En la noche del 13 de
setiembre de 1492 observó Colón la declinación
de la aguja. -A los cuatro días lo notó la
tripulación que por la noche noruestaba y por la mañana
noruestaba algún tanto. -En las primeras horas de
la noche del 15 vieron caer un maravilloso ramo de fuego
a una distancia de cuatro o cinco leguas. -Alarma de la tripulación.
-Aparición del genio de la Atlántida. -Ascendencia
de Colón. -Ciencia de la antigua Atlántida.
-Por qué hizo Dios las creaciones. -Cómo hizo
Dios las creaciones. -Para qué hizo Dios las creaciones.
-Resumen de la ciencia de la Atlántida. -Sumersión
de la Atlántida. -Desaparición del genio de
la Atlántida.
|
No hay pena que esta marcha no nos cueste.
| | | | Colón, el trece
al acabarse el día, | | | | vio declinar un tanto hacia
el Norueste | | | | la aguja de marear. ¿Por qué sería?
| | | | Colón explica esta virtud celeste |
5 | | | por un error
feliz que él se fingía. | | | | Viendo la tropa
tan fatal arcano, | | | | dice: -Es que Dios nos deja de su mano.
| | |
|
| Setiembre y quince. Cuando
el astro de oro | | | | se iba hundiendo en el mar lánguidamente,
|
10 | | | vieron caer del cielo un meteoro | | | | como un ramo de
fuego hacia Occidente. | | | | ¡Otra fatalidad! De nuevo al lloro
| | | | rezando apela en su pavor la gente. | | | | ¡Por cuántas
cosas los cuitados lloran |
15 | | | cruzando un mar cuya extensión
ignoran! | | |
|
| -¿Si Dios, piensa
uno, abrasará al maldito | | | | que al mar burlando, el
sol no le acobarda, | | | | y por eso el edén de lo infinito
| | | | con su espada de fuego un ángel guarda? |
20 | | | -Acaso
como el fúlgido aerolito- | | | | dice otro -el mar sobre
que vamos arda, | | | | pues el ramo de fuego tal vez era | | | | de
un astro en ignición la luz postrera.- | | |
|
| Discurre así la turba en su error
ciego, |
25 | | | en tanto que Colón, con faz serena, | | | | los restos busca del celeste fuego | | | | con vista inquieta,
mas de miedo ajena. | | | | Sube al castillo. Llegan; mira, y
luego | | | | decir oye a una voz cual de sirena: |
30 | | | -¡Digno
es, Colón, de tu ascendencia el brío; | | | | cruza
impávido el mar; sigue, hijo mío!-
| | |
|
|
—513→
|
| -¿Quién sois? grita Colón,
y hacia Occidente | | | | ve del mar levantarse una neblina,
| | | | que es sombra y como luz brilla esplendente, |
35 | | | que,
siendo luz, en sombra se termina. | | | | No acertando, confuso,
si su mente | | | | ve la luz o la sombra se imagina, | | | | -¿Quién
sois? -de nuevo en preguntar se empeña, | | | | como el
que duda si delira o sueña. |
40 | |
|
| La
visión contestó: -Yo soy el Numen | | | | que sobre
el sitio de la tierra vago | | | | que los sectarios de Platón
resumen | | | | que aquí se hundió con general estrago.
| | | | Los destinos del hombre se resumen |
45 | | | en mi destino
para siempre aciago. | | | | Los continentes en mi suerte propia
| | | | de su suerte verán la horrenda copia. | | |
|
| «La Atlántida gloriosa, que se
alzaba | | | | donde hallas hoy sus insepultos manes, |
50 | | | porque
a su Adán Titán se le llamaba, | | | | la tierra
se llamó de los Titanes. | | | | Grandes pueblos la Atlántida
encerraba, | | | | sabios sin fin, gloriosos capitanes, | | | | los
Pirros y Alejandros a millones, |
55 | | | a millones las Tiros
y Sidones. | | |
|
| »Hubo un día
en que el pueblo del Atlante, | | | | juntando una victoria a
otra victoria, | | | | en Europa y en África arrogante
| | | | plantó los estandartes de su gloria. |
60 | | | Hoy la
Europa hacia mí viene triunfante, | | | | porque en las
vueltas de la humana historia, | | | | de vencidos pasando a vencedores,
| | | | los esclavos de ayer son hoy señores, | | |
|
| »Un Titán nació en mí,
Colón pasado, |
65 | | | que el África y la Europa
hacia el Oriente | | | | vio el primero, cual tú verás
osado | | | | las tierras de los mares de Occidente. | | | | Este héroe
que la Europa ha subyugado | | | | fue de tu noble estirpe el
ascendiente. |
70 | | | ¡Digno es de su valor, Colón, tu
brío: | | | | vence en gloria al Titán: sigue, hijo
mío!»- | | |
|
| La mente de
Colón, enardecida | | | | al saber su ascendencia acrisolada,
| | | | sobre la mar de su azarosa vida |
75 | | | tendió retrospectiva
una mirada: | | | | y al contemplar tanta maldad vencida, | | | | tanta
ignorancia con tesón hollada, | | | | sintió hervir,
de sí mismo satisfecho, | | | | la sangre de un Titán
dentro del pecho. |
80 | |
|
| La visión
prosiguió: «Tiempo ha que espero, | | | | y aquí
esperando esta región circundo; | | | | pues que difundas
por la tierra quiero | | | | la ciencia que hoy en tu memoria
infundo. | | | | Y porque de mi numen mensajero |
85 | | | fecunde el
tuyo el porvenir del mundo, | | | | oye el enigma de la vida humana;
| | | | oye de Dios la ciencia soberana: | | |
|
| »Hay
un Dios en la tierra y en el cielo | | | | que es bueno, sí,
bueno infinitamente. |
90 | | | Eco es su corazón de todo
duelo. | | | | Sólo la dicha reflejada siente. | | | | Amar
y ser amado; he aquí su anhelo. | | | | Mucho más
que justísimo es clemente. | | | | En su ternura, de bondades
llena, |
95 | | | sólo es digna de Dios la dicha ajena.
| | |
|
| »Por su justicia es Dios
tan excelente, | | | | que fuera de su ley sólo hay quebranto.
| | | | Todo lo ordena Dios tan sabiamente | | | | que es tan bello
lo que hace como santo. |
100 | | | Alcanza su poder lo que su
mente. | | | | Y como quiere tanto y puede tanto, | | | | cuando el
bien de otros por gozar desea, | | | | los universos de la nada
crea. | | |
|
| »Cuando imitar a Dios
la fe se atreve |
105 | | | es la bondad la flor del sentimiento,
| | | | lo sabio eterno, y lo imperfecto breve, | | | | y la virtud
la fuente del contento. | | | | El sol que brilla, el aura que
se mueve, | | | | son la mano de Dios en movimiento. |
110 | | | No
hay voz para alabar a un Dios augusto, | | | | tan bueno, sabio,
poderoso y justo.» | | |
|
| Calló
el Numen de un mundo que ha pasado, | | | | mientras el celo de
Colón se ufana | | | | al ver por la visión ratificado
|
115 | | | el santo credo de su fe cristiana. | | | | «Porque de gloria
y de valor cercado-, | | | | diciendo continuó la sombra
vana-, | | | | fecunde el porvenir tu inteligencia, | | | | del mundo,
el hombre y Dios oye la ciencia: |
120 | |
|
| »Muy
bueno, sabio, justo, omnipotente, | | | | cuando el ajeno goce
Dios desea, | | | | la creación irradia de su mente | | | |
de un éter tan sutil como una idea. | | | | Más
o menos intensa o débilmente |
125 | | | tiene parte de
Dios cuanto Dios crea: | | | | bajo formas mostrándose
sin cuento, | | | | no es más la creación que un
pensamiento.
