dos presidente. Fue miembro de la Comisión Mexicana de Exposiciones, y es ciudadano del Estado de Morelos por decreto de la Legislatura del mismo.

La Sociedad de Geografía y Estadística, la Filarmónica en su sección literaria, la Minera, el Liceo Hidalgo y otras muchas, le cuentan entre sus socios.

Ha escrito en El Artista una serie de artículos sobre la Convención, Miguel Ángel, Rafael y Diocleciano (estudio histórico).

En la obra titulada Hombres ilustres mexicanos, publicó las biografías de Acamapichtli, Axayácatl, D. Luis de Velasco y D. José M. Morelos. La biografía de Morelos, es en nuestro juicio, uno de los mejores trabajos literarios de Julio Zárate. Con notable criterio, con datos precisos e interesantes, y con elegancia de estilo, hizo esta obra que forma un volumen de 171 páginas, ilustradas con varias láminas biográficas.

En la edición literaria del Federalista, pueden verse sus Estudios sobre los historiadores antiguos, Julio César, Salustio, Tito Livio, Tácito, Tucídides y Jenofonte. Sabemos que próximamente publicará el de Heródoto, y que está escribiendo los de Gibbon, Mariana, Thierry y Cantú.

Julio Zárate tiene gran preferencia por esto género, en el que ya es tan notable, y que tantos triunfos le ha valido, no solo porque revela sus vastos conocimientos, sino porque demuestra su acierto para tratar las más delicadas cuestiones que tienen por base la filosofía de la historia.

Ha publicado muchos artículos políticos en el Siglo XIX, del que fue redactor desde 1870 hasta 1873, y más tarde (de julio de 1874 a diciembre de 1875), redactor en jefe.

Siempre ha estado filiado en el partido liberal progresista y su fama de buen orador, la acreditan sus elocuentes discursos patrióticos y parlamentarios.

Julio Zárate por sus antecedentes, su talento y sus virtudes cívicas, está llamado a figurar notablemente en la política del país.

Eduardo Emilio Zárate nació en Jalapa en 1853, allí hizo sus primeros estudios y en 1867 escribió en un periódico intitulado el Demócrata, siendo nombrado por el Ayuntamiento catedrático de gramática en el Colegio de Niñas, y de lectura en la Escuela de Artesanos.

El año de 1868 pasó a Puebla, y allí comenzó en el Colegio Carolino, la carrera de abogado; escribiendo al mismo tiempo en el Porvenir y la Voluntad del Estado.

En 1871 fue nombrado redactor del Periódico oficial, y en 1872 oficial mayor del Congreso del Estado. Se trasladó a México, para terminar sus estudios profesionales, y ha escrito en varios periódicos políticos y literarios; ha sido regidor del Ayuntamiento de la capital en 1875, diputado suplente por Jalapa, al Congreso de la Unión, y secretario de la Comisión Mexicana de Exposiciones. Es miembro de la Sociedad de Geografía, Liceo Hidalgo, Alianza, Netzahualcóyotl, Filarmónica, Porvenir, Círculo de Obreros en calidad de Honorario y de otras asociaciones literarias, industriales y de auxilios mutuos.

Ha escrito multitud de versos, publicados en distintos periódicos, y que forman una colección valiosa. Sus artículos políticos y literarios, revelan su buen juicio y una serenidad para apreciar y comentar asuntos difíciles, rara en la juventud.

Eduardo E. Zárate, razona como mi hombre que hubiera pasado largos años entregado a serios estudios.

Sus discursos patrióticos y literarios, merecen ser bien leídos, porque están bien escritos.

Hay un poeta, cuyas obras causaron gran sensación el día en que se publicaban, y continúan siendo desde entonces, el tema de muchas conversaciones, la causa de muy extraños comentarios y el punto en que convergen las más contrarias opiniones. Este poeta es Antonio Plaza. Sus grandes desengaños; dolores más o menos íntimos, y el hastío que produce la contemplación de amargas realidades, han hecho de Plaza, un poeta filósofo, descreído, desesperado, que sin colocarse ante los ojos el prisma color de rosa de las ilusiones, ha visto a la humanidad pequeña y viciosa y sin embozo ni miedo le ha echado en cara su pequeñez y sus vicios.

Creen algunos que Plaza no es poeta y se equivocan lamentablemente. Quien lea sus versos con detenimiento se convencerá de que si hay algo en esas hojas que amarga y que lastima como todo grito de queja; hay en cambio mucho que revela una inspiración rica y un alma tan herida como grande.

Los que juzgan a Plaza pequeño también se engañan; su extraordinaria dignidad le ha llevado a la pobreza y en medio de las tempestades del destino es como el sándalo que aviva más su perfume en cada nueva herida que recibe. Se han hecho dos ediciones de la colección de sus versos agotándose todos los ejemplares.

José González de la Torre, correcto en la forma y siempre cuidadoso de la pureza del lenguaje, ha publicado versos y artículos, que le hacen digno de ocupar un puesto entre los hombres de letras. Conoce bien algunos idiomas, estudio para el cual tiene gran facilidad, y ha hecho últimamente un detenido estudio sobre el «Ramayana», poema indio de Valmiki.

El Sr. González de la Torre, gusta más de hablar que de escribir, y en la actualidad da semanariamente conversaciones públicas, que según hemos sabido, son interesantes.

Rafael Ángel de la Peña: Sus profundos conocimientos en lengua castellana, le han valido el nombramiento de socio correspondiente de la Academia Española.

Ha dado a luz un notable estudio sobre la formación de los Verbos irregulares. Es catedrático de gramática en la Escuela Nacional Preparatoria.

Dr. José M. Marroqui, magnífico hablista y perfecto gramático, dejó la clase de español en la Escuela Preparatoria, para ir a desempeñar su empleo de Cónsul de México en Barcelona.

Se dice que Marroqui tiene escritas varias obras literarias de indisputable mérito, y debe, si esto es cierto, publicarlas para honor de su nombre y de su patria.

José Rivera y Río ha escrito y publicado versos, novelas y libros de enseñanza. Ha hecho buenas traducciones de poesías inglesas y alemanas. A la colección de sus producciones líricas, intituló Luceros y nebulosas. Entre sus novelas se cuentan El hambre y el oro y Los dramas de Nueva York. Goza de nombre y aceptación en los circuitos literarios.

Agustín Rivera y Río sigue en el periodismo y la literatura, la misma senda que su hermano. Los Sres. Filomeno Mata y Guillermo Rivera y Río, fundaron en México el Sufragio libre, periódico político que hizo terrible oposición al gobierno del Sr. Lerdo; en ese periódico escribió Agustín. Publica actualmente, la Historia de la revolución de Tuxtepec, por entregas semanarias, ilustradas con láminas litográficas. Su última producción es su Silabario ilustrado, notable trabajo dedicado a las escuelas primarias.

Joaquín Villalobos: Desde hace mucho tiempo conocemos las producciones de este poeta popular, que logró en una época, conducir a las masas, arengándoles en las calles y plazas públicas, y que ha sido firme defensor de las instituciones republicanas.

Villalobos ha escrito varias obras dramáticas, y liberales; ha hecho una guerra tenaz al partido reaccionario; sus versos son inspirados, y aunque algunos, por espíritu de política han llegado a negarle el título de poeta, nosotros se lo daremos siempre, pues en sus poesías hay inspiración y buenas imágenes.

Villalobos ha escrito varias obras dramáticas, y entre ellas La Patria, Saffo y El amor de los amores, han obtenido buen éxito, particularmente la primera que se ha representado innumerables ocasiones.

Continúa escribiendo, a pesar de las graves enfermedades que lo abaten, y ha enseñado a su pequeña hija María, a recitar con especial gracia sus composiciones. Cuando esta niña fue presentada a la Ristori, dijo esta: «Es un alma de artista en un cuerpo de niño». Joaquín Villalobos, habla hoy, por los labios de esta inteligente criatura que es el consuelo de todas sus amarguras.

Siliceo Agustín, abogado distinguidísimo, es como periodista también muy notable. Ha colaborado en importantes publicaciones, sus artículos encierran siempre un gran fondo de utilidad práctica, y es para la discusión con sus adversarios, leal y caballeroso.

