21
«El doctor pasó al cuarto contiguo para volver, instantes después, con su pañuelo al cuello, su chalina de vicuña, el saco negro, el mismo pantalón, calzado de charol, muy lustroso»
(SH 127).
22
«La verdad es que ni siquiera esas treguas estaban libres de una sombra, la sombra de un anhelo que no se cumplía: el anhelo de tener un hijo»
(SH 116).
23
Así, por ejemplo, cuando «nostálgico recordó los tiempos que no faltaba a ningún partido»
(SH 92); o, «al volver a las calles del barrio siempre le acometía alguna nostalgia, acaso tierna, acaso malhumorada»
(SH 104); también cuando se da en recordar que «en sus tiempos»
(sólo hacía tres años de aquello) «los peluqueros siempre estaban ofreciéndole a uno datos para las carreras»
(SH 119).
24
Tomo la concepción de lo trágico de Jean-Marie Domenach, Le retour du tragique, París, Seuil, 1967. Faltaría en la novela el sentimiento de abandono de los dioses.
25
Nilda Díaz, art. cit., p. 78.
26
Art. cit., p. 72.
27
En los años precedentes a la publicación de la novela, Bioy y Borges escribieron un guión cinematográfico, Los orilleros, de interesantes similitudes con El sueño de los héroes. Entre otras, destaca el que el joven y huérfano protagonista también sienta la necesidad de batirse en duelo con un valiente por una razón de autoconocimiento. Así lo declara: «Buscar a un hombre de coraje y de temple, si es que los hay; desafiarlo y averiguar tal vez quién es uno, eso podría ser una solución»
(Jorge Luis Borges, Obras completas en colaboración, Madrid, Alianza, 1981, vol. 2, p. 232). El énfasis es mío.
28
«A su madre la recuerda Bioy como una mujer adusta y fuertemente disciplinada que le aconsejaba lecturas de Epicteto y Marco Aurelio»
(F. Suárez Coalla, «La inversión de lo cotidiano (conversación con Adolfo Bioy Casares», en VV. AA., Adolfo Bioy Casares. Premio Cervantes 1990, Barcelona, Anthropos, 1991, p. 56).
29
Friedrich Nietzsche, «Por qué soy tan inteligente», en Ecce homo, Madrid, Alianza, 1989, p. 54.