Cuadro quinto | ||||
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Cuando vuelven las luces, las mismas luces, no hay nadie en escena. Alguien está abriendo con la llave la puerta de la escalera. Entran RITA y DANIEL. Ella viene indignadísima. | ||||
RITA.- ¡Oh! Por fin, en casa. Creí que no llegaría nunca este momento... (Entran los dos en el cuarto de estar.) ¡Qué noche! ¡Pobre de mí! Toda la velada hablando con un chino. ¡Y qué chino! Un verdadero charlatán. ¡Ah! Ya le diré yo a ese embajador que, otra vez, cuando distribuya los puestos de la mesa, al chino lo ponga con su padre. Tú, en cambio, lo has pasado muy bien, cariño. ¡Sí! ¡No lo niegues! Te sentaron al lado de Rosa Fornell, que lucía el escote de las grandes solemnidades, y que durante toda la noche te estuvo adorando en silencio, con su cara de ingenua, como si el escote fuera de otra. ¡Qué pendón! | ||||
DANIEL.- ¡Rita! No empecemos. | ||||
RITA.- Esta noche se ha despachado a su gusto la muy pécora. Ha coqueteado contigo y con todos los demás y, vamos, no ha coqueteado con el chino porque el tío estaba en sus glorias dándome a mí la lata. ¡Jesús! Y como remate, la fiesta española. ¡Daniel! ¿De veras el flamenco es una cosa patriótica como dicen? A mí me pone los nervios de punta... (Se abandona, desmayadísima, sobre el sofá. DANIEL, entretanto, se prepara un güisqui.) ¡Oh! ¡Qué día! Por la mañana, la tómbola de los pobres. A mediodía, el almuerzo con los americanos. Luego, el té de la duquesa. Después, una cena diplomática. Y, por fin, el flamenco. ¡Ay! Esta noche no dormiré nada, nada. Cuando apague la luz se me aparecerán las niñas pobres con sus lacitos azules; los americanos, comiendo caviar como si fuera mantequilla; la duquesa, Rosa Fornell, el embajador, los flamencos y el chino. ¡Ah! Y el señor obispo en su tómbola, bendiciendo a todo el mundo. ¡Pobre señor! (Cierra los ojos.) ¡Daniel! | ||||
DANIEL.- Sí... | ||||
RITA.- Yo estoy muy mala. Me siento fantásticamente desgraciada. Esta vida que llevamos acaba conmigo... | ||||
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(Se calla. DANIEL, que ha llegado junto a ella con su vaso de güisqui en la mano, la contempla y sonríe.) | ||||
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DANIEL.- ¡Rita! | ||||
RITA.- ¿Qué? | ||||
DANIEL.- ¡Je! Eres una grandísima embustera... | ||||
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(RITA se incorpora como movida por un resorte y abre los ojos de par en par.) | ||||
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RITA.- ¿Quién? ¿Yo? | ||||
DANIEL.- ¡Sí! Tú... | ||||
RITA.- (Escandalizada.) ¡Pero Daniel!... | ||||
DANIEL.- Estás fresca como una rosa. Y en este momento te sientes la mujer más feliz del mundo. Porque has vivido un día de los que a ti te gustan y porque en todas partes has tenido un éxito sensacional... | ||||
RITA.- (Interesadísima.) ¿Tú crees? | ||||
DANIEL.- ¡Figúrate! Los americanos están locos contigo... | ||||
RITA.- (Enternecida.) ¿De veras? ¡Pobrecitos americanos! Son tan ingenuos, tan niños... Un día daremos un cóctel sólo para americanos... | ||||
DANIEL.- El embajador te pone por las nubes... | ||||
RITA.- ¿Sí? | ||||
DANIEL.- Y del chino, por cierto, que no es chino, sino japonés, de ése no hablemos... Está enamoradísimo de ti. | ||||
RITA.- (Encantada.) ¡No! | ||||
DANIEL.- ¡Digo! Pero si me lo ha confesado él mismo... | ||||
RITA.- ¡Jesús! ¡Pobre chino! | ||||
DANIEL.- Japonés. | ||||
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(RITA, en una transición, muy feliz, se vuelve hacia su marido y le mira con una inmensa ternura.) | ||||
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RITA.- ¡Daniel! | ||||
DANIEL.- ¡Je! | ||||
RITA.- ¿Estás orgulloso de tu mujer? | ||||
DANIEL.- ¡Orgullosísimo! ¡Palabra! | ||||
RITA.- Gracias, amor mío... (Y le da un cariñoso cachetito en la mejilla.) Eso es lo único que me importa. Tú eres un hombre de negocios. Un gran hombre, ya lo dicen los periódicos. Tus actividades exigen de ti una vida de relación abrumadora. Cócteles, almuerzos, fiestas, viajes, partidas de caza, todo eso. ¿Cuál puede ser mi papel en estas circunstancias? Acompañarte, estar contigo. Es mi deber. A veces, naturalmente, es un deber muy duro. Pero no importa. Yo me sacrifico, y en paz. (Transición.) ¿Qué es eso que bebes? | ||||
DANIEL.- Güisqui. | ||||
RITA.- Dame un poquito... | ||||
DANIEL.- ¡Je! ¿No crees que por esta noche ya has bebido bastante? Me pareció que antes de cenar te tomaste dos martinis... | ||||
RITA.- ¡Ay, hijito! Porque el segundo me lo ofreció el mismo embajador. Y ya comprenderás que yo no podía hacerle un feo al pobre señor. Con esos desaires, España no gana nada. Yo, siempre que alterno con extranjeros, pienso en el Mercado Común22 y en todo lo demás. ¡Ea! Por mí que no quede... | ||||
DANIEL.- ¡Qué barbaridad! | ||||
RITA.- ¡Hala! Un sorbito. | ||||
DANIEL.- Toma, toma... | ||||
RITA.- Gracias, cariño... | ||||