Actualmente es redactor del Diario Oficial, y en verdad que nunca había estado el órgano del Gobierno tan imparcial y hábilmente dirigido.

Conocemos versos muy buenos del Sr. Silíceo, que no ha querido darlos a luz pública, por haberse entregado a las ocupaciones de su profesión, o a sus encargos políticos, que siempre han llenado todo su tiempo.

Darío Balandrano: Fue durante varios años redactor del Diario Oficial, y goza de buena reputación como periodista.

Nosotros solo hemos visto pocos de sus artículos, y creemos que son justos los encomios que se le hacen en este sentido.

Heberto Rodríguez: Muy joven es también, y no carece de inspiración brillante. Los primeros versos que publicó adolecían de gongorismo que va abandonando poco a poco.

Será sin duda alguna un buen poeta, y más como si cariñosamente le aconsejamos, adopta para su estilo la claridad y la sencillez, que tanto realzan el mérito de las composiciones literarias. Cuenca, como lo decimos en otro lugar, empezó quizá más gongórico que Rodríguez y es hoy uno de los mejores poetas jóvenes de México.

Luis G. Iza: Poeta, periodista y dramaturgo. Bajo el nombre de Arpegios ha publicado un volumen de sus versos y se han representado con éxito su drama intitulado Malditas sean las mujeres y sus comedias Revolución femenil y San Pedro o las puertas del cielo.

Ireneo Paz: Redactó El padre Cobos, periódico chispeante que tuvo grande acogida en las diversas épocas que se publicó. Paz ha escrito varios dramas y comedias, cuyos títulos son: La bolsa o la vida, El poeta y la lugareña, La manzana de la discordia, Los héroes del día siguiente, Llueven ingleses, El don de errar, Lo mejor de los dados y otros que no recordamos.

Su colección de poesías se ha publicado con el título de Cardos y violetas. Sus novelas han tenido gran número de suscriptores.

Paz tiene un estilo ameno y fácil. Es hoy editor y redactor de La Patria.

Juan de D. Domínguez: Ha escrito artículos, versos y alguna novela; pero su pasión por el teatro le ha inducido a escribir obras dramáticas, entre las cuales recordamos María, Fernando IV, el emplazado, Magdalena, La justicia de Dios, El hidalgo Gabriel Téllez, Amor por cartas y Fénix de los ingenios. Domínguez ha alcanzado aplausos en los teatros de Querétaro y México, en la representación de sus obras.

Carlos Escudero: Hace un año que murió este poeta; de él nos quedan muy buenos versos y varias obras dramáticas y cómicas, como son: Más vale caer en gracia que ser gracioso, Cada oveja con su pareja, Nerón y Por una equivocación.

Su magnífico drama inédito El beso, basta para perpetuar dignamente su memoria. Fundó y dirigió durante algunos años con notable acierto y haciendo muchos progresos, la Sociedad Dramática Alianza que hoy se titula «Sociedad dramática CARLOS ESCUDERO» y en la que se han representado por aficionados al arte, más de cien obras.

Escudero dejó inédito un tratado de Declamación, que a juicio de los inteligentes es una obra de mérito.

Manuel Gutiérrez ha escrito cosa de diez y seis obras dramáticas; desde hace muchos años, viene ornando con sus artículos políticos y literarios y con sus producciones poéticas, las columnas de acreditados periódicos.

Juan B. Garza imita con felicidad el género de Manuel Acuña y ha escrito un drama social intitulado: Esposa y madre. Garza es catedrático de filosofía en el Instituto Literario del Estado de México.

Ramón Valle, guanajuatense, hermano de Juan, el notabilísimo poeta ciego, ha escrito multitud de artículos, poesías sentimentales y satíricas y algunas obras dramáticas.

Ramón Valle se ha retirado de la vida pública y nos aseguran que dentro de pocos días recibirá las órdenes eclesiásticas.

Gerónimo Baturoni, veracruzano. Es articulista chispeante y versifica fácilmente. Su pieza cómica Carambola, villa y palos, ha sido aplaudida en las ocasiones que se ha representado.

Baturoni redacta actualmente en México un periódico burlesco e imparcial, denominado Fray Gerundio.

Luis Calderón: Comenzó a publicar su novela Los novios que quedó trunca. Ha escrito versos inspirados y desempeña hoy el cargo de secretario de Gobierno en el Estado de Hidalgo.

Julián Montiel: Desde hace muchos años sus versos y artículos le han dado la reputación de que goza. Siempre ha cantado la libertad y la democracia. Sus versos patrióticos rebosan energía y ardimiento.

José Patricio Nicoli: Se ha distinguido como periodista. Escribe con galanura y facilidad.

Manuel Sánchez Mármol: Como periodista ha sabido captarse las simpatías de sus lectores, por la delicadeza de sus escritos. En El álbum de Navidad dio a luz pública una leyenda sencilla y agradable.

D. Juan Luis Tercero: Vate religioso y escritor perfectamente castizo, ha sido redactor de La Voz de México y es bien conocido en la República por su poema intitulado «Nezahualpilli» o el Catolicismo en México que ha merecido grandes elogios de todos los que lo han leído.

El Sr. Tercero está actualmente en Michoacán y publica de vez en cuando sus producciones que son en su mayor parte del género místico.

Tirso Rafael Córdoba: Con buenas dotes se dedica como el Sr. Tercero, a escribir sobre temas religiosos. Ha publicado un volumen de poesías, y últimamente hemos visto versos suyos en El Colaborador Católico que se publica en Zamora (Michoacán).

Francisco de P. Urgell: Es catalán, pero le consideramos mexicano. Urgell conoce bien la lengua española, y particularmente la historia de la literatura. Gusta de escribir en prosa leyendas caballerescas y populares, imitando el estilo Bécquer, cuya escuela ha seguido en sus versos. Entre sus lieds hay uno intitulado Amor que basta para darle reputación por la novedad del pensamiento y la sencillez con que está expuesto. Urgell fundó en compañía de Manuel Olaguibel, Agustín F. Cuenca, Pedro Castera, y el que esto escribe, el Círculo Gustavo A. Bécquer siendo uno de los que más directamente contribuyeron al rápido engrandecimiento de esta asociación, creada por inspiración suya.

El Círculo Bécquer en su poco tiempo de vida publicó un periódico por entregas mensuales con el título de Páginas literarias convocó a un certamen de poetas dando premio a los mejores autores de tres composiciones sobre los temas siguientes: «Dios», «Patria», «Amor». Hecho el certamen mereció el segundo premio en el segundo tema la distinguida poetisa Laureana Wrigth de Kleigmans y el primero en el tercer tema la Srta. Dolores Salazar de Payán. El Círculo Bécquer solicitó y obtuvo del Gobierno del Distrito la propiedad del sepulcro de Manuel Acuña, con el fin de levantarle un monumento.

Expidió un manifiesto a la Prensa Nacional, pidiéndole que cesaran las polémicas de mala ley y que tuviera presente la dignidad de la Patria que se menoscaba, con las falsas apreciaciones sugeridas por los rencores políticos.

A Urgell se debió en gran parte el progreso del Círculo Bécquer y esto, así como la natural simpatía que le hacen conquistar su claro talento y su modestia excesiva le han valido el cariño de todos los literatos jóvenes, que le consideran no solo como a un compatriota, sino como a un hermano. Actualmente publica en el folletín de El Mensajero sus numerosas composiciones.

Ignacio J. Díaz: Modesto muy modesto, ha dado a luz desde hace algunos años, sus producciones poéticas, suscritas con diversos pseudónimos. Díaz es tipógrafo y en su noble arte, ha podido estudiar a los hombres de letras mexicanos, y las conoce bien. Amigo y partidario de la juventud goza con los triunfos de esta y sufre con sus infortunios.

Agustín C. Díaz, hijo de Ignacio J. Díaz ha escrito varios dramas que han alcanzado buen éxito, principalmente El obrero que le valió aplausos y ovaciones honrosas. Díaz vive retirado de todos los círculos literarios, escribe aislado y gusta de estudiar las costumbres de su patria.

