Las princesas Margaritas, protectoras de las letras
Estudio dedicado a la simpática República de Venezuela, entusiasta propagadora de las artes y las letras
Concepción Gimeno de Flaquer
¡Margarita! Este nombre era un talismán para los literatos del siglo XVI.
Parecían destinadas las princesas de este nombre a difundir el esplendor de las artes y las letras, a proteger a los sabios, a popularizar la erudición.
El Heptamerón de Margarita de Valois, libro que los críticos colocan a la altura del famoso Decamerón de Bocaccio, va inseparablemente unido al Renacimiento, marcando uno de sus más brillantes períodos: las tres princesas Margaritas son la gala del siglo de oro de las letras, del afortunado siglo XVI.
Los novelistas, al querer enaltecer a las tres Margaritas que brillaron en el mismo siglo, han establecido gran confusión, atribuyendo a una las cualidades o los defectos de otra. Las tres Margaritas del siglo XVI fueron inteligentes y bellas; las tres se distinguieron por su amor a las letras; las tres las cultivaron, mas es preciso tener en cuenta que Margarita de Valois o de Angulema, hermana de Francisco I, fue virtuosa cual Margarita de Francia, hija de este; mientras que a Margarita, reina de Navarra, esposa de Enrique IV, conociéronsele debilidades de corazón, pues la historia menciona sus preferencias hacia el duque de Guisa, hacia La Mole, Bussy d'Amboise y otros.
La primera de las tres Margaritas del siglo XVI es Margarita de Valois, hija de Carlos de Orleans y Luisa de Saboya, la cual nació en Angulema en 1492 y murió en 1549; la segunda es Margarita de Francia, duquesa de Saboya, hija de Francisco I, que nació en Saint-Germain, en 1523 y murió en Turín en 1574; viósela siempre rodeada de sabios, y a pesar de la corrupción de su época, conservó su reputación intachable; la tercera es Margarita de Navarra, primera esposa de Enrique IV, que nació en Laye y murió en París el 27 de mayo de 1615. Esta princesa, autora de unas Memorias, fue mujer de costumbres licenciosas y tuvo una vida muy novelesca. Aunque ilustrada cual Margarita de Valois, no fue tan seria como aquella, pues la hermana de Francisco I se consagró completamente al estudio, y la hermana de Carlos IX dividió su atención entre los libros y las frivolidades; denominósela princesa del buen tono y creadora de la moda. Enemistada con Carlos IX y con Enrique IV, tuvo que retirarse al castillo de Uson, donde vivió diez y ocho años en una semiprisión que ella procuró no convertir en Tebaida, pues lejos de hacer vida cenobítica, se refieren de la época de su cautiverio escandalosas aventuras, siendo el héroe de una de ellas el gobernador del castillo, Mr. Canillan. En el renombrado castillo de Uson escribió sus Memorias para que fueran publicadas después de su muerte; en ellas ofrece datos importantes acerca del papel que se vio obligada a representar entre dos reyes enemigos, su marido y su hermano, pero no refiere los episodios amorosos de su turbulenta vida. Débese a tal omisión el que sus Memorias, elegantemente escritas, hayan sido tachadas de incompletas; nosotros le celebramos ese pudor de ultratumba, único que poseyó. Los literatos fueron benévolos al juzgarla, agradeciendo la protección que siempre les había dispensado.
Descuella entre las tres princesas del siglo decimosexto Margarita de Valois, que es la que merece la atención del biógrafo. Era universalmente denominada gentil esprit. Erasmo y Marot le consagraron grandes elogios en sus libros. La elevación de ideas de esta ilustrada princesa, queda revelada en la divisa que adoptó; consistía en un girasol rodeado de estas palabras: Non inferiora secutus, no seguir objetos vulgares. Recibió una educación tan completa como severa bajo la vigilancia de su virtuosa madre Luisa de Saboya.
