Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
 

61

Los tres periódicos fueron la Gaceta de Madrid, el Mercurio histórico y político y el Diario de Madrid (Archivo Histórico Nacional, Consejos, leg. 5550, n. 70).

 

62

Se puede leer en la moderna edición: Pan y Toros y otros papeles sediciosos de fines del siglo XVIII, recogidos y presentados por Antonio Elorza, Madrid 1971, p. 15 - 31. Sobre el tema, véase: François Lopez, «Pan y Toros: Histoire d'un pamphlet. Essai d'attribution», en Bulletin Hispanique LXXI (1969), p. 255 - 279.

 

63

Marcelino Menéndez Pelayo, Historia de los Heterodoxos, t. V, p. 388 - 395; Id., Historia de las ideas estéticas en España, Madrid 19744, p. 1308 - 1314.

 

64

El principal representante de esta tendencia es François Lopez, autor del ya citado fundamental estudio sobre J. P. Forner et la crise de la conscience espagnole au XVIIIième siècle. El crítico francés llega a afirmar que la Oración apologética es una obra «tout à fait typique de la Ilustración» (p. 384). Se puede comprender esta afirmación dentro del concepto dilatado de Ilustración que atraviesa todo el libro, rico de informaciones, preciso en la documentación, de vasta doctrina e incluso abundante en acertadas interpretaciones críticas. Digna de relieve particularmente es la reconstrucción del filón cultural valenciano a través de todo el siglo, desde los novatores hasta Forner (sobre este tema véase también otro trabajo de François Lopez «Lo valenciano en el largo proceso de la Ilustración española» en Actes du 1er Colloque sur le Pays valencien a l'epoque moderne, Pau, p. 225 - 230). Para nosotros, la Ilustración española es un fenómeno cultural, ideológicamente bien caracterizado, en un ámbito circunscrito e cronológicamente limitado, distinto del que caracterizó la renovación esencialmente racionalista de la primera parte del siglo y de la cual me parece heredero Forner. Por eso me resulta dificultoso recoger bajo la misma definición de ilustradas obras tan diferentes como la Oración apologética y El Censor. En nuestra opinión, Forner sólo participó de la atmósfera cultural en que le tocó vivir, siendo distinta su raíz cultural y su mentalidad de la del nuevo pensamiento. Su actividad crítica encontró elementos, modos y sugerencias en el ámbito de dominante proceso de innovación: lo que no creemos suficiente para hacer de él un verdadero ilustrado.

 