Tiene inéditas algunas obras dramáticas, entre ellas Juana la bordadora y Güelfos y gibelinos. Puede asegurársele a Díaz buen porvenir en la escabrosa senda del teatro.

Aurelio Horta: Puedo asegurar que nadie me ha sido tan dificultoso para emitir mi opinión sobre su mérito literario, como Aurelio Horta. ¿Por qué? Le veo a veces escribir en elevado lenguaje delicados pensamientos; en otras le encuentro en el periodismo usando de sátiras punzantes y quizá ajenas de su carácter; de pronto le juzgo dado a filosofar; luego le encuentro romántico. ¿Qué es? ¿Una mezcla de pensamientos tan contrarios como raros?... ¡No! ¿Es un poeta, que quiere abandonar sus naturales inspiraciones por seguir sendas que no son suyas? ¡Lástima sería que cambiara por la lira perfumada de rosa, la péñola mojada en la hiel del periodismo burlesco!

Ildefonso Portugal: Era una gala literaria del Estado de Michoacán, que ha recogido y guardado con veneración su nombre.

Fue sacrificado en una de las tempestades políticas. Mártir de sus convicciones, resplandeció sobre su frente la doble inmortal aureola del poeta y del guerrero.

Agustín V. Bonequi: Publicó algunos de sus fáciles versos en La Lira de la Juventud. Bonequi, consagrado a sus trabajos, hace algún tiempo que se ha retraído de la vida literaria.

Benjamín Bolaños: Sus versos se han publicado en el Federalista y en las Páginas del Círculo Bécquer del cual es miembro. Por la consagración a sus trabajos particulares, pocas veces toma parte en los de las demás sociedades. Bolaños tiene gran interés y cariño por todos los bohemios.

Joaquín Alcalde y Rivera: Se ha distinguido como cantor patriótico y sus composiciones de este género, han alcanzado buen éxito. Ha escrito una comedia intitulada Cardos y azucenas y varias leyendas interesantes.

Joaquín Trejo es poeta muy sentido. Ha publicado sus composiciones en la edición literaria del Federalista. Son notables algunas de las que pertenecen al Libro de María.

Hilario S. Gabilondo: Entusiasta por las bellas letras que cultiva con especial dedicación, ha dado a luz varias producciones; próximamente publicará la colección de sus versos, y actualmente ha hecho la traducción de los poemas polacos de Kransinski, que publica por entregas semanarias. Gabilondo revela en sus versos un corazón noble y un alma sensible. Es redactor de un periódico literario intitulado La juventud.

Federico C. Jens: Ha leído y estudiado a varios poetas alemanes notables, y sobre algunos de ellos ha hecho buenas apreciaciones.

Ha escrito un Estudio sobre la poesía alemana que presentó el Círculo Bécquer y que fue calificado de notable.

Sus versos son fluidos y revelan sentimiento: Anselmo de la Portilla (hijo). Dotado de claro talento, ocupa muy buen lugar como periodista y poeta. Sigue las mismas huellas de su respetable padre, y es muy querido de los jóvenes escritores.

Pedro Castera: Publicó una lujosa edición de sus versos con el título de Ensueños, y sobre ellos hicimos un juicio que publicó La Revista Universal. La colección de sus artículos sobre la vida minera es curiosa y original. Castera es en cada vez más estudioso de la forma y esto le será siempre muy provechoso.

José Gabriel Malda: En su libro La vida bohemia, hizo copia fiel de las amarguras y de las dichas, que tienen en su manera de ser, todos aquellos que sin los elementos necesarios para la comodidad de la vida, van en pos de un ideal brillante: la gloria. Malda tiene talento e instrucción. Como poeta, goza de buena reputación.

Pedro Landázuri. Ha escrito poco y sus artículos llenos de sensatez, le han dado buen nombre.

Ángel Núñez: Es notable por sus conocimientos en historia del país, sobre la cual ha escrito artículos y una cartilla que sirve para su fácil aprendizaje.

El Sr. Núñez, editor y redactor de la Revista Universal en las primeras épocas de ese periódico, mereció elogios por el buen tino con que sabe tratar las cuestiones y por su acierto para escribir en la prensa. Ha sido secretario de la Legación de México en Alemania, siendo recibido perfectamente por el Gobierno y la sociedad de aquel país.

Niceto de Zamacois. Tantos años ha estado en México este escritor y poeta español, que le contamos entre nuestros compatriotas. El Sr. Zamacois ha escrito novelas como El jarabe y El capitán Rossi, que describen costumbres mexicanas, bastante bien, si se atiende a que cuando esos libros fueron publicados, su autor aunque llevaba tiempo de estar en México, no le era suficiente para fijarse en tantos detalles que forman las costumbres íntimas del pueblo. Después dio a luz su obra La destrucción de Pompeya con láminas cromolitográficas y conteniendo curiosas descripciones. Actualmente el Sr. Zamacois, se encuentra en España y ha comenzado a publicar su Historia de México que según dice el prospecto, será una obra imparcial, concienzuda y extensa. El Sr. Zamacois ha dado al teatro varias obras y en este género como en los demás que ha cultivado, no ha encontrado mala aceptación ni disgusto en el público.

J. F. Jens: Conociendo a fondo la literatura alemana, y hablando con bastante perfección la lengua española, ha traducido hace muy poco el drama Griseldis escrito en cinco actos por Friedich Halm (Eligius, Barón de Münch-Bellinghausen).

Dicha traducción es tan fiel, como buena, y ha venido a darnos una completa idea de los progresos dramáticos de Alemania.

Telésforo García: Ha escrito en varios periódicos de nota, como El Federalista, El Bien Público, El Interino, La Legalidad, etc., y es actualmente redactor de La Libertad en compañía de Cosmes, Sierra Justo, Sierra Santiago y Eduardo Garay.

Telésforo García ha escrito mucho en el género filosófico, y últimamente publicó un folleto titulado, Los españoles residentes en México, que es digno de su talento y de la fama de que ya goza entre nosotros.

Pedro Santacilia: Es un escritor distinguido. Ha publicado, entre otros libros, El movimiento Literario en México, haciendo un examen de las obras publicadas en los años de 67 y 68. Sus Apólogos están llenos de sencillez y son de notoria utilidad para la enseñanza moral de los niños.

Juan E. Pérez: Publica actualmente un «Almanaque Estadístico» lleno de interesantes pormenores. No sabemos si el Sr. Pérez cultiva las bellas letras, pero en el género a que se ha dedicado, proporciona utilidad para todos.

Emilio del Castillo Negrete: Concluida su interesante obra intitulada México en el siglo XIX, que basta para acreditarlo dignamente, ha comenzado a dar a luz un libro que se denomina los Oradores mexicanos.

El Sr. Castillo Negrete es un gran conocedor de la historia del país, y su buen criterio, su inteligencia serena, le permiten hacer apreciaciones tan acertadas como importantes.

Manuel Rivera Cambas: Su obra Los gobernantes de México es monumental; encierra las biografías y retratos de cuantos han regido los destinos del país, desde el primer virrey hasta el presidente Juárez. Única en su especie, fue recibida con entusiasmo y es la mejor obra de consulta que tenemos en ese particular. El Sr. Rivera Cambas ha escrito una Historia de Jalapa de la que hemos oído hacer buenas apreciaciones. Este escritor redacta actualmente El Combate. Es instruido, liberal y razonador.

José López Portillo y Rojas: Este joven poeta jalisciense es autor de un libro interesante titulado: Egipto y Palestina, comprendiendo todos los lugares de estas históricas tierras, que visitó el Sr. Portillo en un viaje hecho hace muy pocos años. Su estilo es elegante, su manera de narrar fácil, y en sus versos hay delicadeza e inspiración.

Alfonso Lancaster Jones: Conocemos varias poesías suyas, y todas tienen mérito. El Sr. Lancaster se ha distinguido como orador parlamentario.

Julio Espinosa: Es muy joven, tiene buenas disposiciones para los escritos satíricos, versifica con facilidad, y es entusiasta por su amor a las bellas letras. Será, si estudia y persevera, un buen escritor humorístico.