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(Ella bebe. Él la contempla y sonríe.) | ||||
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DANIEL.- Rita, por curiosidad, ¿qué te decía el embajador? Me pareció que hablabais muy en secreto... | ||||
RITA.- (Sonríe.) ¿Quieres saberlo? Pues, para que te enteres, el embajador me estaba haciendo el amor... | ||||
DANIEL.- (Tranquilísimo.) ¡Ah, bueno! | ||||
RITA.- (Picadísima.) ¿Cómo que ¡ah, bueno!? ¡Grosero! | ||||
DANIEL.- Mujer... | ||||
RITA.- Grosero, grosero... | ||||
DANIEL.- ¡Je! Date cuenta. Pensé que hablaríais de política. En esa embajada siempre están muy enterados... | ||||
RITA.- (Muy humillada.) Tienes razón. Hablábamos de eso. | ||||
DANIEL.- ¡Ah! Ya sabía yo. Cuenta, cuenta... | ||||
RITA.- ¡Qué pena! ¿No crees? Antes, los diplomáticos eran hombres terribles, terribles; siempre, siempre haciendo el amor a las señoras. Acuérdate de La viuda alegre23. Pero, hijo mío, todo eso se acabó... | ||||
DANIEL.- ¡Rita! ¿Quieres decirme de una vez qué es lo que te dijo el embajador? | ||||
RITA.- ¡Jesús! ¡Cariño! ¡Qué pesado te pones! Pero si lo único que quería el pobre señor era que yo le diera noticias... | ||||
DANIEL.- ¡No! | ||||
RITA.- ¡Sí! | ||||
DANIEL.- ¡Qué barbaridad! Pues sí que funciona bien el Servicio Secreto de Occidente. (Se pone en pie.) Bien. Ha llegado la hora de irnos a dormir. ¿No te parece? Es muy tarde y me caigo de sueño. Mañana me espera un día muy duro... | ||||
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(RITA, que le está mirando ensimismada, sonríe tiernamente.) | ||||
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RITA.- Espera. No te muevas. Déjame verte así. Estas guapísimo, amor mío... | ||||
DANIEL.- Mujer... | ||||
RITA.- Resistes la cincuentena como pocos. Esta noche, Marisa Santonja, la condesa y, naturalmente, Rosa Fornell, se te comían con los ojos. ¡Qué tías! | ||||
DANIEL.- Pero, Rita, ¡qué lenguaje! | ||||
RITA.- Calla, tonto, tontísimo, y dame un beso para que rabien todas esas... | ||||
DANIEL.- (Ríe.) ¡Oh! | ||||
RITA.- Claro que sí. Después de veintitrés años de casados, ¿te parece que no es decente darme un beso? Domínate, hijo, domínate... | ||||
DANIEL.- (Riendo.) ¡Qué loca eres! (Se inclina sobre ella y la besa afectuosamente en una mejilla.) ¿Así? | ||||
RITA.- (Tristísima.) Bueno. | ||||
DANIEL.- Qué, ¿contenta? | ||||
RITA.- Mucho, papaíto. | ||||
DANIEL.- ¡Ea! Entonces, ¡a dormir! | ||||
RITA.- (Con resignación.) ¡Hala! ¡A dormir! (Se levanta. Marcha despacio hasta la puerta de la alcoba -puerta de la izquierda-, pero antes de salir se vuelve y se queda mirando a su marido largamente.) ¡Daniel! | ||||
DANIEL.- ¿Qué? | ||||
RITA.- Dime la verdad. ¿Estás liado con Rosa Fornell? | ||||
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(DANIEL, alarmadísimo, pega un respingo.) | ||||
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DANIEL.- ¿Quién? ¿Yo? | ||||
RITA.- ¡Sí! | ||||
DANIEL.- Pero, mujer, ¿cómo se te ocurre? | ||||
RITA.- No lo sé. Pero en este momento tengo esa horrible sospecha... | ||||
DANIEL.- ¡Rita! ¡Por favor! Desecha esas ideas... | ||||
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(RITA, inexorable, avanza hacia él.) | ||||
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RITA.- ¡Daniel! | ||||
DANIEL.- ¡Rita! | ||||
RITA.- Mírame frente a frente... | ||||
DANIEL.- Vamos, vamos... | ||||
RITA.- ¡Mírame! | ||||
DANIEL.- Pero... | ||||
RITA.- ¡Que me mires! | ||||
DANIEL.- ¡Oh! | ||||
RITA.- (Abrumadoramente.) ¡¡No!! Ya, no. No me mires. No quiero. Era verdad... | ||||
DANIEL.- ¡Rita! ¿Qué estás pensando? Escucha... | ||||
RITA.- ¡Calla! Me engañas, me engañas. Estoy segurísima. ¡Ah! Si lo sabía yo. Si mis presentimientos no fallan nunca. ¡Dios mío! Pero ¿cómo no me he dado cuenta antes? Si estaba clarísimo; si había que verlos esta noche, mirándose a los ojos como dos idiotas. ¡Daniel! Acepta la responsabilidad de tus propios actos y confiesa. Di la verdad. Di que me engañas con esa, con esa... | ||||
DANIEL.- (Con desesperación.) ¡Rita! ¡Déjame hablar! | ||||
RITA.- (Irrebatible.) ¡Degenerado! | ||||
DANIEL.- ¡¡Hum!! | ||||
RITA.- Hacerme esto a mí. ¡Una mártir! ¡Una pobre mujer indefensa! ¡Oh! Pero esta vez no quedará todo como siempre. ¡Ca! Te lo juro. Esta vez llevarás tu merecido. Esta vez, ojo por ojo y diente por diente... | ||||
DANIEL.- ¿Cómo? | ||||
RITA.- (Resueltísima.) ¿Dónde está la guía de teléfonos? | ||||
DANIEL.- ¿Para qué quieres ahora la guía de teléfonos? | ||||
RITA.- Para llamar al chino... | ||||
DANIEL.- ¡Oh! | ||||
RITA.- Está loco por mí, tú lo sabes. Le gusto muchísimo. (Empieza a buscar la guía, que, naturalmente, no encuentra, revolviéndolo todo, por aquí y por allá. Va de un lado a otro.) Pues ya está. Le diré que venga a buscarme mañana con su coche. Saldremos por la carretera de La Coruña adelante, siempre adelante. Y cuando lleguemos a Sevilla, ¡que sea lo que Dios quiera! | ||||
