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Louis-Ferdinand Céline, Le style contre les idées, préface de Lucien Combelle, Editions Complexe, Bruselas, 1987, pp. 61-73. Céline hará en efecto una defensa parecida del estilo al que concibe como una lengua viva, una lengua «que da la medida de una época, o el tono de una época». Y estilos que dan ese tono, hay muy pocos en una generación. Al escritor de hoy, dice también Céline, sólo le queda el estilo, el trabajo con el estilo, porque la novela ya dejó de testimoniar. Se queja del rechazo que reciben sus obras porque no ostentan, dice, «un estilo admitido», un estilo convencional, es decir, un estilo que no conlleva riesgos: la lengua francesa «pura, refinada» pero «muerta» de las novelas habituales (Céline, op. cit., p. 55). Ese estilo es el que «fuerza en cierta forma las frases a salir levemente de su significación habitual» y «a sacarlas de sus goznes, por así decirlo, y desplazarlas...» (la traducción es nuestra). En «El idioma de los argentinos», Arlt había dicho, comparando el arte de escribir con el boxeo, que el escritor, al igual que el pugilista, debe «sacar golpes de "todos los ángulos"» (Aguafuertes. Obras, t. 2, p. 162).

 

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«En torno de esta apoteosis de la ficción atomizada se estructura la estética del llamado arte nuevo» (El paisaje en las nubes, p. 670). La novela de Huxley acababa de ser traducida y publicada en 1940 en Buenos Aires por Sudamericana. Al referirse probablemente a esta misma novela, Borges parece coincidir con la apreciación de Arlt, o sea que se trataría de una novela alejada to que concibe como ficción: «De otros libros de Huxley cabe decir que no son más (ni menos) que la conversación habitual de un hombre inteligente. Algunos fingen ser ficciones; conozco su renombre, pero son los que menos me han alegrado» (Borges en Sur [1951-1980], Emecé, Buenos Aires, 1999, p. 217).

 

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Hemos ahondado en esas reflexiones en torno a la «fractura» que Arlt observa en «el mecanismo de nuestra palabra», a partir de lo que significa para él el nazismo y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en: «"Un argentino piensa en Europa": Roberto Arlt en sus últimas crónicas», introducción a El paisaje en las nubes, pp. 13-35.

 

34

Respiración artificial, Pomaire, Buenos Aires, 1980, pp. 169-170.

 

35

Ibid., p. 164.

 

36

«El placer de vagabundear», en Aguafuertes. Obras, t. 2, pp. 115-117.

 

37

Véanse en particular los capítulos «Baudelaire: el modernismo en la calle» y «San Petersburgo: el modernismo del subdesarrollo», en op. cit., pp. 129-173 y 218-258.

 

38

Aguafuertes. Obras, t. 2, p. 231. El énfasis es nuestro.

 

39

Para Saúl Yurkievich el collage presupone «una poética basada en la discontinuidad y la disonancia...» (A través de la trama. Sobre vanguardias literarias y otras concomitancias, Muchnik Editores, Barcelona, 1984, p. 58). Beatriz Sarlo, en «Arlt: la técnica en la ciudad», alude a «una ciudad de collage cubista», y a su «belleza caótica y transgresiva» (La imaginación técnica. Sueños modernos de la cultura argentina, Nueva Visión, Buenos Aires, 1992, p. 46).

 

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Véase «Le pont étroit de l'art», en Essais sur le roman, Seuil, París, 1963, p. 67. La traducción de esta y la siguiente cita es nuestra.