| | |
|
|
—514→
|
| »Nos movemos
en Dios y en Dios vivimos, | | | | del éter de su espíritu
engendrados; |
130 | | | fundiéndonos nacemos y morimos,
| | | | siendo y no siendo, amando y siendo amados. | | | | Desde la
nada a la razón subimos | | | | por misterios santísimos
llamados | | | | generación oculta, santo anhelo, |
135 | | | producción natural, virtud del cielo. | | |
|
| »Desde el ruin mineral que tardo crece,
| | | | sube a la planta que creciendo vive, | | | | el éter,
que ya el ser luego enaltece | | | | que vive, crece y sensación recibe. |
140 | | | En el hombre después noble aparece,
| | | | que vive, crece ya, siente y concibe. | | | | Así el
éter que lento se desplega | | | | desde el ruin mineral
al hombre llega. | | |
|
| »De seres
mil en el variado abismo |
145 | | | marchan en no alterado movimiento
| | | | desde el átomo al hombre el vitalismo, | | | | y desde
el hombre a Dios el pensamiento. | | | | Va el éter desde
el átomo a Dios mismo | | | | sin solución de punto
ni momento. |
150 | | | Es del principio y fin de la existencia,
| | | | el polo Dios, su imán la inteligencia. | | |
|
| »De otro ser nuestro ser reminiscencia
| | | | la muerte hace invisibles, no destruye; | | | | pues el yo,
nuestra vida, nuestra esencia, |
155 | | | de ser en ser transfigurándose
huye. | | | | Volviendo hacia su origen la existencia, | | | | desde
ésta a aquél purificada fluye; | | | | siguiendo
así con invariable anhelo | | | | su eterna ley: la reversión
al cielo. |
160 | |
|
| »¿Adónde
marcha el orbe vagabundo? | | | | El orbe no se va, vuelve muriendo;
| | | | lo que vino de Dios en un segundo, | | | | tarda mil siglos
hacia Dios volviendo. | | | | El orbe, de que es átomo
este mundo, |
165 | | | los siglos a los siglos sucediendo, | | | |
en caravana eterna peregrino | | | | sigue de Dios el inmortal
camino. | | |
|
| »De inteligencia las
esferas dota | | | | yendo hacia Dios la creación errante.
|
170 | | | Cual la tierra una flor, el orbe brota | | | | crisálida
inmortal el ser pensante. | | | | El éter de que consta
y en que flota, | | | | hirviendo en lenta ebullición constante,
| | | | produce el universo inteligencia, |
175 | | | cual la tierra
la flor, y ésta la esencia. | | |
|
| »De
Dios el hombre semejanza y fruto, | | | | tiene su alma hacia
aquel santo atractivo; | | | | Dios, atmósfera de almas,
su atributo | | | | es de espíritus ser el centro vivo.
|
180 | | | Dios es lo necesario y lo absoluto: | | | | lo contingente
el hombre y relativo: | | | | y siendo el yo creado un Dios finito,
| | | | es el Dios increado un yo infinito. | | |
|
| »Del
mundo, el hombre y Dios tal es la ciencia: |
185 | | | La creación
el yo brota inflamada. | | | | El yo es un Dios de limitada esencia:
| | | | Dios es un yo de esencia ilimitada. | | | | Tan sólo
en la extensión se diferencia | | | | la increada razón
de la creada. |
190 | | | Por atracción, el yo, razón
finita, | | | | siempre hacia Dios, plena razón, gravita.»-
| | |
|
| Llegó la sombra aquí.
Calló un momento | | | | Colón; su ciencia descifrando
grave | | | | fue encontrando en su activo pensamiento |
195 | | | de
la unidad universal la clave. | | | | De la atlántica tierra
el hundimiento | | | | cuenta la sombra así con voz süave;
| | | | en tanto que Colón, aunque oye y mira, | | | | dudando
está si sueña o si delira. |
200 | |
|
|
-«Del atlántico mundo la existencia
| | | | extinguiéndose fue de grado en grado, | | | | cuando
su extracto, yo, su inteligencia, | | | | su espíritu vital
dejó agotado. | | | | Como una flor que derramó
su esencia, |
205 | | | la Atlántida su espíritu
ha exhalado. | | | | ¡Nada una flor de un mundo se difiere; | | | | nace, crece, embalsama, cae y muere! | | |
|
| »Madre
de Romas, Tiros y Sidones, | | | | sus hijos fue la Atlántida
nutriendo; |
210 | | | de sus Homeros, Dantes y Platones, | | | | su
vida, yo, su numen fue naciendo. | | | | En mí, ya juntos
sus vitales dones, | | | | se fue la tierra lánguida extinguiendo,
| | | | como la llama que el blandón ostenta |
215 | | | el blandón
gasta al fin que la sustenta. | | |
|
| »Huyen
las gentes por la tierra hendida, | | | | y en simas caen que
al caer retumban: | | | | su cohesión molecular perdida,
| | | | las montañas en polvo se derrumban. |
220 | | | En torno
de la tierra comprimida | | | | sus ondas mueve el mar, que airadas
zumban | | | | cual gran caimán que, si su presa toca,
| | | | ruge al abrir descomunal la boca.
| | |
|
|
—515→
|
| »La
madre tierra, estéril no sustenta; |
225 | | | el aire inútil
túmido se estanca; | | | | la color que la luz negruzca
ostenta | | | | es la postrer degradación de blanca. | | | | En sed de aire suspira cuanto alienta: | | | | el ansia de la
luz ayes arranca: |
230 | | | bajan las aves tras del aire al suelo:
| | | | las fieras miran tras la luz al cielo. | | |
|
| »Todos
expiran, sin que sangre vean | | | | que al morir enardezca su
ardimiento. | | | | No arden los bosques que incendiar desean.
|
235 | | | Quieren mover y no se mueve el viento. | | | | Faltos del
aire y de la luz, pelean | | | | en un suplicio interminable,
lento, | | | | con completa razón para medirlo | | | | y entero
el corazón para sentirlo. |
240 | |
|
| »El
miedo, ese gran mal de nuestros males, | | | | sofoca la virtud
y el heroísmo: | | | | no agita más pasión
a los mortales | | | | que el temor de morir, el egoísmo.
| | | | Odiando cada cual a sus iguales, |
245 | | | sin caridad ni
amor más que a sí mismo, | | | | con tal de ser
la víctima postrera | | | | viera morir la humanidad entera.
