1
Literatura galaica. El Amadís de Gaula, Madrid, 1909, pp. 102 y ss.
2
Es probable que el
punto de partida de su interpretación alegórica
fuesen los versos 272b y 273f del
Laberinto de Juan de Mena. Pues también en las
coplas 271 y ss. de este poema se
encuentra una doncella omnisciente, la Providencia, quien en su
profecía exalta el mérito del héroe predilecto
del autor, don Juan II, sobre el de sus antepasados, llegando a
decir «será como muerta la fama de
Çindo..., morrá la memoria segund que su
dueño...»
. Mena, empero, echa dos veces mano de
«morir» evitando las siniestras asociaciones de
«matar». Si Montalvo no le sigue en este
escrúpulo, es porque la circunstancia de «que el hijo al padre mató»
era
tan notoria que no podía negarse de buenas a primeras.
3
Estas dos variantes arrojan luz sobre las cuatro del episodio de Briolanja, las cuales no presuponen necesariamente cuatro redacciones distintas del Amadís: como en este pasaje del Esplandián, Montalvo transmite la versión que halló en «estos tres libros de Amadís» (Briolanja no correspondida), narra con detenimiento la propia (Briolanja casada con don Galaor) y la justifica oponiéndola a otras varias, no a una autorizada solución única, como aquí desdobla el desenlace que contaba la muerte de Amadís. Historias mitológicas tales como la de Dido o la de Penélope con sus soluciones alternantes (contenidas, por ejemplo, en la popularísima Crónica troyana) pudieron autorizar esta práctica. La referencia al infante don Alfonso de Portugal parece, como sugirió doña Carolina Michaëlis de Vasconcelos, una apostilla antigua que se ha deslizado en el texto («Geschichte der portugiesischen Literatur», en GRÖBER, Grundriss der romanischen Philologie, Strasburg, 1897, II, 2, pp. 222).
4
«Las Sergas de Esplandián como crítica de la caballería bretona», BBMP, XXIII (1947), pp. 103-111, del primero; El Amadís y el Quijote, Madrid, 1947, del último.
5
Compárense
las declaraciones del Esplandián, Cs. 2, 25, 28, 29, 46, 48, 50, 78, 81,
99, 132, 133, 138, 139, 142, 143, 168. Conforme a un arte de
gradación frecuente en Montalvo, la aventura y su planteo
ascético están preludiados en el C. 25. Allí Cendil de Ganota,
Galvanes, Angriote de Estraváus y don Galaor provocan a
Esplandián quien, además de satisfacer a todas sus
preguntas, agrega «que la causa es muy
pequeña para haber comigo qüistión ni
batalla»
e insinúa mejor empleo de sus fuerzas. A
pesar de tanta mansedumbre, los caballeros porfían y
Esplandián los derrota uno a uno. Cuando don Galaor se da a
conocer, nombra a los demás y explica que su intento
había sido probar el verdadero valor del doncel, éste
pide perdón al hermano y a los compañeros de su
padre, pero Montalvo subraya su íntimo regocijo por haber
vencido a tan famosos caballeros, mientras en el combate con
Amadís le muestra exento de esta última
vanagloria.
6
La rivalidad es
creación de Montalvo para exaltar a Esplandián. En
cambio, no cabe dudar de la presencia de Esplandián en el
Amadís primitivo; el nombre mismo pertenece al
Amadís y no a su continuación, pues
según ha observado García de la Riega, op.