Poseía extensos conocimientos dominando el hebreo, el griego, el latín, el italiano y el español. Era tan fecunda que dictaba a dos secretarios simultáneamente sus bellos escritos; en francés diéronla el título de «literata distinguida», título del cual se enorgullecía. Hasele censurado el estilo de sus obras un tanto desenvuelto; pero de esto no se debe culpar a ella sino al gusto de su época. No deja de ser libre el estilo de Cervantes, Lope y Quevedo, escritores insignes del siglo de oro de nuestra literatura.
Uno de sus biógrafos refiere que cuando ella quería lucir una frase ingeniosa de doble sentido; la trasmitía a sus oyentes en español o en italiano para quitarle la fuerza que pudiera tener en francés. Este rasgo la defiende de las censuras lanzadas contra su atrevido estilo. Ha sido acusada también de herética por su indulgencia con calvinistas y luteranos; pero es injusta tal acusación. Margarita, dotada de un criterio elevadísimo, procuraba unir a católicos y protestantes porque presentía las sangrientas luchas que habían de surgir entre ellos. Su espíritu conciliador y el hallarse entre los reformistas tantos literatos, impulsola a la benevolencia; mas este no es motivo para que se haya dudado de su ortodoxia.
Caritativa, tierna y generosa, dulcificaba el rigor de Francisco I para con los reformistas, alcanzando clemencia para ellos.
Margarita era sinceramente católica, mas aunque no lo hubiese sido por convicción, hubiera abrazado el catolicismo por ser la religión del hermano a quien tanto amaba. Este lo dijo en una ocasión a varios católicos que osaron dudar de los sentimientos religiosos de Margarita, contestándoles en esta forma: «Mi hermana no puede tener otra religión que la mía»
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Algunos fanáticos llegaron a temer que Margarita hiciese apóstata al rey, que le hiciese abjurar de su fe; este es un absurdo que solo podían alimentar inteligencias exaltadas. Si el rey consultaba a su hermana los negocios del Estado, lo cual dio lugar a que dijesen estaba dominado por ella, era porque tenía gran confianza en su afecto, lealtad y buen criterio.
La vida de esta ilustrada princesa no la llenó más que una pasión, el amor a su hermano. Casada con el duque de Aençon, príncipe de corta talla intelectual, y más tarde con Enrique Albret, que era un hombre vulgar, el corazón de Margarita necesitaba amar a un ser superior, con un amor elevado que no empañara su conciencia; y ese amor noble, legitimo y puro, no podía ser otro que el amor a su hermano.
Luisa de Saboya y Margarita rendían su más respetuoso culto al rey poeta; la correspondencia entre las dos hállase esmaltada con el nombre del adorado Francisco, al cual denominan apasionadamente, tanto la madre como la hija: «nuestro glorioso César, el encanto de nuestra vida».
La hermana del vencedor de los helvecios fue a visitar al rey caballero, cuando se hallaba preso en Madrid, después del desastre de Pavía, y la bella princesa despertó con su elocuencia la más ferviente admiración en la fastuosa corte del emperador Carlos V.
Margarita de Valois ha publicado novelas, poesías religiosas y un poema titulado Espejo del alma pecadora, impresiones, noticias, y el Heptamerón. En la correspondencia que sostuvo con Francisco I, aparece tan tierna hermana como hábil diplomática, y en sus cartas dirigidas al Obispo de Meaux se remonta a la altura del teólogo.
No solo han brillado en Francia las tres Margaritas del siglo decimosexto; otras princesas han contribuido también a glorificar el nombre de Margarita, a darle celebridad, a hacerle sinónimo de belleza, sabiduría y esplendor.
Margarita de Anjou, Reina de Inglaterra, casada con Enrique VI, se distinguió por el talento y el valor. Asistió en persona a once batallas campales arriesgando su vida con la mayor serenidad. Viendo que su esposo no tenía facultades para reinar, tomó las riendas del Estado y en distintas ocasiones hizo frente a las tropas del ambicioso duque de York. Dotada de gran sagacidad política, aprovechándose de una ausencia del Regente, condujo a su marido a la Alta Cámara e hízole declarar que ya no necesitaba tutela alguna. Decretose la abolición de la Regencia por el momento, gracias a su audacia. Margarita de Anjou es la bella princesa cuyos partidarios tuvieron por emblema la rosa encarnada, en contraposición a los de York que tenían la blanca.