| | |
|
| »Ya la atlántica tierra
envejecida | | | | en el gran río del vivir se atasca,
|
250 | | | y al peso de los siglos oprimida | | | | por su eje inútil
con fragor se chasca: | | | | De los opuestos mares la avenida
| | | | la sume al fin con tan atroz borrasca, | | | | que en hervor
desde entonces repetido |
255 | | | bullen los mares con perpetuo
ruido. | | |
|
| »Así, en oprobio
de la humana gente, | | | | pasó en el mundo a ser sombra
ilusoria | | | | un pueblo, de quien Roma prepotente | | | | ni el
eco ha sido de su inmensa gloria. |
260 | | | De este modo el más
rico continente, | | | | para escarmiento de la humana historia,
| | | | con su destino, para siempre aciago, | | | | aquí se
hundió con general estrago. | | |
|
| »Tales
fueron de Atlántida inconstantes |
265 | | | las glorias
que pasadas hoy me afligen, | | | | glorias que tus esfuerzos
arrogantes | | | | en el mundo, Colón, de nuevo erigen.
| | | | Vástago de una raza de gigantes, | | | | que de otra
raza igual va a ser origen, |
270 | | | dobla a mi ruego tu indomable
brío, | | | | ¡cruza impávido el mar; sigue, hijo
mío!» | | |
|
| Dijo así
la visión, y dulcemente | | | | con un -¡adiós!-
su relación concluye, | | | | y enrarecida hasta llegar
a ambiente |
275 | | | sobre las alas de los aires fluye: | | | | volando
poco a poco hacia el Oriente, | | | | con otro -¡adiós!-
entre las sombras huye: | | | | dejando allí a Colón
torvo y risueño, | | | | como el que empieza a despertar
de un sueño. |
280 | |
|
El 16 de setiembre
lloviznó. -Esperanza de los marineros que creían
cerca la tierra. -Campos de hierba. -El 17 el agua era menos
salada. -Desafío entre Nuño y Rodrigo. -Consejos
de Colón. -Propuesta de Colón. -Reflexiones
de Colón.
| Diez y seis
de setiembre: ¡hermoso día! | | | | -Llovizna; ¡gran señal!
-Hierbas al frente | | | | como verde y flotante pradería.
| | | | Diez y siete. -Aguas dulces. -¡Excelente! | | | | El pobre
Nuño que de amor moría |
5 | | | su pasión
va ocultando. ¡Inútilmente! | | | | No hallaba a veces
de esconderla modo: | | | | ¿dónde hay razón que
lo resista todo? | | |
|
| Por eso al
fin del día, así a Rodrigo | | | | preguntó
Nuño con ahogado acento: |
10 | | | -Si amase a otro hombre,
acaso vuestro amigo, | | | | una mujer que fuese vuestro aliento,
| | | | ¿qué hariais, siendo de su amor testigo | | | | una
vez, y otra vez, hasta otras ciento?- | | | | Rodrigo contestó:
-¡La mataría! |
15 | | | ¿Y vos? -Nuño siguió:
-¿Yo?... ¡moriría!
| | |
|
|
—516→
|
| Yo
moriría: si, morir anhelo, | | | | porque a Zaida al mirar
de vos amante, | | | | mi amor, tranquilo un día como el
cielo, | | | | en un amor se ha vuelto delirante: |
20 | | | quiero
dejar frenético en un duelo | | | | la carga de mi espíritu
anhelante. | | | | ¡Vos no sabéis, Rodrigo afortunado,
| | | | cuánto le pesa el alma a un desdichado! | | |
|
| Juradme que jamás Zaida enterada
|
25 | | | de la causa será de mis desvelos.- | | | | Clavando
alta Rodrigo su mirada, | | | | le contestó: -Lo juro por
los cielos. | | | | -Desde que vi -Nuño siguió-
embarcada | | | | con vos a Zaida, presa de los celos, |
30 | | | ¡parece
que abrumado inmensamente, | | | | pesa un mundo, ¡gran Dios!
sobre mi frente! | | |
|
| ¡Morir quiero,
o matar! mi hado enemigo | | | | hará feliz mi estrella
maldecida, | | | | si dejar con mis celos hoy consigo |
35 | | | este
dolor de soportar la vida. | | | | Quiero mataros, o morir, Rodrigo,
| | | | para curar de mi dolor la herida: | | | | pues ignoro en mi
loco devaneo | | | | si es que mataros o morir deseo. |
40 | |
|
| -¡Bien! Rodrigo exclamó con firme
acento, | | | | acabe un duelo, sí, nuestra existencia,
| | | | que una pasión que es de la vida aliento | | | | no
la curan ni el tiempo ni la ausencia. | | | | Comprendo vuestro
amor, porque lo siento; |
45 | | | y sé, Nuño, también
por experiencia | | | | que si en celos el alma se arrebata,
| | | | el gran mal del dolor es que no mata. | | |
|
| -¡Siempre
delirios! -por detrás murmura | | | | de pronto apareciendo
el Almirante-, |
50 | | | ¡ay del que cuerdo el juicio no procura
| | | | de la ciega pasión llevar delante! | | | | Matarse por
amor fuera locura.- | | | | Así dice Colón, y Nuño
amante | | | | pregunta, su alma de dolor transida: |
55 | | | -¿Y para
qué es sin el amor la vida? | | |
|
| -Sin
gloria es el amor sombra ilusoria, | | | | dijo Colón,
primero suspirando. | | | | -¿Sombra es amor -dicen los dos- sin
gloria? | | | | -¡Sombra! siguió Colón otro ¡ay!
lanzando.- |
60 | | | Tened siempre presente en la memoria | | | | que
para el mal de amor, la vida andando, | | | | es médico
excelente la paciencia, | | | | el tiempo insigne, y sin igual
la ausencia.- | | |
|
| Tales palabras
con dolor oyendo |
65 | | | Rodrigo pesaroso de su estrella, | | | | -¡Vivir sin ella! -prorrumpió gimiendo; | | | | y Nuño
replicó: -¡Vivir sin ella! | | | | ¡Oh! no, imposible proseguir
viviendo | | | | sin ver, y ver sin fin, su imagen bella; |
70 | | | al dejar su memoria el alma mía | | | | inerte el corazón
se me helaría. | | |
|
| Nunca
su imagen presta a mi albedrío | | | | la libertad siquiera
de un momento; | | | | siempre a ella va como hacia el mar el
río |
75 | | | girasol de su luz mi pensamiento. | | | | Ni al
morir tendré paz; que el amor mío | | | | es tan
grande, tan grande, que presiento | | | | que, si ya muerto, me
llamase un día, | | | | mi esqueleto a su voz respondería.
|
80 | |
|
| -¡Siempre delirios, siempre!
