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  —143→  


ArribaAbajoEl rosal


ArribaAbajo Cuando miré a tus ojos
era tan bello el día,
que olvidé mis heridas
y te invité a soñar.
Y te entregué una rosa  5
con mi amor, con mi vida;
tú la plantaste, amada,
para tu propio mal.

Eran bellos tus ojos
como el mejor poema.  10
Tus pupilas herían
como hiere el rosal.
Yo bebí de tus manos
la fragancia primera
sin pensar que lo hacía  15
para tu propio mal.

Y han llegado las sombras.
La quimera se acaba.
En el huerto del alma
sólo queda el rosal.  20
Lo plantaste, no en vano.
Floreció de por fuerza,
mas no pudo ser tuyo,
no podrá ser jamás.
—144→

Sin embargo, comprende,  25
no se ha muerto el encanto
de la flor encarnada,
del perfume fatal.
Yo soñaba una dicha
y aún la sigo soñando.  30
Sólo tú la has logrado
para tu propio mal.

1950

  —145→  


ArribaAbajoAún soy yo


A Perla




ArribaAbajo Era entonces la carne retozando
Aún no había crecido la razón
Era fauno pastando en los rosales
de tus años floridos. Era yo

De que el fuego de tu alma no haya visto  5
De que sólo en tu cuerpo haya visto amor
De que tu voz quemara mis sentidos
fuimos culpables los dos

La conciencia no nace en el desierto
Tiene vida, es fuerza, es dolor  10
Es materia lumínea que ha crecido
quemando poco a poco el corazón

Que hoy festeje tu voz con mi silencio
Que a tu belleza prefiera tu razón
sólo es que fauno de tristeza ha muerto  15
quedé yo solo... pero aún soy yo.

1951

  —146→  


ArribaAbajoA un atardecer que fue


ArribaAbajo Y fue la tarde aquella como se van las flores,
como las mariposas lánguidamente van.
Y como la distancia que agranda corazones,
a través de los tiempos, aquella tarde hermosa
       más hermosa será.  5

Oasis de mi vida, juventud de mis sueños,
florecida esperanza, tarde primaveral...
Te cubrirán las sombras con implacable empeño,
pero la dulce herida, roja flor que tú abrieras,
       siempre abierta estará.  10

La vestías de gualda, de sol y de floresta.
Estabas en sus ojos, en su aliento, en su voz.
Eras la madreselva, flor del alma desierta,
el cantar que en su pecho -dulce alondra sedienta-
       esa tarde anidó.  15

Vístela de recuerdos, tardecita de oro,
hoy que todo ha cambiado, hoy que el sueño acabó.
Vístela de fragancias, primavera que añoro,
y que en tardes hermosas, más hermosas quimeras
       le recuerden mi amor.  20

1953

  —147→  


ArribaAbajoRecuerdo en gris menor


A Chiquita




ArribaAbajo Una lluvia de estrellas.
Era noche de fiesta.
Yo bebía mis ansias
mientras soñabas tú.
Tu recuerdo me trae  5
vago rumor de orquestas
como sueño llegado
de un lejano Stambult.

Te busqué en los sendales
de mis noches insomnes  10
y en las huérfanas tardes
de mi invierno interior.
Guardadora de ausencias,
eres cáliz de esperas.
Sólo aquí, dentro el pecho  15
te proclamo «mi amor».

Yo seré el marinero
que a bogar te enseñara,
que en tus labios prendiera
su fanal de pasión.  20
Te traerán mis endechas
la caricia esperada.
Desde playas lejanas
no sabrás mi dolor.
—148→

Y en las alas del viento,  25
mi fugaz mensajera,
la bohemia gaviota
de mi mar de ilusión
cruzará raudamente
tu secreta pradera  30
y sabrás que estoy vivo
y que es tuyo mi amor.

1954

  —149→  


ArribaAbajo¡Siempre!


