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1

Uno de los últimos artículos de Larra, publicado en El Español el día de Navidad de 1836, trata de esta antología. En realidad utiliza la referencia a esta obra para darnos una muestra más del patetismo jeremíaco que caracteriza sus últimos escritos. Artículo útil para citas de hipocondríacos «noventaiochistas» o para el estudio del punto final de la evolución de Larra, que en su radical soledad terminó por identificar la nación, el liberalismo y la cultura consigo mismo, pero un artículo totalmente inútil para el lector que busque un comentario literario de los textos seleccionados.

 

2

Gabriela Pozzi, en su artículo «Fantasmas reales y misterios resueltos: convenciones narrativas en los «cuentos fantásticos» de El Artista» (España Contemporánea, VII, 2, 1995), define el modo fantástico como «el locus donde un universo predominantemente mimético se encuentra falseado por una acción sobrenatural», y señala la presencia de ocho relatos fantásticos en las páginas de El Artista: «Luisa» y «El castillo del espectro» de Eugenio de Ochoa; «El torrente de Blanca», «Beltrán», «La peña del prior» y «Supersticiones populares» de su hermano José Augusto; «Yago Yasck» de Pedro Madrazo y «La mujer negra» de Zorrilla.

 

3

Anteriormente había hablado de la influencia de Balzac en las descripciones, posible en las novelas pero no en estos relatos. Carla Perugini, en su Antologia del racconto romantico spagnolo (Publicazioni dell'Università di Salerno, 1991), señalaba la influencia de baladas alemanas sobre «Luisa».

 

4

Jean Luis Picoche, en su libro Un romántico español: Enrique Gil y Carrasco (Editorial Gredos, Madrid, 1978), afirma que durante el periodo romántico «unos pocos autores españoles ensayan tímidamente» el poema en prosa, y cita los nombres de Piferrer y Gil y Carrasco.

 

5

En Emancipación literaria. Didáctica (1837), intento de una poética romántica, Ribot mostraba una especial admiración por Ochoa, del cual recogía cuatro poemas, todos ellos publicados anteriormente en El Artista.

 

6

En Historia del movimiento romántico español, Allison Peers relaciona este estilo con el del entonces popular novelista francés Florian.

 

7

Entre corchetes y en números romanos indico el capítulo correspondiente de «Hilda».

 

8

Ésta será precisamente la escena escogida para el grabado de Carlos Luis Ribera que ilustra el texto. No hay duda que ese momento terrorífico debía ser visto como el más «romántico».

 

9

Aunque en El caballero de Olmedo no se trata de un viaje hacia el encuentro de la amada, hay entre los dos, reconocidas las grandes diferencias y la superioridad literaria de la obra de Lope, innegables paralelismos tanto en la situación como en puntos concretos: la oscuridad, los ruidos nocturnos, el movimiento de las ramas, la sombra con máscara negra y el «bulto mecánico» con reflejos «de color de sangre» que salen al paso, respectivamente, del caballero y del joven Arturo, etc. Pero, sobre todo ello, destaca la interioridad de los personajes, con su visión transformadora del mundo externo; y desde esa interioridad, el carácter premonitorio que adquiere el viaje, el angustioso sentimiento de soledad del héroe, su triste y confuso pensar. Arturo no teme a la tempestad, ni a extraviarse en el laberinto del bosque, ni a posibles salteadores, ni al puñal de un asesino, sin embargo, «el sobresalto le hacía volver la vista atrás a cada instante y apenas podían sostenerle sus rodillas»; mientras don Alfonso confiesa: «Lo que jamás he tenido, / que es algún recelo o miedo, / llevo caminando a Olmedo. / Pero tristezas han sido. / Del agua el manso ruido / y el ligero movimiento / destas ramas con el viento / mi tristeza aumentan más. / Yo camino, y vuelve atrás / mi confuso pensamiento».

Debemos recordar que, en el volumen II de El Artista, Ochoa dedicó un artículo, de carácter biográfico, a Lope de Vega, ilustrado con un retrato del dramaturgo de C. J. de Morales. En el volumen Y, se había publicado un grabado de Luis de C. Ribera, precisamente, sobre El caballero de Olmedo.

 

10

El texto leído por el capellán -«Y el Señor le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano grita desde la tierra hasta mí. Por lo cual ahora serás maldecido en esta tierra que ha abierto su boca para tragar la sangre de tu hermano derramada por ti»-, procede del Génesis, cap. IV, versículos 11 y 12. Palabras imprecatorias, dirigidas por Jehová a Caín tras la muerte de Abel, proyectan sobre la acción del barón la sombra del primer asesinato de la humanidad, reforzando la atmósfera de negros presagios.