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En este subapartado y en el siguiente amplío y puntualizo lo dicho en una conferencia titulada precisamente «Ciclos novelescos y personajes recurrentes en las Novelas españolas contemporáneas», dictada en la Casa Museo de Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria a fines de septiembre de 1992.
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Recientemente Bridget A. Aldarca ha propuesto una lectura sumamente interesante de este personaje, en cuyo afán compulsivo de comprar y lucir ropa cara, advierte una suerte de rebeldía ante la asfixiante autoridad de un marido demasiado ahorrativo. Véase El ángel del hogar: Galdós y la ideología de la domesticidad en España, Madrid, Visor, 1992, pp. 131-136.
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Don Pedro y su familia son de El Toboso como indica el propio Augusto, «¿No se acuerda usted de don Pedro Miquis el del Toboso, que iba muchas veces al Tomelloso [...]?» (LD, I, 996), por eso la tomellosera Isidora asocia al muchacho con el recuerdo de su propio pueblo.
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Personajes respectivamente de Tristana, (1892), Ángel Guerra (1891), y Torquemada y San Pedro (1895).
5
Me he ocupado con mayor detenimiento del curioso escribidor galdosiano en «La doble función de un personaje galdosiano», trabajo aparecido en Philologica canariensia, n.º 0, primavera de 1994. PP de la ULPGC, pp. 137-150.
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La terminología con que se designan todas estas figuras propias del estudio semiológico de la narrativa es muy variada; casi se podría decir que cada crítico propone la suya con el deseo de matizar y perfeccionar los instrumentos de su análisis. Tal vez sea la serie propuesta por Booth, (Retórica de la ficción, Barcelona, Bosch, 1994) una de las más precisas al respecto. Ahora bien, todos los investigadores coinciden en la necesidad de describir rigurosamente las configuraciones textuales del «narrador» y del «lector», distinguiéndolas de las personas reales que, fuera del ámbito del texto, escriben y leen.
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Ricardo Gullón ha advertido la radical ambigüedad que transmite a la estructura entera de la obra la presencia de este curioso narrador, que existe y no existe en «El amigo Manso, nivola galdosiana», incluido en Técnicas de Galdós, Madrid, Taurus, 1970, pp.57-102. También John Kronik ha realizado un análisis muy agudo de las implicaciones que acarrea la autoconsciencia del personaje en «El amigo Manso and the Game of fictivy Autonomy» en Anales galdosianos, n.º 12, 1977, pp. 71-94.
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Acerca de los curiosos efectos que, respecto a la descripción de los demás personajes, origina el hecho de haber decidido el protagonista relatar sus recuerdos en aquella ocasión, puede consultarse mi trabajo «Análisis de Lo prohibido: el asunto, los personajes y el tratamiento del tiempo» en Actas del IV Congreso internacional de estudios galdosianos, vol. I, Las Palmas de Gran Canaria, 1990, pp.119-139.
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Sobre la técnica del marco narrativo en esta novela, véase Germán Gullón, El narrador en la novela europea del siglo XIX, Madrid, Taurus, 1976, pp. 107-115.
10
Así en Stephen Gilman, Galdós y el arte de la novela europea, 1867-1887, Madrid, Taurus, 1985, p. 142 ó en la introducción de Alda Blanco y Carlos Blanco Aguinaga a su edición de La de Bringas, Madrid, Cátedra, 1983, p. 43.