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Una de ella de clara inspiración didáctica, en la línea lulliana. Cfr. Rafael Beltran, Tirant lo Blanc, cit., p. 95: «la inclusió del doctrinari cavalleresc, amb totes les matisacions que veurem tot seguit, però conservant el seu caràcter antirarratiu, no hi podia ser un afegit superflu de no ésser des de qui sap quan en la ment de Martorell, obcecat en el seu pla didàctic. Així, encara que constitueix un primer moment greu contra la unitat de la novel·la, li dona en canvi una mobilitat insospitada, un to d'«obra en marxa», de plantejament constant i improvisat, de rectificació, que és sols un inici de les contradiccions amb què, a partir d'ara, ens enfrontarem». Ultimamente Riquer (Aproximació, cit., pp. 257-271) ha vuelto a replantear el problema de si el texto de esta primera parte del Tirant es una adaptación del tratado de caballería catalán Guillem de Varoich (edición de Pere Bohigas en «Els Nostres Clàssics», Barcelona 1947) o una re-elaboración directa de algún momento de la variada tradición del tema en la literatura franco-normanda e inglesa.

 

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Sobre esto insiste C. Miralles, art. cit., p. 397: «El Tirant aconseguix de centrar-se, com a relat novel·lesc, després d'una sèrie de tempteigs en diverses direccions, a partir, en tot cas, d'uns materials heterogenis __una figura treta d'un tractat de cavalleria engendra, presents els exemples de Joan Hunyadi, Roger de Flor i d'altres cavallers, una altra figura, la d'un heroi disposat a guanyar honor que entra en la seva novel·la adormit dalt del cavall...».

 

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Cfr. Cesare Segre, Un joc subtil. Els missatges indirectes de la novel·la, «Cuadern» __El Pais: 15.11.1990__, p. 3: «Podem dir, pel que fa a la nostra novel·la, que mentre segueix una linea substancialment cronològica i recorre poc, i d'una manera bastant primitiva, a l'entrellaçament, busca en canvi sovint, i d'una forma moderníssima, efectes il·lusionistes. La successió dels fets se somet a una il·luminació canviant, de manera que la realitat es revela als personatges sota aspectes molt diversos.»

Y Mario Vargas Llosa, Martorell y el «elemento añadido» en Tirant lo Blanc, en M. de Riquer-M. Vargas Llosa, El combate imaginario, Barcelona 1990, pp. 27-28: «En este mundo no es el contenido el que determina la forma, sino ésta la que crea el contenido... en esta realidad formal, el lenguaje es una fuente inagotable de felicidad, el instrumento principal del rito».

 

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Un tema que dio vida a una serie literaria: pensemos en la Chronica do senhor rey D. Alfonso V de Rui de Pina, el Liber de dictis et de factis regis Alfonsi del Panormita, traducido al catalán por Jordi de Centelles (cfr. la edición y estudio de Eulàlia Duran en «Els Nostres Clàssics», Barcelona 1990), etc. y que tal vez habría podido dar pie a una tradición de la cual el mismo debate epistolar entre Roís de Corella y el Príncep de Viana habría podido ser un componente, si bien extravagante, de la exaltación y dignificación del Novello Principe («Fènix del món, enmig d'aquesta dansa / estareu vos per esplendent caboncle», escriu Corella). Recuérdese al propósito la sugerencia de Francesc de B. Moll, Rudiments de versificació en el Tirant lo Blanch, «Bolletí del Diccionari de la llengua catalana» XVI (1934), pp. 179-182.

 

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El Triunphus Alphonsi fue redactado por el humanista Pocellio Pandoni en ocasión de la entrada triunfal del rey en Nápoles el 26 de febrero de 1443. Se trata, por tanto, de un texto que como los elaborados por Panormita o por Facio responde a un impulso encomiástico y celebrativo. El poema consta de 710 hexámetros latinos divididos en tres cantos. Nos ha llegado en cuatro versiones manuscritas y existe una edición moderna al cuidado de Vicenzo Nociti (Rossano 1885). Su interés radica en la celebración que incluye el mito del retorno de Astrea, protagonizado por el Magnánimo, restaurador de una nueva edad de oro. Se hace referencia también a la proyección de la corona hacia Oriente (recientemente ha sido estudiado por Mirella A. Bonagurio en una tesina leída en el Istituto Universitario Orientale de Nápoles durante el curso 1984-1985: Il triunphus Alphonsi e il ritorno d'Astrea, inédita).

 

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Respecto a una segunda, hipotética estancia de Martorell en Inglaterra hacia el año 1450, cfr. Riquer; Història de la literatura catalana, cit., p. 652 y Aproximació, cit., p. 271). Conviene decir que Riquer no aporta nuevos datos, sino que reelabora y discute las contribuciones de Entwistle (1927), Ivars (1929) y Tate (1962) por lo que respecta a las relaciones entre el escritor y la corte inglesa. Ahora bien, no se trata de una curiosidad biográfica, ya que la cuestión se relaciona con la posible utilización por parte de Martorell del manuscrito de argumento caballeresco que fue regalo de boda para la reina Margarida de Anjou en sus nupcias con Enrique VI, celebradas el 1444, y por tanto con posterioridad a la «primera» estancia de Martorell en la isla. Sobre el relieve del «libro» (Ms. Old Royal 15 E VI del British Museum) en la determinación del propósito de Martorell, cfr. Albert Hauf, El parany historiogràfic. Notes al pròleg del Tirant, «Saó» (febrer 1989), pp. 19-23.