A Margarita




ArribaAbajo Te escribiré un poema, hija querida,
para que un día sea luz en tu garganta,
unos versos de notas muy sentidas
que en mis labios resbalan encendidas
como gotas de lágrimas que cantan.  5

Yo que herido de orfandad vivía,
templé el metal de mi cariño en llanto
y armé de una canción mi rebeldía,
y a ti que eres la esperanza mía,
a ti dedico, de corazón, mi canto.  10

Cuántas veces, transido de amargura,
tú has llenado mis noches infinitas.
Aún te siento en mis brazos, pequeñita,
y hasta oigo tu voz que me murmura:
papá, ¿verdad que soy tu Margarita?  15

¡Claro que siempre serás mi Margarita!
Aunque me mate esta amargura, ¡siempre!
Serás la fe que orientará mi vida,
serás la flor nunca jamás marchita
aunque supieras que ya he muerto, ¡siempre!  20
—150→

Y en las estrofas de mi canto, urdidas
en el telar de mis dolientes horas,
serás latir de un corazón que añora,
y en mis vigilias serás la voz querida
que necesito para alcanzar la aurora.  25

Siempre, repito, serás mi Margarita,
aunque consigan que me olvides, ¡siempre!
Yo seré en ti la vieja savia lírica
y a donde fueras, llevarás implícita,
junto a tu nombre, esta consigna. ¡Siempre!  30

1954

  —151→  


ArribaAbajoA Zoilo, herrero, ciego y contador de cuentos


Una imagen rescatada de la infancia




ArribaAbajo Sartenes, ollas, trébedes de zuncho
y zunchos y herrumbres a la espalda,
machaca Zoilo su pregón de hierros;
hierros de herrero pregonando marcha
gacha la testa de blancuza cerda.  5

Hierro en herrumbre los ojillos ciegos,
ojos de viejo carcomido hierro.
-Oiga, herrero, cuéntanos un cuento...
Y el son sin timbre del herrero reza
cualquier urdimbre de su propio invento:  10

-Dicen que una vez había un zorro...
tan viejo -dicen- y tan pobre y tuerto...
que hasta gansos y pavos se le reían...
y que él, rabioso, se mordía el rabo...
hasta que un día lo encontraron muerto...  15

Cuentan los niños de aquel treinta y tantos
que el ciego Zoilo con su carga al hombro,
a cada cuento de su herrero acervo
ponía un dejo con sabor de hierro.
—152→

Asume, ciego, tu dolor y vuelve  20
locuaz y libre, bien que el hierro apriete,
bien que tus ojos y tu sangre llenen
viejas herrumbres de color de muerte.
Y ríe, ríe..., cuéntanos un cuento
de gansos pavos y de zorros tuertos.  25

Vuelve, remacha, como antaño, gacha
la vieja testa de blancuza cerda.
Remacha a ritmo de pregón la herrumbre,
que el nuevo tiempo no cambió una mierda...

1955

  —153→  


ArribaAbajoCardos santos


ArribaAbajo Para que tus labios ávidos de besos
llegar pueda el fruto de mis esperanzas,
remuevo los surcos donde duermen versos
a los rayos tibios de mi luna mansa.

Me despierto y ando. La aurora me canta.  5
La quimera escribe su canción más bella.
Cantos de mi tierra, de alondras viajeras,
poemas que nombran lejana querencia.

Para que a tus labios no falte alimento,
cálido alimento que nos quema un tanto,  10
es que yo remuevo mis antiguos huertos
y planto las mieses de mis cardos santos.

1955

  —154→  


ArribaAbajoMotivo gris


ArribaAbajo Lágrima gris en las aceras grises.
El sol oculta su moneda y duerme.
Mi amante corazón se inclina triste
porque en la acra su tesoro pierde.

Distante grita Soledad mi nombre  5
tal como en una oración funesta.
Mi cuarto, abandonado, está sin lumbre.
En la azotea yace un ave muerta.

De lejos vine. Ya no sé de dónde.
Mis ojos vieron cierto mar ignoto.  10
Casi un misterio, mi verdad se esconde.
Toda mi vida es un dolor tras otro.