cit., p. 107, los
nombres de persona acabados en -án abundan en
aquél mientras faltan en ésta; el único nombre
en -án que agregan las Sergas,
C. 83, es Rosan,
nombre supuesto de Belleriz. El Caballero Cifar
proporciona un paralelo instructivo para la relación entre
el Amadís y el Esplandián. Cuando
la emperatriz Nobleza se declara encinta, Roboán
señala el nombre que ha de llevar su hijo: «Díganle Fortunado»
, y el autor
comenta (edición C. P. Wagner, University of
Michigan, 1929, C. 211, p. 477): «E
asý le dixieron después que fue nasçido, del
qual ay vn libro de la su estoria en caldeo, de quántas
buenas cauallerías e quántos buenos fechos fizo
después que fue de hedat e fue en demanda de su
padre»
. No es aventurado suponer que una mención
parecida de Esplandián en el Amadís
primitivo hubiese autorizado a Montalvo a desarrollar en sus
Sergas la vida y hechos del nuevo personaje, enlazando sus
niñeces con la historia de sus padres y reservando para sus
hazañas de adulto su propia obra independiente.
7
El motivo es familiar en el folklore: cf. THOMPSON, S., Motif-Index of Folk-Literature, Indiana University Studies, 1932-1936, núm. 843. Como ejemplos caballerescos, véase Sir Degare (WELLS, J. E., Manual of Writings in Middle English, Yale University Press, 1916, p. 135), La leyenda del Cauallero del cisne (edición E. Mazorriaga, Madrid, 1914, pp. 27 y ss.) y en el mismo Amadís, I, 3, la crianza de don Galaor. Pero en el Amadís primitivo el ermitaño que recogía a Esplandián no podía tener la importancia de Nasciano en el Amadís que leemos, porque Nasciano es transparente personificación de las ideas de Montalvo sobre la misión de la Iglesia, tal como explícita y discursivamente las expone en el libro IV, pp. 32 y ss., 36, y en el Esplandián, C. 102. Para ejemplos de combate entre padre e hijo, además de los citados en el texto y del Lai de Doon, véanse los de R. Koehler en la Revue critique, VI (1868), pp. 413 y ss.
8
Según la Crestomatía de Proclo, ver HOMERO, Obras, (edición de T. W. Allen, Oxford, 1911), t. 5, p. 109.
9
«Leomarte» se inspiró aquí en la leyenda
de Dido, quien a la partida de Eneas se traspasa el pecho con su
espada. Lo corrobora la versión alternativa que agrega a
continuación (p. 285):
«Commoquier que algunas estorias dizen
que Penélope, después de la muerte de Vlixes quatro
annos, se mató porque era seguida del rey de Salamir, e ella
non le queriendo le fazía guerra al regno; e por guardar su
castidat e desuiar el danno del regno dizen que se
mató»
. Pues esta muerte de Penélope
coincide con la versión alternativa de la leyenda de Dido
basada en Justino y especialmente grata en España,
según la cual la reina de Cartago no se había muerto
por amores de Eneas, sino por mantenerse fiel a la memoria de su
marido Siqueo y para salvar su ciudad: cf.
«Dido y su defensa en la literatura española»,
RFH, IV
(1942), 209 y ss. Para el modo de
suicidio de Oriana, cf. La demanda del sancto grial,
Cs. 7 y 31, la historia del
caballero incestuoso y sanguinario que «dexóse caer de la finiestra»
(p. 166a). Quizá
sugiriese a su vez el suicidio de Arcabona a la muerte de su hijo
en el Esplandián, C. 10. Atestigua la resonancia del
trágico fin de Ulises y Telégono el
Diálogo de Bías contra Fortuna, copla 74:
«poco a poco la traxiste [la vida de
Ulises] / en manos del parriçida / Thelegono, non culpado. /
¿Quál dolor / fue semblante nin mayor, / nin rey
más infortunado?»
.
10
Que yo sepa, solo lo ha hecho García de la Riega, op. cit., para la Crónica troyana en gallego, señalando la semejanza entre los amores de Jasón y Medea y los de Perión y Elisena (p. 89), y la semejanza entre los nombres de Archalaus, Perio, Brion, Corion, Dardanos, Durays, Elios, Tantalo, Abios, Briseida y Melibia de la Crónica con los de Arcaláus, Perión, Brián, Corián, Dardán, Durín, Elián, Tantales, Abies, Brisena y Melicia del Amadís (pp. 89, 131 y ss.).