1
Intento principal de Joaquín de Entrambasaguas en su dilatado estudio preliminar a Las cerezas del cementerio en la serie Las mejores novelas contemporáneas (Madrid: Planeta, 1962), IV, 597-721. La «fe intacta»
(p. 646) y la «heterodoxia inexistente»
de Miró (p. 652), «absoluto creyente»
(p. 696), se acreditan con tan peregrinos fundamentos como la fotografía en que el novelista aparece, a sus diez años, vestido de monaguillo (p. 603), cual augurio de la púrpura cardenalicia (p. 699) y de una frustrada vocación al sacerdocio. Lo único que existiría en Miró sería cierto «resentimiento»
(pp. 605, 651) contra los jesuitas, a quienes, por desgracia, «no comprende»
(p. 696). Tan descabellada pretensión tropieza muy pronto, como es lógico, con obstáculos muy bastantes para exasperar al propedeuta, que ve muy mal la preferencia de Miró por «nauseabundos temas»
(p. 642) o «la continua pazguatería con que escribe, tan maravillosa como atravesadamente, cuanto pueda parecer ridículo de la Iglesia Católica, sobre todo en la última época de Nuestro Padre y El obispo leproso»
, todo ello tan chocante en «quien vivió dentro del catolicismo»
(p. 650); no se diga, para colmo, de sus escasas simpatías hacia el carlismo, «que era lo único noble políticamente en aquella época»
(p. 696). Para otros juicios temerarios cabría citar la supuesta retirada de sus novelas primerizas por haber caído en la imitación de «novelistas ateos»
(p. 662) y por la penosa impresión que esto habría de causar en su familia y amigos, que eran personas muy religiosas. Tales ideas de Entrambasaguas son, a su vez, adoptadas como punto de partida por Vicente Ramos al estudiar «La religiosidad», en El mundo de Gabriel Miró (Madrid: Gredos, 1964), pp. 63-76. La cuestión de la actitud personal de Miró hacia la fe y prácticas católicas queda definitivamente zanjada por la crítica de Edmund L. King al libro (notablemente benévolo y no menos conspicuamente despistado) de Jacqueline Van Praag-Chantraine («Gabriel Miró Introduced to the French», Hispanic Review, 29 [1961], 324-32).
2
Lenguaje y poesía: Algunos casos españoles (Madrid: Revista de Occidente, 1962). Versión inglesa (Harvard Univ. Press) publicada en 1961.
3
Ian R. Macdonald, Gabriel Miró: His Private Library and His Literary Background (Londres: Tamesis Books, 1975).
4
Jean-Marie Guyau (1854-1888), autor del notable Esquisse d'une morale sans obligation ni sanction, presente en la biblioteca de Miró. Acerca de la paralela influencia de sus ideas sobre el tiempo (La Genèse de l'idée de temps) sobre el joven Azorín, véase Carlos Clavería, Cinco estudios de literatura española moderna (Salamanca, 1945), p. 58, y R. W. Fiddian, «Azorín and Guyau: A Further Point of Comparison», Romance Notes, 16 (1974-1975), 474-78.
5
«Criticism has not yet seen Miró whole» (Gabriel Miró, p. 204).
6
Estudios incluidos en el presente volumen. Las primeras noticias sobre la biblioteca privada de Miró, ofrecidas por R. Vidal (Gabriel Miró. Le style. Les moyens d'expression [Bordeaux, 1964]) incurrieron en el error de no incluir a Zola entre los autores en ella representados. Macdonald registra la presencia en ella de una traducción de Germinal (Gabriel Miró, p. 210).
7
Rafael Pérez de la Dehesa, «Zola y la literatura española finisecular», Hispanic Review, 39 (1971), 53. Sobre Zola en el ambiente valenciano, Jorge Campos, «Hacia un conocimiento de Azorín», Cuadernos Hispanoamericanos, n. 226-227 (octubre-noviembre, 1968), p. 117.
8
Según observa Enrique Rubio Cremades, «La mujer de Ojeda» e «Hilván de escenas», en Homenaje a Gabriel Miró (Alicante 1979), pp. 97-98. En la biblioteca privada de Miró no parece que llegara a entrar, sin embargo, una sola obra de Blasco Ibáñez.
9
Hilván de escenas (Alicante, 1903), p. 123.
10
Wallace Martin, «The Sources of the Imagist Aesthetics», PMLA, 85 (1970), 196-204.