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21

En la temporada 1968-69 se representó en Madrid El sí de las niñas, bajo la dirección de alguien que ha dado reiteradas pruebas de su inteligencia y sensibilidad, Miguel Narros (cfr. el juicio de Andioc que recogí en la nota 4); no vi esa representación ni he localizado otro testimonio crítico que algunos elogios, poco específicos, en el artículo de DAVID LADRA, «Moratín, hoy», en Primer Acto, n.º 112, septiembre, 1969, pp. 13-33, escrito con motivo de aquella reposición.

 

22

Art. cit. en la nota 5, pág. 236: «La luz, además de mostrarnos el paso de las horas, tiene una función dramática -la oscuridad da motivo a la peripecia- y tiene también un oficio simbólico: la razón se va imponiendo a los hombres y el sol substituye a las tinieblas de la noche»; vid. también en las pp. 249-250 algunas precisiones, señalando momentos de la comedia en que se evidencia ese simbolismo.

 

23

HIGASHITANI, op. cit., pág. 80; ENRIQUE MORENO BÁEZ, «Lo prerromántico y lo neoclásico en El sí de las niñas», en Homenaje a la memoria de Rodríguez Moñino, Madrid, Castalia, 1975, pág. 476; citaré luego la interesante matización que hace Villegas.

 

24

Teatro y sociedad..., pág. 461.

 

25

J. VILLEGAS, Interpretación y análisis..., pág. 87, advierte en este proceso de iluminación un sentido más amplio -ya sugerido por Casalduero-, que alcanza a simbolizar una determinada visión del mundo, la que corresponde a la edad de la razón y de las luces: «Al primer acto corresponde una luz clara que tiende a oscurecer; el segundo acontece en la mayor oscuridad, y, por último, el tercero va de la oscuridad a la claridad del amanecer. La luz simboliza, en la época, la razón (la Ilustración). A la ausencia de luz -ausencia de razón- sigue una intensificación del conflicto. El segundo acto, máxima oscuridad, representa el punto más bajo del conflicto y la mayor confusión. Por fin, a la salida del sol, amanecer, tercer acto, corresponde un entrar en razón de don Diego, quien toma la cuerda decisión de resignarse a ser abuelo y ceder su puesto amoroso a su joven sobrino, don Carlos. De este modo, el examen de un aspecto del tiempo nos conduce desde rasgos, en apariencia, puramente formales, hasta la visión del mundo del momento histórico. La ausencia de la razón -luz- conduce a la infelicidad y a comportarse antinaturalmente. El retorno de la misma trae la armonía y la felicidad. Sólo los hombres que actúan 'racionalmente' -iluminadamente- podrán llegar a la felicidad y originar la armonía familiar y social».

 

26

Teatro y sociedad..., pág. 56.

 

27

Ejemplo de corrección por motivos ideológicos hay en el párrafo «¡Cuántas veces una desdichada mujer halla anticipada la muerte en el encierro de su claustro porque su madre o su tío se empeñaron en regalar a Dios lo que Dios no quería!» (II, 5), que figuraba en las impresiones de 1805 y 1806 y falta en la parisina de 1825 (cfr. en la de Andioc, pág. 212). De lo segundo, sería la alusión de Paquita a «aquella monja tan gorda que se llama la madre Angustias, bien sudaba... ¡Ay!, ¡cómo sudaba la pobre mujer!» (I, 3), que según F. RUIZ MORCUENDE (ed. en Clásicos Castellanos, Madrid, 1933, pág. 160) «fue suprimido por Moratín temeroso del Santo Oficio», y que ANDIOC (ed. cit., pág. 178) atribuye a razones estéticas: «El autor se daría más bien cuenta de que el evidente mal gusto de la alusión acababa de aniquilar su ya escasa fuerza satírica o cómica. Y la suprimió».

 

28

Vid. ANDIOC, ed. cit., pp. 248-250; también, con algunas variantes, en: L. F. DE MORATÍN, Teatro completo, I, edición de Fernando Lázaro Carreter, Barcelona, Textos Hispánicos Labor, 1970, pp. 323-324.

 

29

Así, la acotación inicial de III, 1, que en 1806 decía: «(Teatro oscuro. Sobre la mesa habrá un candelero con vela apagada y la jaula del tordo. Simón duerme tendido en el banco. Sale don Diego de su cuarto acabándose de poner la bata)», a lo que seguían las palabras de don Diego; en 1825 se suprime la frase última («Sale... bata»), de manera que la intervención del personaje va precedida inmediatamente de esta acotación: «(Sale de su cuarto poniéndose la bata)»; vid., LÁZARO CARRETER, ed. cit., pág. 321; ANDIOC no señala esta variante y se limita a reproducir el texto según la versión de 1825.

 

30

Esta última corrección, autógrafa de Moratín en su ejemplar, según LÁZARO CARRETER, ed. cit., pág. 314. Para las demás variantes, cfr. esa edición y la de Andioc.