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21

Arlt advierte: «... otras personas se escandalizan de la brutalidad con que expreso ciertas situaciones perfectamente naturales a las relaciones entre ambos sexos. Después, estas mismas columnas de la sociedad me han hablado de James Joyce, poniendo los ojos en blanco. Ello provenía del deleite espiritual que les ocasionaba cierto personaje de Ulises, un señor que se desayuna más o menos aromáticamente aspirando con la nariz, en un inodoro, el hedor de los excrementos que ha defecado un minuto antes. Pero James Joyce es inglés, James Joyce no ha sido traducido al castellano, y es de buen gusto llenarse la boca hablando de él. El día que James Joyce esté al alcance de todos los bolsillos, las columnas de la sociedad se inventarán un nuevo ídolo a quien no leerá sino medio docena de iniciados» («Palabras del autor», en Los siete locos y Los lanzallamas, edición coordinada por Mario Goloboff, Archivos-UNESCO, París, 2000, pp. 285-286). Salvo indicación contraria, todas las citas a estas novelas se harán según esta edición.

 

22

«Algo más sobre el gaucho» (5 de diciembre de 1932), en Aguafuertes. Obras, t. 2, p. 435.

 

23

Marechal alude en 1926 a las «enfermedades» que amenazan a las nuevas letras rioplatenses: «el gaucho y el arrabal («El gaucho y la nueva literatura rioplatense», Martín Fierro, 3/34, octubre de 1926, p. 4).

 

24

Roberto Arlt, Aguafuertes. Obras, t. 2, pp. 434-435.

 

25

«El idioma de los argentinos» (17 de enero de 1930), ibid., pp. 161-164.

 

26

Diez años después, en Montevideo y en términos semejantes a los de Arlt, Juan Carlos Onetti -desde las páginas de la revista Marcha- pugnará por una nueva literatura, una literatura moderna (pero no modernólatra, al igual que Arlt) centrada en la ciudad y alejada de lo supuestamente «nuestro» o «nacional» que busca o construye «ranchos de totora, velorios de angelito y épicos rodeos» para finalmente concluir: «¿Por qué irse a buscar los restos de un pasado con el que casi nada tenemos que ver y cada día menos, fatalmente?» («Literatura nuestra», en Juan Carlos Onetti, Réquiem por Faulkner y otros ensayos, Arca-Calicanto, Buenos Aires, 1976, p. 28). En el capítulo «Narración y simulacro en Onetti y en Arlt» apuntamos los vasos comunicantes existentes en las ideas sobre literatura de ambos escritores.

 

27

«Poesía nueva», en Favorables París Poema, p. 14. En una aguafuerte porteña del 23 de noviembre de 1929 («¿Para qué sirve el progreso?») Arlt critica la idea simplista y burda del progreso que oye a su alrededor: «¿El teléfono lo hace más feliz, un aeroplano de quinientos caballos más moral, una locomotora eléctrica más perfecto, un subterráneo más humano? Si los objetos nombrados no le dan a usted salud, perfección interior, todo ese progreso no vale un pito...» (en Aguafuertes. Obras, t. 2, p. 579).

 

28

«La tintorería de las palabras», en El paisaje en las nubes, p. 568.

 

29

Esta comparación es equiparable a la que el mismo Arlt había establecido años antes entre su primera novela, El juguete rabioso, ensalzada por la joven generación, y la ruptura y modernidad a que apunta su siguiente novela, Los siete locos: «Según su propio autor, El juguete rabioso como novela se parece a Los siete locos lo mismo que una pistola antigua con una automática» (citado por Raúl Larra, Roberto Arlt, el torturado, Ediciones Ánfora, Buenos Aires, 1973, p. 57 [1.ª ed., 1950]).

 

30

Parece claro que Arlt ha dejado atrás la noción limitada de estilo que había esgrimido en defensa propia («Se dice de mí que escribo mal. Es posible») en las «Palabras del autor» en 1931. Allí Arlt afirmaba que «para hacer estilo son necesarias comodidades, rentas, vidas holgadas. Pero, por lo general, la gente que disfruta tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura» (Los siete locos y Los lanzallamas, p. 285).