DANIEL.- (Irritadísimo.) ¡Rita! Estate quieta... | ||||
RITA.- ¡No me da la gana! | ||||
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(En este momento, como atraídos por las voces de RITA y DANIEL, surgen en escena, por la puerta de la derecha, MARIBEL, LOLÍN, TOMY y RAMONÍN. Los cuatro se quedan allí, agrupados, mirando a sus padres con los ojos abiertos de par en par. RITA y DANIEL, entregados a su disputa, no advierten la presencia de los muchachos. La discusión continúa acaloradísima.) | ||||
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DANIEL.- ¡Me vas a volver loco! | ||||
RITA.- (Nerviosísima.) ¿Cómo se llama el chino? | ||||
DANIEL.- ¡Rita! ¡Déjame en paz! | ||||
RITA.- ¡Daniel! Si eres un caballero, dime cómo se llama el chino... | ||||
DANIEL.- (Furioso.) ¡Mao Tse Tung! | ||||
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(Entra en la alcoba.) | ||||
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RITA.- (Triunfante.) ¡Ese!... ¡Lo sabía! Lo tenía en la punta de la lengua. (Con toda arrogancia.) Pues bien, señor mío. ¡Mañana hablarán los periódicos de Mao Tse Tung!24 | ||||
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(Va a entrar en la alcoba. Pero antes MARIBEL se adelanta y llama.) | ||||
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MARIBEL.- ¡Mamá! ¡Mamaíta! ¡Espera! | ||||
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(RITA se detiene en seco.) | ||||
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RITA.- ¡Jesús! ¡Hija! Me has asustado. ¿Qué ocurre? | ||||
MARIBEL.- ¡Mamá! | ||||
RITA.- ¿Qué quieres, nena? | ||||
MARIBEL.- ¡Mamaíta! ¡Preciosa! Tengo que contarte algo estupendo, fantástico, maravilloso... | ||||
RITA.- ¿Ahora? | ||||
MARIBEL.- ¡Sí! | ||||
RITA.- ¡Oh, no! | ||||
MARIBEL.- Pero, mamá... | ||||
RITA.- Hijita, por Dios. Es tardísimo. Date cuenta. La pobre mamá está muy cansada. De veras. Mañana, mañana me contarás todo eso... | ||||
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(Entra en la alcoba. Cierra la puerta tras de sí. Un silencio. Los muchachos se miran atónitos. De pronto MARIBEL solloza. Está desolada.) | ||||
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MARIBEL.- ¡Oh, mamá! (Echa a correr. Cae de rodillas sobre la alfombra, junto al sofá. Apoyada en el sofá, esconde la cara entre las manos. Y llora con una rabia infinita.) Mamá, mamaíta... | ||||
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(LOLÍN va hacia ella.) | ||||
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LOLÍN.- ¡Maribel! ¡No llores! | ||||
MARIBEL.- ¡Déjame! | ||||
LOLÍN.- Escucha... | ||||
MARIBEL.- ¡No me digas nada! ¡Por Dios! | ||||
LOLÍN.- (Abrumada.) ¡Hay que ver! Pero qué frívolos son... | ||||
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(Un silencio.) | ||||
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TOMY.- (Atónito.) Es asombroso. Yo ya sabía que eran ligeros, superficiales, como todos los padres. Pero, en fin, tanto, tanto, no... | ||||
RAMONÍN.- Me siento huérfano. | ||||
TOMY.- ¡Hum! ¡Maldita sea! | ||||
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(Otro silencio. MARIBEL se incorpora poco a poco.) | ||||
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MARIBEL.- ¿Por qué son así? | ||||
LOLÍN.- (Un suspiro.) ¡Ay! Es una generación que no tiene remedio... | ||||
MARIBEL.- ¿Cómo no ha comprendido mamá que yo la necesitaba esta noche? Es mi madre. Tenía que saberlo, tenía que adivinarlo. Pero no podía saber nada, no podía adivinar nada. Estaba en otro mundo, en su fiesta, con sus amigos, con sus celos estúpidos... | ||||
LOLÍN.- ¡Pobre papá! Está en la decadencia... | ||||
TOMY.- ¿Tú crees? | ||||
LOLÍN.- ¡A ver! Todo el mundo sabe que la Fornell es una tía loca... | ||||
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(MARIBEL ahoga un sollozo. Con un infinito rencor.) | ||||
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MARIBEL.- Pero mamá lo pagará. Llorará. Tiene que llorar por esto... Te lo juro. | ||||
LOLÍN.- Calla, Maribel... | ||||
MARIBEL.- ¡Lolín! ¿Qué pasa en esta casa? ¿Es que no existimos para ellos? ¿Es que sólo les importa su propia vida? ¿Es que no nos quieren? ¿Es eso...? | ||||
LOLÍN.- (Con melancolía.) Sí, nos quieren, ¿sabes? Pero a su manera, que es una manera rarísima. Nos quieren mucho cuando llega la catástrofe, cuando se asustan, cuando tienen miedo. Como cuando tú te rompiste un brazo en el baloncesto y Ramonín estuvo tres días sin aparecer por casa y a mí me dio la pulmonía... (Sonríe con nostalgia.) ¡Ay! Yo nunca me he sentido tan feliz como aquella noche. Todos estabais alrededor de mi cama. Todos me decíais cosas maravillosas. Pero sobre todo papá y mamá: «¡Lolín! ¡Nena! ¡Chiquitina! Ponte buena. Te compraré una bicicleta», me decía mamá. Y yo, que estaba muriéndome, con una bolsa de hielo en la cabeza y el termómetro en la boca y las mantas hasta aquí, sudando y sudando, no hacia más que pensar: «¡Dios mío! Pero ¡qué bien lo estoy pasando!» (Un suspiro. Con una irremediable resignación.) Al día siguiente, como se me pasó la fiebre, a papá se le olvidó la bicicleta... | ||||