-el Almirante | | | | cual padre tierno con dolor exclama;- | | | | ¡ay del que no echa de su amor delante | | | | la luz del cielo
que razón se llama! | | | | Ved que del árbol de
la vida amante |
85 | | | esa pasión es ponzoñosa
rama: | | | | no acaba el mundo la ira de los cielos, | | | | y lo
envenena un átomo de celos. | | |
|
| ¿Sabéis
de Zaida el que obtendrá la mano? | | | | quien primero
la tierra a ver acierte. |
90 | | | Así a uno de los dos
el suelo indiano | | | | dará gloria y honor, por odio
y muerte. | | | | El duelo consentir fuera inhumano. | | | | Que uno
al menos feliz haga la suerte: | | | | con su amor al triunfante
premiaremos; |
95 | | | y al que pierda... después... después...
veremos. | | |
|
| ¡Rodrigo! un puesto
acotará en la historia | | | | el que antes tierra con
sus ojos mida, | | | | y de su amor la dicha transitoria, | | | | cuanto
lo pueda ser, será cumplida. |
100 | | | ¡Nuño! depure
esa pasión la gloria; | | | | que en la esfera moral de
nuestra vida | | | | cuando el fuego de amor la gloria inflama,
| | | | es más brillante aunque menor la llama. | | |
|
| «Del alto mirador de un mastelero |
105 | | | la India cada cual espíe ansioso, | | | | y al que tierra ¡oh placer! grite el primero, | | | | mis preces y el amor lo
harán dichoso. | | | | ¡Dios premie al más feliz
o más certero! | | | | Y el más desventurado o perezoso,
|
110 | | | que aguarde el porvenir: siempre el destino | | | | para
llegar al bien tiene un camino.
| | |
|
|
—517→
|
| Vamos,
marchad. -Y súbito marchando, | | | | miró a un
mástil Rodrigo de Triana; | | | | luego al trinquete se
acercó exclamando: |
115 | | | -¡Sedme amiga una vez, suerte
tirana!- | | | | Nuño otro puesto rápido buscando,
| | | | dijo, apoyado al palo de mesana: | | | | -¡Aunque es mi sino
cual ninguno fiero, | | | | tanto anhelo esperar, que en él
espero! |
120 | |
|
| -¡Tristes! -Colón
prorrumpe-, ¡mucho siente | | | | su afán mi corazón,
porque no ignora | | | | que el alma a veces vive solamente | | | | con la vida del dueño a quien adora! | | | | Daremos tiempo
a que la edad ahuyente |
125 | | | el fuego del amor que los devora.
| | | | ¡Aun viven para amar! -siguió diciendo.- | | | | ¡No
aman para vivir! -dijo gimiendo. | | |
|
| ¡Sí!
¡yo también en mi vejez refreno | | | | una inmensa pasión,
tan acendrada, |
130 | | | que cual la tierra ayer, con ella hoy
lleno | | | | la inmensidad del mar nunca acotada! | | | | ¿Qué
quedaría en mi doliente seno | | | | si este amor se extinguiese?...
¡Nada! ¡Nada! | | | | Nuño tiene razón, Beatriz
querida. |
135 | | | ¡Ay! ¡para qué es sin el amor la vida!»
| | |
|
El 18 de setiembre de 1492
Martín Alonso Pinzón vio una gran multitud
de aves dirigirse hacia Poniente. -Al Norte gran cerrazón.
-Revista de la historia universal. -La Cava. -Colón.
-Herculano. -Margarita de Dinamarca. -Los amantes de Teruel.
-Abelardo y Eloísa. -Nabucodonosor. -D. Álvaro
de Luna. -Torquemada. -D. Pedro el Cruel. -D.ª María
Coronel. -Epigrama. -Semíramis. -Sistema de Pitágoras.
-Martín Vicente. -Lucrecia. -Paleólogos. -Comnenos.
-Merovingios. -Judíos. -Rascón. -Platón.
-Enrique IV de Castilla. -D.ª Isabel de Portugal, su esposa.
-Pablo Toscanelli. -Macías. -El caballo de Calígula.
-Augusto. -Demócrito y Heráclito. -Escévola.
-Saladino. -Juana de Arco. -Luis XI. -Leónidas. -Bruto.
-César. -Sócrates. -Mahoma. -Continuación
del viaje. -A G... -Conclusión del canto.
| Vivir es ver pasar. Ya iba alboreando
| | | | del diez y ocho de setiembre el día, | | | | cuando
estaban las gentes contemplando | | | | las mil nubes y mil que
el sol teñía. | | | | Tantas nubes, tan varias,
revolando, |
5 | | | el juego de la vida parecía. | | | | Y bien
pensado al fin, ¿qué es en la esencia | | | | más
que un juego de nubes la existencia? | | |
|
| Las
nubes con su forma transitoria, | | | | cual ideas que el viento
ha condensado, |
10 | | | son, breve imagen de la humana gloria,
| | | | del insondable porvenir traslado. | | | | Haciendo aplicaciones
a la historia | | | | leían en las nubes lo pasado, | | | |
como si fuesen sus flotantes velos |
15 | | | alfabetos movibles
de los cielos. | | |
|
| ¡Buen día!
Disputando alegremente | | | | el dulce Ruiz; Roldán, el
tormentoso; | | | | Maestre Juan, ateo e inteligente; | | | | Pedro
Gutiérrez, noble y valeroso; |
20 | | | Maestre Alonso,
médico excelente; | | | | Quintero, el vil; Rascón,
el quejumbroso, | | | | van de las nubes traduciendo el vuelo,
| | | | inescrutable diálogo del cielo. | | |
|
| Al
Norte hay cerrazón; caso previsto, |
25 | | | en que la
tierra se supone enfrente: | | | | además un Pinzón
cuenta haber visto | | | | volar algunas aves al Poniente. | | | |
Es ya tan grande la ilusión, por Cristo, | | | | que grita
loca de placer la gente. |
30 | | | Sólo Colón en
horas tan mortales | | | | su corazón revuelve entre puñales.
| | |
|
| Aquel ir entre el agua y el
ambiente | | | | un viaje por el éter parecía...
| | | | Como un sueño agradable, dulcemente |
35 | | | marcaba
el mar, la luz desvanecía... | | | | Y sin dejar el rumbo
de Occidente | | | | andando y más andando, todo huía...
| | | | ¡Y las nubes, conforme adelantaban, | | | | pasaban, y pasaban,
y pasaban!... |
40 | |
|
| -Mirad, -dijo
Roldán-, esos vapores | | | | dan de la Cava idea parecida,
| | | | que en la opinión de graves escritores | | | | más
que su honor fue su beldad cumplida.- | | | | Escobedo siguió:
-Y ¿a quién, señores, |
45 | | | si del rosario que
llamamos vida | | | | las cuentas blancas en pasar se alegra,
| | | | no le herirá el color de alguna negra?
| | |
|
|
—518→
|
| -A Colón, que cree en Dios, -Roldán
les dijo. | | | | A la sazón hallándose cercano
|
50 | | | le replicó Colón: -Es verdad, hijo; | | | | siempre cree en Dios quien cruza el Oceano.- | | | | Y continuó,
en Roldán el rostro fijo: | | | | -Si ignorase su nombre
soberano, | | | | ¿a quién en la borrasca invocaría?
|
55 | | | Si no creyese en Dios, ¿en quién creería?-
| | |
|
(Aplauso general.) | | -Y de repente
| | | | viendo unas nubes a la diestra mano, | | | | dijo Martín
Pinzón: -¡Cuán propiamente | | | | imita una ciudad
el aire vano! |
60 | | | Ya sus cimientos removió el ambiente...
| | | | Ya se va hundiendo... -Cual se hundió Herculano,
| | | | -dijo Escobedo, y añadió enseguida: | | | | -¡Castillos
en el aire: he aquí la vida! | | |
|
| -¡Qué
mujer tan altiva y tan hermosa!- |
65 | | | gritó Alonso,
y siguió de esta manera:- | | | | Margarita Calmar fue
virtuosa, | | | | y tanto como buena, fue hechicera. | | | | -¡Una
mujer perfecta! ¡extraña cosa!- | | | | dijo Ruiz. Y Colón:
-Aunque no fuera, |
70 | | | para el que noble con razón
se llama, | | | | es bella, y tiene honor cualquiera dama. | | |
|
| Dos bellas sombras maestre Juan
mirando, | | | | -Ved los amantes de Teruel, -exclama;- | | | | ¡Siempre
lo mismo! Siempre conjugando |
75 | | | el yo amo, tú amas,
aquél ama. | | | | A la muerte el amor nos va llevando
| | | | de dolor en dolor, de llama en llama. | | | | La que fue abnegación
ya es egoísmo: | | | | amar y desamar. ¡Siempre lo mismo!
