1
«Essai d'approche des Caprices de Goya par l'analyse formelle», en Hommage à Georges Fourrier, Paris, 1973, p. 124.
2
«Les légendes des Caprices ou le texte comme miroir?» en Goya, regards et lectures, Aix en Provence, 1982, p. 36.
3
O del «Prao», como dice Fischer que se tiene que pronunciar (Voyage en Espagne aux années 1797 et 1798, Paris, 1801, I, p. 193, n. 1); se trata, naturalmente, de una supuesta deformación popular: véase el habla de los majos en la tonadilla La contienda, de 1779 (J. Subirá, Tonadillas teatrales inéditas, Madrid, 1932, p. 212).
4
A.M.M., Música, 153-5.
5
P. 61.
6
Fischer, p. 195.
7
J. Subirá, Tonadillas..., o.c., p. 137, n. 1; errata de imprenta en la cita.
8
«Goya y la imagen popular» en Cuad. Hispanoamericanos, 374 (1981), p. 254; Imagen de Goya, Barcelona, 1983, p. 118.
9
Discursos forenses, Madrid, 1821, p. 195.
También arremete El juzgado casero con las excocineras o excampesinas que al cabo de poco tiempo visten como «una Exmª Señora», tratando de engolosinar a los caballeritos en el paseo del Prado (pp. 55 y ss.). El mismo periódico confirma lo que dejamos apuntado más arriba a propósito de El Prado por la noche: la gente solía pasear también a la luz de la luna en verano, e incluso algunas mujerzuelas se apartaban con «los babosos que las acompañan a lo más obscuro de los Árboles».
10
La saya era lo mismo que la basquiña, según Blanco White (Cartas de España, Madrid, 1972, p. 71); se ponía encima de la falda o guardapiés.