Luis Gr. Rubín: El poeta de los obreros. Ha escrito poco, y casi todos sus versos tiernísimos, están destinados a cantar las tristezas de su clase sus esperanzas y sus heroicidades. Ha dado a luz un pequeño tomo, bajo el título de Veladas de invierno.

Aurelio Garay: Poeta de grandes esperanzas; tiene el mérito de consagrarse al cultivo de las bellas letras, en medio de las fatigas de su noble oficio de impresor que le ocupa todas las horas, Garay dio al teatro un drama, intitulado Una deuda de gratitud que alcanzó buen éxito.

Es miembro de la Sociedad Juan Díaz Covarrubias fundada y sostenida por el joven Manuel L. Acevedo, ayudado de Manuel Romero, cuyos ensayos poéticos son felices, y de González Robles que ha escrito varias novelitas científicas. Garay promete mucho como poeta y nosotros le estimulamos a que no abandone la lira.

Manuel Rincón: Tiene sonetos muy buenos; ha dado al teatro una comedia muy bien aceptada y publica con frecuencia sus producciones poéticas que siempre son leídas con gusto.

Pbro. D. Crescencio Carrillo y Ancona: Es una de las notabilidades de Yucatán y a él debe su formación el Museo Yucateco que cuenta ya con más de mil cuatrocientos sesenta objetos interesantes de arqueología, numismática, vistas y cuadros al óleo, bibliografía, historia natural y artes, etc. El Sr. Carrillo y Ancona posee cualidades que le hacen ser la gala de su Estado natal.

Francisco Díaz Covarrubias: Este eminente astrónomo acaba de publicar un libro sobre su viaje al Japón, para la observación del paso de Venus. La obra está ilustrada con grabados curiosos e importantes. Ha ido a Guatemala, hace pocos días de ministro de México.

Joaquín M. Alcalde: Notabilísimo como abogado y como tribuno, notable también por su palabra acerada, su fogosidad, su ímpetu y su oportunidad, ha tomado parte activa en las tareas del periodismo, habiendo redactado el Siglo XIX poco tiempo después del triunfo de la República.

Sus cualidades de orador dan a sus escritos un marcado tono de originalidad y frecuentemente son coronados de un triunfo.

Miguel Lira y Ortega, descendiente, según tenemos noticia, de una de las más nobles familias aborígenes de Tlaxcala, se ha dedicado empeñosamente al estudio de la historia antigua y especialmente de la República Tlaxcalteca, haciendo las biografías de sus hombres más notables, algunas de las cuales han visto la luz en un periódico literario que en Huamantla se publicaba por los años de 1874 a 1875 y que desgraciadamente tuvo muy precaria vida.

Juan de Mata Rivera: No es realmente un escritor ni en su modestia aspira a ese título, pero merece que su nombre se escriba en esta revista, por haber sido quien, en unión del Sr. Francisco de P. González, artesano, redactor hoy del Hijo del trabajo, y de algunos otros trabajadores, fundó El Socialista, base de la prensa obrera en el país y en el que se han dado a conocer algunos escritores de las más humildes clases del pueblo.

El Sr. Rivera escribe y a veces felizmente, guiado solo por sus buenas disposiciones. Es seguro que si emprendiera algunos breves estudios supuesta su aptitud y su influencia entre los trabajadores llegará a ser una fuerza de inmensa potencia.

Enrique L. Abogado: Ha escrito multitud de versos, siendo algunos de ellos tan delicados y armoniosos que le dan buen nombre. Abogado tendrá el puesto que merece por su dedicación al cultivo de las bellas letras. Sus producciones han sido publicadas en distintos periódicos teniendo buena aceptación.

Alberto del Frago: Conocemos algunas poesías de este modesto escritor que es en la actualidad boletinista del Mensajero. Frago tiene la fuente de sus inspiraciones, como poeta y como periodista, en la buena fe y en la nobleza de sentimientos que constituyen su carácter.

Filomeno Mata: Con sus propios esfuerzos y sin más recomendación que sus relevantes méritos ha llegado a ocupar un asiento en la Cámara de diputados del Congreso de la Unión; donde ha desempeñado el encargo de secretario. Mata es modesto, muy modesto, y las veces en que escribe, oculta su nombre por desconfianza de sus aptitudes literarias. Ha sido editor de varios periódicos populares como El Sufragio Libre y El Monitor Constitucional. Hoy es uno de los editores y redactores principales de El Mensajero. Mata tuvo la idea de publicar El Anuario Mexicano, y a él se debe que haya visto la luz esta obra, que por su naturaleza, es nueva en la República. Los méritos que Filomeno Mata tiene como patriota son fáciles de enumerar pero ni queremos lastimar su modestia, ni disponemos para eso de espacio suficiente. Es muy merecedor de las distinciones que alcanza cada día.

Enrique Chávarri, conocido por el seudónimo «Juvenal». Desde hace ocho años escribe en El Monitor Republicano las charlas dominicales y boletines, editoriales y artículos de importancia. Chávarri ha llegado a adquirir tal práctica, que su estilo, al principio difícil, es hoy facilísimo y elegante. Sus charlas son leídas con gusto; sus artículos de interés público revelan un criterio claro; la facilidad con que escribe actualmente, es digna de aplauso.

Juan Pablo Ríos: Desde hace años publica versos y es hoy boletinista del Monitor. Hay entre sus composiciones algunas que le acreditan bien, y sus escritos periodísticos, se distinguen por su imparcialidad.

Literato también muy notable es D. José M. Vigil, que ha publicado la colección de sus obras dramáticas con el título de Flores de Anáhuac y que actualmente es editor de la Historia de las Indias por Fray Bartolomé de las Casas.

El Sr. Vigil es un periodista sensato; como hablista es notable y sus escritos revelan buen criterio y vasta erudición.

Periodista muy joven y que ha luchado con una constancia digna de aplauso en defensa de la causa de la Voz de México es el Sr. D. José Joaquín Terrazas. Combatido al principio de una manera tenaz, ha sabido con su prudencia y su tacto como escritor, captarse el aprecio público. El Sr. Terrazas ha escrito multitud de versos y de estudios literarios. Se distingue como matemático; sus tratados de Aritmética y de Álgebra calificados de muy buenos por las personas más autorizadas en esta ciencia, han producido una revolución científica, pues haciendo a un lado la rutina de otros autores, el Sr. Terrazas ha empleado un método nuevo, tan breve como fácil, para su aprendizaje. Adversario del Sr. Terrazas en el periodismo, soy el primero en reconocer y ensalzar su talento sin que me preocupen las ideas de partido. Acaba de publicar la colección de sus poesías y pronto dará a luz su tratado de Geometría.

Entre los poetas jóvenes, se cuenta a Agapito Silva, que ha publicado tres tomos de versos, y dado al teatro un drama titulado Después de la falta; Silva ha conquistado de los obreros ovaciones y simpatías. Mereció el segundo premio en un certamen literario, por su oda a Hernán Cortés.

Alberto G. Bianchi, fundador de la Sociedad mexicana La Concordia y durante mucho tiempo encargado de la gacetilla del Monitor ha escrito bastantes poesías líricas, artículos políticos y tres dramas titulados María, Los martirios del pueblo y Patriotismo y deber. Bianchi es modesto e inteligente. Su corazón leal y bueno le hace muy estimable. Entusiasta por su amor a las letras, ha procurado sostener a costa de mil sacrificios la Sociedad Concordia y es hoy subdirector del grupo de socios actores en la Sociedad dramática Carlos Escudero.

Dos escritores muy notables se me olvidaba mencionar, D. Francisco Pimentel y D. Manuel Orozco y Berra.

El primero es un erudito profundo, ha escrito una obra sobre las lenguas mexicanas, que ha merecido grandes encomios en Alemania y Francia, cuyo instituto acababa de darle un premio consistente en una medalla. Socio del Liceo Hidalgo pronunció muy notables discursos, discutiendo con Don Ignacio Ramírez sobre la poesía erótica griega.