TOMY.- ¡Je! | ||||
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(Un silencio. Cada uno atiende a sus pensamientos. Y de pronto, LOLÍN, muy decidida, como resurgiendo, se planta en el centro.) | ||||
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LOLÍN.- Bueno. Pero lo que yo me digo: ¿por qué no les damos un susto? | ||||
TOMY.- ¿Un susto? | ||||
LOLÍN.- ¡Sí! Un buen susto, que es lo que se merecen... | ||||
TOMY.- (Intrigado.) A ver, a ver... | ||||
LOLÍN.- Figuraos que, de pronto, cada uno de nosotros se presenta ante papá y mamá con un problema. Pero un problema gordo, ¿eh? Un drama. Después de todo, como lo vamos a inventar, no nos vamos a quedar cortos... | ||||
TOMY.- Lolín... | ||||
LOLÍN.- Se llevarían un susto fantástico, ¿no creéis? Y recibirían una buena lección... | ||||
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(Otro silencio. Todos miran a LOLÍN. TOMY se pone en pie, deslumbrado.) | ||||
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TOMY.- ¡Calla! | ||||
LOLÍN.- (Muy feliz.) ¿Te gusta mi idea, Tomy? | ||||
TOMY.- ¿Cómo que si me gusta? Me encanta. | ||||
LOLÍN.- ¿Y a ti, Ramonín, qué te parece? | ||||
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(RAMONÍN, que hasta ahora ha permanecido en silencio, como ausente, se yergue, se queda mirando a LOLÍN y sonríe para sí mismo.) | ||||
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RAMONÍN.- ¡Je! A mí me parece algo definitivo... | ||||
LOLÍN.- (Ilusionadísima.) ¿Verdad que sí? | ||||
RAMONÍN.- ¡Calla! Conque un buen susto, ¿eh? Déjame, déjame pensar. (Se calla. Y sonríe.) ¡Je! | ||||
LOLÍN.- ¿Qué? | ||||
RAMONÍN.- Ya está. Ya tengo lo mío. (Se calla otra vez. Y, de pronto, muy resuelto.) ¿Sabéis lo que os digo? ¡Que no hay que perder tiempo! Manos a la obra. Yo ya estoy listo. | ||||
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(Marcha hacia el vestíbulo.) | ||||
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TOMY.- ¿A dónde vas? | ||||
RAMONÍN.- ¡A la calle! | ||||
LOLÍN.- ¡Ramonín! | ||||
RAMONÍN.- Tengo un plan fantástico. Llamaré por teléfono, dentro de un rato, desde el bar de la esquina. Y ya veréis, ya veréis qué llamada. Una bomba. ¡Acabo de tener una ocurrencia sensacional! | ||||
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(Abre la puerta de la escalera y sale. TOMY se vuelve hacia las muchachas, muy lanzado.) | ||||
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TOMY.- Entonces, ahora me toca a mí. ¡Dejadme solo! | ||||
LOLÍN.- (Encantada.) ¡Tomy! Pero ¿ya? | ||||
TOMY.- ¡Claro! ¿Para qué vamos a esperar más? | ||||
LOLÍN.- ¿Qué vas a decirles? ¿Cuál es tu problema? | ||||
TOMY.- Todavía no lo sé. Pero, desde luego, algo fuertecito. Les diré que me pasa una cosa tremenda, que estoy metido en un lío. Ya veréis, ya veréis. ¡Largo! ¡Dejadme! | ||||
LOLÍN.- ¡Ay! ¿Y nosotras qué hacemos? | ||||
TOMY.- Vosotras aparecéis dentro de un rato, cada una con su historia. ¡Y a ver si tenéis imaginación! | ||||
LOLÍN.- ¡Ay, sí! Vamos, Maribel. ¿Se te ocurre algo? | ||||
MARIBEL.- ¡Sí! Una locura muy grande. | ||||
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(Salen MARIBEL y LOLÍN por el fondo. TOMY, solo, muy excitado, piensa, piensa vertiginosamente. Y, de pronto, sonríe. Ha tenido, sin duda, una buena idea. Se dirige, muy aprisa, a la puerta de la alcoba de sus padres, dispuesto a todo. Pero, en ese instante, surge MÓNICA en el vestíbulo y llama.) | ||||
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MÓNICA.- ¡Chis! ¡Tomy! ¿Estás solo? | ||||
TOMY.- (Muy embalado.) ¡Calle! Déjame ahora... | ||||
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(MÓNICA habla muy sofocada, llena de apuro.) | ||||
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MÓNICA.- ¡Tomy! ¡No puedo esperar más! Tienes que saber lo que pasa... | ||||
TOMY.- ¡Mónica! Ahora, no... | ||||
MÓNICA.- ¡Tomy! | ||||
TOMY.- ¡Que me dejes! | ||||
MÓNICA.- ¡Tomy! ¡Por Dios! Escúchame... | ||||
TOMY.- ¡No! (TOMY, completamente decidido, golpea, muy enérgico, con los nudillos la puerta de la izquierda.) ¡Papá! ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Papá! | ||||
MÓNICA.- (Suplicante.) Tomy, Tomy... | ||||
TOMY.- ¡Papá! ¡Mamá! ¿Estáis ahí? | ||||
DANIEL.- (Dentro.) ¿Quién llama? | ||||
TOMY.- Soy Tomy, papá. Tengo que hablar con vosotros. Estoy en un apuro... | ||||
RITA.- (Dentro.) ¡Hijito! ¿Un apuro a estas horas? | ||||
TOMY.- ¡Sí! | ||||
RITA.- (Dentro.) ¿Qué te ocurre? | ||||
TOMY.- ¡Mamá! Voy a tener un niño... | ||||
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(Dentro se oye un doble grito de RITA y DANIEL, despavoridos.) | ||||
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LOS DOS.- (Dentro.) ¿Qué? | ||||
RITA.- (Dentro.) ¡Ayyy...! | ||||
TOMY.- (Satisfechísimo.) ¡Ea! Ya está. | ||||