Muerde la nieve mis sangrantes labios.
Me ha sofocado una ciudad sin fin.
Pienso en el cuento del abuelo muerto  15
en los crepúsculos de mi infancia gris.

Luces y sombras. La razón que mata.
Más que el invierno, gris es la miseria.
En las aceras la verdad aplasta
la miserable mundanal materia.  20

Solo, tan solo como están los muertos,
hurgo en mí mismo la razón que ignoro.
Existo, vivo, y es que estoy despierto.
Si todo fuera un sueño, sería hermoso.

1955

  —155→  


ArribaAbajoEran pupilas verdes


A María Asunción Quintana




ArribaAbajo Así, justamente así.
Como una flor silvestre.

Yo buscaba la esencia oculta en tu perfume,
la embriaguez oculta en el amor.
Una gota sutil de puro néctar  5
en cada gesto tuyo buscaba yo.

En la confusa transparencia de tus pupilas verdes
yo buscaba la luz.
Y buscaba en la propia estructura
de mi sed y mi deseo  10
no el hartazgo, no el esplín.
Yo buscaba un poema infinito, implícito
en el limo quemante de la dicha carnal.

Cultivando mis ansias me volví destructor,
porque no iba mi deseo al fruto  15
sino a la flor.

Yo no busco la espiga madura,
no lo estable, no el fin.
Mi principio es la fuerza que se oculta en la vida,
y la vida es dolor.  20

En tus pupilas verdes
sólo encontré crepúsculos,
no la luz.
Sólo un verde misterio,
su tabú.  25

1958

  —156→  


ArribaAbajoDesde el fondo


A Chiquita




ArribaAbajo Desde el fondo remoto de mí mismo
ha llegado esta voz para nombrarte,
por los mismos caminos que anduvimos,
con el mismo corazón sangrante.

Porque sufrí en verdad para encontrarte,  5
bendeciré el dolor en que he vivido.
Traigo despojos apenas para darte
de lo que fuera el universo mío.

En un páramo gris perdimos el tino
tras un soñado Edén alguna tarde  10
cegados por la luz de un espejismo.

Pero vuelve la voz por eso mismo
después de conocer los avatares
de este vivir huyendo del destino.

1964

  —157→  


ArribaAbajoKanendiyú-Cué


Poco antes de Itaipú




ArribaAbajo Hay formas, mis amigos, de alargar palabras
y formas, ¡ay!, de acortarlas.

Hay un alargue simple, guaraní, sufijo: CUÉ.
denota no ser ya, haber ya sido, ya no ser más...
porque alguien, algo, alguna vez,  5
hubo de trocar el ser en no ser,
¡vaya forma de acortar!

Y estas cavilaciones, mis amigos,
vienen a cuento de todo lo que en esta tierra de Dios
deviene CUÉ poquito a poco.  10

¿Ejemplos piden ustedes?
Pues, Minas Cué, Vapor Cué, Viña Cué,
Zeballos Cué, Piquete Cué, Zavala Cué,
más unas increíbles etcéteras, etcéteras...
Y dentro de muy poco: Kanendiyú Cué,  15
orgullo de la Patria, belleza y esperanza Cué.
¿Alguien dijo soberanía territorial?
Mejor, agréguele el alargue Cué.

Zorramente el Rapay,
metiéndonos el dedo por las tripas,  20
se dispone a soplarnos incluso el corazón.
—158→

Eso dicen, al menos, los expertos,
en términos turísticos, por cierto;
nos dicen, por ejemplo: «Apúrense
a contemplar la maravilla nuestra  25
que pronto quedará borrada por el lago artificial...».
¡Tan parece natural! Y se refieren, mis amigos,
a la que López defendiera al precio
de un holocausto nacional.

¡Cuántas cosas, mis amigos,  30
nos borra el muy famoso «desarrollo»
cosas que amamos de verdad,
que al cabo del trágico camino,
los sobrevivientes dirán:
¿Y es esto el desarrollo? ¿Nada más?  35

  —159→  


ArribaAbajoA un joven poeta


ArribaAbajo Preguntas, joven poeta, si gritar es poesía.
Yo te respondo «sí»
en este tiempo sin metáforas
en que el cuerpo del hombre y su esperanza
no pasan de ser sólo sombras  5
y un gran silencio interrogante a cuestas.

