Poesía. Selección.
Pablo Piferrer
(Barcelona, 1818 - 1848)
Allá en Montserrat -mora
el ermitaño.
¿Sabéis por qué mora
del convento al pie?
Con áspera vida -un año
y otro año
orando ha llorado: -bien sabréis
por qué,
por qué con tal vida vive el ermitaño.
5
El buen caballero partió
de su tierra,
allende los mares la gloria buscó:
los años volaban, se acabó la guerra;
y allende
los mares hasta él voló,
voló un triste
viento de su dulce tierra.
10
«-Aprisa,
mis pajes, aprisa el caballo:
»señora del alma, mi
amor, ¿qué es de ti?
»en bascas de muerte conmigo
batallo:
»o infiel o difunta: ¿qué de ello? ¡ay de
mí!,
y «¡ay de mí!» diciendo, aguija el caballo.
15
Los mares cruzaba: llegaba
a su suelo:
«-Madre, madre mía; mi amada ¿do está?»
«-¡Ay hijo, el mi hijo! -consuélete el cielo-,
»viva
está tu amada; mas ya no será,
»ya no será
tuya mientras esté en el suelo.»
20
De
Santa Cecilia llamaba a la puerta;
los golpes doblando redobla
el furor;
«-Señora, ¿no me oyes? Más te quiero
muerta
»que infiel y perjura al antiguo amor,
»al amor
que agora profana esa puerta.»
25
Flotante
el cabello, ceñida de flores,
la ve tras la reja:
¿qué voz la llamó?
«-Mis lágrimas mira;
por nuestros amores
»aquí vesme: un voto mi amor
pronunció,
»pronunció que pronto secará
estas flores.
30
»Voté,
si tomases a la patria tierra
»salvo de las lides, consagrarme
a Dios:
»tomabas con gloria de lejana guerra;
»¡feliz fue
mi voto!, ¡Mi voto a los dos,
»a los dos separa por siempre
en la tierra!
35
»¿Oyes las
campanas? Llegada es la hora:
»el Señor me llama
al pie del altar:
»nuestro amor olvida, aunque el alma llora;
»¡Dios que te ha salvado quiera conhortar,
»conhortar la
angustia en esta triste hora!-»
40
Suspiros
amargos lanzando del pecho,
los brazos caídos la
frente inclinó;
escuchó su voto en llanto
deshecho:
-sonó dentro el coro; mudo se postró,
se postró las manos cruzando en el pecho.
45
Lloró, lloró el triste:
su vida llorando
vivió solitario del convento al
pie:
pasó un año y otro: en llanto y orando
le encontró otro año: -ya sabéis por
qué,
porque así ha vivido en rezo y llorando.
50
Ora en Montserrat doblan
las campanas:
débil en la ermita una oigo tañer;
en Santa Cecilia otras más cercanas:
¿por qué
éstas a aquélla se oyen responder,
responder
doblando tan tristes campanas?
55
La cascada y la campana
En cañada solitaria -una
cascada zumba;
de las peñas tajadas furiosa se
derrumba,
y el negro sumidero en que brota y retumba
la
engulle toda.
He aquí
que en lo más hondo, entre la niebla oscura
5
que
la espuma levanta, misteriosa figura
asomaba la cara: con
siniestra amargura
me
sonreía.
«-Tú
que el abismo miras, mira en esta cascada
del destino del
hombre la imagen retratada:
10
salta, brilla, retumba, se
abisma, se anonada;
después,
¿qué es de ella?
Un
más allá no busques, ni a ella ni a tu suerte:
Joven, camino y brilla; difunde, varón fuerte,
el
son de tu renombre; después vendrá la muerte
15
a
anonadarte.-»
Del vértigo
hecho presa, cedía al parasismo;
nublóseme
la vista clavada en el abismo,
cuando con son lejano retomóme
a mí mismo
una
campana.
20
Abrí
atento el oído, su palabra sonora
desde el valle
me dijo: «-Tú, hombre, espera y ora
para que esta
jornada, de toda pena mora,
la
cumplas fuerte.
Cuan dolorosa
es breve, el sepulcro su fin;
25
más allá
está tu patria, un eterno confín,
y allí
tormento eterno o celestial festín:
dirálo
el Juicio.
La imagen de tu
suerte contempla en la cascada:
en la hoya del peñasco
-entera se anonada;
30
mas por caño escondido rebrota
en la llanada
formando
río.
¿Lo ves que todo
el llano serpentea y fecunda?
su corriente a cien villas
de riquezas inunda,
hasta que en el Océano -con eterna
y profunda
35
unión
se abisma.
Dentro de ti propio
llevas un destello divino;
su patria no es la tierra; el
cielo, su destino;
Dios, su océano inmenso: ¿dudas
por el camino?
Ora
y espera.-»
40
Su eco de
peña en peña quebrantándose expira;
el sol la roja cúspide por vez postrera mira;
el
aura vespertina - en las ramas suspira:
cayó
la tarde.