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(Y, muy tranquilo, se sienta en el sofá. MÓNICA, en el vestíbulo, se ha puesto mortalmente pálida.) | ||||
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MÓNICA.- ¡Tomy! | ||||
TOMY.- ¡Je! | ||||
MÓNICA.- ¿Por qué has dicho eso? | ||||
TOMY.- (Muy jovial.) ¡Chis! Tú déjame a mí. Tenía que inventar algo. Es que se nos ha ocurrido darle un buen susto a papá y a mamá, ¿sabes? Como son tan frívolos... | ||||
MÓNICA.- (Sofocadísima.) Pero si es que eso es verdad... | ||||
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(TOMY se pone en pie de un salto.) | ||||
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TOMY.- ¿Cómo? | ||||
MÓNICA.- ¡Tomy! Estoy embarazada... | ||||
TOMY.- (Impresionadísimo.) ¡No! | ||||
MÓNICA.- ¡Sí! | ||||
TOMY.- ¡Mónica! | ||||
MÓNICA.- Toda la noche estoy tratando de decírtelo. Pero no he podido. Me faltaba valor. ¡Virgen! ¡Qué vergüenza! Pero ¡qué vergüenza!... | ||||
TOMY.- ¡¡Mónica!! | ||||
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(TOMY cae como fulminado en el sofá. MÓNICA escapa hacia el vestíbulo, y allí se queda atenta a la escena que sigue, con el terror reflejado en el rostro. Y por la puerta de la izquierda surgen en tromba, liándose los cinturones de las batas respectivas, RITA y DANIEL.) | ||||
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DANIEL.- ¿Qué ha dicho este idiota? | ||||
TOMY.- (Emocionadísimo.) ¡Papá! | ||||
RITA.- ¡Tomy! ¿Dices que vas a tener un niño? | ||||
TOMY.- ¡Sí! ¡Un niño! ¡Un niño! | ||||
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(RITA y DANIEL se miran, consternados.) | ||||
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RITA.- Pero Daniel... | ||||
DANIEL.- ¡¡Rita!! | ||||
RITA.- ¡Santo Dios! ¿Qué ha hecho este chico? | ||||
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(TOMY se lanza, decidido a todo.) | ||||
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TOMY.- ¡Querido papá! En este momento trascendental de mi vida... | ||||
DANIEL.- (Furioso.) ¡A callar! | ||||
TOMY.- (Casi llorando.) Bueno. Si empezamos así... | ||||
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(DANIEL va hacia el muchacho.) | ||||
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DANIEL.- ¡Tomy! ¡Muchacho! ¿Es cierto? ¿De veras vas a ser padre? | ||||
TOMY.- ¡Sí! | ||||
DANIEL.- ¡Tú! | ||||
TOMY.- A ver... | ||||
DANIEL.- (Gritando.) Pero ¿cómo? | ||||
TOMY.- ¡Papá! ¡Qué pregunta! | ||||
DANIEL.- ¡Niño! ¡Descarado! | ||||
TOMY.- ¡Huy! | ||||
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(DANIEL se contiene difícilmente.) | ||||
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DANIEL.- ¡Tomy! Ven aquí. Cuéntamelo todo. Dime qué ha pasado. | ||||
TOMY.- (Avergonzadísimo.) ¡Papá! ¡No me pidas detalles! | ||||
DANIEL.- ¡Oh! Esto es para volverse loco... | ||||
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(DANIEL empieza a pasear por el fondo, de un lado a otro, a punto de enloquecer. RITA, en este momento, da unos pasos hacia TOMY y grita desgarradoramente.) | ||||
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RITA.- ¡Hijo de mis entrañas! | ||||
TOMY.- (Asustadísimo.) ¡Mamá! | ||||
RITA.- ¿Qué han hecho contigo? | ||||
TOMY.- Pero, mamá... | ||||
RITA.- ¿Quién ha abusado de tu inocencia? | ||||
TOMY.- (Indignado.) ¡Atiza! Bueno, si lo tomas así... | ||||
RITA.- Calla, tonto, tontito... | ||||
TOMY.- (Rabiosísimo.) ¡Mamá! ¡No me llames tontito! | ||||
RITA.- (Muy maternal.) ¡Que te calles, he dicho! ¿Qué sabes tú de la vida? ¿Qué sabes tú de las mujeres, que son todas malísimas? Dime inmediatamente quién es esa infame criatura que te ha pervertido. Dímelo para que esa lagarta se lleve lo que se merece. ¡Ah! Porque no se puede hacer eso con un chico decente. Porque tú eres menor de edad, hijito, y eso está muy castigado... | ||||
TOMY.- ¡Mamá! ¡Que te equivocas! ¡Que lo que pasa es que soy un canalla! | ||||
RITA.- ¿De veras? | ||||
TOMY.- Pues claro... | ||||
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(RITA se queda repentinamente tranquilizada.) | ||||
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RITA.- ¡Ah, bueno! Entonces no hay problema. Delincuencia juvenil y en paz... | ||||
TOMY.- ¡Mamá! | ||||
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(DANIEL ha interrumpido su paseo y está mirando a su mujer, estupefacto.) | ||||
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DANIEL.- ¡Rita! ¿Cómo que no hay problema? ¿Y el niño? | ||||
RITA.- ¡Jesús! ¡Se me había olvidado el niño...! | ||||
DANIEL.- ¡Oh! | ||||
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(Otra transición de RITA. Ahora está abatidísima.) | ||||
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RITA.- ¡Daniel! ¡Amor mío! Esto es, sencillamente, espantoso. Yo no lo resistiré. ¡Un hijo natural en esta casa! ¿Qué dirá la gente? ¿Qué dirá la duquesa? ¿Qué dirá el obispo? ¿Qué dirá Lina Mendoza, que es tan monárquica? | ||||
