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El sepulcro de Almanzor I de Badajoz

Eduardo Saavedra







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Excmo. Sr.:

Hacia el año 1809, un canónigo llamado D. Manuel de la Rocha, persona de no vulgar instrucción literaria, sacó copia fiel de una inscripción árabe que se veía entonces en una iglesia abandonada

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dentro del castillo de Badajoz. En 1865, el Sr. D. Luis Villanueva, ilustrado correspondiente de esta Academia y muy estimado amigo mío, envió el dibujó original á nuestro malogrado compañero D. José Moreno Nieto, quien se apresuró á contestar con una traducción, publicada por el Sr. Barrantes, primero en la pág. XXXV de su prólogo á los Discursos patrios de Dosma Delgado, y después en la pág. 317 del tomo I de su Aparato bibliográfico para la historia de Extremadura. En árabe ha sido impresa casi en totalidad por el Sr. Codera en la pág. 359 del tomo IV del BOLETÍN de la Academia, y como según noticias, no existen ya ni la inscripción ni el dibujo del Sr. La Rocha, ó por lo menos no se sabe su paradero, he creído útil sacar copia de la que conserva el Sr. Gayangos, y cuyo texto completo dice así:

En el nombre...

En el nombre de Dios, clemente y misericordioso. Este es el sepulcro de Almanzor Abdalá, hijo de Mohámmed, hijo de Maçlama; apiádese Dios de él y de quien pida para él su clemencia: murió en la noche del martes once noches por andar de chumada postrero del año cuatrocientos treinta y siete, que fué el día penúltimo de diciembre.



Inestimable servicio prestó el Sr. La Rocha á la historia al copiar y conservarnos el contenido de esta lápida, pues es el único documento por el cual se ha venido á averiguar que Almanzor I de Badajoz murió el 18 de chumada segundo de 437, que cayó en el 30 de diciembre de 1045; y es singular que en la inscripción se anote la correspondencia de las fechas mahometana y juliana. En la primera línea está escrito palabra, por palabra, y en la cuarta palabra por palabra

Con el dibujo de la inscripción vino esta curiosa nota, cuya copia, de letra del Sr. Gayangos, he visto:



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«En el castillo de la ciudad de Badajoz hay una iglesia antigua que llaman Calatrava, aunque en ella no se ve insignia alguna de esta orden; se halla sin uso y no se tiene noticia de cuándo le tuvo: está bien reparada por haber servido en distintos tiempos para guardar pólvora y otros pertrechos de guerra. Dentro de esta iglesia hay una puerta tapiada por donde, al parecer, se subía á la torre; sobre dicha puerta se ve una piedra de alabastro con los caracteres aquí dibujados, que su relieve será el grueso de un peso fuerte. Tocándola sonaba hueco, y creyendo sería sepulcro, y este su epitafio, se levantó la piedra, pero solo se halló una alhacena sin señal alguna de haber estado depositado en ningún tiempo cadáver alguno».



La antigua iglesia parroquial de Santa María de Calatrava ó del Castillo, á que la nota anterior se refiere, no existe ya hace años, y por lo visto, la lápida se quitó de su sitio aun antes de que el edificio fuese demolido y empleados en otras obras sus escombros. Entre ellos debió caer y desportillarse por un extremo otra piedra con inscripción árabe de 70 cm. de largo por solos 13 de ancho, que se halló al hacer unas reparaciones en el inmediato hospital militar. La Comisión de Monumentos de la provincia conserva esta antigualla, de la cual, por medio de nuestro inolvidable correspondiente D. Fernando Bernáldez, recibí un calco, que con otro debido á la bondad del Sr. Villanueva, acompaño á esta noticia para el archivo de la Academia.

El epígrafe, grabado en grandes caracteres del mismo estila que los del primeramente descrito, dice así:

Este es el...



Este es el sepulcro de Almanzor, apiádese Dios de él; murió año de siete y treinta.... Es evidente que la palabra que falta es palabra, cuatrocientos.

Del conocimiento de las dos inscripciones y de la interesante nota del Sr. La Rocha deduzco que la iglesia del Castillo no fué, cómo vulgarmente se cree, una de las mezquitas públicas de la ciudad y sí mezquita particular, dedicada á enterramiento del

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primer rey aftasida, con exclusión de los demás individuos de su familia, al modo de la que en la ciudadela del Cairo guarda los restos de Mehemet-Ali. La lápida primeramente conocida era con seguridad el epitafio, y la sencilla y concisa encontrada ahora debió ser un letrero que en la fachada declarase el carácter y destino del edificio. Tal vez, por estar cubierto con cal ó yeso, no fué reparado por nadie este pequeño recuerdo histórico, que confirma el contenido de la lápida perdida.

Ya que de Badajoz se trata, es ocasión de dar á conocer otra inscripción árabe que ví y copié en la pasada Exposición de Minería de Madrid, y pertenece á la misma Comisión de Monumentos. Es una piedra de 46 cm. de alto por 29 de ancho, rota por sus dos ángulos superiores, que se halló en las excavaciones para el depósito de agua, y dice así, suplido lo que falta:

En el nombre de Dios...

En el nombre de Dios, clemente y misericordioso. Todo lo terrenal es perecedero, pero es permanente la faz de tu Señor, llena de gloria y majestad1. Este es el sepulcro de Abu Abdolá Mohámmed, hijo de Albaccar: murió, blanquee y santifique Dios su alma

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al resucitarla, el primer lunes de ramadán el engrandecido, año quinientos cuarenta y cinco. Apiádese Dios de quien pida su clemencia para él y para la grey de Mahoma, la paz sea sobre ella.


Es de notar la circunstancia de que se dé la fecha por el primer lunes de ramadán, que fué el 4 de dicho mes y correspondió al 25 de diciembre de 1150; así como la mezcla de los caracteres esculpidos, pues mientras todo el cuerpo del letrero tiene los cúficos propios de la época, las líneas primera y última, separadas de las demás por rayas horizontales, los tienen cursivos y muy ligados. En la línea segunda se escribe palabra por palabra en la cuarta palabra por palabra, y en la octava palabra por palabra.

Digna de aplauso es la diligencia que nuestros compañeros de Badajoz ponen en salvar las reliquias del tiempo pasado, y esperamos que no cesen en sus esfuerzos para proporcionarnos nuevos documentos que ilustren la historia del país que habitan.

Madrid 27 de Junio de 1889.





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