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Un viaje a la utopía

«El Quijote (Fragmentos de un discurso teatral)»/Teatro Principal

José Ferrándiz Casares





El escritor Luis Nueda, que en Mil libros expuso con singular maestría los resúmenes de las obras fundamentadles, confesaba sus escrúpulos y vacilaciones ante la reseña de Don Quijote de la Mancha, temiendo, decía, «desfigurar con bárbaras mutilaciones el armonioso conjunto de primores que es este libro inmortal, el más admirable que se ha escrito en lengua castellana y quizá en todas las lenguas», así como que había abandonado el pasivo criterio inicial atendiendo al consejo de algunas personalidades de las Letras, las cuales suponían -«con harta benevolencia y excesivo optimismo- que por medio de una noticia bibliográfica, redactada con verdadero cariño y sin preocuparse por su extensión, podría yo incitar a leer el Quijote a muchas de las muchísimas personas ¡que aún no lo han leído!».

Mauricio Scaparro, el director del espectáculo ofrecido el sábado y el domingo en el Principal, sí que ha tenido que preocuparse, calculando la duración.

Modula al teatro la precisión inflexible del tiempo. Pero Rafael Azcona, copartícipe en la composición de lo que subtitulan «Fragmentos de un discurso teatral», dice con sinceridad que no era la pretensión de Scaparro adaptar un texto tan desbordante e irreductible como el cervantino, sino emprender un viaje desde la realidad a la utopía por el camino que brinda la obra de Cervantes, donde aflora constantemente el amor al teatro.

De ese modo toma asiento escénico el apunte de la transcendental novela, con la elección de los pasajes más divulgados y usando una libertad que, al morir el Hidalgo Caballero don Quijote, excluye a los próximos de éste, al cura y al escribano: sólo están, abrazándose, el caballero y el escudero.

Son, efectivamente, las ideas esenciales las que con ahínco se trata de señalar. La recíproca necesidad que, en el bien y en la desgracia, une a dos seres totalmente distintos; el deseo de imponer justicia donde una locura insigne decreta como único recurso pertenecer a la caballería andante, y el amor puro, quimérico de don Quijote por Dulcinea, pues la pasión sólo vive en el pensamiento.

La farsa compone así, haciendo de novela teatro, una nueva incitación a la profundidad cervantina con el apoyo de la interpretación humana, que adquirió muy convincente firmeza al desempeñar los actores Josep María Flotats y Juan Echanove los dos papeles relevantes con personalidad y una amplia variedad expresiva, entre un cuadro de figurantes bien concertado, en el que destacó el seguro profesionalismo del actor Antonio Medina.





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