Yo te respondo, poeta,
que la metáfora, hoy,
es piedra que aplasta y metal que hiere.

Yo te respondo «sí»,  10
que gritar contra el silencio es poesía.
Grita, poeta, contra la sombra,
grita contra la muerte,
¡grita hasta morir!

1970

  —160→  


ArribaAbajoLo que vive no murió


A doña Isabel Restrepo, su madre




ArribaAbajo Que nadie diga que ha muerto
ni que en silencio quedó.
Obispo y hombre, Camilo,
como Jesús plasmó un grito
con sangre del corazón.  5
Y aunque troncharon su voz,
que nadie su nombre llore;
lo que vive no murió.

Al nuevo tiempo, un lucero
Camilo Torres prendió.  10
Montado en viento llanero,
caliente viento en el alma,
coraje le puso al Verbo
y un gatillo a la verdad.
Que nadie lo dé por muerto;  15
lo que vive no murió.

Campanas contra el silencio.
Justicia contra el terror.
Jamás podrán sepultarle
su ejemplo de Nazareno,  20
su sacrificio gallardo,
su condición superior.
Camilo Torres no ha muerto;
lo que vive no murió.
—161→

Al pueblo su sangre dio  25
como la vid nos da el vino.
Como aguacero al sediento,
se brindó a los oprimidos.
¡Cómo crece cuando muere
lo que por amor vivió!  30
¡Que nadie su nombre llore!
¡Lo que vive no murió!

1976

  —162→  


ArribaAbajoMisión cumplida


ArribaAbajo No es tan fácil retomar lo caminado,
recontar paso a paso lo perdido,
rescatar brizna a brizna lo ganado.

No es tan fácil construirse de memoria
un castillo sobre un lago de esperanzas.  5
Luego encuentras que el lago se evapora
y el castillo deviene pura arena.

Una tarde, hace muchas primaveras,
comencé mi labor como en un sueño.
Construyendo viví desde ese evento,  10
y es difícil contar cuánto he penado.

Construí en inviernos y en veranos
con estoicismo de tenaz obrero.
Sobre mis hombros transporté mi tiempo
y amacicé mi verdad con un concreto  15
de luchas de pasión y sufrimientos.

Y si eso fue vivir, pues viví, confieso,
sin faltar a mayores requisitos.
Construí, planté árboles, engendré hijos;
con amor y sudor, escribí libros;  20
cumplí con la misión de un hombre, y punto.

1991

  —163→  


ArribaAbajoMi casa verde


ArribaAbajo Yo tengo una casa verde
plasmada de puro amor,
de arquitectura silvestre,
de poesía su interior.
La comparto con mi amada,  5
con tórtolas y calandrias,
y orquestan mis alboradas
enamoradas alondras.

Cuando llegué sólo había
trinos, colores y aromas.  10
Los pájaros construían
la primavera en la fronda.
Corochiré, el pionero,
que me enseñó cuanto sé,
me impuso que me quedara  15
construyendo como él.

Y bien, elegí mi predio,
mitad sombra, mitad sol,
a la orilla de un arroyo
tal lo hiciera mi ruiseñor.  20
Crucé el torrente de un salto
con la ayuda de su estímulo
y de un sentir campesino
heredado de mi ancestro.
—164→

Y arcilla y piedras uní.  25
Y arena y briznas, como él.
Con su ejemplo, bajo un laurel,
mi casa verde construí.
Mas, dos cosas de ese ejemplo
no las pude aprovechar:  30
el prodigio de su vuelo
y su hermosa libertad.

  —165→  


ArribaAbajoPies en tierra


ArribaAbajo Poso el oído en tierra
para captar los cantos olvidados.
Poso el oído, los pies, las manos
y el corazón en tierra.

Desde abajo y desde lejos  5
una canción me llega,
desde las tardes con olor a verbenas,
desde las mañanitas verdes
con veletas de mirlos y zorzales.
Son las voces que fueron  10
-pero están-
y son la esencia de mi alegría.

