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21

Vigorosamente negado por Edmund L. King en su discusión del libro de Van Praag-Chantraine («Gabriel Miró introduced to the French», p. 330). Paciencia Ontañón de Lope ofrece, a su vez, argumentos favorables al conocimiento directo de Freud por Miró («Realidad y patología de un personaje mironiano», p. 145). «Suppongo che Miró conoscesse, direttamente o indirettamente, l'opera di Freud», afirma Franco Meregalli, «Gabriel Miró», en «Parole nel tempo»: Studi su scrittori spagnoli del Novecento (Milán: Mursia, 1969), p. 156. Es de notar que la biblioteca privada incluyó en tiempos unas Obras completas de Freud, casi con seguridad las de López Ballesteros, publicadas a partir de 1922 (Macdonald, Gabriel Miró, p. 226). No hay que olvidar tampoco que sus peores enemigos tacharon a Miró, todavía en vida, de simpatías freudianas. En la primavera de 1927 el periodista católico Nicolás González Ruiz publicó en El Debate un violento artículo en que le acusaba de «freudiano» y de pornógrafo «perfectamente repugnante» (ibid., p. 33). Toda esta cuestión, enredada con la todavía muy oscura de los orígenes de Freud en España, constituye uno de los grandes problemas planteados a la crítica mironiana.

 

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El fenómeno literario supuesto por estas colecciones populares ha sido estudiado por Luis S. Granjel, «La novela corta en las revistas literarias (notas para una sociología de la novela corta, 1907-1936)», Cuadernos Hispanoamericanos, n. 222 (junio, 1968), pp. 477-508. Manuel Martínez Arnaldos, «El género novela corta en las revistas literarias (notas para una sociología de la novela corta (1907-1936)» en Estudios literarios dedicados a Mariano Baquero Goyanes (Murcia, 1972), pp. 235-50.

 

23

La comparación de ambas novelas merecería un estudio detenido. La viudita soltera se propone obviamente apurar el tema de la vida de Orihuela, con «sus calles estrechas y ramplonas, acuchilladas de iglesias y de conventos», sin contar su espantoso colegio de jesuitas. Su protagonista, el adolescente Fernando Larios, encuentra una noche en su cama una serpiente enroscada, causa de un susto casi mortal. Se trata, típicamente, de un claro eco de los inolvidables temores de Antón Hernando, cuando tiembla de imaginar que cierto conjurado súcubo venga a su yacija de colegial bajo forma de escamoso reptil. Curioso también, para reconstruir el camino hacia Oleza, otro borbotón anticlerical del mismo Luis Antón del Olmet, para quien las órdenes religiosas «dan rara vez de frente sus batallas. No se atreven aún a querer gobernar como en el Paraguay y en Orihuela, pero ya tienen impedido el avance de los guerrilleros futuristas» (Misa negra: Documentos vivos de crimen y lujuria [Madrid: Renacimento, 1920], p. 248). Antón del Olmet asistió al banquete de homenaje a Miró, tras el premio de Nómada.

 

24

Así lo da a entender Manuel Abril, Felipe Trigo. Exposición y glosa de su vida. Su filosofía. Su moral. Su arte. Su estilo. (Madrid: Renacimiento, 1917), p. 55.

 

25

Aspecto de su obra característicamente negado también por J. de Entrambasaguas, refiriéndose «a la valoración del amor predominante en Miró, completamente infantil, sin erotismo» (Las mejores novelas contemporáneas, IV, 654). Curioso en otro sentido el juicio de Adolfo Lizón, para quien «Miró tiene casi siempre a la vista la voluptuosidad sexual a lo Walter Pater» (Gabriel Miró y los de su tiempo [Madrid, 1944], p. 140).

 

26

Ideas reseñadas por Alma T. Watkins, Eroticism in the Novels of Felipe Trigo (New York: Bookman Associates, 1954) y Jan P. Ton, Felipe Trigo: Estudio crítico de sus obras novelescas (Amsterdam, 1952).

 

27

Francisco Márquez Villanueva, «Gabriel Miró, entre filografía y biografía (Dentro del cercado)», incluido en el presente volumen. Como indicio curioso de la profunda desorientación causada por la obra de Miró cabría citar el caso de esta obra, recomendada «para todos», junto a serias cautelas sobre el resto de su novelística, por parte del P. A. Garmendia de Otaola en su inefable diccionario Lecturas buenas y malas a la luz del dogma y de la moral (Bilbao: El Mensajero del Corazón de Jesús, 1953).

 

28

En palabras del propio Miró (Vicente Ramos, Vida y obra de Gabriel Miró [Madrid-El Grifón, 1955], p. 193).

 

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Los asesores eclesiásticos incluso le privaron en esta última etapa de toda decisión sobre artículos y colaboradores, «que han de recibir la aprobación del Prelado» (carta a Francisco Figueras Pacheco, Barcelona, 12 de diciembre; del archivo de Juan Guerrero Ruiz, custodiado en la sala Zenobia y Juan Ramón Jiménez de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras). Sobre la distinguida figura de este entrañable amigo y notable arqueólogo, Vicente Ramos. Francisco Figueras Pacheco (Alicante, 1970).

 

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La virulencia de una guerra civil, apenas aplazada y latente bajo la Restauración, ha de constituir una de las consideraciones básicas en todo intento de profundizar en la vida intelectual del primer tercio del siglo. No en vano requería un despertar colectivo a esta amarga realidad doña Emilia Pardo Bazán en fechas muy tempranas (R. Hilton, «Pardo Bazán and the Spanish Problem», Modern Language Quarterly, 13 [1952], 292-98). Precisa añadir aquí la claridad con que las colecciones de novelas cortas respondían a este planteamiento combatiente.