Pimentel estudia constantemente y cuando habla en una asociación científica o literaria confundo a sus contrincantes con multitud de interesantes citas que trae a la memoria con facilidad asombrosa.

Ha escrito muy buenos juicios sobre antiguos poetas mexicanos.

El Sr. D. Manuel Orozco y Berra, es como conocedor de la Historia Antigua de México, una especialidad. Sus escritos sobre esa materia gozan de grande reputación. Muchas son las cuestiones sobre las cuales ha escrito y sabemos que ha concluido su Historia de México llena de muy curiosos e importantes datos.

¡Ojalá y el gobierno ayudase para la pronta publicación de esta obra tan necesaria para todos!

Dos literatos de buena fama, son los Sres. Alejandro Arango y Escandón y Joaquín García Icazbalceta.

Su estilo es enteramente castizo; y ambos han dado a luz obras de mucho mérito. Enemigos del partido liberal, viven voluntariamente alejados de todos los círculos literarios. El Sr. Arango ha impreso la colección de sus versos, entre los cuales hay algunos que son amargas críticas al sistema republicano.

D. Ignacio Aguilar y Marocho, redactor de la Voz de México, es un escritor de gran talento; su fuerte es la crítica, se ha distinguido como abogado y es hoy uno de los pocos caudillos valiosos del sistema político-religioso.

El Dr. Gabino Barreda, fundador y director de la Escuela Nacional Preparatoria, sabio naturalista y eminente filósofo, dirige actualmente una publicación titulada Anales de la Sociedad Metodófila que lleva su nombre.

El Dr. Barreda, es catedrático de filosofía positiva en la Escuela Preparatoria y de Patología general en la de Medicina. Luchó con mil escollos para ordenar y cimentar sólidamente la escuela que tiene a su cargo.

En los años que lleva de dar cátedra de filosofía, ha formado notables discípulos que indudablemente seguirán sus huellas, y se ha conquistado un puesto honroso y envidiable. Casi toda la juventud estudiosa de México en el último periodo de diez años, ha sentido la buena influencia de las lecciones de este sabio. A nosotros nos tocó el honor de tenerlo por maestro y no encontramos palabras suficientes para ensalzarle como merece.

D. Antonio García Cubas ha escrito su geografía de la República Mexicana, ha hecho varias cartas generales y las particularidades de cada Estado; últimamente escribió una obra que fue traducida al inglés República mexicana en 1870, hablando de lo más interesante de nuestro país.

Dicha obra fue remitida a la Exposición Universal de Filadelfia. El Sr. García Cubas, tiene un magnífico lugar entre el grupo científico mexicano.

Hilarión Frías y Soto es un escritor elegante y poeta inspirado.

Manuel María Romero, hijo de D. Vicente Romero y Doña Dolores Arana, nació en México, precisamente en la época luctuosa de la entrada de los americanos, el año de 1847, hallándose entonces su familia en una precaria situación.

No contando aún catorce años, empleaba el poco dinero, que en su casa le daban los domingos, en comprar dramas y ¡cosa más rara! su juguete predilecto era un pequeño teatro, en el cual se hacían esos prodigios infantiles que van encendiendo insensiblemente en el alma el amor al arte, culto que dura toda la vida.

No había cumplido quince años, cuando vio morir a la que le había dado el ser, y fue entonces en medio del dolor sin nombre que embargaba su corazón, cuando tomó por vez primera la pluma y escribió tres cuartetas. ¡Cuántas lágrimas fueron las precursoras de sus primeros versos!

El año de 1859 se matriculó en el Colegio Nacional de Minería, del cual después de haber hecho con éxito sus estudios de primer curso, tuvo que separarse por carecer de elementos para comprar libros y útiles, y por haberse mezclado en una conspiración contra el gobierno conservador que en aquella época estaba establecido.

Su padre, buscando los medios más fáciles de asegurar el porvenir, le hizo aprender el oficio de zapatero, del cual no llegó a vivir. Aprendió después el de encuadernador, y utilizó este oficio en sus propios libros.

Parece que Romero estaba predestinado a ser el poeta del dolor; junto a una tumba sagrada se reveló a sí mismo su pasión por las bellas letras y pasado algún tiempo, fue otra catástrofe la que lo inició en la vida pública.

Una sangrienta mano acababa de alzar en Tacubaya la hecatombe donde están siempre fragantes las palmas del martirio, las coronas de la inmortalidad. Acababa de morir Juan Díaz Covarrubias, el poeta mártir, y Romero escribió en su loor sentidísimas, estrofas que por la primera vez dio a luz en el Boletín de noticias de 1860.

Las circunstancias de su familia habían mejorado notablemente y pudo consagrarse a sus estudios más favoritos desde el año de 61 hasta el de 67.

En esta época se pasó semanas y meses enteros encerrado con sus libros.

Fue enemigo declarado del imperio, pero admirador de Maximiliano, de quien no ha escrito sino con elogio y respeto.

Desde fines del año de 67, salió de su retraimiento y dio cátedras de francés, italiano y español en varios colegios. Fue después maestro de Geografía y para aprender el alemán, estipuló dar clase de español en un colegio alemán, no pudiendo pagar un maestro.

Romero ha traducido magníficas poesías, leyendas y novelas alemanas, conociendo a fondo a los más afamados poetas de la patria de Goethe.

Ha redactado sucesivamente El Ferrocarril, La Revista, La Constitución Social, La Juventud y El Monitor Republicano, teniendo en este, jurados, pendencias, polémicas, duelos, etc., sosteniendo siempre sus principios ultraliberales.

Romero es un enemigo terrible y un amigo modelo. No reconoce términos medios y tiene por la amistad un culto firmemente arraigado en su corazón.

Hoy ocupa un asiento en el Congreso de la Unión al cual es diputado por el Estado de México. Merece esa honrosa distinción y es de esperarse que empleará su talento, su buena fe y su lealtad como partidario de la buena causa, en provecho del país y del Estado que representa.

Ha dado al teatro un drama Catalina de Suecia y es como poeta, modesto e inspirado.

Luis G. Ortiz ha llenado con sus versos desde hace muchos años, las columnas de muchas publicaciones. Como poeta erótico, tiene grande aceptación. Últimamente ha hecho varias traducciones de Catulo y Tibulo y su estilo tiene muchas imitaciones de los griegos.

D. José María Baranda ha escrito muy buenos artículos históricos y sus discursos patrióticos, son dignos de mencionarse.

Don José María Iglesias, expresidente de la Suprema Corte de Justicia, ha sido un periodista de primera fuerza. Su estilo es elegante y correcto, sus conocimientos son muy vastos y su talento es clarísimo.

Gumersindo Mendoza, naturalista notable, ha escrito artículos de sumo interés, en nuestras publicaciones científicas. Actualmente dirige los Anales del Museo Nacional, del que es director. En las dos primeras entregas de esta obra que hasta ahora han salido, se puede ver su notable estudio Un ídolo azteca de tipo chino y su Estudio comparativo entre el sánscrito y el náhuatl, lenguas que el Sr. Mendoza conoce bien.

Mendoza es actualmente el primer químico mexicano.

Mariano Bárcena: No cuenta aún treinta años y ya goza de una gran reputación en el mundo científico. Ha dado a luz muchos estudios botánicos y geológicos. Ha descubierto nuevas especies de minerales y plantas. Dirige el Observatorio Meteorológico Central y la publicación del Boletín Oficial del Ministerio de Fomento. Tiene relaciones con los más notables meteorologistas de Europa; fue en compañía del Sr. Mancera a los Estados Unidos, comisionado por el Gobierno de México para arreglar lo concerniente al país en la Exposición Universal de Filadelfia.

Santiago Sierra, hermano de Justo, ha sido un poeta inspirado. Abandonó la lira para continuar sus estudios, que le han dado buen nombre en el país.

Como periodista, escribió durante varios años en el Federalista y hoy es editor y redactor del Mundo Científico, publicación semanaria que cuenta como colaboradores, a las más grandes notabilidades del país.

Ramón Rodríguez Rivera, poeta veracruzano, ha dado a luz un tomo de poesías, sobre el cual escribimos y publicamos un juicio. Valen sus obras, por su inspiración y su brillantez de imágenes.