|
80 | |
|
| Y siguió: -El cierzo,
¿veis? ¡siempre lo mismo! | | | | Ahora a Abelardo y Eloísa
sorbe: | | | | perdóneles el cielo: su erotismo | | | | fue
un adorable escándalo del orbe.- | | | | Y continuó:
-El amor es un abismo |
85 | | | que honor, gloria y salud ávido
absorbe.- | | | | Calló maestre Juan. Mas de contado,
| | | | le replicó Escobedo: -¿Y quién no ha amado?-
| | |
|
| ¡Id, amantes, en paz! si el
mundo helado | | | | execra sin piedad vuestra memoria, |
90 | | | ¿quién
no sintió un amor desventurado? | | | | ¡Lucha eterna sin
prez y sin victoria! | | | | ¿Pero siempre ¡ay de mí! será
execrado | | | | el que en amar cual vos funde su gloria, | | | | sin
ver que es la razón de tanto anhelo |
95 | | | el sentimiento,
la razón del cielo?... | | |
|
| -¡Nabucodonosor!
-siguió altanero | | | | maestre Juan; -los hados inconstantes
| | | | le transformaron por sensual y fiero | | | | en una bestia
al fin, siendo rey antes. |
100 | | | -¡Justa transformación!
-siguió Quintero;- | | | | si a cuantos reyes veo semejantes
| | | | les da un castigo igual de Dios la ira, | | | | ¡cuánta
bestia futura el mundo admira! | | |
|
| Y
añadió, señalando al diestro lado: |
105 | | | -Don Álvaro de Luna. -¡El favorito!- | | | | el público
exclamó desconcertado, | | | | unos diciendo, -¡pobre!
-otros -¡maldito! | | | | -Fue -dijo Ruiz- bastante desgraciado;
| | | | por lo demás, su orgullo fue infinito;- |
110 | | | y
repuso Quintero: -¡Ah! sí, quién fuera | | | | lo
que ese buen señor pensaba que era! | | |
|
| -Nada
hay más vil que apellidar maldito- | | | | dijo Escobedo-
a un alma desdichada. | | | | -¿Aunque sea -dijo uno- el favorito?
|
115 | | | Y repuso Escobedo: -Nada, nada. | | | | -¡Torquemada! -grita
otro; a cuyo grito | | | | Maestre Juan prorrumpe: -¡Torquemada!
| | | | Sólo de ver su imagen me consterno; | | | | dejad que
vaya en paz, irá al infierno. |
120 | |
|
| -¡Don
Pedro el justiciero! -¡El inhumano!- | | | | interrumpiendo a
Ruiz, dijo Quintero. | | | | Uno gritó: -el cruel, -y otro,
-el villano;- | | | | y -el maldito también, -dijo un tercero.
| | | | ¡Horror universal! Viendo al tirano |
125 | | | con su rostro
procaz y aire altanero, | | | | pregunto Ruiz: -¿Cuántas
serán, maese, | | | | las cuentas negras del rosario de
ése?- | | |
|
| Y siguió:
-¿Veis? quemando su mejilla | | | | halló la Coronel a
su honra puerto: |
130 | | | temiendo al tal Don Pedro de Castilla
| | | | no su existencia, su beldad ha muerto. | | | | -¡Oh, jamás
no imitada maravilla!- | | | | dijo Roldán: -nunca creí,
por cierto, | | | | que fuese hasta el extremo virtuosa |
135 | | |
de hacerse fea una mujer hermosa.- | | |
|
| ¡Murmuración
pueril! Así mostrando | | | | en juego tal cuanto saber
presumen, | | | | ya hiriendo con razón, ya calumniando,
| | | | todos agotan con placer su numen. |
140 | | | Van la verdad
con sueños engañando. | | | | ¿Y es más cierto
lo real? No, no; en resumen, | | | | es sombra y nada más
la humana gloria; | | | | nubes que van y vienen es la historia.
| | |
|
|
—519→
|
| -¿Sabéis -dijo uno-
esa visión quién era? |
145 | | | maestre Juan contesta:
-Un rey ha sido... | | | | -Llama rey a un fulano cualesquiera-,
| | | | maestre Alonso exclama, -¡presumido!- | | | | Al ver maestre
Juan de tal manera | | | | en su amor propio el corazón
herido, |
150 | | | le dijo: -Y bien: ¿qué es el linaje
humano, | | | | con alguna excepción, más que un
fulano? | | |
|
| ¡Semíramis,
Semíramis! -prosigue-, | | | | ¡cuán grande es su
pavor! huye de miedo | | | | al ver que Nino airado la persigue.
|
155 | | | ¡Remordimiento horrible! -Quedo, quedo, | | | | señor
maestre Juan, que la castigue | | | | su conciencia no más,
-dijo Escobedo.- | | | | ¿Quién en el mundo al recordar
su historia | | | | no se encuentra algún Nino en la memoria?-
|
160 | |
|
| Y de las nubes traduciendo
el juego, | | | | maestre Juan siguió: -La nube aquella
| | | | es Pitágoras. | | | (Risas.) | | -Ved, os ruego, | | | | ved bien
la metempsícosis en ella. | | | | El caos... una flor...
un bruto... luego |
165 | | | la imagen de Pitágoras descuella...
| | | | De Pitágoras luego otra flor nace... | | | | ¡Ya se
ha deshecho! -¿Y qué no se deshace? | | |
|
| A
tan rara invención el vulgo atento | | | | le interrumpió
gritando: -¡Bravo, bravo!- |
170 | | | Maestre Juan siguió:
-Ya es un jumento... | | | | un rey... un gato... una mujer...
un pavo... | | | | Ya es no sé que... ya es un vapor...
ya es viento... | | | | Todo se vuelve viento al fin y al cabo.-
| | | | ¡Dura verdad! al fin de la jornada |
175 | | | todo acaba lo
mismo: ¡el caos, la nada! | | |
|
| Mientras
la bulla y el placer crecía, | | | | -¡Ay! ¿no hará
un mundo Dios compadecido | | | | para premiar mi fe? -Colón
decía, | | | | ciego a la luz y sordo a todo ruido.
|
180 | | | -¿De dónde era aquel palo -proseguía- | | | |
que recuerdo muy bien haber leído | | | | que halló
a quinientas leguas a Occidente | | | | el bravo portugués
Martín Vicente?- | | |
|
| Sigue
el viento y la bulla, y... ¡adelante! |
185 | | | Quintero, que
hasta en sombras su ira gasta, | | | | -¡Ved -exclamó-
a Lucrecia tan amante, | | | | tan buena esposa, tan gentil, tan
casta!...- | | | | Parose, y continuó: -Pero... -Al instante
| | | | le interrumpió Escobedo: -Basta, basta: |
190 | | | decidme
por favor, señor Quintero, | | | | ¿hay quién no
tenga en su existencia un pero?- | | |
|
| A
cuantos grupos el vapor formaba, | | | | en razas maestre Alonso
los partía. | | | | -¡Emperadores griegos! -exclamaba.
|
195 | | | -Paleólogos, Comnenos, -añadía.
| | | | -Los reyes Merovingios, -continuaba. | | | | Conforme maestre
Alonso así decía, | | | | maestre Juan iba diciendo
en tanto: | | | | -¡Cuántas nubes de tontos, cielo santo!
|
200 | |
|
| -¿Quién es la raza
que atraviesa ahora?- | | | | le preguntó Roldán.
