41
No creo que sea por aburrimiento, como opina HIGASHITANI, op. cit., pág. 113.
42
A este propósito aconseja CASALDUERO, op. cit., pág. 252: «El [papel] de la muchacha [...] es un ejemplo de lo femenino. El problema para la actriz consiste en no caer en la ñoñería o en lo sensiblero, pasar sin brusquedad, pero con energía de la gracia casi infantil a la fuerza y seriedad de sentimiento, hacernos ver cómo el corazón femenino y joven está formado por esos elementos aparentemente contradictorios».
43
Vgr., I, 8; II, 9 y 10; III, 5.
44
Tras convencer al joven para que regrese a su acuartelamiento, se interesa por sus posibles deudas y necesidades económicas, para lo que le promete hacer que le entreguen 100 doblones, suma muy importante, según ha calculado ANDIOC, ed. cit., pág. 237; vid. también su Teatro y sociedad..., pág. 505.
45
Cfr. el párrafo titulado «El ritual», del artículo de PAVEL CAMPEANU «Un papel secundario: el espectador», en André Helbo et. al., op. cit., pp. 108-110.
46
Cfr. sobre la gestualidad de esta escena los comentarios de CASALDUERO, op. cit., pág. 255, y ANDIOC, Teatro y sociedad..., pág. 459.
47
Estallido relativo, por supuesto; estamos muy lejos todavía -aunque sólo falten treinta años- de un final desaforado como el de Don Álvaro.
48
«Concluye, en efecto, la comedia con el cuadro de una familia cuya jerarquía interna, presentada como ejemplar, acaba de sustituir a la accidental que antes naciera del error de Doña Irene», escribe ANDIOC, Teatro y sociedad..., pág. 506; vid. también lo que allí añade y compárese con la opinión de GLENDINNING, que en seguida discutiré.
49
No es tan insólita la comparación: al parecer, según cuenta el propio Moratín en carta a su amigo J. A. Melón, fechada el 29-III-1824, por aquellos días se estrenaron en París algunas adaptaciones musicales de El sí; vid. Epistolario, ed. cit., pág. 584, y los datos que allí añade Andioc.
50
En su artículo citado en la nota 1 observaba cómo estas situaciones son casi iguales todas ellas: «En aquellas últimas escenas vemos un como 'rito' final que resuelve sistemáticamente obras que yo creo igualmente sistemáticas [...] El 'rito' es el siguiente: los que se han equivocado durante el drama se arrodillan delante de los rectos y buenos para pedirles perdón. Luego, perdonadas las equivocaciones, todos se abrazan cariñosamente». Pienso que, precisamente en El sí, hay una cierta diferencia que discute la lectura que Glendinning hace de ese rito: ¿se han equivocado Doña Francisca y Don Carlos?; ¿son Don Diego y Doña Irene los rectos y buenos?