Manuel Zea, perteneciendo desde hace tiempo al grupo de jóvenes poetas mexicanos, ha sido poco afecto a publicar sus obras por desconfianza de su poco valer.

Zea es chispeante en su fácil manera de expresarse. Su estilo en prosa es florido y ameno. Sus versos son muy sentidos. Puede en cualquier tiempo en que se decida a publicar sus producciones, conquistar aplausos y buen nombre, así como los ha conquistado entre aquellos que conocemos lo que ha escrito.

Don Agustín de Bazán y Caravantes ha publicado en edición diamante, sus versos que tituló Amores y desdenes y que están divididos en tres partes:

Llantos, Saudades y Fantaseos. El Sr. Caravantes posee a la perfección varios idiomas, se dice que conoce la lengua china; está muy versado en el manejo del estilo español anticuado; habla con facilidad y elegancia, pero no es poeta. Muchas son sus composiciones, particularmente sus sonetos (ha escrito cerca de trescientos), y no hay entre sus hojas nada que pueda notificarle un puesto de honor cerca de las musas. Cada pensamiento suyo, está en la rima, sufriendo un tour de force terrible.

Su afectación extremada, el acopio de palabras desusadas y retumbantes, las imágenes oscuras, el exagerado amor propio revelado a cada paso, y hasta la dedicatoria a la Academia Española, puesta al principio de esas páginas, han valido a Caravantes amargas y justas censuras.

Sin embargo, él cree que ha escrito conforme a los más sanos principios de buena literatura y que sus versos alcanzarán eterno y universal renombre.

Don Juan Navarro, desde hace muchos años Cónsul de México en los Estados Unidos del Norte, ha escrito leyendas y versos inspirados.

Impulsó en su época muy notables publicaciones y es recordado con cariño en todos los círculos literarios.

D. Manuel M. de Zamacona abandonó desde hace mucho tiempo la lira, para entregarse a serios trabajos periodísticos y parlamentarios. Como tribuno es elocuente y razonado. Como periodista trata con especial delicadeza las cuestiones más graves. México, le agradecerá y reconocerá siempre sus eminentes servicios como miembro de la Comisión mixta de Reclamaciones en los Estados Unidos.

Entre los jóvenes escritores de la generación nueva hay que contar a Manuel Gutiérrez Nájera y a Manuel Lizarriturri. El primero, cuya facilidad para escribir la prosa amena, lo hace recomendable, promete ser un buen periodista y poeta de mérito.

El segundo, cuyas producciones encierran delicadeza de pensamiento, revelación de un alma elevada, obtendrá hermoso puesto en el templo de Apolo.

Miguel A. O’Gormman: Siendo muy entusiasta por las bellas letras, que cultiva con éxito, pertenece a las más afamadas asociaciones de esta capital. Ha escrito en defensa de la clase obrera. Versifica con gran facilidad.

Bohemia de Puebla

La Bohemia Literaria de Puebla, cuenta con algunos jóvenes de mérito que ocuparán sin duda alguna, el puesto brillante que les corresponde en el Parnaso mexicano.

Hemos hablado de José Fernández de Lara y ahora diremos algo sobre los poetas que hemos conocido en esa tierra que para nosotros es tan querida como si hubiéramos nacido en ella.

Emilio C. Morales: Escribe buenos sonetos; es poeta instruido, fácil y correcto. Ha hecho hermosas traducciones de algunas poesías de Byron y de otros bardos notables.

Abraham Sosa: Periodista sensato, y con grandes dotes como tribuno. Sus escritos encierran pensamientos vigorosos; su prosa es elegante, aunque a veces se nota en ello el descuido tolerable, que es consecuencia de las imaginaciones fogosas.

Miguel Palacios Roji: Es redactor en jefe de un periódico religioso y se ha distinguido notablemente como poeta erótico. En cada vez, sus inspiraciones adquieren más galanura y son más estimadas.

Antonio Carreón: Es sumamente joven y ya ha dado a luz un tomo de versos que intituló: Pensamientos. Promete ser en el porvenir un buen poeta, si no se abandona a sus naturales esfuerzos. Es modesto, cualidad que le obliga a escribir con timidez.

Rafael O. Serrano: Es también muy joven y posee una vasta instrucción. Su prosa, le ha dado más nombre que sus versos, y en estos campea una inspiración nada vulgar.

Patricio Carrasco: Es un escritor satírico de muy buenas disposiciones.

José Carrasco: Ha alcanzado más reputación que el anterior, en el mismo género.

Gumesindo Rodríguez: Muy pocas son las poesías que de él conocemos, pero bastan para que le llamemos poeta.

Secundino E. Sosa, Juan del Corral, Gabriel Goytia y otros jóvenes de talento, contribuyen a impulsar el movimiento literario de Puebla, y serán más tarde galas de aquel Estado.

Flores Alatorre: El nombre de este escritor es muy conocido en Puebla, porque encabeza la redacción de El Amigo de la Verdad periódico que siempre ataca de una manera poco digna las instituciones liberales.

Las producciones literarias del Sr. Flores Alatorre no nos son conocidas, y por desgracia sus artículos periodísticos no dan ninguna idea de su talento.

Rafael B. de la Colina: Literato de fuerza, versifica con notable maestría, y sus escritos en prosa son correctos y concienzudos. Ha traducido en versos españoles los poemas Parisina y El sitio de Corintio de Lord Byron.

Mariano Sánchez: Autor dramático y poeta fácil. Entre las obras que ha dado al teatro hay que enumerar El rizo de su castaña que fue recibida con grandes aplausos y La perdición de la mujer, El ángel negro, Los mártires del pecado y La estrella de redención.

Manuel Castillo: Estudiante de medicina, imita el estilo de Manuel Acuña y no carece de originalidad. Es una buena esperanza.

Rafael E. Aguilar: Ha cultivado la Literatura, pero se distingue como orador forense.

Como ya dijimos antes, en Puebla existe, fundada por el popular y buen poeta José Fernández de Lara, la Sociedad Ignacio Rodríguez Galván. Había otra denominada Ruiz de Alarcón y subsiste la que desde hace algún tiempo establecieron varios jóvenes estudiantes, y que lleva el nombre de «Sociedad Manuel Acuña».

Pertenece a la bohemia poblana el Lic. Juan Payán León, cuyos chispeantes artículos han sido más de una vez armas de combate en la prensa política. Payán León, escribe inspirados versos y tiene para sus producciones ese esprit sui generis que da vida y forma al estilo, y nombre a quien lo posee.

En las diversas ocasiones que hemos ido a Puebla, hemos podido apreciar los adelantos literarios de sus poetas, y algunos de ellos como José Fernández de Lara, nos han sorprendido con su rápido progreso.

Cuando en México se fundó el círculo literario Gustavo A. Bécquer se establecieron cordiales relaciones con los jóvenes literatos de la heroica ciudad de Zaragoza, y aunque hoy, el Círculo Bécquer ha suspendido sus sesiones, no se ha roto ese lazo por él establecido y cimentado.

La bohemia de Puebla nos es tan simpática que celebramos sus triunfos como si fueran propios, observamos su marcha y hacemos nuestras sus esperanzas.

¿Deberé guardar silencio, acerca de los escritores que habiendo nacido en lejanos países, dan a México el contingente de su talento? De ninguna manera, y menos cuando entre ellos, algunos han prestado tantos bienes a la juventud literaria.

D. Anselmo de la Portilla, redactor de la Iberia sostuvo durante mucho tiempo con exquisito tacto la delicada cuestión que se suscitó con motivo de los rencores que algunos guardaban para con España. En esa polémica, el talento de D. Anselmo cautivó y convenció a sus más enojosos adversarios.

En La Iberia prestó abrigó a las producciones de los escritores jóvenes. Allí, como he dicho antes, aparecieron las primeras producciones de los miembros de la Sociedad Netzahualcóyotl y allí también aparecieron nuestros primeros versos. Don Anselmo está considerado por todos como un compatriota, nosotros le vemos como a un Mentor venerable y acreedor a nuestra gratitud eterna

Va a publicar la Vida de Washington que tendrá sin duda un gran número de suscriptores.

