Unamuno, político
Antonio Machado
Es D. Miguel de Unamuno la figura más alta de la actual política española. Él ha iniciado la fecunda guerra civil de los espíritus, de la cual ha de surgir -acaso surja- una España nueva. Yo le llamaría el vitalizador, mejor diré el humanizador de nuestra vida pública. El más personal de nuestros políticos, ha dicho Luis de Araquistain en un libro reciente y admirable. Conforme. Unamuno es ante todo persona, pero no en el sentido etimológico de la palabra, porque es, acaso, el único político que no usa máscara. En esto, a mi juicio, estriba su enorme fuerza. No será nunca un jefe de partido o partida, ni un caudillo de masas. Para Unamuno no hay partidos, ni mucho menos masas, dóciles o rebeldes, en espera de cómitre o pastor. Unamuno es un hombre, orgulloso de serlo, que habla a otros hombres en lenguaje esencialmente humano. Se dirá que esto no es política. Yo creo que es la más honda, la más original y de mayor fundamento. Porque ¿puede haber política fecunda sin amor al pueblo? ¿Y amor al pueblo sin amor al hombre y, por ende, respeto a los valores del espíritu que son sus únicos privilegios?
No basta invocar la ciudadanía. Es un concepto pagano y superado ya por la historia. Un ciudadano puede ser un hombre libre que viva sobre una masa de esclavos. La última gran revolución política no invocó los derechos del ciudadano, proclamó los derechos del hombre. ¿Por qué se olvida esto tan frecuentemente? Unamuno no lo ha olvidado nunca. Pero Unamuno piensa que mal puede el hombre invocar sus derechos sin una previa conciencia de su hombría. La ingente labor política de Unamuno consiste en alumbrar esta conciencia, con su palabra y con su ejemplo, en las entrañas de su pueblo.
Segovia, 15 marzo 1930.