Cristopher Fry
Ricardo Gullón
Desaparecido Shaw, queda Chrsiopher Fry como maestro discutido de la escena inglesa. (aparte T. S. Eliot, pero Eliot no es propiamente un hombre de teatro aunque sea uno de los más conspicuos y sólidos dramaturgos contemporáneos). La gloria de Fry es reciente, por más que antes de la guerra ya hubiera escrito obras interesantes.
En 1939, alegando que sus creencias religiosas le impedían participar en la guerra, se negó a formar parte de las unidades combatientes, y después de aceptada la objeción de conciencia le destinaron a los servicios de auxilio a los siniestrados por los bombardeos, encomendándole las tareas de mucho peligro.
Enemigo del realismo y de la psicología, se desentiende, en cuanto autor dramático, de los problemas sociales que, según cree, no deben de ser abordados en el teatro. El realismo, en su opinión, no llega a las zonas profundas de la existencia, adonde únicamente se penetra por el camino de la poesía. Este camino lo entiende Fry al modo de los dramaturgos isabelinos -los isabelinos ingleses, claro está-, y en particular Marlowe, y no conforme hoy lo trazan, alambicados y sutiles, los poetas contemporáneos.
Su preferencia por el pasado no se manifiesta únicamente en la adopción de formas clasiscizantes; se revela también en la elección de temas. El crítico francés Erval ha señalado que, buscando asunto para sus obras, suele Fry refugiarse en el pasado: así, dice, A Phoenix too Frequent reproduce La matrona de Éfeso, The lady's not for burning se inspira en una leyenda medieval alemana, y Venus observed, aunque la acción sucede en la época actual, tiene lugar «en la mansión de un anciano lord que vive fuera del tiempo». La dramaturgia de Christopher Fry aparece fuertemente impregnada de romanticismo, y a pesar de eso (o tal vez por eso) está obteniendo en Broadway un éxito sensacional, si bien no falten críticos, como F. P. Dupee, que la juzguen con severidad, y digan que sus versos son un pastiche de los isabelinos y los de T. S. Eliot.