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«Esto duró una temporada pero tampoco funcionó porque no había dinero ni posibilidades, había pocas librerías y claro, pocos lectores. Al final esto se liquidó pero pese a todo hicimos algunas publicaciones». Vid. Viladevall, op. cit.
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La lista de títulos es muy amplia. Además de los citados, doy la relación de otros más que permiten ver la orientación de la editorial: Colección Nuestro Tiempo: Ell, Refugiados; Rintelen, El oscuro invasor; Varios: Dix, Cómo conseguir y conservar un marido; Pivert, Curso de física; Collection Renaixance: Romains, Mission ou démision de la France. Además de la ya citada de ediciones bilingües: col. Obras Eternas (Colección Franco-Española): Musset, Les caprices de Marianne Fantasio (Los caprichos de Mariana Fantasio); Voltaire, Candide (Cándido).
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Según Costa, en este libro aparece una viñeta de Remedios Varo, muy probablemente una de sus primeras obras mexicanas. Varo colaboró en otra obra editada por Costa en 1943: una recopilación de fotografías de esculturas y monumentos aztecas, con texto de B. Peret en cuatro lenguas (inglés, español, francés, catalán).
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Viladevall, op. cit.
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Cit. por Tudela, op. cit. p. 137.
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«También trabajé para la UTEHA como impresor en dos tomos de su enciclopedia y me lucí... Hasta el año de 1948 trabajé en México y me gané un muy buen crédito como técnico impresor» (entrevista citada).
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Costa se ufana también de haber ayudado a diversos movimientos revolucionarios americanos, como el Movimiento 26 de Julio cubano que, en 1958, le encargó la edición de un manifiesto contra Batista. Así, apareció un libro que tuvo un tiraje de 30 000 ejemplares, cada uno de los cuales contenía quince manifiestos bajo un título de lo más sugerente, destinado a distraer la atención de la policía y poder ser introducido en Cuba: Amaos los unos a los otros. El subtítulo no tiene, tampoco, desperdicio: «Estas palabras de Jesús señalaron a la humanidad el camino de la paz y la fraternidad entre los hombres». Dentro de esta misma labor más politizada, ha de citarse, de igual modo, el libro Una satrapía en el Caribe, un ataque contra el dictador Trujillo, de la República Dominicana, escrito por J. Almoina, el cual también se introdujo en el país bajo el título de una obra muy famosa en su momento: El arte de vivir de André Maurois.
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Costa editó después del final de la segunda guerra mundial, el libro de Leon Rouilion y Philippe Marissolle-Daguerre, Aventures de guerre... Avatars d'après guerre (1948). Algunos exiliados se encargaron de varias traducciones, como Silvia (1945) realizada por Mada Ontañón dentro de la colección El Ciervo y la Rama.
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Digno de estudio resulta, también, el trabajo de Costa en Guatemala donde, de entrada, tuvo que enfrentarse a un grupo de funcionarios de este país, pero acabó convirtiéndose en un impresor y editor respetado. El mismo año de su llegada -y en parte para poder probar su nueva imprenta- editó 500 volúmenes de un libro en catalán, Elogi del paisatge català de Pere Coromines, hoy considerado una rareza bibliográfica. Su realización más importante, no obstante, fue la creación de la Biblioteca de Cultura Popular que consiguió más de 5 mil suscriptores, un número importantísimo si se considera la tasa de analfabetismo del país. Sobre esta labor pueden verse diversos artículos en la prensa de la época: Diario Centroamericano (22-II-1951; 5-XII-1952); Diario de la Mañana (19-II-1952), El Imparcial (28-VI-1952; 15-I-1954, 21-X-1955); Nuestro Diario (12-VII-1952), La Hora (9-I-1957). Agradezco a Costa-Amic esta información bibliográfica.
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Viladevall, op. cit. p. 143.