DANIEL.- Calla, calla. | ||||
RITA.- (Dolorosamente.) ¡Daniel! Este chico es un fresco... | ||||
DANIEL.- ¡Ah! Por fin te das cuenta... | ||||
RITA.- ¡Sí! (Y se vuelve a su marido llena de arrogancia.) Pero ¿a quién se parece? | ||||
DANIEL.- ¡Rita! | ||||
RITA.- ¡Contesta! | ||||
DANIEL.- ¡Por todos los santos! Ahora no... | ||||
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(RITA, encorajinadísima, se vuelve y se encara con TOMY.) | ||||
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RITA.- ¡Fresco! | ||||
TOMY.- Cálmate, mamá... | ||||
RITA.- ¡Inmoral! Porque, para que lo sepas, tener un niño es algo absolutamente inmoral. ¡Dios mío! Parecía tan serio, tan formalito, tan estudioso, tan intelectual. Y de pronto, ¡un niño! ¡Ah, los intelectuales! Éstos, éstos son los intelectuales. ¡Éstos son lo que trajeron la República! | ||||
DANIEL.- (Casi rugiendo.) ¡Hum! | ||||
TOMY.- (Tímidamente.) ¡Mamá! ¿No te agrada la idea de ser abuela? | ||||
RITA.- (Irritadísima.) ¡Mamarracho! (Y avanza hacia el muchacho, terrible, amenazadora.) Dime ahora mismo quién es esa mujer... | ||||
TOMY.- (Retrocediendo.) Mamá... | ||||
RITA.- ¡Dímelo! | ||||
TOMY.- ¡Mamá! | ||||
RITA.- (Transición.) ¡No! ¡No me lo digas! ¡No quiero saberlo! Estoy segura, segurísima, de que se trata de una pelandusca. ¡Sí! Una pelandusca, una pelandusca... (Va hacia el vestíbulo, desolada. Allí se encuentra con MÓNICA y se refugia en sus brazos, agobiadísima.) ¡Mónica! ¡Hija! | ||||
MÓNICA.- ¡Señora! | ||||
RITA.- ¿Has oído? El señorito Tomy va a tener un niño... | ||||
MÓNICA.- (Comiéndose las lágrimas.) Sí, señora... | ||||
RITA.- ¿Qué piensas tú de eso? | ||||
MÓNICA.- ¡Señora! ¿Qué va a pensar una? | ||||
RITA.- ¡Claro! ¡Pobrecita! ¿Qué sabes tú de la vida? Eres tan niña, tan niña... | ||||
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(En ese momento, por el fondo, irrumpe LOLÍN gritando despavorida.) | ||||
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LOLÍN.- ¡Socorro! | ||||
TODOS.- ¿Qué? | ||||
LOLÍN.- ¡Me muero! | ||||
RITA.- (Aterrada.) ¡Hijita! ¿Qué dices? | ||||
DANIEL.- (Asustadísimo.) ¡Lolín! ¿Qué te pasa? | ||||
LOLÍN.- ¡La pulmonía...! | ||||
RITA y DANIEL.- ¿Cómo? | ||||
LOLÍN.- ¡Que me ha dado otra vez la pulmonía! | ||||
RITA y DANIEL.- ¡No! | ||||
LOLÍN.- ¡Sí! Me muero, mamaíta, me muero... | ||||
RITA.- ¡No! ¡Hija de mi vida! Tú no te mueres... | ||||
DANIEL.- ¡Lolín! ¡Tesoro! ¿Qué dices? | ||||
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(DANIEL y RITA, uno a cada lado de la pequeña, están trastornadísimos.) | ||||
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LOLÍN.- ¡La calentura! ¡Los escalofríos! ¡Se me nubla la vista! ¡Se me doblan las piernas! ¡Me caigo! | ||||
RITA.- ¡No! ¡Cielo mío! | ||||
DANIEL.- Déjame a mí... | ||||
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(DANIEL toma a la pequeña entre sus brazos y la conduce al sofá, donde la tiende. La chica, entretanto, grita con toda su alma.) | ||||
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LOLÍN.- ¡Que venga el médico! ¡Que llamen al practicante! ¡La bolsa de hielo! El termómetro, la penicilina y la bicicleta... | ||||
RITA.- ¡Ay, ángel mío! ¡Delira! | ||||
LOLÍN.- ¡La bicicleta! | ||||
RITA.- ¡Daniel! Haz algo... | ||||
DANIEL.- ¡Calma! No te asustes. No será nada. Cálmate tú también, preciosa... | ||||
LOLÍN.- ¿Me quieres, papá? | ||||
DANIEL.- ¡Nena! Con toda mi alma... | ||||
LOLÍN.- ¿Me comprarás la bicicleta? | ||||
DANIEL.- ¡Sí! Te compraré la bicicleta. | ||||
LOLÍN.- La otra vez se te olvidó... | ||||
DANIEL.- ¡Calla! Tendrás tu bicicleta... | ||||
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(Por el fondo aparece MARIBEL. Muy decidida, con mucho aire, atraviesa la escena, llega hasta el arco que separa el vestíbulo del cuarto de estar, y desde allí se vuelve.) | ||||
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MARIBEL.- ¡Adiós, mamá! | ||||
RITA.- (Atónita.) ¡Maribel! Pero ¿es que te marchas? | ||||
MARIBEL.- Sí, mamá. | ||||
RITA.- ¿A estas horas? | ||||
MARIBEL.- ¡Sí! | ||||
RITA.- ¿Adónde? | ||||
MARIBEL.- ¡Ah! No me preguntes, mamá, no me preguntes... | ||||
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(Cruza el vestíbulo, abre la puerta de la escalera y sale dando un portazo.) | ||||
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TODOS.- ¿Cómo? | ||||
RITA.- (Estupefacta.) ¿Qué ha dicho? | ||||
DANIEL.- (Asustado.) ¡Rita! | ||||
RITA.- ¡Dios mío! Pero ¿adónde va esa niña? | ||||
LOLÍN.- (Segurísima.) ¡Huy! A la Guinea... | ||||
RITA.- ¿A la Guinea? | ||||
LOLÍN.- ¡A ver! | ||||
RITA.- Pero eso es absurdo... En la Guinea no habrá nadie a estas horas. | ||||
LOLÍN.- (A TOMY.) ¡Ay, Tomy! Mamá se ha creído que la Guinea es una cafetería... | ||||
TOMY.- ¡Qué barbaridad! | ||||
RITA.- (Inquietísima.) ¡Daniel! ¿Dónde está la Guinea? | ||||
DANIEL.- ¡En África! | ||||
RITA.- ¡No! | ||||
