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BERENGUER (D. Ramón, llamado el viejo conde de Barcelona y segundo de este nombre, hijo de D. Berenguer y de Doña Sancha, hija del conde de Castilla: casó con Isabel, cuyo linaje se ignora y en segundas nupcias con Almodis de Carcasona. Fue D. Berenguer príncipe guerrero, y venturoso en las campañas. Por la desidia y cobardía de su padre se hallaba desposesionado de la mayor parte de sus estados, y aun se dice que los sarracenos habían extendido sus conquistas basta las murallas de Barcelona; mas luego que Berenguer sucedió a su padre en el condado, creyó que sus armas bastaban para reprimir el orgullo de los enemigos. Eran pocas sus fuerzas; sin embargo con sus valerosos soldados embistió a los sarracenos y no solo logró ahuyentarlos de sus estados, sino que aun extendió más allá sus conquistas. Feliz en todas sus empresas, según Diego, hizo en pocos años que todas las provincias de España fuesen tributarias suyas. Aunque en esto podría ofrecerse alguna duda, pues se sabe que los reyes de Toledo, Sevilla y Zaragoza eran tributarios de Don Fernando I de Castilla y de León. Este mismo Berenguer se apoderó también de Tarragona, cuya ciudad trató de reedificar, y de ella hizo donación al vizconde de Narbona. Después de estas conquistas volvió a descansar de sus fatigas al lado de su esposa Almodis, y con ella no solamente se ocupó en la reedificación de la catedral de Barcelona, sino que la engrandeció con varias fundaciones y privilegios, y del mismo modo el hospital de Sta. Eulalia, hoy día de Sta. Cruz. Su carácter guerrero no podía dejarle mucho tiempo ocioso, y por lo mismo debió emprender otra vez sus correrías contra los enemigos del cristianismo. Efectivamente nace el conde de Barcelona alianza con el de Urgel, y movido de un presagio feliz, abate el orgullo de Alchagib rey moro de Zaragoza; extiende de nuevo sus conquistas y esparce el terror entre los moros. Tan político como guerrero estableció las leyes conocidas con el nombre de Usatges, que dio como suplemento de las leves godas; y por fin concluyó su larga y gloriosa carrera en 27 de mayo de 1076. Murió también un tiempo después Doña Almodis; y sus huesos con los de su esposo se bailan depositados junto a la sacristía de la Santa Iglesia de Barcelona, en dos arcas cubiertas de ricos paños. De Almodis se cuentan varias acciones impropias de su carácter v de su piadoso celo en favor de las iglesias; pero de todos sus taitas la única que aparece cierta, es el envenenamiento de su hijastro D. Pedro Berenguer (pp. 467-468). Diccionario histórico, o Biografía universal compendiada [ed. N. Oliva], 1830, p. 468.
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Legatario del Papa en Gerona, presidió el concilio de Barcelona.