31
En la carta XVII de Por Francia y por Alemania, Pardo Bazán habla de los orfeones gallegos que visitaron París en julio y agosto, con motivo de las audiciones en Trocadero, pero su propósito de dar una correcta divulgación a la noticia no pudo realizarse hasta principios de octubre, con varios meses de retraso.
32
En la carta a
Yxart ya citada, del 3 de junio, Pardo Bazán le comentaba:
«Yo he de volver allá [se refiere
a la capital francesa] hacia fines de setiembre»
,
p. 440.
33
A lo largo de sus
dos libros, se aprecia el enfoque femenino de la escritora al
entrar en este tipo de detalles. Denuncia, entre otras
circunstancias, la sangría económica que supone para
el visitante salir a recorrer todas sus instalaciones o poder
almorzar en alguno de sus diecinueve restaurantes. Le sorprende que
el precio de las entradas a la Exposición fluctúe,
pues aunque su valor sea el de un franco, siempre hay especuladores
que se aprovechan de la ocasión. Asimismo, habla de todos
los granujillas y ancianos desocupados que ofrecen sus servicios,
viéndose claramente cómo la miseria de París
se pone al servicio de los visitantes. También se lamenta de
que, según el momento del día, pidan en taquilla un
número diferente de tiques: dos por la mañana y por
la noche y uno por la tarde y, si hay fiesta nocturna, el
número se incrementa a cinco. Su continua reflexión
es que todo en la Exposición se ha encarecido, aunque el
comité de la misma anuncie lo contrario, para evitar que los
extranjeros no la visiten. Informa de los precios de los hoteles y,
en especial, de la engañifa que suponen los llamados
hoteles españoles, por facilitar a sus clientes
prensa en español, tener contratados a varios empleados que
hablan nuestra lengua y poner cocido una vez por semana: «Estas casas son la carestía, el desaseo
y el desbarajuste elevados a la quinta potencia»
(I,
p. 279).
34
Todos conocemos la
prevención que tenía por este tipo de obras. En un
capítulo de Por la España pintoresca.
Barcelona: López Editor, 1896, cuando visita Valladolid,
admite: «yo no escribo guías; voy
a donde me lleva mi capricho, a lo que excita mi fantasía,
al señuelo de lo que distingue a una población entre
las demás...»
, p. 122. Algo más adelante, cuando se
encuentra en Toledo, nos comenta que «lo
único imposible para no ahogarse en el océano de
tantas maravillas, es traducir fielmente una impresión
personal, lírica, sentida y gozada con
sibaritismo»
, pp.
135-136.
35
Vid. Vida y obra de Emilia Pardo Bazán, op. cit., p. 162.
36
Aludo a su texto inédito Apuntes de un viaje. De España a Ginebra (1873). Para este particular, véase el artículo de González Herrán, José Manuel. «Andanzas e visións de doña Emilia», art. cit., p. 42.
37
En el mismo
pasaje, continúa: «Soy partidario
del subjetivismo, pero no siempre. En prosa encopetada y
fantasiosa, declaro que me revienta»
, p. 45.
38
La Ilustración Ibérica, 16-noviembre-1889, art. cit.
39
«Es un exceso de subjetivismo el que usted padece, muy
propio del sexo débil»
, p. 12. «Creyendo
leer cosas de París, me encuentro en su libro con cosas de
usted; [...] Yo creía que esto no era interesante en
literatura»
, p. 17,
nos dice en Al pie de la Torre de los Lujanes.
40
En la carta VII
describe las tertulias que celebraban los dos hermanos, en la
tercera planta de su casa de Auteuil. Las detalla como poco
animadas, melancólicas, superficiales, empapadas de esa
tristeza de fin de siglo. Los asistentes se mostraban poco
interesados en la literatura extranjera, no siendo una
excepción la española: «Así, mientras ellos creen que les
admiro, yo les analizo, no siempre con benevolencia. Mi
rincón en el sofá de Goncourt es un
observatorio»
(I, p.
126). Alude también a La cuestión palpitante
y no son infrecuentes, a lo largo de sus dos libros, las
referencias al Naturalismo. En este interesante capítulo
pueden apreciarse sus opiniones y tendencias literarias.