«El honor perdido de Catarina Blum»
Sergio Ramírez
La aparición esta semana en las librerías de la última obra de Heinrich Böll (1917), se presenta como una mezcla de gran acontecimiento literario (es el único premio Nobel alemán vivo y su fama internacional sólo la comparte Günter Grass) y revuelo público, porque el libro toca directamente a la sacrosanta cadena de periódicos Springel que se especializa, entre otras cosas, en ese tipo de publicaciones que en Centroamérica llamamos amarillistas y que aquí, con algo de elegancia, se designa como «bulevarderas». Durante las cuatro semanas que duró su publicación por entregas en la revista Der Spiegel, la controversia comenzó ya.
El honor perdido de Catarina Blum (o cómo se origina la violencia y adónde puede llevar), es la simple historia de una muchacha que en su propia casa mata a balazos a un periodista, un día de carnaval. Detrás de este hecho policíaco es que se agita todo el mar de fondo que compone la narración, dividida en 58 capítulos separados como «fuentes»: declaraciones ante la policía, procesos judiciales, citas de periódicos, las propias crónicas amarillas, toda una muy clara e intencionada ficción con un propósito que, a sus años y con su fama, Böll puede darse el lujo de enderezarlo hacia la denuncia: la denuncia de la manipulación que a través de la prensa irresponsable se hace de las vidas de las personas hasta destruirlas, pasando por encima de su honor, ese concepto ya para muchos tan fuera de moda.
Catarina Blum mata al reportero del periódico tabloide Bild, porque durante cerca de una semana la ha difamado en sus crónicas escandalosas, ha difamado a su familia, una humilde familia de provincias y, por último, se ha atrevido a importunar a la madre recién operada en su cama de hospital para entrevistarla, y eso le causa la muerte. Todo es, pues, un acto de venganza meticulosamente justificada en el libro, cuyo maniqueísmo no asombra tanto si uno se toma el cuidado de hojear uno de esos ejemplares del Bild, con gruesos titulares subrayados en rojo que destilan cieno, y veneno (En una entrevista por televisión en el programa Títulos, Tesis, Temperamentos, el editor del Bild ha señalado que la visión de Böll en cuanto a las manipulaciones sutiles de ese tipo de prensa, es demasiado simplista).
Pero, ¿por qué persigue el periódico a Catarina Blum?
Ella es una muchacha inteligente, trabajadora, responsable, que llega desde su pequeño pueblo de provincia a emplearse a la ciudad como asistente doméstica después de haber liquidado su matrimonio; se emplea, entre otras, en casa de un abogado de gran prestigio y a quien, al final de cuentas, arrastrará consigo en su desgracia. Durante las fiestas de carnaval -las de este año de 1974, para ser precisos- Catarina asiste a una fiesta en casa de una amiga, donde conoce a un joven de quien se prenda inmediatamente y con quien pasa esa noche, en su propia casa; a partir de ese momento se iniciará su calvario, porque el joven que entretanto ha huido, está siendo perseguido por la policía bajo la acusación de asalto a un banco. Detenida para ser interrogada, Catarina entra por primera vez a los dominios del mundo policial y a los del otro inmediatamente conexo: al mundo del Bild. Y como el asaltante es señalado como miembro de un grupo terrorista -cargos que luego se desvanecen todos- la pobre Catarina Blum y su familia provincial pasan a las primeras planas del Bild como peligrosísimos extremistas, y los «ágiles» reporteros se dedican a rastrear el pasado de la familia, de cuyas investigaciones resultan también ateos incorregibles. Estimuladas por la campaña, llueven a Catarina llamadas anónimas y cartas plagadas de amenazas y de obscenidades. Las prensas del Bild le han molido hasta el último hueso y no le quedará otro recurso que cargar una pistola ajena y hacerse justicia por su propia mano.
La historia, pese a que se trata
de una tragedia -el individuo solo y desvalido frente a la
agresión irresponsable ejercida en nombre de la libertad
de prensa- está llena de toques de humor, muy maestramente
dados (Böll aclara en una nota introductoria que «cualquier
semejanza con periódicos de la vida real, no es meramente
casual, sino intencional»
; un testigo a veces serio y otras
veces burlón dedicado a reunir y presentar con urgencia vindicativa
su información. Por eso la historia del honor perdido de
Catarina Blum a unos los subleva, a otros los divierte.
Pero Böll, es Böll.
Berlín, septiembre 1974.