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Larra estaba orgulloso de los aplausos la noche del estreno e inmediatamente se los ofrece a Dolores de Armijo, ya presente en la vida del Larra recién casado. Vid. A. Rumeau, «Un document pour la biographie de Larra: le romance Al día 1 de mayo», BHi, XXXVII (1935), págs. 196-208.
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El mismo año de No más mostrador estrena otra comedia de Scribe, La Madrina. Al año siguiente vuelve con Felipe, también del «fecundo» Scribe; compone el libretto de una ópera del maestro Carnicer (ruidoso fracaso en el Príncipe el 16 de junio de 1832) y presenta Roberto Dillon («una travesura de Larra», según A. Rumeau, art. cit.) el 11 de octubre de 1832 en el Príncipe. Sobre el drama histórico Fernán González (1832), no estrenado, véase otro artículo citado de A. Rumeau, «Une copie manuscrite...», págs. 112-14.
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Cartas españolas, o sea revista histórica, científica, teatral, artística, crítica y literaria. Publicadas con Real Permiso, y dedicada a la Reina Nuestra Señora, por don José María de Carnerero. Madrid, imprenta de J. Sancha.
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G. Le Gentil, ob. cit., págs. 16 sigs.
385
Vid. C. M. Montgomery, ob. cit., págs. 87-89 y E. Correa Calderón, ob. cit., págs. 647-52. Atribuyen el seudónimo de El Observador a Mariano de Rementería y Fica, pero la atribución es falsa. Véase J. Escobar, «Sobre la formación del artículo de costumbres: Mariano de Rementería y Fica, redactor del Correo Literario y Mercantil», BRAE (1970), págs. 559-73.
386
Vid. Vicente Lloréns, ob. cit., pág. 179, n. 11, y Jorge Campos, «Vida y obra de Espronceda», introducción a las Obras completas, BAE, LXXII, pág. XIX.
387
Vicente Lloréns, ob. cit., págs. 213-15. Para ver el contraste que ofrecía la Prensa de la emigración con respecto a la del interior, véase el cap. VIII «Periódicos de la emigración».
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El Solitario y su tiempo, I, Madrid, 1883, pág. 135.
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Cuaderno 66, 23 de agosto de 1832, 226. La hostilidad de Carnerero hacia Larra continúa en las Cartas Españolas: «Con cuatro aplicaciones locales, unos cuantos dichitos malignos, y media docena de saetillas bien disparadas, se colora cualquier pobre diablo de hablador en postura de decir lo que le parezca, salvo a que luego cada uno traduzca a su modo lo que él tradujo al suyo» (ibíd., pág. 225). Los textos citados se refieren al núm. 1 del Pobrecito Hablador. Un año antes, en la crítica de No más mostrador, Carnerero había aconsejado a Larra que suavizara en adelante «ciertos coloridos que degeneran en sátira apasionada» (cuaderno 5, 11 de mayo de 1831, pág. 119). Del segundo cuaderno del Pobrecito Hablador dice: «Santos deben ser estos hombres tan rígidos y regañones, a quienes nada parece bien, que de todo tienen que murmurar, y que sin duda quisieran fabricarse un mundo ideal y nuevo para vivir en él». Y después de citar los versos del Hablador
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(el subrayado de los adjetivos es de Carnerero), añade: «Así debe ser; quien evita el peligro, evita la ocasión; saliendo de la Corte se salvan no pocas contingencias. A los campos, a los bosques, y si es menester a las cuevas: allí, allí es donde deben vivir los hombres de conciencia indomable, aunque sean satíricos, y bachilleres» (cuaderno 68, 6 de septiembre de 1832, páginas 281 y 282).
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Obras, IV, 336 a.