Retomo los caminos ya borrados
que esperan otros pies
para volver a ser caminos.  15

Rescatando el rebrote de la vida,
de repente me vienen al encuentro
mis frutales urgencias,
aquellas
que no me cabían en las manos  20
porque nacieron pletóricas
en el regazo de la esperanza.
—166→

Piso la tierra desde mi edad descalza,
desde aquella edad
en que vivir era fraternidad y hombría  25
en el terrón del cual provengo,
terrón mojado de sudor y ajenjo
que puso a germinar bajo mis pies
la semilla del canto.

Comencé cultivando un frutal pequeño  30
en la heredad de mi infancia campesina,
un árbol,
en cuya raíz dormía el tiempo.
Después, lo vi crecer y darse al mundo,
y desde entonces, poco a poco,  35
comprendí que Natura puede más.
Un hombre sólo es un hombre.

Cada brote, un capítulo de vida.
Cada pimpollo, preludio de futuro.
Nada en el mundo es fin en sí.  40
Semilla, brote, pimpollo,
todo es un irse sin término.

Ahora planto naranjos
con el aroma de mis ancestros.
Los planto para reverdecerme  45
y probar que mi amor no acaba allí,
—167→
que mi amor se transfiere
a mis adláteres de antes y de siempre.

Pienso que la vida
no puede ser sólo un juego  50
donde se gana o se pierde simplemente;
que el ser o no ser
sólo habrá de resolverse un día
entre el hombre y el hombre
y su conciencia.  55

Pienso que el árbol es un antiguo ejemplo,
creciendo hacia lo alto y lo profundo;
que el hombre es hombre, ser racional o animal pensante,
edificante si capaz de dar y darse,
viniendo desde atrás y desde abajo,  60
porque sólo así se crece,
viniendo yendo pensamiento al frente,
aunque mero pasajero,
ser presente.

1991

  —168→  


ArribaAbajoA Santiago Leguizamón


ArribaAbajo Hiciste mal, perínclito varón,
predicando verdades a las fieras
en este tiempo de alegre corrupción
en que la honestidad suena a blasfemia.

Hiciste mal pensando que este pueblo  5
podría distinguir al hombre de las bestias
y creyendo en la ley y la justicia
por encima del orden de los gangsters.

No es este homenaje triste epitafio
porque tu lucha no expiró contigo.  10
Cuando se ha muerto por defender la vida,
la muerte no es el fin, sólo el principio.

No eres el primero ni serás el último
caído en esta guerra sin laureles.
Desde Espartaco a Cristo, de Ghandi a Luther King,  15
la historia siembra hitos, entre los cuales tú.

Medio siglo de invierno ha congelado
la conciencia de las generaciones.
Revivirla requiere mucho fuego,
mucha sangre de bravos corazones.  20

Pero revivirá. Las fieras no razonan.
Sólo manejan zarpas y violencia.
El hombre, si realmente es hombre, piensa.
Y la verdad, si es verdad, vence a la muerte.

1991

  —169→  


ArribaAbajoIndio viejo


ArribaAbajo Ya no tu gallardía de vinchas y penachos.
Apenas una sombra cargada de silencio.
Cabellera en cenizas, una selva de arrugas
y unos ojos tragados por el hambre.

Hete sentado allí,  5
mas no a la vera del carril selvático,
y sí en la vereda de la mendicidad.
Desde hace cinco siglos han venido
despojándote del alma y la esperanza,
matando tus arroyos, tus bosques y tus pájaros,  10
arrancándote el hábitat, para que el latifundio
imponga en esta tierra su negocio de látigos.

Pero tú, indio viejo, no te inmutas.
No manejas la ira vengadora del blanco
ni el gesto mendicante del paria de ciudad.  15
Sentado allí, sonríes,
muriéndote en la acera de tu orfandad perpetua.
Tu sonrisa es imagen de tristeza ancestral.