65

Donde Forner parece aceptar más ideas ilustradas es en el campo histórico y jurídico. La importancia de su idea de la historia ha sido puesta de relieve en un ensayo de J. Antonio Maravall: «El sentimiento de nación en el siglo XVIII: la obra de Forner», en La Torre XV (1967), p. 25 - 56, y en la Introducción de François Lopez a su edición de la obra de Forner: Discurso sobre el modo de escribir y mejorar la historia de España, Barcelona 1973. Para las ideas jurídicas, véase: Antonio Risco, «Una carta inédita de J. P Forner», en Caravelle 31 (1978), p. 91 - 112. Es de notar que se trata de obras que Forner escribió en la última parte de su vida. Por lo que se refiere a la Oración apologética, Maravall encuentra que, «aunque el acaloramiento con que (la) defensa (de lo español) se hace circunstancialmente, lleve en la Apología a extremos que no solamente no se dan en las otras obras, sino que están en cierta discrepancia e incluso contradicen lo dicho sobre la decadencia española en otras partes» (p. 39) y a parte que también en algunos pasajes Forner siga el acostumbrado sistema apologético, «presentando una acumulación de «glorias» de España (p. 41), el autor de la Oración apologética da un giro muy significativo a la polémica: «no compara cuantitativamente número de científicos, filósofos, poetas...; compara actitudes, visiones generales del mundo y de la sociedad, modos de ser... Lo que defiende es el sujeto histórico que ha creado (la cultura española)... Defiende a una «nación». Ésta es la peculiaridad y novedad de la Apología. Por ello hay que estimarla positivamente en la historia del pensamiento, aunque los detalles concretos de su contenido no nos gusten» (p. 41 - 42). Observamos que, por otro lado, El Censor tenía su concepto de lo que habría de ser (y todavía no era) una moderna «nación». En el análisis histórico del proceso formativo de la cultura española, encontraba graves defectos y culpables prejuicios dignos de ser criticados y no alabados. Por lo tanto consideró, con total coherencia, que lo importante no era celebrar el pasado sino empeñarse en una innovación radical; no defender un sujeto histórico que había forjado una cultura que condujo a la decadencia, sino intentar modificarlo. Por lo demás, si tomamos en consideración el modo con que Forner lleva a cabo la composición de la Oración apologética es significativa de su postura la frase con que explica a su amigo Llaguno la manera de su redacción; su obra -afirma- «dice quanto se pudiera con novedad; porque ahora no estamos en el caso de copiar a Llampillas y otros, sino en el de demostrar filosóficamente, según el gusto del siglo, nuestros méritos literarios» (Carta a D. Eugenio Llaguno del 14 de mayo de 1786, en François Lopez, J. Pablo Forner, p. 622 - 623). A mi parecer se nota en las palabras de Forner la aceptación calculada de un método formal, no de las nuevas ideas. La filosofía de fondo de la Oración apologética está muy lejos de la de la Ilustración europea. Vale también la pena recordar que en la dedicatoria Al lector, Forner declara que, en su obra, él da «por supuesta la verdad de los hechos probados ya de mil y mil modos en las obras extensas de los apologistas que me han precedido» (Juan Pablo Forner, Oración apologética... cit., p. IV). Más fuerte es la ligazón con los apologistas que, por ejemplo, no con Voltaire y Rousseau que, en la misma dedicatoria, Forner considera pensadores inútiles, así como todos «los jactanciosos Filósofos de nuestro siglo que en la filosofía moral no han adelantado una sola verdad a lo que dexó escrito» Juan Luis Vives (Ibid., p. XII).

 

66

Juan Pablo Forner, Oración apologética, p. IV.

 

67

Véase sobre este punto: François Lopez, Juan Pablo Forner, p. 405 - 406.

 

68

Ibid., p. 404 - 405.

 

69

Sobre el fenómeno político del llamado «despotismo ilustrado» y sus relaciones con la filosofía de la Ilustración, consúltense: Fritz Valjacec, Geschichte der abendländischen Aufklärung, Viena 1961. Manejo la traducción italiana: Storia dell'Illuminismo, Bolonia 1973, véase especialmente en el cap. II, XIV, il quadro politico, p. 317 - 333; Peter Gay, The Enlightenment: an Interpretation, Nueva York 1969, t. II, p. 483 - 496; Furio Diaz, «Idee «philosophiques» e organizzazione del potere» en La politica della ragione, por Paolo Casini, Bolonia 1978, p. 11 - 41.

 

70

Significativa la posición de Jovellanos hacia Forner. Le consideraba mediocre sea como jurisperito, sea como literato, pero sobre todo desdeñaba su espíritu servil y adulador. Contra Forner compuso (con toda probabilidad en 1787) un romance satírico (que, sin embargo, no acabó ni publicó). Puede leerse en Gaspar Melchor de Jovellanos, Poesías, ed. crit. por José Caso González, Oviedo 1961, p. 254- 264 (Esmerado el aparato de notas: p. 488 - 497). Aparece también en la reciente ed. de Obras Completas de Jovellanos, vol I, Obras literarias, por José Miguel Caso González, Oviedo 1984 (p. 245 - 248; 249 - 255). El romance revela estima y simpatía hacia El Censor y es agriamente hostil a Forner. En 1797, Jovellanos, apuntando en su Diario la noticia de la muerte de Forner, llega a escribir expresiones que no ocultan su total desprecio (en G. M. Jovellanos, Obras, ed. Miguel Artola, Madrid 1956, III, p. 419, BAE, 85).