Margarita, Reina de Dinamarca; Suecia y Noruega, hija de Valdemar, rey de Dinamarca, fue tan enérgica que la denominaron Semíramis del Norte. Esta princesa reunía a los encantos de su sexo cualidades viriles; desde su infancia se distinguió por su carácter firme, de tal modo que su padre decía: «La naturaleza se ha equivocado al darle sexo femenino»
. Ella reunió los dos reinos escandinavos, aumentó notablemente los tesoros del Erario, y bajo su reinado y regencia el pueblo fue muy feliz.
Margarita de Provenza, nacida en 1219 y muerta en 1295, fue digna esposa de San Luis, Rey de Francia; distinguiose por sus virtudes y por los prudentes consejos que siempre dio al rey; acompañó a este a las Cruzadas favoreciéndolas cuanto pudo.
Margarita de Escocia, mujer de Luis XI, protegía a los literatos y escribía versos. Era muy admiradora de Alain Chartier, distinguido poeta de su corte; un día encontrolo dormido en uno de los salones de Palacio y le besó en la frente en presencia de varios cortesanos. Preguntáronle cómo había besado a un hombre tan feo, y ella repuso: «Yo no he besado al hombre, sino la frente que guarda tan altas ideas»
. Margarita de Escocia ha sido una de las reinas más sabias.
Margarita, duquesa de Mantua, fue una italiana célebre por su belleza y su ingenio: casada en 1532 con Federico de Gonzaga I, ayudole en toda gran empresa dando verdadero impulso al progreso.
Margarita de Austria, duquesa de Parma, gobernadora de los Países Bajos, hija natural de Carlos V, estaba dotada de gran talento y gran carácter. Prescott, hablando de ella, dice lo siguiente: «Poseía un excelente juicio, rápida comprensión, se adaptaba fácilmente a las exigencias de su posición, mostrando en los negocios mucho acierto y en las cuestiones políticas una rara habilidad, adquirida tal vez en la escuela de los políticos italianos»
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Estas breves líneas de Prescott equivalen a la mejor biografía, pues el distinguido historiador es parco en elogios.
Célebre fue por su capacidad política otra Margarita de Austria que también gobernó los Países Bajos, nació en Bruselas, en 1480 y murió en Malinas en 1530. Era hija de Maximiliano de Austria. Esta Margarita es la que negoció con Luisa de Saboya la llamada Paz de las Damas. Hizo florecer las artes y las letras y compuso gran número de versos que permanecen inéditos en los archivos.
Poético es el nombre de Margarita, derívase del idioma persa y significa perla. La bella flor de este nombre vive todo el año, resiste los hielos, y cuando las brumas nos envuelven en la triste estación, ella alegra nuestra vista haciéndonos soñar con la primavera. La estrella de los prados, la bella margarita, es también el oráculo de los amantes, en ella intentan leer su horóscopo, por ella quieren saber si son correspondidos en su amor:
Glorioso fue el destino de las princesas que se llamaron Margaritas; sus nombres, enlazados a los de los poetas y los artistas, han pasado a la posteridad circundados de una aureola.
Entre las princesas Margaritas, la más interesante fue la bella, la ilustrada, la sentimental Margarita de Valois. La protectora del Renacimiento, gala del siglo XVI y orgullo de los franceses, fue tolerante en épocas de intolerancia religiosa; seria en épocas de frivolidad, virtuosa en épocas de corrupción de costumbres; digna hermana del Rey Caballero, excelsa madre de la virtuosa Juana de Albret e ilustre abuela del gran Enrique IV.
Margarita de Valois es, como decía Francisco I, «la Margarita de las Margaritas»
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México, julio de 1886.