DANIEL.- Sí. (Furioso.) ¡En África! La Guinea está en África. Lo sé. Me consta. Estoy segurísimo. | ||||
RITA.- ¡Daniel! Esto ya es demasiado. Yo me voy a desmayar. Si la nena está malísima y Maribel se va a África y Tomy va a tener un niño, yo no lo soportaré... | ||||
LOLÍN.- ¡Mamá! ¿Dices que Tomy va a tener un niño? | ||||
RITA.- ¡Sí! | ||||
LOLÍN.- ¡Qué bruto eres! | ||||
DANIEL.- ¿Qué es esto? ¿Qué pasa aquí esta noche? ¿Qué locura ha entrado en esta casa? (Suena el timbre del teléfono. DANIEL, que está cerca, toma el auricular.) ¡Diga! ¿Cómo? ¿Eres tú, Ramonín? ¿Se puede saber qué haces por ahí a estas horas? (Calla y escucha. De pronto se pone lívido.) ¿Cómo? ¿Que estás en la Comisaría? ¿Que te han detenido? (Todos clavan los ojos en DANIEL.) ¿Qué? ¡¡Ramonín!! | ||||
RITA.- ¡Jesús! | ||||
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(Y, sin remedio, a RITA se le doblan las piernas y se derrumba sobre un sillón. Todos gritan asustados y la rodean. DANIEL suelta vivamente sobre la mesa el auricular del teléfono.) | ||||
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TODOS.- ¿Eh? | ||||
TOMY.- ¡Mamá! | ||||
LOLÍN.- ¡Mamaíta! | ||||
MÓNICA.- ¡Señora! | ||||
DANIEL.- Rita, Rita... (De pronto se revuelve como un energúmeno contra todos.) ¡Fuera! ¡Marchaos todos! ¡Dejadme! | ||||
MÓNICA.- ¡Ay, sí, señor! | ||||
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(MÓNICA, asustadísima, entra en el vestíbulo y por el pasillo desaparece.) | ||||
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TOMY.- Sí, papá... | ||||
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(Y se va volando por la primera puerta de la derecha. DANIEL da a RITA unos cachetitos en las mejillas.) | ||||
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DANIEL.- ¡Rita! ¿Me oyes? ¡Rita! Di algo... | ||||
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(De pronto, LOLÍN, asustadísima, cae de rodillas a los pies de RITA.) | ||||
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LOLÍN.- ¡Mamá! ¡Mamaíta! ¡No me asustes! ¡Vuelve, mamá! ¡Mírame! No hagas caso de nada, que todo es mentira. Ni Tomy va a tener un niño, ni Maribel se ha marchado de casa, ni Ramonín está en la Comisaría, ni a mí me ha dado la pulmonía... Todo es mentira, mentira, mentira. | ||||
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(RITA se yergue atónita. DANIEL se ha quedado inmóvil. Los dos miran fijamente a LOLÍN.) | ||||
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RITA y DANIEL.- ¿Cómo? | ||||
DANIEL.- A ver, a ver. ¿Qué has dicho? | ||||
LOLÍN.- (Muy sonrojada.) Papaíto... | ||||
DANIEL.- ¿De verdad es todo mentira? | ||||
LOLÍN.- Sí, papá. | ||||
DANIEL.- Entonces, ¿dónde está Ramonín? | ||||
LOLÍN.- En el bar de la esquina... | ||||
DANIEL.- ¿Y Maribel? | ||||
LOLÍN.- Ahí... en el rellano de la escalera, seguro. Y del niño de Tomy, para qué vamos a hablar. Con lo infeliz que él es, pobrecito. | ||||
DANIEL.- Ya. | ||||
LOLÍN.- Todo lo hemos inventado nosotros... | ||||
RITA.- (Boquiabierta.) Pero, nena... | ||||
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(DANIEL y RITA están mirando a la pequeña atentísimamente. Un silencio. DANIEL, muy despacio, va a la mesita y cuelga el auricular del teléfono, que había dejado abandonado.) | ||||
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DANIEL.- Bien, bien, bien. Conque todo era una comedia... | ||||
LOLÍN.- Sí, papá. | ||||
DANIEL.- ¿Todo? | ||||
LOLÍN.- Sí. | ||||
DANIEL.- ¿Por qué? | ||||
LOLÍN.- (Muy azarada.) No me preguntes, papá, no me preguntes... | ||||
DANIEL.- Porque alguna razón habréis tenido, digo yo, para organizar esta encantadora función en plena madrugada. ¡Vamos! ¡Habla! ¡Que yo me entere! (Transición. Enojadísimo.) ¿O es que se puede, impunemente, despertar a un padre y a una madre para anunciarles, así, sin rodeos, que la pequeña tiene pulmonía, que Tomy va a tener un hijo natural, que el otro está entre policías, como malhechor, y que la señorita Maribel se marcha quién sabe adónde? | ||||
RITA.- (Horrorizada.) ¡Cuatro catástrofes! | ||||
DANIEL.- Pero ¿os dais cuenta de lo que habéis hecho? ¿Qué significa este juego? | ||||
LOLÍN.- Papá... | ||||
DANIEL.- ¡Vamos! ¿Quieres hablar de una vez? | ||||
LOLÍN.- Bueno. Es muy difícil de explicar, papá. Esta noche nos pareció que no nos queríais, y quisimos asustaros un poco... | ||||
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(DANIEL y RITA quedan atónitos.) | ||||
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DANIEL.- ¿Cómo? | ||||
RITA.- ¡Jesús! ¿Qué dice esta niña? | ||||
DANIEL.- ¡Rita! ¿Tú has oído? | ||||
RITA.- ¡Pero, Daniel!... | ||||
DANIEL.- ¡Que no los queremos! ¡Dice que no los queremos! | ||||
RITA.- ¡Qué horror! | ||||
DANIEL.- De manera que tu madre y yo no os queremos... Pero ¿os habéis vuelto locos? | ||||
RITA.- ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! | ||||
