Zardoya, Concha: «Mirar al cielo es tu condena».- «Ínsula». Madrid, 1957
María de Gracia Ifach
Creemos obvio presentar a Concha Zardoya: ensayista, biógrafa, conferenciante, profesora ilustre en Tulane University, de Nueva Orleans, autora de más de veinte volúmenes y con varios premios en su haber, ¿quién no la conoce, de los lectores de Ínsula? Ahora, con el subtítulo «Homenaje a Miguel Ángel», ofrece una nueva serie de poemas, en su mayoría sonetos, bajo un hermoso nombre: Mirar al cielo es tu condena. (Se refiere al Esclavo encadenado, a quien Miguel Ángel dejó los ojos de piedra mirando a lo alto eternamente.)
Quizá Concha Zardoya sea la poetisa de expresión más quitaesenciada que tenemos en España. Hasta cuando ha loado las cosas humildes -recordemos La hermosura sencilla-, es exquisitamente purista, pero, a través de su aticismo, casi siempre vibra la dosis de gracia poética precisa, para que el poema no resulte fríamente perfecto, sino con la irradiación humana que el lector necesita para conmoverse. En este sentido, la capacidad intelectual y sensitiva de C. Z. ha podido de nuevo comunicar lo que vieron sus ojos y emocionó su alma: esta vez la obra del genial florentino, cuya contemplación la obligó -¿acaso el poeta en trance no «obedece» a la llamada de la Poesía?-, a forjar sus impresiones con los elementos a su alcance, es decir, la rica materia verbal que le es propia -«¡oh palabra de Dios, oh Poesía!»-, dando por resultado estas composiciones tan cabalmente expresivas y evocadoras de la portentosa realidad que las hizo nacer. En Mirar al cielo... está pintada y esculpida la angustia de los esclavos, el valor de los héroes, la hermosura del David, las torturadas o dulces expresiones de tantas criaturas inmortales creadas por el artista: el Ángel lampadóforo, los Profetas, las Vírgenes, el Moisés, el cósmico contenido del Juicio final... El poema «Piedra sobre el tiempo» parece resumir la grandeza de la obra de Miguel Ángel, así como los alejandrinos del «Réquiem» cantan vigorosa y patéticamente el homenaje que Concha Zardoya le ofrece en aras de su magnífica poesía.
Mirar al cielo..., mantiene una armoniosa calidad, desde el «Retrato» al «Epitafio»: treinta y cinco poemas asonantados en los que se conjugan los valores intelectivos de la autora con la magia lírica que les dio vida. La personalidad de Concha Zardoya se confirma una vez más de un modo superlativo.
A los poemas acompañan diez láminas que reproducen otras tantas obras de Miguel Ángel.