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11

H. Petriconi, Zur Chronologie und Verbreitung des spanischen Schelmenromans, VKR, I, 1928, p. 337.

 

12

W. Krauss, Die Kritik des Siglo de Oro am Ritter- und Schaeferroman, en «Homenatge a Antoni Rubió i Lluch», Barcelona, 1936, p. 226, n. 3.

 

13

«... No ay enredo en Celestina, chistes en Momo, simpleças en Lázaro, elegancias en Gueuara...», etc. («Prólogo Summario» a la Pícara Justina, ed. Puyol, I, Madrid, 1912, p. 18).

 

14

Como hace E. Moreno Báez en su mencionada monografía.

 

15

F. Maldonado de Guevara, La teoría de los géneros literarios y la constitución de la novela moderna, en «Estudios dedicados a Menéndez Pidal», III, Madrid, 1952, pp. 299-320.

 

16

Por lo que concierne al Lazarillo las notas recogidas por M. Morreale (Reflejos de la vida española en el Lazarillo, en «Clavileño», Madrid, 1954, V, n. 30, pp. 28-31) bastan para ejemplificar el cimiento real que las críticas del hambriento mozalbete pueden haber tenido.

 

17

En su ya citado estudio (p. 79) afirma Bataillon que «seule l'optique rétrospective peut nous faire prendre la vie de Lazare, valet d'une dizaine de maîtres, pour une satire totale et amère de l'Espagne», después de haber presentado con gran benevolencia (pp. 77-78) los tipos del ciego, el alguacil y el escudero del Lazarillo. Desde luego, la sátira de éste sólo es parcial e irónica; no total y amarga como la de Alemán o Quevedo. Pero esa ironía no se aplica sólo a los eclesiásticos. El ciego es de veras ciego, pero es cruel y malintencionado; el alguacil que colabora con el buldero es suficiente botón de muestra de los de su clase; y en cuanto al escudero, ¿no hay motivo bastante para tildarle de pícaro, siquiera en el sentido moderno del término, no muy lejano del antiguo? ¿No hay razón para tachar así a un hombre que, como él, es presuntuoso, holgazán, susceptible, cobarde y que permite que un niño se arroje a mendigar para sustentarle?

 

18

Otro ejemplo de suspicacia en II, 30, líns. 2-8.

 

19

Moreno Báez, op. cit., p. 85.- La interpretación de Moreno respecto al Guzmán es la misma que Ramiro de Maeztu aplicaba a la misión histórica de los pueblos hispánicos: «enseñar a todos los hombres de la tierra que si quieren pueden salvarse, y que su elevación no depende sino de su fe y su voluntad» (Defensa de la Hispanidad, Madrid, 1935, p. 73). ¿Puede ser esto misión de un pueblo?

 

20

En efecto, el Guzmán apócrifo disipa su tiempo de estudiante en Alcalá en cantaletas, meriendas y travesuras, de modo que nunca le vemos dado a estudios serios que justifiquen su posterior capacidad.

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