Tenías un espacio verde y concreto,
florestas que enraizaban los fueros de tu historia.  20
Pero el tiempo, el mismo que trajo carabelas,
trajo después talentos con motosierras
y armó a las leyes con metralletas.
—170→

Te talaron la voz de tu alegría
y la esbeltez altiva de tu estirpe,  25
y te has quedado allí, en la vereda,
con tu sombra, tus huesos, tu sonrisa,
espectador del lujo y la fanfarria,
y de una suerte de piedad que arroja
unas monedas para el indio viejo,  30
y así apacigua la conciencia impúdica.

Y nosotros, que nos decimos justos,
te miramos y vamos caminando.
¿A quién le importa que hayas sido el único
habitante cabal de este tiempo sin alma?  35

1994

  —171→  


ArribaAbajo¡Aleluya, Maestro!


A José Asunción Flores




ArribaAbajo ¡Claro que deseabas volver alguna vez
a la prístina raíz que pocos presentían!
Volver a la semilla prisionera
del tiempo en que eclosiona la armonía.
Volver a refrescar en la surgente  5
la luminosa sed de tu esperanza...

¡Claro que deseabas volver
anunciando con pífanos de plata
la vuelta de los libres cultores de la vida,
la vuelta del honor y la justa justicia...  10
volver cantando como el cisne legendario
a lo ancho del cielo de la patria!

Y al cabo vuelves, Maestro, como vuelve el lucero,
trasponiendo el abismo que te impuso la muerte.
Sucede que has vencido.  15
El saurio aquel, terrorista de estado,
no pudo hacer que el miedo borrase tu memoria.
Ya todo el mundo sabe que el furor del tirano
sólo supo llenar de azufre las conciencias.
Y entre tanto,  20
las arpas y guitarras en manos populares,
para gloria del pueblo, florecieron guaraníes.

Tú ya no morirás mientras viva la música,
mientras viva el amor y un sonoro cordaje.
No morirás porque el pueblo en que lates  25
—172→
ha venido guardando y guardará tu nombre
en el cofre sagrado del reconocimiento.

¡Aleluya, Maestro!
La patria está de fiesta
porque al fin recupera tu heráldica ceniza,  30
la que habrá de fecundar la libertad bendita
que en esta tierra hermosa contigo quedará.

  —173→  


ArribaAbajoMaldad, basura humana


ArribaAbajo Maldad hay en las mentes,
basura en las conciencias.

Maldad harta los días
y sofoca las noches.

Maldad con patoteros,  5
con drogas y violencia.

Maldad que se solventa
con sórdidas prebendas.

Maldad con explosivos.
Maldad que roba y mata.  10

Maldad con delincuentes
fungiendo paradigmas.

Maldad con leyes sucias,
basuras palaciegas.

Maldad con un archivo  15
de befas y tormentos,
sarcasmos que avergüenzan
la condición humana.
—174→

Maldad con jueces topos,
con niños presidiarios,  20
con labradores parias,
infantes traficados
y madres que negocian
el feto de su vientre.

Maldad con mandamases  25
rapaces y asesinos,
hampones que despojan
sudores campesinos,
que depredan florestas
y envenenan la vida.  30

¡País de mis ensueños,
cuánta maldad te han hecho
tus grises eminencias,
tus ladrones plumíferos,
tus pérfidos caínes!  35

¿Por qué, madres estoicas,
no los estrangulasteis
cuando nacieron buitres?

1994

  —175→  


ArribaAbajoUna ley para la vida


Homenaje a Pedro Giménez,
otra víctima de una ley latifundista,
anacrónica y vergonzante.




ArribaAbajo Contra la demente destrucción de suelos,
selvas, ríos, lagos y arroyos,
queremos una ley.

Contra la indigencia campesina crónica
que abate alegría, salud y esperanza,  5
queremos una ley.

Una ley que castigue la tenencia inicua,
dignifique al agro y fomente bonanza,
bienestar y paz.

Una ley paraguaya que defienda la vida,  10
no una ley metralleta,
no la ley que asesina,
no la ley del derroche para infames logreros,
no la ley de la hambruna para humildes labriegos.