DANIEL.- Bueno. Esto es inaudito. Esto es extraordinario. Dice que no los queremos. Toda una vida de esfuerzos, de trabajo, de sacrificios. Por ellos, nada más que por ellos. Y, sin embargo, resulta que no los queremos... | ||||
RITA.- ¡Jesús, Jesús...! | ||||
DANIEL.- ¡Decirme esto a mí! ¡A mí! | ||||
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(LOLÍN, muy despacito y francamente abrumada, se ha ido hasta el fondo. Pero, antes de salir, se vuelve hacia sus padres, muy superior.) | ||||
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LOLÍN.- Bueno, papá. ¿Sabéis lo que os digo? ¡Que no comprendéis nada! Os falta madurez. | ||||
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(Sale. Durante un segundo RITA y DANIEL se miran boquiabiertos.) | ||||
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DANIEL.- ¿Qué ha dicho? | ||||
RITA.- (Muy segura.) ¡Que te falta madurez! | ||||
DANIEL.- ¿A mí? | ||||
RITA.- Sí, sí... | ||||
DANIEL.- ¡Hum! Esto, además... | ||||
RITA.- (Desolada.) Pero, Daniel, cariño, estos chicos están completamente chiflados. Es espantoso. Sacarse de la cabeza todas esas atroces mentiras, simplemente por el placer de asustar a sus pobres padres... | ||||
DANIEL.- ¡Rita! ¿Qué pasa aquí? | ||||
RITA.- ¿Dónde? | ||||
DANIEL.- ¡Aquí! | ||||
RITA.- No entiendo... | ||||
DANIEL.- Sí, sí. ¿Qué sucede en esta casa? ¿Por qué han representado los muchachos esta comedia? ¿Es que se sienten solos? ¿Es que tú y yo no sabemos quererlos? | ||||
RITA.- ¿Qué dices? ¡Que no sabemos quererlos? Pero si los queremos muchísimo, amor mío. Lo único que pasa, de veras, es que estos hijos nuestros están muy mimados y son muy caprichosos. ¡Ea! Pero, ¡ay!, ya se harán hombres y mujeres y ya verán, ya verán entonces que la vida no es un problema de imaginación, sino una cosa muy, muy penosa y muy difícil... (Marcha hacia la alcoba. Pero se detiene, asustada de sus pensamientos.) ¡Daniel! Pero ¿Tú te das cuenta? Si fueran verdad todas las mentiras que han inventado en un momento, a estas horas Maribel estaría por ahí, quién sabe dónde; Ramonín, en un calabozo, como un delincuente, y Tomy a punto de enloquecer con lo del niño... | ||||
DANIEL.- Je... | ||||
RITA.- ¡Jesús! ¡Qué chicos! Pero qué chicos... | ||||
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(Sale. DANIEL, solo, mira en torno, con aire preocupado. Da un paso hacia la puerta de la escalera. Pero se detiene. Luego, poco a poco, marcha hacia su alcoba. Al salir oprime un conmutador instalado junto a la jamba de la puerta y las pantallas se apagan. La escena queda en sombras. Un rayo de luna se filtra por la cristalera y llega hasta la zona en donde está situado el sofá. El piano inicia su melodía. Y por el pasillo, de puntillas, aparece MÓNICA en el vestíbulo. Se asoma al cuarto de estar. La puerta de la derecha se abre y asoma el rostro de TOMY. Se miran, avanzan despacio el uno hacia el otro. Pero, de pronto, los dos a un tiempo echan a correr... Y se abrazan.) | ||||
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TOMY.- (Casi sin voz.) Mónica, Mónica, Mónica... | ||||
MÓNICA.- ¡Tomy! | ||||
TOMY.- ¡Vamos a tener un niño! | ||||
MÓNICA.- ¡Sí! | ||||
TOMY.- (Encantadísimo.) Pero si no puede ser... | ||||
MÓNICA.- ¿Cómo que no puede ser? | ||||
TOMY.- ¡Calla! Quiero decir que parece un milagro. ¡Un niño! Un niño, Mónica. Era verdad... (La suelta. Empieza a ir de un lado para otro, entre asustado y jubiloso, trastornadísimo.) ¡Oh! ¡Un niño! Mío, mío, mío... | ||||
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(MÓNICA, agobiada, se deja caer en un sillón.) | ||||
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MÓNICA.- ¡Tomy! ¡Estate quieto! | ||||
TOMY.- Mío, mío, mío... | ||||
MÓNICA.- ¡Me vas a volver loca! | ||||
TOMY.- ¡Un niño! ¡Un niño! ¡Un niño! | ||||
MÓNICA.- ¡Tomy! | ||||
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(De pronto, TOMY se detiene. Se queda quieto ante la muchacha. La mira intensamente. Y cae de rodillas a sus pies. La rodea con sus brazos.) | ||||
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TOMY.- ¡Mónica! ¡Chiquilla! ¡Mi vida! ¡Un hijo! (Casi sollozando.) ¡Mi hijo! | ||||
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(Un silencio inapreciable.) | ||||
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MÓNICA.- ¡Tomy! ¿Qué hemos hecho? ¿Es que yo soy una cualquiera? | ||||
TOMY.- ¡Cállate! (Lleno de coraje.) ¡No vuelvas a decir eso! | ||||
MÓNICA.- ¿Qué será del niño? ¿Qué será de nosotros? ¿Qué va a pasar ahora? ¡Yo me quiero morir! | ||||
TOMY.- ¡Cállate! | ||||
MÓNICA.- Me quiero morir, me quiero morir... | ||||
TOMY.- (Acongojado.) No llores, Mónica. ¡No quiero que llores! | ||||
MÓNICA.- Pero si tú también estás llorando... | ||||
TOMY.- ¿Quién? ¿Yo? Yo no lloro nunca. ¡Yo soy un hombre! | ||||
MÓNICA.- ¡Oh, Tomy, Tomy!... | ||||
TOMY.- ¡Un hombre! | ||||
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(Un nuevo sollozo se le atropella en la garganta. Lloran los dos. Y va cayendo el | ||||
TELÓN.)