Juan, de contado, | | | | -Es -dijo- el pueblo que el becerro
adora, | | | | que al pie del Sinaí torpe ha adorado.
| | | | Vaya con Dios la raza previsora |
205 | | | que mudando el país
con el calzado, | | | | por patria adopta, de codicia llena,
| | | | como la abeja la mejor colmena.- | | |
|
| -¿Quién
sera -dijo Ruiz- esa heroína?- | | | | Escobedo exclamó:
-¡Crimen horrendo! |
210 | | | ¡Después de acariciarle lo
asesina!- | | | | Y encarándose a Ruiz siguió diciendo:
| | | | -¡Forman una visión muy peregrina | | | | ella de él
la cabeza sosteniendo: | | | | pero esa aparición fuera
más bella |
215 | | | si él sostuviese la cabeza
de ella!- | | |
|
| Así del cielo
entre el movible encanto, | | | | y entre el reír alegre
del gentío, | | | | la mansión de la noche y del
espanto | | | | ¡Indomable valor! cruzan con brío.
|
220 | | | ¡Era inmenso el bullicio! Y entre tanto, | | | | -¿Dónde
estará, como será, ¡Dios mío!- | | | | decía
el buen Rascón meditabundo- | | | | el paredón donde
se acaba el mundo?- | | |
|
| Mirando
maestre Alonso al diestro lado, |
225 | | | que a cuantos le oyen
en saber les gana, | | | | -¡Fuera sombreros! -exclamó
admirado;- | | | | ved de Platón la imagen soberana. | | | | Él del mundo el espíritu ha animado, | | | | como
inventor de la moral humana.- |
230 | | | En son de burla: -Si
la halló el primero, | | | | fue del alma el Colón,
-dijo Quintero. | | |
|
| Y siguió:
-Un monstruo que el vapor fabrica; | | | | ¿es un hombre o una
bestia? pero ¡tate! | | | | veréis cómo el buey
Apis significa |
235 | | | después que maestre Juan nos
lo retrate.- | | | | Siempre zumbón, maestre Juan replica:
| | | | -¿Creéis que es el buey Apis? ¡disparate! | | | | Que
calumniéis así me maravilla | | | | al rey Enrique
cuarto de Castilla.
|
240 | |
|
|
—520→
|
| Ved
allí a su mujer, -siguió diciendo. | | | | -¿Con
Don Beltrán? -dice uno. -Pues es llano.- | | | | prorrumpe
en coro el público riendo. | | | | -¡Quién sabe!
-dijo Ruiz-, fue eso un arcano. | | | | Las buenas dudas del buen
Ruiz oyendo, |
245 | | | siguió maestre Juan: -En vano,
en vano | | | | de cuentas blancas su vestido bordas; | | | | las cuentas
de ésa son negras y gordas.- | | |
|
| ¡Gran
fiesta! Mientras éste divertido | | | | disfruta en la
ilusión del aire vano, |
250 | | | está pensando
aquel enternecido | | | | en el padre, en la madre o en el hermano.
| | | | Colón, en tanto, sordo a todo ruido, | | | | con el
compás en la derecha mano, | | | | un mapa estudia que
trazo la ciencia |
255 | | | de Pablo Toscanelli de Florencia.
| | |
|
| Lamentando leal sus agonías,
| | | | -Ved a Macías, -dijo Ruiz gritando.- | | | | Rascón
siguió: -Con tiernas elegías | | | | irá
al cielo de amor enajenando.- |
260 | | | Viendo al ilustre soñador
Macías | | | | que el aire y nada más iba abrazando,
| | | | Nuño exclamó, siempre a su mal atento:
| | | | -¿Qué es nuestro amor más que abrazar el
viento? | | |
|
| -¡Gran caballo! -prorrumpe
un marinero. |
265 | | | -Es el del Cid, -dijo otro-, cuyo brío
| | | | más sarracenos arrolló ligero | | | | que arenas
lleva hacia la mar un río. | | | | -Será el que
eligió rey -dijo Quintero- | | | | relinchando a la aurora,
al buen Darío: |
270 | | | con que, aunque ofenda con el
símil, hallo | | | | que era un gran elector el tal caballo.
| | |
|
| -Pues yo en creer -dijo Roldán-
insisto | | | | que aquél será que por su gran despejo
| | | | nombró cónsul Calígula, y por Cristo |
275 | | | que era un miembro especial para un concejo, | | | | pues
nunca, como muchos que yo he visto, | | | | le dio al Emperador
un mal consejo. | | | | Ya veis si el consejero era excelente.-
| | | | Todos dijeron: -¡Efectivamente! |
280 | |
|
| -¿A
quién veis, maestre Alonso? -Allí estoy viendo
| | | | al grande Augusto, un déspota excelente. | | | | ¡Feliz
tirano! -continuó diciendo;- | | | | fue feliz, muy feliz
seguramente. | | | | -Sí, como todos, -prorrumpió
gimiendo |
285 | | | Nuño, apretando con dolor su frente;
| | | | en este valle de delicia y llanto | | | | se goza mucho, más
se sufre tanto!... | | |
|
| -¡Demócrito
y Heráclito! -al Oriente | | | | gritó Rodrigo Sánchez
señalando;- |
290 | | | mirad bien con que aspecto diferente
| | | | uno riendo va y otro llorando.- | | | | Viendo pasar a entrambos
lentamente, | | | | quedose maestre Alonso murmurando: | | | | -Los
polos del humano sentimiento: |
295 | | | ¡lágrimas necias!
y ¡bestial contento!- | | |
|
| Ruiz
preguntando, Alonso respondiendo, | | | | la ruta alegran de su
erial camino: | | | | -Éste ¿quién es? -Ruiz comenzó
diciendo. | | | | -Es Escévola, un célebre asesino.
|
300 | | | -¿Y esa otra sombra que lo va siguiendo? | | | | -Ése,
admiraos, Ruiz, es Saladino, | | | | que al batallar con incruentas
manos | | | | enseñó el Evangelio a los cristianos.
| | |
|
| -¿Quién es, antes que
entre otras se me pierda-, |
305 | | | dijo Ruiz- esa sombra pudorosa?
| | | | -A la gran Juana de Arco me recuerda, | | | | por valiente,
por buena y por hermosa. | | | | -¿Y esa otra que se extiende
hacia la izquierda, | | | | espesa, hedionda, informe y tenebrosa?
|
310 | | | -Ésa es -le contestó con arrogancia-
| | | | el alma de Luis once, rey de Francia. | | |
|
| -¿Quién
es aquél? -Leónidas el valiente, | | | | el que
enseñó a morir con heroísmo. | | | | -¿Y
éste? -Bruto: un traidor. -¿Y ése de enfrente?
|
315 | | | -Es César, el factor del despotismo. | | | | -¿Quién
es aquel de inalterable frente? | | | | -El autor del Conócete
a ti mismo. | | | | -¿Y aquél que el vuelo hacia el Oriente
toma? | | | | -Un rapsoda de Cristo; ése es Mahoma.- |
320 | |
|
| ¡Vértigo interminable!