Si morir es preciso por tener nuestra ley,  15
pues, morir de una vez, no ser meros intrusos
en la tierra que es nuestra
por herencia de sangre...
—176→

¿Alguien duda, tan sólo, que esa muerte es legítima?
¡Vaya que sí, lo es, por defender lo auténtico!  20
¡Es mil veces mejor que aguantar la ley sucia,
ley feudal, trampa espuria,
ley que castra la esencia de Natura y del hombre,
ley mentira, ley prebenda,
ley miseria,  25
ley mortaja!

¡Queremos nuestra ley!

1995

  —177→  


ArribaAbajo¡Hijos no son para matarlos!


Réquiem para las cuatro estrellas




ArribaAbajo Tembiguay no somos todos, General.
De tanto padecer mandobles,
el «pila» está despierto.
Es tarde para las prepotencias.
¡Ya basta de cerrojos aterrantes!  5
¡Ya basta de consignas anacrónicas!

Las cuatro estrellas no servirán de nada
a la hora de responder al pueblo,
ni el privilegio dará razones válidas
para enfrentar la voz de las carencias.  10

Un día se abrirán los bunkers intocables,
y la máscara sucia del descrédito
irá a parar en un archivo memorable
de testimonios sórdidos.

Una legión de madres enlutadas  15
arriará las banderas agredidas.
y entonces, sólo entonces,
la juventud tendrá su opción de patria.

Y entonces, sólo entonces,
defenderá con uñas y con dientes  20
su inviolable herencia de hombre libre,
su educación, su fe, su democracia,
democracia con pan y sin metrallas,
democracia con luces y sin guerras!

1996





  —[178]→     —179→  

ArribaAbajoApéndice

Los poemas que siguen pertenecen a Gerardo y Mariano Pignatiello, nietos de Santiago Dimas Aranda, nacidos ambos en Buenos Aires en 1976 y 1978 y estudiantes de Letras y Bellas Artes en la Universidad Bonaerense, respectivamente.

  —[180]→     —181→  

ArribaAbajoDe Gerardo Pignatiello




ArribaAbajoEl ocaso del justo


ArribaAbajo Mientras la voz oculta el destino,
la acción su paso afirma hacia el cadalso.
Arrastrando cadenas,
sus inmortales grillos,
implora al mundo libertad.  5
La pasión por la vida que oscurece el monte
despoja las ramas y sigue su marcha
hacia lo eterno.
El infeliz momento desnuda el llanto,
y la sed y el hambre abandonan la carne.  10
Y la lluvia y el viento
destruyen los portales del romance.
Siempre los culpables ganan
y el héroe
es condenado.  15

  —182→  


ArribaAbajoMorir de día


ArribaAbajo Sola, con su imagen contra el vidrio,
hace sonar sus dedos.
prisionera del tedio, busca.
No sabe qué, pero busca
no necesita encontrar.
 5

Recuerda, porque es ése su oficio.
Mira desplomarse el día
para luego aceptar el indeleble tinte nocturno.

Aunque jamás valora los extremos del tiempo
muere a pesar de ello.  10
Muere pero piensa,
piensa que al alba reaparecerá,
con un amado sol radiante
devolviéndole su sombra.

  —183→  


ArribaAbajoDe Mariano Pignatiello




ArribaAbajoHuida


ArribaAbajo Y entre las últimas cosas del cajón
encontró un dibujo.
La valija en el andén,
el papel en el bolsillo,
el tren.  5
En el papel, ella
con la valija en el andén
y una lágrima dibujada
en la cara.

  —184→  


ArribaAbajoSu libertad


Arriba El misterio de una flor,
el silencio en cada pétalo,
en el polen
su libertad.






ArribaRazones por las cuales incluyo estos poemas en el post scriptum de este libro

  1. Porque los autores son jóvenes y libres de expresión y de intención.
  2. Porque los amo por ser de mi sangre, y porque son jóvenes capaces de pensamiento propio.
  3. Porque lo que más amo de los jóvenes y de los pájaros es su libertad.

S. D. A.