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Antonio Valladares de Sotomayor, dramaturgo fecundo, poco apreciado de Moratín y de Forner, el cual se burla, en un fragmento de La Pedantiada (B.A.E., LXIII, p. 343) del «formidable parto de sus monstri-comedias». La obra aludida es la Magdalena cautiva, estrenada el 29 en. 1785; el anuncio de la obra impresa apareció en la Gazeta de 8 feb., coincidiendo con el último día de la representación, y de la temporada.

También arremete Forner contra Valladares en la «segunda parte» del romance contra Huerta cuando alude a los «malditos cómicos que honran / con cruces a vinateros» (se trata de El vinatero de Madrid, estrenada el 12 nov. 1784).

 

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He buscado en vano el primer soneto de Valladares a que se refiere el poema. A él parece aludir un tal «Pedro Mártir» en la Carta III de El Corresponsal del Censor (1787), poco favorable en general al dramaturgo: Estoy tan aburrido -escribe- «que quisiera más verme en la precisión de leer dos veces el Prólogo del Theatro Hespañol y otras tantas el insípido elogio que hizo a su autor un Marmitón de la Cocina de Phebo, que siendo pobre haberme casado con Muger rica» (p. 47). En sus Reflexiones sobre la Lección crítica..., anunciadas en la Gazeta del 24 marzo 86, Forner apunta que «el buen Valladares imprimió pocos días ha una estrafalaria inscripción para el retrato de [Huerta] que dice, [...]:


De Huerta esta es la copia verdadera,
De Huerta por el qual solo debiera
No hacer Masón a España tanto agravio,
Pues aunque en ella sólo haya este sabio
Y en otros Reynos muchos, son trasuntos
De éste, y él vale más que todos juntos, etc.

Masón es, naturalmente, Masson de Morvilliers, el del sonado affaire; pero estos versos, pareados, no pueden proceder de un soneto. Es que sólo ha llegado a nosotros parte de los folletos y poemas, impresos y manuscritos, que entonces se publicaron; un ejemplo: Forner, en la sátira antes citada, se afirma poseedor de una serie de «coplillas» de Huerta parecidas a la de El p. dispersador.

 

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Hay alguna exageración en esta crítica, pues fuera de los autos sacramentales, Huerta no aboga, que yo sepa, por las comedias de magia ni por las de guapos. El propio Valladares sí había representado ya varias comedias de magia: El mágico de Eriván (dic. 1782), El mágico del Mogol (en. 1782), El mágico de Astracán (dic. 1781).

 

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Las del clasicismo, las odiadas reglas.

 

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El pecador que desgraciadamente soy no entiende bien estos versos; puede que se refiera el autor a unos pasajes de la Biblia que se recitaban durante una novena en honor a un santo; al parecer se trata del Espíritu Santo y de Pentecostés, aunque puede referirse también a la cólera divina...

 

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Mejor dicho: «horteras», como se lee en la copia de la B.N.M.; así «llaman por desprecio a los Fatores o Mancebos de los Mercaderes», según Terreros. También Jovellanos, en su romance primero contra «Antioro», zahiere a los «eruditos horteras», y la voz aparece en no pocas sátiras neoclásicas. En cierta medida, son los referidos horteras del mismo nivel intelectual que el ingenuo Pipí de La comedia nueva moratiniana. Para colmo, «hortera» suena como derivado de «Huerta»...

 

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Véase n. 15.

 

108

Téngase en cuenta que, como queda dicho, Lirgandeo es mágico. Todos saben que Merlín, «aquel francés encantador que dicen que fue hijo del diablo», tenía encantada a Belerma en la cueva de Montesinos, y que este paladín de Carlomagno le había traído a la «sin ventura» el corazón de su amado Durandarte, «mal ferido» en la de Roncesvalles (Don Quijote, Parte segunda, caps. XXII y XXIII).

 

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Obras completas, Oviedo, 1984, I, p. 202.

 

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M., Imprenta que fue de Fuentenebro, 1814, pp. 297 y ss. Hay ed. moderna en facsímile con pról. de Javier Barón Thaidigsmann, Gijón, Silverio Cañada, 1989.