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Al sistema de mesas-bancos en que se obtiene la distancia variable (para buscar la nula o la positiva) mediante movimientos del asiento, pueden referirse además de los dos modelos citados: el de Sechlesinger, de Breslán, en el que el asiento tiene un doble movimiento, de adelante a atrás y de arriba a abajo, y se considera poco práctico por su mecanismo y su coste; el antiguo de Bapterosses, de Briare, en que los asientos independientes para cada alumno, consisten en unos taburetes que suben y bajan, por lo que pueden colocarse a la altura conveniente, y los americanos de Ross y de Shattuck, de Boston, y de Andrews, de Chicago, en los que, como en los de todos los de los Estados Unidos, se emplean buenas maderas y el hierro fundido, por lo que resultan lujosos: generalmente tienen los asientos como los bancos de los jardines, se pliegan contra el pupitre, el cual se halla con frecuencia adherido al respaldo correspondiente al asiento del niño de la fila anterior (así, una mesa-banco se compone del pupitre de un niño y el asiento de otro), lo que no deja de ofrecer inconvenientes, pues los movimientos de unos alumnos se propagan a otros: generalmente son de una plaza, y cuando más, de dos. Los hay en que los asientos, en forma de taburete, son completamente independientes del pupitre y se hallan fijos en el suelo (los de Ross, por ejemplo).



 

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Por ejemplo, los sistemas de las escuelas primarias prusianas (Colonia, Berlín, etc.), del Wurtemberg y de Londshut, Ratisbonne, etc.; el de Sheffield, de Inglaterra, el de M. Grüllemeyer, de Austria, el de la escuela portuguesa, presentado en la Exposición de Viena, y el de M. Meyerberg, de Suecia, que figuró en la Exposición de 1867.

Las mesas-bancos a que nos referimos ahora, están dispuestas generalmente para más de dos y aun de tres plazas.



 

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Al mismo sistema pueden referirse las mesas-bancos de MM. Buhl y Linsmayer, de Munich, y las adoptadas como nuevas para París antes de 1875: estas últimas constan de tres plazas con asiento y respaldo variables. Téngase en cuenta que GUILLAUME admite la distancia de menos; pero para simplificar su mobiliario, se le ha hecho de distancia nula y fija.



 

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Así lo vemos en varios autores y lo hemos podido comprobar en las clases prácticas de la Escuela Normal Central de Maestras, donde hasta las niñas de la sección a que concurren las más pequeñas, manejan el pupitre en cuestión sin ningún género de inconvenientes y con gran facilidad.



 

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Los asientos libres ofrecen además el inconveniente, sobre todo en las escuelas numerosas, máxime si el pavimento es de madera, del ruido que producen los alumnos al salir y entrar en sus sitios, al acercarse al pupitre para escribir, al retirarse, etc. Este, pues, es otro motivo para que por mucho tiempo sean necesarios, indispensables, en la generalidad de las escuelas, los asientos fijos, ora por su unión a la respectiva mesa, bien por estar adheridos al suelo.



 

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Contando además, se entiende, con la buena voluntad y condiciones del maestro, del que principalmente depende el éxito de muchas de estas reformas.



 

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Hoy reducidos a tres por la reforma del Sr. Pidal, que suprimió el cuarto año, o sea el grado de maestra normal, precisamente cuando se pretendía encargar de un modo exclusivo a las maestras la enseñanza en las normales de su sexo; no es menester aguzar mucho el entendimiento para comprender que la lógica brilla por su ausencia en semejante inopinada resolución, que es de esperar no rija mucho tiempo, pues a creer lo que dicen los periódicos, es posible que quede derogada antes de que vea la luz pública el presente libro.



 

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Claro es que lo mejor sería que para todos los niños hubiese en la escuela mesas-bancos enteramente adaptadas a su estatura y grueso, es decir, a los datos anatómicos de su organismo; pero como esto no es posible, no queda otro medio que el de clasificar a los alumnos en varias categorías (los cuadros que se insertan más adelante dan idea de éstas), y en correspondencia con ellas, disponer otros tantos tipos de mobiliario diferentes entre sí al respecto de las dimensiones y distancias.

El número de estos tipos varía según las naciones: en Bélgica son nueve; ocho tiene el Museo pedagógico ruso; siete Austria y los Estados Unidos; seis el ducado de Luxemburgo y Sajonia; cuatro Francia, Hungría y Baviera, y dos Portugal. Lo más común es prescribir tres y cuatro por clase.



 

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En esto se funda la obligación que algunos Reglamentos escolares (los de Alemania, por ejemplo) imponen a los maestros de medir anualmente la talla de sus alumnos, y colocarlos en las mesas-bancos que mejor se adapten a ella. Es una buena práctica, que los maestros que tengan mobiliario apropiado, debieran seguir sin necesidad de que la impongan los reglamentos.



 

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A M. CARDOT se debe también el cálculo que asimismo se ha utilizado, hecho en vista de las medidas tomadas en algunos centenares de jóvenes de ambos sexos, para determinar las dimensiones necesarias del mobiliario de las escuelas secundarias y superiores, graduadas por estaturas que varían de 5 en 5 centímetros. Un trabajo análogo ha hecho respecto de los alumnos de ambos sexos de tres escuelas normales, y de los de varías salas de asilo (escuelas de párvulos o maternales, como ahora se denominan en Francia).

Véase el libro de M. CARDOT, antes de ahora citado.



 
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