El único periódico español que se publica actualmente, lo dirige el Sr. Adolfo Llanos y Alcaraz.

Siempre que se ha tratado de hacer un bien que necesite la cooperación de los escritores, ha sido de los primeros en prestarse gustoso.

Ha publicado un tomo de sus poesías, en muy lujosa edición con prólogo de D. Ignacio M. Altamirano. Es como poeta, bastante inspirado, y tiene versos como los que tituló «Juan Zamorano» que valen una reputación. Ha dado al teatro varias obras, y nosotros vimos estrenar con gran éxito en el Teatro Principal La Guerra Civil que tiene muy lindos versos. Como prosista es fácil, castizo y chispeante.

Todas las obras que ha publicado en el folletín de la Colonia española gozan del derecho de propiedad literaria.

El barón Gotskowski, actualmente redactor de Trait d’Union, tuvo a su cargo el semanario literario El Domingo que ha sido después del Renacimiento una de nuestras más interesantes publicaciones. Gotskowski, tiene gran talento y sus artículos merecen toda atención; es muy querido por todos los escritores mexicanos.

Hablando de los artículos del Sr. Gotskowski, traducidos por el Dr. Peredo, dijo una vez un escritor reputado por bueno, son como un vino generoso, servido en copa cincelada por Benvenuto Cellini.

Alfredo Torroella, poeta cubano, pero que le consideramos como nuestro, fue muy bien aceptado en México; se tenía grande ansiedad por oírle y en cada vez que subía a la tribuna era saludado con estrepitosos aplausos. Su inspiración rica, su manera de decir, la juventud que rebosa en todos sus cantos, le han conquistado el cariño de todos los literatos de México. Puso en escena su drama El mulato que fue muy aplaudido. Actualmente está en Matamoros, y bajo su dirección se publica en ese puerto un buen periódico literario llamado El Álbum. Ya en prensa esta revista, hemos tenido el gusto de verle entre nosotros.

Enrique Olavarria y Ferrari: Escritor y poeta español. Publicó en México notables producciones. Dio al teatro un drama El jorobado sacado de la novela de Paul Feval. Sus novelas El tálamo y la horca y Venganza y remordimiento que fueron bien aceptadas.

Está ahora en Madrid, donde siempre que puede, publica artículos en defensa y en honor de México; varios de estos artículos hemos leído en la Gaceta internacional de Bruselas.

José Martí, elocuentísimo e inspirado, llegó a México hace tres años y se ocupó desde luego en escribir en periódicos de buena aceptación. Martí como poeta es fecundo y original; su estilo lleno de giros especiales, le hace salir de lo vulgar; ha dado al teatro una pieza en un acto titulada Amor con amor se paga conserva inédito un drama en tres actos al que puso por nombre Adúltera. Es infatigable para escribir. Nosotros le hemos visto en una redacción, escribir el editorial, el boletín, las variedades y la gacetilla de un periódico, en un solo día, sin manifestarse cansado y sintiéndose dispuesto a continuar sus trabajos. Quien le oye hablar le quiere y le reconoce sus grandes dotes intelectuales; ha dejado la República y según sabemos está en Guatemala con todas las consideraciones a que es acreedor.

Otro escritor inteligente e instruido, periodista festivo y poeta delicado era D. Antenor Lescano.

Publicó en México El Cultivador, periódico de Agricultura, lleno de artículos y observaciones importantes; su libro de versos sobre el cual emitimos nuestro juicio en La Revista Universal; colaboró en El eco de ambos mundos escribió en otros muchos periódicos y fue en sus últimos días catedrático de la Escuela de Agricultura y profesor de Enseñanza Objetiva en varios establecimientos municipales. Lescano murió en Córdoba hace muy pocos meses, era un amigo a quien quisimos de corazón.

Dejamos con estas líneas, la eterna flor de nuestro cariño sobre su sepulcro.

Antenor, aunque nacido en Cuba, era considerado como nuestro compatriota y hermano en letras.

Mr. Antonin Belut, poeta y periodista francés, ha publicado versos de bastante mérito, y redacta actualmente el Trait d'Union. Mr. Belut, es un escritor concienzudo, quiere a México y ocupa buen lugar en nuestros círculos literarios.

El Sr. Hassey es generalmente respetado por sus grandes conocimientos en lengua e Historia Universal.

D. Ildefonso Estrada y Zenea ha dado a luz obras de enseñanza y ha fundado multitud de periódicos literarios; como profesor de enseñanza objetiva es también muy notable. Publica actualmente La instrucción pública ilustrada con los retratos de aquellas personas que más la han impulsado en nuestro país. El Sr. Zenea es autor de un drama Luisa Sigea que fue representado con éxito por la compañía de la Sra. Rodríguez en el Teatro Nacional.

Como poeta goza de justa fama, pues sus versos son inspirados y muy correctos.

Carlos Caro: Escritor español, fundó aquí la Ilustración mexicana. Es estudioso, inteligente y buen amigo de México.

Florencio Suzarte: Nació en Cuba, y ha estado mucho tiempo radicado en Veracruz. Tiene versos muy dulces y fáciles; su estilo poético, hábilmente educado, ofrece en cada día nuevas y más hermosas manifestaciones. Vive ahora en Jalapa, vergel delicioso que tantos encantos presta a los que lo visitan, para que pueda la fantasía tender su vuelo a las regiones siempre serenas de la idealidad.

Alfredo Bablot maneja con la misma elegancia y facilidad, el español y el francés. Se ha distinguido por sus magníficas crónicas musicales suscritas con el seudónimo de Proteo. Lleva varios años de ser editor y redactor en jefe de El Federalista, en cuya edición literaria han colaborado nuestros mejores escritores.

El Barón de Brakel-Velda fundó El correo germánico ha escrito multitud de artículos literarios, científicos e históricos. Se ha hecho mexicano y está nombrado Administrador de la Aduana de Maniata.

José de Jesús Cuevas: Es uno de los más elegantes escritores mexicanos. Con gran talento, con profunda erudición, después de haber hecho un viaje de estudio por Asia, África y Europa, el Sr. Cuevas ha vuelto a la patria, y vive entregado a sus negocios como abogado. Es muy elocuente y como poeta bastante inspirado.

Francisco Díaz González: Acaba de comenzar la publicación de algunos de sus primeros ensayos. Promete ocupar un buen puesto y nosotros le exhortamos a seguir con empeño y sin arredrarse nunca, en la senda que ha escogido.

Su talento es claro, y con el estudio, hará rápidos progresos.

La educación de la mujer cada día progresa más entre nosotros, y ya se hace notable el número de las que se distinguen en las asociaciones y en los establecimientos públicos del país. Pocas son las poetisas con que cuenta la República, pero hay entre ellas algunas que merecen todo género de ovaciones. Nosotros enumeraremos a las principales, y sobre cada una haremos un juicio lacónico, pues ni tenemos los datos necesarios para hacer largos estudios biográfico-críticos, ni el espacio de que disponemos para nuestra revista nos lo permitiría.

El puesto de honor entre las poetisas mexicanas, lo ocupaba Isabel Ángela Prieto de Landázuri, muerta últimamente en Hamburgo.

Era tan sensible como inteligente; sus versos, tiernos e inspirados, vieron la luz pública en periódicos denota, como El Renacimiento y El Domingo. Dio al teatro un drama intitulado, Un lirio entre zarzas, y obtuvo una ovación completa. El público la llamó con tal insistencia al palco escénico, que al fin se vio obligada a salir llevando de la mano a su pequeño hijo. ¡Qué conmovedor fue aquel espectáculo! ¡Quizá era la primera dama mexicana que recibía en un teatro y como premio a su talento, un lauro de gloria, entre los estrepitosos aplausos de una multitud entusiasmada!

La Sra. Prieto de Landázuri ha muerto, pero su nombre y sus versos vivirán eternamente en la memoria de los mexicanos.