 

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Cfr. Luis Nicolau d'Olwer, Sobre les fonts catalanes del «Tirant lo Blanch», «Revista de Bibliografía Catalana», V (1905), pp. 5-37, que luego ha sido confirmado por otros, y Germà Colon, Premiers échos de l'Ordre de la Jarretière, «Zeitschrift für romanische Philologie», LXXXI (1965), pp. 441-453.

 

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El tema de la biografía de Tirant se presta, al menos, a tres diferentes niveles de análisis; el primero es el que relaciona la vida del personaje de la novela a las biografías históricas de caballeros o, directamente, a obras de historiografía que se refieren a capitanes y caballeros medievales: se trata del segmento más trabajado por la bibliografía y que mantiene fuertes conexiones con el tema de la autoría y de las relaciones entre el autor de la obra y su protagonista, pues no podemos olvidar que Martorell fue caballero antes que escritor. Sobre este punto bastará recordar las conclusiones a las cuales ha llegado Riquer (Aproximació, cit., donde en la bibliografía se citan los trabajos más importantes al respecto, entre ellos los de Amador de los Ríos, Entwistle, Guillén, Marinesco, Nicolau d'Olwer, el mismo Riquer, Tate). Así pues, escribe Riquer: «Joanot Martorell confegí el seu protagonista copiant la realitat que l'envoltava i amb els trets més acusats dels militars que conegué o dels quals tingué notícia, com János Húniyadi, Geoffroy de Thoisy i, sobretot, Pedro Vázquez de Saavedra» (op. cit., p. 177). Un segundo aspecto del tema es el relacionado con la definición del personaje frente a su identidad moral y psicológica; sobre este punto, además de los detalles de los trabajos de Terry y Yates recordados en la nota 5, son útiles también los de Beltran, citados en la nota 27; un gran interés tienen las pocas pero valiosas sugerencias de María Rosa Lida de Malkiel, La idea de la fama en la Edad Media castellana, México-Buenos Aires 1952. Juan-Bautista Avalle-Arce (Para las fuentes del «Tirant lo Blanc», en el volumen Temas hispánicos medievales, Madrid 1974, pp. 233-261) mientras concretiza algunos aspectos de la construcción del protagonista, da inicio al tercer nivel en la definición de la evolución vital del personaje. Así, «conviene observar ahora que en el centenar largo de capítulos que van desde el comienzo de la novela a los enredos de Tirant, Felip, Ricomana y el filósofo de Calabria, que vienen a constituir algo menos de la cuarta parte de la narración, en ese largo introito a las aventuras bizantinas del protagonista se suceden unas a otras las fuentes identificables... Estas abigarradas fuentes corresponden a los tanteos de Martorell a la búsqueda de la forma definitiva de su protagonista... Efectivamente la ruta de Constantinopla fue el camino de Damasco de Tirant y de su creador», p. 257 (la afirmación se confirma en J. B. Avalle-Arce, Amadís, cit., pp. 264-265). Por esa vía Avalle-Arce nos puede abrir aún otro camino: «al alcanzar la novela este punto de máxima dimensión vitalista se entra la muerte de rondón». Este punto, creo, es el otro aspecto aún por investigar: el de la estructuración del protagonista como egon que se alimenta de la narración para extinguirla con su inicio. En ello tiene un gran valor emblemático cómo Tirant sale de escena cuando, afecto de una neumonía, muere cristianamente, dictando testamento e induciendo un cristianísimo (y retórico) arrepentimiento de la amada Carmesina. Es necesario recordar, para entender la alusión, que Tirant había quedado capturado por un extraño «aire de la mar, o de l'amar» cuando conoció a la doncella. Cumpliendo, pues, su destino de amador, acaba la vida como la novela.

 

19

Como se sabe, Riquer ha cambiado radicalmente de opinión sobre este tema. Cuando leí este texto (abril, 1990), desconocía la nueva hipótesis riqueriana expuesta en Aproximació, cit., sobretodo las pp. 285-297). Riquer se funda, esencialmente, en las propias declaraciones de Martorell, pero subraya el exclusivismo (e no altri ab mi), en cambio yo daba más fuerza al elemento constructivo del texto (sols vull portar lo càrrec).

 

20

La importante aportación de Joan Coromines (Sobre l'estil i manera de Martí Joan de Galba i el de Joanot Martorell, «Homenatge a Carles Riba», Barcelona 1956, pp. 168-184 no ha tenido hasta ahora continuación directa (cfr. sin embargo, Wolf Goertz, Zu Frage der Einheit des «Tirant lo Blanc», «Romanistisches Jahrbuch», XVIII (1967), pp. 249-267).