Disparados, | | | | sin pararse en un punto ni un momento, | | | |
sólo miran sus ojos fascinados | | | | la realidad del
mar, ¡brumas y viento! | | | | Corrían, yendo al parecer
volcados |
325 | | | en la bóveda azul del firmamento...
| | | | ¡Y las nubes, conforme navegaban, | | | | pasaban, y pasaban,
y pasaban!... | | |
|
| -¿Quién
será? -en todas partes se decía | | | | viendo una
imagen resbalar süave, |
330 | | | que a todas las imágenes
vencía | | | | en lo gentil, lo pudoroso y grave. | | | | ¿Quién
era? Nadie el caso presentía. | | | | Mas viendo siempre
al porvenir: -¡Quién sabe! | | | | dijo Colón;-
tal vez la musa es ésa |
335 | | | que el canto ha de inspirar
de nuestra empresa.
| | |
|
|
—521→
|
| ¡Salud,
musa gentil, alma futura, | | | | de toda innoble tentación
ajena; | | | | jamás la mente en su ilusión más
pura | | | | alcanza al linde hasta donde eres buena! |
340 | | | ¡Salve,
del cielo predilecta hechura, | | | | a quien hizo eslabón
de la cadena | | | | que el sentimiento de la humana raza | | | | al
sentimiento del Eterno enlaza! | | |
|
| Mírame...
así... tu rostro que bendigo |
345 | | | nunca me canso
de tenerlo enfrente, | | | | y muchas veces cuando estoy contigo
| | | | para quererte más me finjo ausente. | | | | No sufras,
no, si tu mejor amigo | | | | de pena llora al ver que inútilmente
|
350 | | | por más que el alma tras la tuya lanza | | | | a
igualar tu virtud jamás alcanza. | | |
|
| ¿Tú
también pasarás, como ha pasado | | | | de esas
visiones la ilusión externa; | | | | tú, con un
pecho de virtud dechado; |
355 | | | tú, con un alma cual
ninguna tierna?... | | | | También ¡ay! seguirás,
siempre a mi lado, | | | | de cuanto existe la evasión
eterna... | | | | ¿Qué cosa hay en el mundo, dueño
mío, | | | | que marque su carrera en el vacío?
|
360 | | | | | |
|
| ¡Se acabó la ilusión!
Desde el Oriente | | | | sobre la mar la sombra se derrama, | | | | empezando esa hora en que la mente | | | | en el alma, sin luz,
mira cuanto ama. |
365 | | | Perpetua amiga del amor ausente,
| | | | viendo la noche cada cual exclama, | | | | recordando el objeto
a quien adora, | | | | un -¿en dónde estará? -un
-¿qué hará ahora? | | |
|
| Anocheció.
Del cielo huyó el hechizo |
370 | | | cual de la tierra al
fin huye la gloria: | | | | las nubes poco a poco el Sur deshizo
| | | | como el tiempo las sombras de la historia. | | | | Y después
que a su vez cada cual hizo | | | | un viaje por su patria de
memoria, |
375 | | | el himno entonan con ferviente anhelo: | | | |
¡Gloria a Dios en la tierra y en el cielo! | | |
|
Día 19 de setiembre:
calma pesada: un alcatraz: Colón sondea 200 brazas
sin encontrar fondo. -Día 20: vuelve a aparecer la
hierba: se coge un pájaro como una garza: varios pajarillos
cantando. -Día 21: más hierbas: alarma: una
ballena. -Día 22: menos hierba: viento de Sud-oeste:
serias murmuraciones. -Día 23: una tórtola:
pájaros pequeños: se levanta el mar. -Días
24, 25 y 26: desenvoltura de los marineros: viento del Este:
Martín Pinzón grita «¡tierra!» torciose el
rumbo: la tierra era una nube. -Días I.º, 3, 6 y 7
de octubre: discrepancia de las medidas tomadas por los pilotos:
no se ven pájaros: la Niña dispara un cañonazo:
se deshace la ilusión. -Días 8 y 9 de octubre:
pajarillos como de campo: aire fresco y suave como por abril
en Sevilla. -10 de octubre: motín. -Discurso de Roldán.
-Contesta Colón. -La idolatría y la fe. -La
mayor batalla del mundo. -Continuación del motín.
-Profecía y última orden de Colón. -Nueva
aparición del genio de la Atlántida.
| -Gran calma. -Un alcatraz. -Colón
sondea | | | | más de doscientas brazas -¡no es bastante!
| | | | ¡Qué atroz profundidad, casi marea! | | | | -Pradería
de hierbas ambulante. | | | | -En un buque una garza el vuelo
apea. |
5 | | | -¡Pajarillos que cantan! -¡Adelante! | | | | Si hoy
sólo hierba vuestra quilla toca, | | | | mañana
será arena, y después roca. | | |
|
| Aun
prosigue la mar de hierbas llena: | | | | ¿quién al mirarlas
de pavor murmura? |
10 | | | -¡Casi alegra el horror de una ballena
| | | | en tan grande quietud y a tanta altura! | | | | No hay hierba:
-veintidós. -¡Brisa serena! | | | | -¡Más murmurar!
en ocasión tan dura, | | | | ¿no sabéis, españoles,
que a lo menos |
15 | | | saben morir sin murmurar los buenos?
| | |
|
| Una tórtola; ¡bien!
¡nuncio dichoso! | | | | ¡Cuál despiertan sus cantos nuestros
duelos! | | | | -Más pájaros, ¡salud! -¡Cuánto
reposo! | | | | -Se alza el mar, se disipan los recelos. |
20 | | |
-Algunos días más y soy dichoso: | | | | seguid,
seguid, yo pediré a los cielos | | | | que volváis
con la dicha que habéis ido. | | | | ¡Es tan poco y tan
fácil lo que os pido! | | |
|
| Veinticuatro.
-Aun hay gente que murmura. |
25 | | | -Viento de Este. -Pinzón
a un mástil sube: | | | | -¡Tierra! -grita: ¡buen Dios!
