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En la carta XVII de Por Francia y por Alemania, Pardo Bazán habla de los orfeones gallegos que visitaron París en julio y agosto, con motivo de las audiciones en Trocadero, pero su propósito de dar una correcta divulgación a la noticia no pudo realizarse hasta principios de octubre, con varios meses de retraso.

 

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En la carta a Yxart ya citada, del 3 de junio, Pardo Bazán le comentaba: «Yo he de volver allá [se refiere a la capital francesa] hacia fines de setiembre», p. 440.

 

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A lo largo de sus dos libros, se aprecia el enfoque femenino de la escritora al entrar en este tipo de detalles. Denuncia, entre otras circunstancias, la sangría económica que supone para el visitante salir a recorrer todas sus instalaciones o poder almorzar en alguno de sus diecinueve restaurantes. Le sorprende que el precio de las entradas a la Exposición fluctúe, pues aunque su valor sea el de un franco, siempre hay especuladores que se aprovechan de la ocasión. Asimismo, habla de todos los granujillas y ancianos desocupados que ofrecen sus servicios, viéndose claramente cómo la miseria de París se pone al servicio de los visitantes. También se lamenta de que, según el momento del día, pidan en taquilla un número diferente de tiques: dos por la mañana y por la noche y uno por la tarde y, si hay fiesta nocturna, el número se incrementa a cinco. Su continua reflexión es que todo en la Exposición se ha encarecido, aunque el comité de la misma anuncie lo contrario, para evitar que los extranjeros no la visiten. Informa de los precios de los hoteles y, en especial, de la engañifa que suponen los llamados hoteles españoles, por facilitar a sus clientes prensa en español, tener contratados a varios empleados que hablan nuestra lengua y poner cocido una vez por semana: «Estas casas son la carestía, el desaseo y el desbarajuste elevados a la quinta potencia» (I, p. 279).

 

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Todos conocemos la prevención que tenía por este tipo de obras. En un capítulo de Por la España pintoresca. Barcelona: López Editor, 1896, cuando visita Valladolid, admite: «yo no escribo guías; voy a donde me lleva mi capricho, a lo que excita mi fantasía, al señuelo de lo que distingue a una población entre las demás...», p. 122. Algo más adelante, cuando se encuentra en Toledo, nos comenta que «lo único imposible para no ahogarse en el océano de tantas maravillas, es traducir fielmente una impresión personal, lírica, sentida y gozada con sibaritismo», pp. 135-136.

 

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Vid. Vida y obra de Emilia Pardo Bazán, op. cit., p. 162.

 

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Aludo a su texto inédito Apuntes de un viaje. De España a Ginebra (1873). Para este particular, véase el artículo de González Herrán, José Manuel. «Andanzas e visións de doña Emilia», art. cit., p. 42.

 

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En el mismo pasaje, continúa: «Soy partidario del subjetivismo, pero no siempre. En prosa encopetada y fantasiosa, declaro que me revienta», p. 45.

 

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La Ilustración Ibérica, 16-noviembre-1889, art. cit.

 

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«Es un exceso de subjetivismo el que usted padece, muy propio del sexo débil», p. 12. «Creyendo leer cosas de París, me encuentro en su libro con cosas de usted; [...] Yo creía que esto no era interesante en literatura», p. 17, nos dice en Al pie de la Torre de los Lujanes.

 

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En la carta VII describe las tertulias que celebraban los dos hermanos, en la tercera planta de su casa de Auteuil. Las detalla como poco animadas, melancólicas, superficiales, empapadas de esa tristeza de fin de siglo. Los asistentes se mostraban poco interesados en la literatura extranjera, no siendo una excepción la española: «Así, mientras ellos creen que les admiro, yo les analizo, no siempre con benevolencia. Mi rincón en el sofá de Goncourt es un observatorio» (I, p. 126). Alude también a La cuestión palpitante y no son infrecuentes, a lo largo de sus dos libros, las referencias al Naturalismo. En este interesante capítulo pueden apreciarse sus opiniones y tendencias literarias.

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