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GONZÁLEZ SERRANO. Sobre el divorcio entre la teoría y la práctica, se leerán con gusto y provecho estos trabajos del mismo autor: el cap. IV de la Sabiduría popular (primer volumen de la Biblioteca del pueblo) y el Discurso que sobre el tema: ¿Existe filosofía popular? pronunció en el Círculo de la Unión Mercantil el 10 de Diciembre de 1880, y aparece inserto en el libro del autor titulado Ensayos de crítica y de filosofía.



 

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Para la mejor inteligencia de lo dicho y de lo que resta por decir en el presente capítulo, conviene recordar que la compleja naturaleza humana consta de dos elementos distintos, aunque unidos estrechamente y en perenne convivencia, a saber: el elemento físico o cuerpo, y el psíquico o espíritu, dicho también alma. Ésta consta a su vez de tres esferas o facultades superiores, llamadas Inteligencia o la facultad de conocer, Sensibilidad o facultad de sentir y Voluntad o facultad de querer. En la Inteligencia se distinguen también diversas facultades, cuyo número varía según la manera de considerarlas los autores, y que nosotros fijaremos en cuatro, a saber: la Fantasía o Imaginación, la Memoria, el Entendimiento y la Razón.



 

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Las mismas divisiones que en la nota precedente hemos visto que se hacen de la naturaleza humana, se hacen también de la educación, la cual es física cuando se refiere al cuerpo y psíquica cuando al espíritu; subdividiéndose esta segunda en intelectual, estética y moral, según que trata especial o predominantemente de la inteligencia, el sentimiento o la voluntad. A la educación en su totalidad, o sea al conjunto de la educación física, intelectual, estética y moral, se llama educación sintética o integral en cuanto que en ella se sintetizan todas las partes en que se divide y se toma al hombre en la integridad de su naturaleza psico-física, a toda la cual debe atender, en las condiciones que más adelante se dirán, una buena educación.



 

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Precepto de JUVENAL, que quiere decir: «un alma sana en un cuerpo sano».



 

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No nos cansaremos de recomendar a los educadores, y de ellos muy especialmente a las madres, la fiel observancia de este consejo relativo a la armonía en la educación, a la que con frecuencia tan grande y nociva se falta en la escuela y en la familia. El hombre se dice tal en cuarto es unión de cuerpo y espíritu; y para estar bien formado, para vivir como ser racional en la plenitud de sus fuerzas, necesita desenvolver así el uno como el otro. Cuando, como por una preocupación inveterada se hace harto frecuentemente, se presta exagerada atención al cultivo del espíritu, sobre todo en su inteligencia, y apenas se cuida del cuerpo, sucede que, además de desenvolverse ésta incompleta y en muchos casos enfermizamente, el espíritu se debilita, y si ofrece frutos prematuros, no tarda en el día, por cierto cuando más necesita el hombre que sean buenos y abundantes, en que los da trabajosa y aun malamente. Ejemplo de ello nos ofrecen los niños que en temprana edad son sometidos a un desarrollo intelectual prematuro, exclusivo y exagerado; que si entonces satisfacen la vanidad de sus educadores y son un prodigio de inteligencia, gastan antes de tiempo sus fuerzas mentales con detrimento de su naturaleza física, para sumirse en un estado de inacción que se asemeja mucho al idiotismo. Conviene, pues, que los educadores no pierdan de vista la necesidad en que están de respetar esa ley de la armonía; que tengan presente que el desarrollo del espíritu influye sobre el del cuerpo y viceversa, y que por razones iguales, hay que someterse a la misma ley cuando se trate del desenvolvimiento de las facultades anímicas consideradas entre sí, en sus mutuas relaciones.



 

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No parecerá fuera de lugar advertir a los educadores que lo dicho más arriba sobre la ley de la armonía en la educación, es aplicable al caso en que acabamos de ocuparnos, pues proceder de la manera que ahora decimos entraña desequilibrio y, desarmonía en el desarrollo de las facultades intelectuales, originándose una cultura prematura y artificial, con todas las consecuencias que señalamos en la nota a que en ésta hacemos referencia.



 

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Como ya dijo el sabio y respetable español MONTESINO, «la instrucción es inherente a la educación intelectual; es causa y efecto simultáneo del desarrollo de las facultades mentales».



 

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Por lo dicho en la nota primera al capítulo I, se sabe ya cuántas y cuáles son las facultades que constituyen la inteligencia. Las funciones del pensar son el ejercicio de estas facultades considerado de parte del sujeto que piensa, el movimiento y la dirección de éste hacia lo cognoscible; las operaciones, esa misma actividad considerada de parte del objeto penado, la información que éste recibe en el pensamiento como resultado de las funciones. Así, son funciones del pensar la atención, la percepción y la determinación o penetración, y operaciones o resultados, el concepto, el y el raciocinio. -La atención es la tendencia o dirección del pensamiento hacia los objetos que lo solicitan: es como la mirada del espíritu, y el primer acto de éste para conocer los objetos; la percepción, resultado de la atención, es la vista o intuición del objeto presente a nosotros, y la determinación es la continuidad y enlace de las otras dos funciones. El concepto, noción o idea es el primer conocimiento que formamos de un objeto, y que por lo mismo es genérico, englobado e indistinto; el juicio es la relación de un concepto consigo mismo o con otro, el conocimiento de la relación que une dos conceptos; y el raciocinio, el conocimiento de la relación que existe entre dos o más juicios, por lo que se le llama juicio de juicios, referencia de unos a otros.



 

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No debe olvidarse que, como muy acertadamente se ha dicho, «la Enseñanza es en general el primer motor y el estimulante de las facultades del alma, la fuente de la mayoría de nuestros conocimientos, el instrumento de la cultura intelectual y moral, y, por consecuencia, la condición necesaria de toda educación tanto personal como social».



 

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Se dice esto generalmente pensando que un individuo o un pueblo instruido y no educado puede hacer mal uso de su instrucción, la cual puede convertir en tal caso, en instrumento puesto al servicio de malos fines; esto, que desgraciadamente suele ser la verdad, se debe a que la Enseñanza que se suministra no tiene sentido educador y al darla se ha mirado sola y exclusivamente al fin de suministrar conocimientos, sin cuidarse de lo demás. Pero conviene estar advertidos de que muchas veces los que dicen que la instrucción es instrumento de perversión y ruina se expresan así a impulso de miras egoístas, del deseo de mantener a individuos y pueblos en la ignorancia para poderlos manejar mejor y hacerlos instrumentos de determinados intereses, en lo cual andan también equivocados, pues los ignorantes suelen ser del último que llega, y si hoy están al lado de unos, mañana y con la misma facilidad estarán con los contrarios. Pero la Enseñanza es en sí un elemento profundamente moralizador, como se comprenderá leyendo lo que sigue.



 
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