11
La conferencia de Alfonso Reyes («Notas sobre la inteligencia americana») fue pronunciada en un encuentro entre intelectuales de Europa y América Latina en Buenos Aires en 1936 y publicada en Sur, 6/24 (1936).
12
Cf. el capítulo siguiente sobre El juguete rabioso.
13
Cf. Mirta Arlt y Omar Borré, Para leer a Arlt, Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1985, p. 237.
14
«Roberto Arlt sostiene que es de los escritores que van a quedar y hace una inexorable crítica sobre la poca consistencia de la obra de los otros» (La Literatura Argentina [Buenos Aires], núm. 12, agosto de 1929, pp. 25-27. Cito este trabajo, en el texto, por número de página entre paréntesis).
15
Aunque en el «Manifiesto» Oliverio Girondo denuncia la «ridícula necesidad de fundamentar nuestro nacionalismo intelectual, hinchando valores falsos que al primer pinchazo se desinflan como chanchitos», afirma poco después que «tiene fe en nuestra fonética, en nuestra visión, en nuestros modales, en nuestro oído, en nuestra capacidad digestiva y de asimilación»
(Martín Fierro, núm. 4, 15 de mayo de 1924, p. 1).
16
«Por qué no se vende el libro nacional», del 31 de octubre de 1928 (Roberto Arlt, Cronicón de sí mismo, p. 174). En ese mismo volumen y sobre el mismo tema, véase: «La lectora que defiende el libro nacional» (pp. 169-172), del 4 de noviembre de 1928. En otras aguafuertes porteñas Arlt arremete asimismo contra la crítica de libros nacionales, o mejor dicho contra su inexistencia, ya que se trata de una crítica aduladora que «engaña» al público. Véanse «La falsa benignidad periodística», del 12 de enero de 1929, y «Críticos teatrales», del 2 de junio de 1929, en Aguafuertes. Obras, t. 2, pp. 398-403. En esta última crónica, Arlt insiste en la inexistencia de una literatura nacional de calidad: «... no soy yo solo el que tiene la sensación de este desastre que constituye nuestra literatura y nuestro teatro, y todas nuestras artes en general. Aquí, sacando media docena de autores, el resto es el acabóse» (ibid., p. 402).
17
César Vallejo había aludido en 1926, en una nota sobre «la juventud literaria de España y América», al «pasado vacío, al cual [los nuevos escritores] se vuelven en vano para orientarse [...] Declaramos vacantes todos los rangos directores de España y de América. La juventud sin maestros está sola ante un presente ruinoso y ante un futuro asaz incierto. [...] Que esa cólera de los mozos, manifestada de hora en hora, por los más fuertes y puros vanguardistas, se convierta cuanto antes en el primer sacudimiento creador». Véase «Estado de la literatura española», en la edición facsimilar de la revista Favorables París Poema (núm. 1, julio de 1926, p. 7), Renacimiento, Sevilla, s. a.
18
Jorge Cuesta, «La literatura y el nacionalismo», en Poemas y ensayos. Ensayos 1, pról. de Luis Mario Schneider, recopilación y notas de Miguel Capistrán, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1978, pp. 96-101.
19
Será precisamente el nacionalismo, el «falso criollismo» como escribirá otro de los miembros del grupo, Jaime Torres Bodet, uno de los puntos de discusión y desacuerdo entre los vanguardistas argentinos y los Contemporáneos de México. Véase nuestro trabajo comparativo: «El grupo de Martín Fierro y los poetas de Contemporáneos», Caravelle, núm. 75, 2001, pp. 517-525.
20
La postura de Arlt tiene similitudes con (de nuevo) la de Alfonso Reyes, en particular en la respuesta que éste le escribe a Ramón Doll (un amigo, por cierto, de Arlt), en la breve polémica que sostienen en 1930, motivada por el texto de Reyes, «Palabras sobre la nación argentina». Al quejarse Ramón Doll de la poca originalidad de los intelectuales argentinos, «que se conforman con imitar a Europa», Reyes le contesta: «¿Pues qué se esperaba usted, tras un siglo, apenas, de autonomía? Y entonces usted se desespera, y acusa de europeizante y descastada a la laboriosa generación que le ha precedido. ¡Sin pensar que esta generación ha debido trabajar con los instrumentos de la cultura europea, únicos que hasta entonces se encuentran en la plaza! [...] Las culturas no se improvisan: quieren tiempo y abono, como toda semilla, para llegar a su fruto»
(Alfonso Reyes, Obras completas, t. 9, Fondo de Cultura Económica, México, 1996, p. 40).