¡Era un lirio entre las zarzas del mundo! ¡Jamás podrá extinguir el tiempo los lauros que la gloria ciñó a su frente, ni las siemprevivas que los hombres de corazón mandamos a su tumba!

Esther Tapia de Castellanos: Ha publicado la colección de sus poesías, entre las cuales hay algunas notables por su elevada entonación y sus imágenes sencillas y hermosas.

Josefina Pérez: Es muy joven y ya tiene publicadas un gran número de sus composiciones. Josefina nació y se educó en Jalapa. Posee una imaginación que llamaremos tropical; versifica con una dulzura y con una facilidad extraordinarias. Los poetas más notables de México, le han consagrado composiciones que juntas forman un álbum de inmenso valor autográfico. Josefina Pérez dejó sus bosques de liquidámbar por venir a la capital, donde los triunfos, que en distinguidas asociaciones lo ha dado su talento, le han valido ser nombrada profesora de historia en el Conservatorio de Música y Declamación y de gramática en la Escuela Nacional de señoritas.

Laureana Wrigth de Kleinhans: Es la poetisa que más se distingue por la entonación elevada y filosófica, de sus versos. Socia del Liceo Hidalgo, siempre se ha prestado gustosa a tomar parte en las solemnidades patrióticas o conmemorativas. A Laureana Wrigth le bastaría para acreditarse de inspirada e inteligente su composición intitulada Dios publicada en la edición literaria del Federalista.

Los versos que le conocemos son por lo general delicados y buenos. Ella es actualmente una de nuestras primeras poetisas.

Rita Zetina Gutiérrez ha publicado bastantes versos de los cuales son pocos los que conocemos, y estos la hacen acreedora al buen nombre literario de que ya goza en toda la República y especialmente en Yucatán.

Gertrudis Tenorio Zavala es inspirada y correcta. Conocemos muy pocas de sus producciones.

Clotilde Zárate, hermana de Julio y Eduardo, ha escrito desde muy niña versos que por su exquisita ternura han sido leídos con placer y que valen la reputación de que goza.

Hace algún tiempo que Clotilde Zárate no publica nada y sería de sentirse que hubiese abandonado la lira.

Si la mujer es una flor, que tiene por perfume la inteligencia, con decir que esta poetisa ha brotado de entre los jardines fantásticos de Jalapa, basta para dar idea de su pensamiento y de su inspiración.

Rosa Carreto, poetisa de Puebla, ha escrito y publicado bastante; es inspirada y estudiosa.

Dolores Montiel, también de Puebla, comienza a dar a luz pública sus trabajos literarios y es una halagüeña esperanza para la poesía.

Julia G. de la Peña colabora en El Álbum que Alfredo Torroella dirigió en Matamoros. En ese periódico hemos visto sus versos siempre dulces y tiernos.

Debe seguir cultivando las bellas letras, puesto que con tanta facilidad sabe expresar sus pensamientos.

María del Refugio Argumedo de Ortiz: Hace bastante tiempo que conocemos sus producciones y mientras más escribe más confirma la buena opinión de que goza entre los circuitos literarios.

Dolores Salazar de Payán ha escrito multitud de poesías de las cuales pocas son las que han visto la luz pública.

En el certamen literario que abrió el círculo literario Gustavo A. Bécquer, mereció el primer premio, que consistió en una flor (pensamiento) de filigrana de plata y un diploma honorífico.

La Sra. Salazar nació en Puebla, es todavía muy joven, y ya ocupa un envidiable puesto entre las demás poetisas mexicanas.

Cristina Farfán, yucateca, goza de muy buena reputación. Nosotros conocemos muy pocos de sus versos, y aunque no bastan para formarse idea exacta de su estro poético le dan derecho al título de poetisa.

En el año de 1874 se fundó en México una Sociedad de señoritas, que tuvo por nombre «El Ramillete de Flores».

Dieron una velada en honor de Manuel Acuña y casi todas las socias leyeron composiciones más o menos sentidas. Como después de aquella noche no hemos visto que tomen parte en otras solemnidades de ese género, ni que hayan continuado publicando sus producciones, hemos creído prudente no emitir nuestra opinión sobre algunas de ellas.

Sabemos que ya no existe esa sociedad, y no conocemos otra de esa naturaleza.

En el Liceo Hidalgo hemos oído hablar a las Sras. Satur L. de Alcalde y Adela Mexia de Hammecken.

De la primera, conocemos algunos artículos en prosa que revelan su talento. De la segunda, nada hemos visto desgraciadamente.

En el Saltillo hay algunas poetisas entre las que se distinguen notablemente las Srtas. Guadalupe y Betsabé Gómez Cárdenas, la primera autora de los dramas Mártires y verdugos y Los reyes de Texcoco; la segunda del drama Recompensa del martirio todos representados con buen éxito; y la Srta. Josefa Montes ha escrito El condottiero y Sofía Primavera que obtuvieron completos triunfos.

María de Jesús Inés de Castro se ha distinguido por sus cantos patrióticos. Hace algunos años que ya no hemos visto publicados versos de esta poetisa tan modesta como inspirada.

Guadalupe Ramírez: Ha publicado varios textos poéticos, que le auguran si se dedica con especial esmero a las bellas letras, un lugar honroso entre las demás poetisas.

Laura Méndez de Cuenca, instruida, elocuente y con una inteligencia nada vulgar, ha ido con el anónimo sus más bellas producciones muchos de sus versos publicados en El Siglo XIX de 1874, llamaron notablemente la atención. Sus poesías son filosóficas y de escuela enteramente moderna. La Sra. Méndez de Cuenca escribe ahora un drama que será probablemente puesto en escena y alcanzará completo triunfo.

Es, si no la mejor, una de las mejores poetisas de México.

Rosa Espino: Este nombre sirvió de seudónimo a uno de nuestros más inspirados vates y no quiero sin su permiso descubrir el secreto. Baste decir que las Flores del alma se han agotado y son leídas con gusto. ¿Qué importa saber quién fue el autor que no necesitó de ese libro para ser conocido y conquistar un puesto en el Parnaso?

¿Y Flora? Ha colaborado en El Federalista, pero no sabemos con certeza quién es... Algunos aseguran que... ¡Silencio! No hay que dar cabida a hipótesis infundadas.

Muchas otras poetisas existen, pero con las que hemos citado basta para dar a conocer los notables adelantos literarios del bello sexo en nuestro país.

¿Son los que he citado los únicos que contribuyen actualmente a dar vida a la literatura en nuestra patria?

¡Evidentemente que no! Muchos otros, más o menos notables, ilustran diariamente las publicaciones con artículos y versos, dignos de tomarse en consideración; pero en esta revista no sería posible citar a todos, ni menos cuando me reservo muchos datos, para dar a luz dentro de breve tiempo mi obra sobre los Escritores y poetas modernos mexicanos. Para este libro tengo avanzado mucho, y me faltan datos biográficos, que agradeceré me remitan las personas que figuran en la anterior revista, a la botica de la calle de León, entregándolos al Sr. José Fuentes Rulfo.

Mi obra contendrá además de la biografía, el retrato y dos de las más notables producciones de cada escritor y poeta.

Creo que he sido imparcial en las opiniones que aquí dejo asentadas, pues no tengo razón para adular ni para abatir a nadie. No conocen en el extranjero sino a muy pocos de nuestros escritores y yo he querido que El Anuario Mexicano cuya profusa circulación es innegable, lleve a remotas regiones el primer dato sobre la Bohemia Mexicana.

Los que me condenen el atrevimiento de hacer un juicio general sobre mis compañeros, tengan presente que no me ha guiado otro ánimo que el de hacer algo útil; y que mi Revista debe ser considerada como una conversación en pésimo estilo, que dirijo a los que ni idea tienen formada de nuestros literatos uno que ha vivido entre ellos, gozando con sus triunfos, lamentando sus infortunios y deseando de todo corazón, gloria y renombre para provecho de ellos y bien de nuestra patria.

Sea mi trabajo, la primera hoja de un libro que toca escribir a esclarecidos ingenios y que hace falta a todos los que se interesan por nosotros: la Historia de la Literatura en México.

México, diciembre 31 de 1877.

Juan de Dios Peza.