¿será locura? | | | | ¡Nunca un placer como al oírlo
tuve! | | | | Variad de rumbo. -¿Es cierta mi ventura? | | | | No era
tierra ¡oh dolor! era una nube. |
30 | | | ¡Sucede tantas veces
en la vida | | | | tomar por cosa real la que es fingida! | | |
|
| La ciencia de los prácticos se
admira, | | | | porque discrepa la distancia andada. | | | | ¡Qué
soledad! -El tres sólo se mira |
35 | | | aire y silencio,
imágenes de nada. | | | | -¡Tierra! -la Niña un
cañonazo tira... | | | | Mas la ilusión deshace
la alborada. | | | | ¿Acaso un mago con furor violento | | | | nos
va la tierra convirtiendo en viento? |
40 | |
|
| Giran
el ocho en torno de las naves | | | | pajarillos que al alba se
levantan: | | | | ¡qué hermosas son en alta mar las aves!
| | | | y, si buscamos tierra, ¡qué bien cantan!- | | | | Día
nueve. -Aires frescos y suaves, |
45 | | | que tanto el gusto de
Colón encantan, | | | | -Que son (lo escribe así
su alma sencilla) | | | | cual las brisas de abril son en Sevilla.-
| | |
|
| En el mil cuatrocientos que
corría, | | | | y año noventa y dos de nuestra era,
|
50 | | | el diez de octubre, por la vida mía, | | | | de esta
historia inmortal borrar quisiera. | | | | Cuanto se toca, y oye,
y ve este día, | | | | todo a la vil tripulación
altera. | | | | Se vuelve el más pacífico iracundo.
|
55 | | | ¡Todo se acaba donde acaba el mundo!
| | |
|
|
—523→
|
| De
su temor en el fatal exceso | | | | Roldán la chusma amotinar
procura, | | | | y en un corrillo bárbaro y sin seso | | | | hablando de Colón, así murmura: |
60 | | | -Si impidiese
tenaz nuestro regreso, | | | | lanzadle al mar en premio a su
locura; | | | | que el hecho ocultará, más que el
humano, | | | | con discreción eterna el Oceano.- | | |
|
| Oye Colón su estúpido
delito, |
65 | | | y al verlos acercarse a su presencia, | | | | -Atended,
que su fruto es exquisito-, | | | | les dijo, -si es amarga la
paciencia. | | | | -Sabed -exclamó Roldán alzando
el grito- | | | | que perseguir más lejos ya es demencia
|
70 | | | cuantos me escuchan creen, como yo creo, | | | | esa ilusión
que os huye ante el deseo. | | |
|
| -¿No
veis -dijo Colón- cuán bienhadados | | | | vamos
poniendo fin, con tiempo hermoso, | | | | a este mar que llamaban
espantados |
75 | | | los árabes: -inmenso y tenebroso?
| | | | -¡Muera! -gritan los Porras sublevados. | | | | -Pues herid,
-sigue el héroe con reposo;- | | | | labraréis con
mi daño vuestro daño; | | | | ¿dónde sin
su pastor irá el rebaño? |
80 | |
|
| -¡Muera!
-insiste Roldán enfurecido;- | | | | no puede ser más
sabio un pobre loco | | | | que cuantos sabios en el mundo han
sido; | | | | ni más valiente que Hércules tampoco.
| | | | -¡Pues heridme! -Colón dijo atrevido;- |
85 | | | ¿qué
me importa morir? Dentro de poco | | | | el generoso pecho de
algún hombre | | | | hará de gozo palpitar mi nombre.
| | |
|
| -¡Herid! si os atrevéis,
¡herid! -decía.- | | | | ¡Cuánto inútil terror
vino inspirando |
90 | | | ese menguado de Hércules un día
| | | | el fin del mundo en Cádiz señalando! | | | |
¡Herid! -siguió; -sin la experiencia mía | | | | una muerte común, torpes vagando, | | | | mas tarde encontraréis,
o menos tarde, |
95 | | | oscura y criminal, necia y cobarde.-
| | |
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| No hay quien no luche allí.
La IDOLATRÍA | | | | entre todos con ciego fanatismo | | | | difundiendo el terror así decía: | | | | -Mirad:
aquí... ¡el abismo! allí... ¡el abismo!- |
100 | | | La FE en tanto a Colón le repetía, | | | | como
si fuese un eco de sí mismo: | | | | -¡Tu bajel, inmortal
aventurero, | | | | remolcará a la vuelta un mundo entero!-
| | |
|
| ¡Quién creerá
que en tan frágiles maderos, |
105 | | | y en esas luchas
que parecen vanas, | | | | se disputan tal vez mundos enteros!
| | | | ¡Altos juicios de Dios! ¡Cosas humanas! | | | | ¡Entre cuatro
infelices marineros, | | | | más que en Farsalia, y en
Chalons, y en Cannas, |
110 | | | en alta mar, en incruenta guerra,
| | | | mediando está la suerte de la tierra! | | |
|
| -¿Y qué veis -un Jiménez
preguntaba- | | | | para esperar a nuestro mal consuelo? | | | | ¡Tras
la extensión de un mar que nunca acaba, |
115 | | | la inaccesible
soledad del cielo!... | | | | Diciendo así Jiménez
sollozaba; | | | | y abundando los otros en su duelo, | | | | exclaman,
recordándolos en vano: | | | | -¡Mi pobre madre! -¡Mi infeliz
hermano! |
120 | |
|
| «Lejos -siguió
Roldán- de nuestros lares | | | | no hay para nuestra muerte
un punto cierto; | | | | nuestro sepulcro borrarán los
mares | | | | tan pronto ¡ay Dios! cerrado como abierto. | | | | Las
madres, descargando sus pesares, |
125 | | | ¿dónde creerán
las tristes que hemos muerto? | | | | ¿Ante qué cuerpos
rendirán honores? | | | | ¿Sobre qué tumbas ¡ay!
verterán flores? | | |
|
| »De
la patria la tierra encantadora | | | | se entreabre de los deudos
al gemido; |
130 | | | mas cuando el mar sus víctimas devora
| | | | lo hace en silencio, sin dolor, sin ruido. | | | | Decidme,
os ruego, si nos traga ahora | | | | este lago de plomo derretido,
| | | | ¿qué nos espera en tan aciaga suerte? |
135 | | | ¡El
olvido, la muerte de la muerte! | | |
|
| »¿No
veis -siguió- cuál de dolor suspiran | | | | los
que modelos de valor llamamos? | | | | Los más leales contra
vos conspiran. | | | | ¿Dónde vamos, decid, y en dónde
estamos?» |
140 | | | Todos en torno el horizonte miran, | | | | como
quien dice: -Es cierto, ¿adónde vamos?- | | | | ¡Y sólo
ven por único consuelo | | | | agua y agua en el mar, aire
en el cielo! | | |
|
| Y en tanto que
el dolor de todos crece, |
145 | | | «¿No veis -siguió doblando
sus lamentos- | | | | que hasta que han muerto por aquí
parece | | | | los inconstantes soplos de los vientos? | | | | Nada
en la tierra este dolor merece: | | | | mirad que aunque logréis
vuestros intentos, |
150 | | | vuestra vida será, siendo
envidiada, | | | | menos dichosa cuanto más honrada.»
| | |
|
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—524→
|
| -¡Adelante!- Colón
grita altanero. | | | | Y hablando en baja voz, murmura apenas:
| | | | -Me lo ha dicho del cielo un mensajero: |
155 | | | Tú
librarás el mar de sus cadenas. | | | | -Continuad el marcado
derrotero-, | | | | con palabras siguió de imperio llenas;
| | | | que quepa a todos por igual la suerte; | | | | ¡todos a la
India, o todos a la muerte!- |
160 | |
|
| Así
dijo Colón. Y con la mano | | | | señalando al Ocaso
con fiereza, | | | | cruzó de una mirada ese Oceano | | | |
que hace perder el verlo la cabeza. | | | | Y el recuerdo de un
numen ya lejano, |
165 | | | pasando por su mente con presteza,
| | | | dijo con voz que redobló su brío: | | | | -¡Cruza
impávido el mar; sigue, hijo mío!- | | |
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